domingo, 16 de marzo de 2014

Todo lo que sabemos sobre el punto G, descrito por la ciencia

    En los Estados Unidos de finales de los años 40, dos ginecólogos llevaron a cabo un estudio tan detallado de los órganos sexuales femeninos que sus hallazgos les harían pasar a la historia. Entre las muchas partes de la anatomía de la mujer que llamaron su atención, el exiliado alemán Ernst Gräfenberg y el estadounidense Robert Dickinson repararon en una zona de especial sensibilidad erógena, “situada en la superficie suburetral del muro vaginal anterior” y que se hinchaba durante el orgasmo.
    Sin saberlo, habían realizado uno de los grandes hallazgos del siglo XX: el punto G, que no recibió dicho nombre hasta los años 80, cuando la sexóloga Beverly Whipple identificó una zona en la que el 90% de las mujeres estudiadas sentían una mayor sensibilidad sexual, tal y como explicó en el superventas El punto G y otros descubrimientos sobre la sexualidad humana (Neo-Person). Gräfenberg, no obstante, tuvo que conformarse con que su inicial, la “g”, diese nombre al punto más buscado por los hombres de todo el planeta.
    Desde un primer momento, el punto G estuvo rodeado de un gran escepticismo que llega hasta nuestros días, y que se debe, ante todo, a que contradecía las teorías canónicas de Masters & Johnson, que reivindicaron el clítoris como el centro casi exclusivo del placer femenino, relativizando la importancia de la vagina. Los propios investigadores respondieron a Whipple en su reedición de Sexualidad humana argumentando que únicamente un 10% de las mujeres dispone de una región más sensible en su vagina.
    Sin embargo, y dado que hoy en día la mayor parte de mujeres aseguran una diferencia de sensación en dicha forma, nadie se atreve a descartar la idea de que algo ocurre en la pared anterior de la vagina. Una revisión de estudios publicada en 2012 en el Journal of Sex Medicine afirmaba, parafraseando al dicho gallego, que el punto G, haberlo, haylo, pero nadie lo ha visto. En otras palabras, las encuestas demuestran que las mujeres lo sienten, pero los científicos no habían sido capaces de encontrarlo.
    No existe ningún órgano que sea el punto G
    La confusión proviene, en la mayor parte de los casos, por pensar que el famoso punto es un botón, una glándula o un órgano concreto y fácilmente identificable. Sin embargo, no hay ninguna zona dentro de la vagina en la que, como ocurre con el glande o el clítoris, se concentre un mayor número de terminaciones nerviosas.
    Como explica Pere Estupinyà en S=EX2. La ciencia del sexo (Debate), una de las hipótesis más aceptadas hoy en día llegó en 2008 de la mano de Odile Buisson, que afirmaba que, en realidad, al ejercer presión interna en la parte frontal de la vagina, puede ser que lo que se está haciendo es alcanzar las estructuras internas del clítoris, que es lo que produciría el intenso placer.
    Una interesante visión del asunto, porque al mismo tiempo confirma y desmiente la existencia del punto G, como sugiere el científico. Lo confirmaría porque demuestra que efectivamente hay una zona más sensible en la vagina, pero lo desmentiría porque esta no sería más que un atajo hasta el clítoris.
    ¡Lo hemos encontrado!
    En abril de 2012, la comunidad científica se vio revolucionada por un estudio en el que su autor, Adam Ostrzenski, afirmaba haber encontrado el punto G, como un Cristóbal Colón de los genitales. No sólo proporcionaba detalladas coordenadas de dónde podía ser encontrado –en concreto, a 16,5 milímetros de distancia de la parte superior del meato uretral, en un ángulo de 35 grados con el borde de la uretra–, sino que también describía su forma, tejidos y diseño.
    Hay diversas posiciones que facilitan encontrar el punto G, como estar de cuclillasSe trataba, como afirma el ginecólogo, de “una bolsa bien delineada”, con paredes que parecían estar formadas por tejido fibroconectivo, semejante a la del tejido eréctil. La parte superior de la bolsa tenía irregularidades visibles a través de la membrana. En definitiva, todo un poema que se puede ver aquí, a su cuenta y riesgo. Rápidamente, Ostrzenski recibió un gran número de críticas por parte de la sociedad científica.
    Como explicaba Harriet Hall en un artículo publicado en Science Based Medicine, dado que el famoso punto G había sido extraído del cadáver de una mujer de 86 años, era complicado saber lo que realmente era esa bolsa extirpada de la vagina de la buena mujer. Hall acusaba a Ostrzenski de haber encabezado una campaña para conseguir la atención de los medios de comunicación, puesto que hasta la fecha, el consenso señala que el punto G no constituye un órgano o membrana aparte, aunque aquí podamos ayudarte a encontrarlo.
    Dónde buscar el centro del placer
    Una condición sine qua non para hallar el punto Gräfenberg es que la mujer se encuentre excitada, lo que facilitará sensiblemente la labor. Además, hay diversas posiciones que permiten una mejor exploración: por ejemplo, de espaldas, con las rodillas subidas hasta el pecho; de cuclillas; o utilizando juguetes sexuales específicos que permitan la exploración dentro de la vagina, preferibles a la exploración manual.
    Cada vez está más claro que el clítoris no es el único órgano sexualNinguna de estas posiciones resulta particularmente útil si lo que queremos es localizar el punto G durante el acto sexual. En dicho caso, la mejor posición es la llamada del perrito, con la mujer apoyada en sus rodillas y manos, puesto que es aquella en la que la mayor parte de mamíferos realizan el acto sexual y, por lo tanto, la que evolutivamente tendría un mayor sentido.
    Este debate sobre el punto G conduce, finalmente, a una de las grandes preguntas que se han realizado sobre la sexualidad femenina: ¿existe el orgasmo vaginal? Muchas mujeres señalan que sí, y que es muy diferente a lo experimentado en el orgasmo causado por la estimulación del clítoris.
    La investigación realizada por el profesor Barry Komisaruk, de la Universidad de Rutgers, así lo refrenda: las áreas cerebrales que se excitan en un escáner cerebral son completamente diferentes si este es vaginal o si se estimula el clítoris externo. Como recuerda Estupinyà, esto significa el fin del reinado del clítoris como el único órgano sexual, y un aviso de que el orgasmo no se produce en los genitales, sino en el cerebro.

