martes, 2 de septiembre de 2014

LA SOCIEDAD CAPITALISTA NO ES JUSTA CON NADIE

¿Es la sociedad actual justa con los mayores?

La psicóloga Gema Rojo ha analizado el trato que reciben las personas mayores en nuestra sociedad en los Cursos de Verano de la UPV
A su juicio, los mayores "han cambiado mucho en poco tiempo, pero la sociedad no ha cambiado imagen que tiene de ellos".
"Mientras que durante años los mayores eran personas importantes en la familia, ahora son una carga", apunta Rojo.
Más de 800 mayores participan en las actividades del programa Gente 3.0, impulsado por la Obra Social "la Caixa"
Los mayores han cambiado pero la sociedad no ha cambiado su imagen
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La imagen que tenemos de las personas mayores muchas veces no se corresponde con la realidad. Porque ¿A quién le vienen a la cabeza los Rolling Stone como  personas mayores? pero lo son. Normalmente tenemos ideas preconcebidas de cómo es una persona mayor y como consecuencia les tratamos de manera inadecuada. La psicóloga de la Universidad CEU San Pablo de Madrid Gema Rojo ha indicado, durante los Cursos de Verano de la UPV/EHU, que “hay que repensar la imagen que tenemos de las personas mayores”. A su juicio, los mayores “han cambiado mucho en poco tiempo, pero la sociedad no ha cambiado la imagen que tiene de ellos”.
Durante el Curso ‘Mal trato o Maltrato: ¿Cómo se trata a las personas mayores en la sociedad actual?’ varios expertos han tratado los malos tratos hacia las personas de la tercera edad. Sin embargo, Rojo señala que al ser un concepto “totalmente distinto” al maltrato infantil o a la violencia de género, “son más difíciles de detectar,  por ejemplo, conductas más sutiles”. Y en todo esto juegan un papel importante los estereotipos.
Según ha destacado la ponente, los estereotipos psicológicos les pueden hacer ser incluso más dependientes. Por ejemplo, el hecho de tratarles como niños en cualquier ámbito de la vida. Rojo apunta que esta es una situación muy común en los geriátricos en donde no sólo “se les habla como niños”, sino que incluso durante sus actividades “se les ponen juegos y canciones para niños”. Otro de los estereotipos que destaca es el social. Muchas veces se considera a las personas mayores improductivas, sin embargo Rojo se pregunta “¿cómo va a ser improductivo alguien que cuida de los nietos, realiza actividades e incluso es el sustento de muchas familias?”.

"Edadismo"

Como consecuencia a todos los estereotipos se produce el “Edadismo”, esto es, la discriminación por edad. La psicóloga considera que esta discriminación está “al mismo nivel que el sexismo, lo que pasa es que es muy sutil”. “Mientras que durante años los mayores eran personas importantes en la familia, ahora son una carga”, apunta Rojo. Por ello, la gente no quiere envejecer, porque “tiene la sensación de que todo lo que le va a pasar es malo”.
El “Edadismo” influye en las personas mayores a nivel cognitivo, emocional y conductual, y “esa falta de control sobre su vida les puede llevar a la depresión”. Rojo también recuerda que muchos médicos cuando una persona mayor va a la consulta, los médicos muchas veces creen que “todo lo que le pasa es de la edad y no les hacen mucho caso”. En este sentido, ha puntualizado que “incluso se les considera una carga para el sistema sanitario”. Ante todo esto la psicóloga considera que “es importante escuchar a los mayores y darnos cuenta de que tenemos ideas erróneas para poder corregirlas”.

lunes, 1 de septiembre de 2014

SEGURO QUE ERA ANDALUZ O GAYEGO,PERO NUNCA CATALAN

DURANTE LA FIESTA DE LOS QUINTOS

Un joven de 18 años muere tras electrocutarse mientras orinaba en una farola en Bunyola

La víctima murió en el acto a consecuencia de una conexión defectuosa de la farola


Un joven de 18 años ha fallecido esta madrugada traselectrocutarse mientras estaba orinando en una farola durante la celebración de la fiesta de los quintos de la localidad mallorquina de Bunyola, que fueron suspendidas por este suceso.
Según han informado desde el SAMU 061 y la Guardia Civil este domingo, el suceso tuvo lugar sobre las 00.40 horas cuando el joven se apoyó en una farola y se electrocutó a consecuencia de una conexión defectuosa de la farola.

