lunes, 4 de enero de 2016

QUE BUENOS LOS FRIJOLES,GARBANZOS Y LENTEJAS...

2016 ha sido declarado el Año Internacional de las Legumbres por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Con esta mención, la institución pretende mejorar los niveles de nutrición, promover el consumo de estos cultivos y aportar conocimiento gracias a la colaboración con organismos de investigación y universidades. Para empezar el año, averiguamos qué las hace tan especiales. 
Marta Sofía RUIZ
<p>2016 es el Año Internacional de las legumbres. En la imagen, frijoles. / Pixabay</p>
2016 es el Año Internacional de las legumbres. En la imagen, frijoles. / Pixabay
Ricas en proteínas y minerales, las legumbres no solo contribuyen a cuidar la salud de las personas sino también la del medio ambiente. Sus características, entre las que se incluyen una baja huella ecológica y la mejora de la fertilidad de los suelos, las han convertido en las protagonistas del 2016, el Año Internacional de las Legumbressegún la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estos son los motivos por los que lentejas, frijoles y otros cientos de cultivos han recibido este honor.

Son alimentos nutritivos y completos

Las legumbres son ricas en nutrientes y una gran fuente de proteínas y fibra. “Su contenido en proteínas es mucho más alto que el del maíz, el trigo o el arroz. La combinación de legumbres con cereales aporta una fuente de proteínas sumamente completa, comparable a la proteína animal”, explica en un vídeo de la FAO Marcela Villareal, Directora de la Oficina para Asociaciones, Promoción y Desarrollo de Capacidades de la organización
Son también ricas en minerales (hierro, magnesio, potasio, fósforo, zinc) y vitaminas del grupo B (tiamina, riboflavina, niacina, B6 y ácido fólico) y tienen un bajo contenido en grasa y nada de colesterol.
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Cuscús con garbanzos. / Pixabay
Además, un estudio liderado por la Universidad de  Manitoba (Canadá) indica que comerlas regularmente puede ayudar también a controlar y combatir la obesidad. “Tienen una serie de aportes importantes para la salud. Ayudan a manejar el nivel de azúcar en sangre, por lo que son un apoyo en cuanto al colesterol y la diabetes”, concreta Villareal.

Fomentan la agricultura sostenible

Un atributo importante de las legumbres es su capacidad de fijar el nitrógeno biológicamente. Estas plantas, en simbiosis con ciertos tipos de bacterias (como RhizobiumBradyrhizobium), son capaces de convertir el nitrógeno atmosférico en compuestos de nitrógeno que pueden ser utilizados por las plantas en crecimiento, lo que mejora la fertilidad del suelo.
La FAO ha calculado que las leguminosas pueden fijar entre 72 y 350 kg de nitrógeno por hectárea y año. Además, algunas especies son capaces de liberar fósforo en el suelo.
“El nitrógeno y los fósforos son importantes nutrientes para las plantas en crecimiento. La habilidad de generar de manera natural estos fertilizantes hace que los granjeros no tengan que usar químicos”, explica a Sinc Teodardo Calles, Oficial Agrónomo de la FAO.
"Son también un cultivo que permite la diversificación. Si se incluyen en la rotación de cultivos interrumpen los ciclos de insectos y permiten continuar la producción futura en la misma parcela de tierra”, añade el experto.

Apenas se desperdician

En comparación con otros cultivos, las legumbres tienen una huella reducida de desperdicio alimentario, es decir, se desperdicia una parte muy pequeña de los cultivos, como se ve en la siguiente gráfica.
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Producción agrícola frente a total de volúmenes de desperdicio de alimentos y volúmenes de desperdicio de alimentos solo de la parte comestible. / FAO
Según la Plataforma Técnica del G20 sobre la medición y reducción de pérdidas y desperdicio de alimentos, la contribución de las legumbres al desperdicio total de alimentos es baja en todas las regiones, lo que las convierte en una fuente ecológica de nutrientes.
A ello contribuye que puedan emplearse para el autoconsumo o como cultivos comerciales y que los residuos de los cultivos de leguminosas de grano puedan utilizarse potencialmente como forraje animal.

Mitigan el cambio climático

Las especies de legumbres tienen una amplia diversidad genética, que permite que se puedan seleccionar o desarrollar variedades mejoradas. Esto es particularmente importante para la adaptación al cambio climático, debido a que de esta amplia diversidad pueden obtenerse más variedades resistentes al clima.
“Los científicos del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Colombia trabajan actualmente en el desarrollo de legumbres que puedan crecer a 4 o 5 grados más de la temperatura habitual. Es una manera de intentar adaptarse a los efectos del cambio climático, que hace que vayan aumentando las temperaturas”, afirma Calles.
El ingeniero agrónomo señala que al reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos, gracias a la producción natural de nitrógeno y fósforo, se reduce también indirectamente la emisión de gases invernadero, que contribuyen al calentamiento global.
“Las legumbres fijan más el carbono que otros cultivos como el maíz o el trigo, lo que también ayuda a la mitigación”, concreta el experto de la FAO.

