lunes, 22 de octubre de 2018

LOS GENES DE TRUMP VIENEN DEL GUSANO DE LA MIERDA PODRIDA


El biólogo sueco Svante Pääbo, el primero en demostrar que los humanos modernos se cruzaron y mezclaron con los neandertales, durante la conferencia de prensa que ofreció hoy en Oviedo, donde el viernes recibirá el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica
El biólogo sueco Svante Pääbo, el primero en demostrar que los humanos modernos se cruzaron y mezclaron con los neandertales, durante la conferencia de prensa que ofreció hoy en Oviedo, donde el viernes recibirá el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica - EFE

Svante Pääbo: «Mi historia cultural es más importante que mi historia genética»

El investigador, fundador de la paleogenética y responsable del proyecto de secuenciación completa del genoma del neandertal, ha sido reconocido este año con el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica





Tengo entendido que su madre era química.
Svante Pääbo
 (Estocolmo,1955) tenía sólo treinta años cuando la revista «Nature», la «Biblia» de la literatura científica, publicó su artículo sobre el aislamiento de ADN de una momia egipcia. El sueño de todo joven investigador. Y eso que para completarlo tuvo que trabajar a hurtadillas, por las noches y los fines de semana, para que su director de tesis no lo descubriera. Fue sólo el primer paso de una fulgurante carrera de este visionario, «profeta de la ciencia», en opinión de Juan Luis Arsuaga, que decidió encaminar su destino profesional lejos de los cauces normales de la investigación, hasta hacer posible lo que, a todas luces, parecía imposible: recuperar moléculas de especies extinguidas hace miles de años. Así nació la paleogenética, que nos ha brindado el conocimiento pleno del genoma completo de los neandertales. Ahora, el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica está centrado en Atapuerca y cerca, seguro, de ofrecernos una de sus primicias.
Sí, así es.
¿Eso hizo que quisiera ser investigador?
Sí, creo que fue mi madre la responsable. Yo crecí solo con mi madre y fue una gran influencia. Además, me llevó a Egipto cuando tenía doce o trece años y eso me impresionó muchísimo e hizo que me interesara en la arqueología y todo lo que la rodeaba.


