miércoles, 24 de junio de 2015

El negocio del cerebro, al alza.

.
Compartir: facebook twitter meneame

PososAnarquia_Cerebro
Álvaro Fernández es el cofundador y consejero delegado de SharpBrains. Este bilbaíno de 42 años, saltó de la Universidad de Deusto a EEUU y con los años terminó creando la primera compañía dedicada a desarrollar aplicaciones basadas en la neurociencia. ¿El objetivo? Tratar de mejorar las capacidades cerebrales y retrasar su deterioro. Nuestro español más cerebral, por decirlo de alguna manera, que en 2012 llegó a ser considerado ‘Young Global Leader’ por el World Economic Forum (WEF).
Fernández está firmemente convencido del potencial que tiene el mercado de la neurotecnología, aunque no se le escapa que todavía existe mucho ruido mediático al respecto. No es el único, puesto que desde el Centro para el Negocio Digital de la Salford Business School, el profesor Gordon Fletcher prevé que para 2020 el mercado de las ‘aplicaciones tecnológicas cerebrales’ podría rondar los 35.000 millones de dólares.
El ritmo al que se están registrando las patentes en torno a esta tecnología puede ser otro buen indicador de lo que está por llegar. Si entre 2000 y 2009 se registraron 400 patentes, en 2010 las patentes relacionadas con la lectura del cerebro subieron a 800 en EEUU y Fernández indica que, el año pasado, rondaron ya las 1.600 patentes, muchas de ellas asociadas a la explosión se ha producido en el mundo de los wearables (tecnología para llevar puesta). No sólo eso, Fernández asegura que en la actualidad el número de aplicaciones pendientes podría situarse en las 5.000.
No hablamos únicamente del sector de la Salud, sino especialmente el del marketing, el deportivo o el mundo del ocio, con los videojuegos a la cabeza. Aplicaciones que van asociadas a enfermedades como el Alzheimer o, en el otro extremo, las que se instalan en un coche para que detecten si el conductor se está quedando dormido.
Además de las compañías hiperespecializadas en la materia, como NeuroSky, Interaxon o Emotiv, también encontramos a gigantes de la informática que flirtean con este campo. Es el caso de Microsoft, que cuenta con 89 patentes de software que pueden evaluar los estados mentales, o IBM y su proyecto TrueNorth, con el que pretende que los ordenadores repliquen el funcionamiento del cerebro humano.
Sin embargo, lo más habitual es encontrar otro tipo de aplicaciones más accesibles al usuario final. Sin ir más lejos, uno de los últimos desarrollos es el de la compañía Triax, que ha creado una banda para la cabeza de los jugadores de fútbolpara que mida en tiempo real los impactos que reciben en la testa antes de que sufran una conmoción cerebral. Los datos se transmiten a un ordenador o, incluso, a un smartphone o tablet, midiendo variables como la fuerza y la rotación.
Otro ejemplo es el de la empresa MindRider, que incorpora en los casos de ciclistas sensores con los que confeccionan mapas mentales de las personas para averiguar cuáles son las rutas más relajadas en Manhattan (¿o deberíamos decir las menos estresantes?)

¿Más inteligentes? No

Y detrás de esta industria, aparecen nomenclaturas como brain training o entrenamiento cerebral, que hace unos años llegó con fuerza al mercado español de la mano de gigantes de los videojuegos como Nintendo. El concepto que subyace es que, del mismo modo que entrenamos nuestros músculos y los desarrollamos, podemos hacer lo mismo con el cerebro.
Alrededor de esta corriente, sobre la que los científicos no terminan de ponerse de acuerdo –en 2010 la revista Nature publicaba un artículo que negaba que el brain training mejorara las capacidades cognitivas-, van surgiendo conceptos como la neurogénesis, que postula que el cerebro puede crear neuronas nuevas constantemente.
Teorías que cómo no, son bien utilizadas por las empresas de ‘aplicaciones cerebrales’. Lo que parece cierto es que algunos ejercicios sí contribuyen a preservar nuestra materia gris, siempre expuesta a los efectos del envejecimiento, pero eso no quiere decir que cualquier entrenamiento –ni cualquier aplicación de miniconsola- sirva para ello. Y mucho menos, que nos haga más inteligentes.
Y mientras vemos cómo llegan al mercado aplicaciones en forma de wearables, no debe pasarse por alto que Europa, que se encuentra en segundo lugar (por detrás de EEUU) en esta tecnología, pronto podría verse superada por Israel. En 2010, el entonces primer ministro se comprometió a crear un centro de tecnología cerebral. Y la cosa cuajó: además de las numerosas start-ups con que cuenta, ya es una realidad el Israel Brain Technologies (IBT) que nació con y para una única misión: ser uno (sino el único) epicentro mundial de la investigación cerebral.

