lunes, 30 de julio de 2012

La experiencia de la compasión

Considerada una virtud por todas las grandes religiones, los últimos estudios indican que la empatía por el sufrimiento de los demás tiene una increíble capacidad asociada: la de promover y aumentar la armonía social.

POR David DeSteno

Todas las grandes religiones dan mucha importancia a la compasión. Ya se trate de la parábola del buen samaritano del cristianismo, de los “trece atributos de la compasión” del judaísmo o de la afirmación de Buda de que “nuestra práctica consiste en amar la bondad y la compasión”, la empatía con el sufrimiento de los demás se considera una virtud especial que tiene el poder de cambiar el mundo. El Dalai Lama expresa a menudo esta idea y sostiene que las experiencias individuales de compasión se irradian hacia fuera y aumentan la armonía para todos.
Como psicólogo social interesado en los sentimientos, hace mucho que me pregunto si esta comprensión espiritual de la compasión es también científicamente cierta. Desde el punto de vista empírico, ¿la experiencia de la compasión hacia una persona afecta nuestras acciones y actitudes hacia otras? De ser así, ¿hay medidas prácticas que podamos tomar para seguir cultivando ese sentimiento? Hace poco, mis colegas y yo llevamos a cabo experimentos que dieron una respuesta positiva a ambas preguntas.
En un experimento, publicado en el Journal of Experimental Social Psychology, reclutamos voluntarios para que tomaran parte en un estudio que en apariencia se refería a la relación de la capacidad matemática con la percepción del gusto pero que, en realidad, era un estudio de cómo la experiencia de la compasión afecta nuestro comportamiento.
A un participante real y a dos cómplices (que secretamente trabajaban para nosotros) se les dijo que tenían cuatro minutos para resolver tantos problemas matemáticos como pudieran de una lista de veinte y que recibirían 50 centavos por cada uno que resolvieran correctamente. La cantidad promedio de problemas resueltos fue de cuatro. Al terminarse el tiempo, el investigador se acercó a cada persona para preguntarle cuántos problemas había resuelto, pagarle la suma acordada y hacer que la persona introdujera su trabajo en una trituradora.
La situación estaba arreglada para que el investigador se quedara sin dinero antes de pagarle a la última persona, Dan, uno de los cómplices. Mientras el investigador iba a buscar más dinero, Dan introdujo su trabajo en la trituradora a la vista de todos. Cuando el investigador volvió, Dan le dijo que había completado los veinte problemas y que había destruido su trabajo para ahorrar tiempo. El investigador le pagó los 10 dólares que le correspondían. Pero era evidente para todos que Dan había hecho trampa. (También había una variante “de control” en la que Dan no hacía trampa.) Después, todos pasaron a la fase de “percepción del gusto”. En ella, los participantes preparaban muestras de sabores que debían probar los demás. A los participantes reales les tocaba preparar la muestra de Dan. Esta muestra les exigía verter una salsa muy picante en un pequeño vaso. Se les hizo creer que todo el contenido del vasito sería colocado en la boca de Dan. ¿Qué hicieron? Los que vieron a Dan hacer trampa pusieron más salsa picante en el vaso que los que no presenciaron la trampa. Actuaban deliberadamente para causarle dolor.
¿Pero qué hay de la compasión? En una tercera variante, Dan hacía trampa pero, antes de preparar las muestras de sabores, la otra cómplice, Hannah, comenzaba a sollozar. Hacía poco se había enterado de que su hermano tenía una enfermedad terminal, decía. Los participantes y Dan continuaban como antes, aunque con resultados muy diferentes: los participantes que habían visto a Dan hacer trampa no colocaron más salsa picante que los que no lo habían presenciado. Antes de preparar las muestras de sabores, también habíamos dado a los participantes un cuestionario sobre sus sentimientos de ese momento. El grado de compasión que sentían predecía directamente la cantidad de salsa picante de menos que sirvieron a Dan.
Al parecer, el Dalai Lama tiene razón: la experiencia de la compasión hacia un solo individuo moldea nuestras acciones para con los demás.
En otro estudio, publicado en la revista Emotion, realizamos un experimento que en apariencia buscaba estudiar la percepción de la música pero que, en realidad, investigaba cómo pueden aumentarse los sentimientos de compasión. Nuestro presentimiento era que es más fácil sentir compasión cuando uno tiene cosas en común con otra persona. Entonces agrupamos a los participantes en equipos de dos: un participante real y un cómplice. Primero, debían tocar sensores con las manos según los tonos que oían a través de auriculares. En algunos casos, los tonos los llevaban a tocar los sensores en sincronía; en otros casos, los tonos los llevaban a tocar los sensores de un modo descoordinado.
A continuación, hicimos que los participantes observaran cómo su compañero era engañado por otro cómplice, lo que determinaba que al compañero se le asignara erróneamente la tarea de completar una serie de complicados ejercicios con palabras. Cuando se retiraban, se les informaba que, si lo deseaban, podían ayudar a sus compañeros a completar el trabajo que se les había asignado. Los resultados fueron sorprendentes: el simple acto de tocar los sensores en sincronía con otra persona hacía que los participantes informaran tener sentimientos más parecidos a los de sus compañeros y más compasión por sus dificultades.
Lo que indican estos resultados es que la compasión que sentimos por los demás no es sólo función de lo que les ocurre: si nuestra mente traza una asociación entre una víctima y nosotros, la compasión que sentimos por su sufrimiento se amplifica.
¿Qué significa esto en lo que hace a cultivar la compasión en la sociedad? Significa que la adhesión a máximas religiosas o filosóficas (meditación, plegaria o educación moral), aunque es valiosa y capaz de producir efectos, no es el único camino. La mayor compasión por el prójimo puede surgir, por ejemplo, de algo tan simple como alentarnos a pensar en él como habitué del mismo restaurante en lugar de como miembro de una etnia diferente. Aprender a recategorizar mentalmente a los demás teniendo en cuenta las cosas que tenemos en común generaría más empatía entre todos y promovería la armonía social sin demasiado esfuerzo.