Es curioso, porque siempre he pensado en los arqueólogos como gente que desentierra huesos, que está excavando permanentemente, que está hasta arriba de barro… y de repente me topo con usted, un arqueólogo del genoma.
(Ríe) Es una terminología que deberíamos usar más.
Sí, pero no estamos acostumbrados a tratar con muchos arqueólogos del genoma…
Recuperamos genomas de humanos extintos o animales que ya no existen e intentamos averiguar cosas del pasado que no podríamos saber estudiando huesos o herramientas de piedra. Podemos demostrar que, por ejemplo, nuestros antepasados sí se mezclaron con neardentales. Es un gran paso hacia adelante para poder entender el pasado. Está claro que el aspecto genético es sólo una parte de nuestra historia y existe el riesgo de volvernos demasiado filosóficos, porque quizás lo interpretemos como la historia verdadera. Como humanos, es posible que la historia cultural sea más importante. Yo digo que soy de Europa del Norte, pero si voy a Grecia y veo los templos, la acrópolis, siento que son mis raíces, las raíces de la democracia del mundo occidental. Mis genes no provienen de Grecia, pero, para mí, mi historia cultural es más importante que mi historia genética.
¿En serio? No esperaba eso de usted.
(Ríe) Sí, yo puedo ir a Grecia y decir que allí me siento europeo, pero mis genes a lo mejor vienen de Siberia, quién sabe. Realmente no deberíamos perder esa perspectiva.
Pues una de las cosas que le quería preguntar es, precisamente, si considera que su investigación influye, de algún modo, en los paradigmas actuales del mundo de la filosofía y las ciencias sociales.
Mmmmm… No lo sé. Creo que existe una gran división entre el mundo de la antropología social y la biológica. Yo mismo soy una persona muy empírica y pienso que deberíamos hacernos preguntas que nos permitan recabar datos para responderlas. Desde un punto de vista filosófico, pensamos en la condición humana de forma muy distinta y acerca de la sociedad, así que yo no diría que hay una gran influencia. Es algo que me preocupa. Debe ser un equilibrio entre ambas cosas.
¿Cómo se le ocurrió establecer ese vínculo entre la arqueología y el ADN?
Creo que se trata de la combinación de las experiencias que viví. Había empezado a estudiar egiptología, sabía que existían miles de momias que estaban muy bien conservadas. Luego, estudié biología molecular en el campo de la medicina, y existían nuevas técnicas que nos permitían replicar el ADN y las bacterias. Así que no fue un gran salto llegar a decir que quizás podíamos coger tejidos de las momias y replicar el ADN en las bacterias. Era puro sentido común llegar a esa conclusión.
Luego Ötzi apareció en su vida. ¿Le sigue guardando cariño?
Sí, claro, fue bastante increíble encontrar una momia de la Edad de Bronce en Europa. Tuvimos suerte de poder coger muestras y secuenciar una parte del ADN.
Y de ahí dio el salto definitivo: retrocedió 38.000 años y decidió usar el ADN para investigar los orígenes humanos.
Trabajamos muy duro para poder resolver el problema de la contaminación del ADN humano. Si una partícula de polvo o un fragmento de piel se introduce en tu experimento, tiene más ADN que los huesos que se identifican. Entonces, dejamos a un lado los humanos y decidimos estudiar los animales extintos: elefantes, osos… Eso funcionó. Muchas veces, esos animales estaban junto a neandertales, así que decidimos intentar hacer ese mismo estudio con los neandertales, y lo conseguimos. Tuvimos suerte de que el ADN mitocondrial que estábamos estudiando fuera muy distinto al de los humanos actuales, supimos que íbamos en la buena dirección.
¿Qué nos puede decir la paleogenética de cómo eran los neandertales y los denisovanos?
La paleogenética nos habla de su historia biológica, que comparten un antepasado común, de hace 400.000 años. Los neandertales estaban en Euroasia y sabemos que su ADN está en todos los que están fuera de África, mientras que el de los denisovanos en todos los que están en Asia, desde Japón, China, India... En Australia, hasta el 5% del genoma proviene de los denisovanos y el 2% de los neandertales. Pero hay tanto entusiasmo en relación a este campo que realmente no siempre acertamos.
¿Cuántas especies de humanos existían hace 50.000 años?
No me refiero a ellos como especies, porque no sé si lo eran, prefiero hablar de grupos de humanos. Sabemos que están los humanos modernos, los neandertales, los denisovanos, los hobbits, el Homo floresiensis de Indonesia. Eso lo sabemos específicamente. Además, hubo distintos grupos de humanos en África, pero no los conocemos muy bien. Luego, seguramente, hubo otras formas en Asia que descubriremos en el futuro. Estamos solos desde hace 30.000 años.
¿Y por qué sobrevivió el Homo sapiens?
No lo sabemos, y hay mucha especulación alrededor. Tiene que ver con el comportamiento de los humanos modernos, porque el resto de grupos desaparecieron. Pero no sabemos cómo ocurrió. Empiezo a sospechar que quizás los neandertales se fusionaron con los humanos modernos, y como había más al final todo el mundo se parece a los humanos modernos. Pero pudo haber distintas historias, distintos plazos, distintos lugares, y la interacción pudo haber variado. No existe una sola respuesta.
Teniendo en cuenta que es un científico que está en plena producción y aún cabe esperar de usted grandes descubrimientos, ¿en qué está trabajando ahora?
Una de las cosas más importantes en las que estamos trabajando es en Atapuerca, para intentar conseguir más ADN de los neandertales y sus huesos. También intentamos entender la función de algunos cambios en sus genomas.
¿Alguna primicia que pueda adelantarnos?
(Ríe) Oh, no, estamos todavía trabajando y no damos primicias.
A usted, que se pasa la vida sumergido en nuestro pasado, investigando en nuestros orígenes, ¿qué piensa del presente, cómo ve el mundo actual? ¿Y el futuro que nos espera?
(Ríe) Soy optimista.
¿En serio?
Sí, totalmente.
Bueno, le admiro.
(Ríe) Tiendo a ser optimista. Creo que los humanos, y podemos incluir a los neandertales y a los denisovanos también, han sobrevivido a muchísimas cosas en el pasado, desde glaciaciones a peligros y desafíos increíbles, así que sobreviviremos.
¿También a Trump?

