miércoles, 25 de mayo de 2016

ALGUIEN QUE LO LLEVE AL MANICOMIO....PLEASE!!!!!!

Mariano Rajoy en Salvados.
PSICOLOGÍA

¿Tiene Rajoy un trastorno

 paranoide?

Desde Hitler a Sarkozy, son muchos los políticos que han caído víctimas 
de su soberbia ¿padece de hubris nuestro presidente en funciones?



Numerosos personajes a lo largo de la historia han perdido el contacto con la realidad una vez han alcanzado el poder político. Víctimas de su propia soberbia, cayeron en las garras del síndrome de hubris, un trastorno paranoide cuya existencia data de los albores de la primera democracia. Los antiguos griegos utilizaban el término de hibris para referirse a aquellos héroes que, borrachos de éxito y de adulaciones, se habían transformado en tiranos despreciables una vez habían hecho acopio de todo el poder posible.
Y es que ya lo decía el célebre historiador Lord Acton, "el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente". Partiendo de la base de que éste puede llegar a transformarse en una enfermedad en las manos equivocadas, podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que el gen infeccioso que causa la patología es el hubris. Aunque los atenienses lo utilizaron inicialmente como un concepto moral, por desgracia pronto se incorporó a su vocabulario habitual. Atónitos, veían como sus líderes cambiaban sus nobles propósitos por un ego desmedido y una arrogancia intolerable.
El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente
En 2008, el político y neurólogo británico David Owen publicó: En el poder y en la enfermedad: enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien añosun libro donde analizaba en profundidad la psique y la salud física de algunos mandatarios de la historia. Las conclusiones del exhaustivo análisis realizado por el científico británico daban lugar a pensar que la materia gris de nuestros gobernantes queda en un estado realmente lamentable. "En muchos jefes de Estado, la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que les conducen a la grandiosidad, al narcisisimo y a un comportamiento irresponsable. Los líderes que padecen este síndrome hubris 'político' se creen capaces de llevar a cabo grandes obras, creen saberlo todo, tener la solución a todos los problemas y tienden a operar más allá de los límites de la moral ordinaria".
Tres años después, Owen establecía los elementos psiquiátricos que caracterizaban este trastorno paranoide en un segundo libro: El síndrome hubris: Bush, Blair y la intoxicación del poder. Según el científico británico, quienes padecen esta enfermedad "comienzan con una megalomanía instaurada y terminan con una paranoia acentuada.”
¿Tiene Rajoy el síndrome de hubris?
Para averiguarlo necesitamos dos cosas: conocer si la actitud del presidente en funciones sigue un patrón paranoide y contrastar los resultados con un par de expertos. Y por supuesto, en ELPLURAL.COM hemos hecho ambas cosas. Vayamos por partes.
Como un buen lector avispado, ya habrás hecho un análisis mental con la breve descripción que te hemos facilitado del síndrome. A priori, posiblemente te encajen más con este perfil personajes como Putin y su egocentrismo, Sarkozyy sus ansias de protagonismo o Miterrand, quién dejó impreso su hubris para la posteridad en las obras farónicas que realizó durante el ejercicio de su poder. Pero seamos serios: ¿Rajoy puede encajar en este perfil?
Los afectados por esta conducta paranoide suelen interpretar todo con un sesgo de lo más egocéntrico, ya estén hablando de un tema tan banal como el vino o de gran trascendencia como recortes sociales que perjudicarán seriamente a la sociedad. Otro de los síntomas y quizás el que más hace dudar a la hora de saber si el presidente en funciones está enfermo de poder como lo estuvo Hitler, Stalin o Napoleón, es que esta clase de sujetos suelen demostrar una confianza desmedida en sí mismos y se sienten muy superiores a los demás. Aquí ya hay uno que evidentemente no nos cuadra.

