sábado, 26 de septiembre de 2015

ELVIRA SIGUE SOÑANDO CON EL CAMIONERO DE MANOLITO GAFOTAS


Esto también importa

Nuestra educación sexual fue inexistente, pero el deseo de romper con la tradición que sometía a nuestras madres hizo que algunas investigáramos la manera de ser libres

Una clase de educación sexual en un colegio de Barcelona. / CARLES RIBAS
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La intimidad de las mujeres sigue siendo un misterio. Lo apuntaba la semana pasada, cuando escribía sobre la desconocida sexualidad de las mujeres mayores de sesenta años. Lástima que los artículos no traten de lo que su autora pretende sino de lo que el lector prefiere, porque resultó que el affaire del Nobel peruano con una socialité ensombreció el resto de mis consideraciones y, en nuestra empecinada tendencia (marca España) a convertirlo todo en un plebiscito, unos se mostraron a favor y otros en contra de dicha relación. Pero lo que yo pretendía, sin conseguirlo, era reflexionar sobre los malentendidos que siempre rondan el asunto de la sexualidad femenina: si la mujer es mayor, madura o anciana, porque se le sobreentiende jubilada del juego amoroso, y si la mujer es muy joven, en esta época en la que debería contar con más armas para tener relaciones satisfactorias, evitar embarazos indeseados o infecciones que pongan su salud en riesgo, resulta que un porcentaje alarmante de chicas mantiene relaciones de cualquier manera y no sabe o no puede o no quiere pedir ayuda en sus primeros pasos.
En este asunto, las mujeres con experiencia o con experiencias deberíamos romper un tabú al que seguimos contribuyendo. Sobre todo, las que fuimos adolescentes en los setenta y jóvenes en los ochenta, aquellas que rompimos con el protocolo de iniciación habitual en la generación de nuestras madres, que aún valoraban la llegada al matrimonio con el himen intacto, ese himen que ahora algunas descerebradas pagan porque les sea reconstruido. Deberíamos contar por qué si las chicas liberadas (como se decía entonces) quisimos romper con el mito de la virginidad y buscamos por nuestra cuenta información, fuimos al ginecólogo en secreto, elegimos método anticonceptivo y tratamos de no quedarnos embarazadas, aunque la sombra del aborto estuviera muy presente en aquella juventud, por qué, pregunto, no hemos contribuido luego a que se avanzara más en este aspecto; por qué en estos tiempos en los que se habla de sexo tan burdamente en la televisión, convirtiendo la intimidad en algo impúdico, y tantos personajillos se empeñan en contarnos sus hazañas sexuales, por qué sigue habiendo un porcentaje considerable de adolescentes que ignoran casi todo lo que deberían saber antes de enrollarse con un tío. Hablo en femenino no porque sean ellas las únicas que deben informarse, en absoluto, pero es obvio que las consecuencias no deseadas suelen caer sobre sus hombros y también es habitual que las chicas renuncien a parte de su disfrute a favor del de su compañero de juegos. Aunque el aspecto dedicado al placer en sí no haya sido el objetivo del estudio de Bayer que ha analizado el conocimiento que nuestras jóvenes poseen de los métodos anticonceptivos, no existe verdadera educación sexual si no se contempla la esencia de encontrarse íntimamente con alguien: disfrutar, o mejor aún, disfrutar mucho.
No estaría de más que quienes ya podemos mirar atrás con ironía y habiéndonos perdonado todos los errores cometidos contáramos cómo fue nuestro inicio, dónde, a qué edad, quién nos había facilitado alguna información y si supimos algo a través de nuestros padres. Mi padre fue pedagogo por un día y me contó algo sobre la abeja reina y los zánganos. Todavía lo estoy asimilando. En realidad yo sabía de sobra a qué se estaba refiriendo y me sentí abochornada, casi tan incómoda como cuando fui al cine con él a ver Novecento y nos vimos en el trago de contemplar juntos la escena en la que una prostituta hace una doble paja a Robert De Niro y Gérard Depardieu. Nuestra educación sexual fue inexistente, pero el deseo de dar un salto generacional y romper con la tradición que sometía a nuestras madres hizo que algunas chicas investigáramos la manera de ser libres.
El futuro no siempre trae progreso; si la educación no funciona condenamos a las chicas a retroceder. Se puede ser de apariencia tan atractiva y rompedora como Amy Winehouse, admirar su talento y descubrir luego que en las letras que ella misma compuso hay una entrega ciega a la voluntad masculina, a la satisfacción de los deseos del hombre, a una infravaloración voluntaria y orgullosa, que nos retrotrae a los tiempos de una Billie Holiday a la que destrozaron el racismo y las drogas, pero también los hombres que amó, y que actuaron más como chulos que como compañeros. Es probable que la educación sexual sea una de las materias más difíciles de enseñar, pero tampoco se puede abandonar todo a la experiencia, porque no podemos permitirnos que las chicas sigan creyendo en la marcha atrás, en que no se pueden quedar embarazadas si tienen la regla, en que no hay más que dos métodos anticonceptivos, o en que lo fundamental es hacer que su chico se corra. Porque luego está esa imagen de la chica sola, desolada, que no sabe cómo salir del lío en el que se ha metido.

