lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Por qué comer helado da "frío en el cerebro"?


Una imagen térmica de una mujer comiendo heladoImage copyrightGetty
Image caption¿Quién no ha sentido alguna vez ese "dolor de cabeza de helado"?
Uno de los mejores postres jamás inventados, el helado, puede provocar un dolor de cabeza intensísimo.
Se conoce también como "cerebro congelado" y los estudios calculan que una de cada tres personas la sufrió alguna vez.
Hace años que se sabe de la afección, pero sus causas siguen siendo tema de debate.
La primera mención escrita al dolor de cabeza del helado data de 1939.
"La nariz y la punta de los dedos se vuelven insensibles, y si no frotas la frente terminas sufriendo lo que llamamos el dolor de cabeza del helado", escribió Rebecca Timbres en la obra We Didn’t Ask Utopia: A Quaker Family in Soviet Russia ("No pedimos utopía: una familia cuáquera en la Rusia soviética").
Y aunque es materia de discusión médica desde al menos 1850, no fue considerada afección hasta 1988.
Fue entonces cuando la Sociedad Internacional del Dolor de Cabeza (International Headache Society) la reconoció formalmente, y la denominó "cefalea por estímulo frío".
Para la tercera revisión de la Clasificación internacional de cefaleas, publicada por la organización benéfica en 2013, un grupo de investigadores llegaron a la conclusión de que el dolor comienza al aplicar un estímulo frío tanto en la cabeza como en la boca, y desaparece poco después de retirar la substancia.

Sphenopalatine ganglioneuralgia

Lo más común es que el dolor se sienta justo debajo de la frente, pero también puede tener el foco cerca de los oídos o bajo los ojos.
Una persona con
Image captionSe la describe como una sensación intensa, poco duradera y punzante.
Pero sea cual sea su ubicación, la cefalea del helado es siempre "intensa, poco duradera y punzante", según el documento.
Y como cualquiera que la haya sufrido puede confirmar, no es una sensación agradable.
Como con frecuencia está asociado al paladar, su nombre científico es sphenopalatine ganglioneuralgia, lo que literalmente significa "neuralgia del ganglio esfenopalatino".
Ese ganglio se encarga de transmitir sensaciones desde la parte superior de la boca hasta la cabeza.
Se cree que el dolor es la consecuencia de la dilatación y la constricción de los vasos sanguíneos en respuesta a un estímulo frío.
Al detectar el frío, nuestros cuerpos pueden reaccionar enviando como antídoto una gran cantidad de sangre caliente hacia el cerebro.
este cambio en el flujo sanguíneo podría ser el responsable del dolor.

¿Un tipo de migraña?

En los primeros intentos para entender el dolor de cabeza causado por el helado, los investigadores sugirieron que podía ser un subtipo de las migrañas, ya que ambas afecciones incluyen respuestas alteradas al estímulo sensorial.
Un niño comiendo helado
Image captionEl fenómeno del "frío en el cerebro" todavía no está suficientemente explicado. Pero nadie se salva.
De acuerdo a aquellos primeros estudios, el patrón de dilatación y constricción de los vasos sanguíneos que tiene lugar durante la cefalea estimulada por el frío podría explicar un tipo particular de migraña.
Mientras, otros expertos argumentaron que es una variedad de "dolor referido", fenómeno por el que el dolor no se siente en el lugar en el que se aplica el estímulo, sino en otro.
Más allá de estas teorías, los expertos aún no tienen clara la relación entre el dolor de cabeza del helado y las migrañas, aunque reconocen su existencia.
En 2001 el neurólogo Peter Mattson, del Hospital Universitario de Suecia, descubrió que una mujer que ha experimentado al menos una migraña durante el año tiene más probabilidades de sufrir una cefalea estimulada por el agua fría que una que nunca tuvo migrañas.
Tres años después, en 2004, el neurólogo turco Macit Selekler estudiaba pacientes que habían sufrido migraña y dolores de cabeza por tensión.
Entre otros test, les hizo pasar "la prueba del hielo".
Así que los pacientes tuvieron que sostener un cubito de hielo con la lengua y presionarla contra el paladar.
Como resultado, el 60% de ellos sufrió dolor de cabeza, y el 80% de estos pertenecían al grupo de los que habían tenido migraña y sólo el 20% al que tuvieron cefalea por tensión.