LA MEDICINA CORRUPTA



Fruto podrido


 Por Noé Jitrik

Mi amigo, mi hermano, Darío Cantón, publicó hace algunos años un libro titulado Corrupción de la naranja. Título bizarro, sin duda, y, acaso, de asunto a primera vista intrascendente: ¿a quién le puede importar, salvo a quien quiera comérsela y no pueda hacerlo, que una naranja se corrompa? A nadie, creo, salvo que no se trata en el caso de naranjas para comer sino de palabras que describen ese proceso y más aún, de poemas felizmente hermosos, llenos de hallazgos, esas frases que uno lee y se le llena el espíritu de gracia.
O no es sólo eso sino una encubierta declaración o una secreta metáfora, algo así como que si una simple naranja termina corrupta es posible que la corrupción pueda verse en otros terrenos, mayores y más complejos. O sea, en realidad, que más allá de la riqueza poética, Cantón haya querido referirse a otras corrupciones pero como son más crudas y menos suaves prefirió que los lectores sacaran sus propias y delicadas conclusiones. Un cuerpo, por ejemplo, se corrompe después de muerto, aunque hay casos en que eso se produce antes, en vida: describirlo no es muy elegante sobre todo si el muerto fue persona de bien, importante o algo así y, por lo tanto, al referirse a la naranja que comienza por ser redonda y bella y termina por ser una rugosa y ennegrecida piel y oler mal, a uno se le puede ocurrir que se refiere a los cuerpos y, llevando las cosas al extremo, al propio cuerpo, pensamiento nada agradable.
Peor todavía si se trata de corrupción moral: no huele, es sabido, y puede ser que sea íntima, que permanezca en el hueco de eso que se llama conciencia y nadie, salvo el que es consciente de que ocurre, lo perciba. Claro que hay justicia y en algún momento quienes no están contaminados perciben el olor que brota de esas profundidades y actúan, por desprecio o por denuncia o por condena, hay muchos modos de reaccionar. La vida y la literatura están llenas de ese modo de la corrupción, habitual, cotidiano e inconfesable, sin lugar en los códigos: en la vida son objeto de rechazo, en la literatura de hallazgos en ocasiones fascinantes, con sólo aproximarse a la obra de Shakespeare tendremos elocuentes ejemplos. Y en política ni hablar.
Claro que en política da lugar a generalizaciones a veces caprichosas: me causa gracia imaginar, como lo suelen afirmar taxistas y pensionados del Ejército, a un ministro o presidente sacando dinero de una caja cuando nadie lo ve y enviándolo de inmediato a una cuenta en las Barbados, tal como parecen creerlo quienes hablan de corrupción gubernativa, sin advertir que hay muchos otros modos, no tan directos, de corrupción, muchísimos, tantos que es difícil tipificarlos. Así como hay zonas en las que reina: en las profesiones, en los deportes, en el comercio, en las finanzas, en el periodismo, en los sindicatos, en la medicina, hasta en las familias. Se diría, entonces, considerando esa multiplicidad, que la corrupción está en todas partes: así como alguna vez lo dije respecto de la basura, amplío el concepto y declaro que, por eso, porque está en todas partes y en todos los momentos, la corrupción es como dios.
¿Será un dios mayor, que reina con la adoración de los acólitos? ¿O un dios menor, más o menos barrial o, si esto es disminuirlo demasiado, sectorial? Desecho su forma majestuosa porque es imposible abarcarla y aun comprenderla y me quedo con las operaciones más sinuosas y parciales de su forma menor, por ejemplo cómo opera en determinados campos, más fácilmente observables. Frecuentador de farmacias y de sanatorios y médicos, tomo el de la salud, que si bien nos concierne a todos a algunos, a los pobres, a los necesitados, a los dejados, precisamente, de la mano de Dios, los afecta mucho más: pocas voces se elevan para defenderlos de modo que la corrupción se disfraza con la necesidad pero ¡vaya que hay materia para observar!
En cuatro esferas actúa la corrupción: en la industria farmacéutica, en los médicos, en las clínicas y hospitales y en el Estado. Por ahí me quedo corto y hay más campos, pero uno no puede abarcar todo. Como proclama Martín Fierro, son “males que conocen todos pero que naides contó”. Salvo mi amigo Cereijido cuando fue fugaz decano de Farmacia en la Universidad de Buenos Aires: propuso crear laboratorios estatales para pelear contra las industrias privadas y transnacionales, pero me parece que perdió la batalla. Yo, sin llegar a tanta iniciativa, tampoco podré contarlo del todo porque habría que poder introducirse con ojo de espía en las hondonadas y recovecos de cada uno de esos campos para detectar lo fino en lo grueso, lo delicado en lo torpe.
Así, en lo que concierne a la industria farmacéutica, es impresionante que después de generar millones de pildoritas de un medicamento necesario para la población –la cantidad suele normalmente abaratar el producto– cada una llegue a los usuarios como si estuviera recubierta de oro: se supone que si para llegar a producirlas tienen gastos de diverso orden, el margen de ganancia que descargan sobre el ansioso consumidor tiene que ser exorbitante para que antes de llegar a su boca éste sienta que la pildorita es como un cañonazo en su presente y en su futuro. ¡Qué misterio cómo forman los precios! Hay algo de corrupto en esa no controlada impunidad que cae sobre la espalda de los consumidores como si su salud fuera lo de menos y, en cambio, lo de más fuera esa riqueza que vaya uno a saber cómo aprovechan pero que acumulan, equivalente a la que logran los narcotraficantes de quienes es fácil decir que son corruptos. Investigan, no hay duda, pero cuando lo hacen para etiquetar de otro modo lo que ya existe y que no tendría por qué no continuar tal cual –y cada vez más barato por toda la amortización de que disfruta, patentes, aparatos, instalaciones–, con el sano propósito de cobrarlo más caro, no hay otro modo de designar esa estrategia como corrupción, sobre todo porque cuentan con la ansiedad del cliente y su anhelante creencia en que el nuevo medicamento será mejor sólo porque es más caro, ideología en estado puro, como si todo el mundo, sobre todo los más pobres, pertenecieran a una clase media consumidora a la que el dinero le sobra y que considera que los que no lo tienen en la misma medida es porque no quieren, porque si quisieran no se fijarían en la corrupción por la que hay que pagar y no la designarían con ese epíteto tan desagradable.
