lunes, 9 de octubre de 2017

PALUDISMO Y CHAGAS NO DAN GANANCIA A LA FARMAFIA

La agente de salud Brigitte Jordan relata el drama de los afectados de una enfermedad causada por un parásito y que puede ser mortal

La voz del mal de chagas, la enfermedad de América

Brigitte Jordan de la Fundacion Mundo Sano. OLMO CALVO
Afecta al corazón de forma irreversible en un 20-40% de los casos
Brigitte Jordan (Santa Cruz, Bolivia, 1984) hace 8 años que se libró de un parásito que pudo haber pasado a sus hijas. Lo contrajo de su madre, en la que tampoco queda ni rastro de una enfermedad potencialmente mortal, propia del continente americano y poco conocida en el nuestro: el mal de chagas.
En las zonas rurales de países como Ecuador, Bolivia, Colombia, Argentina, Perú o Brasil, un insecto portador de un parásito vive escondido, durante el día, en las grietas de las casas de adobe. Por la noche abandona su escondrijo para alimentarse de sangre mientras sus habitantes duermen.

"La vinchuca se te posa. Te introduce el pico con sus dos mandíbulas, que se incrustan mientras busca una vena. Su saliva te adormece. Tú no lo notas. Después de la picadura te rascas y el parásito entra". Así relata Jordan la forma de adquirir el chagas, por la mordedura de una chinche que en Latinoamérica conocen como vinchuca y que en España aunque existe, no trasmite esta dolencia.
"Las personas que han vivido en esos lugares no recuerdan la picadura en sí. Recuerdan al bicho, apagar la luz y no sentir nada. Al encenderla de nuevo las veían esconderse", cuenta Jordan.
El mismísimo Darwin describe en El viaje del Beagle cómo fue "atacado" por este insecto. Pero no todas las chinches de estos lugares portan el microorganismo que causa la enfermedad de chagas, el protozoo Trypanosoma cruzi, por lo que quizás Darwin nunca se infectó.
El patógeno, alargado y algo mayor que los glóbulos rojos de la sangre, una vez en el torrente sanguíneo, viaja sin ocasionar ningún daño. Así puede pasar de una madre embarazada a sus hijos o por una transfusión de sangre contaminada a otro paciente.
Asintomático durante mucho tiempo, hasta 20 años, el mal de chagas puede ser mortal cuando ataca al corazón. De ahí el grave peligro de adquirirlo de manera silenciosa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay 7 millones de personas infectadas, de las que sólo el 1% lo sabe.
Muchas personas nunca han oido hablar de chagas "o piensan que se da sólo en el campo. Algunos no creen que puedan tenerlo porque ya llevan mucho tiempo en España", afirma Jordan.
El desconocimiento, el estigma, la negación o la resignación a padecer el chagas hace que quienes lo contraen no busquen un diagnóstico ni un tratamiento, lo que agrava el problema. "Hay quien sospecha tenerlo y evita hablar de ello. Al que tiene un familiar enfermo o fallecido por esta causa, esa información le bloquea", destaca Jordan. "A veces no se admite padecerlo por estar relacionado con algo que viene de las zonas rurales de Latinoamérica".
Aunque endémico en zonas rurales de 21 países de Latinoamérica, Canadá y Estados Unidos, los infectados lo han trasladado a las ciudades. Además, la emigración lo ha llevado a 17 países europeos, a Japón y a Australia, donde no se desarrolla todo el ciclo del parásito, pero los inmigrantes portadores pueden transmitirlo a sus hijos.
España es el segundo país receptor de inmigración latinoamericana, de la cual, hasta 70.000 personas tienen el microorganismo, según la OMS. De ellos, el 80% de los bolivianos que sospechan haberse infectado en algún momento de sus vidas, da positivo en el diagnóstico. En Europa, uno de cada 25 latinoamericanos porta el parásito, de los cuales el 95% lo desconoce.
Mientras no presentan síntomas, estas personas viven con normalidad. El chagas no da la cara hasta que el patógeno se aloja en el corazón y lo engrosa de forma irreversible, lo que ocurre en el 20-40% de los casos. Para entonces es tarde, ya existe un daño cardíaco o la muerte sobreviene de forma súbita.
"Cuando veo a personas que tienen afectación cardiaca, hijos con el corazón dañado, un familiar que ha fallecido a causa del chagas o toda la familia infectada, entonces pienso que lo mío es poco transcendental. A mí solo me diagnosticaron la enfermedad y mi historia no es nada en comparación con otras más graves", atestigua Jordan.
Un análisis de sangre puede alertar a los posibles afectados para que tomen el tratamiento a tiempo y se prevengan los daños. Esto es lo que hizo Brigitte Jordan antes de ser madre. Ahora, sana y con dos hijas, ha dedicado su vida a informar a otros del peligro que corren, como agente de salud de la Fundación Mundo Sano.
Por ello, esta boliviana ha conocido de primera mano muchos casos de chagas. Jordan, que se hace eco de las voces del mal de chagas, relata cómo la desinformación provoca nuevos contagios. "El padre de Ana falleció por chagas. Ella vino de Santa Cruz pero no pensaba que tuviera que hacerse la prueba. Sin embargo, cuando tuvo una niña se lo transmitió durante el embarazo. Sólo cuando vio que su hija daba positivo se alarmó", sostiene Jordan.
