| . |
Brasil |
UNA PÁGINA PARA PUBLICAR LAS BARBARIDADES MÉDICAS,LOS ROBOS DE LOS LABORATORIOS,LAS MEDIDAS PROGRESISTAS Y LAS NOVEDADES MEDICAS MUNDIALES
| . |
Brasil |
GlaxoSmithKline, el laboratorio multado por cometer graves irregularidades en ensayos clínicos con pibes para producir una vacuna, tiene un extenso prontuario. Sus antecedentes penales incluyen denuncias y condenas en Puerto Rico, Estados Unidos, Italia, Alemania, Hungría, Inglaterra, Nueva Zelandia, México. Y la lista sigue. Sanciones que, sin embargo, son cosquillas patrimoniales para un Goliat que nació en el año 2000, producto de la fusión entre las firmas Glaxo Wellcome, poderosa en el rubro químico, y SmithKline Beecham, potencia mundial en el campo de la genética.
Según revistas especializadas en medicina y ciencia, factura por año 27,2 mil millones de dólares. El 84% del total de sus ventas son medicamentos de prescripción y tiene una participación en el mercado mundial del 6,9% en este tipo de remedios. Recorrer el planeta observando su trayectoria demuestra hasta qué punto la firma asume sus errores con la misma lógica que los ejércitos militares aceptan los “daños colaterales” de sus intervenciones.
Un país, una condena. La última multa que recibió GSK fue hace dos meses. La firma acordó en los tribunales de Nueva York pagar tres mil millones de dólares para cerrar tres juicios que le había iniciado el gobierno de Estados Unidos. El periodista Alberto Ferrari, que investiga de cerca al laboratorio, detalla que “esa denuncia surgió por la ilícita comercialización de los antidepresivos Paxil y Wellbutrin y un medicamento contra la diabetes llamado Avandia. Durante el proceso judicial se demostró que los tres remedios provocaban convulsiones y ataques cardiovasculares desde 1999”. El Senado de Estados Unidos, en noviembre de 2010, hizo público un informe que vinculó el consumo de Avandia con decenas de infartos y acusó a Glaxo de “intento de intimidación” a los médicos y ocultamiento de datos sobre los efectos adversos. Por entonces, el medicamento todavía estaba a la venta.
El informe consignó que “Glaxo sabía de la posibilidad cierta de riesgos cardíacos asociados a Avandia” y que sus directivos “desarrollaron estrategias para restarle importancia a los datos que indicaban que Avandia incrementaba el riesgo cardiovascular”. La Food and Drug Administration (FDA), autoridad de control sanitario de Estados Unidos, había ordenado en 2007 un estudio de la Rosiglitazona, la droga base de Avandia, y pese a que un comité de especialistas confirmó que aumentaba el riesgo de infarto, la FDA por 22 votos a favor contra uno, autorizó que se siguiera vendiendo. El informe de los senadores Max Baucus (demócrata) y Charles Grassley (republicano) de noviembre de 2010 confirmó los efectos negativos del medicamento de GSK luego de analizar más de 250 mil documentos. El escándalo de Avandia se había originado el 21 de mayo de 2007 cuando la revista The New England Journal of Medicine reveló que los pacientes que consumían este antidiabético tenían más riesgo de infarto. La denuncia fue avalada por el médico Steven Nissen de la clínica Cleveland. Nissen reveló ante el senado que fue presionado por cuatro directivos de Glaxo en los días previos a la aparición del artículo, para que retirara la denuncia. The New York Times publicó que la “apretada” fue el 10 de mayo de 2007 y reprodujo la versión completa de la reunión, pues el médico le cedió una grabación del encuentro. El periódico aseguró que Glaxo conocía de los efectos adversos desde 1999 y su estrategia fue ocultarlos. La publicación estimó que se podían haber salvado 304 vidas, si no se hubieran escondido los daños provocados por su consumo. Glaxo intentó por todos los medios descalificar las denuncias y en abril de 2010 difundió un estudio favorable a Avandia. Sin embargo, luego se supo que el 87% de los profesionales consultados tenía lazos comerciales con Glaxo, según reveló el diario The Independent, de Londres. La lógica de apretar a los denunciantes es un clásico de GSK. Este cronista pudo confirmar que, luego de las denuncias conocidas esta semana, algunas voces que se alzaron y escribieron sobre la firma, recibieron cartas documento intimidándolos. Esas personas optaron por no contestar las misivas de la empresa y por ello no quieren que se publiquen sus nombres.