Creo que sí (reímos).

domingo, 21 de octubre de 2018

PAÍS RARO,LOS POBRES NEGROS SON NAZIS Y LAS HEMBRAS TIENEN PENE

Así funciona el pene de una hembra de insecto de Brasil


Los insectos del género Neotrogla no son un caso aislado de sexo invertido, pero sus hembras, protagonistas de #Cienciaalobestia, son las únicas que se caracterizan por tener pene. Un equipo internacional de científicos ha analizado ahora su funcionamiento y ha descubierto una válvula que hace de interruptor para el paso y almacenamiento del semen proporcionado por el macho.

<p>Este insecto tiene las estructuras genitales invertidas. / Kazunori Yoshizawa</p>
Este insecto tiene las estructuras genitales invertidas. / Kazunori Yoshizawa
En el año 2014, un equipo internacional de científicos descubrió que un insecto que vive en unas cuevas de Brasil tiene las estructuras genitales invertidas, es decir que los ejemplares hembra tienen pene. Este hallazgo les valió a los científicos el Ig Nobel de Biología –un premio a las investigaciones que primero hacen reír y luego pensar– en 2017.

Durante el
 apareamiento, el macho inyecta semen líquido en el órgano de almacenamiento de esperma de la hembra, llamado espermateca, a través de la abertura del conducto espermático en la punta del pene femenino.Sin embargo, a pesar del descubrimiento del pene de las hembras de Neotrogla, hasta ahora se desconocían los factores que llevaron a la evolución de este órgano. Un equipo de científicos, liderado por Kazunori Yoshizawa, de la Universidad de Hokkaido (Japón), ha analizado la formación de una cápsula dura única que encierra el semen en el interior de la hembra.
La presencia de semen induce la formación de una cápsula dura que permite almacenarlo no solo para la fertilización, sino también para captar nutrientes, que son escasos en las cuevas en las que habitan.
El pene femenino, bajo lupa
Válvula
El semen se almacena a ambos lados gracias a la válvula. / Yoshizawa K., et al.
Gracias al análisis con microscopía óptica, de láser confocal y tomografía computarizada de alta resolución del órgano, los investigadores descubrieron una pequeña válvula de cambio de 0,3 mm de ancho en la entrada del órgano de almacenamiento de semen.
“La capacidad de obtener mayores cantidades de semen gracias a la válvula ha dado lugar a una feroz competencia sobre el semen entre las hembras, lo que ha facilitado la evolución del pene femenino”, sugieren los autores del trabajo publicado en la revista eLife.
La válvula, que funciona como un interruptor o una llave de paso, está formada por un músculo en forma de abanico y una proteína similar a la goma llamada resilina que soporta esta estructura muscular, y así es capaz de desviar el flujo de semen a canales situados en los lados izquierdo y derecho.
Según el estudio, los insectos del género Neotrogla pueden recibir así dos paquetes de esperma a la vez gracias a esta válvula. “Con la biomímeses, la imitación de estructuras vivas para resolver desafíos de ingeniería, este descubrimiento podría aplicarse en el diseño de dispositivos nanotecnológicos”, concluye Yoshizawa.

sábado, 20 de octubre de 2018

SOMOS IGUALES O DESIGUALOS?

'Science' crea polémica con un estudio sobre actitudes de hombres y mujeres

El trabajo sostiene que a más igualdad, las preferencias de hombres y mujeres divergerían en lugar de acercarse

Varios expertos alertan de que los estereotipos de género podrían haber sesgado los resultados

Una pareja pasea por el centro de Barcelona en una imagen de archivo.
Una pareja pasea por el centro de Barcelona en una imagen de archivo. / FERRAN NADEU
Cuanto más rico y avanzado en igualdad de género es un país, más divergen, en lugar de asemejarse, las "inclinaciones fundamentales" de hombres y mujeres: actitudes como paciencia, altruismo, confianza o predisposición al riesgo.
Este es el controvertido resultado de un estudio publicado en 'Science' y basado en una encuesta hecha en el 2012 entre 80.000 personas de 76 países. Según los autores, liberarse de la pobreza y de la desigualdad ayudaría a los dos géneros a expresar más libremente sus diferencias. Sin embargo, diversos expertos alertan de que estas diferencias no tienen por que ser innatas ni explicarían por sí solas el desequilibrio de género en ciertas carreras o profesiones.
"Este trabajo no es contrario a la igualdad de género. Esta tiene muchos efectos más allá de las preferencias. Hay otros factores que influyen en las decisiones: cultura, instituciones, mercado laboral, etcétera", puntualiza Armin Falk, economista de la Universidad de Bonn y coautor del trabajo.