La información es imprescindible cuando el miedo impide que se salven del daño familias enteras, como la de Alejandro. Procedente de Bolivia, su hermano falleció a los 30 años por culpa del chagas. Toda la familia lo padece. "Mejor no hablo de ello, ni me someto al tratamiento, no vaya a ser que despierte al parásito y me coma", decía este hombre cuando estaba vivo. "Eso es no aceptar la enfermedad", recalca Jordan. El mismo Alejandro, reacciona igual. "Al morir su hermano, no quiso saber del tratamiento hasta que sintió un dolor", insiste. Ahora lleva un marcapasos.
Los profesionales sanitarios recomiendan encarecidamente a estas personas que soliciten un diagnóstico. La probabilidad de desarrollar la afección sin presentar síntomas es alta. Cuando aparecen, los órganos ya están afectados. Algunos incluso esperan "hasta que el síntoma les lleve al médico", reitera Jordan.
El mayor temor de esta mujer que intenta llegar a una población desconocedora del peligro que corre es precisamente llegar demasiado "tarde", una palabra que ha escuchado de algún enfermo.
Un día, en un evento al que acudieron muchos bolivianos, Jordan repartía panfletos sobre esta dolencia, la prueba gratuita para detectarla y la existencia del tratamiento. "Entré en un hotel", comienza a narrar. "Había mucha gente. Un chico de entre 30 y 40 años me dijo que había llegado tarde para él. Ya había sufrido un infarto a causa del chagas", cuenta con tristeza. "Me dejó fría. Sentí no haber llegado a tiempo para esa persona".
Las campañas de información y los análisis (los llamados cribados) de Mundo Sano se suceden a lo largo del año en Madrid, Valencia y Murcia. Para llegar a este colectivo se publican anuncios en periódicos y emisoras de radio o se acude a plazas, fiestas, partidos de fútbol o eventos de la comunidad latinoamericana. La misma embajada de Bolivia, el teléfono de la esperanza, o el boca a boca de los afectados contribuyen a su difusión.
Desde que comenzaron los cribados en 2011, hasta 4.875 personas se han sometido a las pruebas, en las que casi 1.000 personas, un 20%, han dado positivo. "Estar diagnosticados nos hace visibles", asevera Jordan.
Al último de estos eventos organizado en Madrid asistieron 260 latinoamericanos, como María Fernanda, una boliviana de mediana edad que ha vivido varios años en España con sus hijos. Ellos han vuelto a Bolivia. "Vinieron de chicos, se van de mayores", menciona esta mujer. "Mi familia es del campo y es posible que tengan el chagas", añade. "Me hago la prueba porque siempre es mejor prevenir que curar".
Juan, un ecuatoriano residente en España desde 1998, aunque aún no tiene los resultados, ya se siente más tranquilo. "Ahora sé que todo está controlado. Ya ellos se encargan", afirma con una emoción contenida. Tras años de incertidumbre, este hombre ha dado el paso para conocer la verdad sobre su salud y se dispone a estar "en buenas manos".
Sin embargo, este colectivo vive con angustia el riesgo de perder sus empleos al solicitar un día libre para hacerse el análisis o al comunicar los resultados. Una latinoamericana que cuidaba a una persona de avanzada edad fue despedida cuando admitió tener el parásito. "Dijeron que la señora estaba delicada y podía contagiarse. Se habían informado por internet. A saber qué leyeron", sostiene Brigitte Jordan.
Por otro lado, desde España, estos resultados evitan la muerte de familiares que se encuentran en Latinoamérica, como los de Laura, una mujer procedente de Santa Cruz. Su padre falleció de chagas a los 40 años. A ella también se lo diagnosticaron. "Avisó a su familia, que estaba en Bolivia, para que se hicieran la prueba", asegura Jordan.
Para entonces su madre y su hijo más joven, de veinte años, ya tenían afectación cardíaca. Ahora todos han sido tratados y están bajo control médico. El proyecto Barrios comprometidos con chagas, de Mundo Sano, alerta a las familias de los afectados en sus países de origen para que contacten con su médico y se hagan las pruebas.
"Queremos transformar la realidad de las personas afectadas por estas enfermedades, pero no creemos que esto lo pueda hacer una fundación. Esta es una función de las políticas públicas de salud. Nuestro objetivo es colaborar con ellas" comenta Silvia Gold, fundadora de Mundo Sano.
La fundación mantiene convenios con el Ayuntamiento de Madrid o la Organización Mundial de Salud (OMS). Estos acuerdos ayudan a diagnosticar a la población que reside en España y ha adquirido el parásito en sus países de origen. "Nosotros no podemos ir a buscar a los pacientes, pero tenemos que ayudar a que la salud pública los encuentre", explica Gold.
"Y es importante que se haga porque si no, la enfermedad no tiene nombre, no tiene cara. Uno a veces se pregunta qué falla para que la gente no la tome en serio. Cuál es el estigma que la mantiene tan oculta" se pregunta Gold.
Silvia Gold, a quien pertenece el grupo Chemo, que comercializa uno de los medicamentos para chagas, pone de manifiesto la denominación de enfermedad olvidada o desatendida de esta dolencia, que recibe ese nombre por la poca atención que le prestan autoridades y farmacéuticas.

