sábado, 15 de abril de 2017


Diseñan el primer fotofármaco para el tratamiento del dolor

La optofarmacología permite aplicar luz sobre un fármaco fotosensible para controlar el proceso de acción farmacológica con precisión espacial y temporal. Así un equipo de científicos españoles ha diseñado in vivo el primer fotofármaco que posee potenciales aplicaciones terapéuticas para tratar el dolor
<p>El profesor Francisco Ciruela, científico en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, el Instituto de Neurociencias de la UB y el IDIBELL. / UB</p>
El profesor Francisco Ciruela, científico en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, el Instituto de Neurociencias de la UB y el IDIBELL. / UB
La farmacología convencional presenta limitaciones importantes –distribución lenta e imprecisa del fármaco, falta de especificidad espacial o temporal en el organismo, dificultad en el ajuste de la dosis, etc.– que pueden restringir la acción terapéutica de cualquier fármaco. En este contexto, la optofarmacología es una disciplina emergente en farmacología que se basa en el uso de la luz para controlar la actividad de los medicamentos. Así, aplicando luz sobre un fármaco fotosensible, se puede controlar el proceso de acción farmacológica con precisión espacial y temporal.
Un equipo del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona (UB) ha participado en el diseño del primer fotofármaco –el JF-NP-26– activado por la luz para tratar el dolor. Esta investigación, desarrollada con modelos animales y publicada en la revista eLife, la han encabezado los equipos que dirigen el profesor Francisco Ciruela, de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona, el Instituto de Neurociencias de la UB y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), y Amadeu Llebaria, del Grupo de Química Médica y Síntesis (MCS) del Instituto de Química Avanzada de Cataluña (IQAC-CSIC).

El trabajo ha culminado con el diseño de un fotofármaco que posee potenciales aplicaciones terapéuticas para tratar el dolor: el JF-NP-26, una molécula que se puede activar con luz localmente y cuando se quiera (es decir, con una alta resolución espaciotemporal).  
"No existe ningún precedente del uso de la optofarmacología para mejorar el tratamiento del dolor ni de ninguna patología relacionada con el sistema nervioso"
"En el ámbito clínico, no existe ningún precedente del uso de la optofarmacología para mejorar el tratamiento del dolor ni de ninguna patología relacionada con el sistema nervioso. En el estadio preclínico, es decir, con modelos animales, este es el primer fotofármaco diseñado para el tratamiento del dolor in vivo", detalla el profesor Francisco Ciruela.
Diseñando un compuesto fotosensible sin efectos tóxicos

En esta nueva propuesta de optofarmacología, un fármaco con un mecanismo de acción conocido (por ejemplo, un analgésico) se modifica químicamente para hacerlo fotosensible e inactivo. Así modificado, el fotofármaco se activa cuando un haz de luz –dirigido mediante una fibra óptica– de una longitud de onda apropiada y con precisión milimétrica irradia el tejido diana (cerebro, piel, articulaciones, etc.).

El fotofármaco JF-NP-26 es lo que se llama un photocage, es decir, una molécula enmascarada químicamente e inactiva, que se activa mediante la luz. Comparado con otros compuestos fotosensibles, el JF-NP-26 es una molécula que cuando se administra a un animal no tiene ningún efecto farmacológico hasta que el tejido diana es irradiado con luz del espectro visible (con una longitud de onda de 405 nm). Además, no muestra efectos tóxicos ni indeseables en animales, incluso a dosis elevadas.

La iluminación del fotofármaco induce en él una rotura que libera la molécula activa (raseglurant), la cual bloquea el receptor metabotrópico de glutamato tipo 5 (mGluR5), implicado en la transmisión neuronal del dolor, entre muchas otras funciones neuronales. El bloqueo de este receptor permite anular la transmisión del dolor desde la periferia del cuerpo al cerebro del organismo. Este bloqueo se puede producir tanto en las neuronas periféricas como en el sistema nervioso central (cerebro) y generar, en ambos casos, un efecto analgésico como resultado final.