Preguntas y ejercicios

El estudio ha analizado la diferencia entre hombres y mujeres en seis indicadores de preferencias. Los encuestados tenían que responder a preguntas cualitativas ("¿cuánto estás dispuesto a correr riesgos?") y a ejercicios cuantitativos (del tipo: "¿preferirías 100 euros seguros o 200 en una lotería en la cual tendrías el 50% de las probabilidades?").
Según las respuestas, la diferencia en la inclinación a tomar riesgos entre hombres y mujeres en países ricos e igualitarios como los del norte de Europa era mayor que en ciertos países tradicionales y en vía de desarrollo de Asia o África. En el estudio, la riqueza se mide con el PIB y la igualdad, con cuatro indicadores internacionales.
Aquí se plantean las primeras críticas. "¿Realmente están midiendo lo mismo en todos los países? La palabra 'lotería' quiere decir algo muy distinto en Suecia y en Ghana", observa Gina Rippon, profesora de neurociencias de la Universidad de Aston (Reino Unido). "¿Están midiendo preferencias reales o lo que las personas dicen preferir en función de los estereotipos?", añade Londa Schiebinger, historiadora de la Universidad de Stanford (EEUU).
Tampoco la interpretación de los resultados convence del todo. "En cierto sentido, es normal que grupos distintos tengan preferencias distintas. La igualdad no tiene por qué basarse en ser idénticos", observa Schiebinger. Sin embargo, añade, "los sesgos inconscientes de género tienen una relación muy fuerte con las preferencias: las inclinaciones de las mujeres podrían retener de forma inconsciente ciertos estereotipos de género".
"Efectivamente, también podría ocurrir que el bienestar y la libertad proporcionen los recursos para que hombres y mujeres se conformen aún más a las expectativas sociales", admite Falk. Por la misma razón, el economista precisa que sus resultados no apuntan necesariamente a actitudes innatas.

Preferencias y comportamientos

Falk explica que las preferencias medidas en el estudio tienen un efecto real en los comportamientos. "Antes del sondeo, validamos las medidas con experimentos: por ejemplo, vimos que quien declaraba más inclinación altruista tenía más propensión a donar dinero en un experimento", afirma. Por la misma razón, una mayor propensión al riesgo estaría asociada a escoger empleos autónomos o empresariales.
Rippon no coincide. "Esta idea asume que cualquier carrera profesional es igual de acogedora. Al contrario, muchas mujeres evitan carreras que perciben como poco acogedoras si no tienen un imperativo económico para emprenderlas. Mientras, en los países pobres podrían elegirlas igualmente, con el objetivo de ganar más dinero", argumenta.
Los expertos coinciden en que los resultados no deberían usarse para justificar el desequilibrio de género en ciertas profesiones. La economista de la Universidad Bocconi Paola Profeta proporciona un ejemplo. "Ser distintas no quiere decir ser peores. Por ejemplo, demasiada propensión al riesgo es peligrosa: la ausencia de mujeres directivas jugó su papel en la última crisis financiera", concluye.

viernes, 19 de octubre de 2018

OTRAS, una reflexión sobre el trabajo sexual

La autora aboga por la regularización del ejercicio de la prostitución voluntaria entre adultos
AMAYA OLIVAS DÍAZ


