martes, 4 de mayo de 2010

Una investigación demuestra que a los varones les aumenta el cortisol, la hormona del estrés, cuando comparten una misma habitación con una guapa desconocida

5  minutos con una mujer atractiva, suficiente para alterar a un hombre
Los varones que participaron en el estudio sufrieron una subida del cortisol en presencia de mujeres que consideraban atractivas.


Cinco minutos en la misma habitación con una mujer atractiva son suficientes para alterar a un hombre. Según una investigación de la Universidad de Valencia realizada en colaboración con la de Groningen, en Holanda, los varones sufren una subida notable de cortisol, la hormona del estrés, cuando se encuentran ante alguien del sexo opuesto que despierta su interés. No hace falta que ellas sean una super bellezas para provocar este reacción en el cerebro. «No eran modelos, sino estudiantes universitarias. Guapas sí, pero chicas normales que colaboraron con nosotros», explica a ABC.es Alicia Salvador, codirectora del estudio y catedrática de Psicobiología. El cortisol, en grandes dosis y producido durante mucho tiempo, está relacionado con numerosas enfermedades y trastornos, incluidos los del corazón, pero es absolutamente necesario para afrontar las pequeñas incidencias de cada día: un partido de tenis, un problema en el trabajo... Ante una chica que se sienta al lado, este «efecto hormonal» posiblemente sea «una respuesta de preparación para el cortejo».
El estudio, publicado en la revista científica norteamericana Hormones and Behaviour, intenta comprender cómo las hormonas influyen no sólo en nuestra apariencia física, sino también en nuestros comportamientos, pensamientos y emociones, y viceversa. Los investigadores valencianos llevan décadas estudiando esta relación, especialmente «en conductas significativamente evolutivas, como las relacionadas con el status y la competición y como, indudablemente, lo es también la conducta sexual», explica Salvador. En un anterior estudio, los investigadores pudieron comprobar cómo la testosterona masculina aumenta en un encuentro casual, también de cinco minutos, con una mujer, aunque los sujetos de la investigación no especificaban si la mujer les resultaba atractiva, cómo sí ocurre ahora.
Juntos en una sala

Salvador y su equipo reunieron a 84 voluntarios, estudiantes varones de 21 años de distintas facultades, convocados para realizar una serie de supuestas tareas en un ordenador. A cada uno de ellos se le hacía esperar en una sala. Mientras se encontraba en ella, aparecía por sorpresa una joven -colaboradora de los investigadores-, que tomaba asiento. Permanecían juntos cinco minutos. Los científicos comprobaron que aquellos que se encontraban con una chica que consideraban atractiva -los jóvenes eran consultados posteriormente- sufrían un aumento de cortisol. Sin embargo, aquellos que pasaron el rato con otros chicos (un grupo de control) o con una chica que no era de su agrado, no vieron alterados sus niveles de cortisol. Las mediciones de la hormona fueron tomadas antes y después de esta situación.
«El cortisol es una hormona asociada al estrés, pero decir que es mala para la salud como se ha publicado en algunos medios es una barbaridad», apunta la responsable del estudio. «Es contraproducente cuando se mantiene alta durante mucho tiempo, pero también es necesaria para poder vivir y responder a las incidencias del día. Nos prepara para un mejor funcionamiento, ya que, entre otras cosas, permite la liberación de glucosa y nos da energía», añade. En el caso de los chicos del estudio «se trata de una preparación ante un posible cortejo, lo que ocurre en otras especies».
Las chicas que hicieron de anzuelo eran estudiantes atractivas, pero no modelos que cortan la respiración. «Digamos que eran guapas, pero no espectaculares. Este estudio realizado en colaboración con los investigadores de la Universidad de Groningen van der Meij y Buunk, podría ampliarse. Sería fascinante hacer el mismo experimento con chicas, a ver qué pasa. ¿Reaccionarían las mujeres de la misma forma ante un tipo atractivo? «Esa es la pregunta del millón», se ríe la científica. Quizás sea el próximo paso.

lunes, 3 de mayo de 2010

LOS MATASANOS


El complejo médico-industrial y los ensayos clínicos

En las postrimerías de su mandato presidencial el general Eisenhower llamó la atención sobre el inusitado poder político-económico que habría conseguido lo que denominó como "el complejo militar industrial" formado por la potente industria armamentística y el estamento militar americano. En la década de los setenta se empezó a aludir a otro complejo referido al sector sanitario que también alcanzaría importantes cotas de poder. Arnold Relman, en su discurso a la Massachussets Medical Society, le llamaría "el nuevo complejo médico-industrial". El complejo médico-industrial al que aquí nos referimos estaría integrado por la poderosa industria farmacéutica y de tecnología médica, junto a instituciones sanitarias diversas, profesionales, directivos y otros agentes sanitarios relacionados con aquella; este ?complejo? sustenta un gran emporio económico y además ejerce una influencia decisiva en aspectos tan transcendentales como la investigación, la formación y la asistencia médica.


Si el presidente Eisenhower alertó sobre el conflicto de intereses que plantearía el complejo militar armamentístico a la Administración americana en una materia tan sensible como la defensa nacional, un conflicto similar tiene planteado el complejo médico-industrial, con los diferentes sistemas de salud, en una materia no menos sensible como es la sanidad. Los ensayos clínicos son una de las actividades identitarias del mencionado complejo.

Con los avances científico-tecnológicos, la medicina fue soltando el lastre del empirismo sobre el que en buena parte se sustentaba. Instalados en las antípodas de ese empirismo, los médicos hemos asumido, como si de un dogma se tratara, la llamada medicina basada en la evidencia. Archie Cochrane, un epidemiólogo inglés de mediados del siglo pasado, apoyándose en el valor del llamado ensayo clínico aleatorizado, propició un cuerpo de doctrina basado en la supeditación de la prescripción médica a la previa demostración de su eficacia y seguridad con cohortes de población representativas. Los ensayos clínicos son los métodos empleados para probar la eficacia y seguridad de diferentes procedimientos terapéuticos, fármacos fundamentalmente, que son comparados a otros existentes en el mercado o con productos placebos. El desarrollo de un ensayo clínico habitualmente conlleva una fuerte inversión y su desarrollo abarca dilatados periodos, distribuidos en cuatro fases. Las dos primeras, y especialmente en la fase I, es donde se concentra el verdadero esfuerzo innovador e investigador de la nueva molécula. Una mayoría de los ensayos no superan esta fase. Cuando los resultados de los ensayos sobre un nuevo producto farmacológico son positivos, el fármaco puede ser comercializado, previa autorización de las correspondientes agencias reguladoras.