LA MEDICINA ES UN CANCER


La sociedad y su cáncer, por Fernando Rosso


La detección de un cáncer en el cansado cuerpo de mi vieja nos llevó hasta el Instituto de Oncología Ángel Honorio Roffo, dependiente de la Universidad de Buenos Aires.
El lugar y su universo concentran todo lo que está bien y todo lo que está mal. La calidad humana de la mayoría de los médicos y la pedantería insoportable de algunos integrantes de la pequeña elite profesional; los esfuerzos extraordinarios de gran parte de los empleados y los recursos salvajemente escasos del Estado; la paciencia infinita de los "pacientes" y el laberinto kafkiano de obras sociales y administraciones públicas en la larga marcha hacia la "autorización" , uno de los premios más valorados de este torneo. Todo un tema, porque el clásico tiene un único, eterno e incansable rival: el tiempo.Los payamédicos que buscan poner color y alegría a un circo triste y gris por naturaleza.
El sistema funciona, pese a todo, mitad con la burocracia y mitad con "autoorganización". Los más experimentados instruyen a los novatos sobre los pasos a seguir, sobre las consultas a realizar, sobre las leyes y sobre las trampas. Revelan las características de las personas que visten esos impecables guardapolvos blancos y que son seguros portadores de malas noticias. Se dividen básicamente en dos clases: los que saben explicar y los que no.
Hay envidiables optimistas de la voluntad que alientan a herméticos pesimistas de la inteligencia; viejos más o menos sabios con una vida hecha que aconsejan a jóvenes con una vida que no saben si podrán hacer; vendedores de alimentos caseros para enfermos y familiares desprevenidos que desconocían que todo llevaba tanto tiempo. Un magnífico mercado del trueque de los medicamentos entre los que ya los consiguieron pero todavía no los necesitan y los que los necesitan de manera urgente y aún no los consiguieron. Un ejército caótico que se va organizando en una microbatalla cotidiana por y contra el Estado.
También hay pequeños mercaderes de humo religioso que creen tener entre esas paredes desvencijadas y persianas invadidas por óxido, un mercado cautivo para su predicamento. Mi vieja le hizo el ole a una de estas profetas cuando venía directo a hacer el cuento del tío Dios. La perspicaz señora se dio cuenta, realizó una maniobra envolvente y tercamente regresó. Después de casi cinco horas interminables de dulce espera, la paciencia se había acabado y no nos dejó otra posibilidad que espantarla a golpes de Woody Allen puro y duro. Mire señora, Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y nosotros nos estamos sintiendo bastante mal; aparte si Dios ama a los pobres, ¿cómo sería si los odiara? Fin del delivery de misa.
Las estadísticas certifican cosas terribles. El cáncer es la segunda causa de muerte en la Argentina. En el año 2014, por ejemplo, hubo 60.791 fallecimientos, de acuerdo al Boletín de Vigilancia Epidemiológica elaborado por el Instituto Nacional del Cáncer (INC). Y como si se estuviera hablando de la cantidad de turistas en las playas caribeñas, afirman que para 2035 aumentarán 50,2% los casos de cáncer en el país y crecerán 55,7% las muertes por esa causa, según estimaciones de la Agencia Internacional de Investigaciones en Cáncer. Es decir, una enfermedad cuyas consecuencias tienen que ver con las condiciones sociales, se aborda como un desastre natural del que se pueden contabilizar los muertos que habrá dentro de 20 años!
En este predio de casi cuatro hectáreas, trece pabellones y espacios más o menos verdes, lo que sobran son las miradas: de incertidumbre, de expectativa, de miedo, de sorpresa, de resignación; también hay algunas miradas que no miran nada.
Existen múltiples consejos en torno a con qué ojos aprender a observar la vida para captar su esencia. En este momento, yo sugiero mirarla con los ojos de los enfermos crónicos en general y de los que se tienen que atender en el Roffo en particular. Despejará las dudas o reafirmará las convicciones sobre por qué es necesario (y además, posible) cambiar el mundo. Como sintetizó Ernst Bloch antes de escribir El principio esperanza, por una simple razón: porque lo que existe no puede ser verdad. «
*Director de La Izquierda Diario

