domingo, 18 de octubre de 2015

¿Cómo evolucionó el rostro humano?

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Los humanos modernos tenemos una cara más pequeña, en relación al neurocráneo, que la de los restantes miembros del género Homo. Investigadores de la Universidad de Málaga han comparado patrones morfológicos en el cráneo de grandes simios, poblaciones humanas y homininos fósiles, para trazar la evolución del rostro. 
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Un estudio realizado por un equipo de investigadores andaluces ha desvelado cómo evolució el rostro humano, con una cara más pequeña, en relación al neurocráneo, que la de los restantes miembros del género Homo
Los científicos han comparado patrones morfológicos en el cráneo de grandes simios actuales –orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos–, un número amplio de poblaciones humanas y un conjunto de homininos fósiles, desde el ancestral Sahelanthropus a los recientes neandertales, incluyendo al Homo floresiensis , más conocido como ‘Hobbit’. De su estudio han deducido que en la evolución del rostro humano se produjo un cambio radical en la forma en la que se relacionan la cara y la bóveda craneana.
Una diferencia muy acusada
Nuestros antepasados los australopitecinos muestran un patrón muy parecido al de los grandes simios, caracterizado porque los individuos con cráneos de mayor tamaño presentan caras relativamente grandes y cerebros comparativamente más reducidos. Sin embargo, en el género Homo –que surge hace 2,5 millones de años– la morfología cambia debido a una transposición lateral de esta tendencia.
Nuestros antepasados los australopitecinos muestran un patrón muy parecido al de los grandes simios
La cara se hace cada vez más pequeña, aunque el tamaño del cráneo aumenta. “Un hecho aún más singular es que la cara se reduce pese a que la ontogenia facial –el periodo hasta alcanzar la maduración completa– delHomo es sensiblemente más larga que la de los australopitecinos y los grandes simios actuales”, explican Juan Antonio Pérez Claros y Paul Palmqvist, de la Universidad de Málaga y coautores del estudio, que se ha publicado en ‘Plos One’.
“Más larga sí, aunque con una velocidad de maduración tremendamente ralentizada. De ahí que se considere que retenemos características de los individuos juveniles, lo que se conoce como neotenia. Además, se trata de una tendencia evolutiva porque, en este caso, el patrón morfológico sí se vincula al tiempo, caras cada vez más pequeñas y neurocráneos más desarrollados”, aclaran.
Un cambio de enfoque
Hasta ahora, la discusión sobre la relación entre los dos principales complejos craneales, la cara y la bóveda del cráneo, se centraba en conocer por un lado, si en unos grupos funcionaba como un todo integrado, mientras que en otros ambos complejos cambiaban de forma independiente.
“Se han estudiado humanos modernos desde hace 160.000 años hasta nuestros días y de procedencia geográfica muy diversa”, explican
Por otro lado, también se debatía si la integración era mayor en unos grupos que en otros. Sin embargo, este estudio propone un cambio de enfoque e insiste en que lo realmente importante es entender el cómo lo hacen. Y ahí radica la diferencia de los humanos respecto a los grandes simios y a los australopitecinos. El cráneo es una estructura altamente integrada, pero hace 2,5 millones de años la evolución llevó al género humano por un camino dispar, mientras que los australopitecinos mantuvieron inalterado un patrón similar al de los simios actuales.
Los humanos anatómicamente modernos, diferentes
El último gran cambio morfológico que ha afectado al conjunto del cráneo aconteció con la aparición de los humanos anatómicamente modernos, los cuales se salen de la norma que rige al resto de las especies humanas. Efectivamente, nuestra cara es aún más pequeña, en relación al neurocráneo, que la de los restantes miembros del género Homo. “Afortunadamente, se ha podido contar para este estudio con ejemplares de humanos anatómicamente modernos desde hace cerca de 160.000 años, cuando aparece Homo sapiens en África, hasta nuestros días y de procedencia geográfica muy diversa, lo que permite afirmar que el patrón se ha mantenido inalterado durante este tiempo y a lo largo y ancho de la Tierra”, destacan los investigadores.
“Ahora bien, que existiesen diferencias morfológicas muy significativas no impidió que, en algún momento de la historia, los humanos anatómicamente modernos y los neandertales se encontraran, tuvieran descendencia y ésta fuera fértil”, concluyen.
Referencia bibliográfica:
[Pérez-Claros JA, Jiménez-Arenas JM, Palmqvist P (2015) Neurocranium versus Face: A Morphometric Approach with Classical Anthropometric Variables for Characterizing Patterns of Cranial Integration in Extant Hominoids and Extinct Hominins. PLoS ONE 10(7): e0131055. doi:10.1371/journal.pone.0131055]