La mayoría de los ensayos clínicos están patrocinados por la industria sanitaria. Sus fases finales suelen desarrollarse en los hospitales públicos y, en bastantes de ellos, han proliferado con pujanza. En los hospitales hay suficientes pacientes con procesos y enfermedades diversas sobre los que se puede probar la bondad de un nuevo fármaco o de cualquier otro procedimiento diagnostico-terapéutico. Para obtener muestras representativas se intenta reclutar al mayor número de enfermos, que con su consentimiento (frecuentemente poco meditado) entran a formar parte del ensayo si reúnen los denominados criterios de inclusión. Alcanzada una muestra significativa, bien en el mismo centro o, lo que es más habitual, con el concurso de otros (ensayos multicéntricos), los resultados son valorados con métodos estadísticos. Los ensayos clínicos sustentados sobre pilares sólidos son procedimientos esenciales para la investigación clínico-farmacológica, pero resultan ineficaces e incluso peligrosos cuando se realizan con métodos poco consistentes. Son conocidos, por su repercusión mediática, los efectos deletéreos que produjeron determinados ensayos donde primaron más los intereses económicos que los principios éticos y las normas científicas.

En los hospitales públicos bastantes profesionales comparten la asistencia médica con la realización de ensayos clínicos, una actividad bien remunerada por la industria sanitaria. Muchos de estos ensayos tratan de probar la efectividad de medicamentos que cambian y aportan poco o nada respecto a otros existentes en el mercado, con los que paradójicamente no suelen compararse. Hay ensayos que carecen de rigor al no contar con grupos representativos y, en otros, se recurre a artificios estadísticos para magnificar y publicar resultados positivos exiguos, ya que los negativos raramente se publican. Son estas algunas de las deficiencias de una variedad light de investigación clínica que, paradójicamente, no sólo es consentida sino incluso más valorada en los currículos profesionales que la buena práctica médica.

Una gran proporción de los ensayos clínicos están controlados y financiados por las compañías farmacéuticas y de su difusión suelen encargarse profesionales de la medicina en congresos y foros diversos, subvencionados mayoritariamente por dichas compañías. Como han resaltado, entre otros, Marcia Angell y Richard Smith, ex editores de The New England Journal of Medicine y British Medical Journal, en la difusión de ensayos clínicos poco consistentes también participan prestigiosas revistas médicas, lo que les ha supuesto perder su tradicional independencia y bajar en el nivel de calidad. Pero, directa o indirectamente, todos se benefician con las compensaciones del complejo médico-industrial; los mismos hospitales públicos, además de los profesionales que participan en los ensayos, reciben también una sustanciosa parte del monto económico que las compañías pagan por la realización de los mismos.

Un extenso entramado de profesionales, agencias, fundaciones e instituciones sanitarias diversas de algún modo y en grado diverso acaban siendo fidelizados por la industria sanitaria. A través de estos profesionales e instituciones, las compañías farmacéuticas, además de promocionar sus productos, intervienen en la gestión y dirección de la investigación y docencia médica. Con una llamativa pasividad por parte de las diferentes administraciones sanitarias y universitarias, asistimos a un continuo trasvase más o menos larvado de la formación médica continuada a los ámbitos de la industria sanitaria. Los numerosos congresos, cursos, conferencias, etcétera, que aquella organiza y financia, aderezados con tintes lúdicos diversos, se hacen más atractivos que sus homónimos institucionales. Toda esta dinámica devenga en un territorio propicio para el marketing de la industria sanitaria, igual que ocurre con los ensayos clínicos. Habitualmente, cuando con un ensayo sobre un nuevo fármaco se obtienen resultados positivos, éstos, aunque sean poco convincentes, se difunden con profusión y, conseguida la aprobación de las agencias reguladoras, el nuevo fármaco es asimilado rápidamente por el mercado. Lo mismo sucede con la moderna tecnología diagnóstico-terapéutica, aunque no es infrecuente que estudios posteriores más sosegados pongan en tela de juicio aquellos beneficios.

Para regular las relaciones de la industria sanitaria con el sector médico, algunas organizaciones médicas y farmacéuticas han elaborado códigos éticos y normas sobre la buena práctica para la promoción de los medicamentos, que no han pasado de ser capítulos de buenas intenciones enunciados con llamativos epígrafes. Persiste, por tanto, esta especie de contaminación que sufren los sistemas de salud de manos de la industria sanitaria, como vienen denunciando diversas instituciones y profesionales de reconocido prestigio, que además exigen la adopción de reglamentaciones claras que lo eviten. Pero esto seguirá siendo una entelequia si nos conformamos con tímidas medidas reguladoras. Es preciso cambiar las actuales relaciones del sector médico con la industria sanitaria. Un modelo transparente conllevaría desvincular las aportaciones económicas que la industria destina para formación, investigación y asistencia médica de aquellas instituciones y profesionales con capacidad de prescribir libremente sus productos o de influir a través de medios científicos y docentes a que otros lo hagan. Deberían constituirse organismos independientes y con suficiente solvencia para ser los destinatarios y distribuidores de las mencionadas subvenciones. Organismos similares podrían controlar los ensayos clínicos, velando por su rigor, por la publicación de todos los resultados (no solo los positivos) y por su separación de la práctica médica habitual, cuando existan conflictos de intereses con las compañías farmacéuticas que los financian.

Normas de este tipo darían luz a unas actividades que proyectan bastantes sombras sobre este complejo médico industrial. Además, contribuirían a reducir la prescripción diagnostico-terapéutica de dudosa eficacia que lastra un buen sistema sanitario, pero progresivamente más costoso y difícilmente sostenible.