<p>Barrio Rojo de Ámsterdam. </p>

Barrio Rojo de Ámsterdam. 
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El 31 de julio del 2008 se publicó en el BOE la resolución por la que el Ministerio de Trabajo oficializaba la constitución del sindicato OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), al amparo del Art. 28 de la CE, que consagra el derecho fundamental a sindicarse libremente.
Al hilo de esta noticia, numerosas voces pusieron el grito en el cielo, procedentes en  su gran mayoría de los denominados “sectores feministas abolicionistas”, llegando a provocar la dimisión de la entonces directora general de Trabajo, Concepción Pascual, tras la afirmación de la ministra Magdalena Valerio de que “le habían metido un gol por la escuadra”.
Como punto de partida, y desde el punto de vista jurídico formal, la inscripción del sindicato cumple todos los requisitos previstos en la Ley Orgánica 11/ 1985 sobre Libertad Sindical, así como en el Real Decreto 416 / 2015, sobre Depósito de Estatutos de las organizaciones sindicales y empresariales.
El procedimiento de constitución de un sindicato forma parte del mencionado derecho fundamental, sin más límite que el respeto a la legalidad, otorgando unos estatutos con determinados requisitos y depositando los mismos a efectos de registro y publicidad.
Transcurridos 20 días sin que la autoridad administrativa haya advertido ningún error, el sindicato adquiere personalidad jurídica y plena capacidad de obrar. Y solo cabe la suspensión o disolución mediante resolución de la jurisdicción social.
No cabe por tanto someter la creación de un sindicato a una previa autorización administrativa, como no podía ser de otra manera en un sistema democrático, y se ha encargado el TS de aclarar en muchas resoluciones.
En cuanto al fondo, los objetivos de este sindicato pasan por proteger los derechos de las personas que se dedican al trabajo sexual, reconociendo la vulnerabilidad de su situación actual. Acoge a personas que trabajen por cuenta ajena y también propia, pero en ningún caso a lxs que tengan trabajadorxs a su cargo, lo que diferencia sustancialmente sus intereses de los de las empresas del sector.     
Conviene recordar que el trabajo sexual es un término mucho más amplio que el de prostitución: abarca actividades como pornografía, líneas eróticas, casas de masaje, saunas, servicios de escorts, clubs de striptease o de lap dance, alterne o asistencia sexual. Partiendo de ello, como exponía Giménez Merino, OTRAS reivindica, al menos, dos cuestiones derivadas de su consideración como TRABAJADORXS:
  1. La re-significación social derivada del reconocimiento de su condición de profesionales, frente a la mala imagen social y peyorativa del término “puta”, en un mercado que –paradójicamente- consume masivamente productos sexuales.
  2. Adquirir mínimos vitales garantizados tales como la seguridad frente a la violencia cotidiana, tutela judicial efectiva, derechos sanitarios, seguro de desempleo, bajas, vacaciones, o base cotizada de pensión. Derechos por otro lado recogidos  a nivel internacional (Documento de la RED Global de Proyectos de Trabajo Sexual, 2013).
Llegando a este punto, podríamos cuestionar la posible “ilicitud” del trabajo que trata de proteger este sindicato. 
En primer término, demos voz a lxs protagonistas: la Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GATTTW, por sus siglas en inglés) ha defendido una investigación rigurosa en red en siete países, acerca de cómo la organización de lxs trabajadorxs sexuales puede mejorar sus condiciones de vida y luchar contra la trata de personas.
Chus Álvarez (Ávila, 1979) responsable de América Latina de la GATTTW, respondía en una entrevista a Amanda Andrades en este medio sobre el tema que nos ocupa. 
Nos quedamos con varias cuestiones esenciales.
  1. Más de 80 organizaciones de la referida red todo el mundo reivindican la necesidad de fortalecer a las personas trabajadoras para defender sus derechos  y romper con la explotación  y / o precariedad que se acepta, ya sea como nacional o migrante.
  2. No significa lo mismo “trata” que “tráfico”. La definición de Palermo (Protocolo contra la Trata de Naciones Unidas) establece que para que haya trata tiene que haber un traslado de una persona a otro lugar bajo engaño y que el fin último de esta sea la explotación. Por su parte, el tráfico es, básicamente, facilitar la entrada de un país a otro de manera irregular.    