    sábado, 15 de marzo de 2014

    Torta, chongo, bollera,marimacho o lesbiana: ser lo que quieras

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    Por Noelia Leiva
    La visibilización lésbica es una causa política que tuvo su espacio de acción en jornadas que se realizaron el fin de semana último. Recordaron a Pepa Gaitán, asesinada por amar a otra mujer. El puño está en alto para que nadie ni nada defina qué se es.

    “Incluir” y “aceptar” son términos políticamente correctos de la perspectiva que aboga por la diversidad sexual ¿Pero qué hay que tolerar y desde donde? Para erradicar la barrera de lo “natural” desde donde se mira para dar la bienvenida a lo supuestamente distinto, jornadas de visibilización lésbica en todo el país reclamaron la equidad de derechos. Las militantes denunciaron la violencia física más evidente, como la que atravesó Natalia “Pepa” Gaitán, asesinada por tener novia. Pero también, la sutil que se cuela por los poros de la cultura heteronormativa.
    Pese a las conquistas que logró el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y queers (Lgbtiq), en la calle todavía cuesta no pensar que el punto de partida es ser hombre o mujer, y que ‘todo lo demás’ constituye variantes. Y que a la mayoría de las personas les gusta alguien de otro género, pero hay que sumar a la vida social a quienes no. En algunos espacios de la comunidad donde la lectura fue permeable a las nuevas luchas todavía hay rastros de una mirada dicotómica de ‘nene-nena’. Pero el peso de los mandatos es mayor cuando ni siquiera se alcanzó a ese punto y el rechazo se convierte en golpes.
    Si viviera, Pepa Gaitán podría dar cuenta de qué es ser segregada por ser lesbiana, pero fue asesinada a quemarropa en 2010 por Daniel Torres, padrastro de Dayana Sánchez, su novia. Lo inexplicable de la violencia más extrema suena más descabellado cuando se revisa, en el proceso judicial, la estrategia de la defensa que pretendía instalar a la víctima como una “mujer que daba miedo” por salirse del encuadre patriarcal de ser apacible y entregada a una relación monogámica con un varón. En nombre de ella se realizaron jornadas en la Ciudad de Buenos Aires, Bahía Blanca y Córdoba.
    “Es muy inteligente y estratégico que se hable de visibilidad lésbica como consigna y que no se pida ‘paremos la lesbofobia’. Es un problema de violencia, no una enfermedad” individual, mencionaron a Marcha desde Desobediencia y Felicidad, un colectivo que realiza acciones anónimas en defensa de los derechos de las mujeres y las identidades disidentes. Ese llamado a nombrar las acciones por su nombre se instaló en la plaza porteña ubicada frente al Congreso nacional el 7 de marzo último, donde hubo música feminista y alternativa, más una radio abierta en la que organizaciones defendieron sus ideas de rebelión contra el patriarcado, en la cuarta jornada consecutiva con esa consigna.
    Pepa fue símbolo también en Bahía Blanca y en Córdoba capital, de donde era. Allí una ordenanza municipal instaló en 2011 el Día de Lucha Contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género. Las actividades duraron 48 horas y fueron acompañados por la familia Gaitán- Vázquez. “Es un caso importantísimo para nuestra comunidad y la sociedad en su conjunto porque visibiliza una serie de violencias que sufrimos las mujeres lesbianas en esta sociedad machista y heterosexista. En segundo término, porque sucedió el mismo año de la sanción del matrimonio igualitario, lo que demuestra que no bastará con buenas leyes para combatir la discriminación y los crímenes de odio”, entendió Verónica Castro desde Devenir Diverse, una de las organizadoras de las jornadas de visibilización en las sierras.