Muerte en el acto

Fuentes del instituto armado, de la policía municipal y del servicio de emergencias médicas 061 han indicado que el joven murió en el acto, por lo que los sanitarios desplazados hasta el lugar no pudieron lograr que recuperara el pulso pese a practicarle maniobras de reanimación cardiorrespiratoria
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PESOSEXO


Por qué los hombres pagan por sexo


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Dinero en el nochero
El acalorado debate sobre si hay algo de malo con comprar sexo y si debería ser ilegal sigue sin resolverse. Lo que rara vez se discute es qué motiva a los hombres a pagarle a una mujer para que se acueste con ellos. He aquí lo que le dijeron algunos a Charlotte McDonald, de la BBC.
Fred y Laura salen a caminar, salen juntos de la ciudad los fines de semana, pasean por mercados y a menudo tienen citas en restaurantes.
Se ríen de cosas que han visto en la televisión. Y también pelean y tienen fuertes discusiones.
Como cualquier pareja, tienen sus altibajos.
Pero no son como cualquier pareja.
Fred le paga a Laura para que pase unos ratos con él, lo que incluye tener relaciones sexuales.

Por falta de oportunidad

Se conocen desde hace seis años.
Pareja caminando
A algunos los motiva el tener compañía femenina tanto como el sexo.
"Nos conocimos online en una sala de chat", cuenta Fred, un hombre retirado. "Le pregunté si quería pasar una noche en un hotel conmigo".
Dice que fue como una primera cita, "empezando a conocernos, examinándonos".
"Ahora nos conocemos tan bien que Fred sencillamente transfiere el dinero a mi banco antes de que nos encontremos", añade Laura.
Fred vive en un área rural remota y durante muchos años tuvo que dedicar todos sus días al cuidado de su mamá. Por eso, le dice a la BBC, no tenía la oportunidad de conocer gente, y decidió pagar por sexo.
"Realmente no era tanto el sexo sino el deseo de contar con la compañía de una mujer, y si uno no está saliendo o socializando, es muy difícil saber cómo conseguir amigas".

Por el matrimonio

Pareja agarrada de la mano
Para Robert, la relación con su pareja es excelente; el sexo, no tanto.
Robert ha estado casado durante muchos años.
"Terminé siendo un hombre con una libido muy alta casado con una mujer que realmente no disfruta del sexo... ni siquiera de abrazos, besos, caricias, nada así".
"Ella es una pareja excelente. En todos los otros aspectos, nos llevamos de maravilla; pero en la cama, no".
Robert guarda todo el dinero que puede para comprar sexo.
"No quería que mi matrimonio se acabara", dice. "Quería hacer lo mejor posible para mi esposa, así que lo más obvio fue pagar".

Por evitar el dolor

Mientras que Robert considera el pagar por sexo como una manera de preservar su matrimonio, Graham, de unos 30 años, llegó a creer que era la mejor forma de evitar la complejidad de las relaciones.
Durante los primeros 30 años de su vida, el exfuncionario gubernamental pensó que nunca sería el tipo de persona que daría dinero a cambio de relaciones sexuales.
Pero durante un fin de semana en Ámsterdam, unos hombres a los que acababa de conocer lo convencieron y terminó recorriendo las calles de la zona roja.
Zona roja Amsterdam
La zona roja de Ámsterdam es el lugar más famoso de Europa en el que la prostitución es legal.
Una chica los llamó, dos de los hombres la descartaron diciendo: "Podemos conseguir una mejor".
Pero ella se dirigió a Graham y le dijo: "A ti sí te gusto... quieres venir conmigo, ¿cierto?".
"En ese momento", dice, "no vi ninguna razón para no hacerlo".
La siguió hasta su cabina iluminada de rojo, donde pasó media hora charlando y copulando.
"Fue asombroso. Parecía muy romántico, se sentía como si estuviéramos condensando una relación entera en sólo un par de minutos", señala.
Reflexionando sobre sus relaciones previas y sus dolorosos desenlaces, se preguntó: "Quizás nada de eso sea necesario. Quizás uno puede pagar y tener estos momentos increíbles de espontaneidad, que duran sólo media hora... ¡simplemente, mágico!".

