sábado, 19 de marzo de 2016

LO VIEJO VUELVE

El misterioso retorno de la escarlatina, la enfermedad antigua que pone en guardia a los médicos modernos


EscarlatinaImage copyrightSPL
La escarlatina, una infección infantil que se pensaba había quedado casi relegada a la antiguedad, está reapareciendo en algunas partes del mundo.
Se ha informado, por ejemplo, de brotes en Reino Unido y Asia.
En Inglaterra y Gales se habla incluso de "drásticos aumentos" de la enfermedad y las autoridades de salud pública desconocen cuál es la causa de este incremento.
La infección, que afecta principalmente a niños de entre 5 y 12 años, está en su nivel más alto desde los años en estos dos países, según indica la autoridad de salud pública de Inglaterra (PHE por sus siglas en inglés).
En 2015 se registraron 17.586 casos de la infección.
Los analistas afirman que hay que remontarse al año 1967 -cuando se registraron 19.305 casos- para encontrar un número igual de alto.
"Durante los pasados cinco años ha habido más de 5.000 casos en Hong Kong, un aumento de 10 veces, y más de 100.000 casos en China", reveló el profesor Mark Walker, del Centro de Enfermedades Infecciosas Australianas y autor de un estudio publicado en Scientific Reports en noviembre de 2015.
"Un brote en Reino Unido ha resultado en 12.000 casos desde el año pasado (2014)", agregó.

600 casos por semana

La escarlatina, o fiebre escarlata, es una infección bacteriana causada porestreptococos del grupo A.
Se propaga con el contacto cercano de personas que tienen la bacteria -a menudo en la garganta- o por el contacto con objetos y superficies contaminadas con el patógeno.
NiñaImage copyrightThinkstock
Image captionLa escarlatina afecta principalmente a niños de entre 5 y 12 años.
La enfermedad se trata con antibióticos y es, por lo general, una enfermedad leve.
El síntoma clásico que presenta el trastorno es un tipo de sarpullido rojo de textura áspera en la piel y dolor de garganta.
La PHE está ahora preocupada porque se están presentando unos 600 casos a la semana en Inglaterra. Y se espera que el número se incremente durante la temporada típica de la infección en este país, que es entre fines de marzo y mediados de abril.
Los números, dice la PHE, han estado aumentando drásticamente en los últimos tres años.
En 2013 sólo se reportaron 4.642 casos en Inglaterra y Gales, pero éstos aumentaron 236% a 15.625 casos en 2014.
Un portavoz de la PHE indica que "no está claro" cuál es la razón de este aumento, pero agrega que "quizás refleja los ciclos naturales de incidencia a largo plazo que se ven en muchos tipos de infección".

Trastorno "antiguo"

La escarlatina fue una infección común en Inglaterra y Gales desde 1900 hasta lo años 30, una época en que llegaron a registrarse hasta 100.000 casos.
Desde entonces los números se han reducido de manera gradual, principalmente debido a la introducción de los antibióticos.
Sin embargo, en 2014 los expertos sanitarios comenzaron a ver un incremento significativo en los casos.
EscarlatinaImage copyrightSPL
Image captionUno de los síntomas es un sarpullido que se propaga a varias partes del cuerpo.
¿La razón?
Según el corresponsal de salud de la BBC, Dominic Howell, "la respuesta ha desconcertado a los analistas médicos, y no puede explicarse con el aumento en la población".
"Se han recogido muestras de análisis en varias partes del país y los expertos creen que no ha aparecido una nueva cepa de escarlatina".
"Los análisis también han revelado que la infección no se ha vuelto resistente a la penicilina, aunque esto se está estudiando detalladamente".
La explicación, afirma el corresponsal, sigue siendo un misterio.
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Escarlatina

  • La infección se trata con antibiótico para minimizar el riesgo de complicaciones.
  • No existe una vacuna específica para escarlatina.
  • Los síntomas incluyen dolor de garganta, dolor de cabeza, fiebre y un sarpullido rojo de textura áspera en el pecho y estómago que después se propaga a otras partes del cuerpo.
  • Si se sospecha la presencia de escarlatina se debe buscar ayuda médica para dar el tratamiento antibiótico sin retraso.
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Complicaciones