LA MUERTE VIENE DEL SUR

Más de 370 muertos por gripe en Australia

La epidemia ya supera los 160.000 contagiados

Vacunación contra la gripe.
Vacunación contra la gripe. / DANNY CAMINAL
Australia, que experimenta la temporada de gripe en verano porque está en el hemisferio sur, se ha visto fuertemente afectada este año por el virus de la gripe. Y el mayor responsable ha sido la cepa de la gripe H3N2, queprovocar una enfermedad grave, especialmente en las personas mayores.
Las últimas cifras ya hablan de más de 160.000 personas contagiadas y 370 muertos. En agosto las cifras ya empezaban a ser alarmantes.
Prácticamente un 85% de la población que se vacunó al inicio de la temporada ha acabado contagiada, lo queha llevado al límite a los departamentos de emergencia de los hospitales.

Os pido máxima difusión!!!!!

HISTORIA SOCIAL DE LA COMIDA


La cómoda falacia del “estilo de vida”

Acerca del peligro de aceptar ideas sin crítica y el absurdo recurso de culpar a la víctima

Autor: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed 
Los principios de la neolengua: "La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada' de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera  literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras". George Orwell, 1984
La cómoda falacia del “estilo de vida”
Una cultura se define por el conjunto de ideas y valores que encarna. En su interior, el sentido común opera como un marco teórico tácito que orienta nuestras evaluaciones de lo que la realidad nos ofrece. Esto no solo incluye los juicios que nos formamos acerca delos hechos sino algo mucho más profundo y contraintuitivo: configura nuestras percepciones acerca de ellos. No se trata solo del modo en que evaluamos lo que ocurre sino del modo en que lo vemos (percibimos). Saberlo, y estar advertido de este sesgo nos hace libres y privilegia el abordaje racional de los problemas. Ignorarlo, nos convierte en sujetos propicios para la manipulación y la servidumbre.
La medicina no es ajena a estos riesgos. La ciencia sobre la que se funda produce “evidencias” (pruebas) que el clínico deberá emplear para orientar sus intervenciones. Pero, entre unas y otras, media un proceso que requiere de una operación intelectual de alto nivel: contextualización, personalización, respeto por los valores y preferencias, decisiones compartidas. Este paso no es de menor jerarquía epistemológica que la ciencia pura, es, por el contrario, de un valor superior, ya que involucra a personas y no solo a datos.
La Medicina Basada en Evidencias es una de las transformaciones más auspiciosas en la historia de la medicina. Sus aportes son indiscutibles tanto en su propuesta metodológica como en sus resultados epidemiológicos. Pero el culto dogmático a las evidencias se desliza a menudo hacia el riesgo del empirismo más elemental.
Señala Mario Bunge: “La Medicina Basada en Pruebas tiene un límite y un peligro epistémico: se expone a conformarse con datos y generalizaciones empíricas, mientras que la buena ciencia también involucra hipótesis y teorías”.1
La práctica de la medicina debe recuperar su jerarquía intelectual, empezando por la valoración que los propios médicos tenemos de nuestra tarea cotidiana
Basta recorrer algunas de las ideas más aceptadas en el pensamiento médico actual -con todo su bagaje científico- para encontrar que gran parte de lo aceptado sin crítica se basa solo en meras correlaciones, suposiciones y conjeturas. En muchos casos las asociaciones son verdaderas, pero la atribución de causalidad acerca de ellas es falsa. No reconocer la frontera entre ciencia y clínica es un grave inconveniente; pero ignorar la que separa a los meros datos de las hipótesis y teorías que los explican y justifican así como de las pruebas que los confirman o refutan, es más grave todavía. No existe ciencia ateórica. El conocimiento científico no consiste en la acumulación de datos que “co-varian” sino en desentrañar los vínculos que producen esa asociación (y que pocas veces son causales). La práctica de la medicina debe recuperar su jerarquía intelectual, empezando por la valoración que los propios médicos tenemos de nuestra tarea cotidiana.
El “estilo de vida”, el pensamiento débil y la pereza intelectual
No cabe duda de que gran parte de las enfermedades crónicas del presente están vinculadas con los modos en que vivimos. Sin embargo, también la denominación de “estilo de vida” oculta más de que lo que muestra. El lenguaje encierra connotaciones, no solo denotaciones, y ambas orientan la práctica. Las palabras nunca son inocentes, la ingenuidad procede de su uso irreflexivo y acrítico.