Por timidez

dinero en cama
"Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo", dice Simón.
Simón es un hombre tímido a quien nunca le ha resultado fácil conocer mujeres.
Cuando tenía 29 años decidió que iba a pagar para perder la virginidad. Pero no estaba cómodo con la decisión.
"Había leído en internet que para las mujeres no era bueno emocionalmente", explica.
Eso, sin embargo, no ha impedido que desde hace unos años visite regularmente a la misma mujer.
"Yo tengo un apetito e impulso sexual alto y no se trata sólo de que disfruto del sexo sino que si no lo practico, después de un tiempo, me siento terrible físicamente".
Simón prefiere ver a la misma mujer pues así está más relajado.
Pero aunque la conoce bien, no se hace ilusiones.
"Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo".
Ha tenido un par de novias en los últimos años y dice que mientras estaba en esas relaciones dejó de pagar por sexo. Y que espera volver a tener una relación algún día.
"Preferiría que la mujer con la que estoy teniendo relaciones sexuales lo haga porque quiere estar conmigo, no por el dinero".

Por huir del sexo soso

Mujer, labios, encaje
Algunos pagan por realizar fantasías sexuales.
La motivación de Robert va más allá de la necesidad de intimidad. Él paga por sexo para satisfacer sus fantasías.
"Lo que busco son experiencias interesantes, y me justifico pensando que esto compensa todas esas miles de sesiones de sexo doméstico que no puedo tener y que nunca tendré".
Se describe como "un poco exhibicionista" y "voyeur", y ha organizado orgías.
Brian, de más de 50 años de edad, también dice estar felizmente casado. No obstante, empezó a pagar por sexo mucho antes de conocer a su esposa.
Según él, al sexo en con su pareja le hace falta "un poco de picante".
"Quizás el haber conocido a otras mujeres antes con las que el sexo era muy bueno me dejó malacostumbrado: digamos que el sexo en el matrimonio no es tan bueno", le dice a la BBC.

Por eso y más

En la cocina de Fred lo observamos preparar con mucho empeño la cena, mientras explica que como conoce a Laura desde hace tanto, a menudo se ven como amigos. Pero si se van de vacaciones, él paga la tarifa normal.
Fred admite que está un poco enamorado de ella. ¿Le molesta entonces que Laura tenga otros clientes?
Billete en forma de corazón
Fred está enamorado de la mujer a la que por años le ha pagado por estar con él.
"No, es su trabajo", contesta.
Por su parte, tras su primer encuentro en la zona roja de Ámsterdam, Graham estaba ansioso por recrear la experiencia.
Pero cuenta que la segunda vez que pagó por sexo no fue igual: la mujer parecía "melancólica".
La tercera vez lo dejó sin ganas de repetir la experiencia jamás, pues la mujer era fría y dura, y la habitación parecía el consultorio de un doctor.
"La miré mientras estábamos teniendo relaciones sexuales y noté que ella no podía enfocar la mirada. Me di cuenta de que estaba copulando con una adicta a las drogas. Me sentí horrible", recuerda.
"Bajé las escaleras y salí a la noche de Ámsterdam; todo el esplendor que había visto antes, todo lo que me había parecido algo exótico, de repente parecía sucio".
A Brian no le pasó lo mismo: sigue llevando una doble vida, con su familia y amigos ajenos al otro lado de su personalidad.
"No creo que les guste saber que pago por sexo, pues honestamente no es algo que hagan las personas respetables, que es lo que soy en todos los otros aspectos".
Algunos de los nombres de esta nota fueron cambiados.

El laberinto ético

Cartel
"Prefiero vender mi cuerpo que venderle mi mente a una corporación", dice el cartel.
La idea de que los seres humanos puedan venderse es éticamente polémica.
No obstante, las trabajadoras sexuales a menudo dicen que ellas no venden sus cuerpos sino que, como otros trabajadores, sencillamente le fijan precio a sus talentos y habilidades.
Argumentan que si el trabajo sexual fuera descriminalizado y desestigmatizado, casi todos los problemas con la prostitución desaparecerían.