Otro de los síntomas que ponen en evidencia esta conducta paranoide es pensar que
 todo aquel que no opine como tú está contra ti. Si tenemos en cuenta este dato tendríamos que poner en tratamiento provisional a todo el hemiciclo y luego ya ir viendo a quién damos el alta, así que pasemos al siguiente. Además de creerse superiores a los demás, le dan una gran importancia a su imagen, no escuchan la opinión de otros, sienten que alguien les hailuminado para realizar su labor y, aunque se equivocan, nunca son capaces de reconocerlo. Además, la pérdida de su poder les provoca una gran frustración que canalizan a traves de la rabia y el rencor.
No debe extrañarnos que un gran número de gobernantes hayan sufrido los estragos del poder, pues es, al fin y al cabo, la materia prima con la que trabajan diariamente. Además, la primera etapa de la enfermedad se da una vez cruzan la puerta del despacho presidencial, cuando se ven rodeados de aduladores que vanaglorian cualquier gesto que haga el amado líder. Después, cuando se han acostumbrado al goce de sentirse un dios en miniatura (véase Aznar), pasan a un segundo estadio del trastorno, momento en que no permiten que nadie ponga en duda sus opiniones e instruccionesCómo decidir embarcarse en una guerra injusta cuando tu pueblo entero clama a gritos por la paz o preparar una boda en El Escorial a tu hija de lo más principesca (también conocido como "síndrome monclovita").
Pero como decíamos anteriormente, son muchos los líderes que encajan con este trastorno, pero en el caso de Rajoy existe una duda razonable. Por ello, en ELPLURAL.COM contactamos con dos psicólogos que intentarán ayudarnos a resolver nuestras dudas.
¿Qué pasa dentro de la cabeza de Rajoy?
Según nos explica el psicólogo clínico Carlos Ramos Gascón, "las personas que tienen una demostrada veteranía en la esfera política no suelen presentar especiales rasgos psicopatológicos, salvo algunos casos particulares y políticos de tendencias extremistas. No veo en Rajoy a un político que tenga una especial ambición y aferramiento al poder, sino más bien a un hombre pragmático. Sabe que es un líder carente de carisma, de gancho popular, como sí lo tuvieron en su momento y en mayor o menor medida Adolfo Suárez o Felipe González". 
El psicólogo madrileño Juan Sánchez llega a las mismas conclusiones que Ramos, aunque sí ve algunas advertencias que deberían llevar al presidente en funciones a preocuparse más por su salud mental. "Creo que Rajoy aún no tiene una conducta paranoide, pero sí muestra signos de un Trastorno por evitación experiencial (TEE)". Este trastorno, según el profesor Steven C. Hayes, "es uno de los peores procesos psicológicos que la ciencia ha estudiado: 'si no lo quieres, lo tendrás'". Suele presentarse cuando las personas no están dispuestas a estar en contacto con experiencias aversivas, ya se trate de emociones, pensamientos o conductas, y tratan de evitarlas a toda costa. Esta actitud provoca una paradoja, ya que la intención de esconder la cabeza como un avestruz ante los problemas hace que estos estén cada vez más presentes."Para comprobar la certeza de este problema haz una pequeña prueba. Piensa en un elefante blanco durante tres segundos ¿lo tienes? Ahora trata de dejar de pensar en él, ¿a qué no puedes? Pues sustituye a los elefantes blancos por un montón de dinosauriosllenando sobres de dinero de forma ilícita. Sin duda es más fácil dejar de pensar en bellos paquidermos ¿verdad?
Lo peor viene cuando uno pasa demasiado tiempo en estas tensas circunstancias. Según explica Sánchez, "las consecuencias de la evitación cuando se convierte en patología pueden ser muy graves y causar mucho sufrimiento a las personas. Depresión, ansiedad, delirios, fobias, los afectados pueden perder la perspectiva y actuar en contra de sus propios valores. La evitación experiencial siempre tiene un plan para evitar los eventos aversivos".
¿Por qué pensar que Rajoy lo padece en silencio? Sánchez lo tiene claro: "haciendo un análisis superficial de Mariano Rajoy no es dificil concluir que cuando suena el río... Contestar a la gallega con otra pregunta, hacer una rueda de prensa detrás de una pantalla de plasma, no saber que en su partido hayvarios cestos de manzanas podridas, no saber que su propia sede quizá esté pagada con dinero negro, no comparecer en el Congreso por que dice que están en funciones, decir que los debates electorales son muy agotadores y que a nadie le apetece prepararlos y por este motivo preferir no participar en ellos,recriminar a los periodistas que solo se fijan en lo malo y no en lo bueno, etc,. son actos de evitación de libro".
Además, por desgracia se da el caso de que los seres humanos podemos padecer varios trastornos a la vez, algo que se conoce como comorbilidad. "Este tiene pinta de ser uno de los que quizá acompañe a nuestro presidente", matiza Sánchez. "En mi opinión, si a Mariano Rajoy le faltara el apoyo de su partido, psicosis paranoide sería otro".

martes, 24 de mayo de 2016

PUEDE ALGUIEN SUICIDARSE DOS VECES?