En cuanto a los médicos la cosa es más complicada; muchos de los que yo conozco y atienden a mis males, y muchos más, los que defienden a hospitales en estado de socorro, siguen siendo fieles al juramento hipocrático; lo hacen a veces en condiciones penosas sabiendo que les aguarda al final de la contienda una jubilación nada jubilosa y que tienen una misión que cumplir. Otros, en cambio, ordenan su ejercicio de otro modo; escépticos, nada esperan de lo que puede venir del dolor al que tienen que detener: se corrompen. Correlativamente, se diría que son nostálgicos: siempre esperan un “retorno”, sentimiento que tiene menos alcance poético que el que alienta en todo ser humano respecto del lugar perdido. Esa espera, o más bien promesa nostálgica, de retorno debe tener grados: el nivel más bajo es el del que espera que el laboratorio le pase un tanto por recetar sus productos, esa forma de retorno que se denomina “ana-ana”, expresión que todos comprenden pero no logran definir, porque su alcance es variable, el más corriente se relaciona con un medicamento que, en esa perspectiva, repite obsesivamente como si no existiera ningún otra pócima, para el síntoma que sea; el más alto cuando exige exámenes sofisticados, de la llamada “alta complejidad”, tan innecesarios como caros pero que generan “retornos” mucho más consistentes, permiten mejores casas, hasta en los countries, mejores vacaciones, ropa más elegante, mejor servicio doméstico y, en fin, una dignidad social que, sin esas gratificaciones, meramente trabajando en un hospital público o recibiendo honorarios razonables, no lograrían. Viajes a congresos, hoteles internacionales, con esposa y todo, pagados por la industria con tal de que..., completan parcialmente el mapa de la corrupción. Pero no es sólo eso: también se corrompen médicos que se distraen acerca de la hora de llegada pero tienen clarísimo la de salida, y qué decir los que atienden a miles de a cinco minutos por cabeza, que se olvidan de lo que diagnosticaron, que no corrigen sus errores, que se endurecen, que se creen dioses, que cobran mucho más de lo que implica su saber, su experiencia o su mera posición de poder. Supongo que se podrá decir mucho más y que, si leen esto, muchos se sentirán agraviados y otros podrán aportar nuevos y apasionantes capítulos en esta historia universal, no sólo local, de la infamia.
Un mundo es lo que circula por los pasillos, los consultorios, los quirófanos, los sótanos, las salas de espera, las oficinas de los sanatorios y clínicas que vienen arrasando la medicina pública y convirtiendo la privada en necesidad. Desde luego que este aspecto del asunto concierne a las políticas de Estado: una gestión antipública –las viene habiendo desde hace décadas– logró desguarnecer los hospitales públicos y crear condiciones para el desarrollo hipertrófico de los privados, en algunos casos –presumo, no tengo pruebas– con recursos higiénicos, o sea de dineros lavados en gran escala; a aquellos, que sobreviven por el esfuerzo titánico de los médicos y están desbordados de pobres, les es difícil, casi imposible, renovar equipos –los municipios, éste, el porteño, los escatima, va disminuyendo las partidas, deja que todo se caiga–, éstos, los privados, por estridente contraste, lo pueden hacer descargando sobre los pacientes los costos de renovaciones de las que se jactan. Sin embargo, desde el punto de vista de la eficiencia, o sea de la salud de los enfermos, no por eso es de jactarse porque, casi por lo general, lo más importante es la factura que, elaborada en el corazón de la clínica, pagan las prepagas o los mismos sacrificados pacientes. Las facturas son de chiste: figura no sólo la televisión sino el agua y la aspirina y hasta las visitas de cortesía que pueden hacer los médicos para preguntar “cómo está ese corazoncito” a un pobre sujeto que está a punto de pasar al otro lado. Pero, eso no se puede negar, las chicas que atienden son deslumbrantes y lejanas y los muchachos pasan inadvertidos, lo contrario de lo que se puede registrar en los hospitales públicos.
En cuanto al Estado es de preguntarse por qué no hace todo lo que debería hacer. No estoy en condiciones de formularme la pregunta, pero tampoco puedo permanecer en silencio porque esté a salvo protegido por una buena obra social, contemplando cómo se produjo y se sigue produciendo ese fatal deslizamiento de lo público a lo comercial. Supongo que el tema exige más que reformulaciones de propósitos o declaraciones estentóreas planes graduales de saneamiento, desde salarios a instalaciones, desde controles a poderes instalados a procedimientos límpidos de selección de personal, desde inversiones atinadas a restauraciones indispensables. Pero para qué formular estas quejas cuando nadie ignora lo que significa para un país una protección adecuada de la salud de sus habitantes. Y no es que nadie haga nada: conozco iniciativas inteligentes y oportunas que vienen a suplir lo que los presupuestos escatiman, pero tampoco se me escapa que la corrupción trastorna todo propósito. La naranja termina por ser arrojada a la basura.
Mapa funesto de la corrupción, solapado, integrado, difícil combatirlo individualmente; cuando el dolor o la duda apremian se acepta lo que sea, realidad o apariencia, el discernimiento desaparece. ¿No es ése el efecto central de lo que llamamos “corrupción”?
.