¿Qué entendemos por “estilo de vida?
Los datos de la epidemiología muestran una asociación muy fuerte entre determinadas características de la vida contemporánea y la emergencia de enfermedades crónicas no transmisibles. Pero, ¿son estas asociaciones el resultado de una decisión individual de las personas? ¿Son la consecuencia de un fallo moral y de la voluntad que ha adquirido dimensiones planetarias? ¿Somos más glotones y perezosos que nuestros antepasados? ¿Es una elección o un “estilo” lo que explica la conducta de miles de millones de personas?
Una primera distinción pertinente podría ser diferenciar  las “condiciones” del “estilo” de vida.
Condiciones de vida
  • Condiciones materiales necesarias para la subsistencia
  • Nutrición
  • Vivienda
  • Saneamiento
  • Ambiente
Estilo de vida
  • Formas social y culturalmente determinadas de vivir
  • Ejercicio y deportes
  • Dieta
  • Hábitos
  • Tabaco
  • Alcohol
La adopción de determinadas formas de existencia no puede confinarse al ámbito de la decisión individual, voluntaria y deliberada de las personas. Son las “condiciones” estructurales las que producen los “estilos” personales. Las primeras escapan a la decisión individual y las segundas son configuradas por el mundo cultural y sus determinantes simbólicos. Reducir la forma de vivir a un problema individual implica desconocer el papel de las estructuras económicas, sociales y culturales donde esas vidas se desarrollan. La supuesta “elección” de ciertas conductas se encuentra constreñida también por el sistema de derechos, de posibilidades de acceso y por la educación necesaria para decidir con conocimiento y libertad.
Corren tiempos insolidarios de soluciones individuales y de descrédito de las empresas colectivas. Esto hace "creíbles", también en la medicina, las propuestas que suponen poder resolver en los individuos los problemas sociales. Estas ideas, pese a su aceptación generalizada, no solo son interesadas sino ignorantes. La humanidad ha evolucionado en comunidad desde tiempos inmemoriales. Desde la encefalización al arte, desde el uso del fuego a las ciencias; sus logros han sido siempre el producto de acciones del grupo y no de iluminados ni meritócratas, ni mucho menos de titáncos esfuerzos de la voluntad de cada uno de sus miembros aislados de sus semejantes. Confinar los hábitos y costumbres al terreno individual culpabiliza a las víctimas y desresponsabilliza a los Estados y a las instituciones. Y en nuestro caso, hace estéril el esfuerzo profesional y nos condena a la inercia clínica.
Los factores de riesgo han sido a lo largo de la historia el producto de las condiciones sociales que los producen en constelaciones clínicas que predisponen a unas enfermedades más que a otras. Son, precisamente, estos procesos que involucran a la sociedad en su conjunto los que exponen a los sujetos a los determinantes de enfermedad. Las elecciones de las personas no son ni tan libres ni tan infinitas como la denominación “estilo de vida” sugiere. Podemos elegir determinadas conductas pero no todas las que creemos.  Las “condiciones” (económicas, educativas, jerárquicas) producen activamente los “estilos”. Las propias percepciones de los sujetes se encuentran condicionadas y restringen el campo de lo posible a lo dado para cada situación particular.
Afirma la antropóloga Patricia Aguirre en su libro: “Una historia social de la comida” 2 : “A pesar de todas las evidencias empíricas, se insiste en divorciar el comportamiento individual de su base social, como si cada individuo fuese un Robinson Crusoe en su isla, separado de la dinámica que lo rodea”.
Incluso las preferencias que adquieren la ilusión de ser completamente personales ocultan y reproducen su origen social. Las personas “eligen” como si fuera propio lo que corresponde al grupo de pertenencia, según señala el sociólogo Pierre Bourdieu (1985)3 refiriéndose a lo que genéricamente denominamos “gusto”. La educación y la socialización en el interior de determinado segmento social condicionan la percepción de las elecciones posibles.
Patricia Aguirre: "Una historia social de la comida"2
  • El "nicho social obesogénico" genera al mismo tiempo la susceptibilidad (metabólica) y la exposición (ambiental) que producen obesidad.
     