El suicidio

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 Por Horacio González

El suicidio es un acto donde se manifiestan, en un último residuo de voluntad, los signos de disonancia profunda sobre la existencia propia. Esto parece que lo explica todo, pero no sin relacionarlo con otros signos más inescrutables, que ya no explican nada. Son los que sumergen al suicida en un espacio hermético o indescifrable, pues siempre quiere decirle algo a sus contemporáneos, a sus conocidos, a su familia, a la justicia o al Estado. El no deseo de vida y enjuiciarse a sí mismo como no merecedor de seguir gozándola, implica un tipo especial de culpa o aceptación del más alto precio que se paga para enviar el póstumo mensaje de socorro o de resarcimiento. A veces el suicida busca un final patético para provocar un espejismo artístico muy lúgubre, pues imagina una estética ruinosa como mortaja para su propia muerte. Su voluntad será puesta en duda y quizás pueda seguir llamándosela así aunque el perito le ponga el nombre de arrebato y dictamine “enfermedad”. Por supuesto, hay diferentes tipos de suicidio; los jueces y escritores avezados lo saben. Rodolfo Walsh, en su cuento “Nota al pie”, trata el suicidio del traductor León de Santis como el de alguien que decide matarse para darle valor a su último escrito, no una traducción sino una nota sobre su vida y sobre el callejón sin salida del acto de traducir. Es un suicidio literario, una imputación del hombre rutinario (que ahora deja de serlo) hacia los empleadores, que son apenas indiferentes y reciben ahora la impugnación del suicida.
Episodios de suicidio como este tienen tanta irreductibilidad, que nunca podrían encuadrarse en las tablas estadísticas y categorizaciones que presenta Durkheim en su conocido libro El suicidio. Allí dice que “en cualquier momento dado la constitución moral de la sociedad establecía el contingente de muertes voluntarias”. Extraña frase, la sociedad es la que determinaría quienes habrán de suicidarse y la categoría bajo la cual lo hacen. En los suicidas se demostraría una causa necesaria en “la constitución moral del sociedad”, pero su acto mortal sería imprescindible para asegurar el funcionamiento colectivo. Es así que las estadísticas, cada año, originan “legiones de suicidas” catalogados según la mayor o menor presencia que tenía en ellos “la moral colectiva”. Es así que las tablas estadísticas de suicidas tienen el poder de realizar esa llamada, año tras año, para que los diferentes tipos de suicidio se vayan engrosando hasta los límites necesarios. Extrañamente, las estadísticas representan una fuerza colectiva de energía propia, que se aloja en cada individuo para que cumpla con las cifras reclamadas por los catálogos “en nombre de la sociedad”. Se precisan cuotas de individuos que inevitablemente cumplan con los porcentajes y modalidades de suicidio imprescindibles a cada período. Las estadísticas, en Durkheim acaban siendo un acto del destino. Los destinos individuales los traza la trama moral de la sociedad. No parece que esta idea pueda explicar la infinidad de suicidios existentes, que quizás sean el mojón limítrofe de la ética, aunque no de la filosofía, como suponía Camus.
No son aptos para la clasificación los suicidios que implican “pactos” para rehusar lo que se imagina que sería una vida de insoportable, tanto en la senectud como en la clausura de un camino político que se piensa como fracaso y quizás se torne memoria vital si el interesado se convierte en kamikaze. ¿Cómo explicar el suicidio del cubano Paul Laffargue, que junto con su esposa Laura Marx, hija del autor de El Capital, conciertan mutuamente su muerte ante el fantasma de la vejez? Este suicidio origina un atónito rastro de congoja en las filas de lo que entonces eran los incipientes partidos socialdemócratas-marxistas de Europa y Rusia. Otro cubano, Chibás, el político más popular de la isla, fundador de un partido que contaba con las simpatías del joven Fidel Castro, se suicida en 1951 –ante una acusación de corrupción gubernamental para la que, parece, no tenía las pruebas necesarias–, al finalizar su programa de radio. Antes lee un famoso alegato, “El último aldabonazo”. Se dispara un tiro en el vientre luego de terminada la lectura de su manifiesto leído en la transmisión radial. En la teatralidad del acto suicida, es difícil alcanzar ese punto de conjunción entre lo político convertido en íntima desazón y el aleccionamiento que significaría un disparo que podría ser escuchado por miles de oyentes. El disparo de Alem en su carruaje no fue escuchado por el conductor del vehículo, pero no estuvo exento de singular dramaturgia. Entraba a comer al “Club del Progreso” un ilustre cadáver con su frase perdurable: “Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir”.