sábado, 17 de octubre de 2015

Las «misteriosas neuronas masculinas» que les hacen pensar más en el sexo

Nacen durante la maduración sexual y cambian la forma en que el cerebro masculino procesa la información

Con sus 302 neuronas, el gusano transparente Caenorhabditis elegans, de apenas un milímetro de longitud, ha hecho muchas aportaciones al estudio del cerebro, en especial sobre la memoria, o el envejecimiento. No en vano fue laureado con el Nobel de Medicina en 2002. Bueno, en realidad el premio fue para Sydney Grener, su mentor, un científico sudafricano que introdujo a su elegante “pupilo” en el laboratorio y le consolidó como un modelo animal de primera línea. Y es que, pese al salto evolutivo, compartimos muchos procesos básicos...
Y ahora este pequeño nemátodo se apunta un nuevo tanto. Resulta que acaban de descubrir que los machos “elegantes” tienen dos neuronas exclusivas hasta ahora nunca vistas, que aparecen durante la maduración sexual y modifican el cerebro para que el sexo se convierta en una prioridad para ellos. El hallazgo se acaba de publicar en la revista Nature.
La transparencia de C elegans permite la observación directa de todas sus neuronas, así como contar con un plano detallado de sus conexiones, de ahí que sea sorprendente que hayan pasado desapercibidas hasta ahora. Pero lo es aún más que esas neuronas se formen a partir de células del cerebro hasta hace poco consideradas de segunda categoría, como las gliales, a diferencia del resto de las neuronas que se forman durante el desarrollo embrionario a partir de neuroblastos (células nerviosas primitivas
Y curiosamente esas neuronas, que nacen de forma tan atípica en la “adolescencia” del gusano, se integran en su red neuronal ylogran cambiar su comportamiento. Su presencia hace que el orden de prioridades de este invertebrado cambie. Y encontrar comida pasa a un segundo plano, o incluso se desprecia, cuando se trata de encontrar pareja. Además esas “misteriosas células masculinas”, como las han llamado sus descubridores, permiten recordar a la perfección qué ocasiones son propicias para un encuentro sexual.
Liderada por la española Arantza Barrios, que trabaja en el University College de Londres, la investigación ayuda a entender cómo los cerebros masculino y femenino difieren en preferencias, aptitudes y juicios. “Las áreas del cerebro involucradas en el aprendizaje muestran diferencias sexuales en muchos animales, incluidos los humanos, pero no está claro cómo estas diferencias afectan al comportamiento. Hemos demostrado cómo las diferencias genéticas y de desarrollo entre los dos sexos conducen a cambios estructurales en el cerebro de los gusanos macho durante la maduración sexual. Estos cambios hacen que los cerebros masculinos funcionan de manera diferente, permitiéndoles recordar los encuentros sexuales anteriores y dar prioridad al sexo en el futuro”, destaca Barrios.

Machos y hembras "modificadas"