El único cirujano que rehace clítoris amputados acumula lista de espera

  1. Las mujeres que solicitan la reconstrucción apenas lo comentan con nadie por miedo a las represalias
  2. Pere Barri ha operado a 25 africanas que sufrieron una ablación de niñas y prevé intervenir a otras 18
ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA

Un cirujano joven, educado según el principio clásico que dice que la medicina es una ciencia humanitaria, destina una parte de su tiempo quirúrgico a operar gratuitamente a las mujeres africanas que viven en Catalunya y fueron objeto de una mutilación genital cuando eran niñas. A la mayoría se lo hicieron en su país de origen con métodos brutales, y mantienen cicatrices patológicas. A unas pocas, las mutilaron en algún lugar del territorio catalán. El cirujano, Pere Barri Soldevila, opera en el Institut Dexeus, de Barcelona, donde ha restablecido la morfología y las funciones sexuales –hasta el punto de hacer irreconocible la ablación sufrida– a 25 mujeres de 20 a 40 años que hasta entonces identificaron esa parte del cuerpo con el dolor, las infecciones y la vergüenza. Mantiene en lista de espera a otras 18 mujeres, un hecho insólito y valiente, ya que se trata de intervenciones en las que las pacientes temen menos a la anestesia y el bisturí que a las consecuencias que podrían sufrir de ser descubiertas en ambientes de rigurosa tradición islámica, catalanes o africanos. Todas proceden de países donde el Islam es la religión mayoritaria –Gambia, Senegal, Burkina Faso y Mali–, pero, aunque algunos religiosos sitúan la ablación entre los preceptos de esa fe, la mutilación genital femenina ya se practicaba antes de que existiera el Corán, según ha constatado la antropóloga Adriana Kaplan, investigadora de la Universitat de Barcelona. «La ablación es una práctica preislámica», asegura.
El hecho es que, sea por temor religioso o por el peso de la tradición, apenas el 10% de las 600 mujeres de origen africano residentes en Catalunya que sufrieron ablación han dado el paso de solicitar la reconstrucción de sus genitales. Las que decidieron hacerlo y están casadas comentaron, y acordaron, con sus maridos la intención de operarse, pero muy pocas lo han explicado al resto de familiares. «Les da miedo que se sepa que están pensando operarse –explica el cirujano–. Las más mayores rehúsan hacerlo». El doctor Barri, de 33 años, es el único ginecólogo español formado en la reconstrucción completa del clítoris, los labios de su entorno y la sensibilidad nerviosa del tejido sexual femenino. Aprendió a hacerlo en el Hospital Bichat Claude Bernard, de París, donde han reconstruido los genitales a más de 2.000 mujeres.

DESDE HACE DOS AÑOS / La oferta del Institut Dexeus se difundió hace dos años por las comarcas de Girona donde viven la mayoría de las mujeres subsaharianas que sufrieron la ablación. En esa zona, «el 100%» de las africanas de más de 30 años están mutiladas, asegura la pediatra Imma Sau, que ejerce en Santa Coloma de Farners (La Selva). «No conozco a ninguna que quiera la ablación para sus hijas, pero muy pocas de ellas se operarán», explica Sau. Sí lo están haciendo sus hijas mayores, también mutiladas, que han crecido aquí y se han desprendido del mensaje que acataron sus madres, abuelas y tatarabuelas. «Las primeras que operé hablan catalán, han estudiado una carrera y tienen claro su rechazo a la ablación –dice Barri–. Son chicas integradas en la cultura europea, que no podían sentirse normales por esa causa». Más de una muestra en la pantalla del móvil las fotos de su zona genital, antes y después de pasar por el quirófano.

LO AMPUTADO / El 85% de las subsaharianas instaladas en España que sufrieron ablación perdieron toda la parte externa del clítoris, la piel que lo rodea y los labios menores. El otro 15% vive con toda la zona sexual clausurada por una cicatriz –les cosieron los labios mayores de punta a punta– y disponen de un único agujero por el que expulsan orina y menstruación. La operación de Barri consiste, en primer lugar, en abrir lo cosido y eliminar las cicatrices fibrosas que dejó el barro y las cenizas con que las ejecutoras de la ablación les cortaron la hemorragia. Acto seguido, extrae dos o tres centímetros del tramo interno del clítoris, con sus nervios y vasos sanguíneos –este órgano se prolonga hasta 10 centímetros bajo la piel– y lo sujeta en el exterior. Finalmente, restituye los labios mayores y menores con piel del entorno. Un mes después, el 90% de las operadas disponen de una zona genital indiferenciable de la de una mujer no mutilada. «Un 75% recupera la sensibilidad y, tres meses después de la operación, pueden mantener relaciones sexuales normales», afirma el cirujano. Ese «normales» incluye el descubrimiento sensitivo del orgasmo. «Llegan al orgasmo en una de cada dos o tres relaciones, pero están encantadas», asegura Barri.
Para evitar que el cambio desborde a estas mujeres, Dexeus les proporciona apoyo psíquico antes de la intervención, también gratuito. Esta oferta altruista debería ser secundada por la sanidad pública, opina Barri, que está formando en la reconstrucción del clítoris a cirujanos de Valencia y Madrid. La Conselleria de Salut ofreció hace un año financiar la intervención a las mujeres que demostraran su necesidad, pero, de haber recibido solicitudes, estas hubieran acabado en los quirófanos de Dexeus, ya que no existen cirujanos de la sanidad pública catalana que dominen la técnica.

viernes, 30 de abril de 2010

Y CUBA VA.........

ARTÍCULO EN 'SCIENCE'

La sanidad cubana tras 50 años de embargo

Un coche circula frente a un mural por las calles de la Habana  (Foto: Desmond Boylan)

Un coche circula frente a un mural por las calles de la Habana (Foto: Desmond Boylan)


MARÍA VALERIO

MADRID.- Las pretendidas bondades de la sanidad cubana han hecho correr ríos de tinta a lo largo de los años. Esta semana, dos especialistas de la universidad de Stanford (EEUU) le echan un capote al régimen castrista desde las páginas de la revista 'Science' y defienden cómo el sistema ha sido capaz de ofrecer un buen servicio a los ciudadanos a pesar de los 50 años de embargo estadounidense.