Combaten la pobreza rural

Además de ofrecer un suministro de alimentos de larga conservación, los cultivos leguminosos pueden aportar ingresos adicionales a los productores al venderse y comercializarse. Las legumbres son cultivos de alto valor y por lo general alcanzan precios de 2 a 3 veces más altos que los cereales.
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Las legumbres son una alternativa asequible a las proteínas más caras de origen animal, lo que las hace ideales para mejorar las dietas de las regiones empobrecidas. Foto: FAO / Giuseppe Bizzarri
“Las legumbres son muy versátiles y pueden crecer en climas muy adversos. Si un agricultor tiene un cultivo de legumbres, posee un cultivo de alto valor nutritivo que, además de consumir, puede vender fácilmente o almacenar y esperar a que suba su precio”, explica Calles.
“Introducirlas en las rotaciones de cultivos puede ayudar también a los agricultores locales. Si solo tienen una planta y esa falla no tienen qué vender ni qué comer, así que hay que fomentar su cultivo”, concluye el experto. 

Y están muy buenas

Como explica la FAO en su página web, una de las ventajas de las legumbres es que se pueden almacenar durante meses sin perder su elevado valor nutritivo. Además, con ellas se cocinan deliciosos platos en todo el mundo, por lo que son un elemento básico de muchas dietas. En la página de la FAO se describen recetas de cocina con legumbres de todo el planeta.
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Plato de falafel en el barrio de Le Marais de París. / Wikipedia

El viaje de las semillas por el mundo

Según la FAO, la producción de legumbres está muy concentrada. La India, donde estos cultivos son una fuente importante de proteínas para una población mayoritariamente vegetariana, es el mayor productor mundial, con una cuarta parte de la producción global en 2013.
Canadá es el mayor exportador de leguminosas con 6,2 millones de toneladas de legumbres (principalmente guisantes) en 2013, seguido de Australia (1,7 millones de toneladas), Myanmar (1,2 millones de toneladas),Estados Unidos (1,1 millones de toneladas) y China (800 000 toneladas). A pesar de ser el mayor productor de legumbres, India es también el país que más las importa: es el destino principal de una cuarta parte de las importaciones de las legumbres mundiales, seguido de la Unión EuropeaChinaPakistán Egipto.
La FAO espera que el comercio internacional de legumbres continúe creciendo. Sin embargo, los obstáculos a la productividad en las regiones en desarrollo pueden no superarse. Debido a esto, la organización cree que muchos países en desarrollo continuarán dependiendo de las importaciones para satisfacer sus necesidades, una situación que pretenden combatir. 

domingo, 3 de enero de 2016

LOS MATARIFES DE LA FARMAFFIA

LOS LABORATORIOS APUNTAN SÓLO A LOS ENFERMOS TERMINALES

Cáncer S.A. o prevenir no es negocio

¿Por qué no se desarrollan drogas para prevenir el cáncer? 3 economistas demostraron que las compañías de medicamentos invierten mucho menos dinero en el desarrollo de drogas para prevenir o tratar el cáncer en sus etapas más tempranas, que lo que invierten para atacarlo en su etapa terminal.
El estudio estimó que la tendencia de beneficiar las drogas en pacientes con poca expectativa de vida hizo que se perdieran 890.000 años de vida en pacientes estadounidenses solamente, a quienes se les descubrió cáncer durante 2003.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Eric Budish, Benjamin Roin y Heidi Williams, en una investigación apoyada por prestigiosas instituciones como el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Chicago y la Escuela de Leyes de Harvard, se dedicaron a estudiar la evidencia de 40 años de ensayos clínicos de drogas contra el cáncer, para tratar de responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué se llevan a cabo muchos menos ensayos clínicos de drogas para la prevención y tratamiento del cáncer en sus etapas tempranas, que de drogas para la enfermedad en sus etapas terminales? 
 
"Las drogas para tratar los cánceres en sus últimas etapas son mucho menos costosas de desarrollar que las drogas para los cánceres en etapas tempranas, en parte porque las de las etapas terminales extienden la vida de la gente por períodos más cortos de tiempo", explica el portal Science Daily"Esto significa que los ensayos clínicos para estas drogas son finalizados más rápido también, y le proveen al fabricante de la droga más tiempo" de exclusividad en el mercado. 
 
