Sanidad retira más de un centenar de medicamentos contra la hipertensión
El ministerio alerta de impurezas en fármacos que contienen valsartán, pero advierte de que no debe abandonarse el tratamiento sin consultar con el médico
Un médico toma la tesión, en una imagen de archivo. GETTY IMAGES
El Ministerio de Sanidad ha ordenado la retirada de más de un centenar de medicamentos que contienen el principio activo valsartán, recetados para controlar la hipertensión, pero advierte a los usuarios de que no deben abandonar su tratamiento sin consultar antes al médico y sin que este lo haya sustituido por otro. Los lotes afectados, fabricados en China, contienen una impureza calificada como probablemente carcinogénica para humanos.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) informa en su página web de que se ha detectado la aparición de una impureza en determinados medicamentos que contienen valsartán elaborados por la farmacéutica china Zhejiang Huahai. La aparición de esta impureza, N-nitrosodimetilamina, se debe a un cambio en el proceso de fabricación de valsartán autorizado por la Dirección Europea de la Calidad de los Medicamentos, del Consejo de Europa. Esta sustancia aumenta las probabilidades de cáncer en animales.
Fuentes de Sanidad han insistido en que "es muy importante" que los afectados no interrumpan su tratamiento de golpe sin informar a su médico. Una vez consultado un profesional, es posible sustituir el fármaco que el paciente esté tomando por otro con la misma composición, pero que no esté afectado por este defecto de calidad.
La retirada de estos medicamentos distribuidos por las farmacéuticas y laboratorios Kern Pharma, Alter, Cinfa, Normon, Pensa Pharma, Sandoz, Almus, Aurovitas Spain, Combix, Ranbaxy, Stada, Qualigen, Ratiopharm, Tarbis, Tecnimede España, Tedec-Meiji Farma, afectan a los lotes fabricados en China.
El valsartán es un principio activo que se utiliza para tratar la hipertensión arterial y que se encuentra disponible solo o en combinación con otros principios activos. En estos momentos, las autoridades europeas de medicamentos están trabajando con Zhejiang Huahai para resolver la situación tan rápido como sea posible, según informa la AEMPS en su página web.
Urgencias del Hospital Universitario de Bellvitge, en L'Hospitalet de Llobregat. En vídeo, declaraciones de Marta León, secretaria general del Colegio de Médicos de Las Palmas de Gran Canaria.GIANLUCA BATTISTA | VÍDEO: EFE
Se multiplican las facultades de Medicina, pero los licenciados no tienen hueco en la Sanidad pública española, advierten los médicos. Y la creación de nuevos campus aumentará todavía más el “embudo” de graduados que tendrán que emigrar o buscar otra profesión, según el último estudio demográfico de la Organización Médica Colegial y el Consejo General de Colegios de Médicos.
“Están mal distribuidos”España es el segundo país del mundo en número de facultades de Medicina por número de habitantes, solo por detrás de Corea del Sur. Los campus se han disparado de 28 en 2010 a los 46 actuales, llegando a una ratio de universidades por millón de habitantes (0,95) que duplica a las de países vecinos. En total, cada año salen 7.000 graduados, según datos de la OMC, mientras que en 2015 eran pocos más de 6.000, y la cifra de la universidad privada se ha disparado todavía más: un 210% desde 2001. Pero hay un desajuste entre estas cifras y las plazas de Médico Interno Residente (MIR), el examen imprescindible para especializarse y empezar a ejercer en el Sistema Nacional de Salud. “Se está formando una bolsa de médicos sin especialidad”, advierte la OMC, que están destinados a volver a presentarse o a buscar trabajo en la sanidad privada, o en puestos no asistenciales. Este año, por ejemplo, 6.513 consiguieron plaza, de los 14.448 que se presentan a la prueba.
Unos 70.000 médicos se jubilarán en los próximos diez años en España, según este informe. En un país en el que la media de edad de los doctores es de 49,2 años y el número de licenciados en Medicina crece, este descenso de profesionales será "moderado y transitorio", aseguran, y lo que hay que decidir es, más bien, dónde tienen que ejercer: “No faltan médicos, pero están mal distribuidos”, resume el presidente del Consejo General de los Colegios Oficiales de Médicos, Serafín Romero. El 58% de los doctores están en cuatro comunidades: Cataluña es la que más concentra (el 16,4% del total), seguida de Madrid (el 15,9%), Andalucía (15,2%) y la Comunidad Valenciana (10,5%). Las ciudades autónomas de Ceuta (0,1%) y Melilla (mismo porcentaje) son las que menos médicos activos tienen, seguidas de La Rioja (0,7%) y Cantabria (1,6%).