Entre el paladar y el cerebro

La neuróloga taiwanesa Jong-Ling Fuh también descubrió un patrón similar entre los adolescentes de Taiwán.
Un helado
Image caption¿Hay que renunciar al rico manjar? Sigue leyendo y encontrarás la respuesta.
Ella y sus colegas llevaron a cabo un sondeo entre 9.000 jóvenes de entre 13 y 15 años.
Los resultados revelaron que un 40% de ellos habían experimentado cefaleas del helado, y la prevalencia era un 15% mayor en aquellos que sufrieron migrañas.
Fuh sospechó, al igual que lo habían hecho otros investigadores, que la relación entre ambos tipos de dolor de cabeza tiene que ver con las dinámicas del flujo sanguíneo entre el paladar y el cerebro.
Así, aunque los científicos siguen tratando de desentrañar los secretos neurológicos y vasculares de este fenómeno, al menos hay un par de cuestiones que son más claras ahora.
Un físico de la Universidad de McMaster, en Ontario, Canadá, llevó a cabo un estudio con su hija y las compañeras de clase de ésta.
Descubrió que era más probable que las adolescentes a las que hizo engullir un helado en cinco segundos sufrieran dolor de cabeza inmediatamente después que aquellas a las que les dejó comerlo a su ritmo.
Y esto sugiere que la velocidad del estímulo frío también tiene que ver con la probabilidad de sufrir esta cefalea.

También hacer surf y patinar

Por otro lado, otros estudios dejan claro que no solo los helados y las bebidas frías pueden provocar este dolor.
Hacer surf en invierno puede tener ese mismo efecto secundario, tal como experimentó el físico Mark Harries, del Centro Médico Olímpico de Reino Unido.
Niños patinando sobre hieloImage copyrightPA
Image captionAlgunos han experimentado el mismo frío en el cerebro simplemente al patinar sobre hielo.
"Cuando era surfista era bien sabido que sumergirte bajo una ola a punto de romperse provocaba dolor de cabeza a la altura de la frente", escribió en una carta dirigida al editor de la British Medical Journal en 1997.
"El dolor dura 20 o 30 segundos y se agudiza con la siguiente ola".
Era una sensación similar al que experimentaba un patinador de 48 años al respirar el aire helado que emanaba la pista de hielo.
"Al parecer es el aire frío de la pista, el que pasa por el paladar tras ser inhalado, el estímulo del dolor de cabeza que sufre este paciente", especulaba la neuróloga australiana Stacey Jankelowitz en 2001.
Por suerte, había un remedio sencillo para ello.
"Parece que el dolor dura hasta que el estímulo es eliminado; esto es, cuando el paciente deja de patinar".
Un té heladoImage copyrightThinkstock
Image captionAlgunas bebidas frías también producen el efecto indeseado.
Sin embargo, Joseph Hulihan, de la Universidad de Temple, en Filadelfia, Estados Unidos, señaló hace unos 20 años que aquellos que sufren estas cefaleas no tienen por qué dejar de lado las actividades que lo provocan, ni dejar de comer helado.
Ya que es la parte más profunda del paladar, la blanda y húmeda, el punto de partida del dolor, los pacientes sólo deben limitar el contacto de las sustancias frías con ella.
"La mayoría de la gente empieza a aplicar esa medida preventiva antes de cualquier consejo médico", dice.
"Abstenerse de comer helado no es necesario".

