Todo lo que sabemos sobre el punto G, descrito por la ciencia
En
los Estados Unidos de finales de los años 40, dos ginecólogos llevaron a
cabo un estudio tan detallado de los órganos sexuales femeninos que sus
hallazgos les harían pasar a la historia. Entre las muchas partes de la
anatomía de la mujer que llamaron su atención, el exiliado alemán
Ernst Gräfenberg y el estadounidense
Robert Dickinson repararon en
una zona de especial sensibilidad erógena, “situada en la superficie suburetral del muro vaginal anterior” y que se hinchaba durante el orgasmo.
Sin
saberlo, habían realizado uno de los grandes hallazgos del siglo XX: el
punto G, que no recibió dicho nombre hasta los años 80, cuando la
sexóloga
Beverly Whipple identificó una zona en la que el
90% de las mujeres estudiadas sentían una mayor sensibilidad sexual, tal y como explicó en el superventas
El punto G y otros descubrimientos sobre la sexualidad humana (Neo-Person).
Gräfenberg, no obstante, tuvo que conformarse con que su inicial, la
“g”, diese nombre al punto más buscado por los hombres de todo el
planeta.
Desde un primer momento, el punto G estuvo rodeado de un
gran escepticismo que llega hasta nuestros días, y que se debe, ante
todo, a que contradecía las teorías canónicas de
Masters & Johnson, que
reivindicaron el clítoris
como el centro casi exclusivo del placer femenino, relativizando la
importancia de la vagina. Los propios investigadores respondieron a
Whipple en su reedición de
Sexualidad humana argumentando que únicamente un 10% de las mujeres dispone de una región más sensible en su vagina.


Sin
embargo, y dado que hoy en día la mayor parte de mujeres aseguran una
diferencia de sensación en dicha forma, nadie se atreve a descartar la
idea de que algo ocurre en la pared anterior de la vagina. Una
revisión de estudios publicada en 2012 en el
Journal of Sex Medicine afirmaba, parafraseando al
dicho gallego, que el punto G,
haberlo, haylo, pero
nadie lo ha visto.
En otras palabras, las encuestas demuestran que las mujeres lo sienten,
pero los científicos no habían sido capaces de encontrarlo.
No existe ningún órgano que sea el punto G
La
confusión proviene, en la mayor parte de los casos, por pensar que el
famoso punto es un botón, una glándula o un órgano concreto y fácilmente
identificable. Sin embargo, no hay ninguna zona dentro de la vagina en
la que, como ocurre con el glande o el clítoris, se concentre
un mayor número de terminaciones nerviosas.
Como explica
Pere Estupinyà en
S=EX2. La ciencia del sexo (Debate), una de las hipótesis más aceptadas hoy en día llegó en 2008 de la mano de
Odile Buisson,
que afirmaba que, en realidad, al ejercer presión interna en la parte
frontal de la vagina, puede ser que lo que se está haciendo es alcanzar
las estructuras internas del clítoris, que es lo que produciría el
intenso placer.
Una interesante visión del asunto, porque al mismo tiempo
confirma y desmiente
la existencia del punto G, como sugiere el científico. Lo confirmaría
porque demuestra que efectivamente hay una zona más sensible en la
vagina, pero lo desmentiría porque esta no sería más que un atajo hasta
el clítoris.
¡Lo hemos encontrado!
En abril de 2012, la comunidad científica se vio revolucionada por un estudio en el que su autor,
Adam Ostrzenski, afirmaba haber encontrado el punto G, como un
Cristóbal Colón de los genitales. No sólo proporcionaba detalladas
coordenadas
de dónde podía ser encontrado –en concreto, a 16,5 milímetros de
distancia de la parte superior del meato uretral, en un ángulo de 35
grados con el borde de la uretra–, sino que también describía su forma,
tejidos y diseño.
Hay diversas posiciones que facilitan encontrar el punto G, como estar de cuclillasSe trataba, como afirma el ginecólogo, de “
una bolsa bien delineada”,
con paredes que parecían estar formadas por tejido fibroconectivo,
semejante a la del tejido eréctil. La parte superior de la bolsa tenía
irregularidades visibles a través de la membrana. En definitiva, todo un
poema que se puede ver aquí, a su cuenta y riesgo. Rápidamente,
Ostrzenski recibió un gran número de críticas por parte de la sociedad
científica.
Como explicaba
Harriet Hall en un
artículo publicado en
Science Based Medicine,
dado que el famoso punto G había sido extraído del cadáver de una mujer
de 86 años, era complicado saber lo que realmente era esa bolsa
extirpada de la vagina de la buena mujer. Hall acusaba a Ostrzenski de
haber encabezado una campaña para conseguir
la atención de los medios de comunicación,
puesto que hasta la fecha, el consenso señala que el punto G no
constituye un órgano o membrana aparte, aunque aquí podamos ayudarte a
encontrarlo.
Dónde buscar el centro del placer
Una condición
sine qua non para hallar el punto Gräfenberg es que la mujer se encuentre
excitada,
lo que facilitará sensiblemente la labor. Además, hay diversas
posiciones que permiten una mejor exploración: por ejemplo, de espaldas,
con las rodillas subidas hasta el pecho; de cuclillas; o utilizando
juguetes sexuales específicos que permitan la exploración dentro de la
vagina, preferibles a la exploración manual.
Cada vez está más claro que el clítoris no es el único órgano sexualNinguna
de estas posiciones resulta particularmente útil si lo que queremos es
localizar el punto G durante el acto sexual. En dicho caso, la mejor
posición es la llamada del perrito, con la mujer apoyada en sus rodillas
y manos, puesto que es aquella en la que la mayor parte de mamíferos
realizan el acto sexual y, por lo tanto, la que
evolutivamente tendría un mayor sentido.
Este
debate sobre el punto G conduce, finalmente, a una de las grandes
preguntas que se han realizado sobre la sexualidad femenina: ¿
existe el orgasmo vaginal?
Muchas mujeres señalan que sí, y que es muy diferente a lo
experimentado en el orgasmo causado por la estimulación del clítoris.
La investigación realizada por el profesor
Barry Komisaruk,
de la Universidad de Rutgers, así lo refrenda: las áreas cerebrales que
se excitan en un escáner cerebral son completamente diferentes si este
es vaginal o si se estimula el clítoris externo. Como recuerda
Estupinyà, esto significa el fin del reinado del clítoris como el único
órgano sexual, y un aviso de que el orgasmo no se produce en los
genitales, sino en
el cerebro.