Caenorhabditis elegans tiene dos sexos: machos y hermafroditas. Los hermafroditas son esencialmente hembras “modificadas”, que llevan su propio esperma y no necesitan tener sexo para reproducirse. El efecto de estas misteriosas células masculinas en el comportamiento de los gusanos se probó mediante condicionamiento clásico, un modo de aprendizaje en el que se asocian las experiencias aversivas o agradables (como el hambre o encontrar un compañero sexual) con otro estímulo (en este caso, sal). Todas las especies somos muy hábiles en ese tipo de aprendizaje.
Para contextualizar el hallazgo, hay que explicar que los gusanos aprenden enseguida a evitar las zonas con altas concentraciones de sal, como un indicador de la ausencia de alimento. Tanto los machos como los hermafroditas (hembras) aprenden a evitar la sal. Sin embargo,cuando los machos están en un ambiente muy salado en el que hay parejas sexuales, se olvidan de que allí van a pasar hambre, y sólo tienen en mente la alta posibilidad de que se produzca un encuentro sexual. Resumiendo, que en los machos de elegans la asociación sal-sexo era muy fuerte y pasan por alto que no hay comida y se pueden morir de hambre.
Esta preferencia ciega por el sexo no se produce en los hermafroditas. Y tampoco en los machos a los que les quitaron las misteriosas neuronas masculinas, lo que demuestra que son esenciales para las diferencias en las preferencias entre machos y hermafroditas, o hembras modificadas.
Estas misteriosas células masculinas se identificaron utilizando marcadores fluorescentes y se pueden extirpar utilizando un microhaz láser. Los investigadores comprobaron que esas neuronas masculinashacen conexiones con otras comunes a ambos sexos, y remodelan los circuitos para cambiar la manera en que los machos procesan la información. De ahí que pasen de la sal y la falta de comida si pueden echar una cana al aire.
Pero más allá del sexo, este trabajo tiene otras esperanzadoras implicaciones: "Fue muy emocionante cuando nos encontramos con que las células gliales que originan las neuronas masculinas estaban completamente diferenciadas, algo hasta ahora difícil de abordar en los organismos superiores. Ahora podemos aprovechar este sistema para entender cómo las células de glía totalmente diferenciadas pueden volver a entrar en el ciclo celular y generar neuronas. Esto podría tener importantes implicaciones terapéuticas en el futuro", explica Richard Poole, coautor del trabajo.

viernes, 16 de octubre de 2015

Video PP

Diseñan una piel artificial capaz

 de sentir un ligero roce

Por vez primera fabrican un material flexible similar a la piel puede detectar la presión y transmitir una señal a un componente del sistema nervioso. Ya hay seis prototipos


BAO RESEARCH GROUP, STANFORD UNIVERSITY
Piel que siente, pero artificial. Eso es lo que ha logrado un equipo de ingenieros de la Universidad de Stanford (EE.UU.) que han fabricado una'piel' de plástico que puede detectar la fuerza con la que se está presionando un objeto generar una señal eléctrica para enviar esa información sensorial directamente a una célula cerebral.
Zhenan Bao ha pasado una década tratando de desarrollar un material que imite la capacidad de la piel de flexionarse y curarse, mientras que sirva como una red de sensores que envía señales táctiles, de temperatura y de dolor al cerebro. Su objetivo es crear un tejido electrónico flexible con sensores que pueda recubrir prótesis y replicar algunas de las funciones sensoriales de la piel.
El trabajo de Bao, que publica «Science», da un paso más hacia su objetivo de reproduucir el sentido del tacto. Se trata de un mecanismo sensorial que permite distinguir la diferencia de presión entre un apretón de manos débil y un agarre firme. «Es la primera vez que un material flexible similar a la piel puede detectar la presión y transmitir una señal a un componente del sistema nervioso».

Dos capas

Tal y como se explica en la revistas el 'invento' es una construcción de plástico de dos capas: la superior crea un mecanismo de detección y la inferior actúa como el circuito para transportar señales eléctricas y traducirlas en los estímulos bioquímicos compatibles con las células nerviosas. La primera cuenta con un sensor que puede detectar presión de form muy similar a la de la piel humana, desde un roce con los dedos hasta un apretón de manos.
Hace ya cinco años, los miembros del equipo de Bao describieron por primera vez cómo utilizar los plásticos y los cauchos como sensores de presión al medir la elasticidad natural de sus estructuras moleculares. A continuación, se incrementó esta sensibilidad al añadir un patrón como de panal en el delgado plástico, comprimiendo aún más los resortes moleculares del plástico.
Para explotar dicha capacidad de detección de presión electrónica, el equipo colocó miles de millones de nanotubos de carbono a través del plástico y, al presionar el plástico, se aprietan los nanotubos más juntos y así se trasmnite la electricidad.