¿Por qué es más redituable invertir en drogas que extiendan el tiempo de vida de los pacientes terminales de cáncer que en drogas que prevengan la enfermedad? 
 
Los investigadores analizaron 4 décadas de información de una amplia variedad de fuentes, entre ellas el Instituto Nacional del Cáncer (en USA), que lleva un registro de ensayos clínicos e información sobre la incidencia del cáncer en ese país y la supervivencia, así como datos de la FDA (Food and Drug Administration, agencia del gobierno de Estados Unidos responsable de regular los alimentos y los medicamentos), que es la encargada de aprobar las drogas contra el cáncer.
 
Una cuestión de rentabilidad 
 
En mayo de 2014, cuando Budish, Roin y Williams hicieron públicas las primeras conclusiones de su estudio, introdujeron al trabajo presentando las siguientes cifras: "En los últimos 5 años, se aprobaron 8 nuevas drogas para tratar el cáncer de pulmón", y en cambio, "no se ha aprobado nunca una droga para prevenir el cáncer de pulmón." 
 
Y todavía más: "Sólo 6 drogas se han aprobado en la historia para prevenir algún tipo de cáncer", en total. Mientras que este patrón podría estar reflejando la demanda del mercado o las dificultades científicas, para los investigadores, el núcleo de la cuestión es otro: la estructura misma del sistema de patentes de medicamentos. 
 
Es mucho más rentable para las compañías de medicamentos invertir en la investigación y el desarrollo de drogas que ataquen el cáncer en sus etapas terminales que invertir en aquellas que lo podrían prevenir o curar en sus etapas más tempranas. Esto se debe a la estructura misma del sistema de patentes, que le otorga a los innovadores un período fijo de exclusividad del producto en el mercado (en USA, por ejemplo, son 20 años). 
 
Esta etapa representa un pico en las ganancias y es el período en que, quien invirtió, recupera los costos. Luego, pierde la exclusividad de la patente y por lo tanto, baja mucho la ganancia. 
 
Lo que sucede es que para comenzar a comercializar el medicamento, debe estar aprobado por la FDA. Para ello, deben llevarse a cabo ensayos clínicos que determinarán eficacia y seguridad del producto, que pueden durar años. Tras patentar una droga, explica el diario The New York Times, las compañías de medicamentos compiten contrarreloj para demostrar que su producto es seguro y efectivo. 
 
El medicamento promedio sale al mercado cuando le quedan 12 años y medio de vida útil de patente protegida -exclusividad en el mercado, su etapa más rentable-. Cuanto más rápido completen el paso de las pruebas clínicas y consigan la aprobación de la FDA, más tiempo les queda hasta que la patente expira, que es el tiempo en que las ganancias están en su pico más alto. 
 
Demostrar la eficacia y seguridad de un medicamento contra el cáncer en etapas terminales suele ser mucho más rápido que hacerlo en drogas para tratar las primeras etapas del cáncer o prevenirlo, porque el cáncer en sus últimas etapas es agresivo y avanza rápido, y el criterio  tenido en cuenta casi exclusivamente es la supervivencia, no otros llamados "criterios indirectos de valoración", como por ejemplo si un tumor se redujo o si bajó la cantidad de glóbulos blancos cancerosos. 
 
Entonces, demostrar que un medicamento es efectivo en prevenir el cáncer, por lo tanto, es una tarea mucho más extensa. Así, termina siendo mucho más rentable investigar y desarrollar drogas contra las etapas terminales del cáncer, que contra su prevención y tratamiento en las etapas tempranas, por lo que ese tipo de investigaciones suelen recibir mayores incentivos económicos. 
 
890.000 años de vida perdidos
 
La investigación, la innovación y el desarrollo técnico en relación a la prevención y el tratamiento del cáncer en sus primeras etapas tiene un "alto valor social", le explicaron Williams, Budish y Roin al diario The New York Times. Sin embargo, su trabajo "demuestra que la sociedad le provee a las compañías privadas -quizás sin darse cuenta- sorprendentemente escasos incentivos para conducir este tipo de estudios." 
 
Entre 1973 y 2011, hubo 17.000 ensayos clínicos a pacientes con mínima chance de sobrevivir (los que tienen cáncer recurrente) y 12.000 a pacientes que están en la última etapa del cáncer (con un 90% de chance de morir dentro de los próximos cinco años). Pero hubo solo 6.000 que se centraron en los pacientes de cáncer en etapas tempranas -un 30% de chance de morir- y solamente 500 ensayos clínicos para la prevención de cáncer. 
 