Cinco tazas de café al día reducen en más del 20% el riesgo cardiovascular

La enfermedad coronaria y el accidente cerebrovascular siguen siendo la primera causa de muerte en los países europeos


ABC
Cada vez hay más evidencias científicas sobre los beneficios del consumo de café. La última se acaba de presentar durante el congresoEuroPRevent' 2015 y asegura que beber entre tres y cinco tazas de café al día podría reducir el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular hasta en un 21%.
El hallazgo es relevante debido a que la enfermedad coronaria y el accidente cerebrovascular siguen siendo la primera causa de muerte en Europa; son responsables del 51% de todas las muertes en las mujeres y el 42% de todas las muertes en hombres en Europa. Es decir, más de cuatro millones de personas mueren a causa de enfermedades cardiovasculares cada año en Europa.
El informe del Instituto de Información Científica sobre el Café ahora presentado muestra que el consumo de tres tazas pequeñas de café al día reducen el riesgo cardiaco hasta un máximo de un 21%. El análisis sugiere que el beneficio del café se rige por el modelo «en forma de U»; es decir, los mejores beneficios se obtienen cuando el consumo oscila entre tres y cinco tazas de café al día.

Mejor tres que dos

Los investigadores señalan beber entre tres y cuatro tazas de café al día se asocia con un riesgo un 25% menor de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con el consumo de ninguna o menos de dos tazas al día.
Se calcula que el 80% de los infartos en varones se podría prevenir siguiendo cinco conductas saludables -una dieta sana, consumo moderado de alcohol (de 10 a 30 g/día), no fumar, ser físicamente activo y no tener adiposidad abdominal-, y que la mitad de los casos de enfermedad cardiovascular en las mujeres podría evitarse al modificar de los estilos de vida.
El informe sin embargo no explica qué mecanismos de acción subyacen detrás de esta relación, aunque apunta a las propiedades antiinflamatorias y antioxidantes del café. Pero sí advierte que el beneficio no es igual para todas las poblaciones; por ejemplo, que dos tazas de café al día pueden ofrecer la mayor protección a la población de Japón, mientras que tres tazas pueden proporcionar la mayor protección en las poblaciones de Reino Unido y de EE.UU.
Para António Vaz Carneiro, de laFacultad de Medicina de la Universidad de Lisboa (Portugal), resulta «importante reconocer los factores que podrían tener un efecto protector contra la mortalidad por enfermedad cardiovascular». El experto apunta que «el consumo moderado de café podría desempeñar un papel relevante en la reducción del riesgo de mortalidad por ECV que podría tener un impacto en los resultados de salud y el gasto en atención sanitaria en toda Europa».
Ahora bien, hay que advertir que el Instituto de Información Científica sobre el Café lo constituyen siete de las compañías cafeteras más importantes en Europa: DE Master Blenders 1753, illycaffè, Mondelez International, Lavazza, Nestlé, Paulig, y Tchibo. Aunque también es cierto que existen muchos estudios publicados en revistas científicas que avalan los efectos beneficiosos del café para la enfermedad cardiovascular.

martes, 23 de junio de 2015

MEJOR EN BOLAS CHICAS...

Cuidado con los 'skinny jeans'

  • Las prendas excesivamente ajustadas pueden provocar problemas en los nervios

  • Además, llevar ropa demasiado apretada desencadena complicaciones circulatorias