BAO RESEARCH GROUP, STANFORD UNIVERSITY
De esta forma es como el sensor de plástico imita la piel humana, transmitiendo información de la presión con pulsos cortos de electricidad, de forma similar al código Morse, al cerebro. El aumento de presión sobre los nanotubos enrejillados los apretó todavía más, permitiendo que fluyera más electricidad a través del sensor, y esos impulsos variados envían como pulsos cortos al mecanismo de detección.
Al quitar la presión se relaja el flujo de los pulsos, lo que indica un ligero oce, y al eliminar todo tipo de presión hace que los pulsos cesen por completo. Posteriormente, el equipo conectó este mecanismo de detección de presión a la segunda capa de la piel artificial, un circuito electrónico flexible que podría llevar los impulsos eléctricos a las células nerviosas.

Neurona biológica

Por último, probaron si la señal electrónica podría ser reconocida por una neurona biológica los que se hizo mediante la adaptación de una técnica desarrollada por Karl Deisseroth, profesor de Bioingeniería en Stanford, que fue pionero en un campo que combina la genética y la óptica, llamadaoptogenética. Así, los investigadores diseñaron las células para que fueran sensibles a frecuencias de luz específicas y, a continuación, utilizaron pulsos de luz para cambiar las células, o los procesos que se producen dentro, a apagado o encendido.
Para llevar a cabo este experimento, fabricaron una línea de neuronas para simular una parte del sistema nervioso humano. Además, tradujeron las señales de presión electrónicas de la piel artificial en impulsos de luz, que activaron las neuronas, lo que demostró que la piel artificial podría generar una salida sensorial compatible con las células nerviosas.
Ahora, los expertos esperan desarrollar diferentes sensores para replicar, por ejemplo, la capacidad de distinguir la pana de la seda o un vaso de agua fría de una taza de café caliente, algo que saben que llevará tiempo. Ya hay seis tipos de mecanismos de detección biológica en la mano del hombre y el experimento descrito en «Science» presenta tan sólo de uno de ellos.

jueves, 15 de octubre de 2015

ES VIOLENCIA DE GENERO EXTENDIDA A TODO EL MUNDO

Violencia obstétrica: mujeres

 maltratadas en la soledad de la 

sala de parto

Aunque se presentan pocas denuncias, las agresiones y abusos de medicamentos al dar a luz son comunes; a muchas les impiden estar acompañadas; alarma por las estadísticas de cesáreas; cuánto cuesta un parto humanizado
LA NACION.
Tenía 21 años y estaba desnuda en el pasillo del hospital. De pie, llevaba en brazos a su hija recién nacida, recién arropada. Tenía las piernas ensangrentadas. Le extrañó ver tanta gente a medianoche. Después de unos minutos, una de las enfermeras del parto le entregó un paño de gasa. "Ponételo entre las piernas y andá para allá", le indicó. La mujer caminó. El pasillo le pareció interminable. "Caminá con las piernas cerradas que vas a sangrar y te vas a resbalar", escuchó. Se apoyó en la pared. Le costaba respirar. Entonces recibió una nueva indicación: "Respirá bien, porque te vas a desmayar y yo no te voy a levantar".
Finalmente Patricia Solano, primeriza, llegó sin ayuda al cuarto que le habían indicado. Su marido estaba en el edificio, pero el personal de salud del Hospital Evita Pueblo de Berazategui le había prohibido acompañarla en el parto. Cuando se encontró con él, horas después, no le contó lo que había pasado. Ni del maltrato antes de parir -por ejemplo, las cargadas- ni durante -las inyecciones de fármacos sin consultarla-, ni después. En ese momento, todo le pareció normal. Nunca había escuchado hablar de violencia obstétrica. En las paredes del hospital, repletas de carteles con recomendaciones, no había rastro de esas dos palabras.
Patricia Córdoba, tuvo a su bebé por parto fisiológico bajo condiciones de maltrato
Patricia Córdoba, tuvo a su bebé por parto fisiológico bajo condiciones de maltrato.Foto:Patricio Pidal / AFV