Los autores del estudio publicado en noviembre aseguran que el aumento es"muy preocupante", principalmente si el aumento se debe a una resistencia de la bacteria.
BacteriaImage copyrightSPL
Image captionLa escarlatina es causada por estreptococos del grupo A.
"Tenemos ahora una situación que podría cambiar la naturaleza de la enfermedad y hacerla resistente a un amplio espectro de tratamientos que normalmente se recetan para las infecciones del tracto respiratorio, como la escarlatina", afirmó Nouri Ben Zakour, una de las investigadoras que participaron en el estudio.
La infección puede tratarse con antibióticos.
Pero si no se le trata puede conducir a fiebre reumática, la cual puede dañar de forma permanente el corazón.
La doctora Theresa Lamagni, jefa del grupo de monitoreo de infecciones de estreptococo, explica a la BBC: "Los síntomas a menudo desparecen después de una semana y se resuelven sin complicaciones, siempre y cuando se complete el curso recomendado de antibióticos".
"Las complicaciones potenciales pueden incluir infección de oido, abscesos en la garganta y neumonía", agrega.
"Los pacientes que no muestran signos de mejora días después de comenzar el tratamiento deben buscar asesoría médica urgente".

viernes, 18 de marzo de 2016

EL SUEÑO DE LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA

Un circuito neuronal borra recuerdos de forma activa

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Científicos españoles han participado en un estudio que demuestra que existe un circuito cerebral particularmente relacionado con la eliminación de recuerdos. La investigación, realizada en gran parte con ratones manipulados genéticamente, indica que el doble mecanismo de memorización y olvido solo tiene lugar en el momento del aprendizaje.
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<p>Las tres rutas en el hipocampo parecen estar ligadas a diferentes aspectos del aprendizaje: la formación de recuerdos (verde), su recuperación (amarillo) y el olvido (rojo).</p>
Las tres rutas en el hipocampo parecen estar ligadas a diferentes aspectos del aprendizaje: la formación de recuerdos (verde), su recuperación (amarillo) y el olvido (rojo).
Aunque normalmente se asume que el cerebro es una estructura biológica diseñada para almacenar recuerdos, investigadores de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (UPO), y sendos grupos del European Molecular Biology Laboratory (EMBL) ubicados en Heidelberg (Alemania) y en Monterrotondo (Italia), han demostrado que existe un circuito cerebral particularmente relacionado con el borrado de recuerdos.
Aparentemente, aprender supone establecer nuevas asociaciones entre conceptos y situaciones diferentes, así como su recuerdo a lo largo del tiempo. A este respecto, el trabajo, publicado hoy en la revista Nature Communications, muestra que la información relacionada con la memoria adquirida entra en el hipocampo (una parte del cerebro relacionada con estos procesos) a través de tres rutas diferentes. 

La contribución más importante de este estudio es que la debilitación u olvido progresivo de lo aprendido cuando la vía principal está inactiva tiene lugar en una vía secundaria, que funciona en paralelo.
Si se bloquea la ruta principal no es posible aprender, pero si el aprendizaje ya está adquirido, el bloqueo de la ruta principal no impide la reactivación de lo aprendido, aunque sí debilita este recuerdo. “Esto quiere decir que esta inactivación produce el olvido progresivo de lo aprendido”, explica José María Delgado, investigador de la División de Neurociencias de la UPO. 
“Aunque los experimentos realizados son muy complejos, y han supuesto llevarlos a cabo durante casi cinco años, nos han llevado a la conclusión en este estudio de que este doble mecanismo de memorización y olvido solo tiene lugar en el momento del aprendizaje”, subraya Delgado, quien añade que si la vía principal de entrada de información en el hipocampo se bloquea, en ausencia de cualquier actividad identificable, no hay pérdida de memoria.
Cerebros con espacio limitado