"La molécula liberada por la acción de la luz, el raseglurant, no pertenece a ningún grupo de fármacos del arsenal farmacológico clásico contra el dolor: los antiinflamatorios no esteroideos o AINE (paracetamol, ibuprofeno) y los opioides (morfina, fentanilo). En consecuencia, en este trabajo se describe un mecanismo analgésico poco explorado hasta ahora", precisa Ciruela.
La optofarmacología perfila un nuevo horizonte en el descubrimiento de nuevos analgésicos y de vías de administración y control de la acción farmacológica
"Curiosamente –añade el experto–, el raseglurant fue explorado en ensayos clínicos como analgésico contra la migraña, pero se descartó por su hepatotoxicidad. Esta nueva aproximación optofarmacológica del raseglurant puede evitar los efectos adversos en el hígado y abre el camino para emplearlo como analgésico".

En busca de nuevos fármacos mediante la optofarmacología

La optofarmacología perfila un nuevo horizonte en el descubrimiento de nuevos analgésicos y de vías de administración y control de la acción farmacológica. Esta disciplina puede ayudar a ampliar el abanico terapéutico en la lucha contra el dolor y reducir notablemente los efectos indeseables de muchos fármacos (por ejemplo, el riesgo elevado de adicción de la morfina, la baja eficacia analgésica de los AINE ante el dolor intenso y crónico, etc.).

"Si comparamos las moléculas biológicas naturales que actúan en los seres vivos con los fármacos, vemos que las primeras funcionan con una gran precisión: actúan de forma localizada y con unas dosis reguladas y duraciones definidas. En cambio, los fármacos que tenemos actúan en todos los lugares y de modo poco controlado. El uso de moléculas reguladas por luz intenta superar estas carencias para poder obtener fármacos más precisos que actúen imitando a las moléculas biológicas", afirma Amadeu Llebaria.
El equipo del Grupo MCS del IQAC-CSIC participa actualmente en varios proyectos de fotofarmacología, en concreto, en el diseño y la síntesis de diversas moléculas activables mediante luz. "Esta aproximación es más compleja que la de un fármaco convencional, ya que, además de las propiedades terapéuticas, se deben optimizar las respuestas fotoquímicas y fotofísicas de la molécula", apunta Llebaria.

El grupo de expertos de la UB y del IDIBELL está desplegando líneas de investigación en optofarmacología para dar respuesta a muchos problemas asociados a la farmacología convencional. "En la actualidad, estamos explorando otras moléculas con mecanismos de acción diferentes, pero basados también en receptores de membrana acoplados a la proteína G, la mayor diana terapéutica a día de hoy".
En esta línea, el equipo está estudiando fotofármacos para tratar el párkinson o la psoriasis. Asimismo, explora el uso optofarmacológico de luz con diferentes longitudes de onda (verde, amarilla y roja) que son menos tóxicas todavía. "En un escenario de futuro, no podemos descartar que algunas sintomatologías se puedan aliviar con la implantación de fibras ópticas en el cerebro, tal como se implantan electrodos en la estimulación cerebral profunda en el caso del párkinson", concluye Ciruela.
Referencia bibliográfica:
Joan Font et al. "Optical control of pain in vivo with a photoactive mGlu5 receptor negative allosteric modulator" eLife 11 de abril de 2017

viernes, 14 de abril de 2017

Los beneficios inesperados de la venganza


La venganza ha formado parte del comportamiento humano casi desde que estamos sobre la Tierra. La literatura la ha usado a lo largo de su historia, de las tragedias griegas al Hamlet de Shakespeare.
Muchos de nosotros, sin duda, hemos imaginado vengarnos contra aquellos que nos han contrariado o incluso hemos llevado a cabo el golpe.
En el momento, puede sentirse como una catarsis. Pero, ¿qué nos motiva a buscar la venganza?
Los investigadores están buscando respuestas a esta pregunta y están concluyendo que la venganza tiene algunas ventajas inesperadas.

Para empezar, la venganza es un detonante emocional poderoso que moviliza a las personas a actuar.
"Es una experiencia muy extendida de la vida humana, personas de todas las sociedades entienden la idea de enfadarse y querer herir a alguien que te ha hecho daño", asegura el psicólogo evolutivo Michael McCullough, de la Universidad de Miami, quien lleva más de una década estudiando los mecanismos de la venganza y el perdón.
De hecho, la venganza potencia el crimen: está asociada con hasta el 20% de los homicidios y el 60% de los tiroteos en las escuelas, según muestran distintos estudios.
Pero también influye en la política. La victoria presidencial de Donald Trump, en Estados Unidos, se produjo gracias a la "venganza de los blancos de clase media…que se sintieron abandonados por una economía que se globaliza a un ritmo rápido", escribió el Washington Post.
Y muchos otros medios se hicieron eco de este sentimiento.