    “Me nombro lesbiana siempre que veo que hay un contexto hostil hacia nosotras pero no comparto que haya una tensión identitaria entre lesbiana y mujer”, plantearon, a su turno, desde Desobediencia y Felicidad, que ‘stencilió’ remeras durante la actividad porteña. “Hay diferentes formas de habitarnos como mujeres. No decirme mujer lo sentiría como misógino pero reivindico otras formas de ser mujeres, sino sería dar por vencedor al discurso patriarcal”, enfatizó.
    ¡Ay, Andrea! ¡Hacete tortillera!
    Aunque lo que da cuerpo a la fecha es una muerte provocada por un ‘heteromacho’, en las jornadas hay música, baile y risas. Es que también se trata de desestructurar el lugar tradicional del duelo –con su llorona paciente- en una movilización que busca romper las estructuras patriarcales opresivas. En Congreso, hubo música alternativa. Las Conchudas, una banda que empezó a gestarse hace dos años en un Encuentro Nacional de Mujeres, aportó cumbia con lenguaje propio: antídoto contra la opresión simbólica. Los temas que amaban bailar pero que eran violentos en sus letras sonaron en la plaza con otras palabras, las que convocan a que cada una se sienta en libertad de ser. “Ay, Andrea/¡hacete tortillera! /‘ Ay, Andrea / ¡Hacete feminista! / ¡Ay, Andrea!/ Seguí tu corazón”, cantan las seis.
    “No hay nadie por fuera de cada una que marque nuestra sexualidad, la persona con la que tenemos ganas de construir. Y al que no le guste, que se vaya a Marte, porque ya no hay lugar en el mundo donde pueda tolerarse” la discriminación, planteó Lola, la percusionista del equipo. Que el sistema les diga a las niñas, adolescentes y adultas qué y cómo entenderse responde a la lógica capitalista de aplicar etiquetas porque “alguien que se sale de lo normativo ya no es parte de lo homogéneo y no es fácil de manejar”, consideró.
    Por eso las lesbianas molestan y son invisibilizadas: se corren de lo que la matriz machista espera de ellas en tanto mujeres. “Y si sos pobre, es mucho peor”, denunció. La maternidad opera como excluyente de lo que es o no sinónimo de ‘ella’. Se estableció que las sujetas “vinieron al mundo para reproducir, no pueden elegir ser madre o no. Si no lo son, no resultan ‘productivas’”, analizó.
    Una vez más, la categoría que define a lo políticamente señalado como ‘diverso’ puede servir para tranquilizar a quienes no se sienten parte porque así sintetizado ese colectivo tiene un espacio vital, parámetros, vidas capaces de ser conocidas. El temor que brinda lo no sabido puede irse si eso diferente tiene nombre. “Me defino lesbiana por una decisión política, para levantar la bandera de esa lucha. Pero en realidad no me defino nada, no tengo por qué. Es la sociedad la que lo necesita”, apuntó Lola.
    Para comenzar, ponerle nombre tiene el sentido de recuperar los derechos, como el de vivir, que le arrancaron a Pepa. La lucha continúa para que, algún día, ya no haya que dar ni esperar descripciones.