Vaqueros ajustados. EL MUNDO | Vídeo: KAREN BUJES

     
  • Ver más
Los tacones de vértigo que no dejan caminar, los bolsos enormes que tanto cargan la espalda, el maquillaje que no deja respirar a la piel, los sujetadores push up que tanto aprietan el pecho... la moda y las tendencias está plagada de ejemplos en forma de prendas y complementos que, si bien pueden hacernos estar a la última y ser lo más chic del lugar, también pueden presentar un riesgo para nuestra salud y bienestar. Los pantalones híper ajustados son un claro ejemplo de que lo más it puede ser muy sexy y muy fashion, pero no lo más cómodo ni lo más saludable.
Así lo refleja un caso publicado en la revista Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, donde se habla de una mujer de 35 años que acabó en el hospital con los pies entumecidos y con dificultad para andar tras haber pasado varias horas el día anterior en cuclillas mientras ayudaba a una amiga con su mudanza y vestía unos jeansmuy ceñidos.
Según la mujer, durante ese tiempo, había tenido la sensación de que "sus vaqueros le iban apretando cada vez más y haciéndose más incómodos según pasaban las horas". Después de un rato, mientras andaba por casa, notó que se le dormían los pies, y se cayó. Pasó varias horas tirada en el suelo hasta que le encontraron.
Cuando por fin llegó al hospital, los médicos observaron quepresentaba varios edemas en las piernas, y que eran incapaces de quitarle los pantalones, por lo que tuvieron que cortarlos. A través de una prueba de conducción nerviosa, los clínicos observaron que la paciente tenía un bloqueo en los nervios del peroneo.
Según relata a EL MUNDO Jesús Esteban, coordinador del grupo neuromuscular de la Sociedad Española de Neurología (SEN), este daño en el nervio peroneo es un problema neurológico "que es fácil que ocurra cuando, como le pasó a esta chica, estás mucho tiempo en cuclillas".
Lo que no es tan común, señala, es la afectación que la paciente presentaba en el nervio tibial, "porque es un tejido que está muy protegido". Esto le produjo una rabdiomiólisis, es decir, una descomposición del tejido muscular que acabó desembocando en una necrosis del músculo.
La explicación que dan los autores a este daño es lo que se conoce como el síndrome compartimental que, tal y como explica Esteban, se produce cuando "se da una inflamación en un tejido y éste no se puede dar de sí porque hay algo que lo comprime, y la sangre no puede entrar bien porque hay mucha presión en la zona". Ese algoque comprime excesivamente al músculo sería, según los investigadores, ese pantalón tan ajustado que tanto apretaba las piernas de la chica.
Según explica a este periódico Thomas Kimber, autor de la publicación que aparece en la revista perteneciente al grupo BMJ, "fue la combinación de pasar tanto tiempo en cuclillas, más el hecho de llevar esos pantalones tan ajustados a la vez, lo que causó el daño en el músculo y en los nervios".
Hace ya un tiempo, la Fundación Española del Corazón advertía de los riesgos de las prendas excesivamente apretadas, esa ropa estilosegunda piel que inunda las estanterías de las tiendas más frecuentadas, advirtiendo de que su uso continuado puede favorecer la aparición de problemas cardiacos, ya que la ropa que se ciñe al cuerpo, y especialmente, la que está confeccionada con telas pesadas como los tejanos, "dificulta la circulación sanguínea venosa, provocando dificultad en el retorno de la sangre, aumentando los edemas y facilitando la aparición de trombos venosos, principalmente en las piernas".
Tal y como explica a este periódico Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón, "si tú haces una presión exagerada -como sería, en este caso, la del tejano tan apretado-, las venas se comprimen e impiden que el líquido de las piernas vuelva al corazón". Esto, cuenta, "hace que la sangre se quede estancada, lo que facilita la aparición de un trombo, que puede 'saltarse' y producir una embolia pulmonar, que es algo que puede llegar a ser bastante grave y producir, incluso, la muerte".
Además de en la parte inferior de la pierna, Esteban señala que otro cuadro común es "el daño en la parte externa del nervio del muslo, particularmente en personas obesas, que se asocia a llevarpantalones demasiado prietos con cinturones muy ajustados". De todas formas, aclara, son procesos "intermitentes" que raramente desembocarían en un ingreso hospitalario como el expuesto en este trabajo, que es, según el neurólogo, "un caso muy excepcional".
Un ejemplo más de otra prenda altamente extendida y a la que se recurre mucho cuando una mujer quiere entrar en un vestido ya de por sí muy ajustado es el de las famosas fajas. Según Plaza, esta prenda es "absolutamente contraproducente, porque impide que la sangre de las piernas suba hacia arriba, y aprieta los vasos sanguíneos de la zona del abdomen, con lo cual, una vez más, se puede producir un trombo".
Por si fuera poco, desde la Fundación Española del Corazón advierten que todo esto puede desencadenar en la aparición de la tan temida celulitis, ya que la ropa ceñida provoca retención de líquidos. Aunque Plaza matiza que esto no sería una acción directa, sino más bien un desencadenante, cuenta que sí que puede ser un factor de riesgo, "porque cuando hay una presión excesiva, las toxinas de esa zona no se diluyen".
Para evitar posibles daños, Plaza recomienda que "siempre", a nivel de salud, es mucho más recomendable llevar prendas holgadas en vez de ajustadas. Si, además, estamos haciendo deporte, no sólo es importante, sino que es crucial: "cuando la persona está practicando cualquier ejercicio, se activa mucho la circulación, con lo cual, por una cuestión mecánica, es mucho peor llevar prendas ajustadas que nos 'compriman' el cuerpo". Para evitar un caso como el descrito en elJournal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, explica Kimber, "si se diera el caso de que la persona tuviera que pasar un tiempo importante en cuclillas, sería recomendable llevar pantalones anchos o con tejidos elásticos, como la lycra".

sábado, 20 de junio de 2015

QUIEN TRAZA LA LINEA ROJA?