Paul Drain y Michele Barry repasan, en apenas un folio, cómo la sanidad cubana ha sido capaz de obtener indicadores "comparables con los de países desarrollados a pesar del impacto que han tenido las sanciones en el suministro de medicinas y dispositivos médicos". Aún es más; ambos especialistas, estadounidenses, concluyen además que en estos momentos en que EEUU planea la reforma de su sanidad debería aprender algunas lecciones de la isla.

"En estos momentos puede haber oportunidades que aprender de Cuba sobre el desarrollo de una verdadera sanidad universal que priorice la atención primaria. Adoptar algunas de las políticas sanitarias que han tenido éxito en Cuba podría ser una buena manera de empezar a normalizar las relaciones", apuntan sin tapujos ambos especialistas, miembros de un grupo de colaboración socio-sanitario entre la isla caribeña y EEUU.

De hecho, rematan su repaso por los indicadores sanitarios cubanos recomendando al Instituto de Medicina estadounidense "que elabore un estudio sobre el éxito cubano y la mejor forma de establecer una nueva era de cooperación entre los científicos de ambos países".

A juicio de Drain y Barry, a pesar del fuerte impacto que los 50 años de embargo han tenido en el suministro de material médico, las autoridades han sabido paliar las consecuencias reforzando otros puntos fuertes, que le han permitido colocar sus indicadores "al nivel de otros países desarrollados". Sólo algunos datos, Cuba tiene la mejor esperanza de vida, la mayor densidad de médicos per capita, el índice de vacunación más elevado y las tasas más bajas de mortalidad infantil de todos los países de América Latina y el Caribe. Y eso que su inversión en sanidad es muy inferior si se compara con cualquier país europeo, por no hablar de EEUU (355 dólares per capita frente a más de 6.700).

Como explica a ELMUNDO.es Joan Carles March, especialista de la Escuela Andaluza de Salud Pública (un centro colaborador de la Organización Panamericana de la Salud), en los encuentros con profesionales sanitarios cubanos ("incluso los que son críticos con el régimen"), destaca siempre que se trata de "gente muy activa, con unas enormes ganas de innovar, saber y estar en contacto con otros profesionales".

A juicio de March, participante en la Red Latinoamericana de Marketing Social en Salud, este impulso, sumado a la importancia que se ha dado a la formación de sus sanitarios, han permitido suplir las limitaciones materiales. "Todo eso, junto con el apoyo de ciertos sectores muy de izquierdas, ha favorecido que puedan mantener una cierta línea, poniendo su sanidad en valor como un elemento destacable". A juicio de los científicos de Stanford, el éxito del modelo cubano (aún con estrecheces) radica en el énfasis que han puesto las autoridades en la prevención de enfermedades y en una amplia red de atención primaria. "Educando a la población en la prevención de enfermedades, [han logrado] una menor dependencia del suministro de fármacos, al contrario que los estadounidenses, muy dependientes de fármacos y alta tecnología para mantener una población sana, a un coste muy elevado", rematan.


miércoles, 28 de abril de 2010

Sanidad advierte contra las pulseras holográficas: esta es su historia

Convertidas en un fenómeno social, la comunidad científica las considera un fraude. -Sólo Power Balance ya ha vendido unas 300.000 pulseras. -Algunas marcas pagan a famosos para que las luzcan, la última Belén Esteban

CARMEN PÉREZ-LANZAC - Madrid - 28/04/2010

Fíjese bien. Están ahí, en las muñecas de miles de personas. Quizá también en la suya. Se trata de una ligera pulsera de silicona que en su tripa guarda un misterio: un trozo de plástico plateado del tamaño de una lentilla y misma textura que el distintivo de las tarjetas de crédito. Es, en palabras de sus creadores, "un holograma de Mylar (es decir, de plástico) en el que ha sido almacenada una frecuencia procedente de materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo".

Pulsera holográfica
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El argumento no ha convencido a muchos. Los médicos las consideran un bluf. La asociación de consumidores Facua las ha denunciado ante las autoridades sanitarias y el Instituto Nacional de Consumo (dependiente del Ministerio de Sanidad) ha mandado una directiva a las comunidades autónomas (que son quienes tienen competencia para prohibir o no su venta) alertando de que incurren en publicidad engañosa.

Si usted es de los que no entiende sus efectos, es que no tiene fe. Otros, sí la tienen. Gente tan diversa como el lehendakari, Patxi López, Ignacio González (vicepresidente de la Comunidad de Madrid), la Infanta Elena, Cristiano Ronaldo, Raúl o Belén Esteban.

Algunos, como Esteban, cobran por llevarla. Otros, como el periodista Antonio Lobato, lo hacen por placer: "Me la regalaron y me la puse. Dicen que tiene magnetismo y la leche. ¿Si funciona? No lo sé. Si no la llevo tengo la sensación de que voy a rendir menos. Si se está comercializado algo tendrá que hacer, aunque creo que es subjetivo. Te la pones y el subconsciente te ayuda. Yo, por si acaso, no me la quito. Llevo dos meses con ella. Hasta que me canse".

El origen de las pulseras

Todo empezó en 2007. Troy y Josh Rodarmel, dos hermanos en la treintena residentes en Orange County, California, lanzaron al mercado la pulsera Power Balance. El propio Josh explicó el invento a la revista deportiva Slam: "Hemos introducido en hologramas frecuencias que reaccionan positivamente al campo magnético del cuerpo. Todo tiene una frecuencia, al igual que los móviles, el wifi, las ondas de radio y cosas del estilo, y todas reaccionan entre sí. Hay frecuencias que reaccionan negativamente con el cuerpo, pero otras lo hacen positivamente. Hemos descubierto cómo meterlas en un holograma que, en contacto con el cuerpo, te proporciona equilibrio, fuerza y flexibilidad".

Equilibrio, fuerza y flexibilidad. Esos son los nada desdeñables beneficios que promete una diminuta pulsera que nadie entiende bien qué demonios lleva dentro. Y para probarlo la empresa propone una serie de ejercicios. El más popular consiste en probar nuestro equilibrio a la pata coja. No hace falta que la pulsera roce la piel para notar sus beneficios, dicen sus creadores. Basta con que esté a menos de cinco centímetros de nosotros. De hecho, Marcia Smith, periodista deportiva del periódico Orange County Register, comprobó que Troy lleva un holograma en la plantilla del zapato y otro en el monedero.