Hay, también, un desequilibrio en especialidades: en Pediatría, por ejemplo, no se consiguen cubrir las plazas de atención primaria. También hay problemas en Reumatología, Urología, Medicina interna y Psiquiatría, entre otras.
Más mujeres, pero no en altos cargos
España, que en 1985 tenía un 25% de mujeres médicos, tiene hoy más de un 52%, copando hasta el 80% de especialidades como Pediatría. Con el aluvión de jubilaciones previstas, el porcentaje en los próximos años, creen los médicos, subirá al 70%. Pero las doctoras siguen menos presentes en especialidades quirúrgicas y, sobre todo, en puestos de poder: solo ocupan el 20% de los puestos de dirección.
Entre los profesionales menores de 55 años, la proporción de mujeres es del 63,3%. El informe subraya la importancia de planificar la cobertura de plazas, dado que las mujeres que se quedan embarazadas no pueden hacer guardias sufrirán una "injusta merma económica". Además, habrá que tener en cuenta las bajas que deberán ser cubiertas.
Más allá del lógico desasosiego de los padres, el nacimiento prematuro de los mellizos de Irene Montero y Pablo Iglesias ha revelado algunas cuestiones importantes, empezando por ese lado humano de la política tan caro de observar y tan alejado del tradicional navajeo del oficio. Ha destacado Pablo Casado, padre de en un bebé que nació con cinco meses de gestación y pesó 700 gramos, raudo en enviar un mensaje de ánimo a la pareja y en narrar su experiencia de cuatro meses a pie de incubadora entre operaciones y sobresaltos. En esa faceta Casado cursó un auténtico máster presencial y no ha tenido necesidad de mostrar calificación alguna para que se aprecie que entonces y ahora ha estado de matrícula.
Otra de las cosas que el suceso ha puesto de manifiesto es el avance de la medicina, que ha aumentado exponencialmente la supervivencia de estos niños hasta porcentajes superiores al 80%. Si hace apenas dos décadas atrás la insuficiencia respiratoria era el gran enemigo, hoy la lucha se centra en combatir las secuelas: trastornos en el desarrollo motriz y cognitivo, déficits visuales y auditivos, dificultades con el lenguaje, problemas emocionales y de conducta y retrasos evolutivos. La drástica reducción de las discapacidades graves derivadas de partos prematuros demuestra que hasta en esto se está ganando la batalla.
No obstante, la mayor dificultad que se ha de afrontar es legal, fruto de la indolencia de una Administración sanitaria que se resiste a incluir como derecho el de la atención temprana a estos niños y a incluir dichos cuidados en la cartera común del Sistema Nacional de Salud. Cada año nacen prematuramente en España cerca de 30.000 bebés y de los 100.000 de 0 a 6 años que precisarían ser atendidos precozmente para mejorar su calidad de vida menos de la mitad reciben dichos cuidados.
La atención temprana tiene hasta un libro blanco cuyas recomendaciones son ignoradas sistemáticamente. Hace referencia al “conjunto de intervenciones dirigidas a la población infantil de 0 a 6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objeto dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen riesgo de padecerlo”. Para ello se precisaría de un modelo universal, gratuito, de calidad y con financiación suficiente, capaz de afrontar la detección, rehabilitación, prevención, asistencia e inclusión, que es justamente lo que no existe.
La realidad es que no todas las comunidades autónomas disponen de centros especializados y, si los hay, muchos de ellos son concertados o privados; los profesionales que los atienden no han recibido una formación homogénea; no hay un criterio único que determine a qué edad ha de concluir el seguimiento; y las competencias sobre la atención temprana se reparten entre las distintas consejerías de Salud y Servicios Sociales sin interconexión entre ellas. La carencia de medios provoca la existencia de listas de espera, un completo desatino cuando los pacientes son niños que necesitan una atención precoz, y cuyas habilidades futuras para hablar, caminar o relacionarse vienen determinadas por la diligencia con la que reciban la estimulación necesaria en el momento adecuado.