sábado, 28 de julio de 2012

viernes, 27 de julio de 2012

¿Y QUE PARTE TE GUSTA MAS?

Para el cerebro, la mujer sería un “objeto sexual”

Percibe a los hombres como un todo y a las mujeres por partes.
Deseo. Los hombres miran a las chicas atributo por atributo. .
..
Hombres y mujeres tienen muchas diferencias, pero en algo coinciden: el cerebro de ambos considera a los hombres como personas, mientras que a las mujeres las trata como objetos . Esa fue la conclusión a la que llegó un grupo de científicos de la Universidad de Nebraska que, en experimentos con más de 220 personas, lograron probar que el cerebro se comporta en forma muy distinta frente la imagen de personas de uno u otro sexo. A los hombres, según el estudio, se los percibe globalmente, como una totalidad. A ellas, en cambio, el cerebro las procesa “por partes” , lo que según los investigadores explicaría la tendencia a tratar a la mujer como “objetos sexuales”.
“A la mujer se la percibe del mismo modo que a objetos como un auto o una casa: los descomponemos en partes . No deberíamos hacer eso con una persona, pero frente a las mujeres lo hacemos, lo cual resulta muy sorprendente”, explicó la psicóloga Sarah Gervais, directora del estudio publicado en la revista científica European Journal of Social Psychology .
Lo que sorprendió a muchos es que esta forma degradante de procesar la imagen femenina se produjo frente a fotos de todo tipo de mujeres, y no solo con las más atractivas. La “cosificación”, además, también resultó darse por igual en la mirada de los hombres y de las mujeres , aunque los motivos para esto sean diferentes. Según los investigadores, los hombres verían a la mujer en partes porque están buscando posibles parejas, y las mujeres lo harían para compararse a sí mismas con las demás.
Para Juan Felipe Cardona, investigador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), se trata de un estudio “interesante” , aunque consideró que los experimentos deberían replicarse en otras culturas antes de sacar conclusiones generales. Y dijo que los resultados no le parecieron tan sorpresivos: “Siempre se supo que el hombre observa mucho la figura femenina con fines de procreación, y que las mujeres se fijan cómo están las demás por competencia”.