En un libro de Janik y Toulmin, La Viena de Wittgenstein, se toma bastante en serio aquel misticismo estadístico insospechado de Durkheim, y se dice que en la época de los Habsburgo, en el Imperio Austro Húngaro, se suicidan –y la lista es larga– Ludwig Boltzmann, padre de la termodinámica; Otto Mahler, hermano del compositor; Georg Trakl, el gran poeta, Otto Weininger, escritor del excepcional libro Sexo y carácter, tres de los hermanos mayores de Wittgenstein; el general Von Uchtalius, diseñador de novedosos cañones; el Príncipe Rodolfo y la baronesa María (“Los amantes de Mayerling”) y el bien conocido Coronel Redl. Años después –fuera de la atmósfera del Imperio Austro Húngaro–, lo hará el austriaco Stefan Zweig, en 1940, en Brasil, ciudad de Petrópolis. Zweig estaba atormentado por la guerra, y se gana la reprobación post-mortem de Thomas Mann. No hay que suicidarse ante los males del mundo, hay que señalarlos virilmente.
Pero volviendo a la primera década del siglo XX, en Austria-Hungría se había suicidado el jefe de inteligencia del Imperio, el mencionado coronel Redl. Sobre el caso, hay una obra de teatro de John Osborne, A patriot for me, y la interesante película (1984) de Itzvan Szabó, Coronel Redl, con una escenografía impresionante para la escena de suicidio. Con lo impreciso que es este término, se trató de un “suicidio inducido”, pues Redl era el jefe de Inteligencia del Reino y no conformaba a los Habsburgo, descubriéndose luego que trabajaba para la agencia secreta de Zar de Rusia, la oscuramente célebre Ojrana. El Estado Mayor Austro-Húngaro, consciente de la gravedad de la situación, presentó el suicidio como un arrebato de culpa originado en la homosexualidad del Coronel, para encubrir lo que realmente importaba bastante más, que eran los actos de espionaje por los que Redl pasó todos los planes militares del Imperio a la inminente enemiga: Rusia.
Es absurdo catalogar suicidios, pues el suicidio llamado “inducido” coincide a veces con el denominado suicidio “altruista” u “honorífico”. Ante el develamiento de un secreto insostenible, al culpado se le entrega una pistola y una bala. No la pide, pero el círculo de hierro que se cierra sobre él, no le deja salida. Y procede ante sus “culpas de Estado”, lo que da el pobre consuelo sociológico del “suicidio filantrópico”. El sentimiento de “no ver salida” tiene ánimos políticos, económicos o simplemente mórbidos. Sobre el suicidio de Esenin (1929), León Trotsky escribió una de sus tantas magníficas semblanzas, muchas de las cuales contienen una extraña reflexión sobre este evento fatal. “Duro es nuestro tiempo, quizás sea uno de los más duros en la historia de la humanidad llamada civilizada. El revolucionario nacido para estas décadas está imbuido de un patriotismo furioso, por su época, que es su patria y su tiempo. Esenin no era un revolucionario. El poeta no era ajeno a la revolución, pero no era afín a ella; el autor de Pugachov y de la Balada de los veintiséis era un lírico en extremo íntimo. Pero nuestra época no es lírica. Esta es la causa por la que Sergéi Esenin, por propia cuenta y tan temprano, se ha ido lejos de nosotros y de su tiempo; el poeta ha muerto porque no era afín a la revolución” (Trotsky, Literatura y sociedad).
Esenin eligió ahorcarse. Hay un ligero punto de contacto con la idea sociológica de que el suicidio ocurre si la sociedad se retira demasiado (o a la inversa, si se imprime demasiado) en la conciencia del suicida. Solo que a diferencia de Durkheim, que ve al mundo como una regla moral objetiva, Trotsky ve otro tipo de diferendo entre un nivel colectivo revolucionario, y las conciencias líricas que intentan alcanzarlo, aunque no puedan superar un distancia, donde se aloja una punzante perplejidad, en última instancia, el suicidio.
No algo muy diferente dice Trotsky sobre el suicidio de Maiacovsky. “La barca se rompió contra la vida cotidiana”, dice Maiacovsky sobre su vida íntima, en sus últimos versos. Y Trotsty concluye que la vida cotidiana de Maiacovsky le arrojaba golpes que no eran posibles de interceptar elevando su potencia lírica. Por eso las contradicciones entre una literatura regenteada por comisariatos culturales y su vida personal, hayan sido resueltas –conjetura Trostky–, enviando “su barca al fondo”. Los personajes del Estado (de la “literatura burocrática”) dictaminaron el “caos personal” del poeta, que nada tendría que ver con su vida poética. En cambio, Trotsky concluye que el suicidio de Maiacovski –semejante al de Esenin–, se aloja en la distancia histórica entre su vida poética y lo que impedían las fórmulas prejuiciosas del Estado.