Una desconocida para la ciencia

Mientras que el tema de la agresión ha sido bien estudiado (sus detonantes incluyen el alcohol, haber sido previamente insultado y los rasgos narcisistas de personalidad) la venganza está peor comprendida.
No es fácil separarla de lo que es un comportamiento violento, haciendo que sea un tema difícil de estudiar.

David Chester, de la Universidad de Virginia Commonwealth, empezó a estudiar los mecanismos de la agresión, pero se dio cuenta pronto de que con frecuencia hay algo más antes de una interacción violenta.
Se refiere a las emociones asociadas a lo que se conoce como el "intermediario psicológico": los pensamientos y sentimientos que se producen entre una provocación y el resultado agresivo.
"Me provocó curiosidad, cómo se pasa de algo como recibir un insulto a llevar a ejecutar una respuesta agresiva".
La clave, en su opinión, es el deseo de represalias.
"Así que por intentar entender la agresión, empecé a estudiar la venganza".
Se puso a investigar más sobre las causas de ésta.

Agresión y placer

Al principio, junto con su colega Nathan DeWall de la Universidad de Kentucky, descubrió que una persona que es insultada o rechazada socialmente sufre dolor emocional.
La zona del cerebro asociada con el dolor se activó más intensamente en los participantes que reaccionaron con una respuesta agresiva tras sentirse rechazados.
"Está poniendo de manifiesto una tendencia antigua y mantenida durante la evolución de responder a las amenazas y hacer daño mediante una represalia agresiva", dice Chester.

En un estudio de seguimiento, Chester se sorprendió al ver que el dolor emocional estaba intrincadamente unido al placer.
Aunque que el rechazo se siente doloroso al principio, puede rápidamente ser enmascarado por el placer cuando se presenta con la oportunidad de vengarse: incluso activa el circuito de recompensas del cerebro, el núcleo accumbens.
Las personas que han sido provocadas se comportan agresivamente precisamente porque puede ser "gratificante hedonísticamente", concluyó Chester. La venganza, parece, puede ser muy dulce.
El vínculo entre la agresión y el placer en sí mismo no es nuevo.
El "padre de la psicología", Sigmund Freud, era muy consciente de que comportarse de forma agresiva puede ser una forma de catarsis, pero la idea de que la venganza proporciona una propia forma especial de placer solo ha surgido recientemente.

Una muñeca de vudú

Para entender esto mejor, Chester y DeWall pusieron en marcha una serie de experimentos, publicados en la edición de marzo de este año en la revista "Personality and Social Psychology".
Para estos, hicieron que los participantes se sintieran rechazados al ser deliberadamente excluidos de un juego de lanzamiento de pelota computarizado.
Luego, permitieron a todos los participantes clavar agujas en una muñeca virtual de vudú. Aquellos en el grupo de los rechazados pincharon su muñeca con un número significativamente mayor de agujas.
Esta simulación de rechazo se hizo primero de forma remota a través de internet, y luego se replicó con distintos participantes en el laboratorio.

En la versión en el laboratorio, los participantes dejaron salir su deseo de "venganza" emitiendo un ruido explosivo prolongado y desagradable contra sus oponentes (que eran computadoras, no gente real, pero los participantes no lo sabían).
De nuevo, aquellos que se sintieron más rechazados sometieron a sus rivales a estallidos más largos.
Finalmente, para entender el rol de las emociones en el deseo de venganza, Chester y DeWall proporcionaron a los participantes una supuesta droga que inhibía el estado de ánimo (en realidad, era solo una vitamina inofensiva).
Aún así, el efecto placebo fue tan fuerte que los participantes que tomaron la "droga" no se molestaron en vengarse contra las personas que los rechazaron, mientras que aquellos que no recibieron el placebo actuaron de forma mucho más agresiva.
El grupo que tomó el placebo, parece, no buscó venganza porque creyeron que no iban a sentir placer en ello.

