La cómoda falacia del “estilo de vida”
Acerca del peligro de aceptar ideas sin crítica y el absurdo recurso de culpar a la víctima
Autor: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed
Los principios de la neolengua: "La intención de la
neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la
cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino
también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía
era que una vez la neolengua fuera adoptada' de una vez por todas y la
vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un
pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente
impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las
palabras". George Orwell, 1984
La cómoda falacia del “estilo de vida”
Una cultura se define por el conjunto de ideas y valores que encarna. En su interior, el
sentido común opera
como un marco teórico tácito que orienta nuestras evaluaciones de lo
que la realidad nos ofrece. Esto no solo incluye los juicios que nos
formamos acerca delos hechos sino algo mucho más profundo y
contraintuitivo: configura nuestras percepciones acerca de ellos. No se
trata solo del modo en que evaluamos lo que ocurre sino del modo en que
lo vemos (percibimos). Saberlo, y estar advertido de este sesgo nos hace
libres y privilegia el abordaje racional de los problemas. Ignorarlo,
nos convierte en sujetos propicios para la manipulación y la
servidumbre.
La medicina no es ajena a estos riesgos. La ciencia sobre la que se
funda produce “evidencias” (pruebas) que el clínico deberá emplear para
orientar sus intervenciones. Pero, entre unas y otras, media un proceso
que requiere de una operación intelectual de alto nivel:
contextualización, personalización, respeto por los valores y
preferencias, decisiones compartidas. Este paso no es de menor jerarquía
epistemológica que la ciencia pura, es, por el contrario, de un valor
superior, ya que involucra a personas y no solo a datos.
La Medicina Basada en Evidencias es una de las transformaciones más
auspiciosas en la historia de la medicina. Sus aportes son indiscutibles
tanto en su propuesta metodológica como en sus resultados
epidemiológicos. Pero el culto dogmático a las evidencias se desliza a
menudo hacia el riesgo del empirismo más elemental.
| Señala Mario Bunge: “La
Medicina Basada en Pruebas tiene un límite y un peligro epistémico: se
expone a conformarse con datos y generalizaciones empíricas, mientras
que la buena ciencia también involucra hipótesis y teorías”.1 |
La práctica de la medicina debe recuperar su jerarquía intelectual,
empezando por la valoración que los propios médicos tenemos de nuestra
tarea cotidiana
Basta recorrer algunas de las ideas más aceptadas en el pensamiento
médico actual -con todo su bagaje científico- para encontrar que gran
parte de lo aceptado sin crítica se basa solo en meras correlaciones,
suposiciones y conjeturas. En muchos casos las
asociaciones son verdaderas, pero la atribución de
causalidad
acerca de ellas es falsa. No reconocer la frontera entre ciencia y
clínica es un grave inconveniente; pero ignorar la que separa a los
meros datos de las hipótesis y teorías que los explican y justifican así
como de las pruebas que los confirman o refutan, es más grave todavía.
No existe ciencia ateórica. El conocimiento científico no consiste en la
acumulación de datos que
“co-varian” sino en desentrañar los
vínculos que producen esa asociación (y que pocas veces son causales).
La práctica de la medicina debe recuperar su jerarquía intelectual,
empezando por la valoración que los propios médicos tenemos de nuestra
tarea cotidiana.
El “estilo de vida”, el pensamiento débil y la pereza intelectual
No cabe duda de que gran parte de las enfermedades crónicas del
presente están vinculadas con los modos en que vivimos. Sin embargo,
también la denominación de
“estilo de vida” oculta más de que
lo que muestra. El lenguaje encierra connotaciones, no solo
denotaciones, y ambas orientan la práctica. Las palabras nunca son
inocentes, la ingenuidad procede de su uso irreflexivo y acrítico.
¿Qué entendemos por “estilo de vida?
Los datos de la epidemiología muestran una asociación muy fuerte
entre determinadas características de la vida contemporánea y la
emergencia de enfermedades crónicas no transmisibles. Pero, ¿son estas
asociaciones el resultado de una decisión individual de las personas?