Gran parte de este estudio ha sido realizado con ratones manipulados genéticamente, lo que tiene poca aplicabilidad directa o indirecta a la clínica neurológica; pero una parte importante del mismo ha sido dedicada al desarrollo de una sustancia química capaz de activar esta ruta de olvido sin necesidad de tan complicada ingeniería genética. Esta última línea de investigación, todavía en desarrollo, permitiría, de completarse satisfactoriamente, ayudar a la eliminación de recuerdos indeseados.
Según señala el investigador, una posible explicación a este interesante fenómeno es que, a fin de cuentas, el cerebro tiene un espacio funcional limitado, así que unos aprendizajes mejoran o simplemente sustituyen a otros aprendizajes anteriores. “Parece pues que para aprender nuevas asociaciones y funciones puede ser necesario olvidar otras anteriores”, apunta. 
Referencia bibliográfica:
Noelia Madroñal, José M. Delgado García, Azahara Fernández Guizán, Jayanta Chatterjee, Maja Köhn, Camilla Mattucci, Apar Jain, Theodoros Tsetsenis, Anna Illarionova, Valery Grinevich, Cornelius T. Gross y Agnès Gruart. Rapid erasure of hippocampal memory following inhibition of dentate gyrus granule cells. Nature Communications. DOI: 10.1038/NCOMMS10923