    las ricas quieren tener el chocho estrechito...

    Las cesáreas en España: un problema en femenino plural

    El abordaje sanitario de la última década de los procesos reproductivos no es más que una expresión reformulada de la falta de control de la mujer sobre su reproducción
    .Uno de cada cuatro (24.9%) partos que se realiza en España se lleva a cabo por cesárea. Esta cifra es un 10% superior a la recomendada por la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad afirma que este “exceso” de cesáreas no se debe a condiciones clínicas de las mujeres o sus fetos, sino al estilo de práctica clínica llevado a cabo en nuestro país.
    Traduciendo estas cifras, esto quiere decir que 2 de cada 5 mujeres sometidas a cesárea tal vez no tendrían por qué pasar por ese proceso, así como podrían evitar la exposición a los riesgos de complicaciones derivados de dicha intervención quirúrgica (porque sí, una cesárea no es sino una cirugía).
    Habitualmente, cuando se trata este problema se alude a una serie de causas comunes: incremento de la edad materna, aumento de cesáreas por haber sufrido una cesárea previa, preferencias de la mujer en ciertos niveles sociales por percepción –errónea- de mayor seguridad, auge de la medicina defensiva como respuesta a la judicialización de la práctica clínica… Sin embargo, hay dos factores importantes que no se suelen contemplar y cuya comprensión es clave para dejar de concebir este asunto como una anécdota y pasar a darle la categoría de problema de salud (o incluso, vista su magnitud, de salud pública).
    Por un lado, los modelos de prestación de servicios sanitarios pueden hacer que existan incentivos para la práctica de cesáreas con respecto a partos vaginales; se ha demostrado en  diversos estudios (y los  datos de nuestro país lo apoyan) que los centros privados presentan una mayor tasa de cesáreas que los centros públicos, lo cual se debe no sólo al hecho de que el obstetra tienda a adecuar el parto de la mujer a aspectos relacionados con su disponibilidad laboral, sino también a que la medicalización del parto es mucho más intensa en los centros privados, sin que ello se corresponda con mejores resultados de salud para la madre o el recién nacido; esto se ha visto de forma clara en  un estudio italiano publicado recientemente, donde se observó que las mujeres que llevaron un seguimiento del embarazo en centros privados tenían una mayor medicalización y tecnificación del embarazo y el parto sin que ello redundara en ningún resultado positivo en salud;  estudios similares en nuestro país afirman que el factor sociodemográfico y de utilización de servicios más decisivo a la hora de ser sometida a una cesárea es el ser atendida en un centro privado. 
    El otro aspecto fundamental, y estrechamente ligado al anterior, es la concepción de la mujer como “combustible” del sistema sanitario. Son múltiples los ejemplos en los que la mujer se convierte en  objeto (nunca sujeto) de la medicalización, y el caso del parto es quizá el más paradigmático. Un proceso –el embarazo y el parto- que, con los adecuados controles sanitarios (de enfermería y medicina) debería concluir en un 85% de los casos en un parto vaginal, mayoritariamente sin complicaciones, se convierte en un proceso quirúrgico en cuya indicación raramente participa la mujer –deja de ser sujeto- y que comporta unos riesgos clínicos así como un aumento de los costes del proceso.
    ¿Por qué no se percibe el incremento de cirugías –cesáreas- como algo alarmantemente negativo por parte de la población? Muy probablemente un aspecto clave sea la persistencia de la concepción de las decisiones médicas como intrínsecamente beneficiosas e infalibles para nuestra salud, para la salud de la mujer en este caso. Por ello, comprender que a) existen condiciones estructurales y de organización que fomentan un tipo de parto sobremedicalizado (es importante insistir en que no defendemos desde aquí la ausencia de seguimiento médico del embarazo y el parto, sino que hablamos de la sobremedicalización nociva para mujer e hijo o hija) y b) la mujer se ha convertido, en los modelos actuales de práctica clínica, en el combustible de un sistema que necesita de ella –como objeto- para seguir creciendo.
    Parafraseando a  Silvia Federici, el control de la reproducción es un tema esencial para cualquier proceso de transformación social; el abordaje sanitario de la última década de los procesos reproductivos no es más que una expresión reformulada de la falta de control de la mujer sobre su reproducción.
    Muchas Comunidades Autónomas llevan tiempo trabajando en estos aspectos, pero se hace difícil confiar en que sin concepciones más amplias del problema se vayan a conseguir cambios significativos.