Para promocionar su invento, los hermanos Rodarmel, surfistas amateur, repartieron 50.000 pulseritas entre los asistentes a una feria de deportes de acción de San Diego. También regalaron ejemplares a algunos de sus amigos, como Mark Sánchez, del equipo de fútbol americano New York Jets. Después ficharon a más deportistas, como el baloncestista Shaquille O'Neil o el piloto de fórmula 1 Rubens Barrichello. Y la pulsera empezó a rular de muñeca en muñeca.

La expansión a España

Hace año y medio, la marca decidió expandirse a Europa y abrió sucursal en Francfort (Alemania). Las primeras pulseras llegaron a España hace un año y su éxito ha sido especialmente rápido, según explica Jose María Manzanares, director de Power Balance Madrid, de tez morena y traje impecable. A falta de una, luce dos pulseras en la muñeca derecha. Manzanares explica que son una empresa "tecnológica". Tecnología que él, por cierto, no ha visto en qué consiste con sus propios ojos: "Eso es secreto, como la fórmula de la Coca-cola".

Aunque muchos justifican el éxito por el boca a boca, su popularización no ha sido espontánea. La empresa ha participado en multitud de torneos de paddle, de golf, de hípica o de surf y son patrocinadores oficiales del Madrid Open de Tenis. También han financiado a deportistas. Pablo Gutiérrez (surf), Eva Castro (bike), Fidel Alonso (snowboard) o Azahara Muñoz (golf) no las llevan por que sí; les pagan por ello.

Pero la empresa mira mucho más allá del deporte. En un golpe eficaz, Power Balance firmó un acuerdo comercial con la productora Zeppelin, la rama española de Endemol. Gracias a él, los concursantes de Fama (Cuatro) y Gran Hermano (Telecinco) han llevado y promocionado la pulsera. Incluso Mercedes Milá la lucía con garbo. La incorporación de Belén Esteban da una idea del objetivo de la marca.

Credulidad mediática

La credulidad mediática también ha contribuido al éxito del invento. Reportajes como el que Andalucía directo (Canal Sur, con una media de 300.000 espectadores) emitió el pasado 29 de noviembre (y que está colgado en Youtube) quizá convenció a más de uno. En él, un ciclista, una mujer con fibromialgia, un hombre "con problemas de concentración" y un comercial de la empresa, explicaban los beneficios de la pulsera. "Yo creo que no sólo es sugestión", decía la propia reportera. Los testimonios fueron aportados por la propia Power balance.

Explicaciones al margen, las pulseras holográficas han conquistado a gente de todo tipo. Surfistas como Juan Carlos Rubio ("Creo en los efectos. No es mágica, pero sí he notado mejoría cuando voy en moto o surfeo. No sé si es sugestión, pero a mí me va de lujo"), camareros como Álvaro Fernández ("Leí un reportaje en la revista Sportlife, y la compré porque paso muchas horas de pie. Los primeros días sí noté algo, aunque creo que es sugestión"), o Margarita (nombre ficticio), del departamento de marketing de una empresa ("Yo creo que es psicológico, pero aunque sólo sea por eso viene bien y se la he regalado a mis padres, mi tío y mi hermano). El lehendakari asegura que la que ha lucido estos días en realidad era para su madre.

Un margen de beneficios elevadísimo

Fabricar el trozo de silicona o neopreno de estas pulseras no cuesta más de un euro. Su precio de venta al público oscila entre 32 y 43 euros. En plena crisis, tan abrumador margen de beneficio no ha pasado desapercibido. Al olor del dinero han acudido un sinfín empresas que venden pulseras que aseguran usar la misma técnica holográfica: EFX, Equilibrium, Ion Balance, Powerplus, Power equilibrium, Trion-Z, Energy balance, Harmony zen...

Las más baratas cuestan 15 euros, las más caras 70. Antoni López, especialista en marcas y tendencias de consumo de TNS, cree que el precio es precisamente uno de los motivos de su éxito: "Son lo suficientemente caras para mostrar signos de credibilidad y los suficientemente baratas para hacerlas accesibles; seguramente fue lo más difícil de trabajar por parte de los creadores". Sólo Power balance ya ha vendido entre 300.000 y 350.000 pulseras. El resto no aporta datos.

Fans y detractores

Las pulseras holográficas no sólo tienen fans; también detractores. El grupo de Facebook "Power balance: cómodo sistema de detección de retrasados" tiene 3.000 seguidores. Cuando un escéptico se topa con un defensor, uno de los argumentos a favor suele ser: "Entonces, ¿por qué la han prohibido en competiciones de surf?". Manzanares reconoce que a él no le consta que eso sea así. Antonio Obenza, director técnico de la Federación Española de Surf, directamente lo niega: "Hubo una prohibición en el circuito mundial, pero por cuestiones publicitarias, no por sus efectos".

Los médicos las consideran un "bluf"

¿Y qué opinan los médicos? Los consultados por este periódico, nada bueno. "Es una forma de llamar la atención sin ningún fundamento", dice Pedro Manonelles, secretario general de la Federación Española de Medicina del Deporte. "No tienen una base científica. Sólo benefician a quienes las venden, no admiten otra consideración. Es la charlatanería de siempre".

"Mi opinión se reduce en una frase: son un auténtico bluf", dice Cosme Noveda, responsable de terapias no convencionales del Colegio de Médicos. "No se sustentan en nada, es un simple negocio y su éxito me parece inaudito. Es una moda, como cuando se llevaban aquellas pulseras magnéticas. ¿Conoces a alguien que las lleve ahora? Qué pasa, ¿que dejan de hacer efecto de repente?".

Noveda se refiere a las pulseras Rayma que inventó Manolo Polo, un masajista de Baleares y que, con ayuda de la fallecida periodista radiofónica Encarna Sánchez, triunfaron en los ochenta. Su especialidad era el reuma. Se vendían en las farmacias. Hoy, son apenas un recuerdo que provoca una sonrisa.