Un placer ¿pasajero?

Tomando estos resultados todos juntos, el equipo llegó a una conclusión sorprendente.
No solo la venganza puede dar placer, sino que la gente la busca precisamente anticipando esto mismo.

"Se trata de la experiencia de regular emociones", dice Chester. Y funcionó. Tras tener la oportunidad de vengarse, los individuos rechazados obtuvieron la misma puntuación en los exámenes de estado de ánimo que aquellos que no se sintieron rechazados.
Esta conclusión, sin embargo, hay que tomarla con un poco de cautela. No hay en la actualidad estudios de seguimiento a largo plazo sobre cómo se siente la venganza días o incluso semanas después del acto.
Y, según Chester, resultados preliminares todavía no publicados muestran que las personas que buscan venganza solo obtienen un sentimiento de placer momentáneo.
"Como muchas otras cosas, se siente bien en el momento. Pero empieza un ciclo y comienzo a parecerse a una adicción… luego te sientes peor que cuando empezaste", explica.
Y esto puede ayudar a explicar por qué aquellos que buscan el subidón de la venganza no son capaces de anticipar las consecuencias personales desastrosas que puede implicar.
El futbolista Zinedine Zidane, por ejemplo, será recordado para siempre como el autor de un cabezazo contra Marco Matterazzi en la Copa del Mundo de 2006.

Pero, ¿por qué?

La pregunta, entonces, es por qué este comportamiento aparentemente destructivo persistió en nuestra evolución si puede causarnos tantos problemas.
La respuesta es que lejos de ser un error evolutivo, la venganza sirve un propósito muy útil.
Michael McCyllough lo explica así: aunque la gente puede decir que buscar la venganza "es muy malo para ti" (porque puede arruinar tus relaciones, por ejemplo) el hecho es que existe, y es positiva.
El objetivo principal es funcionar comofactor disuasorio, lo cual a su vez tiene claras ventajas para nuestra supervivencia.

Pensemos en la cultura de las bandas o de las cárceles, donde si te mezclas con la gente equivocada los ataques vengativos son una consecuencia segura.
"Si tienes una reputación de ser alguien vengativo, la gente no se va a meter contigo ni intentar aprovecharse", dice Chester.
En la actuación ganadora de un Óscar de Leonardo DiCaprio en "The Revenant", su deseo de venganza es tan poderoso que lo mantiene vivo.
Con huesos rotos y heridas abiertas, atraviesa terrenos hostiles y peligrosos para vengarse del asesino de su hijo.
E incluso la amenaza de venganza puede en sí misma disuadir de un ataque, dice McCullough.
"Al individuo que responde a ese daño le irá mejor que al que recibe la bofetada en la mejilla y deja que el chico malo se salga con la suya".
Al igual que el hambre, considera la venganza como una necesidad primaria que satisfacer.
Solo entonces puede el vengador seguir hacia adelante, "porqueel objetivo se ha cumplido".
Así que si el objetivo principal de la venganza es evitar el daño, entonces se trata de algo muy bueno.
Pero esto no implica, dice McCullough, que se deba animar a la gente a buscar venganza.
"Podemos apreciar para qué sirve, entender que no es el producto de mentes enfermas y al mismo tiempo estar interesados en ayudar a la gente a limitar sus deseos de venganza", asegura.

jueves, 13 de abril de 2017

TERMINAREMOS COMIENDO A LOS POBRES QUE SON MAS GORDOS

Expertos en nutrición advierten que la población es víctima de un "efecto engordadero"

El aumento de la obesidad, diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares, entre otras no transmisibles, responde a la elevada ingesta de productos industriales y ultraprocesados, aseguraron especialistas en nutrición, que parafrasearon el concepto de "efecto invernadero".
"Lo que somos, lo que los médicos llamamos el fenotipo, es el producto de la interacción entre los genes y el ambiente. Hoy sabemos que hay cada vez más obesidad, diabetes, cáncer, alzheimer y otras muchas enfermedades no transmisibles, es decir, que no se contagian", explicó el médico nutricionista Julio Montero.

"Estas enfermedades y respuestas inadecuadas en el organismo no pueden ser atribuidas a cambios genéticos ya que según estudios de especialistas, la posibilidad de que haya cambios genéticos en 2000 años es del 0,005%, mientras que los cambios ambientales son evidentes".