domingo, 20 de septiembre de 2015


Los inuit, protegidos genéticamente de las grasas

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Si comiéramos cada día carne y grasas poliinsaturadas seguramente tendríamos problemas cardiovasculares. Sin embargo, los nativos groenlandeses, conocidos como inuit y que incluyen en su dieta altos niveles de ácidos grasos omega 3, sí pueden permitírselo. Un nuevo estudio demuestra que estas poblaciones presentan mutaciones genéticas únicas que las protegen del consumo excesivo de grasa.
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Un equipo internacional de investigadores, liderado por Universidad de California en Berkeley (EE UU), ha analizado el genoma de 191 groenlandeses y ha llegado a la conclusión de que los inuit y sus ancestros siberianos tienen mutaciones especiales en los genes relacionados con el metabolismo de la grasa.
Las mutaciones genéticas encontradas en cerca del 100% de los inuit solo se encuentran en un 2% de los europeos
Estas mutaciones les ayudan a contrarrestar en parte los efectos de una dieta alta en grasa de animales marinos, principalmente de focas y ballenas que a su vez comen pescado con altos niveles de ácidos grasos omega 3 poliinsaturados.
“Los inuit poseen adaptaciones genéticas únicas que no se pueden extrapolar a otras poblaciones. Puede que para ellos sea beneficioso ingerir tal cantidad de ácidos grasos omega 3, pero eso no quiere decir que lo sea para el resto”, explica Rasmus Nielsen, profesor de Biología Integrativa en la universidad estadounidense y autor del estudio que publica Science
La investigación revela que las mutaciones genéticas encontradas en cerca del 100% de los inuit solo se encuentran en un 2% de los europeos y en un 15% de la etnia han en China, que sintetizan los ácidos grasos omega 3 poliinsaturados de forma diferente a los groenlandeses. 
Nielsen resalta que esta es la primera evidencia de que las poblaciones humanas están adaptadas a dietas particulares. Además, difieren en su respuesta fisiológica a una determinada alimentación. Según los científicos, el estudio del genoma humano podría dictar también la dieta a seguir, al igual que ya establece tratamientos médicos especializados. 
Pueblo de Groenlandia. / Malik Milfeldt
Pueblo de Groenlandia. / Malik Milfeldt
Estas mutaciones explicarían por qué presentan una menor predisposición a sufrir enfermedades cardiovasculares
Una mutación de 20.000 años de antigüedad
Para Matteo Fumagalli, investigador en la University College en Londres (Reino Unido) y primer autor del estudio, estas mutaciones parecen tener al menos 20.000 años de antigüedad y pueden haber ayudado a muchos grupos humanos a adaptarse a dietas altas en carne y grasa. Su origen podría proceder de los siberianos originales que vivieron en el Ártico en los últimos miles de años y que se desplazaron a Groenlandia, donde los inuit se establecieron hace más de mil años. 
Entre otras cosas, las mutaciones de los inuit les han permitido disminuir sus niveles del conocido como colesterol malo, lo que explicaría por qué presentan una menor predisposición a sufrir enfermedades cardiovasculares.
Además, el genoma también ha influido en su altura. “Las variaciones que hemos descubierto tienen profundos efectos fisiológicos: modifican el perfil de ácidos grasos del cuerpo y reducen la altura de los inuit unos dos centímetros”, afirma Ida Moltke, profesora de Bioinformática en la Universidad de Copenhague (Dinamarca). 
“La altura depende de muchos genes, pero esta mutación en concreto posee uno de los efectos más potentes que se hayan descubierto”, concluye la experta.

sábado, 19 de septiembre de 2015

5 sustancias tóxicas que se encuentran naturalmente en frutas y vegetales

supermercadoImage copyrightThinkstock
Image captionVale la pena estar al tanto de lo que continene los alimentos que consumimos a diario y tomar precauciones.
Dice un dicho en inglés: una manzana al día, mantiene el médico a distancia (one apple a day to keep the doctor away).
Sin duda, frutas y vegetales son un componente fundamental de una dieta sana y balanceada.
Sin embargo, aún entre estos amigos la vida saludable se encuentran naturalmente algunas sustancias potencialmente dañinas.
Esta semana, por ejemplo, te contamos del riesgo de consumir demasiados bananos al mismo tiempo.
Los bananos tienen potasio, un elemento crucial para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Sin embargo, demasiado potasio puede tener efectos adversos como la palpitación irregular del corazón, dolor de estómago, nausea y diarrea.
Otras frutas y vegetales contienen toxinas que, en cantidades sustanciales, pueden generar efectos adversos en quienes las consumen.
Como su nombre sugiere, las toxinas naturales son parte de la naturaleza. No debe tanto tenérseles miedo como respetárselas"
Ed Blonz
"Las razones por las que contienen estas toxinas no siempre se conocen", explica la página de recomendaciones al consumidor del gobierno de Nueva Zelanda. "A veces es un pesticida natural para evitar ataques de insectos. O puede formarse para proteger a la planta de daños por el clima, la luz del sol o los microbios".
Los expertos coinciden en que no hay motivos para preocuparse. "Es la dosis la que hace el veneno", dice el experto Ed Blonz en un artículo reproducido por el sitio de la American Cancer Society.
En la mayoría de los casos, esa dosis implica un consumo de una enorme cantidad de la fruta o vegetal.
Aún así, las autoridades a cargo de la salud en varios países recomiendan tener precaución con los alimentos que contienen las siguientes sustancias tóxicas.