  3. Crear políticas contra la trata de forma artificiosa, destinadas principalmente a fortalecer las fronteras, solo dificulta la migración y la hace más peligrosa.
  4. El modelo neozelandés es el único que despenaliza el trabajo sexual (desde el año 2003). Según datos oficiales de este gobierno, no se ha registrado ningún caso de trata de personas en la industria del sexo, a pesar de los controles frecuentes en la fronteras. No obstante, las mejores condiciones de vida y laborales que tiene este colectivo no lo disfrutan las migrantes, que siguen realizando trabajos sexuales sin protección de ningún marco legal.     
  5. Garasimov, responsable de comunicación de la GATTW, afirma de forma contundente que la organización de trabajadorxs sexuales lucha contra el estigma, la exclusión, y la discriminación que reciben de la sociedad como de las autoridades.
  6. La criminalización y el estigma permiten que proxenetas y traficantes abusen de lxs trabajadorxs sexuales y se aseguren la no interposición de denuncias.
  7. No existen datos concluyentes referidos al hecho de que legalizar este trabajo conlleve un aumento del tráfico, y aquellos de los que disponemos, procedentes de la OIT, demuestran que con respecto a las víctimas de trata hay un número igualado de mujeres (55%) y hombres (45%). Un 90% del total serían explotadas por personas o empresas, y de estas, el 22% con fines de explotación sexual y el 68% con fines de explotación laboral. El 10% restante serían personas en trabajo forzoso impuesto por el gobierno o estados militares.   
En similares términos, se expresa la Asociación CATS, Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo, para quienes “las posturas abolicionistas son fruto de la ignorancia. Son mujeres blancas de clase media que han leído mucho, pero que no saben lo que es vivir en precario, no se han parado a escuchar a sus protagonistas.  Todo debate es lícito, pero seamos conscientes de cómo repercuten las teorías y políticas antiprostitución y el daño que causan a mujeres como nosotras. Las trabajadoras del sexo no son víctimas, no quieren ser salvadas, tienen identidad política, y reclaman sus derechos”.
Loola Pérez, presidenta de la Asociación de Mujeres Jóvenes de Murcia, especialista en integración y sexualidad, afirma que “el gobierno de Pedro Sánchez se equivoca al equiparar feminismo con abolicionismo; el movimiento español sabe perfectamente que trata con fines de explotación sexual y prostitución son realidades distintas, pero antepone su moral sobre la sexualidad antes que la de los derechos de personas que ejercen trabajos sexuales”. 
Y Valèrie May, prostituta, es tajante al referir que el abolicionismo no va a evitar que el trabajo sexual exista, así como que resulta básico distinguir quien es víctima de trata y quien ejerce un trabajo sexual.
El Comité Internacional sobre los Derechos de lxs Trabajadorxs Sexuales (ICRSE) ha lanzado una campaña contra el Gobierno de Pedro Sánchez por sus pretensiones para anular el sindicato. Este Comité reúne a 100 organizaciones que colaboran en la protección del trabajo sexual y recuerda que solamente Rusia ha rechazado el derecho de auto sindicalización de esta actividad, vulnerando normas internacionales como el Convenio Europeo de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos o el Pacto de Internacional de Derechos Económicos, Culturales, y Sociales.
La APROSEX (Asociación de Profesionales del Sexo) recuerda por su parte un dato que entiendo esencial: el Estado español no duda en contabilizar los ingresos de la actividad derivada del trabajo sexual dentro del PIB. Al Gobierno no le importa que los empresarios con licencia de funcionamiento extraigan pingües beneficios del fruto de estas actividades, pero sí le supone un conflicto que lxs trabajadorxs del sector, históricamente denostado, intente organizarse para proteger sus derechos. (Desde el 2015, y movido por las exigencias europeas de estabilidad presupuestaria, España introduce en el PIB el dinero que mueve la prostitución, y la Ley 20/ 2007 regula el marco para que se pueda cotizar por cuenta propia).