Montero disertó en la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA con motivo del Día Mundial de la Salud.

El especialista, asesor científico del Centro de Asistencia, Docencia e Investigación de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos de la Alimentación (SAOTA), describió que "en los últimos 200 años con la revolución tecnológica e industrial se produjo una modificación tremenda de la alimentación".

"Pasó de una alimentación natural en base a tejidos orgánicos a los productos industriales, mezclas y polvos ultraprocesados a los cuales nuestros genes no están acostumbrados", agregó.

Montero se refirió a la influencia cultural, al explicar que "el año pasado en una revista que viene con un diario de tirada nacional, había una nota sobre 'colaciones sanas y al paso' y cuando uno miraba la foto lo que veía eran todos productos industrializados, que no guardan la armonía ni la relación con nuestros genes como para que nuestro organismo pueda responder adecuadamente".

"Hemos pasado del 'efecto invernadero' al 'efecto engordadero' porque somos cautivos. Es muy difícil alimentarse distinto cuando el modelo alimentario nos impregna, nos persigue y se refuerza con mala información", sostuvo.

En Argentina se consumen 185 kilos de productos ultraprocesados por habitante por año, según los últimos datos difundidos por la OPS/OMS, mientras Montero precisó que cada persona ingiere anualmente un promedio de 18 kilos de galletitas con carbohidratos y grasas agregadas, además de aditivos.

"Esta combinación de grasas no se encuentra en ningún producto de la naturaleza por lo que su consumo no está contemplado en nuestros genes, además de que los aditivos no tienen ninguna función nutricional", concluyó el especialista.

En 2005, el 14,6% de la población argentina era obesa; ocho años después, la proporción ascendió a 20,8%, lo que representó un incremento porcentual de 42,5%.

Sebastián Laspiur, consultor sobre Enfermedades no Transmisibles de la OPS/OMS, advirtió que hay "un incremento acelerado de la obesidad con todas las consecuencias que esto implica desde lo metabólico, pero también desde lo psicológico y social, de hecho en Argentina un estudio determinó que las personas obesas tiene doble de chance de tener depresión".

El especialista afirmó que "el origen causal de la obesidad es el consumo de productos ultraprocesados" e introdujo la responsabilidad del Estado y organismos internacionales como reguladores de la oferta ya que, aseveró, "el consumo de los ultraprocesados aumenta a medida que los países tienen menos regulación".

"Es por esta causa que se habla de que la obesidad es una 'epidemia comercial'; hay influencias muy claras del mercado para el consumo de productos ricos en azúcar, grasas, sal, muy adictivos, que pueden permanecer mucho tiempo en góndolas y tienen mucha rentabilidad", afirmó.

En este contexto, "los patrones de consumo no tienen que ver sólo con la decisión individual sino con las intervenciones efectivas en la regulación del mercado que puedan hacer los Estados. Si dejamos al mercado sin regulación, nada dice que vamos a detener esta curva creciente de obesidad", apuntó Laspiur.

En relación a las medidas que el Estado puede tomar para mejorar la alimentación, tanto Montero como Laspiur mencionaron el sistema de colocación de "sellos" negros en el frente del producto que adviertan a los consumidores sobre si contiene exceso de azúcar y grasas, tal como está implementado Uruguay, y cuya experiencia fue expuesta en la charla por María Rosa Curuchet, presidenta de la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas.

"El sistema de sellos frontales permite, además de alertar al consumidor, una clasificación clara de los productos. Por ejemplo, en Chile los productos con estos sellos no pueden ser vendidos en los kioskos escolares ni tener publicidad destinada a niños", describió Laspiur.

ET

miércoles, 12 de abril de 2017


La Neo Hipocondría

Apss, Google, consultas online a cualquier hora y desde cualquier sitio. Nuevas formas de calmar o empeorar la ansiedad por búsqueda de información.