1. Glucósidos cianogénicos

Muchas personas confiesan no solo comerse una suculenta ciruela sino chupar y morder por un buen rato la semilla hasta que se abre revelando una carne amarga con sabor almendrado.
Cerezas, manzanas, duraznosImage copyrightThinkstock
Ese es el sabor de los glucósidos cianogénicos, precursores de hidrógeno de cianuro que se torna potencialmente letal cuando es procesado por el cuerpo humano.
Se encuentran en las semillas de las manzanas y en el interior carnoso de las pepas de ciruelas, melocotones, duraznos y cerezas.
También en la yuca, mandioca, tapioca o casaba.
Los síntomas de una intoxicación de cianuro incluyen confusión, mareo, dolor de cabeza y vómito.
En casos extremos, conllevan a dificultades respiratorias, falla renal y, de no tratarse, la muerte.
Sin embargo, tendrías que mascar y comerte todas las semillas de entre 19 y 24 manzanas de un solo tirón para estar en riesgo.
La Canadian Food Inspection Agency recomienda "que utilizan semillas amargas de durazno para saborizar que no coman más de tres al día, molidas y mezcladas con otras frutas".

2. Glicoalcaloides (solanina)

La papa al horno, frita o en puré es un gran acompañante de cualquier plato.
Este tubérculo es uno de los alimentos más populares en el mundo y fundamental en la dieta de muchas familias del mundo occidental.
PapasImage copyrightGetty
Pero la papa contiene glicoalcaloides, específicamente la solanina.
Se trata de una toxina natural que actúa como pesticida o fungicida; una defensa contra animales, insectos u hongos que puedan atacarlas.
Los glicoalcaloides también están presentes en berenjenas y tomates, aunque en menor concentración.
La solanina es muy venenosa en grandes dosis. Puede causar todo tipo de malestares desde síntomas gastrointestinales hasta alucinaciones, parálisis e, inclusive, la muerte.
Papa peladaImage copyrightGetty
Image captionSi la papa está verde debajo de la cáscara, se recomienda que no se consuma.
Pero las cantidades en porciones mesuradas de comida son inocuas. Se tendría que consumir casi 70 tubérculos grandes en una sola sentada para caer envenenado.
Sin embargo, hay que tener aún más cuidado cuando se presenten ciertos signos.
"Las papas que hayan adquirido una tonalidad verdosa, que estén retoñando, que se hayan dañado físicamente o que se estén pudriendo pueden contener altos niveles de glicoalcaloides y la mayoría de las toxinas están presentes en la zona verde, la cáscara o justo debajo de la cáscara", advierte el Centro para la Seguridad Alimentaria de Hong Kong.
"Para evitar la solanina, las papas debe mantenerse en un lugar fresco y oscuro", recomienda el doctor Blonz.
Los expertos advierten que la sustancia dañina no desaparece al cocinar el alimento.