Violencia obstétrica

Patricia conoció la expresión meses después, entre páginas web. La violencia obstétrica es una forma de violencia de género. Se ejerce contra las mujeres en las salas de los hospitales públicos y las clínicas privadas. No discrimina por clases sociales, ni edades, ni áreas geográficas. La sufren las adolescentes sin cobertura médica que dan a luz en hospitales públicos y mujeres de treinta que se atienden por la prepaga en sanatorios en la Capital.
Violencia obstétrica es negar información, practicar cesáreas innecesarias, inyectar fármacos cuando no corresponde, maltratar verbal y físicamente a las embarazadas antes, durante y después del parto. Está tipificada en la ley de Protección Integral a las mujeres (26.485), que a su vez cita la de parto humanizado (25.929), promulgada en 2004 pero reglamentada recién este año.
Según un relevamiento de este medio en hospitales y clínicas de la Capital y el conurbano, no hay carteles en los centros de salud que adviertan al respecto.
Una obstétrica con experiencia en el sector público y privado (eligió preservar su identidad) se mostró de acuerdo con la ley, pero advirtió que es imposible cumplirla. "No tienen en cuenta que no tenemos suficientes camas ni personal ni tiempo para esperar a que cada una tenga a su bebé cuando le salga", dijo a LA NACION.
Aunque existe la opción de contratar "aparte" a una obstétrica o médico obstetra "de confianza" para asegurarse un parto humanizado, cuesta entre 30 y 50 mil pesos.

Cesáreas

Delfina Bosco tenía 38 años cuando quedó embarazada. El profesional de su cobertura médica privada le había dado fecha para el 22 de diciembre. Tres semanas antes, una obstetra del Sanatorio Anchorena le practicó una maniobra para desencadenar el parto. "Como el bebé no bajó, me volvió a citar y me tomó la presión. Me dijo que tenía 14.9, el mínimo indicador de preeclamsia en el embarazo, que necesitaba una cesárea y me dio una orden de internación. Yo sentía que algo no estaba bien. En lugar de internarme, me fui a una farmacia y me tomé la presión. Tenía 10,6. Fui a tres farmacias. Fui a otro sanatorio para que lo certificaran. Todo con una panza enorme. Me iba dando cuenta de que no había ningún motivo para finalizar el embarazo, excepto que se acercaban las fiestas", contó.
Hoy, Delfina prepara una denuncia judicial. Desde el Sanatorio Anchorena, la directora médica de Neonatología dijo a LA NACION no tener registros de este tipo de situaciones: "Nuestra filosofía de trabajo es respetar los derechos de las madres y sus familia", expresó.
La discusión sobre la cantidad de cesáreas que se practican innecesariamente está vigente en el mundo. Aunque en la Argentina no hay cifras actuales sobre este tema, los expertos ubican el porcentaje en el sector privado por encima del 60% y en el público alrededor del 30%. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la tasa ideal de cesáreas oscile entre el 10% y el 15%. En 2005, ese organismo ubicó en el 35% la tasa en la Argentina.
"Se ha naturalizado la cesárea, es como si fuera 'la otra forma de parir' cuando en realidad es un recurso médico, que tiene una indicación precisa. A nadie le operan el apéndice por las dudas", ejemplifica María Pichot, fundadora de la asociación civil Dando a luz.