Las cosquillas del caracol

Nueva Zelanda se ha sumado recientemente a Francia en la lista de países cuya legislación reconoce a los animales no humanos como seres sentientes, capaces de experimentar dolor, placer, miedo o estrés.
Esa capacidad de sentir hace merecedores de respeto a todos los animales, al margen de su especie, de su tamaño, de su belleza o de su mayor o menor proximidad a los seres humanos.
Caracoles
Los caracoles suelen tratarse como plaga en los jardines y macetas, especialmente en esta época del año, por lo que los amantes de las plantas se proveen de artilugios variados para acabar con ellos, a veces de forma muy desagradable.
Los caracoles no son un tipo de plaga, ni de especie invasiva y he de confesar que tengo una gran simpatía por ellos. Van despacio, lo llevan todo consigo (sub parvo sed meo) y parecen adaptarse con facilidad a lo que tienen, tanto si tienen agua como si no, para lo que sellan la abertura de su concha con moco, que, cuando se seca, forma una sólida membrana llamada epifragma, y así pasan los periodos de sequía o de carencia. La complejidad de los gasterópodos ha sido ampliamente descrita por la ciencia. Es interesante recordar que tienen corazón, riñón, pulmones, estómago... y hasta ganglios cerebrales, lo que les sitúa en la franja de animales que experimentan sensaciones, como las cosquillas. De que tienen cosquillas y son muy curiosos, tengo todo un abundante anecdotario que sería prolijo detallar aquí. Lo que me interesa destacar es que, hasta seres tan apreciados por los gastrónomos pero tan despreciados ("¡es lento, como un caracol cojo!", se oye a veces) por el resto de los mortales, son también 'seres sentientes' ('sentient beings') y forman parte del mundo que compartimos con otras especies animales, incluso humanas.
Cuando pensamos en seres sentientes, la ciencia del Bienestar Animal no excluye a ningún animal; la sentiencia y el reconocimiento de su protección está en relación, la mayoría de las veces, con el rendimiento económico que de los animales se obtiene, pero el respeto por los animales y por sus intereses -lo que constituye el núcleo del Derecho Animal-, no tiene, de entrada, límites por el tamaño, la belleza, el uso que se les dé, o por la proximidad mayor o menor con nuestra vida cotidiana. Otra cuestión es cómo debería articularse hoy en día ese triple aspecto: el respeto social por los animales, las políticas públicas para hacerlo efectivo y la protección jurídica de los animales como seres sentientes, capaces de experimentar dolor y placer, miedo, y también cosquillas y curiosidad, como los caracoles.
Respecto a la protección jurídica de los animales como seres sentientes, reconocidos así por el art. 13 del TFUE, empieza a existir ya una buena literatura jurídica, que recomiendo leer (E. Alonso, M. Lachance, M. Wartenberg...). Pero quisiera referirme a alguna aplicación jurídica del término "sentient beings", que va abriéndose paso, de forma paulatina, pero cada vez con mayor fuerza en los textos legales.
Se trata de una importante noticia que quisiera destacar a este propósito, como es la reciente declaración de los animales como "sentient beings", realizada por Nueva Zelanda en una reforma de la ya existente ley de Bienestar Animal del año 1999, que ha sido  aprobada por el Parlamento y sancionada el 9 de mayo de 2015.
En efecto, la ' Animal Welfare Amendment Bill' introduce en el título programático de la ley, Part 1 (Amendments to principal Act), una enmienda que obliga a cambiar -y así lo hace- muchos aspectos concretos del texto de la ley. El párrafo 3A dice textualmente:
  • "Se reconoce que los animales son seres sintientes", para, a continuación, introducir la primera consecuencia del establecimiento de tal principio:
  • "Se exigirá de los propietarios de animales, y de las personas a cuyo cargo estén aquéllos, que atiendan de forma apropiada al Bienestar de dichos animales”.
Esta observación plantea un giro muy interesante, precisamente hacia cúal puede ser una de las formas de una nueva relación humanos-animales, basada en la sentiencia de los animales, que, aún conservando la estructura de la propiedad, se base en la responsabilidad. Un matiz jurídico no exento de importantes consecuencias prácticas. El texto de la ley, va recogiendo, de forma pormenorizada, en qué aspectos debe tratarse ahora a los animales como seres sentientes. El texto se refiere a aspectos como la manipulación, la definición de las necesidades de bienestar físico y comportamentales de los animales, las condiciones y límites del estudio de los animales y de los tests que se puedan realizar (por cierto, Nueva Zelanda prohibió los tests con animales para la industria cosmética y asimismo, la venta de productos cosméticos testados con animales), establece la obligación de aliviar el dolor, el estrés, el miedo y la enfermedad de los animales, así como establece penas graves para los casos de abuso y maltrato de animales.
Es, a mi juicio, uno de los ejemplos de legislación animal que constituye un referente de buena técnica jurídica, pues define qué es la sentiencia animal y la afirma respecto de todas las especies animales, para, acto seguido, extraer las consecuencias de cúal debe ser el comportamiento y los límites que deben observarse, a la luz de la responsabilidad del ser humano respecto de los animales. Un criterio, el de la responsabilidad, al que iré dedicando mi atención en los próximos meses y que, desde ahora, considero un giro importante en el ámbito jurídico, social y de políticas públicas de trato de los animales como "seres sentientes".
En este sentido, la declaración de que los animales son seres sentientes está de forma sólida anclada en ' The Cambridge Declaration of Consciusness', un documento preparado y formado por un grupo de respetados científicos ya en Julio de 2012, en el que de forma consistente se afirma que no son sólo los humanos los que tienen capacidades de consciencia y de sentimiento, sino que las estructuras neuronales de muchas especies de animales les hacen ser, al igual que los humanos, conscientes de su situación y capaces de experimentar y realizar comportamientos intencionales.
Este es el programa para muchos países, incluido el nuestro: reconocimiento científico, cambios legislativos, agenda política que incluya a los animales como seres sentientes y una actitud social que pierda el miedo a mostrar bondad y compasión por los animales (¡también los caracoles!), como afirmaba hace poco Matthieu Ricard en ua conferencia celebrada en París el pasado 30 de mayo de 2015, bajo el título ' La Libération Animale et aprés: inventer une société sans exploitation des animaux' y con el siguiente propósito "Il nous incumbe a tous de continuer à favoriser l'avènement d'une justice et d'une compassion impartiales envers l'ensemble des êtres sensibles. La bonté n'est pas une obligation: elle est la plus noble expression de la nature humaine".