No hay estudios científicos que las avalen

Las empresas que distribuyen pulseras holográficas se han dado mucha más prisa por recoger la repercusión mediática de su invento que la médica. Ninguna de las contactadas puede aportar un solo estudio que las avale. Vicente Morera, gerente de Rod Artwin, la empresa que distribuye la marca EFX (la que venden Carrefour y El Corte Inglés), embrolla aún más la cosas: "En EE UU sí los tienen, estamos esperando que nos los manden. Son de una universidad que ahora mismo no recuerdo. Y también se han hecho investigaciones con la NASA".

Sergio Martín, que distribuye una de las nuevas marcas, Power titanium, no los necesita: "No las vendemos para decir 'te vamos a curar'. Hay gente que se cura de cáncer por su cabeza, ¿no? Pues con esto pasa igual. Perjudicar, no perjudican a nadie. ¿En qué te beneficia? De momento en la imagen. Y eso ayuda un montón al cuerpo".

El éxito ha obligado a Power Balance a mover ficha. Esta semana la empresa ha encargado a Serfar, una consultoría catalana de productos farmacéuticos, un estudio sobre sus pulseras. Alberto Lauroba, farmacéutico y apoderado de la empresa, explica que está esperando que le paguen para empezar su estudio. "Se lo aconsejé yo mismo para que así acallen tanto chismorreo", dice.

Paralelamente, y animado por su hijo, que luce la pulsera, Javier Rojo González, médico y profesor de Salud y rendimiento humano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid, acaba de empezar esta semana un estudio "de doble ciego" con 75 voluntarios. "Es desinteresado y salga el resultado que salga, se va a publicar".

"No es un paliativo"

"Hay gente que se ha confundido", dice Manzanares. "No vendemos un paliativo, no se trata de una pulsera terapéutica". En la Asociación de Consumidores en Acción Facua opinan que la gente no se ha confundido sola: ellos les han llevado al engaño. La semana pasada denunciaron a Ion Balance, una empresa de Palma de Mallorca que en su web defendía sus pulseras con argumentos como "ayuda a "combatir las células cancerosas", "el dolor", "a mantener la juventud" y "la curación de lesiones". Cuando la Consejería de Salud de Baleares quiso reaccionar, el texto había desaparecido.

Hoy, Facua ha presentado una denuncia contra Power balance. La acusa de publicidad engañosa por textos como el siguiente, que se lee en la web de la marca: "[Power balance] brinda al cuerpo nuevamente un estado de armonía y equilibrio como lo tuvo antes de la contaminación por sustancias químicas, de comida rápida, la falta de ejercicios y el estrés". La ha dirigido a la Dirección General de Salud Pública y Sanidad Exterior del Ministerio de Sanidad y Política Social y la Secretaría General de Salud Pública de la Junta de Andalucía. Power balance ha anunciado medidas "legales y comerciales" para proteger su marca y su "prestigio".

El Ministerio de Sanidad y Consumo alerta de posible fraude

El Instituto Nacional del Consumo (del ministerio de Sanidad), alertado por periodistas y asociaciones de consumidores, se ha puesto en marcha. Aunque las pulseras holográficas, al no ser un producto sanitario, no son su competencia, ayer hizo circular a las comunidades el siguiente texto: "Las pretendidas propiedades terapéuticas o potenciadoras que los fabricantes y comercializadores atribuyen a determinadas pulseras, incumplen lo establecido en la normativa que regula la publicidad y promoción comercial de los productos. El Real Decreto 1907/96 prohíbe 'cualquier clase de publicidad o promoción directa o indirecta, masiva o individualizada, de productos, materiales, sustancias, energías o métodos con pretendida finalidad sanitaria" cuando "sugieran o indiquen que su uso o consumo potencian el rendimiento físico, psíquico, deportivo o sexual". Ahora la pelota está en el tejado de las comunidades.

lunes, 26 de abril de 2010

Freud acusado de charlatán en Francia

Sigmund Freud

El nuevo libros sobre Sigmund Freud compara al psicoanálisis con una religión.

Un nuevo libro que acusa a Sigmund Freud de mentiroso, fracasado y adepto de los regímenes totalitarios, abrió un encendido debate en medios intelectuales de Francia sobre la figura del "padre del psicoanálisis".

Según el filósofo francés Michel Onfray, autor del libro El crepúsculo de un ídolo, la fábula freudiana, el psicoanálisis es comparable con una religión y su capacidad de curar a la gente semejante a la de la homeopatía.

El libro apareció esta semana en Francia, pero comenzó a generar controversia incluso antes de su publicación, con psicoanalistas que acusan a Onfray de errores y de ignorar hechos para defender su tesis.

"Necesidades fisiológicas"

Conocido filósofo, autor previamente del Tratado de ateología, Onfray plantea en su nuevo libro de 600 páginas un abordaje nietzscheano de Freud, bajo la idea de que "una filosofía siempre es la autobiografía de su autor".

A su juicio, el austríaco transformó sus propios "instintos y necesidades fisiológicas" en una doctrina con pretensión universal, pero el psicoanálisis es "una disciplina verdadera y justa en lo que concierne a Freud y nadie más".

Onfray sostiene que Freud falló en curar a pacientes que él mismo atendió, pero ocultó o alteró sus historias clínicas para que pareciera que el tratamiento que les había dado fue exitoso.

Por ejemplo, señala que Sergei Konstantinovitch, apodado por Freud como "el hombre de los lobos", siguió psicoanalizándose más de medio siglo después de haber sido supuestamente curado por Freud.

El psicoanálisis cura tanto como la homeopatía, el magnetismo, la radiestesia, el masaje del arco plantar o el exorcismo efectuado por un sacerdote, cuando no una oración ante la Gruta de Lourdes

Michel Onfray, filósofo francés

O que Bertha Pappenheim, conocida como "Anna O." y presentada por Freud como un caso exitoso de tratamiento contra la histeria y las alucinaciones, siguió sufriendo recaídas luego del mismo.

Durante un debate con la psicoanalista francesa Julia Kristeva publicado esta semana en Le Nouvel Observateur, Onfray rechazó la noción de que el método de Freud "cura todo el tiempo".

"El psicoanálisis cura tanto como la homeopatía, el magnetismo, la radiestesia, el masaje del arco plantar o el exorcismo efectuado por un sacerdote, cuando no una oración ante la Gruta de Lourdes", sostuvo.

"Sabemos que el efecto placebo constituye el 30% de la cura de un medicamento", agregó. "¿Por qué el psicoanálisis escaparía a esta lógica?".