  • Un "nicho obesogénico" tiene efectos transgeneracionales al favorecer determinado fenotipo; es lo que algunos denominan "gueto metabólico".
     
  • Los productores industriales de comida deciden por el consumidor que cree que decide por sí mismo lo que está obligado a elegir.
     
  • ¿Cómo manipular elección alimentos? Conductual (publicidad), económica (precio), restricción de variedad (mercado), fisiológica (adictivos).
     
  • La pérdida del poder de decisión (agencia) del consumidor alimentario implica resignar la única capacidad de resistir a sus efectos adversos.
     
  • El consumo en las sociedades de mercado ha reducido al comensal a la categoría de mero comprador de mercancías alimentarias que escapan a su saber y control.
Obesos, de víctimas a culpables
La obesidad y sus enfermedades metabólicas relacionadas son el caso paradigmático de esta situación. El mayor incremento de las tasas de obesidad en los Estados Unidos durante la última década se ha registrado en la población entre 2 y 5 años de edad.4 Aunque también hay reportes de su crecimiento en menores de 6 meses.5 ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Han tomado estos niños una decisión para adoptar un “estilo” de vida obesogénico?
Hay reportes muy confiables acerca de que la prevalencia del incremento de peso no solo afecta a gran parte de la humanidad sino incluso a los animales domésticos con lo que convivimos.5 ¿Son nuestras mascotas responsables de su obesidad? ¿Han tomado una decisión que los conduce a acumular peso?
La obesidad no es la causa de los trastornos metabólicos sino un marcador antropométrico de ellos, es decir, su consecuencia. Tampoco el comportamiento individual es su causa sino el correlato conductual de las perturbaciones tóxicas que la alimentación industrial produce en los sistemas que la regulan. Tomar efectos por causas nos pone en el lugar del Hidalgo Caballero que "tomaba los rebaños por ejércitos".
La enorme disparidad de la prevalencia de obesidad y enfermedades metabólicas entre pobres y ricos también respalda la hipótesis ambiental.
  • Los sectores menos favorecidos en sociedades desiguales no pueden acceder a los alimentos frescos, con menos azúcar y más fibra y se ven obligados al consumo de productos comestibles ultraprocesados baratos, densos en calorías y azúcar y con déficit de nutrientes de alto valor biológico.
     
  • La invisible mano del mercado concentra los comercios en zonas de mayor rentabilidad. Muchos autores denominan “desiertos de comida” a los barrios pobres donde el acceso a productos saludables es casi imposible lo que condena a sus habitantes a los productos industrializados.
     
  • El procesamiento de los alimentos frescos en el hogar insume un promedio de 22 horas semanales a una familia. Pero las mujeres, que históricamente han realizado es tarea, hoy trabajan fuera y apenas disponen de 6 o menos horas a la semana para hacerlo.
     
  • Los grupos menos favorecidos en sociedades desiguales no ignoran qué alimentación es saludable, ocurre que si intentaran acceder a ella comerían menos de 15 días al mes.
     