Como denuncian padres y asociaciones, es impresentable que en Canarias sean los padres los que paguen de su bolsillo terapias para sus hijos porque no existe la atención temprana gratuita, que en Madrid haya que esperar una eternidad en una lista de espera o que en la mayoría de comunidades se suspendan cuidados imprescindibles para el desarrollo posterior de los niños por el simple hecho de que han cumplido seis años o tres en algunas de ellas. Es inhumano que la dejadez y la falta de recursos condenen a miles de ellos a la dependencia.
Probablemente, los hijos de Iglesias, que sin duda saldrán adelante, y el de Pablo Casado no añadirán ese problema a los propios, pero existen familias que no pueden permitirse destinar cientos de euros mensuales a la atención que el Estado les hurta. Mientras, duerme el sueño de los justos la proposición no de ley presentada por el PSOE y apoyada por el resto de grupos el pasado mes de octubre para incluir la atención temprana en las prestaciones comunes de la Sanidad Pública, que permitiría a estos menores recibir terapias gratuitas y de calidad con independencia de su lugar de nacimiento.
Haber nacido prematuramente no es un requisito para optar a la atención temprana, como en ocasiones comunica la Administración madrileña para derivar a la lista de espera a muchos de estos niños. Sus tratamientos no pueden depender de las vacantes del momento. Son un derecho, que debe ser reconocido con urgencia.
HALLAN RESTOS DE ESPANTOSO MURO AZTECA HECHO DE CRÁNEOS HUMANOS
Cuando Hernán Cortés y sus hombres conquistaron Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, quedaron horrorizados al ver una gigantesca estructura a la que los mexicanos llamaban Tzompantli. Se trataba de un enorme altar donde había centenares de cráneos humanos. Pues bien, el pasado año, un equipo de arqueólogos encontró una parte de ese altar con los restos de una especie de torre, donde estaban incrustadas unas 650 calaveras. Muchas de ellas, de mujeres y niños. Pero, ahora, investigadores descubrieron que ese enorme altar integraba una estructura mucho más grande. Y es que los arqueólogos hallaron los restos de un gran muro construido también con cráneos humanos, el cual tenía unos 35 metros de longitud, el equivalente a una cancha de baloncesto. (QUO)
¿Es la neurociencia de derecha?
Un doctor en Ciencias Biológicas y una doctora en Psicología ponen un freno a la neuromoda y a quienes, en las antípodas, la cuestionan por su identificación a una ideología. Finalmente plantean por qué piensan que la neurociencia debe ser entendida como un instrumento con potencial revolucionario.
En los últimos meses, se han publicado varias notas con un fuerte alegato en contra de las neurociencias, utilizando sobre todo tres tipos de argumentos: que la neurociencia es de derecha, que niega la subjetividad y que nos retrotrae a un positivismo ramplón. Paradójicamente (o no) esto convive con una plétora de charlas, cursillos y manuales en donde se ensalza a la neurociencia como la solución a todos nuestros males. Así podemos ver promociones de programación neurolinguística, neuroarte, neurofútbol y neuronegocios.
Es comprensible entonces la irritación de nuestros colegas frente a la neuromoda, pero ¿no será esta una reacción excesiva? ¿No se estará atacando a una potencial fuente de reflexión, teoría y práctica? Nosotros consideramos que la neurociencia tiene mucho para aportar al debate de varios temas de interés, como las políticas de drogas, la educación, la violencia y la pobreza. Por eso nos interesa abrir algunas preguntas al respecto.
¿Hay ciencias buenas y malas?
Como toda ciencia, la neurociencia puede usarse para hacer mal o bien. Hay psicólogos que se han especializado en las técnicas de tortura (por suerte no muchos); otros en aliviar el dolor que esta genera. De la misma manera, la neurociencia, que está detrás de varios de los métodos que se emplean en la moderna ciencia de los datos, puede usarse para mejorar la calidad de vida de los lesionados medulares, o bien para pilotar naves no tripuladas en una guerra. En cualquier caso la ciencia es la forma que nos hemos dado los humanos para la búsqueda del conocimiento sistemático. Siempre habrá disputas metodológicas y epistemológicas dentro y entre los diferentes campos. Nunca ha sido sano tratar de resolver estas disputas por la vía de la arenga política, etiquetando grandes cuerpos de conocimiento con algún epíteto descalificatorio que evoque reacciones viscerales en un amplio conjunto de la población.
¿La neurociencia es una ciencia “de derecha”?