martes, 24 de julio de 2012

LA VIDA NO ES UNA PAVADA,AUNQUE HAYA MUCHOS PAVOTES

No tan simple

JAVIER SAMPEDRO
La versión biológica de Mycoplasma genitalium es una de las bacterias más pequeñas conocidas, y por tanto uno de los organismos más simples del planeta, con solo 485 genes —40 veces menos que una célula humana— y poco más de un centenar de metabolitos, o moléculas orgánicas pequeñas que se van formando y consumiendo durante la actividad vital de la célula. Incluso es capaz de vivir dentro de las células humanas. Desde hace años no solo se conoce su genoma, sino también lo que ocurre cuando se muta cada uno de sus genes. El micoplasma se podría ver como el átomo de hidrógeno de la biología, su sistema autónomo más estilizado, y por tanto el más fácil de modelar.
Su versión virtual, o simulada, es un programa informático de tal complejidad que necesita un agregado de 128 ordenadores y tarda 10 horas en simular una sola división celular, que es la más simple de las operaciones que cabe concebir en una célula viva. La Escherichia coli que vive en el intestino humano, que es una bacteria mucho más compleja que el micoplasma, con más de 4.000 genes, solo tarda 20 minutos en dividirse. Estos simples números revelan que la fuerza bruta de computación no está más cerca de emular las operaciones básicas de la célula viva que Deep Blue de funcionar como un cerebro humano, con perdón de los ajedrecistas.
Pero las células simuladas serán de gran utilidad mucho antes de que los biólogos moleculares, los científicos de la computación y los filósofos del futuro entiendan las razones profundas de esas odiosas comparaciones. La razón principal es que hacer experimentos es mucho más rápido en un organismo virtual que en uno real.
Una técnica esencial en la investigación de nuevos fármacos es el rastreo de centenares de miles o millones de moléculas —auténticas bibliotecas combinatorias de compuestos químicos— en busca de una o unas pocas que muestren actividad contra la enfermedad en cuestión. Estos rastreos masivos, como es natural, no se pueden hacer en pacientes humanos, y hasta ahora se han utilizado animales de experimentación o algún tipo de modelo biológico, como células en cultivo. Ahora se abre la posibilidad de utilizar bibliotecas de moléculas virtuales y simuladores de células o de organismos para este propósito. No solo la Big Pharma, sino también la farmacología académica y la genómica aplicada, se podrán beneficiar de esta estrategia.
Lo mismo vale para la creación de otras moléculas de interés industrial, como nuevos catalizadores y componentes de nanomateriales, y de biocombustibles que no requieran arruinar más bosques y sean compatibles con la nutrición humana y el cuidado del entorno.
De las nuevas simulaciones de organismos, una parte de la biología computacional, cabe decir lo mismo que de la biología de sistemas en su versión tradicional, o basada en bacterias de verdad. La biología de sistemas y su versión computacional se basan en el conocimiento total de un sistema vivo autónomo. Hasta ahora se habían simulado redes de genes con una regulación común, o módulos del metabolismo, la cocina de la célula. Ahora hablamos de simular un ser vivo completo y autónomo, aunque sea el más simple imaginable. También Dios tendría que empezar por algo.