  • En estos grupos muchas veces no se sabe cuándo será posible encontrar la próxima comida. La incertidumbre y el stress los obligan a comer lo que hay y cuando hay, al mismo tiempo que dificulta las elecciones racionales y crea las condiciones metabólicas propicias para la obesidad por razones estrictamente biológicas (stress crónico, activación del eje hipotálamo-hiposo-adrenal) como se conoce desde hace mucho tiempo.
¿Cuál es la “elección” de su estilo de vida que hacen estas personas? ¿Son "culpables" de adoptar una alimentación no saludable pero que constituye una estrategia adapatativa para la supervivencia? Las causas de las causas no son sus decisiones personales sino la brutal desigualdad de una sociedad injusta.
Estos datos confirman lo inadecuado de la hipótesis de la elección personal y respaldan la que identifica a las verdaderas causas de las causas en un medioambiente tóxico y desigual que genera ese fenómeno.
Abandonar la trampa de trivialidad (desde las causas inmediatas a las causas de las causas)
Disponemos de muchos datos pero de pocas teorías inclusivas. Es necesario dejar de adaptar la realidad a las viejas categorías que tenemos para crear nuevas que den cuenta de la compleja y cambiante naturaleza de la patología humana. Se denomina “error categorial” a la inclusión de un problema en una categoría en la que no podrá encontrar su solución. No alcanza con proponer nuevas clasificaciones, antes es necesario crear nuevas categoría (taxones) en las cuales, más tarde, clasificar los hechos. La medicina aborda problemas cotidianos con explicaciones próximas sin tomar en cuenta las causas remotas ni la historia que esos fenómenos tienen en el largo tiempo evolutivo de la especie. Es imperativo abordar las causas de las causas, las causas raíz. La alimentación es hoy la fuente de casi todas las enfermedades crónicas más prevalentes: obesidad, diabetes, hipertensión arterial, dislipidemia, etc. Pero, ¿cuál es la historia de esos trastornos? ¿Dónde nace nuestra vulnerabilidad? ¿Cuáles son las razones sociales y biológicas que explican su explosión epidemiológica y nuestro fracaso terapéutico? ¿Cómo comprenderlos evitando la simplificación de culpabilizar a la víctima?
El modelo de causalidad: agente (activo) sujeto (pasivo) es otro obstáculo epistemológico, no existe sujeto pasivo en biología, no hay efecto sin "propensión" (sensibilidad diferencial) y, pese a que nos resulta insoportable, en los seres vivos hay fenómenos determinados pero NO causales; la causalidad es solo una de las múltiples formas de la determinación.
Hacer visibles las causas sistémicas de la enfermedad crónica ambiental es fundamental ya que están invisibilizadas por una epistemología ciega a sus propios límites. La conducta humana tiene determinantes poderosos y mecanismos biológicos que es necesario desentrañar para: describirlos, explicarlos y comprenderlos, que son tres instancias diferentes del conocimiento. De lo contrario será imposible modificarlos jamás.
Por primera vez en la historia de la especie las corporaciones saben más que los médicos acerca de estos fenómenos. La manipulación de la conducta ingestiva no procede al azar, es producto del conocimiento íntimo de sus mecanismos y circuitos involucrados. Es absurdo intentar en la consulta médica modificar -apelando a la voluntad y a la culpabilización- una serie de hábitos que han sido configurados con una precisión biológica científica de la que los médicos carecemos.
Afirma el doctor Robert Lustig: "La comida está más allá de nuestras necesidades; se ha convertido en comodity, ha sido reformulada para convertirla en sustancia adictiva". (Fat Chance)
No son ni el colapso de la voluntad ni la muerte del libre albedrío. Es la brutal manipulación de la fisiología puesta al servicio de los intereses sin considerar el precio que se pague en términos de salud, bienestar o supervivencia
El funcionamiento de los circuitos cerebrales de motivación / saliencia /recompensa son el modo en que la cultura crea conductas. El placer y la aversión han sido imprescindibles para la supervivencia de la especie. Hasta que la  industria alimentaria puso ese mecanismo a su servicio. No son ni el colapso de la voluntad ni la muerte del libre albedrío. Es la brutal manipulación de la fisiología puesta al servicio de los intereses sin considerar el precio que se pagua en términos de salud, bienestar y muerte. El “libre albedrío" se define como: el poder de tomar decisiones libres que no estén restringidas por circunstancias externas o por necesidad. Es evidente que no es eso lo que les ocurre a nuestros pacientes en el mundo real.
Hay una ingenuidad estructural en el abordaje de los problemas desadaptativos del presente. Una idea reduccionista que se limita a describir sin explicar, a exigir sin comprender y a corregir variables sin tomar en cuenta los motivos de sus desvíos. La epidemiología de nuestros días no solo reclama la apertura hacia nuevos conocimientos y diversas disciplinas, exige algo mucho más drástico en nuestro modo de pensar: una verdadera reformulación epistemológica del objeto de estudio. La biología de sistemas, la medicina sistémica emergentista, la teoría de la evolución, los mecanismos regulatorios homeostáticos y alostáticos y otros abordajes ausentes del conocimiento médico estándar apuntan en esa dirección. Lo que sabemos, es insuficiente; nuestras herramientas cognitivas no lograrán comprender –y mucho menos modificar- la realidad que abordamos. Algo muy profundo debe cambiar con urgencia, y de una manera radical.
Daniel Flichtentrei