jueves, 24 de septiembre de 2015


El programa L’Oréal-Unesco lanza la iniciativa ‘Cambia las cifras’

Un manifiesto pide acabar con la discriminación contra las mujeres en la ciencia

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Menos del 20% de puestos de responsabilidad en ciencia en España están ocupados por mujeres, pese a que en una institución como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) las becarias suponen el 60%. Evitar este desequilibrio y animar a las mujeres a que prosigan la carrera investigadora son algunos de los objetivos del manifiesto Cambia las cifras, presentado ayer en la sede del CSIC en Madrid.
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La bióloga Selena Giménez-Ibáñez con el lema del manifiesto. / L’Oréal–UNESCO
“Porque el mundo necesita ciencia y la ciencia necesita mujeres, es el momento de ir más allá para lograr que ellas puedan, en igualdad de condiciones, dedicarse a la investigación”. Así arranca el manifestó Cambia las Cifras, impulsado por el programa L’Oréal–UNESCO For Women in Science con motivo de su 15 aniversario en España.
El acto, organizado en la sede del CSIC en Mfmujadrid, contó con la presencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes y Carmen Vela, secretaria de Estado de I+D+i, que apoyaron públicamente el manifiesto.
El documento defiende la necesidad de acortar las distancias entre hombres y mujeres en la ciencia y que la sociedad reconozca de forma pública la aportación de las científicas al progreso de la humanidad. Además, pretende servir de precedente para dar un vuelco a las cifras, luchar contra prejuicios y abrir nuevas oportunidades para las féminas, señalaron los organizadores.
Menos del 20% de los puestos directivos
Solo el 30% de los investigadores del mundo son mujeres y únicamente el 3% de premios Nobel científicos han sido otorgados a mujeres. En España, menos del 20% de los puestos directivos en la carrera científica están ocupados investigadoras.
En esta línea, Flora de Pablo, profesora de investigación del CSIC, señaló, en un video mostrado durante la presentación, que en su institución –que es el mayor organismo de investigación de España– “tiene un 60% de becarias, pero solo un 25% de ellas llega a puestos de responsabilidad".
Ayer una representación de algunas de las científicas españolas más prestigiosas, entre ellas, la bioquímica Margarita Salas y la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, María Blasco, se sumaron a esta iniciativa para acabar con estos desequilibrios. “Si las mujeres no damos un paso, esto no va a cambiar”, dijo Blasco.
Otras más jóvenes como Selena Giménez-Ibáñez, una bióloga especializada en la relación entre las plantas y los patógenos que las atacan, manifestó su deseo de que dejara de verse a las científicas como ‘bichos raros’.
María Blasco: “Si las mujeres no damos un paso, esto no va a cambiar”
Las principales demandas del manifiesto se resumen en seis puntos: la necesidad de dar visibilidad a la labor de las científicas españolas y poner en valor su aportación clave para el avance de la ciencia y de la sociedad; dar a conocer su trabajo para que tenga mayor presencia en medios. Además, reconocerlas en los premios científicos, en los que están infrarepresentadas –solo reciben el 18%–; favorecer su presencia en puestos de primer nivel en investigación; ayudarlas para que puedan avanzar en su carrera investigadora, e incentivar las vocaciones científicas y el interés por la ciencia desde niñas.
Bolsas de investigación 2015
Coincidiendo con el lanzamiento del manifiesto, ayer se entregaron también las bolsas de investigación 2015, que dotan con 15.000 euros a cinco científicas españolas que desarrollan un proyecto de investigación en un laboratorio en España.
En los últimos diez años, han apoyado a 47 científicas españolas concediéndoles ayudas por valor de 815.000 euros, alternando los campos de especialización de las becas entre las ciencias de la vida y las ciencias de la materia.
En esta edición, las premiadas han sido las investigadoras Verónica Ayllón (especializada en leucemia infantil); María José Buzón (terapias para curar la infección por VIH); Laura Masgrau (utilización de nanopartículas para curar el cáncer colorrectal); María Mittlebrunn (biología molecular para luchar contra el envejecimiento); y Marta Navarrete (sobre el papel que juegan los astrocitos –las células más abundantes del sistema nervioso central– en los procesos de memoria y aprendizaje).