    ES LA ENFERMEDAD DEL DINERO

    Los españoles son los ciudadanos menos felices del mundo


    Para nosotros el dinero es fundamental para lograr la felicidad

    «Sólo el 59% de los españoles afirma que es feliz». Esta es una de las conclusiones de un estudio internacional realizado por la empresa de mercado Ipsos entre 24 países. Comparados con otras naciones, los españoles son los ciudadanos menos felices del mundo, solo los húngaros se encuentran peor que nosotros (53%). Muy lejos de los que más y mejor sienten que la vida les sonríe: indonesios (el 92% se considera feliz), canadienses (86%), suecos (85%) y estadounidenses (84%).
    Este estudio se ha realizado entrevistando a entre 500 y 1.000 personas en cada uno de los 24 países analizados. En Europa, los más felices son suecos, belgas, británicos, franceses, alemanes e italianos.
    Pero, además, a los españoles son a quienes más importa el dinero para lograr la felicidad. De hecho, a nadie le sorprende, que las personas con altos ingresos económicos se sientan más felices que aquellas que tienen unas rentas medidas o bajas. También las mujeres son más felices que los hombres y los jóvenes menores de 35 años se siente mejor con su vida que aquellos mayores de esa edad..

    viernes, 14 de marzo de 2014

    LA SANITAT DE CATALUNYA SUMERGIDA EN LA MIERDA DE LES PESETES

    Un hospital cobra 9.300 euros por evitar la lista de espera a una mujer

    La paciente se operó en el mismo centro y con el mismo médico que la atendía por lo público

    La Generalitat catalana estudiará si se ha incurrido en “irregularidades”

    A Isabel Martínez la operaron de cadera por la privada por las listas de espera. / Josep Lluis Sellart