La tendencia es más marcada cuando se trata de ensayos financiados por privados que por públicos. El estudio estimó que la tendencia de beneficiar las drogas en pacientes con poca expectativa de vida hizo que se perdieran 890.000 años de vida en pacientes estadounidenses solamente, a quienes se les descubrió cáncer durante 2003.
 
Posibles soluciones
 
Para revertir esto, el estudio propone algunas ideas:
 
> Una, que está incluida en una legislación que está ahora avanzando en el Congreso estadounidense, propone concederle la aprobación del FDA a los medicamentos basándose en criterios indirectos de valoración y no -casi en exclusiva- en la supervivencia. "Cuando tienes buenos criterios indirectos de valoración, ves un incremento dramático en la inversión en investigación y desarrollo, lo que significa más vidas salvadas", explicó Roin, según el Science Daily. Al acelerar el proceso de aprobación de la FDA, la investigación y desarrollo de drogas contra el cáncer en etapas tempranas pasaría a ser (por lo menos) igual de rentable que el de las etapas terminales, y recibiría mayores incentivos económicos.
 
> Otra, es extender el período de exclusividad de una droga en el mercado para compensar la demora extra que demanda en ser comercializado, como es el caso de las drogas para la prevención del cáncer. La ley Hatch-Waxman, del año 1984, ya permite una extensión parcial (medio año por cada año de ensayo clínico, hasta un máximo de 5 años adicionales, según el Times). El análisis de Budish, Roin y Williams muestra que esto es una buena iniciativa, pero aún así hay muchas potenciales drogas que tienen muy cortos períodos de exclusividad en el mercado.
 
> Una 3ra. opción sería  conseguir mayor financiamiento público en investigación y desarrollo de drogas contra el cáncer, ya que ese financiamiento está exento de la necesidad de resultados a corto plazo tras los que corre el sector privado. (Las 6 drogas que existen hoy para prevenir el cáncer han sido desarrolladas gracias al financiamiento público o bien estuvieron basadas en el "criterio de valoración indirecta".)
 
En cualquier caso se impone resolver un problema que termina provocando la muerte de más personas... en un contexto de investigación farmacéutica de gran eficiencia. Sin duda, una gran contradicción científica.

...PRIMO,DAME ALGO.......

El último refugio para primates, en peligro de extinción por falta de fondos

Los 135 simios protegidos en el centro de conservación Rainfer podrían ser sacrificados en primavera ante la ausencia de presupuesto y subvenciones



Los ojos vivos y agitados de una pareja de capuchinos nos dan la bienvenida.Mezcla de curiosidad y recelo, nuestra figura quizá les recuerde por qué están al otro lado de la verja. Aunque solo sea una suposición, puede que también imaginen el motivo de la visita. Como otros 133 simios de diferentes especies, han sido rescatados de circos, zoos o particulares, donde fueron maltratados durante años. Ahora, protegidos en Rainfer, un espacio madrileño de conservación de primates, se asoman al desahucio por los problemas económicos del centro, creado en 1995 y cuyo desarrollo se ha basado en el trabajo altruista de su fundador.
La situación es tan compleja como delicada. El 80% de los animales son propiedad del Estado, procedentes de decomisos y abandonos, pero su contribución resulta irrisoria: apenas 20.000 euros al año, una cifra equivalente al presupuesto de un mes de invierno, cuando se gastan los 12.000 euros habituales de la comida más otros 4.000 por la aclimatación de los cobertizos donde se refugian. El desentendimiento resulta aún más evidente si se tiene en cuenta el millón de euros que se recaudan al año en multas por el tráfico ilegal de monos.
Según la subdirectora del centro, Marta Bustelo, en la actualidad cuenta con fondos para cuatro meses más. «Si la situación no cambia, no queremos ni imaginar lo que pasaría», lamenta. No lo dice, porque directamente no es una opción, pero la idea del sacrificio acecha. De hecho, en algunas de las reuniones que han mantenido con la Administración es una de las soluciones planteadas. Casi la única.


El terreno disponible, de cuatro hectáreas, aún permite acoger más animales, pero desde hace dos años no reciben a ninguno por la precariedad económica. Su supervivencia es fruto de la dedicación de Santiago Bustelo, el padre de Marta, del equipo y de las donaciones privadas. Bustelo, reconocido primatólogo y director de Rainfer, lo creó tras experimentar en primera persona lo nocivo que es para un simio vivir como una mascota, fuera de su hábitat.
Su ubicación, en Madrid, es un secreto que la entidad se afana en mantener por la amenaza de los traficantes de monos. Cada uno de los enormes jaulas y habitáculos en los que permanecen los primates han sido levantados por los trabajadores: una plantilla formada por seis personas fijas, contando a cuidadores, veterinarios y personal de mantenimiento, más los voluntarios. Ante la urgencia de darse a conocer y «crear conciencia», organizan excursiones de colegios y talleres y actividades para niños. «Es necesario concienciar de que un mono no puede estar en una casa; y que para poder capturarlo matan a toda su familia», indica Bustelo.