Hay algo casi imperceptible que liga la idea de suicidio de Durkheim a la de Trostky. Ninguno le atribuye importancia a los que las generaciones anteriores habían considerado como el suicidio por desesperación amorosa, y como en todo suicidio, con su recado de sutil castigo a la dama que no supo romper con su pequeño mundo burgués. Es el caso de “Werther”, que para nada es tenido en cuenta por el mencionado sociólogo y el mencionado revolucionario, pues en un suicidio siempre interviene un obstáculo social mal resuelto y un deseo recóndito de impugnar el mundo. Pero en el caso de estos dos pensadores –tan diferentes entre sí–, el suicida, finalmente, tiene la cualidad de ser un personaje del destino político y social antes que del destino amoroso. No sabemos a quién le va a tocar, pero es el convocado por las turbias fisuras de la sociedad. Sea la “burguesa” o la “revolucionaria”. Demostraría así que un mundo que parece ensamblado bajo culturas homogéneas se caracteriza por toda clase de depresiones, desconocidas energías y hendiduras solitarias contra las que el desesperado quiere vociferar, con su último acto, diciendo que alguien tiene que pagar las culpas, sean o no sean propias.Trostky también destina largas páginas a interpretar el destino de Joffe, un colaborador suyo que aún seguía en funciones en el Kremlin, y que en su carta de suicida deja un tajante testimonio: años antes había escuchado en la propia voz de Lenin, decir que “en 1905 Trostky tenía razón”. El suicida, que también estaba enfermo, había escrito en su carta una frase que pertenecía a los secretos de Estado.
En la suicidogenia argentina, Erdosain paga su culpa, pero su suicidio es una acusación. En el suicidio de Lugones, posterior al de Erdosain, también hay una recriminación con la forma de una herida arrogante, que emite un quejido despechado y despectivo. A Macedonio Fernández lo había impresionado mucho el suicidio de Lugones. Escribe que Lugones se había entregado a ese “fragmento fatal de tiempo” donde se abisma el suicida, por lo que postulaba las leyes del “longevismo”, el máximo esfuerzo del hombre contra la sociedad armada de un revólver que se “introduce en su psique”. Macedonio había leído a Durkheim cuando joven, y sin abandonarlo nunca, lo pone cabeza abajo. Igual que Artaud con Van Gogh, el “suicidado por la sociedad”.
Tratar de impedir un suicidio es tarea conocida. Sea el caso del literato que tardíamente le aconseja no hacerlo al vate nacional, sacrificado por su propia mano desdeñosa; sea el caso del policía de San Francisco que corre para detener al que quiere arrojarse del Golden Gate (en la Torre Eiffel hace tiempo hay parapetos antisuicidas, como en tantos otros lados, por ejemplo, en transportes subterráneos o altos edificios famosos). A la tarea suicida, todas las iglesias mundiales la encaran ceñudamente. Difícilmente se apartan de un comprensible silogismo: el suicida atenta contra algo más que sí mismo; quiere competir con el Creador al intervenir tan soberanamente en su vida, sintiéndose dispensado para quitársela. Pero poco sabemos de los pasos sucesivos que un hombre va dando en su recorrido hacia su suicidio. Los da sin interpretarse a sí mismo y desconociendo, como es obvio, cómo esos actos se van encadenando involuntariamente en una conciencia enjaulada que se quiere libre. Pero un domingo específico, un día póstumo señalado, desde las secretas sociedades en que podía estar involucrado, surgen llamados que le evocan incorpóreas prisiones, que atraen toques a su puerta que él mismo demanda y que le acercan un arma defectuosa aunque propicia. Son llamados que se le destinan desde la trama que él mismo conocía demasiado, y siente que no tiene otra salida que dirigir el disparo contra sí mismo para que resuene en los residuos de esa culpa que no atina a ver en él, o que difusa y arbitrariamente intuye retrospectivamente en lo que fueron sus propios itinerarios. Alguien dijo que la existencia es hacer algo con aquello a que nos incitan. ¿La libertad no es inducir otra cosa sobre esos mismos destinos a los que se nos induce? Los suicidios suponen –el suicidio de Nisman supone– que hay veces que se llega tarde a esta comprobación.