3. Lectinas

Los frijoles y otras legumbres son considerados la panacea de los vegetarianos.
Para las personas que no consumen proteína animal, es una gran alternativa para complementar una dieta sana.
LegumbresImage copyrightThinkstock
Los frijoles, lentejas, garbanzos, arvejas, maní, soja y sus derivados proporcionan una buena cantidad de proteína, son altos en fibra y producen una sensación de llenura.
Además son una fuente constante de glucosa –que da energía- tienen alto contenido de hierro, ácido fólico y cantidades apreciables de magnesio, manganeso y antioxidantes.
No obstante, también proporcionan lectinas, que no son procesadas por el sistema digestivo humano.
Como no podemos digerirlas, frecuentemente producimos anticuerpos contra ellas, con respuestas variables.
Algunos desarrollamos una intolerancia a estas legumbres y nos sentimos hinchados y adoloridos del estómago cuando las consumimos.
Las lectinas están implicadas en el síndrome de intestino irritable, que se manifiesta con el estreñimiento, vómito, diarrea e hinchazón.
También pueden causar artritis, esclerosis múltiple, úlceras pépticas, alergias y diabetes tipo 2.
Sin embargo, para muchos de los afectados, el malestar no va más allá de una indigestión.
Para los que disfrutan de un buen plato de frijoles, "esta sustancia tóxica puede destruirse sometiendo el frijol a un remojo completo y al cocinado a alta temperatura", señala el Centro para la Seguridad Alimentaria de Hong Kong.

4. Nitratos

Nada mejor que una fresca ensalada de hortalizas y herbáceas.
Siempre se recomienda comer verduras frescas, pues son ricas en nutrientes que pueden ayudar a prevenir el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
HortalizasImage copyrightThinkstock
Pero estas verduras contienen nitratos que provienen del agua que se utiliza para irrigarlas y los fertilizantes en los cultivos, particularmente el estiércol.
Entre las que tienen un alto contenido de nitratos están la lechuga, remolacha, zanahoria, espinaca, perejil, repollo, rábanos, apio y col.
Según estudios recientes, son beneficiosos para la salud.
Los nitratos actúan controlando la producción de glóbulos rojos que, al tiempo, evita la formación de coágulos que pueden generar serios riesgos, como los derrames cerebrales.
Pero altos niveles de nitrato pueden resultar tóxicos y son particularmente dañinos durante la infancia.

5. Cumarina

Es realmente una sensación fantástica entrar en la mañana a un café preferido o a la panadería de la esquina y oler el aroma de pasteles empolvados con canela saliendo del horno.
Si uno es de los que tiene ese placer, vale la pena preguntarse si esa canela es de la variedad de Ceylán o del producto más barato de la corteza de casia.
CanelaImage copyrightThinkstock
La canela es uno de los aderezos más importantes del mundo para condimentar alimentos y bebidas.
En Europa Occidental y Estados Unidos, es la segunda especia más popular después de la pimienta negra.
La canela de Ceylán, cultivada en Sri Lanka, Madagascar y las Islas Seychelles es conocida como "canela verdadera" y es muy costosa.
Así es que la mayoría de las comidas y bebidas acaneladas en Europa Occidental y EE.UU. están saboreadas con la variedad más barata de la corteza de casia, producida en China e Indonesia.
Pero ambas canelas tienen cumarina, un agente que está vinculado a daños al hígado en un reducido número de personas.
Y se da el caso que la canela verdadera, la de Ceylán, tiene muy poca cumarina, en contraste con la casia.
Un estudio realizado en Alemania en 2010 encontró que el polvo de canela casia tenía hasta 63 veces más cumarina que el polvo de canela Ceylán. La canela casia en astilla contenía 18 veces la cantidad de cumarina que su contraparte en la misma forma.
Según expertos de la salud, los consumidores no pueden distinguir entre el polvo de ambas canelas.
Pero en astilla, la diferencia es palpable. Las astillas de casia consisten de una capa gruesa de corteza enrollada, mientras que las astillas de Ceylán tienen capas delgadas.
Fíjate en eso la próxima vez que vaya a la sección de especias en el mercado.

viernes, 18 de septiembre de 2015


El triunfo del hombre mono

El hallazgo del 'Homo naledi' vuelve a abrir el debate sobre lo que diferenció a los seres humanos del resto de los primates