domingo, 31 de agosto de 2014



Jueza ordena medir el pene de un acusado en Alemania

Jueza ordena medir el pene de un acusado en Alemania
Un presunto exhibicionista alemán deberá mostrar su singular “habeas corpus” ante el jurado, por sentencia de la juez Ulrike Andree, del poblado de Leer.
El sujeto, procesado en un juzgado de Alemania por mostrarle el pene a una joven, deberá acceder a que su miembro sea medido, para definir la sentencia, según informó Passauer Neue Presse, citado a su vez por otros medios.
La juez ordenó medir el pene del acusado de exhibicionismo, pues según la magistrada, el tamaño del miembro viril podría ser la clave para solucionar el caso.
La víctima, una adolescente de 16 años, atestiguó durante el proceso que el victimario le mostró sus genitales durante la entrega de una encomienda del servicio postal, con “su enorme miembro viril colgando fuera del pantalón”.
El cartero, quien se identificó como Lutz Winkler, de 54 años, negó todas las acusaciones.
Su esposa, por su parte, dijo en su defensa que eso era imposible, debido al tamaño del miembro viril.
"Su pene es demasiado corto como para colgar del pantalón", declaró la mujer, en contradicción con las declaraciones de la víctima que manifestó que el pene visto era "grande y repugnante".
La juez exigió la medición del miembro en el tribunal y a la vista de todos; pero la Corte opinó que sería algo francamente desagradable e innecesario.
No obstante, la juez Ulrike Andree terminó ordenando a un perito médico que se encargase de medir el pene de Lutz para definir quién dice la verdad y dictar una sentencia acorde.
Si su pene es lo suficientemente grande como para colgar del pantalón, el cartero será declarado culpable. 
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 LAS ULTIMAS INVESTIGACIONES CIENTIFICAS EN TORNO DEL TAMAÑO DEL PENE

La ciencia toma medidas

Un estudio del King’s College de Londres sistematizó un cuestionario para que urólogos y sexólogos detecten pacientes con “síndrome del pene pequeño”: hombres insatisfechos con el tamaño de su miembro pese a tener una medida estándar. El objetivo es ayudarlos a buscar la terapia adecuada y evitar el riesgo de cirugías o remedios sin control médico.
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 Por Pedro Lipcovich

Hay un sector poblacional cada vez más preocupado por el tamaño de los penes: el sector de los investigadores científicos. El prestigioso King’s College, de Londres, dio a conocer “el primer estudio que sistematizó una escala de diez preguntas para discernir quiénes están insatisfechos con el tamaño de su pene”. La reciente publicación de este trabajo causó desazón en otros grupos de científicos, quienes sintieron que sus propias presentaciones eran insignificantes. Sin embargo, se movieron mucho y bien: llegaron a tomar las medidas de miles de miembros, desde la India a Italia pasando por Turquía. Más allá del costado desopilante de estas investigaciones –por ejemplo, el raro maridaje entre pornografía y ciencia para medir el pene erecto–, este interés corresponde a la alarma generada por un submundo sigiloso: el de los miles de hombres que, sin que lo sepan ni sus mejores amigos, buscan cirugías o remedios que cumplan la ilusión de una virilidad garantizada. La Anmat advirtió sobre los graves efectos perjudiciales que pueden tener esas “terapias”.
“Ha habido una asombrosa falta de interés científico en la psicología del tamaño del pene”, sostiene el trabajo de David Veale, Kevan Wylie y otros investigadores del King’s College londinense, publicado en Journal of Sexual Medicine, y señala que “la vergüenza por el tamaño del pene, también conocida como ‘síndrome del pene pequeño’, se encuentra en hombres que, si bien tienen un pene de tamaño normal, experimentan vergüenza por su tamaño. Esta definición no incluye a los hombres que efectivamente tienen un micropene, es decir, un pene de menos de 7,5 centímetros en erección o de menos de 4 centímetros en flaccidez”.
Los investigadores advierten que “los hombres tienden a otorgar al tamaño del pene mucha más importancia que las mujeres” y “en algunos casos la experiencia de vergüenza por el tamaño resulta especialmente relevante: consiste en una experiencia íntima de sentirse no atractivo, no deseable; estos hombres viven con temor a una evaluación negativa, rechazo o humillación por otros: por ejemplo, en un vestuario o con una partenaire sexual. Y responden con ansiedad y evitación. En algunos casos, corresponde el diagnóstico de desorden dismórfico del cuerpo, centrado en los genitales, pero no se sabe cuántos hombres padecen este trastorno”.
El hecho es que “los urólogos y sexólogos reciben frecuentemente hombres que, aun cuando el tamaño de su pene es normal, solicitan procedimientos quirúrgicos para incrementarlo –señala el trabajo–. Otros prefieren buscar soluciones por Internet, en sitios que promueven medicamentos e intervenciones sin ningún control (ver nota “Publicidad engañosa”)”. Mientras tanto, “no existe hasta ahora una medida estandarizada y psicométricamente validada sobre las creencias acerca del tamaño del pene. El objetivo de nuestro estudio fue desarrollar y validar una medición de creencias acerca del tamaño percibido del pene que sea útil para entender la condición y planificar el tratamiento”.
Los investigadores trabajaron con 173 voluntarios –no necesariamente preocupados por el tamaño de su pene– reclutados entre el personal, estudiantes y participantes en otras investigaciones del King’s College, y por intermedio del sitio web Embarra-ssing Bodies. La primera parte del estudio consistió en completar una batería de cuestionarios, que les fueron suministrados on line. Estos cuestionarios incluían “creencias acerca del tamaño del pene” y escalas previamente validadas sobre “ansiedad y depresión”, “fobia social”, “imagen del cuerpo”, “función eréctil”. La segunda parte del estudio “consistió en la medición del tamaño de sus penes” (ver recuadro “Longitudes científicas”).
A partir de todos estos datos, los investigadores diseñaron un cuestionario de diez preguntas, que llamaron BaPS (Beliefs about Penis Size) y que “permite discriminar entre quienes tienen preocupaciones acerca del tamaño y quienes no”.
“El BaPS (ver recuadro ‘Preguntas que...’) mide varias manifestaciones de masculinidad y vergüenza sobre el tamaño del pene –explica el trabajo–. Dos de los ítems miden creencias autoevaluativas, como la de ser ‘anormal’. Tres items describen componentes sociales, por ejemplo si la persona supone que los otros hablarán o reirán de él. Cuatro items anticipan consecuencias, como evitar situaciones donde tendrían que estar desnudos. Y hay dos items que indagan sobre un extremo grado de cohibición, como la creencia en que otros podrían ver el tamaño de su pene aun cuando no está desnudo.”
El texto subraya que “los resultados del BaPS no tienen correlación con el tamaño real del pene. Hay hombres que tienen penes mayores que el promedio, pero están avergonzados de su tamaño, y hombres con penes menores que el promedio para los que el tamaño no es un problema”. Finalmente, “el BaPS puede formar parte del diagnóstico y podría correlacionarse con la frecuencia de conductas de evitación, por ejemplo de situaciones sexuales o de búsquedas de reaseguramiento, como comparar el tamaño del pene con el de otros, o estrategias compensatorias, como el uso de objetos para aumentar el volumen del área genital”.
Si bien el cuestionario todavía no se aplicó a grandes poblaciones, los científicos señalan que, en su muestra, “los que estaban preocupados o disconformes con el tamaño de su pene tenían más probabilidad de ser de más edad, homosexuales o bisexuales. En comparación con los hombres heterosexuales, los homosexuales están en mayor riesgo de disconformidad con su cuerpo; también están expuestos a más oportunidades de comparar su tamaño con el de otros hombres”.