Fuente: Mit Technology Review - Google 
Las apps de telemedicina podrían empeorar los casos de hipocondría:
Poder consultar con un médico a cualquier hora y desde cualquier sitio es una gran ventaja, salvo para los pacientes hipocondríacos dispuestos a gastarse sus ahorros en consultas innecesarias.
Antes, la gente hipocondríaca tenía que acudir a la consulta del médico para calmar sus preocupaciones. Pero gracias a una nueva generación de apps, ahora simplemente pueden sacar un smartphone y contactar con un profesional médico en cualquier momento, desde cualquier lugar.
Se calcula que la hipocondría, que ahora se denomina trastorno somatomorfo, puede afectar a entre menos del 1% hasta casi el 12% de la población. Para algunas de estas personas, un nuevo conjunto de apps de telemedicina como MDLive y Doctor on Demand resultan atractivas porque están cubiertas por las aseguradoras médicas privadas y también permiten pagos directos de entre 38 y 57 euros por una breve consulta por vídeo o teléfono.
Debido a la sencillez de estas apps, algunos expertos médicos se preguntan si, con el paso del tiempo, serán empleadas por un número desproporcionado de usuarios con trastornos de este tipo. Este tipo de perfiles ya han empezado a aparecer y los proveedores de apps están topando con la pregunta ética de si deberían animar a los usuarios a buscar tratamiento psicológico.
La directora de asuntos médicos de MDLive, Deborah Mulligan, afirma que la app de la empresa tiene 28 millones de usuarios registrados, y es probable que alrededor del 6% sufra de este trastorno, una cifra que refleja la proporción encontrada en la población general.
Lo que complica el tema es que con cualquier otro tipo de tecnología móvil, estas personas serían consideradas "super usuarios" que impulsan los ingresos, justo el tipo de perfil que a las empresas les interesa que siga usando la app a menudo. Pero en el espacio de la telemedicina, los proveedores de apps pueden sentir la responsabilidad ética de monitorizar este tipo de comportamientos y dirigir a los usuarios a servicios de salud mental.
Mulligan dedicó gran parte de su carrera a trabajar en unidades de emergencia, donde fue entrenada para reconocer los síntomas de este tipo de trastorno, que incluyen preocuparse por padecer una enfermedad cuando no existen síntomas, experimentar un alto grado de ansiedad a causa de dolores y molestias menores y no sentirse tranquilo ante resultados negativos. La experta recuerda un paciente de MDLive que mostró todos estos síntomas, y quien pidió consultas regulares para hablar sobre un trastorno concreto que no padecía. Tras varias sesiones ganándose su confianza, Mulligan recomendó que el paciente probara el servicio de terapia conductista cognitiva de MDLive.
La responsable recuerda: "Me contactó después para darme las gracias. Fue como quitarse un peso de encima".
El miembro de la junta de Doctor on Demand Bob Kocher dice que la mayoría de la gente que utiliza la app hace consultas sobre síntomas rutinarios, como catarros y gripes. No tiene conocimiento de pacientes hipocondríacos que utilicen regularmente la app para aliviar temores excesivos relacionados con sus síntomas. Sin embargo, cree que es posible que un mayor número de pacientes de este tipo descubra la app a medida que se popularice.
Kocher afirma: "Sinceramente, creo que hay algunos pacientes así dentro del sistema sanitario que aún no nos han encontrado. Estoy seguro de que algún día celebraremos juntas sobre un paciente que nos usa 20 veces esa semana".
Kocher sugiere que los proveedores de apps podrían ganar "mucho dinero" mediante estas interacciones, pero tendrán la responsabilidad de investigar si el problema fue resuelto o abordado correctamente.
Uno de los retos de encontrar este tipo de usuarios, según los expertos, es la falta de transparencia de datos, especialmente puesto que las apps no intercambian datos entre sí. El codirector del programa de psiquiatría digital del Centro Beth Israel Deaconness (EEUU), John Torous, afirma: "Realmente desconocemos la frecuencia de los usuarios [de estas apps]. Es una población que no está bien caracterizada".
Y el director médico de Doctor on Demand, Ian Tong, señala que podría resultar complicado monitorizar la hipcondría si los pacientes utilizan varias apps distintas. El experto concluye: "Podríamos ser incapaces de detectarlo a menos que al paciente se le receten muchas medicaciones".
Recursos:
Tecnology Review
POR CHRISTINA FARR
TRADUCIDO POR TERESA WOODS