Más allá de considerar si es posible hablar de ciencias “de derecha” o “de izquierda”, hay dominios en que las teorías neurocientíficas se alinean con concepciones de izquierda, del campo popular o que desafían dogmas hegemónicos. Hay investigaciones en neurociencia cognitiva que cuestionan el actor racional de las teorías económicas neoclásicas; otras que explican el origen natural de las intuiciones morales y sus limitaciones; y hasta hay estudios que van en contra de la “teoría del derrame”. En Uruguay, la opinión de varios neurocientíficos estudiosos del desarrollo fue crucial para convencer a la población que la baja de la edad mínima de imputabilidad penal no era una buena idea. La organizaciónEl gato y la caja ha sintetizado valiosos aportes acerca de cómo es mejor lidiar con los problemas que generan las drogas ilegales o los que genera el hecho de que las drogas sean ilegales. Es difícil sostener que estos aportes constituyen un programa de derecha. Esto no quiere decir que no pueda hacerse una lista de resultados que abonan propuestas de derecha. Pero la vida política versa sobre decisiones, mientras que la (neuro) ciencia se refiere a descripciones.
¿La neurociencia y el psicoanálisis son necesariamente opuestos?
El estudiar cómo funciona el cerebro y cómo eso produce la actividad mental no quiere decir eliminar o silenciar otros aportes. La mayor parte de los neurocientíficos se apoyan en concepciones de la psicología, y es creciente el número de psicólogos que buscan entender cómo el cerebro es el sustrato de la actividad mental. Incluso algunos reconocidos neurocientíficos se han embarcado en comprender los correlatos neurobiológicos de las estructuras teóricas freudianas en lo que se ha dado en llamar neuropsicoanálisis. Nadie duda del impacto de muchas de las ideas de Freud y para algunos (por cierto, no para todos) incluso algunas de sus ideas acerca del sueño y la terapia han sido corroboradas experimentalmente.
¿La neurociencia es conductista?
Es frecuente leer que la neurociencia lleva al conductismo. Nada más errado. La neurociencia cognitiva es heredera de la llamada revolución cognitiva, que iniciaron George Miller, Chomsky y otros, volviendo a poner en el tapete a la mente, que el conductismo pretendía eliminar. Se ha dicho, que la Ciencia y en particular la neurociencia, no tiene nada que hacer en lo subjetivo. Esta afirmación es por lo menos dudosa. En primer lugar, porque hay enfoques en la neurociencia y la fenomenología que han sido tremendamente influyentes en las ciencias sociales (como el de Maturana y Varela). En segundo lugar, porque pueden convivir lo general y lo individual. Veámoslo con una analogía más concreta: asistimos hoy en día a la personalización de la medicina; eso no se logra tirando a la basura los libros de fisiología y fisiopatología. De la misma forma que sería extraño decir que el postular el complejo de edipo elimine la subjetividad, es absurdo pensar que el hablar de formas en las que el cerebro aprende elimina la subjetividad del individuo que lo hace.
Si estamos convencidos de que saber es mejor que no saber, ¿por qué negarnos al uso de uno de los instrumentos más revolucionarios que la humanidad ha generado, como es la investigación científica? Nótese de paso que decimos instrumento. No decimos única forma de lograr conocimiento. El cultivo de la ciencia ha permitido cambiar radicalmente el mundo. Es irónico que la búsqueda del conocimiento, tan atacada por las derechas de todo pelo y color sea aquí puesta como ejemplo de reacción. Los científicos, incluso esos mismos que luchan hoy por mantener su fuente laboral, se alinearán políticamente de diversas maneras, no (necesariamente) dictadas por su disciplina. Ante este panorama, la discusión de los méritos de las teorías científicas debería hacerse con arreglo a lo que pueden explicar y cambiar y no al pelo de los científicos ni a las vicisitudes de la moda.
El lado oscuro de los vegetarianos: ni más ecológicos ni más sanos
Así lo asegura Lierre Keith, autora de 'El mito vegetariano', que sostiene que, frente a la creencia de los veganos, la agricultura está haciendo un daño incalculable al planeta
"La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros", explica la escritoria, quien fue vegana 20 años... hasta que su dieta le pasó factura
«La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre». Lo dijo un tal Thomas Malthus allá por 1798. Según sus cálculos, 1880 era la fecha estimada para que la situación fuera insostenible. Pero no tuvo en cuenta hambrunas ni guerras, que diezmaron la población mundial, ni el desarrollo exponencial de las revoluciones industriales que estaban por llegar. Y, sin embargo, esa guillotina sigue ahí, amenazando con cortarnos la cabeza por culpa de un crecimiento que no parece conocer límites.