En otro caso, la FDA ordenó en marzo de 2010 retirar del mercado la vacuna infantil Rotarix, también de Glaxo, causante de obstrucción intestinal, según una investigación iniciada en México, donde fue probada antes de ingresar al mercado estadounidense.
En Sudáfrica, durante 2001, junto con las multinacionales Aventis y Squibb, GSK presentó una demanda contra el gobierno de Nelson Mandela por violar el monopolio de las patentes y lanzar una campaña de genéricos contra el sida, para atender las necesidades de su población. Esa demanda finalmente fue retirada por la presión de varios países.
La multinacional inglesa también financió estudios violando las normas éticas en el hospital Nyiro Gyula de Budapest, Hungría, donde probó sin consentimiento de los pacientes la sustancia lamotrigina (medicamento para la epilepsia y la bipolaridad) con enfermos maníaco-depresivos, según denuncian los periodistas austríacos Klaus Wernery HansWeiss, en el Libro Negro de las Marcas-El lado oscuro de las empresas globales (publicado por editorial Sudamericana en 2003).
En Italia, una pesquisa realizada tuvo como resultado que 37 empleados de GSK entregaban dinero y regalos a médicos a cambio de recetar sus productos. La información, acallada por la multinacional con avisos publicitarios, sólo fue publicada por British Medical Journal y The Guardian, de Londres, el 13 de febrero de 2003. Entre los obsequios figuraban entradas para el Gran Premio de Fórmula Uno de Montecarlo y viajes al Caribe.
El recorrido lleva a Centroamérica, donde GSK pagó una multa de 750 millones de dólares por distribuir medicamentos contaminados en Puerto Rico. La denuncia ante la Justicia que originó esa investigación fue presentada por Cheryl Eckard, una ex ejecutiva de la multinacional a cargo del sector de control de calidad de la planta que fue despedida a causa de sus advertencias.
En 2002, Glaxo fue demandada en Gran Bretaña por los efectos adversos de su medicamento Zyban, una medicina para dejar de fumar que, según acreditan 10 mil denuncias, provocaba epilepsia, insomnio, depresión y graves problemas coronarios. El mismo medicamento fue vinculado en Alemania con intentos de suicidio y ataques cardíacos. También en Inglaterra, pero en 2003, se inició una investigación sobre el Paxil, al que se le adjudicó propiedades adictivas.
En junio de 2004, el procurador general del Estado de Nueva York, Eliot Spitzer, presentó una demanda por fraude reiterado contra el laboratorio por omitir información sobre los daños que podría provocar el Paxil. Glaxo negó las imputaciones pero meses después aceptó incluir una advertencia con un recuadro negro en los envases de su medicamento.
En marzo de 2007, el laboratorio fue condenado en Nueva Zelanda por publicidad engañosa de su medicamento Ribena.
Las denuncias que soporta Glaxo incluyen a Bolivia, Nigeria y la India. En cada rincón del globo, tiene una o varias demandas, todas con fallos adversos para la firma. En la Argentina también se consigue.