jueves, 17 de marzo de 2016

Descubierta la relación entre psoriasis y pérdida generalizada de masa ósea

.Investigadores del CNIO han relacionado por primera vez la psoriasis con el riesgo de pérdida generalizada de masa ósea. Los expertos han descrito cómo la proteína IL-17 actúa como un ‘mensajero’ entre la piel y el hueso. Estos resultados recomiendan monitorizar la masa ósea de los pacientes de psoriasis para seleccionar los tratamientos más adecuados en cada caso. El estudio podría tener implicaciones en otras enfermedades autoinmunes, como la enfermedad intestinal inflamatoria.
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<p class=" text-left">A la izquierda, imagen histológica de un hueso de ratón sano. A la derecha, hueso al que se le ha retirado el gen <em>JunB</em> de la epidermis y en el que se observa pérdida de tejido. <strong>/ </strong>CNIO</p>
A la izquierda, imagen histológica de un hueso de ratón sano. A la derecha, hueso al que se le ha retirado el gen JunB de la epidermis y en el que se observa pérdida de tejido. / CNIO
Científicos del Grupo de Genes, Desarrollo y Enfermedad que dirige Erwin Wagner en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han descubierto que los pacientes de psoriasis experimentan una pérdida de masa ósea generalizada a consecuencia de la enfermedad.
Además, el trabajo que publica la revista Science Translational Medicine describe el canal de comunicación molecular que se establece entre la piel y el hueso para provocar esta pérdida, lo cual permitirá tratarla con fármacos ya comercializados o que están en fases avanzadas de ensayos clínicos.
La psoriasis es un trastorno autoinmune de carácter crónico que afecta al 2% de la población mundial y a más de un millón de personas en España. Se caracteriza por la inflamación y descamación cutáneas, acompañadas de un mayor riesgo de padecer síndrome metabólico, que les predispone a patologías como obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares. Ahora, los investigadores del CNIO han descubierto una nueva característica de este trastorno inflamatorio.
“Hemos detectado que la psoriasis causa pérdida de tejido óseo de forma generalizada y progresiva”, explica Özge Uluçkan, primera firmante del trabajo. “No se trata de una destrucción acelerada del hueso, sino que, durante el ciclo de regeneración ósea, no se forma hueso a la suficiente velocidad para renovar el que se pierde, por lo que la masa ósea de los pacientes se reduce con el tiempo”.
El proceso tiene lugar mediante un mecanismo —que este estudio desvela— por el que se inhibe la actividad de los osteoblastos, las células que generan matriz ósea para que los huesos crezcan durante la niñez y juventud, y se mantengan en buenas condiciones en la edad adulta.
IL-17, canal de comunicación entre piel y hueso
wagner
Erwin Wagner, jefe del Grupo de Genes, Desarrollo y Enfermedad. /CNIO
En un estudio anterior (Meixner et al, Nat Cell Biol, 2008), el equipo de Erwin Wagner había generado un modelo de ratón al que se le había retirado el genJunB de los queratinocitos —células que forman la epidermis—, lo cual imita lo que ocurre en los trastornos inflamatorios cutáneos en humanos. Ahora han observado que este ratón experimenta pérdida de masa ósea.
Los investigadores comprobaron cómo las células inmunitarias de la piel de este modelo animal generaban grandes cantidades de la citocina IL-17 —proteína del sistema inmunitario que activa la inflamación celular en respuesta a daños—. IL-17 viaja por el torrente sanguíneo hasta los huesos.
Una vez allí, la proteína actúa sobre los osteoblastos e inhibe la actividad de Wnt, una vía de señalización celular que interviene en la formación del esqueleto y que está implicada en trastornos como la osteoporosis, la artrosis y el mieloma. Tratando a estos ratones con bloqueantes de IL-17, se recuperó la actividad normal de la vía Wnt y la formación de hueso.
Un segundo modelo de ratón al que se le había inducido la sobreexpresión de IL-17 también experimentó pérdida de masa ósea, demostrando que la desregulación de esta proteína es suficiente para producir este efecto.
Posteriormente trabajaron sobre un centenar de muestras humanas. A través de técnicas de tomografía computarizada periférica de alta resolución (XtremeCT) —un método de imagen conocido como biopsia ósea virtual— comprobaron que una gran mayoría de los pacientes con psoriasis presentaban pérdidas de masa ósea que se correlacionaban con un incremento en sangre de la citocina IL-17.
Implicaciones para otras enfermedades
Estas observaciones sugieren que los pacientes de psoriasis deberían ser monitorizados en función de esta pérdida de masa ósea, o de la presencia de altos niveles de estos factores en sangre.
“Tratar a los pacientes de psoriasis con agentes bloqueantes de IL-17 —algunos ya comercializados— podría tener un efecto beneficioso sobre la pérdida de tejido óseo, a diferencia de otros compuestos que solo tratarían la inflamación cutánea”, dice Uluçkan. También se están desarrollando anticuerpos que actúan sobre la vía de señalización Wnt como terapia para la osteoporosis, y que podrían mostrar utilidad en estos casos.
Los hallazgos de este estudio también podrían tener implicaciones para otras enfermedades autoinmunes. “IL-17 se ha convertido en un foco de atención para la investigación del sistema inmune. Su desregulación no solo está relacionada con la psoriasis, sino también con otras enfermedades como la artritis reumatoide, la enfermedad intestinal inflamatoria y la esclerosis múltiple. Algunas de ellas se han relacionado con pérdida de tejido óseo, como en el caso de la enfermedad intestinal inflamatoria, cuyos pacientes la sufren en el 70% de los casos”, explica Uluçkan. “Sería interesante investigar si IL-17 es responsable de este efecto secundario”.
Referencia bibliográfica:
Chronic skin inflammation leads to bone loss by IL-17-mediated inhibition of Wnt signaling in osteoblasts. Özge Uluçkan, Maria Jimenez, Susanne Karbach, Anke Jeschke, Osvaldo Graña, Johannes Keller, Björn Busse, Andrew L. Croxford, Stephanie Finzel, Marije Koenders, Wim Van Den Berg, Thorsten Schinke, Michael Amling, Ari Waisman, Georg Schett, Erwin F. Wagner. Science Translational Medicine (2016). doi: 10.1126/scitranslmed.aad8996
El trabajo se ha realizado en colaboración con las universidades alemanas de Mainz, Hamburgo y Erlangen-Nuremberg y la Unidad de Bioinformática del CNIO. Erwin Wagner ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad, la Fundación BBVA y el Consejo Europeo de Investigación (ERC), y Özge Uluçkan de EMBO, el Ministerio de Economía y Competitividad y ECTS-AMGEN.

miércoles, 16 de marzo de 2016

LA CONCHA DE LA LORA

Los inesperados beneficios de decir groserías



Composición de un cerebro y palabrotasImage copyrightOlivia Howitt
Image captionLas groserías las maneja una parte más profunda del cerebro.

Crecer con una hermana casi diez mayor que yo significó que, para cuando cumplí 10 años, podía decir palabrotas como lo haría un marinero.
Pero parece que más bien empecé tarde.
Investigaciones muestran que los niños comienzan a pronunciar groserías para cuando cumplen 6 años, o incluso antes.
También que tendemos a decirlas entre el 0,5 y el 0,7% de la veces, lo que equivale a decenas de palabrotas al día, dependiendo de cuánto hable la persona.
Es posible que usar groserías nos haga parecer maleducados y dignos de poca confianza, como intentaron enseñarnos nuestras madres.
Pero podría tener algunos beneficios sorprendentes: desde hacernos más persuasivos hasta ayudar a aliviar el dolor.