 Madrid .
Humanos y primates comparten rasgos y cualidades. / TAMBAKO THE JAGUAR (GETTY)
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El hallazgo en Sudáfrica de una nueva especie de homínidos, elHomo naledi, que muestra rasgos muy primitivos (las manos, el tamaño del cerebro) pero también muy evolucionados (los dientes, los pies), ha vuelto a poner sobre la mesa el debate en torno a una cuestión crucial que parece una obviedad, pero sobre la que los científicos llevan debatiendo desde Darwin sin encontrar una respuesta única: ¿qué nos convierte en humanos? ¿Qué nos diferencia del resto de los primates? “Los rasgos mezclados de estos restos prehistóricos representan un reto para la teoría más asentada sobre el origen de nuestra especie, según la cual el bipedismo propició la tecnología, el cambio de dieta y una mayor inteligencia”,escribió esta semana en The New York Times el célebre primatólogo, profesor de la Universidad Emory de Atlanta, Frans de Waal.
Bill Gates lanzó la pregunta “¿Qué nos convierte en humanos?” en su página de Facebook y se encontró con 1.500 respuestas, la inmensa mayoría de ellas diferentes. Lo que parece obvio, que los seres humanos son distintos del resto de las especies, nunca ha encontrado una respuesta unánime y conforme se descubren nuevos fósiles aparecen nuevas dudas. El neurocientífico francés Thierry Chaminade, experto en la evolución del cerebro humano, explica que la “evidencia fenomenológica” se impone “ya que la observación de nuestra cultura y nuestra historia nos lleva necesariamente a la conclusión de que, aunque sigamos siendo un animal, somos diferentes del resto”. Sin embargo, esta respuesta deja abierta la pregunta clave: de acuerdo, somos diferentes, pero ¿por qué?
Chaminade cree que el hombre es “el resultado de un salto evolutivo que le dio ventajas psicológicas –capacidad de aprender y transmitir el conocimiento a través de la cultura– que explica que seamos únicos”. Un reportaje reciente de la cadena británica BBC trazaba una lista de 15 mutaciones genéticas desde que comenzamos a separarnos de los monos hace siete millones de años, como el gen RNF213, que aumenta el tamaño de la cariótida que lleva sangre al cerebro; el FOXP2, que permite el lenguaje complejo; o el AMY1, que produce una enzima en la saliva que permite digerir el almidón (y por lo tanto, la agricultura en torno a la que se crearon las sociedades en las que vivimos ahora).
“No hay una sola cosa que nos convierta en humanos”, asegura desde Harvard el paleoantropólogoDaniel Lieberman, director del Departamento de Biología Evolutiva de esta universidad estadounidense, una opinión que refleja la teoría aceptada por la mayoría de los expertos: no existe una varita mágica que nos transformó en lo que somos; más bien se trató de una serie de golpes de suerte evolutivos. “Muchos factores que fueron cambiando a lo largo de la evolución humana nos ayudaron a convertirnos en humanos: ser bípedos, tener un cerebro más grande, construir y utilizar herramientas, el lenguaje, la cultura, elevados niveles de cooperación, la capacidad para desplazarnos a lo largo de grandes distancias”, prosigue.
Una por una, la mayoría de estas cualidades pueden encontrarse, aunque en versiones más simples, en otras especies (y no sólo de primates); el conjunto de ellas, no. De hecho, a lo largo de la historia de la paleoantropología muchas certezas han ido cambiando, no sólo a causa del hallazgo de fósiles, sino también por avances en el estudio del comportamiento de los simios. Raymond Dart, autor de la primera teoría de que el hombre venía de África, pensaba que lo que nos hace humanos es la violencia. De hecho, Stanley Kubrick plasmó esa teoría en uno de las escenas más famosas de 2001. Odisea del espacio. Sin embargo, se ha acabado por descubrir que loschimpancés hacen algo muy parecido a nuestra guerra.
Los primeros homínidos sobre los que hay certeza que caminaron erguidos fueron los Australopithecus, que vivieron hace unos cuatro millones de años en África. Forman parte de nuestro tronco, pero están muy lejos de nosotros. Estos, a su vez, evolucionaron hacia elHomo habilis (unos 1,8 millones de años), el primer primate de la especie Homo que acabaría transformándose en el Homo sapiens(200.000 años), nosotros. Josep Call, primatólogo de la Universidad de St Andrews y director del Wolfgang Köhler Primate Research Center del Instituto Max Planck, en Alemania, explica que Louis Leakey, uno de los padres de la paleoantropología y el descubridor de los primeros fósiles de Homo habilis en Tanzania, “creó el género Homo para indicar que era un homínido que utilizaba instrumentos, pero es una distinción que se tambalea porque los chimpancés también utilizan instrumentos”. Aunque el propio Call lanza el contraargumento: “Es cierto que utilizan piedras para cascar nueces, pero no las modifican, no tienen industria lítica”. Pero la diferencia está en el matiz, no en el hecho en sí.
Ningún chimpancé creería en un cielo lleno de bananas para toda la eternidad. Sólo nosotros podemos creer algo así. Y por eso dominamos el mundo”
El profesor de la Universidad de Jerusalén Yuval Noah Harari, autor de un libro sobre la evolución humana De Animales a Dioses(Debate) que se ha convertido en unbest-seller internacional por la sencillez y brillantez con la que enfrenta a la pregunta de quiénes somos, busca la respuesta fuera de nuestro propio cuerpo. “Es obvio que tenemos peculiaridades, además del lenguaje, como la empatía, la crueldad o la violencia extrema, pero las compartimos con otras especies”, explica Harari por correo electrónico. “En lo que los seres humanos somos especiales es en nuestra habilidad única para cooperar de forma flexible en grandes números. Muchas otras especies, desde las abejas hasta los chimpancés, cooperan; pero solo los miembros de la especie Homo cooperan de forma flexible con un número indefinido de extraños”.
Para otros pensadores y divulgadores como Bill Bryson la evidencia de que, tras varias oleadas de homínidos que salieron de África, sólo los Homo sapiens colonizaron territorios a los que se llegaba cruzando mar abierto (como Australia) convierte la sed de aventura y exploración en nuestra característica definitoria. El famoso “porque está ahí” de Mallory para explicar su primer ascenso al Everest sería la clave de nuestra especie. Harari sigue un camino cercano, también intangible. “¿Qué hace que los sapiens podamos cooperar de esa manera? Nuestra imaginación. Podemos cooperar con extraños porque podemos inventar historias sobre cosas que sólo existen en nuestra imaginación –dioses, naciones, dinero– y difundirlas a millones de personas. Ningún chimpancé creería en un cielo lleno de bananas para toda la eternidad. Sólo nosotros podemos creer algo así. Y por eso dominamos el mundo”.