miércoles, 23 de septiembre de 2015

TRABAJAMOS CON EL LADO DERECHO,PERO PENSAMOS CON LA PARTE IZQUIERDA


Estudian la lateralidad de los humanos del paleolítico

Cómo conocer la mente humana a través de la piedra

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La lateralidad está relacionada con la forma de organización del cerebro humano y asigna roles distintos a cada una de las extremidades al realizar una tarea determinada. Una investigación de la Universidad del País Vasco ha estudiado su origen y desarrollo para comprender mejor la organización cerebral y sus asimetrías, y saber cómo han evolucionado estas a lo largo de la historia.
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El estudio de las lascas de sílex que producían nuestros antepasados puede establecer si eran zurdos o diestros. / UPV
La lateralidad es la preferencia de los humanos por un lado de nuestro cuerpo; ser zurdo o diestro, por ejemplo, o usar preferentemente determinado ojo u oído. En opinión del geólogo y primatólogo Eder Domínguez-Ballesteros de la Universidad del País Vasco, “el comportamiento lateralizado humano ha podido tener algún tipo de reflejo en sus productos tecnológicos, especialmente en sus manufacturas. Por otra parte, la talla lítica –inherente a nuestro género desde los primeros estadios de su evolución– es una excelente fuente de información para el estudio del proceso de lateralización de los humanos”.
“El comportamiento lateralizado humano ha podido tener algún tipo de reflejo en sus productos tecnológicos, especialmente en sus manufacturas", afirma Domínguez-Ballesteros
Una investigación liderada por Domínguez-Ballesteros ha analizado las lascas, que pueden ser producto de una talla lítica, un resto, o un soporte para fabricar un útil. "Nosotros nos fijamos en el talón de la lasca, que es donde queda preservada una parte de la plataforma de percusión. Las fracturas que aparecen en dicha plataforma se orientan en función de la dirección del impacto del percutor en aquella. Una vez que se conoce la dirección del impacto, se puede saber si se ha hecho con la mano izquierda o con la derecha, con un alto grado de fiabilidad”, explica el investigador.
“Un tallista, sea zurdo o diestro, para impactar en un mismo punto del núcleo, tiene que girarlo, para colocárselo en un lado o en otro. El ángulo con el que inciden con el percutor tanto el diestro como el zurdo sería el mismo, pero en dirección exactamente opuesta”, continúa el investigador, quien añade: “El núcleo es el fragmento de materia prima del que se extraen las lascas, y la plataforma de percusión, la superficie donde es golpeado el núcleo”.
Una lasca, un tallista
Los primeros trabajos orientados a determinar la lateralidad humana a través de las lascas –producto de la talla lítica de nuestros antepasados– fueron efectuados por Toth en 1985. Según este investigador, un tallista diestro giraría el núcleo, a medida que fuera extrayendo lascas, en sentido dextrógiro (en el mismo sentido que las agujas del reloj), mientras que un tallista zurdo lo haría en sentido contrario (levógiro). Investigaciones posteriores (Patterson y Sollberg) probaron, sin embargo, que un tallista zurdo puede producir cierto número de lascas diestras, y viceversa.
Proponen un método que permite relacionar cada lasca individual con la lateralidad del tallista que la produjo
Más tarde, Rugg y Mullane estudiaron la orientación del cono de percusión de la lasca, y la relacionaron con la dirección del ángulo de percusión; sin embargo, Bargalló y Mosquera demostraron que el método de Rugg y Mullane, por sí solo, no permite determinar la lateralidad del tallista. Domínguez-Ballesteros y Álvaro Arrizabalaga, por último, proponen un método que permite relacionar cada lasca individual con la lateralidad del tallista que la produjo, sin necesidad de contar con varia lascas elaboradas por un mismo tallista. Se trata, por tanto, de un método extensivo, que puede aplicarse a lo largo de diferentes periodos del registro arqueológico.
Referencias bibliográficas
E. Dominguez-Ballesteros, Á. Arrizabalaga, 2014. Laterality in the first Neolithic and Chalcolithic farming communities in northern Iberia. Laterality, 20, 371–387.