Más profundo en el cerebro

Es posible que decir palabrotas involucre una parte completamente distinta del cerebro que el resto del vocabulario
El cerebro las maneja diferente que el lenguaje ordinario, de acuerdo con Richard Stephens, psicólogo y autor de Black Sheep: Thehidden Benefits of Being Bad("Oveja negra: los beneficios ocultos de ser malo").
Mientras que la mayoría del lenguaje se ubicada en la corteza y en áreas específicas del lenguaje en el hemisferio izquierdo del cerebro, las groserías podrían estar asociadas a un área más vieja y rudimentaria de ese órgano.
"Las personas afásicas (afectadas por una pérdida o trastorno del habla) generalmente presentan daño en el hemisferio izquierdo y tienen dificultades para hablar. Pero hay muchos casos registrados de afásicos que pueden usar el lenguaje estereotípico de manera más fluida, es decir, pueden hacer cosas como cantar o decir palabrotas en forma fluida", dice el especialista.
"La investigación en personas que sufren del síndrome de Tourette, en el cual pronuncian groserías en forma repetida, sugiere que éstas pueden estar relacionadas con una estructura cerebral más profunda: los ganglios basales".

Lo que es y no es grosería

Claro está que las diferentes palabras que constituyen un tabú varían de cultura en cultura.

Una composición de un corazón y palabrotasImage copyrightOlivia Howitt
Image captionSegún ciertos estudios, decir palabrotas puede incrementar la tolerancia al dolor.

En inglés, por ejemplo, durante la Edad Media las palabras que describían partes del cuerpo no eran consideradas tan ofensivas.
"En las comunidades muy unidas la gente se veía desnuda con mucha más frecuencia, en una época en la que nadie gozaba de mucha privacidad", dice Melissa Mohr, autora de un libro reciente sobre groserías.
Eso cambió durante el Renacimiento, cuando los términos de naturaleza sexual ganaron más fuerza.
"En lugares donde no ocurrió la Revolución protestante, las groserías de tipo religioso son todavía más poderosas", explica Mohr.
Esto significa que en países como España o Italia insultar a figuras religiosas -o incluso artefactos- puede ser muy fuerte.
En las culturas asiáticas, muchas palabrotas están asociadas con estatus, con ancestros y con evitar la humillación.
"Existe el mito de que el japonés no contiene groserías", dice Mohr. "No solo hay palabras para casi todo en términos de sexo y excrementos, sino que los japoneses tienen muchos insultos relacionados con perder la dignidad. Así que llamar a alguién tonto -baka- es mucho peor en japonés que en inglés (o en español)".

¿Más persuasivo?

Investigaciones recientes muestran que decir groserías acarrera varios beneficios ocultos.
La ventaja más obvia es la posibilidad de comunicarse más efectivamente.

Composición del símbolo de Twitter y palabrotasImage copyrightOlivia Howitt
Image captionDecimos muchas más groserías por Internet.

Al decir palabrotas, no sólo comunicamos el significado de una frase, sino también nuestra respuesta emocional a ese significado. También nos permite expresar rabia, disgusto o dolor, o indicar que alguien debe apartarse, sin necesidad de utilizar la violencia física.
Estudios muestran que decir groserías puede incrementar la efectividad de un mensaje y hacerlo más persuasivo, especialmente cuando se considera una sorpresa positiva.
Incluso puede funcionar en ámbitos políticos.
Un estudio publicado en 2014 que analizó la reacción a entradas de blog creadas por un político ficticio encontró que cuando se usaban groserías se incrementaba la informalidad percibida y mejoraba la impresión que la gente tenía de la fuente (aunque si se les preguntaba directamente, las groserías no cambiaban la probabilidad de que las personas votaran por el político en cuestión).
Los investigadores también consideraron la posibilidad de que los hallazgos fueran específicos a la plataforma en que se publicada el blog (internet).
Esto tiene sentido tomando en cuenta que tendemos a decir más groserías online.
Un estudio exploratorio reciente encontró que los usuarios de Twitter decían groserías el 1,15& de las veces, un 64% más que en el lenguaje hablado.