Tengo malaria o paludismo,provocada por un ser vivo llamado "plasmodium falciparum".
No se si eliminarlo o dejar vivir de parasito dentro de mi tejido sanguineo... 

UN ENANO FAMOSO Y SIN GRACIA...HASTA QUE SE MUERA ALGUIEN POR SUS CONSEJOS DE CRETINO

PSEUDOCIENCIA

Los famosos perjudican seriamente su salud

Un libro denuncia cómo las celebridades están instalando mensajes contrarios a la medicina en la sociedad

Pablo Motos prepara un batido recomendado por Isabel Preysler para "dar energía" por las mañanas. / Antena 3

    "Supongo que eres consciente de que miles de personas quieren saber qué comes, qué no comes, qué haces, qué no haces”, le dijo Pablo Motos a Isabel Preysler en su reciente visita a El Hormiguero para que desvelar las claves de su belleza. No le faltaba razón a Motos: el programa logró el récord histórico de audiencia con casi cuatro millones de espectadores que escucharon a Preysler vender las bondades de su marca de crema y del batido de verdura que se toma al despertar “que te da mucha energía, es muy bueno para la piel... te sientes muy bien”.
    Ese preparado, que a Motos le resultó repugnante, forma parte de la moda de los batidos verdes, los smoothies que exhiben las celebrities en EE UU. “No sirven para nada. E incluso pueden ser nocivos porque te alejan de un patrón de dieta saludable”, critica Julio Basulto, dietista-nutricionista especialmente combativo contra las patrañas dietéticas. La utilidad de estos zumos está completamente desmontada: los elementos no multiplican sus propiedades al batirse juntos (como hicieron en El Hormiguero) y, además, sacian mucho menos que si las tomaran por separado.
    Estos batidos verdes son la última de las muchas recetas milagrosas que publicitan los famosos, previo pago o no, y que inundan medios en los que se elogian sin ningún espíritu crítico el valor del último secreto de tal o cual personaje popular para adelgazar o para "estar radiante". Se trata de una maquinaria industrial, que genera miles de millones, y que instala en el imaginario colectivo que hay atajos en cuestiones de salud, superalimentos curalotodo, zumos que limpian por dentro, dietas prodigiosas e infalibles pastillas de colores.
    Para desmontar esta espiral de autoengaño masivo, el profesor de la Universidad de Alberta Timothy Caulfield acaba de publicar un libro, Is Gwyneth Paltrow Wrong About Everything? (¿Está Gwyneth Paltrow equivocada en todo?, Penguin, 2015), en el que tumba todos y cada uno de estos reclamos, dignos de los vendedores de crecepelos, que ahora gritan sus mentiras en los mass media exhibiendo la belleza y el éxito de los famosos. Caulfield, miembro de la Academia de Ciencias de la Salud de Canadá y experto en bioética, ha escogido para el título a la actriz estadounidense por haberse convertido en la encarnación más clara del famoso que vende panaceas.
    Instalan en el imaginario colectivo que hay atajos en cuestiones de salud, superalimentos curalotodo, dietas prodigiosas e infalibles pastillas de colores
    Sobre todo, por su promoción de un tratamiento de los llamados detox, una especie de dietas integrales que prometen limpiar las toxinas del organismo que están propagándose por todo el mundo. Tras ponerse en contacto con numerosos expertos y consultar toda la literatura científica pertinente, Caulfield sentencia: "Ni un sólo estudio respalda la teoría que sostiene a esta gigantesca industria". Básicamente, porque parte de una idea completamente errónea de cómo funciona el cuerpo humano, que ya se limpia solo, por ejemplo, cuando miccionamos. Paltrow, que fuma y toma el sol sin protección, también defiende las dietas sin gluten —innecesario e inútil en personas no celíacas— y el uso sistemático de complementos alimenticios y vitamínicos.
    Preysler también contribuye a popularizar estas pastillas, y ya quedan pocos medios en España que no hayan contado el secreto (a voces) de su pastillero: diez al día, de todo tipo y condición. Una vez más, "un mal consejo basado en falacias como que los alimentos actuales tienen menos nutrientes que antes", explica el dietista-nutricionista Juan Revenga, que acaba de publicar Adelgázame, miénteme (Ediciones B), en el que critica los engaños de la industria del adelgazamiento. El negocio de estas pastillas, que aspira a doblarse en los próximos años hasta los 60.000 millones de dólares sólo en EE UU, alimenta la falsa creencia de que "hay que tomar de todo para estar sano, para aguantar todo el día". Una vez más, un reclamo incorrecto: "Si funcionaran, serían medicamentos, es así de simple", zanja Basulto, que señala varios peligros del consumo de estos complementos, como que puedan interactuar con otros fármacos, la falsa sensación de seguridad y, como denuncia Caulfield, los estudios señalan que la mayoría de estos comprimidos presentan una composición adulterada.