domingo, 8 de octubre de 2017

UN MEDICO DE VERDAD


Comandante Ernesto Che Guevara, revolucionario cubano (archivo)

Che, medio siglo de clara presencia


Diego Manuel Vidal

Los cuerpos fueron arrojados a sus pies con lúgubre desprecio. Estaban sucios de tierra y sangre. Con disparos de gracia tras la ejecución cobarde. Los cubanos Orlando Pantoja Tamayo, 'Olo' o 'Antonio', Alberto Fernández Montes de Oca, 'Pacho' o 'Pachungo', y Simeón Cuba Saravia, el combatiente boliviano 'Willy', habían cumplido con creces los vaticinios de Guevara. 
Unos fieles a sus historias revolucionarias en las montañas de Cuba, el otro que despuntaba como guerrillero y jugó su vida al interponerse entre su jefe y el soldado captor que intentó fusilarlo al momento. Pantoja y René Martínez Tamayo, 'Arturo', dejaron sus vidas resistiendo en la Quebrada del Yuro mientras sus compañeros intentaban la retirada y cubrían al Comandante herido.
Cuentan que los ojos del Che brillaron con lágrimas por sus hombres. Todos cayeron en cumplimiento de aquella afirmación que él mismo estampara en la carta de despedida a Fidel, "en una revolución se triunfa o se muere si es verdadera". Aquellos que no cayeron en combate, fueron asesinados a sangre fría después de apresados. El Che Guevara sabía que también sería su destino y unas horas después se lo hizo saber a los militares bolivianos Bernardino Huanca, Mario Terán y Carlos Pérez Panoso, quiénes serían sus ejecutores.
Portada del libro 'El viaje definitivo' de Diego M. Vidal
© Foto: Diego M. Vidal
Portada del libro 'El viaje definitivo' de Diego M. Vidal
"Apunten bien, porque van a matar a un hombre", les dijo mirándolos de frente y de pie.
A las 13 y 10 horas del 9 de octubre de 1967, Mario Terán dispara una ráfaga, el resto de los presentes también lo hacen, incluso el agente de la CIA, de origen cubano, Félix Rodríguez. Guevara cae herido y se desangra ante el regocijo de los asesinos que no tuvieron la dignidad de dispararle un tiro en la sien para cortar su agonía.
Hace unos meses (albergado en su casa), Sareska, la mayor de las hijas de Orlando Pantoja, me cuenta que cuando treinta años después encuentran los restos en la fosa común de Vallegrande, los huesos de Olo cubrían a los del Che y entonces su abuela sentenció: "fue fiel al Che y hasta en la muerte lo protegió". Durante las últimas cinco décadas, la influencia del Che ha sido cada vez más clara y permanente. Desde las revueltas francesas de mayo de 1968, atravesando las protestas y luchas callejeras y clandestinas contra las dictaduras que azotaron Latinoamérica durante la década de los 70, hasta los reclamos contra las guerras imperiales en lo que va de este Siglo XXI.

Cincuenta años pasaron desde aquel cobarde asesinato que lo inmortalizó y aún se mantienen vigentes los motivos de su lucha contra el imperialismo: la construcción de una sociedad distinta conformada por relaciones sociales y económicas más justas crearía un Hombre Nuevo que vería la luz en un futuro no muy lejano. Incluso la Cuba que vio su esplendor revolucionario, ya no es la misma.
Pero esta isla y su pueblo, por el que entregó horas sin descanso, familia y sangre de las heridas que acumuló en la Sierra Maestra en pos del triunfo contra la dictadura de Fulgencio Batista o después, en las obligaciones que asumió como estadista al frente de los cargos que la Revolución le requirió, tiene en el Che el ejemplo incuestionable del inconformista, la crítica sincera de los problemas a solucionar, el ideal de esa comunidad organizada y solidaria que el mundo necesita con urgencia.

CONFUNDIR GORDURA CON HINCHAZON