Groserías y dolor

En una serie de estudios, Stephen y sus colegas ilustraron cómo las palabrotas pueden incrementar la tolerancia al dolor.

Composición de una mano y palabrotasImage copyrightOlivia Howitt
Image captionEn algunos contextos, decir palabrotas puede ser considerado una forma de cortesía.

Por ejemplo, un grupo de estudiantes que repetía una grosería fue capaz de mantener la mano en un cubo de agua helada más tiempo que aquellos que pronunciaban una palabra neutral.
"Además de haber un cambio en la tolerancia al dolor, también se registro un incremento en el ritmo cardiaco de los participantes. Cuando dices groserías se eleva tu ritmo cardiaco, lo que sugiere una respuesta emocional a las palabrotas en sí", dice Stephens.
"Esta respuesta es la respuesta de luchar o huir, y funciona como un analgésico".

Solidaridad

Las investigaciones también sugieren que el tamaño del beneficio potencial que puede obtenerse de decir groserías depende de cuán grande es el tabú asociado a la palabra, lo que probablemente depende de con cuánta frecuencia te amonestaron de pequeño por decirla.
Un estudio publicado en 2013 halló que personas que habían sido castigadas más veces en la infancia tenían una respuesta de conductancia cutánea (una categoría que mide excitación fisiológica) más alta cuando leían en voz alta una lista de groserías en el laboratorio.
Contrario a lo que se cree, decir groserías podría constituir una forma de cortesía.
Por ejemplo, un estudio en Nueva Zelanda examinó las interacciones y el uso de la palabra fuck ("coger" o "tirar") por parte de un grupo de trabajadores en una fábrica de jabón.
Los investigadores de la Universidad de Victoria en Wellington encontraron que aunque los trabajadores se decían groserías entre sí de manera regular no lo hacían tanto con colegas que pertenecían a equipos diferentes dentro de la organización.

Composición de una boca y unas palabrotasImage copyrightOlivita Howitt
Image captionLos estudios desafían la percepción de que las clases sociales más bajas dicen más groserías.

Los especialistas concluyeron en este contexto laboral, la palabrota se asociaba con expresiones de solidaridad y se usaba como una forma de unir a los miembros del equipo, suavizar las tensiones e igualar a sus integrantes con diferentes niveles de responsabilidad, "como si se estuvieran diciendo 'te conozco tanto, que puedo ser así de maleducado contigo'".

¿Quién dice más groserías?

También hay situaciones en las que claramente decir groserías es beneficioso. ¿Pero qué dice de quién las pronuncia?
Muchos de nosotros sabemos por experiencia que tendemos a controlarnos cuando estamos enfrente de nuestros jefes y nuestras abuelas; ser malhablado puede hacerte quedar mal.
Más específicamente, las personas muy groseras han sido calificadas de menos competentes y menos creíbles por investigaciones que se remontan a los años 70.
Felizmente para algunos, sin embargo, el cuadro es más complejo.
Investigaciones recientes también han desmentido la asunción de que decir groserías es necesariamente el resultado de pertenecer a una clase baja o a una falta de educación o de fluidez en el lenguaje.
Timothy Jay y sus colegas encontraron que la tendencia a decir groserías se correlacionaba con la fluidez verbal en forma más general, y no era el resultado de tener un vocabulario deficiente.

PalabrotasImage copyrightOther
Image captionDecir groserías satisface ciertas necesidades que todos tenemos como seres humanos.

Como argumenta Stephens en Black Sheep, una investigación de la Universidad de Lancaster, en Inglaterra, publicada en 2004, muestra que aunque decir palabrotas se reduce a medida que incrementa la clase social, las clases medias altas dicen groserías en forma significativamente más frecuente que las clases medias bajas, lo que sugiere que a cierta altura de la escalera social a la gente no le importan los efectos.
"Cuando todo el mundo se está portando bien, puedes hallarte en esa extraña situación en la que todos tratan de ser educados, nadie habla y nada pasa", dice.
"Si crees que la situación amerita un lenguaje un poco grosero, es posible que logres que se mueva un poco, aun cuando ésa no haya sido tu intención original".
Y puede haber todavía una lección más profunda.
"Las palabras tabú son universales", dice Mohr.
"Decir groserías satisface algunas de las necesidades que todos tenemos como humanos".
Recuerda eso la próxima vez que te des accidentalmente un martillazo en un dedo.

martes, 15 de marzo de 2016

Relacionan la hormona cortisol con una mayor agresividad en niños de 10 años.