Tener bebés indefensos hizo a los humanos más inteligentes

Un cerebro grande lleva a un nacimiento temprano y a un niño vulnerable, lo que a su vez requiere de unos padres especialmente evolucionados para cuidarlo.

La inteligencia humana podría haber evolucionado en respuesta a la demanda del cuidado de los hijos - Archivo


Los bebés humanos llegan al mundo mucho más indefensos que las criaturas de otras especies. Mientras que nuestros hijos son completamente dependientes y ni siquiera pueden sostener su propia cabeza, las crías de jirafa, por ejemplo, son capaces de levantarse, caminar alrededor e incluso huir de un posible depredador tan solo unas pocas horas después de nacer. Esta forma tan inmadura de empezar la vida ha llevado a investigadores de la Universidad de Rochester a una curiosa hipótesis sobre la inteligencia humana. Según su estudio, publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), la inteligencia de nuestra especie podría haber evolucionado en respuesta a las demandas del cuidado de los hijos.
«Nuestra teoría es que hay una especie de ciclo que se autorefuerza, donde un cerebro grande lleva a una prole muy prematura (para que la cabeza del niño quepa por el canal del parto) y la descendencia muy prematura lleva a que los padres tengan que tener grandes cerebros. Lo que muestra nuestro modelo es que esa dinámica puede resultar en una presión desbocada para padres extremadamente inteligentes e hijos extremadamente tempranos», explica Steven Piantadosi, uno de los autores del estudio.
En otras palabras, como los humanos tienen cerebros relativamente grandes, sus hijos deben nacer pronto en su desarrollo, mientras su cabeza todavía es lo suficientemente pequeña para un parto seguro a través del estrecho canal de nacimiento. Esos nacimientos tempranos, sin embargo, implican que los pequeños sean dependientes durante mucho más tiempo que otros primates, y unos niños tan vulnerables requieren padres inteligentes que puedan estar atentos a sus cuidados. Como resultado, las presiones selectivas para cerebros grandes y nacimientos tempranos se han reforzado, creando una especie como la humana con habilidades cognitivas cualitativamente diferentes de otros animales.
Teoría de la mente
Los humanos tienen un tipo único de inteligencia. Son buenos en razonamiento social y algo llamado "teoría de la mente", la habilidad de anticipar las necesidades de otros, y de reconocer que esas necesidades pueden no ser las mismas que las nuestras», dice Celeste Kidd, también responsable del estudio. «Y esto es especialmente útil cuando se cuida de un niño que no es capaz de hablar durante un par de años».
«Hay teorías alternativas de por qué los humanos son tan inteligentes. Muchas de ellas se basan en factores como vivir en un ambiente duro o la caza en grupos», dice Piantadosi. «Uno de los rompecabezas de motivación de nuestra investigación era pensar en esas teorías y tratar de ver por qué predicen específicamente que los primates o mamíferos deban ser tan inteligentes, en lugar de otras especies que enfrentan presiones similares».
Para los investigadores, la clave es parir crías vivas. Según explican, la inteligencia requiere tanto del parto de un único hijo como de un cerebro grande, rasgos distintivos de los mamíferos superiores.
«Nuestra teoría explica por qué los primates desarrollaron unasuperinteligencia, pero los dinosaurios, que se enfrentaron a muchas de las mismas presiones ambientales y tuvieron más tiempo, no lo hicieron. Los dinosaurios maduraban en huevos, así que no había vinculación entre la inteligencia y la inmadurez infantil en el nacimiento», dice Kidd.

lunes, 23 de mayo de 2016

El cerebro argentino y un

 país mejor

Neurólogo rector de la Universidad Favaloro, Facundo Manes ha logrado, a través de la neurociencia, trascender la medicina y, tal como lo confirmó su presencia en la Feria del Libro 2016 ya es un personaje popular. Algunos especulan con un objetivo de incursionar, en breve, en lo público. Luego de su texto "Usar el Cerebro", Manes regresa con otro libro, "El Cerebro Argentino", otra vez junto al licenciado en Letras, Mateo Niro, docente de Semiología y Sociolingüística mientras concluye su doctorado en Geopolítica. Hay una frase de ambos, muy importante para entender la realidad: "Existe cada vez mayor evidencia neurocientífica de que lo que percibimos no es lo que es el mundo en sí sino un modelo y una predicción de lo que nuestro cerebro cree que el mundo debería ser". El concepto debería llevarnos a la prudencia y la discreción como norma de vida. Manes tiene grandes expectativas, sin embargo, sobre las posibilidades de la sociedad argentina, e insiste en la necesidad de buscar la excelencia educativa. Habría que considerar, sin embargo, que Manes y su copiloto apuntan a lo correcto pero olvidan una etapa previa: la vagancia es una forma de vida de muchos jóvenes argentinos, y habría que reenfocar (ya sea recuperar o modificar) sus hábitos, normas y valores antes de incorporarles conocimiento... para no fracasar en el intento. De todos modos, es válido el planteo y aquí va un fragmento de su capítulo "Una manera de pensar, dialogar y hacer un país mejor".

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LA MEDICINA ES UN NEGOCIO DEL PP

El Roto

domingo, 22 de mayo de 2016

LA MALA FOLLA O ESTAR "MAL COJIDA"

Especialistas aseguran 

que asociar la falta de 

relaciones sexuales al 

malhumor es "un mito 

machista"

DIFERENTES ESPECIALISTAS EXPLICARON EN DECLARACIONES A
 TÉLAM QUE LA ASOCIACIÓN LINEAL ENTRE EL MAL HUMOR Y LA
 FALTA DE RELACIONES ES "UN MITO MACHISTA" QUE NO TIENE
 NINGÚN BASAMENTO CIENTÍFICO Y QUE IGNORA EL COMPONENTE
 PSICOSOCIAL QUE TIENE LA SEXUALIDAD HUMANA.
por Natalia Concina

La asociación lineal entre el mal humor y la falta de relaciones sexuales, cuyo mayor prejuicio pesa más sobre las mujeres, es "un mito machista" que no tiene ningún basamento científico y que ignora el componente psicosocial que tiene la sexualidad humana, aseguraron especialistas.