¿Son la consecuencia de un fallo moral y de la voluntad que ha adquirido
dimensiones planetarias? ¿Somos más
glotones y
perezosos que nuestros antepasados? ¿Es una
elección o un
“estilo” lo que explica la conducta de miles de millones de personas?
Una primera distinción pertinente podría ser diferenciar las
“condiciones” del
“estilo” de vida.
| Condiciones de vida |
- Condiciones materiales necesarias para la subsistencia
- Nutrición
- Vivienda
- Saneamiento
- Ambiente
|
| Estilo de vida |
- Formas social y culturalmente determinadas de vivir
- Ejercicio y deportes
- Dieta
- Hábitos
- Tabaco
- Alcohol
|
La adopción de determinadas formas de existencia no puede confinarse
al ámbito de la decisión individual, voluntaria y deliberada de las
personas. Son las
“condiciones” estructurales las que producen los
“estilos” personales.
Las primeras escapan a la decisión individual y las segundas son
configuradas por el mundo cultural y sus determinantes simbólicos.
Reducir la forma de vivir a un problema individual implica desconocer el
papel de las estructuras económicas, sociales y culturales donde esas
vidas se desarrollan. La supuesta
“elección” de ciertas
conductas se encuentra constreñida también por el sistema de derechos,
de posibilidades de acceso y por la educación necesaria para decidir con
conocimiento y libertad.
Corren tiempos insolidarios de soluciones individuales y de descrédito de las empresas colectivas. Esto hace
"creíbles",
también en la medicina, las propuestas que suponen poder resolver en
los individuos los problemas sociales. Estas ideas, pese a su aceptación
generalizada, no solo son interesadas sino ignorantes. La humanidad ha
evolucionado en comunidad desde tiempos inmemoriales. Desde la
encefalización al arte, desde el uso del fuego a las ciencias; sus
logros han sido siempre el producto de acciones del grupo y no de
iluminados ni meritócratas, ni mucho menos de titáncos esfuerzos de la
voluntad de cada uno de sus miembros aislados de sus semejantes.
Confinar los hábitos y costumbres al terreno individual culpabiliza a
las víctimas y desresponsabilliza a los Estados y a las instituciones. Y
en nuestro caso, hace estéril el esfuerzo profesional y nos condena a
la inercia clínica.
Los
factores de riesgo han sido a lo largo de la
historia el producto de las condiciones sociales que los producen en
constelaciones clínicas que predisponen a unas enfermedades más que a
otras. Son, precisamente, estos procesos que involucran a la sociedad en
su conjunto los que exponen a los sujetos a los determinantes de
enfermedad. Las elecciones de las personas no son ni tan libres ni tan
infinitas como la denominación
“estilo de vida” sugiere. Podemos elegir determinadas conductas pero no todas las que creemos. Las
“condiciones” (económicas, educativas, jerárquicas) producen activamente los
“estilos”. Las propias
percepciones de los sujetes se encuentran condicionadas y restringen el campo de lo posible a lo dado para cada situación particular.
Afirma la antropóloga Patricia Aguirre en su libro: “Una historia social de la comida” 2 : “A
pesar de todas las evidencias empíricas, se insiste en divorciar el
comportamiento individual de su base social, como si cada individuo
fuese un Robinson Crusoe en su isla, separado de la dinámica que lo
rodea”.
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Incluso las preferencias que adquieren la ilusión de ser
completamente personales ocultan y reproducen su origen social. Las
personas
“eligen” como si fuera propio lo que corresponde al grupo de pertenencia, según señala el sociólogo Pierre Bourdieu (1985)
3 refiriéndose a lo que genéricamente denominamos
“gusto”.
La educación y la socialización en el interior de determinado segmento
social condicionan la percepción de las elecciones posibles.
Patricia Aguirre: "Una historia social de la comida"2
- El "nicho social obesogénico" genera al mismo tiempo la
susceptibilidad (metabólica) y la exposición (ambiental) que producen
obesidad.
- Un "nicho obesogénico" tiene efectos transgeneracionales al
favorecer determinado fenotipo; es lo que algunos denominan "gueto
metabólico".
- Los productores industriales de comida deciden por el consumidor que cree que decide por sí mismo lo que está obligado a elegir.