Esos límites existen y ya los hemos rebasado. Tal y como está montado el tinglado, en 2050 seremos cerca de 10.000 millones de habitantes en este maravilloso y loco planeta. Según varios estudios, la producción de alimentos deberá crecer hasta un 50% para poder satisfacer las demandas de la población. ¿Cómo podemos frenar antes de llegar a ese punto de no retorno? Si, según la FAO, 815 millones de personas pasan hambre hoy en día, ¿cuántas morirán de inanición en 2050? Intentamos adentrarnos en este laberinto de datos, predicciones catastrofistas, modas alimentarias y el poder omnímodo de la industria alimentaria.
La solución mágica para mejorar la alimentación, la salud y combatir los daños que sufre el medio ambiente reside en los vegetales. O eso afirman algunos. Era algo indudable para Lierre Keith, escritora feminista y ecologista, autora de El mito vegetariano (Capitán Swing), un libro a medio camino entre el diario personal, el ensayo y la llamada a las armas. Keith se agarró a esa idea como algo irrefutable durante los 20 años que fue vegana, hasta que su cuerpo dijo basta. Lo que ahora pretende poner en cuestión es la identidad construida en torno al vegetarianismo, tratando de desmontar las razones morales, políticas y de salud que esgrimen los veganos. No siempre lo consigue, pero al disparar contra todo y contra todos provoca al menos un debate que se antoja necesario.
«La gente que más se preocupa por la destrucción medioambiental no entiende que son parte del problema», explica por teléfono desde California. «Hasta que no comprendamos qué es lo que está causando esa destrucción no seremos capaces de pararla. Estoy hablando específicamente de la agricultura». La mayoría de veganos creen que su dieta a base de vegetales es lo mejor que pueden hacer para detener el desastre ecológico. «Y están completamente equivocados, no por sus valores, que son perfectamente válidos, sino porque no entienden que la agricultura es la cosa más destructiva que los humanos le han hecho al planeta», subraya.
Los veganos que esgrimen argumentos éticos para no comer animales se aferran a la idea de que no participan en la muerte de ningún ser vivo. Sus manos no están manchadas de sangre y, por tanto, su conciencia está tranquila. «Los monocultivos arrasan a los habitantes originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra», afirma en el libro. «Es una limpieza biológica, un biocidio. No es pacífico. No es sostenible. Y cada pequeña porción de alimento está cargada de muerte». La agricultura industrial acaba con la riqueza del suelo, desplaza y extingue especies, modifica los cauces de los ríos, los deseca y contamina: «La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros».
Keith es consciente de que hasta el 70% del grano que se produce en el mundo está destinado al consumo animal, una manera eficaz de engordar al ganado para producir carne barata pero no exenta de riesgos y consecuencias devastadoras. «Todo lo que dicen sobre la ganadería industrial es verdad. Es una actividad cruel, despilfarradora y destructiva». Pero, sostiene Keith, comerse una hamburguesa de tofu y una de ternera no difiere tanto en cuanto al impacto que eso tiene en el medio ambiente y en la biodiversidad.
¿Es cierto que cuanta más carne comemos más huella de carbono tiene nuestra alimentación?
El problema real es que sólo se tienen en cuenta los costes medioambientales de la carne de ganadería industrial, que tiene una gigantesca huella de carbono porque está alimentando a los animales erróneamente. Sobre todo se utiliza maíz, que contribuye directamente al calentamiento global, porque todos sus fertilizantes están hechos a base de petróleo y gas. Pero el maíz no es el alimento natural de los rumiantes, sino la hierba. En el momento en el que pones de nuevo al ganado a comer pasto, recuperas un sistema biológico que funciona a la perfección y que absorbe carbono en vez de liberarlo. El problema no son los rumiantes, sino la dependencia del ser humano de los combustibles fósiles.
Luis Ferreirim, portavoz de Agricultura de Greenpeace, está de acuerdo con Keith en que «uno de los grandes problemas de la agricultura industrial es la uniformidad. Son cultivos que generan una dependencia brutal de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, lo que provoca desequilibrios ecológicos muy grandes. Eso tiene graves consecuencias sobre el medio ambiente, desde la contaminación directa de suelos y agua, hasta poner en riesgo especies tan fundamentales para la agricultura como los polinizadores».