"Decir que una mujer, o un hombre, pero en general recae más sobre el género femenino, está de mal humor porque no tuvo sexo es un mito machista, una justificación que el hombre usa para asaltar la voluntad de la mujer", afirmó a Télam el psiquiatra y sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff.

Y continuó: "El planteo en esos términos es reduccionista, porque establece una vinculación lineal en procesos que son multicausales, pero además que no son necesarios. Es decir, una persona que no tiene relaciones sexuales puede o no estar más tenso o de peor humor".

En la misma línea, el psiquiatra y sexólogo clínico Adrián Sapetti -ex Presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH)-, señaló que "las consecuencias sobre la persona de la falta de actividad sexual van a depender del origen de esa abstinencia, si se trata de una elección o de una situación forzada".

"Existen problemas orgánicos que pueden disminuir el deseo, como estar con algún tratamiento farmacológico o cambios hormonales como en el hombre puede ser la andropausia. Esto disminuye el deseo y la persona puede estar angustiada, tensa y estresada pero como consecuencia de la falta de actividad sexual, sino de un cuadro más amplio", sostuvo Sapetti, quien publicó recientemente el libro “Historias de Amor y Desamor”.

Por su parte, el médico y psicoanalista Juan Eduardo Tesone -miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), señaló que "la sexualidad humana es una psicosexualidad, no es un instinto como los animales sino una pulsión, entonces, por ejemplo, una persona con depresión es probable que no tenga ganas de tener relaciones sexuales".

"En ese caso, por ejemplo, uno puede encontrar que esa persona está hipersensible, irritable pero no es por la falta de relaciones sexuales, aunque esta situación quizás retroalimente su depresión", describió.

Tesone criticó este mito que vincula el mal humor con la falta de relaciones sexuales a partir de la teoría psiconalítica: "Reducir la sexualidad a la genitalidad es un error. Para el psicoanálisis todo el cuerpo puede ser erógeno. Por ejemplo, comer, puede generar una gran satisfacción del autoerotismo".

"En efecto, una persona puede tener relaciones sexuales que no sean satisfactorias y entonces en lugar de estar 'más relajado' estará más tenso, más deprimido, más frustrado", indicó.

Si bien la falta de relaciones sexuales no sería entonces la explicación para las malas caras, tenerlas en forma plena y placentera tiene algunos beneficios que todos los especialistas mencionaron.

"Si se piensa como una actividad física, tener relaciones sexuales aumenta la frecuencia cardíaca y hay estudios que han demostrado que disminuye el riesgo cardiovascular, como sucede con cualquier actividad aeróbica", sostuvo Tesone.

Ahora bien, a nivel del sistema nervioso, durante las relaciones sexuales y en el orgasmo, Sapetti explicó que "aumentan algunas hormonas como la testosterona y se liberan neurotransmisores llamados endorfinas, todo esto mejora el ánimo, relaja y favorece el sueño".

"Por esto decimos que el sexo en ansiolítico y antidepresivo, porque actúa a nivel de los neurotransmisores y de hormonas como la oxitocina -añadió por su parte Kusnetzoff- pero esto no se logra sólo con el coito, una simple caricia también puede generar esas transformaciones físicas".

El especialista añadió que "durante el sexo hay una tensión que crece hasta un punto y luego una descarga de esa tensión, eso provoca una gran satisfacción".

"Pero -continuó- hay otras situaciones que pueden también pueden provocar sensaciones equivalentes al orgasmo. Por ejemplo, uno está un día de mucho frío, con hambre, haciendo trámites por la calle y llega a la casa, calefaccionada y hay sobre la mesa un plato de comida caliente".

Y concluyó: "Lo que sí permite la relación sexual es la recuperación de un lenguaje no verbal que las personas perdemos a los siete u ocho meses, y en este sentido la genitalidad nos conecta con una oralidad primitiva
".


Identificada una mutación genética en la mitocondria 
asociada con la migraña


Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha identificado una mutación genética asociada a la migraña. Esta alteración afecta al gen nuclear ACSL5, implicado en la activación de los ácidos grasos en la mitocondria para después utilizarlos en la obtención de combustible molecular y de otros elementos que regulan aspectos esenciales de la célula, como su crecimiento, diferenciación y muerte. Los resultados, publicados en la revista European Journal of Human Genetics, podrían explicar  la implicación de la mitocondria y la deficiencia energética presente en, al menos, ciertos tipos de migraña y de otras enfermedades, especialmente neurológicas
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sábado, 21 de mayo de 2016

NO DAN LA TETA,NO PAREN,FOLLAN POCO,TIENEN ANOREXIA.........

Especialistas argentinos advierten que la tasa de cesáreas en el sector privado es alarmante

Es la cifra del incremento en el sector privado, mientras que en los hospitales públicos es del 30 por ciento. Entre las "ventajas" que impulsan este aumento figuran la programación del parto y la rapidez de la cirugía. Sin embargo, los especialistas advierten sobre los riesgos y la importancia del parto natural.