Made in San Fernando. El fallo del juez penal económico Marcelo Aguinsky del 29 de diciembre que ratifica la sanción impuesta a Glaxo por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (Anmat) en 2008 va en sintonía con la conducta de GSK en todo el orbe. El apercibimiento es de 400 mil pesos para el laboratorio y de 300 mil para los dos médicos que encabezaron la investigación, Héctor Abate y Miguel Tregnaghi. El organismo de contralor detectó que muchos consentimientos otorgados por los padres de los 14.000 chicos que “pusieron el cuerpo” habían tenido –tienen– graves anomalías. Se firmaban los formularios de aceptación sin saber a ciencia cierta en qué consistían esos estudios. Tregnaghi cuenta con antecedentes en Córdoba por esta misma (in)conducta. Jorge Yabkowsky, denunciante en la causa que motivó el fallo de Aguinsky y miembro de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud (Fesprosa) relata ese caso de 2005: “Tregnaghi reclutaba gente para que se hiciera estudios en el Hospital de Niños de Córdoba a cambio de unos pocos pesos y prometerle una obra social. El entonces intendente Luis Juez lo expulsó del hospital. El médico se fue a Santiago del Estero, donde, al parecer, encontró permisividad para hacer lo mismo con una mecánica muy similar”. Miradas al Sur intentó comunicarse con Tregnaghi pero no obtuvo respuesta.
Ante el currículum de GSK, cuya fábrica está situada en el norte del conurbano, cabe preguntarse si el Estado tiene herramientas para plantear reparos a las investigaciones que realizan estas firmas. La ausencia de una ley específica que regule estos ensayos clínicos delata la respuesta.
NUEVAS EVIDENCIAS | Estudio con 453 mujeres
Lo que todo varón sospecha se confirma, lo que todas las mujeres comentan entre sí es cierto. Hasta un 60% de las mujeres finge el orgasmo para 'retener' a sus parejas. No es ningún mito que muchas mujeres exageran en la cama, aunque los motivos de esta actitud son menos conocidos. Tal vez por ello, científicos de la Universidad de Columbia y de la Oakland (ambas en EEUU) han llevado a cabo la primera investigación que indaga en las razones de este fenómeno.
Sus datos, publicados en 'Archives of Sexual Behavior', confirman que aquéllas que creen que tienen más riesgo de que sus parejas les sean infieles son las que más reconocen fingir sus orgasmos.
El científico Weeks-Shackelford, de la Universidad de Oakland, es el director del nuevo ensayo en el que han participado 453 mujeres con una media de edad de 21 años y con relaciones de al menos 32 meses de duración.
Santiago Sequeira
"Varios estudios han profundizado con anterioridad en la hipótesis del engaño femenino durante el encuentro sexual, pero este es el primero realizado con un número mayor de mujeres", insiste en su ensayo.
Porque a la hora de fingir durante el coito, ellas son más propensas que ellos. "Se estima que entre el 50% al 60% de las mujeres confiesa haber mentido durante el encuentro. Por el contrario, en el único estudio llevado a cabo en el sexo masculino (con 180 varones) y publicado en 'The Journal of Sexual Research' se encontró que sólo el 18% fingió tener un orgasmo".
Cuando se les pregunta por qué lo hacen "ellas argumentan que por cumplir las expectativas de sus parejas para aumentar su ego, elevar la emoción sexual y prevenir que busquen otras relaciones", detallan los investigadores. Se trata, en definitiva, de "mantener a la pareja interesada y excitada", agregan.
Aclaran los autores en su introducción que dada la "hipótesis de que alcanzar el orgasmo se pretende como una forma de 'retener' a la pareja y como una forma de manipulación de la misma, hemos llevado a cabo la investigación generando distintas predicciones. Si las mujeres que perciben mayor riesgo de infidelidad son las que más mienten, si las que más mienten son las que más probabilidades tienen de llevar a cabo otras estrategias para prevenir que sus parejas las abandonen o si después de controlar el riesgo de infidelidad, ellas siguen o no fingiendo".
Para comprobar estas aseveraciones, los investigadores llevaron a cabo varios cuestionarios. "Los resultados apoyan la hipótesis de que aquéllas que exageran en la cama lo hacen como una forma de evitar el abandono y prevenir la infidelidad", detallan los científicos. Asimismo, las "féminas con más tendencia a fingir eran las que más utilizaban otras estrategias para 'retener' a sus parejas".