Eso sí, Ferreirim prefiere poner el foco en el desperdicio alimentario: «La propia FAO asume que la Revolución Verde, que se diseñó para incrementar de forma exponencial la producción de alimentos, es un modelo agotado y nos ha dejado una herencia terrible. Ese modelo productivista nos ha llevado a producir tal cantidad de cereales que al final estamos tirando una tercera parte, un excedente con el que se podría alimentar a la población que tendremos en 2050».
Chúpate ésa, Malthus.
La Revolución Verde de la que habla el portavoz de Greenpeace se inició a finales de los años 60 y estaba basada en variedades de alto rendimiento de granos de cereales, distribución de semillas híbridas, fertilizantes sintéticos y pesticidas. La iniciativa se vio reforzada en EEUU, sostiene Keith, «por una política pública que defendía que todo el mundo debía adoptar una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos. Fue un experimento llevado a cabo con toda la población estadounidense. 50 años después, podemos decir que todo lo que consiguieron fue hacernos más gordos, más enfermos y más estúpidos. Y no son insultos, sino la descripción de una realidad. Es algo que nos ha destruido».
Ahora llegamos al otro caballo de batalla de la autora de El mito vegetariano, la principal razón por la que se lanzó a escribir el libro: su deteriorada salud. Tras 20 años de dieta vegana, desarrolló una enfermedad degenerativa articular (espondilosis) que la acompañará el resto de su vida. A eso hay que sumarle episodios de hipoglucemia, agotamiento, náuseas, ansiedad, depresión, desaparición de la regla... Síntomas que se encarga de ligar a las deficiencias de su dieta en las páginas del libro.
¿Culpa a la alimentación vegana de todas sus enfermedades?
Sí, porque todas mejoraron cuando dejé de serlo. Algunas desaparecieron por completo, otras son permanentes, pero al menos sufro mucho menos dolor que antes. Para mí no hay duda alguna: comer una dieta con presencia de grasas de animales que yo misma crío ha hecho mi vida mejor y más sana. Es muy habitual que me escriban veganos y ex veganos. Y muchos de ellos sufren exactamente los mismos problemas de salud que yo tuve. Puedes darte cuenta de cuando una ideología anula la realidad física porque la gente es capaz de hacer cosas terribles por un supuesto bien común. Algunos de ellos son fanáticos, y aunque ven con sus propios ojos cómo se deteriora su salud y la de sus hijos, siempre anteponen su ideología.
Para confrontar su versión, consultamos la opinión de Aitor Sánchez, dietista-nutricionista del Centro de Alimentación Aleris y autor del libro Mi dieta cojea(Ediciones Paidós). «Es posible tener una dieta vegana que no afecte a la salud o que sea beneficiosa si está bien planificada. ¿Cuál es el conflicto? Que mucha gente adopta esta dieta por su cuenta y riesgo, como quien sigue una dieta omnívora mal diseñada y acaba con problemas de salud como los que se ven en nuestro entorno».
En el día a día recibimos un bombardeo constante. Aliméntate a base de quinoa y aguacate como si no hubiera un mañana (a pesar del impacto que eso pueda tener en los productores locales). No te olvides del bífidus y los omega-3. Come menos carne y lácteos. Estos consejos nos llegan de todas las fuentes posibles, algunas fiables, otras no tanto. ¿En quién confiar? «Conviene dejarse guiar por el sentido común y el rigor científico, y eso a veces no es nada fácil», apunta Sánchez. «Si no son gurús, te está intentando timar la industria alimentaria, o puede que des con sanitarios desactualizados y con anuncios de televisión que dicen barbaridades. Hay demasiados intereses privados de por medio. Los dietistas-nutricionistas nos dedicamos a esto pero sucede, como en cualquier otra profesión, que el hecho de serlo no te garantiza tener buenas pautas. Conviene fiarse de profesionales actualizados, rigurosos e independientes».
Lierre Keith asume que las decisiones personales no van a transformar el ritmo vertiginoso al que agotamos los recursos y la fertilidad del suelo. La catástrofe malthusiana sigue ahí, acechando sobre nuestras cabezas. Lo que defiende, y en esto están de acuerdo los tres entrevistados, es que la respuesta tiene que proceder de técnicas agrícolas que garanticen la diversidad. La ganadería extensiva, el policultivo de plantas vivaces y el consumo de proximidad son las armas más eficaces, según ellos, en esta lucha por la sostenibilidad del planeta y sus habitantes.