Maltratos sistemáticos

El concepto de jaula, sin embargo, no sirve para definir las instalaciones construidas, aunque se delimiten con vallas. Se trata de enormes terrenos habilitados que tratan de trasladar a los primates a un lugar que prácticamente han olvidado o ni siquiera conocen. Muchos han nacido en cautividad; una huella que sí está presente en los comportamientos y conductas. En mayor o menor grado, todos tienen actitudes y apariencias anómalas. Sirva como ejemplo el raquitismo que caracteriza a todos los chimpancés que habitan en el centro. Sin excepción, tienen la columna deformada después de años hacinados en espacios minúsculos.
Aunque la mayoría llegó con enfermedades, como diabetes o gastritis (Mario, uno de los macacos, recaló con úlceras en su aparato digestivo por mala alimentación), las secuelas más profundas remiten al terreno psicológico. Todos los primates necesitan vivir en comunidad, con otros miembros de su especie, pero su «humanización» los ha convertido en seres asociales y, a menudo, agresivos. Todavía hoy, después de varios años de tratamiento, en uno de los tres grupos de chimpancés hay ejemplares con agorafobia. Aunque ya pueden compartir espacio con otros monos, les aterra salir al exterior.
Cada uno de los 135 ejemplares tiene un nombre y una historia. Sammy, un chimpancé de 27 años, fue abandonado en un carro por los propietarios de un circo, desnutrido y con heridas y quemaduras de cigarillo por todo el cuerpo. Su mirada, casi humana, revela el nivel de crueldad que puede alcanzar el hombre. Un paseo por el centro de conservación aflora sentimientos encontrados; reconocimiento por la labor desarrollada, pero también incomprensión por la dejadez de un problema que parece no interesar a nadie.
Según explicó a ABC, los monos no aprenden a través de estímulos y premios como un perro, sino que lo hacen con castigos. Por ello, es habitual que a los chimpancés se les arranquen dientes o dedos para convertirlos en zombis que mostrar en un circo. Cuando no sirven, son abandonados o apaleados, como Gombe, enfermo del «mal de la mano ajena» (una forma de epilepsia) y desatendido por su inutilidad para las exhibiciones. Pero tampoco en su mal llamada «vida útil» gozan de los cuidados necesarios. Su alimentación se basa en la fruta y en la verdura, y en estos espectáculos ambulantes eran alimentados con patatas fritas o bollería industrial.
En total, en Rainfer viven dieciséis chimpancés, en su mayoría rescatados de un circo de Valencia. Salvo Manuela, que se crió en el centro, todos rechazan a los humanos. No son los únicos. También lo hace Boris, un orangután de 34 años que, con rinitis crónica y los músculos atrofiados, se altera cuando ve a un hombre con barba. Es el reflejo del horror sufrido durante su vida, de zoo en zoo hasta acabar en Madrid, a resguardo junto a dos viejos jibones. Además de estos monos, en este pequeño «Planeta de los Simios» haylemures, cercopitecos y macacos de diferentes tamaños, como uno de Cola de León, entre otros.

Único en el mundo

Las dificultades económicas actuales son la antítesis de la consideración de Rainfer en el mundo, en una posición única. La primatóloga Jane Goodall, reconocida como una de las mayores expertas en chimpancés a nivel mundial, ha visitado en numerosas ocasiones el centro. Según nos cuentan, les une una amistad de años y una pasión en común.
No hace mucho tiempo, el trabajo desarrollado despertó el interés de diferentes investigaciones. Fue el caso del grupo de Atapuerca, a través de un estudio en el que se comparaba la audición de los chimpancés con los fósiles hallados. Acabó por falta de inversión. El mismo fantasma que acecha de nuevo.

sábado, 2 de enero de 2016

CIENCIAS SOCIALES: Psicología
¿Por qué nos hacemos preguntas?