martes, 22 de septiembre de 2015


Descubrimiento sin precedentes en genética del desarrollo

Las embarazadas varían la genética de su futuro hijo incluso si el óvulo es donado

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Los hábitos de la mujer durante el embarazo son determinantes en el desarrollo embrionario, ya que pueden modificar el genoma del embrión. Este hallazgo confirma que las gestantes son capaces de variar la genética de su futuro hijo aun cuando el óvulo es de otra mujer, como sucede en los casos de ovodonación. Esta ‘comunicación’ se produce antes de que el embrión se implante en el endometrio.
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La transmisión de moléculas entre gestante y embrión se produce antes de que este se implante en el endometrio. / Fotolia
Investigadores de la Fundación del Instituto Valenciano de Infertilidad (FIVI) han demostrado, por primera vez en la historia de la genética, la ‘comunicación’ entre gestante y embrión, suficiente para modificar el genoma del futuro bebé.
Con este pionero trabajo, los autores –con Felipe Vilella y Carlos Simón a la cabeza– han confirmado la conocida como ‘hipótesis Barker’. Formulada por el epidemiólogo inglés David Barker en 1990, afirma cómo “lo que sucede en el útero materno es más importante que lo que sucede tras el nacimiento”.
Según afirmó el epidemiólogo inglés David Barker, “lo que sucede en el útero materno es más importante que lo que sucede tras el nacimiento”
El hallazgo, publicado en la revista Development, sostiene que la madre puede variar la información genética del hijo, incluso si el óvulo es de una donante o si se recurre a un vientre de alquiler (gestante subrogada).
En palabras de Vilella a Sinc, “con esto se rompe el rechazo inicial de aquellas madres que tienen que recurrir a la donación ovocitaria para cumplir sus deseos reproductivos. Los genes no van a ser los suyos, eso es imposible, pero sí que podrán modularlos con su carga genética”.
Además, este estudio alerta a aquellas personas que optan por un vientre de alquiler (en los países en los que está legalmente permitido) sobre la importancia de la madre de sustitución y el papel que desempeña en dicho vínculo con el embrión.
“Este hallazgo muestra un intercambio entre endometrio y embrión, algo que ya sospechábamos por la coincidencia de algunos rasgos físicos entre madres e hijos de ovodonación, así como por la incidencia de enfermedades en los niños relacionados con patologías maternas durante la gestación, como obesidad o tabaquismo”, añade.
Antes de la implantación
La transmisión de moléculas entre gestante y embrión se produce antes de que este se implante en el endometrio. Esto es así porque cuando se produce la fecundación, el embrión tarda unos cinco días en trasladarse desde las trompas de Falopio hasta la cavidad uterina. Una vez allí, la implantación no se produce hasta las siguientes 24 a 36 horas, momento en que se adhiere al endometrio.
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Microscopía electrónica de la unión de un exoma materno a una célula de un embrión de ratón. / IVI
Durante ese periodo de tiempo es cuando la gestante secreta su líquido endometrial con información genética que es tomada por el embrión, modificando así su desarrollo. Esta información no es otra que microARNs que se internalizan al embrión y lo modifican transcripcionalmente, lo que hace que se expresen proteínas que favorecen su implantación. “Es como si la madre le dijera al embrión ‘mi endometrio está listo’”, explica a Sinc Villela.
“Esta ‘comunicación’ puede provocar que en el embrión se expresen o se inhiban funciones específicas, como muestra la transmisión de diversas enfermedades tipo diabetes u obesidad”, afirman los autores. “Esta publicación abre la puerta a evitar este tipo de patologías cuando su causa no es genética”.
Así, los investigadores concluyen que, sabiendo que existe esta transmisión, en el futuro se podrá detectar cómo cortarla acabando con las madres e hijos obesos o, en los países en los que se permite la subrogación de útero, darle más importancia al historial de hábitos previos de la gestante.

lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Por qué comer helado da "frío en el cerebro"?


Una imagen térmica de una mujer comiendo heladoImage copyrightGetty
Image caption¿Quién no ha sentido alguna vez ese "dolor de cabeza de helado"?
Uno de los mejores postres jamás inventados, el helado, puede provocar un dolor de cabeza intensísimo.
Se conoce también como "cerebro congelado" y los estudios calculan que una de cada tres personas la sufrió alguna vez.
Hace años que se sabe de la afección, pero sus causas siguen siendo tema de debate.
La primera mención escrita al dolor de cabeza del helado data de 1939.
"La nariz y la punta de los dedos se vuelven insensibles, y si no frotas la frente terminas sufriendo lo que llamamos el dolor de cabeza del helado", escribió Rebecca Timbres en la obra We Didn’t Ask Utopia: A Quaker Family in Soviet Russia ("No pedimos utopía: una familia cuáquera en la Rusia soviética").
Y aunque es materia de discusión médica desde al menos 1850, no fue considerada afección hasta 1988.
Fue entonces cuando la Sociedad Internacional del Dolor de Cabeza (International Headache Society) la reconoció formalmente, y la denominó "cefalea por estímulo frío".
Para la tercera revisión de la Clasificación internacional de cefaleas, publicada por la organización benéfica en 2013, un grupo de investigadores llegaron a la conclusión de que el dolor comienza al aplicar un estímulo frío tanto en la cabeza como en la boca, y desaparece poco después de retirar la substancia.

Sphenopalatine ganglioneuralgia

Lo más común es que el dolor se sienta justo debajo de la frente, pero también puede tener el foco cerca de los oídos o bajo los ojos.
Una persona con
Image captionSe la describe como una sensación intensa, poco duradera y punzante.
Pero sea cual sea su ubicación, la cefalea del helado es siempre "intensa, poco duradera y punzante", según el documento.
Y como cualquiera que la haya sufrido puede confirmar, no es una sensación agradable.
Como con frecuencia está asociado al paladar, su nombre científico es sphenopalatine ganglioneuralgia, lo que literalmente significa "neuralgia del ganglio esfenopalatino".
Ese ganglio se encarga de transmitir sensaciones desde la parte superior de la boca hasta la cabeza.
Se cree que el dolor es la consecuencia de la dilatación y la constricción de los vasos sanguíneos en respuesta a un estímulo frío.
Al detectar el frío, nuestros cuerpos pueden reaccionar enviando como antídoto una gran cantidad de sangre caliente hacia el cerebro.
Y este cambio en el flujo sanguíneo podría ser el responsable del dolor.

¿Un tipo de migraña?

En los primeros intentos para entender el dolor de cabeza causado por el helado, los investigadores sugirieron que podía ser un subtipo de las migrañas, ya que ambas afecciones incluyen respuestas alteradas al estímulo sensorial.
Un niño comiendo helado
Image captionEl fenómeno del "frío en el cerebro" todavía no está suficientemente explicado. Pero nadie se salva.
De acuerdo a aquellos primeros estudios, el patrón de dilatación y constricción de los vasos sanguíneos que tiene lugar durante la cefalea estimulada por el frío podría explicar un tipo particular de migraña.
Mientras, otros expertos argumentaron que es una variedad de "dolor referido", fenómeno por el que el dolor no se siente en el lugar en el que se aplica el estímulo, sino en otro.
Más allá de estas teorías, los expertos aún no tienen clara la relación entre el dolor de cabeza del helado y las migrañas, aunque reconocen su existencia.
En 2001 el neurólogo Peter Mattson, del Hospital Universitario de Suecia, descubrió que una mujer que ha experimentado al menos una migraña durante el año tiene más probabilidades de sufrir una cefalea estimulada por el agua fría que una que nunca tuvo migrañas.
Tres años después, en 2004, el neurólogo turco Macit Selekler estudiaba pacientes que habían sufrido migraña y dolores de cabeza por tensión.
Entre otros test, les hizo pasar "la prueba del hielo".
Así que los pacientes tuvieron que sostener un cubito de hielo con la lengua y presionarla contra el paladar.
Como resultado, el 60% de ellos sufrió dolor de cabeza, y el 80% de estos pertenecían al grupo de los que habían tenido migraña y sólo el 20% al que tuvieron cefalea por tensión.