    Los nutricionistas se encuentran en su día a día con peticiones popularizadas por famosos
    Los medios publicitan todo tipo de remedios absurdos porque los famosos los usan: que Miley Cyrus y Novak Djokovic no toman gluten (sin ser celíacos), que los Beckham usan faciales de caca de pájaro, que Kate Middleton se rejuvenece con veneno de abeja, que Katie Holmes pone caracoles a pasear por su cara y que Leonardo DiCaprio se hace limpiezas de colon. A veces no sabemos siquiera si es cierto, se difunden en medios dedicados al cotilleo y nunca se abordan sus “impresionantes resultados” con el más mínimo escepticismo ni por periodistas especializados en salud o ciencia. Para colmo, como señala Caulfield en su libro, en la página anterior hemos visto la "demoniaca" celulitis de una actriz y en la siguiente, que una cantante está "estupenda", en clara alusión a que está más delgada.
    Revenga y Basulto se encuentran en su día a día con peticiones popularizadas por famosos. Son modas que van y vienen, como la dieta Dukan, que hace un par de años monopolizaba conversaciones (también aupada por famosos incluso sin su consentimiento) y ahora está olvidada. Basulto, que coordinó el documento ministerial contra la Dukan por anticientífica, recuerda la Enzima prodigiosa —"un fraude peligroso"— que Mercedes Milá introdujo en millones de hogares y Revenga cita las numerosas dietas que defienden o se atribuyen a personajes como Belén Esteban, Caritina Goyanes o María Teresa Campos y su hija. Dietas y modas que generan "frustración y dolor", según Basulto, "porque la gente termina sintiéndose culpable y es bastante malo para la salud mental".
    El libro de Caulfield analiza en detalle cómo funciona esta cultura de las celebrities y cómo su influencia ha crecido hasta colarse bajo nuestra piel, con los tatuajes, o animándonos a cambiar nuestro cuerpo con el bisturí: desde 2001 han crecido un 4.300% el número de operaciones de lifting de brazos en EE UU (Michelle Obama es el modelo preferido por el 40% de las mujeres) y los cirujanos británicos reconocen que la nariz de Middleton les está haciendo ricos.
    La moda de las famosas de usar terapia intravenosa de vitaminas como tratamiento rejuvenecedor ha provocado escasez de suministros médicos esenciales", denuncia el autor
    "La moda de las famosas de usar terapia intravenosa de vitaminas como tratamiento rejuvenecedor ha provocado escasez de suministros médicos esenciales", denuncia el autor, que desmenuza diversos estudios que muestran cómo las personas más aficionadas a las revistas de cotilleos son más propensas a pasar por el quirófano, por ejemplo, y como los cirujanos están intentando cambiar su lenguaje para frenar la frustración que generan las falsas expectativas. Varios expertos describen a Caulfield el proceso psicológico por el que la gente cree que imitando el comportamiento o el físico de un personaje popular conseguirán parte de su éxito.
    Regresando a Isabel Preysler, que aseguraba notar perfectamente si una crema es buena o no al ponérsela; Caulfield sentencia que no hay evidencias científicas que avalen el valor de los componentes de estos productos y que, en cualquier caso, se presentan en cantidades tan bajas que son clínicamente irrelevantes: "No hay diferencia entre una crema de 10 dólares y una de 700, pero la gente pagará 700 porque cuesta 700", le asegura un prestigioso dermatólogo. Por algo, explica el autor, los reclamos siempre son tan poco específicos como "radiante" y "luminosa". Caulfield cita un estudio reciente realizado entre mujeres canadienses que concluía que únicamente un 3% de ellas creía en la utilidad real de las cremas antiedad. De ser así, sólo un grupo residual confía en la utilidad de una industria de más de 250.000 millones de dólares.
    Caulfield señala que, en el fondo, lo que hace tan atractivos a los actores y las modelos lo heredaron de sus padres, por lo que es terrible querer parecerse a ellos: “Tener a las personas que han ganado la lotería genética estableciendo los estándares universales de belleza es como usar a los pívots de la NBA para motivar a la gente para que sea más alta”. El autor concluye que “se ha convertido en una de las fuerzas más perniciosas de nuestra sociedad, contribuyendo a malas decisiones para la salud, al malgasto de dinero en belleza y productos inútiles, a una menor comprensión sobre cómo funciona la ciencia y al aumento de la insatisfacción con nuestra propia apariencia y, quizá, con nuestras propias vidas”.