En busca de la curiosidad

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Desde que nacemos, no dejamos de asombrarnos y plantearnos cuestiones sobre todo lo que nos rodea. Es la curiosidad, una facultad muy poco estudiada desde el prisma científico pero que, en los últimos años, está siendo analizada minuciosamente por la neurociencia. Conseguir que la escuela la estimule y que Google no la sacie son dos retos que tenemos por delante.
<p>Una de las primeras preguntas que formulan los niños es por qué. Los profesores deben fomentar el interés de los niños para que exploren e investiguen, y animarlos a hacer preguntas y responderlas. / Fotolia</p>
Una de las primeras preguntas que formulan los niños es por qué. Los profesores deben fomentar el interés de los niños para que exploren e investiguen, y animarlos a hacer preguntas y responderlas. / Fotolia
¿Cuántas Tierras cabrían en el Sol?* Es la típica pregunta que te toca cuando estás jugando al Trivial. La que te falta para conseguir el escurridizo quesito verde y ganar la partida. Por más que piensas no consigues dar con la respuesta, mientras notas cómo en tu cabeza algo no deja de crecer: la curiosidad.
“Parece ser un estado mental que aumenta nuestra atención hacia nueva información y también mejora nuestra memoria”, explica a Sinc Colin F. Camerer, investigador del área de Humanidades y Ciencias Sociales del Instituto Tecnológico de California (EEUU).
Su vago “parece ser” está justificado. De momento, no existe una definición científica sobre qué es la curiosidad. Este impulso innato, que experimentamos tanto los seres humanos como otros animales, nos ha permitido mandar robots a Marte –el último llamado, precisamente, Curiosity–, acabar con cientos de enfermedades o fabricar una estructura colosal para recrear cómo fue el principio de todo en el Gran Colisionador de Hadrones (Suiza).
No existe una definición científica de la curiosidad, que experimentamos tanto los humanos como otros animales
Una de las primeras preguntas que formulan los niños es por qué. El propio Albert Einstein declaraba en 1955: “Lo importante es no dejar de hacer preguntas […] No perder jamás la bendita curiosidad”. Pero todavía no existe una definición que pueda explicarla con precisión.
En un estudio publicado recientemente en la revista Neuron, dos neurocientíficos de la Universidad de Rochester (EEUU) reivindican su importancia, dibujando una visión general de su estado actual.
“Ahora mismo no es importante establecer una definición sobre la curiosidad porque es un área nueva de investigación y todavía hay incertidumbre en cuanto a los mecanismos que subyacen”, puntualiza a Sinc Celeste Kidd, coautora del trabajo. Lo que propone es un marco más amplio, en el que la curiosidad se interprete como una fuerza motriz que impulsa el aprendizaje, y no se limite exclusivamente a la búsqueda de información.
Mejora la memoria
Diferentes trabajos han demostrado las bases neurológicas de este escurridizo concepto. Cuando tratas de dar con la respuesta de algo que desconoces, en tu cerebro se activan al menos dos áreas cerebrales: una relacionada con la motivación y la recompensa (ubicada en el estriado ventral) y otra implicada en la memoria (el hipocampo).
Camerer y un equipo de científicos utilizaron imágenes de resonancia magnética para averiguarlo. Según su estudio, en aquellos participantes curiosos que aprendían algo nuevo se intensificaba la actividad en las áreas del hipocampo relacionadas con la consolidación de la memoria, por lo tanto, demostraron que aprender algo motivado por la curiosidad mejora nuestra capacidad de recordar.
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En los experimentos de Camerer y su equipo, se sometió a un grupo de personas a una serie de preguntas de tipo Trivial. El nivel de curiosidad al leer las preguntas se correlacionó con un aumento de la actividad en regiones implicadas en el aprendizaje y la memoria. / Camerer el al.
“La curiosidad es la forma que tiene el cerebro de marcar la información que merece la pena recordar”, destaca el investigador. Las imágenes cerebrales revelaron también que cuando los participantes fallaban una respuesta, se incrementaba la actividad en las áreas cerebrales de la memoria, puesto que estaban preparándose para conocer la respuesta correcta y retenerla, lo que parece indicar que la curiosidad mejora la memoria cuando la información nos sorprende.
“La curiosidad es la forma que tiene el cerebro de marcar la información que merece la pena recordar”, dice Camerer
Además, aprender motivados por el deseo de conocer nuevos conocimientos provoca que la memoria funcione con más precisión, incluso a medio plazo. Eso fue lo que ocurrió en ese mismo estudio, en el que los participantes con más curiosidad recordaban conceptos con mayor detalle que el resto hasta dos semanas después de haberlos asimilado.
La mirada nos delata
Tratar de responder a cuestiones que nos rodean no es algo exclusivamente humano. Numerosas especies animales muestran rasgos curiosos, y no solo nuestros primos los simios. “Animales tan simples como elCaenorhabditis elegans, un gusano cuyo sistema nervioso contiene solo 302 neuronas, muestran un rudimentario tipo de curiosidad al buscar comida”, señala Kidd. 
No hay más que pensar en cualquier perro moviendo su cola impacientemente cuando le queremos dar algo que tenemos escondido en una bolsa. Tanto humanos como animales nos ponemos en alerta ante la novedad o lo inesperado.
“Una persona buscando la respuesta a una pregunta interesante y un perro tratando de averiguar el origen de un aroma desconocido son dos ejemplos del deseo de aprender sobre el mundo que les rodea”, comenta a Sinc Ethan Bromberg-Martin, neurocientífico del Instituto Kavli de Neurociencias de la Universidad Columbia (EEUU).
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Muchas especies animales muestran rasgos curiosos, desde gusanos muy simples hasta los perros, cuyos gestos revelan expectación por la novedad. / Pixabay.
Como los perros cuando mueven su cola, nosotros también mostramos de forma involuntaria nuestra curiosidad. Los movimientos oculares nos delatan. Las personas curiosas que observan un lugar se fijan más en los detalles y en los rincones que otras que no lo son, moviendo más sus ojos.
Pero además, una reciente investigación muestra que el deseo intrínseco de aprender se hace patente cuando nos hacen preguntas. A través de una pantalla de ordenador y una herramienta que medía los movimientos oculares, los voluntarios del estudio leían cuestiones y tenían que esperar unos segundos hasta que la respuesta aparecía. 