Confiesan los investigadores que en ocasiones ellas caen en este tipo de "actitud para enfatizar el amor y el cuidado que sienten por su pareja y para hacerla feliz".
Fingir tiene un precio, porque cerca del 51% de las que lo hacen reconoce "sentirse culpable, pero mienten porque creen que es importante para la satisfacción del otro", reza la investigación.
Pese a que los autores reconocen que su investigación tiene algunas limitaciones, "este es el primer estudio que evalúa un vínculo entre el orgasmo fingido y la necesidad femenina de mantener cerca a su pareja. Este tipo de actitud se emplea como forma de manipulación del hombre. En un futuro se deberían llevar a cabo más investigaciones sobre la rentabilidad del orgasmo femenino real o simulado. Y este trabajo puede ser un punto de partida".

Primer parte de la Unidad Médica Presidencial. 27 de diciembre: “Durante la realización de estudios rutinarios, se detectó a la señora Presidenta un carcinoma papilar en el lóbulo derecho de la glándula tiroides . Se realizará una operación quirúrgica el 4 de enero”. Segundo parte, 4 de enero: “La cirugía se realizó sin ningún inconveniente ni complicaciones, una tiroidectomía total , según el plan preestablecido”. Tercer informe, un día después: “Postoperatorio sin complicaciones”. Cuarto, 6 de enero: “La Presidenta continúa evolucionando satisfactoriamente”. Ultimo parte, ayer sábado 7: “El estudio histopatológico descartó la presencia de células cancerígenas en las glándulas tiroides, modificando así el diagnóstico inicial ”.
La buena noticia es que la señora Cristina Kirchner no tiene cáncer . La mala es que la operaron de un cáncer que no tenía y que tuvo a todo el mundo en vilo. Deberá vivir sin la glándula tiroides, que quizá podría haber conservado. En la práctica no es un problema mayor: la hormona tiroidea se reemplaza con pastillas. Pero sufrió probablemente una mutilación innecesaria .
La pregunta que nos hacemos todos es quién se equivocó y cómo fue posible que nada menos que la Presidenta haya sido víctima de una mala praxis . Los especialistas dicen que al detectarse un nódulo en la tiroides, hay que hacer una punción para saber si es un carcinoma o un adenoma, o sea un tumor maligno o uno benigno . Los carcinomas más frecuentes son el papilar y los foliculares. Existe una tercera posibilidad: que el estudio no determine con certeza qué es y el nódulo sea sospechoso de malignidad. Todo el tratamiento depende de este diagnóstico inicial.
Para decirlo en pocas palabras, si es negativo, un adenoma, no hay bisturí : los adenomas no se convierten en carcinomas. Lo contrario ocurre si es un carcinoma. Pero la punción no define si se extirpa toda la tiroides: se decide en el quirófano , después de confirmar el cáncer por anatomía patológica.
Las dos cosas importan para saber qué pasó con la Presidenta. Tenía un carcinoma papilar, se dijo. Fue detectado en el prestigioso Centro Maipú, cercano a la residencia de Olivos ¿La clínica comunicó que se trataba de un carcinoma o de un nódulo sospechoso ? Las versiones son contradictorias. La otra: los patólogos del Austral habrían informado a Pedro Saco que no había cáncer . Pero el cirujano decidió seguir con la extracción total de la tiroides.
Los médicos tienen explicaciones que dar. También el Gobierno. El viernes recibimos la versión de que Cristina había sido operada de un cáncer inexistente . La descartamos porque nos pareció delirante y resulta que un error tan grosero con la salud de la jefa del Estado era posible. Si a la Presidenta le ocurre algo así, ¿ qué podemos esperar los demás ?