Un estudio científico desmitifica la maldad del café y la bondad del té

Sin embargo, la creencia popular esconde algo de cierto, no por las sustancias que cada una de estas bebidas lleva en su ADN, sino por los hábitos de vida que van asociados a cada una de ellas

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Ni el café es el diablo, ni el té un angelito inocuo. Un estudio realizado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) echa por tierra el mito que asegura que el café resulta perjudicial para el corazón y entierra la creencia de que el té es más saludable para este órgano.
Se trata de una leyenda urbana, aunque la creencia popular esconde algo de cierto, no por las sustancias que cada una de estas bebidas lleva en su ADN, sino por los hábitos de vida que van asociados a cada una de ellas. Así, por ejemplo, según las conclusiones de la cardióloga del Hospital de La Paz de Madrid, Almudena Castro, los consumidores de la popular bebida británica de las cinco de la tarde suelen estar más delgados y acostumbran a hacer más deporte. Mientras, los seguidores del fruto del cafetal son fumadores y beben más alcohol, sobre todo al ingerir un carajillo.
Según se desprende del estudio de la SEC, los consumidores de café «tienden a tener un peor perfil» de riesgo cardiovascular en comparación con los de té. Así, más de la mitad de las personas encuestadas para el trabajo científico que beben café también fuman. Y el tabaco sí que es el enemigo público número uno para el sistema cardiovascular. Según Enrique Galve, presidente de la sección de riesgo vascular y rehabilitación cardiaca de la SEC, fumar puede provocar insuficiencia cardíaca, una enfermedad que calificó de «terminal» y que es «la más grave» de todas las relacionadas con el corazón. En cambio, según el estudio, los que toman té practican más deporte en comparación con los primeros y por esta razón surge la idea de que es un producto saludable.
Alerta por las bebidas energéticas
Al margen de cafés y tés, sobre lo que no tienen dudas los expertos en el cuidado del corazón es de la eficacia de la fruta para la vida saludable. Según un estudio elaborado por la Universidad de Oxford, las personas que consumen de manera regular fruta reducen entre un 25% y un 40% el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.
Mientras, otro estudio presentado durante el congreso que se celebra en Barcelona pone el toque de atención sobre las bebidas energéticas, que para nada son inocuas, según el cardiólogo de la Policlínica Gipuzkoa de San Sebastián, Eduardo Alegría. Así, un trabajo científico firmado por la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria alerta de los efectos negativos de estas bebidas, que los jóvenes toman como sustituto o complemento del alcohol, ya que pueden provocar, en un consumo de grandes cantidades, taquicardias, temblores, ansiedad, palpitaciones o dolor de cabeza.