Los sindicatos del trabajo sexual son agentes sociales portadores de un discurso político en el que se puede encontrar una crítica al capitalismo, al sistema patriarcal, al racismo, o clasismo. Tuvo su punta de lanza a través de STRASS- Syndcat du travail sexual, fundado en 2009. Existen múltiples factores de exclusión sobre las personas que ejercen este trabajo mostrando un caso ejemplar de discriminación múltiple que necesita de intervención urgente a varios niveles. Y ello no es posible sin el reconocimiento del derecho a disponer del propio cuerpo. Un gobierno verdaderamente feminista tendría que anteponer siempre la cuestión social a la valoración moral.
En realidad, lo que debe primar es la articulación de un discurso sindical fuerte en dos frentes: la interlocución de las propias trabajadoras propicia espacios de autogestión (o de “descanso”) y diálogo con la vecindad y autoridades locales para evitar la expulsión de aquellas en una competición ignominiosa entre ordenanzas de ciudades, de un lado, y de otro, construir una política legal que presione al gobierno para conseguir tutelar sus derechos como cualquier otro colectivo. Como bien expone “Putas indignadas”, “las putas también somos clase obrera”.  
Con respecto a la cuestión jurídica, las sentencias de distintos Juzgados y de Tribunales Superiores de Justicia, en el orden social, declaraban el carácter autónomo respecto de encargadas de prostíbulos o prostitución encubierta. En realidad, el criterio mayoritario y decisorio en este orden aplicaba una escala que no podemos compartir, desde un punto de vista racional: se admitía la actividad de “alterne”, donde sí cabía la existencia de relación laboral, y paradójicamente, se declaraba la ilicitud del ejercicio de la prostitución en base a que la ajenidad y dependencia determinaban la incompatibilidad absoluta del proxenetismo con la libertad y la dignidad humanas. 
¿Cómo puede ser que no veamos desde los tribunales –garantes de los derechos y libertades de toda la ciudadanía– que el mencionado alterne no deja de ser una actividad meramente instrumental orientada a proporcionar relaciones sexuales a los clientes? 
Hasta la actualidad, solo un magistrado, Joan Agustí, titular del Juzgado Social 33 de Barcelona, ha sido capaz, –en dos más que fundamentadas sentencias–, de dejar los prejuicios que atraviesan a toda la “clase jurista progresista”, para estudiar con objetividad el tema que ahora nos ocupa y tras ello, proteger los derechos de las personas más vulnerables: las que ejercen la prostitución en espacios exentos de derecho y en ausencia absoluta de derechos básicos.
Frente a los argumentos que la Plataforma 8 de marzo de Sevilla y la Comisión para la investigación de Malos Tratos a Mujeres exponen en una reciente demanda ante la Audiencia Nacional para conseguir declarar la nulidad del Sindicato Otras –la imposibilidad del trabajo sexual por cuenta ajena– debemos recordar la jurisprudencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo, que ha interpretado el art. 188 del CP (tras la reforma del 2003) en el sentido de defender que solo está prohibido el proxenetismo en el marco de la prostitución forzada. El consentimiento de la persona que ejerce la prostitución juega un papel decisivo como garantía de su libertad sexual.
La catedrática M. L. Maqueda Abreu postula por su parte (“Hacia una justicia de los derechos”, Diario La Ley, 16. 3. 2010) y así lo recoge J. Agustí que, con respecto a la supuesta vulneración de la dignidad, supone entrar en una valoración de tipo moral, dado que no puede imponerse al libre arbitrio individual, resultando hipócrita negar el estatus de trabajo digno de protección jurídica, cuando esta legitimación sí existe para los empresarios de la industria sexual.  
Respecto al marco comunitario, las sentencias mencionadas abordan la posible colisión de la laboralización postulada con el principio de igualdad, recordando de un lado la STJCE de 20 de noviembre del 2001 que dejaba claro la no asunción de los posiciones abolicionistas y prohibicionistas, e incluían a la prostitución como una actividad económica, por cuenta propia o asalariada. Y de otro, la Resolución del Parlamento Europeo de 26 de febrero del 2014 sobre explotación sexual y prostitución y su impacto en la igualdad de género.
Esta última resolución afirma de modo categórico que no solo la prostitución forzada, sino también la simple prostitución y la explotación sexual tienen un gran componente de género que constituye una violación de los derechos humanos y que su legalización aumenta el riesgo de un mayor nivel de violencia y abusos. 