Por Alfredo Zaiat
Los medicamentos no son un tema exclusivo de profesionales de la medicina, laboratorios y pacientes, sino que también debería ser abordado con mayor énfasis desde la economía política. Al ser un bien vinculado con la vida y la muerte, los participantes que manejan ese “mercado” tienen la ventaja de cierta pasividad de los “beneficiarios”, entendible resignación que sólo puede ser compensada con una intervención decidida del Estado. El sistema de salud tiene la suficiente complejidad por la cantidad de protagonistas, intereses en juego y áreas académicas involucradas que requiere de un abordaje global para definir un objetivo de acceso y cobertura de calidad universal, para luego avanzar en campos específicos de acción para empezar a transformarlo. Uno de ellos es el de los medicamentos, sus precios y alcance a la población, y específicamente los de alto costo, que están absorbiendo una porción creciente del presupuesto de salud. La mayoría de los países desarrollados y varios de la región, entre los que se destacan Brasil y Uruguay, se han ocupado de regular ese segmento. Argentina está bastante atrasada en esa tarea pese a que esos medicamentos ya representan alrededor del 10 por ciento del total del gasto en salud por su costo elevado, según detalla un reciente informe del Instituto de Estudios sobre Política de Salud, de la Asociación Agentes de Propaganda Médica, afiliada a la CTA.
Los denominados Medicamentos de Alto Costo (MAC) son los destinados a un conjunto limitado de enfermedades que registran baja prevalencia, pero demandan un monto creciente de recursos. Por esa baja prevalencia y su costo altísimo también se las conoce como “enfermedades catastróficas”. Se las llama así porque su aparición empobrece a quienes las padecen. En 2010, por ejemplo, el 62 por ciento de las familias norteamericanas que quebraron y entraron en la pobreza lo hicieron por causa de esas enfermedades.
El principal factor que explica los precios elevados de los MAC es que son productos monopólicos, que tienen un único oferente y mediante la barrera de las patentes impiden el ingreso de competidores al mercado. Tampoco son vendidos en farmacias minoristas ni figuran en las listas de precios, por eso se los define como “medicamentos ocultos”. Estos registran los mayores precios y muy baja sustitución, lo que origina que la demanda permanezca cautiva y la elasticidad del precio sea virtualmente nula. En ese informe se destaca que la mayoría son productos biotecnológicos y su facturación aumenta en todo el mundo a un escala que duplica el crecimiento anual del mercado farmacéutico en su conjunto. Las ventas globales de este segmento se incrementan a un ritmo anual de 12,5 por ciento desde hace un lustro, contra el 6,4 por ciento de crecimiento del mercado global. Por ejemplo, en 2007 existían 134 productos biotecnológicos y monopólicos con ventas superiores a 75 mil millones de dólares en el mundo. Al tope se ubicaban 22 marcas comerciales “innovadoras” con ventas superiores a los 1000 millones de dólares cada una.
Uno de los más prestigiosos académicos en economía de la salud de Argentina y Latinoamérica, director del Centro de Estudios en Gestión y Economía de la Salud de la Facultad de Ciencias Económicas, Federico Tobar, explica que ese gasto crece en todo el mundo, pero en Argentina a un ritmo mayor. Detalla que se duplicó entre 2003 y el 2007 por tres motivos:
1 Los productos se venden en Argentina a precios muy superiores a los internacionales.
2 No hay competencia. Son medicamentos con un solo fabricante y no se venden en farmacias sino a través de unas pocas droguerías.
3 Se usan en enfermedades crónico-degenerativas de creciente prevalencia en la población.
“Estas condiciones convierten a los medicamentos de alto costo en un botín ideal para atraer mafias. Así, quienes padecen enfermedades caras deben también soportar el castigo de los oportunistas que lucran con ello”, sentenció Tobar en el documento “Acceso universal a medicamentos de alto costo y el fin de las mafias”. Señala que a esas características de los MAC “se suma la organización extremadamente fragmentada y segmentada de nuestro sistema de salud. Ambos factores configuran una combinación explosiva: pocos vendedores, pocos controles y altos precios”. Precisa que en los últimos años el gasto en esos medicamentos registró en el país un incremento promedio del 60 por ciento anual, muy por encima del gasto en salud en su conjunto e incluso del gasto en el total de medicamentos.