Los neurocientíficos han diseñado un algoritmo que predice lo curiosa que es una persona por sus movimientos oculares
“Los participantes más curiosos miraban antes que el resto hacia el lugar en el que esperaban hallar la respuesta, demostrando una mayor anticipación”, apunta a Sinc Jacqueline Gottlieb, investigadora también del Instituto Kavli y una de las autoras del estudio. Con estos resultados, los neurocientíficos han diseñado un algoritmo capaz de predecir lo curiosa que es una persona analizando sus movimientos oculares.
En opinión de Gottlieb, el deseo por conocer información también activaría las áreas cerebrales relacionadas con los sistemas de atención, dado que influye en los movimientos de los ojos, aunque matiza que, de momento, no se ha estudiado.
En su justa medida
Tampoco sabemos si existe una dosis idónea de curiosidad. ¿El exceso o el defecto son negativos? En opinión de Kidd, así es. “Una disminución podría ser un síntoma de depresión, y un exceso podría revelar la incapacidad de mantener atención”, aduce. En su estudio, explica que una sobreexpresión de la curiosidad está relacionada con la distracción, síntoma típico de las personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Un punto de vista que no comparte José Salavert, médico psiquiatra del Hospital San Rafael y del Centro Avanza de Barcelona. Si entendemos la curiosidad como una motivación para obtener información externa, “esta se encuentra plenamente preservada en las personas con TDAH”, argumenta a Sinc. “Que tengan un exceso sería una afirmación algo especulativa”, añade.
Las personas con este trastorno padecen, por una parte, dificultades para concentrarse. El hecho de que se distraigan con los estímulos externos podría interpretarse como una mayor curiosidad por el entorno pero, según el psiquiatra, lo que revela en realidad es una dificultad para sostener la atención. Por otra parte, al presentar comportamientos impulsivos, las personas con TDAH tienden a aburrirse en situaciones que requieren mantener la motivación interna. “En este sentido sí podríamos hablar de mayor curiosidad”, mantiene el experto, entendiéndola como forma de buscar estímulos externos para combatir el aburrimiento.  
Salavert sí está de acuerdo en que una falta de curiosidad está relacionada con enfermedades como la depresión, al quedar completamente mermada por la falta de interés antes cosas que antes sí motivaban al paciente. La dosis adecuada, por lo tanto, en el caso de los niños, sería aquella que les hiciera preguntarse sobre las cosas de las que no están seguros y sobre las que pueden aprender. Es contraproducente “cuando esta sea mayor de la esperable para la edad y les pueda suponer un problema de adaptación en su entorno social, escolar y familiar”, sostiene el psiquiatra.
Imaginación sin límites en la escuela
Precisamente es en los niños en quienes la curiosidad juega un papel fundamental sobre su desarrollo, y la función de los adultos es estimularla al máximo. Ante sus incansables preguntas no hay que responder de forma superficial, aconsejan los expertos.
“Los profesores deben proporcionar a los niños temas ricos y complejos, porque la complejidad fomenta la curiosidad”, dice Engel
“Al principio, al bebé le llaman la atención los estímulos sensoriales, como la luz o el ruido. Poco a poco, va construyendo una imagen del mundo y lo que despierta su curiosidad son, cada vez más, los estímulos cognitivos: cosas que le intrigan y que quiere entender”, cuenta a Sinc Juan Meléndez, profesor del departamento de Física de la Universidad Carlos III.
Apasionado por la divulgación científica, que aborda en su blog De Tales a Newton, Meléndez considera que la curiosidad tiene un papel “mínimo” en los colegios, donde se dan respuestas prefabricadas que las preguntas que hacen los alumnos, sin ir al fondo de la cuestión. “Por ejemplo, se dice que un cuerpo flota “por el principio de Arquímedes”. Eso no es explicar nada, es dar simplemente un nombre”, denuncia el físico. El niño seguirá sin entender por qué flota un cuerpo pero dejará de hacer preguntas. “Por eso digo que la enseñanza mata la curiosidad científica”, añade.
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Al bebé le despiertan la curiosidad los estímulos cognitivos: cosas que le intrigan y que quiere entender. / Pixabay
El filósofo Jean-Jacques Rousseau, en el siglo XVIII, sostenía que la escuela debería ser un ámbito donde se diera rienda suelta a la imaginación sin ningún fin práctico o meta útil, como recuerda Alberto Manguel en Una historia natural de la curiosidad (2015).
Aunque sea necesario memorizar ciertos conceptos –como las tablas de multiplicar o la ortografía–, según Meléndez, los profesores deberían enseñar a los alumnos a distinguir cuándo entiende algo y cuándo no, con problemas que tengan la dificultad justa y se conviertan en un reto para el alumno. Por eso, quien enseña debe ser alguien al que le apasione la materia, que contagie su interés a los alumnos y que haga del aprendizaje algo interactivo.
La sociedad de la información, en la que tenemos las respuestas a golpe de clic, ¿está apagando nuestra curiosidad?
“Tienen que proporcionar a los niños muchos materiales y temas ricos y complejos, porque la complejidad fomenta la curiosidad”, indica a Sinc Susan Engel, profesora de Psicología en el Williams College (EEUU) y autora del libro Hungry Mind: The Origins of Curiosity in Childhood (2015). A partir de ahí, los profesores deben fomentar el interés de los niños para que exploren e investiguen, y animarlos a hacer preguntas y responderlas. “La conversación es clave”, asegura la psicóloga.
Pero la sociedad de la información, en la que tenemos la respuesta a casi cualquier pregunta a golpe de clic, ¿está apagando nuestra curiosidad? Es lo que se teme Meléndez. “Lo que necesitamos es aprender a pensar y eso tiene muy poco que ver con las respuestas que nos da Google: tenemos todos los datos que queremos pero el conocimiento es otra cosa”, recalca.
Precisamente porque los datos son tan accesibles, ahora es más importante que nunca aprender a pensar. Aunque el buscador nos devuelva millones de respuestas en un par de segundos, en realidad seguimos partiendo de la máxima de Sócrates: solo sabemos que no sabemos nada.
*Si has resistido la tentación de buscarlo en Google, la respuesta a la pregunta que arrancaba este reportaje es que en el Sol cabrían un millón de Tierras.