Dinero, sexo y fascismo

Además de cuestionar el método de Freud, Onfrey ataca su personalidad y lo presenta como alguien que fue capaz de cobrar el equivalente actual a US$600 en efectivo por sesión e incapaz de tratar a pobres.

Más aún, desde el punto de vista sexual lo tacha como una persona homofóbica y con un especial interés en temas como el abuso sexual, el complejo de Edipo y el incesto, y que se acostaba con su cuñada.

En términos ideológicos, Onfray sostiene que Freud coqueteó con el fascismo y que en 1933 escribió una dedicatoria elogiosa a Benito Mussolini: "Con el saludo respetuoso de un veterano que reconoce en la persona del dirigente un héroe de la cultura".

Y afirma que el creador del psicoanálisis buscó alinearse al canciller Engelbert Dollfuss, que instauró el "austrofascismo" en su país, y también a las exigencias del régimen nazi.

"Odio"

Con este libro, algunos amigos me habían anticipado el odio porque me metía con el monedero

Michel Onfray, autor del libro “El crepúsculo de un ídolo, la fábula freudiana”

El libro ha generado airadas protestas y acusaciones desde círculos intelectuales de Francia.

La historiadora y psicoanalista Elisabeth Roudinesco aseguró en un artículo publicado por Le Nouvel Observateur que el nuevo texto de Onfray está "plagado de errores y cruzado por rumores".

Roudinesco acusó a Onfray de haber sacado las cosas de contexto y sostuvo que Freud "de ninguna manera se adhiere al fascismo y nunca hizo apología de los regimenes autoritarios".

"Cuando sabemos que ocho millones de personas en Francia se tratan con terapias derivadas del psicoanálisis, está claro que en el libro y en las palabras del autor hay una voluntad de daño", sostuvo.

En su debate con Onfray, Kristeva defendió el psicoanálisis como un mecanismo capaz de tratar problemas como la histeria, el complejo de Edipo o las conductas anoréxicas y bulímicas, entre otros.

"Onfray nos insulta cuando dice que el psicoanálisis no cura", escribió el psiquiatra y psicoanalista Serge Hefez en el semanario Le Point. "¿Qué hacemos todos nosotros en nuestros consultorios, centros de terapia familiar, conyugal, nuestros hospitales y servicios hospitalarios si no es ayudar al sujeto a convertirse en actor de su propia historia?".

Hefez afirmó que "el psicoanálisis sí cura, es un tratamiento útil y vivo, practicado por miles de terapeutas concienzudos que conocen de fracasos, éxitos parciales y éxitos".

Onfray respondió que muchas reacciones contra su libro evitan responder sus argumentos centrales y, en un artículo publicado en el diario Le Monde, preguntó si es imposible hacer una relectura crítica de Freud.

"Con este libro, algunos amigos me habían anticipado el odio porque me metía con el monedero", escribió. "Hoy me doy cuenta lo acertados que estaban…".

jueves, 22 de abril de 2010

Reyes de la hipocondría




Ya no existe la tristeza. Tampoco hay niños inquietos, ni ancianos seniles, ni timidez, ni angustia, ni hombres flexibilizados que se tiran en la cama y dicen “esta noche no, querida”. ¿El mundo se volvió perfecto? Ni siquiera. Es sólo que en los últimos años los estados de ánimo dejaron de ser lo que eran –momentos del alma– para transformarse en enfermedades. La Fobia Social, el Síndrome de Déficit de Atención (Adhd), el Alzheimer, los ataques de pánico y la disfunción eréctil son algunos de los nuevos nombres para los viejos humores. Y no se curan con paciencia, descanso o tratamiento psicológico, sino con pastillas. Una batería de píldoras que transformó a la clásica neurosis en la principal fuente de ingresos de la industria farmacéutica y que puso en alerta a la comunidad médica mundial, a tal punto que el British Medical Journal (BMJ), una de las más prestigiosas publicaciones médicas internacionales, se vio obligada a dar una señal de alerta: en un artículo advirtió que los laboratorios –con la ayuda de los medios, las publicidades y los médicos– tenían y tienen como principal objetivo convencer al máximo de personas posible de que necesita medicarse. La nota –titulada Vender malestar: la industria farmacéutica y el comercio de la enfermedad– comienza con una frase significativa: “Hay mucho dinero por hacer si se dice a la gente que está enferma”.

“Los laboratorios no venden remedios: venden enfermedades o pseudoenfermedades –coincide Mónica Moreno Galaud, médica desde hace 44 años, homeópata desde hace 31 y profesora titular de la Asociación Médica Homeopática Argentina–. No todo olvido ni toda vejez es Alzheimer, ni toda angustia se cura con un Rivotril, ni toda mujer menopáusica tiene osteoporosis. Lo alarmante es que, cuando una persona toma una medicación que no es necesaria, puede morirse. Es así de grave. Los laboratorios ponen a circular información producida por ellos, la gente se autodiagnostica buscando en internet, y después consume remedios para curar esa supuesta enfermedad que tiene, con los riesgos que eso conlleva”.

Dame más. Reales o inventados, los problemas de salud generan fortunas. Un estudio de la encuestadora Price Waterhouse Coopers, titulado Farma 2020, la visión: ¿Qué pastilla tomarás?, estima que en el año 2020 el mercado farmacéutico mundial moverá 1,3 billones de dólares anuales. En nuestro país, los registros más recientes no llegan ni a los talones de esa cifra, pero sí dan cuenta de un aumento en las ventas. Los últimos datos dados a conocer por el Indec –correspondientes al primer semestre de 2009– informan que las 75 empresas vinculadas al sector farmacológico facturaron 5.529.315 pesos en seis meses, un monto casi idéntico a la facturación anual en el año 2005 (lo que significaría que, grosso modo, en cuatro años se duplicó el consumo). Esta información no incluye al mercado paralelo –ilegal– de comercialización de medicamentos, que según el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Químicos mueve más de 500 millones de pesos anuales. En cualquier caso, los medicamentos que tuvieron el mayor incremento fueron los destinados al Sistema Nervioso Central (aumentaron un 176% respecto del 2005), un “rubro” en el que se inscribe buena parte de las “enfermedades” de diagnóstico polémico, como los Ataques de Pánico, la Fobia Social, el Adhd o el Alzheimer.