Teniendo muy en cuenta tales postulados, así como otros mandatos recogidos en LO 3/ 2007, de Igualdad efectiva de mujeres y hombres, Joan Agustí defiende que denegar el reconocimiento de la laboralidad en el Estado Español –mientras el Gobierno no asuma las recomendaciones del Parlamento Europeo y  sumiendo la actual situación de “alegalidad” de esta actividad– no hace más que agravar enormemente la incuestionable lesión de la dignidad, libertad, e igualdad de las personas que la ejercen.       
Máxime cuando en los casos examinados por las sentencias las trabajadoras ejercían el trabajo de forma libre, sin coacción, de forma no forzada, bajo la dependencia de la empresa, sin encontrar motivo alguno de ilicitud penal o de lesión de derechos fundamentales.
Hasta ahora, hemos analizado la cuestión del trabajo sexual desde una perspectiva sociológica y jurídica. Vamos a concluir poniendo en juego nuestro propio pensamiento.
El Grupo de Estudios de Política Criminal, del que formo parte, elaboró un Manifiesto en 2006 a favor de la regularización del ejercicio de la prostitución voluntaria entre adultos, que no tuvo acogida alguna en la reforma del Código Penal de 2009. Este Manifiesto reivindicaba no solo la despenalización, sino, sobre todo, la implementación de políticas sociales dirigidas a garantizar el respeto a los derechos de todo tipo de quienes deciden dedicarse a la prestación de servicios sexuales en el marco de la industria del ocio.
El Manifiesto pone de relieve aspectos fundamentales como el hecho de que la represión de todo tipo de trabajo sexual ha arrojado un balance histórico que solo puede ser calificado como lamentable, porque jamás ha erradicado el fenómeno, sino que lo ha ocultado provocando una serie de efectos perniciosos como la estigmatización, la vulnerabilidad o la explotación de las personas que lo ejercen.
Solo cabe construir un conocimiento razonable huyendo de las aproximaciones morales que intentan simplificar un fenómeno complejo y diverso, sin obviar que son mujeres mayoritariamente las que lo ejercen, pero también hombres y trans, lo que implica que el debate no puede quedar monopolizado por un discurso en clave de género.   
Se trataba ya entonces de defender todas las formas de auto-organización que garantizara la tutela de los derechos de estxs trabajadorxs, frente a la situación de alegalidad que favorece su explotación.
Suscribo igualmente a autoras como Gloria Marín, miembro de la redacción de Viento Sur, cuando en su artículo del 5 de septiembre de 2018 refiere:
“No necesito hablar de putas felices, porque tampoco hablo de empleadas del hogar felices o de camareras felices: hablo de trabajadorxs que necesitan defender sus derechos, y la falta de los mismos aumenta la infelicidad. A veces el argumento parece ser lo horrible que es la vida de las prostitutas. Por ejemplo,  lo del “asco” que supone el contacto con los genitales de otra persona. Personalmente, hay varios trabajos legales que suponen contacto con cosas que me dan mucho menos asco que cualquier parte de un cuerpo humano vivo. Y sobre todo, sin negar todo lo horrible que pueda haber, ¿Por qué para las temporeras de la fresa la receta es más derechos y para la prostitución no?”.
¿Es cierto que en la prostitución se da todo por bueno con “invocaciones a la libre decisión de las mujeres? Desde luego, no es mi caso. Creo, con Marx, que en el capitalismo lxs trabajadorxs no tenemos libre decisión para aceptar un trabajo”.
Por último, quiero hacer igualmente mías las palabras de Monsterrat Galcerán  cuando refiere de forma clara:
“Si desde el feminismo nuestro objetivo es ayudar a las mujeres a comportarnos como sujeto activos, a empodorerarnos y a tomar las riendas de nuestra vida, no se entiende que haya mujeres que propugnen su prohibición. ¿Qué extraños temores evoca en nosotras la mención del trabajo sexual? ¿Acaso no somos capaces de sustraernos a la moralina que recubre la sexualidad en nuestra sociedad? Parece que lo que está bien visto por amor está mal visto si se hace por dinero. El discurso del amor romántico recubre las prácticas sexuales e impide tratarlas en su realidad material y tampoco está lejos el sesgo de clase”.  
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Amaya Olivas Díaz es magistrada de lo Social en Madrid. Miembro de Jueces para la Democracia. Ha trabajado en temas de mediación penal, capitalismo punitivo y memoria democrática, entre otros.