    El hospital de El Vendrell (Tarragona) tiene una lista de espera para implantar prótesis de cadera que supera de largo los seis meses de plazo máximo que garantiza el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña. Pero si un paciente paga, puede saltársela. Es el caso de Isabel Navarro, vecina de Santa Oliva (Tarragona) de 66 años. No podía aguantar más el dolor y se sentía incapaz de soportar el año que los profesionales le decían que tenía por delante. Al final, accedió a pagar 9.300 euros para ser intervenida en unos días por la vía privada en el mismo hospital y por los mismos médicos que debían atenderla por la sanidad pública.
    El hospital de El Vendrell es uno de los cerca de 60 hospitales catalanes que están financiados casi enteramente por la Generalitat, pero cuya gestión está en manos de Ayuntamientos, fundaciones u otras entidades públicas y privadas. El centro es propiedad de la Fundació Sant Pau i Santa Tecla y su concierto con el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut) le aporta el 97% de su actividad al ser el hospital de referencia para unas 100.000 personas de la comarca del Baix Penedès (Tarragona). Como muchos otros hospitales concertados de la red de atención pública —todos los catalanes menos los ocho que gestiona directamente la Generalitat—, el hospital ha visto en la doble puerta pública y privada una fórmula para aumentar sus ingresos ante los recortes.
    La pesadilla de Isabel se inició a mediados de 2013, cuando empezó a sentir molestias en la cadera. Tras varias visitas, el diagnóstico fue claro: había que operar. La mujer fue incluida en la lista de espera el 11 de julio, confirmó ayer la dirección del hospital. Pero los días pasaban, la operación no llegaba y las molestias empezaban a ser insoportables. “No podía más, había momentos en los que no era capaz de moverme de la cama, y yo siempre había sido muy activa. Me gusta caminar, ir en bicicleta…”, cuenta Navarro.
    “No podía más, había momentos en los que no era capaz de moverme de la cama", dice la paciente
    “Primero nos dijeron que la lista de espera era de un año; después, de 14 meses... Cada vez la fecha de operación se alargaba más”, relata su hija, Virginia Moreno. Fue ella la que acudió al hospital para preguntar si, como le habían dicho, podían saltarse la espera pagando en el mismo centro. “Nos dieron un presupuesto, reunimos los ahorros de todos los hermanos y de mi madre y en menos de un mes la operaron”.
    Navarro fue intervenida el 9 de diciembre por la tarde. La familia pagó 9.335 euros: 2.142 euros por una semana de hospitalización; 1.200 por el módulo en el que fue intervenida; 3.000 euros de honorarios para los facultativos y 2.800 por la prótesis, según consta en la factura.
    El Departamento de Salud ha dicho este jueves a EL PAÍS que estudiará si el hospital ha podido incurrir en “irregularidades” si la paciente presenta una reclamación. Según Salud, no es irregular que un hospital financiado con fondos públicos realice actividad privada, pero sí lo es que un paciente que entra por la vía pública acabe siendo operado en el mismo centro por lo privado.
    “A mi madre la operó el mismo médico, la atendieron las mismas enfermeras y la operaron en los quirófanos del mismo hospital donde se atiende por la sanidad pública”, denuncia Moreno. La dirección del centro asegura que la intervención se hizo en un “circuito diferente” y que no se retrasó ninguna intervención pública para operar a Navarro. La dirección del centro desmintió el relato de la familia al declarar que el tiempo medio de espera en el hospital para implantar una prótesis de cadera fue en 2013 de 7,3 meses.
    Aunque no hay datos oficiales, muchos hospitales públicos concertados se han lanzado a ofrecer servicios privados. “Los médicos que atienden en la pública pueden incurrir en un conflicto de interés si también cobran en la privada”, afirma Carme Borrell, doctora en Salud Pública y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública. “Las instalaciones públicas no deberían hacer atención privada”, concluye. “Las listas de espera son un instrumento para empujar a los pacientes a ir a la privada”, critica Àngels Castells, de la plataforma en defensa de la sanidad pública Dempeus.
    Navarro, que ya vuelve a caminar sin muletas, critica que existan estos salvoconductos en el sistema. “Toda la vida pagando la Seguridad Social y cuando tengo un problema no pueden atenderme bien. Yo he sido una afortunada, pero pienso en todas las personas que no pueden costearlo y están sufriendo”, concluye. La plataforma SICOM ha convocado este jueves una rueda de prensa en Barcelona para denunciar el caso.