Una encuesta de la consultora Ricardo Rouvier & Asociados da una explicación probable de por qué se venden tanto las pastillas para el SNC. Según el relevo, la amargura, la angustia y la tristeza son las sensaciones predominantes (55,9%) entre 535 personas encuestadas en Buenos Aires. Si esos estados de ánimo se leen como “enfermedades”, puede aventurarse por qué el consumo de estas píldoras está en auge. Ahora bien: ¿Cómo convencer a una persona de que no está angustiada, sino que tiene un ataque de pánico? Las formas de instalar una enfermedad serían similares a las de colocar cualquier otro producto en el mercado (ver recuadro) y formarían parte de un circuito de propaganda lícito. Para la industria, si el consumidor compra el producto luego de verlo publicitado, eso es parte de una etapa posterior que no incumbe a los laboratorios, sino a la relación entre médico y paciente.

En Argentina, uno de los casos más llamativos en lo que refiere a construcción y difusión de enfermedades ocurrió en 2003 cuando empezó a verse en televisión una publicidad donde se mostraba a una mujer mayor sufriendo un olvido. “Tu madre –se leía, mientras sonaba un fondo de guitarras tristes– no se acuerda las fechas/ se olvida los nombres/ y las caras / entonces/ el que está distraído/ sos vos/”. La propaganda estaba firmada por la Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer (Alma). Ese año, el diario Clarín sacó 40 artículos que aludían a la enfermedad, cuando el año anterior había publicado unos 20. Y en Estados Unidos voceros de distintas asociaciones de enfermos aseguraban que el incremento en el número de pacientes con Alzheimer haría colapsar los sistemas de salud americanos. Pero contra todo mensaje apocalíptico, estaban los números: sólo el 0,5 por ciento de la población mundial tenía (y tiene) Alzheimer. Y sólo el 1,1 por ciento de los argentinos lo padecían (y padecen). ¿A qué se debía el estallido mediático? A que Novartis, el laboratorio que vende las drogas contra la enfermedad, estaba por lanzar una nueva pastilla. “Ese año, con esa publicidad quedamos preocupados porque se desató una paranoia generalizada –recuerda el neurólogo Ignacio Brusco, director del Centro de la Enfermedad de Alzheimer de la facultad de Medicina de la UBA–. Fue una campaña compleja, que básicamente proponía que si tenés un solo síntoma (olvido) tenés Alzheimer. Y lo cierto es que el diagnóstico del Alzheimer necesita tiempo, imágenes y gastos sanitarios. Pero eso no se entendió. En los hospitales estábamos desbordados y encima los consultorios se nos llenaron con pacientes sanos.”


Cancún o la enfermedad. La primera campaña de salud polémica se dio en la década del ’80 con el Prozac, el primer medicamento que se valió de los medios de comunicación para dirigirse a sus potenciales usuarios y dejar a los médicos relegados a un segundo plano. Con la llegada del Prozac se empezó a hablar de “depresión”. Del mismo modo, en los ’90 se instalaron discursivamente la “fobia social” y los “ataques de pánico”, dos trastornos que en lo inmediato encontraron su cura: el clonazepán (cuya marca más conocida es el Rivotril), el Aurorix (un antidepresivo contra la fobia social) y el Seroxat (“la píldora contra la timidez”). El último de la lista es el Paxil, una pastilla para el “trastorno de ansiedad generalizada”. Para septiembre de 2001, en Estados Unidos las publicidades del medicamento mostraban los ataques a las Torres Gemelas y proponían tratar “esa ansiedad” con la ingesta de “esta píldora”.

El marketing es el rubro en el que más invierten los laboratorios. Incluso supera al de “investigación médica”. En la web de la comisión de Valores de la Bolsa Estadounidense, hay un artículo llamado Beneficiarios del dolor. Dónde va el dinero, donde se detalla que los laboratorios destinan el 27% de sus ingresos al marketing, el 19% a los gastos administrativos, y el 11% a la investigación. Como muestra basta una píldora: Phyzer, el laboratorio que inventó el Viagra, invirtió 32.259 millones de dólares en marketing y cinco mil millones en investigación. ¿Por qué es tan importante el marketing? Marcia Angell, periodista y médica egresada de Harvard, da una respuesta en su libro La verdad acerca de la industria farmacéutica. Cómo nos engaña y qué hacer al respecto. Allí explica cómo los laboratorios tienen su mayor negocio en lanzar variaciones “menores” de drogas ya existentes, a las que Angell llama “drogas yo también”. Uno de los problemas de estos remedios es que, como son iguales a otros medicamentos, es difícil que el público quiera pagar precios altos por ellos. Por eso, la industria gasta fortunas en marketing, algo que luego se traslada a los precios. La estrategia funciona. Según Angell, la industria farmacéutica obtiene un 17% de beneficio neto, mientras que las multinacionales más potentes del planeta suelen tener una rentabilidad que ronda el 3%.

Para Daniela Gutiérrez, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), este auge medicamentoso tiene una explicación principal: la salud hoy se transformó en un commodity, entró en la lógica del mercado. “El cuerpo enfermo es un interrogante para la ciencia y para la industria farmacológica y su mercado. Los laboratorios se dieron cuenta de que el mejor propagandista médico es el paciente –explica Gutiérrez–. Hay un estilo muy americano que es el awareness, el “dar alerta”: el concepto de que nadie mejor que usted, consumidor, puede detectar la enfermedad. Hay una democratización del diagnóstico que permite que cualquier persona sepa detectar la propia dolencia. Y con este mecanismo nuestra cultura ha medicalizado no sólo la enfermedad sino que paulatinamente ha avanzado hacia la medicalización de la salud, la reproducción, la sexualidad, el envejecimiento y hasta la muerte.” Gutiérrez sostiene que la salud entró en la categoría de “producto”.Y algo de eso pudo intuirse un par de años atrás, cuando la publicidad de una medicina prepaga planteó las cosas sin eufemismos: “¿Cuánto se paga una apendicitis?” preguntaba un locutor en off. Y luego daba la respuesta: “Lo mismo que una semana en Cancún”.