Entre el paladar y el cerebro

La neuróloga taiwanesa Jong-Ling Fuh también descubrió un patrón similar entre los adolescentes de Taiwán.
Un helado
Image caption¿Hay que renunciar al rico manjar? Sigue leyendo y encontrarás la respuesta.
Ella y sus colegas llevaron a cabo un sondeo entre 9.000 jóvenes de entre 13 y 15 años.
Los resultados revelaron que un 40% de ellos habían experimentado cefaleas del helado, y la prevalencia era un 15% mayor en aquellos que sufrieron migrañas.
Fuh sospechó, al igual que lo habían hecho otros investigadores, que la relación entre ambos tipos de dolor de cabeza tiene que ver con las dinámicas del flujo sanguíneo entre el paladar y el cerebro.
Así, aunque los científicos siguen tratando de desentrañar los secretos neurológicos y vasculares de este fenómeno, al menos hay un par de cuestiones que son más claras ahora.
Un físico de la Universidad de McMaster, en Ontario, Canadá, llevó a cabo un estudio con su hija y las compañeras de clase de ésta.
Descubrió que era más probable que las adolescentes a las que hizo engullir un helado en cinco segundos sufrieran dolor de cabeza inmediatamente después que aquellas a las que les dejó comerlo a su ritmo.
Y esto sugiere que la velocidad del estímulo frío también tiene que ver con la probabilidad de sufrir esta cefalea.

También hacer surf y patinar

Por otro lado, otros estudios dejan claro que no solo los helados y las bebidas frías pueden provocar este dolor.
Hacer surf en invierno puede tener ese mismo efecto secundario, tal como experimentó el físico Mark Harries, del Centro Médico Olímpico de Reino Unido.
Niños patinando sobre hieloImage copyrightPA
Image captionAlgunos han experimentado el mismo frío en el cerebro simplemente al patinar sobre hielo.
"Cuando era surfista era bien sabido que sumergirte bajo una ola a punto de romperse provocaba dolor de cabeza a la altura de la frente", escribió en una carta dirigida al editor de la British Medical Journal en 1997.
"El dolor dura 20 o 30 segundos y se agudiza con la siguiente ola".
Era una sensación similar al que experimentaba un patinador de 48 años al respirar el aire helado que emanaba la pista de hielo.
"Al parecer es el aire frío de la pista, el que pasa por el paladar tras ser inhalado, el estímulo del dolor de cabeza que sufre este paciente", especulaba la neuróloga australiana Stacey Jankelowitz en 2001.
Por suerte, había un remedio sencillo para ello.
"Parece que el dolor dura hasta que el estímulo es eliminado; esto es, cuando el paciente deja de patinar".
Un té heladoImage copyrightThinkstock
Image captionAlgunas bebidas frías también producen el efecto indeseado.
Sin embargo, Joseph Hulihan, de la Universidad de Temple, en Filadelfia, Estados Unidos, señaló hace unos 20 años que aquellos que sufren estas cefaleas no tienen por qué dejar de lado las actividades que lo provocan, ni dejar de comer helado.
Ya que es la parte más profunda del paladar, la blanda y húmeda, el punto de partida del dolor, los pacientes sólo deben limitar el contacto de las sustancias frías con ella.
"La mayoría de la gente empieza a aplicar esa medida preventiva antes de cualquier consejo médico", dice.
"Abstenerse de comer helado no es necesario".