- ¿Cómo manipular elección alimentos? Conductual (publicidad),
económica (precio), restricción de variedad (mercado), fisiológica
(adictivos).
- La pérdida del poder de decisión (agencia) del consumidor
alimentario implica resignar la única capacidad de resistir a sus
efectos adversos.
- El consumo en las sociedades de mercado ha reducido al comensal a la categoría de mero comprador de mercancías alimentarias que escapan a su saber y control.
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Obesos, de víctimas a culpables
La obesidad y sus enfermedades metabólicas relacionadas son el caso
paradigmático de esta situación. El mayor incremento de las tasas de
obesidad en los Estados Unidos durante la última década se ha registrado
en la población entre 2 y 5 años de edad.
4 Aunque también hay reportes de su crecimiento en menores de 6 meses.
5 ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Han tomado estos niños una decisión para adoptar un
“estilo” de vida obesogénico?
Hay reportes muy confiables acerca de que la prevalencia del
incremento de peso no solo afecta a gran parte de la humanidad sino
incluso a los animales domésticos con lo que convivimos.
5 ¿Son nuestras mascotas responsables de su obesidad? ¿Han tomado una decisión que los conduce a acumular peso?
La obesidad no es la
causa de los trastornos metabólicos sino un
marcador antropométrico de ellos, es decir, su consecuencia. Tampoco el comportamiento individual es su
causa
sino el correlato conductual de las perturbaciones tóxicas que la
alimentación industrial produce en los sistemas que la regulan. Tomar
efectos por causas nos pone en el lugar del Hidalgo Caballero que
"tomaba los rebaños por ejércitos".
La enorme disparidad de la prevalencia de obesidad y enfermedades
metabólicas entre pobres y ricos también respalda la hipótesis
ambiental.
- Los sectores menos favorecidos en sociedades desiguales no
pueden acceder a los alimentos frescos, con menos azúcar y más fibra y
se ven obligados al consumo de productos comestibles ultraprocesados
baratos, densos en calorías y azúcar y con déficit de nutrientes de alto
valor biológico.
- La invisible mano del mercado concentra los comercios en zonas de mayor rentabilidad. Muchos autores denominan “desiertos de comida”
a los barrios pobres donde el acceso a productos saludables es casi
imposible lo que condena a sus habitantes a los productos
industrializados.
- El procesamiento de los alimentos frescos en el hogar insume un
promedio de 22 horas semanales a una familia. Pero las mujeres, que
históricamente han realizado es tarea, hoy trabajan fuera y apenas
disponen de 6 o menos horas a la semana para hacerlo.
- Los grupos menos favorecidos en sociedades desiguales no ignoran
qué alimentación es saludable, ocurre que si intentaran acceder a ella
comerían menos de 15 días al mes.
- En estos grupos muchas veces no se sabe cuándo será posible
encontrar la próxima comida. La incertidumbre y el stress los obligan a
comer lo que hay y cuando hay, al mismo tiempo que dificulta las
elecciones racionales y crea las condiciones metabólicas propicias para
la obesidad por razones estrictamente biológicas (stress crónico,
activación del eje hipotálamo-hiposo-adrenal) como se conoce desde hace
mucho tiempo.
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¿Cuál es la “elección” de su estilo de vida que hacen estas personas? ¿Son
"culpables" de adoptar una alimentación no saludable pero que constituye una estrategia adapatativa para la supervivencia? Las
causas de las causas no son sus decisiones personales sino la brutal desigualdad de una sociedad injusta.
Estos datos confirman lo inadecuado de la hipótesis de la elección personal y respaldan la que identifica a las verdaderas
causas de las causas en un medioambiente tóxico y desigual que genera ese fenómeno.
Abandonar la trampa de trivialidad (
desde las causas inmediatas a las causas de las causas)
Disponemos de muchos datos pero de pocas teorías inclusivas. Es
necesario dejar de adaptar la realidad a las viejas categorías que
tenemos para crear nuevas que den cuenta de la compleja y cambiante
naturaleza de la patología humana. Se denomina
“error categorial”
a la inclusión de un problema en una categoría en la que no podrá
encontrar su solución. No alcanza con proponer nuevas clasificaciones,
antes es necesario crear nuevas categoría (taxones) en las cuales, más
tarde, clasificar los hechos. La medicina aborda problemas cotidianos
con explicaciones
próximas sin tomar en cuenta las
causas remotas ni la historia que esos fenómenos tienen en el largo tiempo evolutivo de la especie. Es imperativo abordar las
causas de las causas, las
causas raíz.