En otra investigación, Tobar realiza una comparación internacional del precio de los MAC en Argentina respecto de Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay, además de España e Inglaterra. Relevó una canasta de productos de significativa relevancia para idénticas marcas y presentaciones comerciales: son medicamentos de alto costo que generan el mayor gasto en el país e involucran 18 marcas comerciales, y la gran mayoría de ellas se venden en otros países. En todos los casos la información es a precios finales y en dólares. En esa cesta se incluyeron medicamentos oncológicos, para la esclerosis múltiple, leucemia mieloide crónica y aguda, entre otros. La conclusión es que en casi todas las marcas los precios en Argentina son superiores a los vigentes en esos países seleccionados. En Chile, Uruguay, España e Inglaterra todos los que integran esa canasta de medicamentos de alto costo resultan sensiblemente más baratos que en Argentina. En Paraguay, donde sólo se comercializan 8 de las 18 marcas, la mitad de ellos presenta precios levemente inferiores a los vigentes en Argentina. En Brasil hay otros cuatro medicamentos que presentan precios superiores. Por ejemplo, el producto de marca comercial Sutent (oncológico) cuesta en Inglaterra un 60 por ciento más barato, el Gilenya (esclerosis múltiple) en Chile tiene un precio 32 por ciento más bajo, y el Tarceva (oncológico) en España registra un precio 44 por ciento más barato. Adquirir un envase de cada uno de los medicamentos que integran la canasta global relevada cuesta en Argentina 448.962 pesos. Si se pudieran comprar al menor precio anotado en esos otros países, el costo total sería 161.855 pesos, un 64 por ciento menos.
Tobar recomienda implantar un seguro universal “que garantice a todos los argentinos los cuidados adecuados frente a las enfermedades catastróficas, incluyendo la provisión gratuita de medicamentos”. Para ello propone que debería haber un solo comprador (el Estado) “muy bien vigilado, que obtendría precios de hasta un 80 por ciento más baratos a través de licitaciones internacionales”. Define que las enfermedades deberían ser tratadas según protocolos a los cuales médicos e instituciones de la salud (prepagas, obras sociales sindicales, PAMI, hospitales públicos) deberían ajustarse. Afirma que los recursos con que hoy opera la Administración de Programas Especiales (APE) son suficientes, que se podrían complementar con un pago mensual capitado de las prepagas que, al delegar en el Seguro Nacional de Enfermedades Catastróficas esa cobertura, resultarían aliviados en sus gastos. Por ejemplo, el Fondo Nacional de Recursos del Uruguay, que ya implementó ese sistema, cobra una mensualidad de dos dólares por cada afiliado a los seguros privados.
Otros países también encararon este tema con una fuerte intervención pública. Brasil definió que esos medicamentos serían adquiridos en forma centralizada por el Estado, captando así economías de escala en la compra. En Inglaterra existe una regulación de precios que, de aplicarse en Argentina, sería calificada de un ataque a la inversión privada, pues el Estado británico les impone a los laboratorios un tope en la rentabilidad por los nuevos medicamentos, calculado sobre el capital invertido en I+D. La mayoría de los países europeos, Australia y Canadá han incorporado en forma progresiva diversas medidas de racionalización y contención del gasto farmacéutico.
Tobar propone “acabar con las mafias de los medicamentos y al mismo tiempo avanzar hacia un modelo más justo de salud”, conquistando el acceso universal e igualitario a la cobertura de las enfermedades de menos prevalencia y mayor costo. Afirma que no es una cuestión de fondos, de conocimientos ni de tecnología, sino que “se requiere voluntad política”. Se sabe que el sistema de salud en Argentina es complejo y complicado cuando se plantea la misión de mejorarlo, pero por algún lado se empieza. Los MAC pueden ser uno de ellos.