viernes, 20 de julio de 2012

FARMAFFIA

Publicado por Miguel Jara el 18 de julio de 2012
El sábado por la mañana me leí de una sentada el último libro, ¡A dormir!, de Eduard Estivill, que con su apellido ha dado nombre a un “método” para hacer dormir a los bebés y también ha apellidado durante años la polémica.
No había leído otros libros suyos. Entiendo que este resume su método. De momento, como comentaba ayer en mi facebook me quedo con Ibón Olza. Estivill pone mucho cuidado en que su texto sea “científico” e intenta no herir sensibilidades pero en mi opinión no lo consigue. Lo que no puede ocultar el autor es cierto afán medicalizador. Estivill escribe en un capítulo sobre una de las enfermedades inventadas o exageradas, el Síndrome de las Piernas Inquietas (SPI).
Lo define bien: “una inquietud que origina una necesidad imperiosa de mover las piernas“. Se suele dar sobre todo por las noches por lo que a algunas personas les cuesta dormir. Comenta que es un problema “muy nuevo” pero no lo es tanto, yo recuerdo que a mi padre cuando yo era niño ya le sucedía eso, luego debe ser algo antiguo. Otra cosa es que haya ciertos intereses en convertir en enfermedad “formal” lo que es un “problema” menor en la mayoría de las personas que lo padecen, sin conocer además su origen (primero se crea el concepto, luego se medica para ello y ya averiguaremos si el problema es real y cómo surge). A esto es a lo que Estivill da validez en el par de páginas que dedica al asunto:
“Afortunadamente, hoy tenemos medicamentos específicos para el síndrome”. Estivill se muestra partidario de medicar a un niño que no se sabe qué es lo que le ocurre por mucho que se le haya puesto una etiqueta. “Es muy importante diagnosticar la enfermedad correctamente”, indica. Bueno, yo creo que lo que hay que hacer es averiguar de dónde viene el problema para intentar atajar sus causas. En el camino lo mismo nos encontramos que a lo mejor ni merece la pena ponerle un nombre. Que con el debido conocimiento se hará un buen diagnóstico y se decidirá qué tratamiento se ofrece. Vete tú a saber, lo mismo no hace falta tomar nada.
Es útil conocer cómo nació el Síndrome de las Piernas Inquietas en el año 2003 (¿es a esto a lo que se refiere con “muy nuevo” Estivill?). Steven Woloshin y Lisa Schwartz, de la Escuela de Medicina de Dartmouth (New Hampshire) lo han documentado. Los medios de comunicación comenzaron a publicar temas relacionados con el SPI justo después de que en 2003 la farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) lanzara una campaña para promocionar esta dolencia en un encuentro de la Academia Americana de Neurología. GSK estaba estudiando entonces el medicamento Requip (ropinirol), utilizado para tratar el Parkinson, en pacientes con Síndrome de las Piernas Inquietas y al tiempo lanzaba notas de prensa en las que aludía al gran número de personas que padecen este síndrome sin que los médicos lo diagnosticaran.
Woloshin y Schwartz analizaron los 33 artículos que trataban sobre el SPI publicados en la prensa tras la campaña de Glaxo y detectaron que los periodistas daban por buenas cifras de prevalencia muy elevadas no contrastadas. Además, exageraban los beneficios del tratamiento. Los periodistas no pararon de repetir cifras exageradas de prevalencia y la existencia de un fármaco mágico.
Estivill escribe que “es muy frecuente; un 10% de los niños de entre 3 y 12 años pueden padecerla en algún momento de su vida”.
También es interesante conocer cómo se ha difundido la enfermedad en España. En un correo electrónico publicado en la lista de discusión sobre medicamentos esenciales e-farmacos, Joan-Ramon Laporte, farmacólogo catalán de prestigio, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y jefe del Servicio de Farmacología del Hospital Vall d’Hebron proponía:
“como interesante ejemplo de algunas estrategias utilizadas para inventar o exagerar enfermedades (…) una visita a la web de la Asociación Española de Pacientes con Síndrome de las Piernas Inquietas, donde llaman la atención varias cosas: En la página inicial hay una totalmente ilegal oferta de atención gratuita a cambio de participar en estudios clínicos. El video muestra opiniones de dos supuestos expertos que son contradictorias en muchos aspectos; uno de ellos insiste mucho en mecanismos moleculares que implicarían la racionalidad de un tratamiento farmacológico. La vaguedad o ausencia de definición de una enfermedad. La generación de confusión entre síntoma, síndrome o enfermedad. La exageración del problema con imágenes de un caso extremo del síntoma. El abultamiento de la prevalencia de la supuesta dolencia y las citas de porcentajes sin población de referencia. La previsión, en los estatutos de la asociación, de acuerdos con instituciones privadas con relación directa o indirecta con el supuesto síndrome. La falta de citas bibliográficas consultables. A falta de citas de trabajos científicos, la referencia a la aprobación por la FDA [agencia de medicamentos estadounidense] de fármacos para el Síndrome de las Piernas Inquietas”.
En el libro La salud que viene narro las estrategias de marketing del miedo que la citada asociación de pacientes y los laboratorios, GSK entre ellos, desarrollaron en nuestro país para introducir la enfermedad y la medicación ad hoc. Claro que hay personas que pueden presentar síntomas similares a los descritos por la “literatura científica”. Pero lo que advertimos quienes escribimos sobre el fenómeno del disease mongering o tráfico de enfermedades es precisamente que hay laboratorios que crean nuevos conceptos de enfermedad para “explicar” -y tratar de medicar- lo que sienten algunas personas -ni mucho menos la mayor parte de las diagnosticadas con estas denominaciones-. Muchas de ellas están sanas. Y cuando se trata de niños jugar con esto es muy peligroso.