La alimentación es hoy la fuente de casi todas las enfermedades
crónicas más prevalentes: obesidad, diabetes, hipertensión arterial,
dislipidemia, etc. Pero, ¿cuál es la historia de esos trastornos? ¿Dónde
nace nuestra vulnerabilidad? ¿Cuáles son las razones sociales y
biológicas que explican su explosión epidemiológica y nuestro fracaso
terapéutico? ¿Cómo comprenderlos evitando la simplificación de
culpabilizar a la víctima?
El modelo de
causalidad: agente (activo) sujeto (pasivo) es otro obstáculo epistemológico, no existe sujeto pasivo en biología, no hay efecto sin
"propensión"
(sensibilidad diferencial) y, pese a que nos resulta insoportable, en
los seres vivos hay fenómenos determinados pero NO causales; la
causalidad es solo una de las múltiples formas de la determinación.
Hacer visibles las causas sistémicas de la enfermedad crónica
ambiental es fundamental ya que están invisibilizadas por una
epistemología ciega a sus propios límites. La conducta humana tiene
determinantes poderosos y mecanismos biológicos que es necesario
desentrañar para: describirlos, explicarlos y comprenderlos, que son
tres instancias diferentes del conocimiento. De lo contrario será
imposible modificarlos jamás.
Por primera vez en la historia de la especie las corporaciones saben
más que los médicos acerca de estos fenómenos. La manipulación de la
conducta ingestiva no procede al azar, es producto del conocimiento
íntimo de sus mecanismos y circuitos involucrados. Es absurdo intentar
en la consulta médica modificar -apelando a la voluntad y a la
culpabilización- una serie de hábitos que han sido configurados con una
precisión biológica científica de la que los médicos carecemos.
| Afirma el doctor Robert Lustig: "La
comida está más allá de nuestras necesidades; se ha convertido en
comodity, ha sido reformulada para convertirla en sustancia adictiva". (Fat Chance) |
No son ni el colapso de la voluntad ni la muerte del libre albedrío.
Es la brutal manipulación de la fisiología puesta al servicio de los
intereses sin considerar el precio que se pague en términos de salud,
bienestar o supervivencia
El funcionamiento de los circuitos cerebrales de
motivación / saliencia /recompensa
son el modo en que la cultura crea conductas. El placer y la aversión
han sido imprescindibles para la supervivencia de la especie. Hasta que
la industria alimentaria puso ese mecanismo a su servicio. No son ni el
colapso de la voluntad ni la muerte del libre albedrío. Es la brutal
manipulación de la fisiología puesta al servicio de los intereses sin
considerar el precio que se pagua en términos de salud, bienestar y
muerte. El
“libre albedrío" se define como: el poder de tomar
decisiones libres que no estén restringidas por circunstancias externas o
por necesidad. Es evidente que no es eso lo que les ocurre a nuestros
pacientes en el mundo real.
Hay una ingenuidad estructural en el abordaje de los problemas
desadaptativos del presente. Una idea reduccionista que se limita a
describir sin explicar, a exigir sin comprender y a corregir variables
sin tomar en cuenta los motivos de sus desvíos. La epidemiología de
nuestros días no solo reclama la apertura hacia nuevos conocimientos y
diversas disciplinas, exige algo mucho más drástico en nuestro modo de
pensar: una verdadera
reformulación epistemológica del objeto de estudio.
La biología de sistemas, la medicina sistémica emergentista, la teoría
de la evolución, los mecanismos regulatorios homeostáticos y alostáticos
y otros abordajes ausentes del conocimiento médico estándar apuntan en
esa dirección. Lo que sabemos, es insuficiente; nuestras herramientas
cognitivas no lograrán comprender –y mucho menos modificar- la realidad
que abordamos. Algo muy profundo debe cambiar con urgencia, y de una
manera radical.
Daniel Flichtentrei