Por Carolina Pavlovsky *
La primera vez que tuve lo que hoy se llama ataque de pánico, hace casi 20 años, estaba en una librería desde hacía dos horas, a 40 grados de calor, un día de marzo, en la fila de padres que estábamos comprando la lista de útiles para el comienzo lectivo de nuestros hijos. Nunca imaginé que iba a entrar a pertenecer a una clasificación nosográfica que engloba a personas afectadas por dicha sintomatología. Esto pasa con las categorizaciones “modernas”: trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastornos alimentarios (anorexia-bulimia), trastorno afectivo de bipolaridad (TAB), trastorno de déficit de atención (TDA), etcétera, etcétera.
Hay que señalar que la anorexia –o sea, falta de apetito– se da como síntoma en múltiples cuadros diferenciales: angustia, depresión, psicosis. Significativamente este “rasgo conductual” a su vez constituye un valor ético: la anorexia voluntaria en el despojo y el ayuno del misticismo religioso. A partir del siglo XX, la anorexia y la bulimia, como modos de consumo y aisladas como síntomas de su contexto sociocultural, son enfermedades de valores de clase media y alta: no existen en la pobreza, en condiciones de carencias básicas.
En las comunidades de tratamiento de adictos suelen incluir bajo el mismo rótulo variedades seriamente diferentes de consumo de estupefacientes: un chico de 17 años que probó marihuana un par de veces, descubierto por padres desesperados ante la explosión de la adolescencia y sus códigos, se mezcla con adultos de 30 años, neurológicamente lacerados por su consumo de alcohol. También aquí se da el aislamiento del síntoma y la rotulación (que sólo carga el adicto a sustancias ilegales), en vez de las implicancias de un diagnóstico más personalizado y contextuado.
La cantidad de instituciones, centros y ofertas de atención para tratar estos fenómenos como “desórdenes” ha crecido en forma notable en las últimas décadas y genera un nuevo mercado de consultas, una nueva forma de abordar las enfermedades y también suelen ser carne para el comercio de psicofármacos.
Lo que produce la categorización rígida, divisionista, alejada de un contexto sociocultural, aferrada a nomenclaturas que se basan sólo en descriptivas definiciones y contradefiniciones, es la concepción y creación de una subjetividad adaptada y sumisa, que se aferra desesperadamente a alguna “identidad de enfermo”; pacientes que en una primera entrevista se presentan nombrando la “etiqueta patológica” que arrastran en su recorrido por instituciones, hospitales, psiquiatras, psicólogos. “Soy Juan López, soy TOC”; “Mi problema es la bipolaridad”; “Soy bulímica, dice mi psiquiatra.”
No podemos dejar de observar la simultaneidad, en el tiempo y la historia, del crecimiento económico de los laboratorios psicofarmacológicos con la creación de nuevas definiciones patológicas. Cantidad y variedad de discursos y prácticas se fomentan, desde la década de 1980, como dispositivos de detección y tratamiento de estos “trastornos”. La prescripción masiva de antidepresivos nos recuerda la omnipresente droga “soma”, en Un mundo feliz, del visionario Aldous Huxley.
Un ser humano es una multiplicidad de estados, de posibilidades de conexiones y líneas diversas, nunca fijas en su devenir histórico. Los tratamientos que se basan en la excesiva división y clasificación de “desórdenes” psicológicos podrían dificultar una concepción más integral y humanista del sujeto y construir campos de atención psicológica con teorías y prácticas que propicien un verdadero encuentro entre seres humanos, una concepción más inclusiva y menos estratificada de la enfermedad mental.
* Codirectora de Nuevo Espacio, Psicodrama Grupal. Texto extractado del trabajo “Monopolios y nuevas patologías emergentes”.