Google creó información adicional o "sympton cards" para usuarios que buscan acerca de algún síntoma.
Las tarjetas ofrecen síntomas relacionados dependiendo de lo que está buscando, y una descripción general, junto con información sobre las opciones de auto-tratamiento e incluso sugieren cuando es posible que desee visitar a un médico. Los resultados han sido examinados con la ayuda de un equipo de médicos y expertos en la Escuela de Medicina de Harvard y la Clínica Mayo.
Google detalla que su objetivo es ayudar a los usuarios a "navegar y explorar las condiciones de salud relacionadas con sus síntomas, y rápidamente llegar a información en profundidad  o hablar con un profesional de la salud". Google deja claro que no es un sustituto de un médico de verdad. Este servicio se encuentra disponible solamente para Estados Unidos.
¿Cómo impactará?

“Don’t Google It“
Por el otro lado, y en oposición a este último ejemplo, se encuentra la campaña realizada por la Agencia DDB de Bruselas para Gezondheid en Wetenschap, la campaña se llama “Don’t Google It“,  y hace referencia a la búsqueda habitual de información de síntomas.
Don't google it from Gezondheid en Wetenschap on Vimeo.

martes, 11 de abril de 2017

CANALLAS


Detenidos dos profesores universitarios por estafar con un fármaco anticáncer falso

Observan una extraña fuerza capaz de mover nanopartículas a distancia

Han descubierto que el efecto Casimir puede mover una esfera que no está en contacto con ninguna superficie
Si una bola muy pequeña gira sobre sí misma dentro de un vacío cuántico se moverá en una dirección concreta
Si una bola muy pequeña gira sobre sí misma dentro de un vacío cuántico se moverá en una dirección concreta - UNIVERSIDAD DE NUEVO MÉXICO

Imagine una pequeñísima esfera que apenas mide unos nanómetros (un millón de veces menos que un milímetro). La esfera está rodando sobre una superficie plana pero no llega a tocarla, por lo que no experimenta ningún rozamiento y se queda en el sitio donde está. Pues bien, existe un extraño fenómeno, llamado efecto Casimir, que hace que la esfera experimente un desplazamiento lateral, aunque la bola no llegue a tocar la superficie de abajo.
Un equipo internacional de físicos ha publicado un nuevo artículo en la revista «Physical Review Letters» en el que han tratado de analizar la naturaleza de esta extraña fuerza de Casimir. En concreto, han desarrollado un modelo matemático para describir este efecto cuando una nanopartícula gira sobre sí misma en una superficie plana. ¿Para qué?
«Estos estudios son importantes porque en la actualidad se están desarrollando nanotecnologías donde estamos entrando en distancias y tamaños que son tan pequeños que este tipo de fuerzas pueden dominarlo todo», ha explicado en un comunicado Alejandro Manjavacas, investigador en la Universidad de Nuevo México (Estados Unidos). «Sabemos que esas fuerzas de Casimir existen, así que estamos tratando de averiguar cuál es el impacto que tienen sobre las partículas más pequeñas».
Este efecto de Casimir describe a una fuerza que existe entre objetos separados por un vacío cuántico, una situación de mínima energía en la que se suele considerar que no hay partículas. Sin embargo, estos vacíos pueden estar atravesados por fluctuaciones producidas por ondas electromagnéticas.
Según la concepción clásica de la física, el vacío no produciría ninguna fuerza sobre la esfera. Pero si se usa la teoría cuántica de camposel vacío está lleno de fotones. Y resulta que estos sí tienen capacidad para ejercer una pequeña fuerza sobre los objetos. Por eso surge el efecto Casimir. Ahí, a medida que los fotones impactan contra la bola se genera una fuerza lateral.

Útil para la biomedicina

«La nanopartíula sufre una fuerza lateral, como si estuviera en contacto de una superficie, incluso cuando está realmente separada de ella», ha dicho Manjavacas. «Es una reacción extraña, pero creo que podemos concluir que será muy importante para los ingenieros tenerla en cuenta».
Y aún hay más. Los investigadores averiguaron que se puede decidir en qué dirección se mueve la esfera que está girando con tan solo cambiar la distancia que la separa de la superficie situada bajo ella.
Los autores del estudio han sugerido que conocer este extraño fenómeno puede ser interesante para desarrollar nanopartículas útiles para la investigación biomédica o el desarrollo de ordenadores, entre otras áreas.