El motor de la ciencia moderna

A pesar de que los científicos se afanan por encontrar las bases científicas de la curiosidad, el escritor Philip Ball pone el acento en su vertiente más intangible: la cultural. “Hay un aspecto cultural importante en la curiosidad: no vas a encontrar todas las respuestas mirando al cerebro”, recuerda a Sinc.
En su libro Curiosidad: por qué todo nos interesa (2013), el que fuera editor de la revista Nature explica cómo el significado de la palabra ha cambiando en función de las diferentes épocas y lugares. Con relatos como el de Eva y su manzana, o el de Pandora y su caja, se tendió a condenarla, pero en el siglo XVII alcanzó todo su esplendor y ayudó al florecimiento de la ciencia moderna.
Actualmente, la ciencia combina la satisfacción de la curiosidad –como enviar robots a planetas lejanos para descubrir qué hay allí– con un sentido más práctico; termina produciendo hallazgos valiosos en términos económicos, con tecnologías que, años más tarde, todos podemos usar, como el láser o el transistor.
“A los científicos se les pide constantemente, cuando solicitan financiación, que justifiquen los beneficios prácticos que tendrá su investigación. Eso es un enfoque muy corto de miras”, advierte Ball, quien se apresura en añadir que la curiosidad no es algo exclusivo de los científicos. “La ciencia no tiene el monopolio de la curiosidad. Tienes que ser curioso para ser un buen artista, historiador, psicólogo, jardinero o padre”, concluye.