Denuncias

Gabriela Satriano vive en San Martín. Tenía 24 años cuando quedó embarazada y no contaba con una obra social cuando se le fisuró la bolsa amniótica. Fue a atenderse al Hospital Materno Infantil Ramón Sardá, en Capital. "Me hicieron muchos tactos dolorosos e innecesarios. Una enfermera incluso se sentó sobre mi panza para ver si el bebé bajaba [maniobra Kristeller]. Al final tuve una cesárea espantosa, me hicieron cualquier cosa. Yo no existía", cuenta en diálogo con LA NACION desde la casa de sus suegros en Villa Urquiza. Hoy, dos años y medio después, con su hijo a upa, está convencida de que tuvo un parto violento.
Gabriela Satriano junto a su hijo de dos años y medio, que nació por cesárea
Gabriela Satriano junto a su hijo de dos años y medio, que nació por cesárea.Foto:Patricio Pidal / AFV
No se sabe cuántas mujeres son víctimas de violencia obstétrica en el país porque no hay estadísticas oficiales. En la página web del Ministerio de Justicia está disponible un formulario de denuncia específico, pero se reciben escasos reportes. Así lo reveló Perla Prigoshin, titular de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (Consavig), que forma parte de esa cartera. "Si esto no se dice, no existe", reflexiona desde la oficina con un grupo formado por psicólogas, médicas y representantes de las Defensoría del Pueblo de la Nación y de la Ciudad, del Inadi y de la Superintendencia de Servicios de Salud.
En cambio, en redes sociales las denuncias abundan. Basta con buscar "violencia obstétrica" en Facebook,TumblrBlogger y YouTube para encontrar cientos de grupos de diferentes provincias y ciudades de la Argentina y del mundo. LA NACION accedió a dos de ellos. Todos los días aparecen nuevos "posts" seguidos por decenas de comentarios. Allí, las mujeres vierten relatos de partos que consideran violentos. De médicos obstetras que les introdujeron vías para administrarles fármacos sin su consentimiento. De cesáreas que, aseguran, no eran necesarias. De maltratos físicos y verbales. De que las "transformaron en pacientes". De que las ataron y obligaron a estar quietas. De que no las dejaron ir al baño.
El año pasado, Agustina Petrella, recién embarazada de su segundo hijo, decidió que no quería volver a atenderse con el prestigioso obstetra de su primer embarazo. Había tenido una complicada cesárea y sospechaba que su médico se la había inducido con una cápsula de prostaglandina. Entonces buscó y encontró un obstetra que le prometió que esperaría el tiempo que ella necesitara para dilatar y tener un parto fisiológico (natural, vaginal). Iba a parir en la Clínica Bazterrica y para asegurarse le envió una carta a la institución en la que pidió un parto humanizado. Citó la ley 25.929 y especificó que después del nacimiento colocaran a la beba sobre su pecho, que no le dieran leche de fórmula y que no la vacunaran. Poco después recibió un llamado de la coordinadora de Neonatología. "Acá no hacemos parto humanizado, así que te recomiendo que te vayas a parir a otro lado", le informó. Petrella no tenía tiempo de buscar otro instituto y cuando empezaron las contracciones ingresó en la Bazterrica. "Me trataron muy mal, me gritaron y me amenazaron con que iban a judicializar a mi beba. 'Acá no estamos para cumplir los caprichitos de los padres', me dijo una médica a los gritos. Fue porque pedí un parto humanizado. Estaba aterrorizada", cuenta desde un café cerca de su casa en Recoleta.
Desde la Clínica Bazterrica prefirieron no hacer comentarios ante la consulta de este medio.
Agustina Petrella sufrió violencia obstétrica en sus dos embarazos
Agustina Petrella sufrió violencia obstétrica en sus dos embarazos.Foto:Patricio Pidal / AFV

Obstétricas y obstetras

La carrera de Obstetricia dura cinco años en la Universidad de Buenos Aires. La residencia, cuatro. Las egresadas -en su gran mayoría mujeres, aunque se admiten estudiantes hombres desde 2000- son obstétricas, no obstetras, que son médicos especializados. Las obstétricas atienden embarazos, partos y puerperios normales. Cuando hay una anomalía, se ocupa el médico especialista.
"Nosotros nos formamos para evitar la violencia obstétrica. Tenemos un plus con respecto a los médicos, la parte psicológica y antropológica de nuestra formación, que supera la biológica. No tomamos a la mujer como una panza que viene caminando", dijo a LA NACION Catalina Gerace, del comité científico de la Asociación Obstétrica Argentina.
Hoy Patricia Solano tiene 27 años y una panza enorme. Falta poco para que llegue su tercer hijo y aún no decidió dónde parirlo. Lo que sabe es que no volverá al Hospital Evita Pueblo. "Una busca ayuda, no porque esté enferma, sino porque está por traer a alguien al mundo y no puede sola, necesita un médico al lado. Con este bebé espero que me toque algo mejor".
Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres: "Violencia obstétrica es aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la ley 25.929.
Ley 25.929 de parto humanizado. Promulgada en 2004 pero reglamentada recién este año, protege los derechos de madres, padres y recién nacidos en el proceso de parto y nacimiento.

 UN DIA HABLAREMOS DE LAS CESAREAS INNECESARIAS

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