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<p>El trabajo analiza si existen diferencias en la conducta agresiva a lo largo de dos años tanto en niños como en niñas. / <a href="https://www.flickr.com/photos/richteabiscuit/876248679/" target="_blank">Aislinn Ritchie</a></p>
El trabajo analiza si existen diferencias en la conducta agresiva a lo largo de dos años tanto en niños como en niñas. / Aislinn Ritchie
A lo largo de la vida de un niño se suceden numerosos cambios físicos y emocionales. De hecho, las manifestaciones de conducta agresiva se pueden observar a lo largo de toda la vida. Un nuevo estudio analiza ahora el efecto hormonal en dicho comportamiento que pueden desarrollar los chicos y chicas de ocho a diez años.
El objetivo de este trabajo fue examinar, por un lado, si existían diferencias en la conducta agresiva a lo largo de esos dos años tanto en niños como en niñas y, por otro, considerar, en el caso de que se observara algún cambio, si este podía ser explicado por el cambio hormonal. 
Los autores, entre los que se encuentra Eider Pascual-Sagastizabal, investigadora de la Universidad del País Vasco, midieron tres hormonas esteroides: testosterona, estradiol y cortisol. Los resultados mostraron que, efectivamente, había un cambio en los niveles de la conducta agresiva.
“Esto solo ocurrió en los chicos: a los diez eran más agresivos que a los ocho años. Sin embargo, las chicas no cambiaron sus niveles de agresividad entre estos dos periodos”, explica a Sinc Pascual-Sagastizabal.
Los expertos analizaron si los cambios en alguna de las hormonas medidas se asociaban con el cambio producido entre estas dos edades en la conducta agresiva, y encontraron que los sujetos que más habían incrementado sus niveles de agresión a los diez años eran aquellos cuyos niveles de cortisol también habían aumentado entre los dos periodos.
Por el contrario, los chicos que más habían disminuido sus niveles de agresividad al pasar de los ocho a los diez años fueron aquellos cuyos niveles de estradiol habían aumentado más entre las dos edades.

Los investigadores concluyen que este trabajo puede ayudar a la comprensión de los mecanismos biológicos que subyacen a la agresión, aportando más información sobre los diferentes efectos hormonales en la conducta agresiva en la edad escolar, en función del tipo de hormona y el sexo.
“Estos resultados parecen indicar un efecto hormonal en la diferente conducta agresiva en función del tipo de hormona: cortisol y estradiol. A mayor aumento de cortisol mayor conducta agresiva y a mayor aumento de estradiol menor conducta agresiva”, añade Pascual-Sagastizabal.
Muestra no representativa
En el trabajo participaron 90 niños (49 chicos y 41 chicas) de cuatro escuelas de primaria y cuenta con la limitación de que la muestra no es representativa.
“El objetivo de esta investigación no era buscar la representatividad de la muestra, sino estudiar la relación entre hormonas y conducta en un estudio semilongitudinal en una muestra de ocho a diez años. En estos casos es muy difícil trabajar con muestras muy grandes”, subraya.
Los expertos en este campo conocen perfectamente las dificultades de este tipo de estudios. “La no representatividad de la muestra no interfiere con la rigurosidad del trabajo”, apunta Eider Pascual-Sagastizabal. “Eso sí, hacen faltan más investigaciones que lo corroboren”, zanja.
Referencia bibliográfica:
Aitziber Azurmendi, Eider Pascual-Sagastizabal, Ana I. Vergara, Jose M. Muñoz, Paloma Braza, Rosario Carreras, Francisco Braza, Jose R. Sánchez-Martín. "Developmental Trajectories of Aggressive Behavior in Children from Ages 8 to 10: The Role of Sex and Hormones". American Journal of Human Biology 28:90–97 (2016)