La tendencia médica intervencionista en la atención del parto es una de las causas centrales del grave incremento de nacimientos por cesárea -más del 50 por ciento en el sector privado y un 30 en el público-, alertaron varios especialistas.

Los factores que se suman y asocian a esta práctica son "ventajas" como la programación del nacimiento, la rapidez de esta cirugía que facilita hacer varias en el mismo lapso de un parto natural, o evitar inconvenientes que lleven a una situación judicial, agregaron.

El aumento de cesáreas ronda entre el 50 y 70 por ciento en el sector privado, y en un 30 en hospitales públicos, cifra que contrasta con la tasa ideal que plantea la Organización Mundial de la Salud: que sea inferior al 15 por ciento.

Esta realidad generó una preocupación entre médicos por los perjuicios que puede provocar la cesárea y ante "la tendencia a una práctica médica más intervencionista", dijo a Télam Flavia Ranieri, directora del área de Maternidad del ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires.

"A esto se suma que a veces no hay obstétrica y el médico no tiene paciencia; también hay ocasiones en que las mujeres eligen la cesárea porque piensan que no hay dolor" en la práctica, indicó.

La alta tasa de estas intervenciones "es preocupante porque la cesárea fabrica una patología para la mamá y el bebé, y el problema es que detrás de una, sigue otra y otra", expresó.

Entre las enfermedades posibles, Ranieri dijo que se ve últimamente "un aumento del acretismo placentario, que antes era una patología menos frecuente".

El acretismo placentario consiste en una adherencia anormal de la placenta a la pared uterina por la cual el alumbramiento puede conducir a una hemorragia masiva.

Es una complicación obstétrica potencialmente catastrófica para la madre y está adquiriendo características de epidemia, asociado al aumento de la tasa de cesáreas, precisa el área de Obstetricia del Hospital Italiano en su página web.

En el factor "rapidez", hay "un rédito económico al hacer varias cesáreas en un mismo día, en lugar de estar varias horas con la misma paciente", condenó.

La ginecóloga y obstetra María Delia Ameghino, ex consultora bonaerense y docente de Ginecología de la UBA, consideró que "el médico cobra lo mismo por una cesárea que por un parto natural, pero al hacer muchas (intervenciones en el mismo tiempo), cobra más".

"El médico tiene su parte y es su comodidad, por el horario del consultorio, por la rapidez , y además está el tema de evitar juicios", algo que también afecta a las obstétricas.

Sin embargo, "la cesárea es una operación, es una enfermedad que tiene riesgos, pero muchas veces para el médico es más práctico".

Además, hay mujeres que "piden la cesárea y uno tiene que acceder a ese pedido porque la ley plantea que ellas deciden cómo quieren el nacimiento, pero nosotros tenemos que explicar los riesgos de una cesárea y los beneficios del parto".

"Un chico nace mejor generalmente por parto natural por el sufrimiento fetal que produce un parto, que estimula su sistema corticoideo, un estrés que le hace muy bien en el momento de nacer", informó.

En este sentido, Ranieri reivindicó el parto natural al plantear que "la primera hora después del nacimiento es sagrada: los bebes están alertas y tranquilos, están con la mamá, sienten su olor, se prenden al pecho, están con los ojos abiertos y la miran, esta primera hora tiene mucho valor para el apego y para la lactancia".

Explicó que al pasar por el canal de parto "aumentan algunas hormonas en el cerebro del bebé, en cambio con la cesárea, nace con otra cantidad de hormonas y no tiene ese alerta tranquilo, se pierde esa posibilidad, sobre todo si la cesárea es innecesaria".

El Jefe de Consultorios Externos del Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires, en el área de Obstetricia de Alto Riesgo, Pablo Lagonegro, coincidió con la necesidad de aconsejar siempre el parto natural y destacó entre otras causas que llevan a una cesárea la que tiene que ver con "cambios culturales y tecnológicos, como que la edad reproductiva está cada vez más pospuesta y hay un gran desarrollo de los tratamientos de fertilidad".

En la actualidad, "los métodos de imágenes, los diagnósticos sobre la salud fetal son mucho mas específicos y si uno detecta en una ecografía una alteración, puede llevar a que el médico, la obstetra, la paciente tomen, en el ámbito privado, una conducta que antes no se tomaba, esto también aumenta el nivel de la tasa de cesáreas".

Resaltó el gran incremento de cesáreas y precisó que en el sector privado "la tasa está en el 50 por ciento, y en el público alrededor del 30".

En este sentido, Ranieri añadió que este aumento de cesáreas "que se da en el país y en todo el mundo, es preocupante; en el sector privado bonaerense es del 70 por ciento y en el público del 28".