Cuando no estábamos solos

El hecho de que el Homo sapiens sea el único Homo sobre la Tierra es bastante extraordinario porque es así desde hace muy poco tiempo. Hasta hace unos 12.000 años (nada en términos evolutivos) vivió el Hombre de Flores, un homínido muy pequeño (un metro) que quedó aislado en una isla de Indonesia y que algunos científicos consideran una especie. Pero hubo un periodo muy largo (decenas de miles de años) durante el que el Homo sapiens compartió no sólo el planeta, sino los mismos territorios en los que vivía con losneandertales (que se extinguieron hace unos 30.000 años por motivos que todavía se debaten), el Homo erectus (que se extinguió hace 50.000 años tras pasar 1,7 millones de años sobre la Tierra) y los denisovanos (descubiertos hace poco tiempo en Siberia, del que se han encontrado escasos fósiles, aunque sí se sabe que su genoma está presente, por ejemplo, en los aborígenes australianos). Una de las películas más famosas sobre la prehistoria, En busca del fuego, para la que el gran escritor Antony Burguess se inventó las lenguas y el primatólogo Desmond Morris, autor de El mono desnudo, la comunicación gestual, habla precisamente de ese momento en el que el hombre no estaba solo.
Antonio Rosas, autor de los Primeros homínidos (Catarata), director de paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales y experto en neandertales, asegura sobre esta convivencia (que acabó con la desaparición de todas las demás especies menos la nuestra): “Nos hace menos únicos, sin duda. Copérnico nos quitó del centro del universo y la paleoantropología nos pone en la tesitura de que en el planeta han existido diferentes humanidades. Tenemos que relativizar y aprender a pensar qué significa ser humano porque hay variantes. Es un camino que todavía tenemos que explorar”.