    Mi padre,andaluz ,decía que cuando de España quitamos trabas,no hicimos mas que cambiar moco por baba.
    Habra que aplicarlo en Cataluña porque si se hacen independientes para esto,mejor que sigan como están y le echan el sanbenito a los españoles.

    jueves, 13 de marzo de 2014

    Uno de cada diez trasplantes en el mundo procede del tráfico ilegal

    Las mafias reclutan personas en países pobres que proporciona órganos a los ricos

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    La imagen impacta. Dos hileras de hombres miran a cámara con las camisetas levantadas mientras enseñan unas cicatrices alargadas en el costado. Prácticamente todos los varones de este pueblo de Filipinas han vendido un riñón por poco más de lo que cuesta un ordenador portátil. Es uno de los ejemplos que muestra un documental de la HBO sobre tráfico de órganos estrenado el año pasado. Y no es un caso aislado. “Durante mucho tiempo, Pakistán fue un lugar de compraventa. Hay pueblos enteros en los que al 90% de la población les falta un riñón porque lo han vendido”, explica José Ramón Núñez, coordinador del programa de trasplantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
    Como sucede con el tráfico de drogas o de armas, o con cualquier otro comercio ilegal o clandestino, las cifras son esquivas. Lo que hay son estimaciones: la OMS calcula que un 10% de los más de 100.000 trasplantes anuales en el mundo se practican con órganos procedentes del comercio ilegal. El esquema, el previsible. Los países pobres proporcionan riñones e hígados a enfermos de países ricos. “En Pakistán se compran riñones por 150.000 dólares (108.000 euros). El paquistaní que lo vende recibe 2.000; le da para vivir él y su familia durante un año”, cuenta Núñez. “Lo que más nos preocupa en la OMS es que ciudadanos de países ricos donde hay necesidad y escasez de órganos se estén aprovechando de otros donde la miseria es la norma”.
    Fuentes: Organización Mundial de la Salud y Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. / EL PAÍS
    Porque los órganos son un bien escaso. Se calcula que hay un millón de pacientes en lista de espera en el mundo. Y los órganos disponibles cubren el 10% de las necesidades. “Hay gente que vende porque hay gente que compra”, resume Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), organismo que gestiona el registro mundial de la OMS. Compran americanos, europeos, israelitas, emiratís y “ciudadanos ricos de países no tan ricos”, explica Matesanz, que traza un mapamundi de los lugares en los que se comercia con partes del cuerpo humano: “Uno de los puntos calientes de tráfico es Oriente Medio, pero fundamentalmente Líbano, por la guerra de Siria y la catástrofe humanitaria que ha generado. Hay constancia de venta de órganos de refugiados”.
    Pero en todos los continentes hay puntos calientes; bien porque la compraventa no es ilegal, bien porque se trata de países con estructuras de Estado débiles y falla el control, relata Matesanz. Bandas organizadas trasladan a los donantes entre países. “Hace años, Estambul era uno de los centros clave en riñón. Llevaban en autobús a los donantes desde Moldavia para proporcionar órganos a israelitas y europeos. Cuando las autoridades lo frenaron, el negocio pasó a Sudáfrica”. En Latinoamérica el tráfico de órganos ha descendido, añade. “En los años ochenta y noventa iban estadounidenses a comprar a países andinos, donde ya se castiga la práctica. Ahora la zona de mayor riesgo es Centroamérica y México. El negocio se traslada a los países más débiles”.
    China es “un punto y aparte”, dice Matesanz, porque hasta ahora prácticamente todos sus órganos para trasplante procedían de prisioneros ejecutados. “Ha sido una de las mecas del tráfico internacional de órganos”, añade. Núñez, en la OMS, trabaja para revertirlo formando a coordinadores. Como es un problema de oferta y demanda, hay que crear oferta: “Nuestro trabajo consiste en promover sistemas de donación que proporcionen donantes. Dar soporte legislativo, organizativo y técnico para crear programas de trasplantes. El tráfico ilegal es difícil de atajar; mejor trabajar por la parte legal, para que haya órganos que colmen las necesidades”.