viernes, 29 de agosto de 2014

Alberto Soler Montagud

Psicopatología de un alcalde montado en ascensor

Alberto Soler Montagud Médico y escritor

Nada mas regresar de un viaje estival durante el que me abstuve de leer prensa y escuchar informativos en general (lo suelo hacer de vez en cuando para limpiar mi mente de actualidad sociopolítica), me encontré con que el alcalde popular de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, machista recalcitrante y reincidente donde los haya, había declarado en una entrevista radiofónica sentir “cierto reparo” a subir en los ascensores, “depende con quién” y debido a que “entras en un ascensor, hay una chica con ganas de buscarte las vueltas, se mete dentro contigo, se arranca el sujetador y sale dando gritos diciendo que la han intentado agredir”. Ante tal sarta de desatinos, vino a mi mente el recuerdo de un zafio comentario que hace años hizo el personaje en cuestión dirigido a la entonces ministra de Sanidad Leire Pajín ("… cada vez que la veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí") y sentí de inmediato la necesidad de plasmar mi opinión en este breve artículo.
Debido al inevitable sesgo que como médico asumo así como mi propensión al diagnóstico psiquiátrico automático, me planteé si tal vez el señor De la Riva sufría en silencio (como sucede con las hemorroides) una virginitofobia (o miedo a la violación), una ginefobia (o miedo a las mujeres) y quien sabe si tal vez una venustrafonia (o miedo a las mujeres hermosas), fobias todas ellas asociadas, en su particular caso, a una claustrofobia, concepto de dominio público que alude al miedo a ciertos lugares cerrados como, por ejemplo, los ascensores. Por supuesto, no descarté que la escena del relatada por el político vallisoletano (él sólo en la cabina de un ascensor en compañía de una fogosa mujer) respondiera a una fantasía sexual que su subconsciente le impulsó a verbalizar en un momento de locuaz euforia.
Es un hecho que el impresentable De la Riva, alcalde casi perpetuo de Valladolid, se ha labrado la fama de ser un político machista por sus frecuentes salidas de tono dirigidas, sobre todo, contra féminas del PSOE. Y no deja de ser curioso que muy pocas veces se le haya recriminado desde la cúpula del PP, partido del que es miembro destacado. Hagamos memoria.
Durante un mitin, en 2007, De la Riva  dijo de la entonces candidata socialista a la alcaldía de Valladolid, Soraya Rodríguez, que "cualquier día dicen que he violado a la candidata, pero la verdad es que hay que...." puntos suspensivos con los que cuestionaba el dudoso atractivo de la dama. Independientemente de las carcajadas que su grosero comentario provocaron en la audiencia, llama psicopatológicamente la atención la gran fijación que por el sexo y la violación tiene este nefasto personaje.
También a Carme Chacón le dedicó De la Riva un desafortunado exabrupto al definirla como una "señorita pepis vestida de soldado" coincidiendo con su designaron como ministra de Defensa, un detalle que añade un nuevo elemento –esta vez una filia en lugar de una fobia– de connotaciones sexuales como es la agalmatofilia (o fijación sexual por las muñecas), quedando incluso patente el hipotético atractivo fetichista que para el alcalde vallisoletano pudiera suponer una mujer vestida de militar.
De todo lo expuesto podemos extraer varias y lamentables conclusiones, pero me quedaré sólo con una, concretamente el nefasto comportamiento intelectual y ético que exhibe cierta casta política que sigue aferrada a los principios que rigieron durante cuatro décadas de infausto recuerdo en nuestro país: cuarenta años de privación de libertades a la ciudadanía y talante chulesco por parte de quienes –usté no sabe con quien está hablando– eran designados en sus puestos para preservar la moral que sistemáticamente vulneraban. Una casta definitoria de quienes, entre otras aberraciones, discriminan y minusvaloran a las mujeres por considerarlas inferiores a los hombres. Una casta que, en suma, no es mas que la caspa que adorna la piel de cordero con la que se disfrazan para parecer demócratas cuando no son mas que unos toscos impresentables y autoritarios.