EN CUBA


Los retos de la Salud

Estudiantes extranjeros de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas de La Habana. (Foto: Raquel Pérez)
Estudiantes extranjeros de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas de La Habana. (Foto: Raquel Pérez)
Este jueves 5.694 jóvenes de 59 países de América Latina, Asia y África recibieron en Cuba el título que los acredita como médicos. La última vez que estuve en esa escuela internacional me encontré desde un compatriota tomando mate hasta una chica de Mongolia lavando su ropa.
Este año va a la cabeza Bolivia con 2.400 graduados, seguida de Nicaragua, Perú, Ecuador, Guatemala y Colombia. Pronto estos médicos regresarán a sus comunidades con la ilusión de sumarse a la lucha contra las enfermedades, aunque realmente sólo algunos lo lograrán.
En muchos países los colegios médicos ponen fuertes obstáculos para reconocer los títulos de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas (ELAM). Conozco a una chica salvadoreña que lleva años esperando la convalidación a pesar de haber estudiado incluso una especialidad.
Debido a estas limitaciones algunos graduados dejan sus naciones y emigran a países desarrollados donde los reconocen como médicos generales, les permiten hacer una especialidad y más tarde trabajar con los mismos derechos que un galeno local.
La situación hace que el efecto del proyecto sea más modesto de lo esperado. Además ninguno de los países beneficiados lo apoya económicamente por lo que la carga de miles estudiantes extranjeros es para Cuba cada vez más pesada.
Por lo pronto, fuentes de la Salud Pública cubana me confirmaron que la matrícula de la ELAM se reducirá a la mitad y nadie sabe con seguridad cuántas graduaciones más se podrán celebrar.
Es una lástima porque sacar un chico o chica de su comunidad, convertirlos en médicos y regresarlos para que atiendan a los suyos es un proyecto muy humano. Lo comprobé cuando vi a los graduados de la ELAM atendiendo enfermos entre los kunas.
El problema es que Cuba lo financia con el presupuesto de la Salud Pública y allí las cosas no andan tan bien como para tirar manteca al techo. Los hospitales sufren de una escasez crónica producto de la falta de dinero, la dilapidación de los recursos y la corrupción.
En este mismo momento el director de un importante hospital de la capital y decenas de sus subalternos están presos por montarse "el negocio por cuenta propia" pero con los recursos del Estado, cobrando por servicios que incluían desde abortos hasta cirugía estética.
El asunto no debería sorprender a nadie porque toda la clase política tiene alguna parienta o amiga que se ha hecho una liposucción o puesto implantes mamarios. Hasta la Aduana -tan estricta para otras cosas- deja pasar las prótesis sin cobrar aranceles.
Viendo cómo queda la silicona se puede pensar que vale la pena, pero seguramente no cree lo mismo el enfermo que espera por un salón quirúrgico mientras las chicas de la farándula y las amantes de la gente importante se quitan barriga para volver a usar bikini.
Parece que en la Salud Pública no bastará un simple "ajuste del modelo", en realidad necesita una reforma de fondo que termine con las construcciones inútiles, la compra de equipos inservibles, el robo de los alimentos, el mercado negro de medicinas y la corrupción.
Ayudaría mejorar los salarios de los médicos, respetar las promesas económicas que les hicieron a los que cumplían misión en el extranjero, facilitar el ingreso de sus pertenencias al regreso, darles la posibilidad de comprar automóviles nuevos y crear cooperativas de viviendas.
Los recursos no hay que buscarlos muy lejos, basta con dedicar una pequeña parte de lo que los mismos cooperantes generan con su trabajo en otros países. Sobran razones para que el personal cubano de la Salud sea el sector "mimado" de la sociedad.
Y, si hace falta ahorrar más, bastaría aplicar los acuerdos del Congreso del Partido Comunista que orientan a realizar un análisis del gasto que implica cada campaña de solidaridad cubana y propone que dicha colaboración reciba, cuando sea posible, la compensación de los costos.
Con 70 mil médicos, Cuba tiene el capital humano para apoyar a otros pueblos tras una catástrofe, pero sus recursos económicos son tan escasos que parece lógico buscar financiamiento. El intercambio con Venezuela y la coordinación con Noruega en Haití son ejemplos de que eso es posible.
Esta premisa podría servir también para prolongar la vida de la Escuela Latinoamericana de Medicina. No parece excesivo solicitar a los gobiernos que cubran los gastos de manutención de sus alumnos y, sobre todo, que garanticen la convalidación de los títulos.