domingo, 15 de febrero de 2015

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Marea Blanca en defensa de la salud mental

. Regina Bayo-Borràs
Psicóloga Clínica. Presidenta Sección Psicoterapias Psicoanalíticas F.E.A.P.

Como “no hay salud sin salud mental”, la Marea Blanca de Madrid ha acogido en su convocatoria ciudadana de hoy la denuncia de las deplorables condiciones de atención a los pacientes que requieren asistencia por motivos de salud mental. ¿Por qué son deplorables? Ellos mismos nos explican la insuficiente e ineficaz asistencia que reciben cuando la precisan.
Insuficiente, porque se dan cuenta de que apenas son escuchados, y por lo tanto, poco entendidos en su malestar emocional. Esto comporta decepción, y poca esperanza en mejorar su situación. Los tiempos para la escucha de los pacientes se van reduciendo cada vez más, y ellos saben que apenas van a poder confiar a su especialista algo de lo que les sucede. Tienen una cierta resignación a que en la “pública” lo que van a recibir es insuficiente para su recuperación.  Digamos, pues,  que al malestar que padecen  se le suma el escepticismo y la falta de esperanza. Un cóctel peligroso, seamos claros.
También se dan cuenta de que la atención es ineficaz; lo comprueban cada vez que han de esperar semanas o meses para obtener una nueva consulta, que ésta es cada vez más breve, y, en especial,  cuando deciden desertar porque  su estado emocional no ha variado sustancialmente. En muchas ocasiones han podido aliviarse gracias a que han recibido lo que llamamos “paños calientes”, en forma de medicación o pautas para afrontar los reveses de la vida actual. Sin embargo, los profesionales sabemos que nuestras intervenciones terapéuticas, realizadas en semejantes condiciones de precariedad, son –lamentablemente- muy insuficientes.
En este sentido, hemos de volver a recordar que una persona que padece emocionalmente necesita explicarse, requiere ser escuchada y entendida, y precisa algunas explicaciones para clarificar su incertidumbre. Estas condiciones básicas, imprescindibles e irrenunciables para ofrecer una buena asistencia psicoterapéutica, están desapareciendo de la práctica asistencial en salud mental. Y eso comporta un grave problema ético para los que estamos comprometidos con la atención terapéutica de las personas más vulnerables, de aquellas que por sí mismas no pueden salir adelante en los aspectos más importantes de su vida relacional y laboral.
Por todo ello, y por muchos más motivos que queremos explicar  a la opinión pública,  reclamamos –exigimos- realizar nuestro trabajo tal y como consideramos que debe ser llevado a cabo, para no caer en criterios economicistas ni mercantilistas que no hacen sino ocasionar la “mala praxis” que denostamos.
Os animamos a acompañarnos en esta movilización por una Salud Mental de Calidad;  en defensa de un concepto de Salud que no se rija por economicismos, privatizaciones ni intereses mercantiles; que los presupuestos destinados a la Salud sean entendidos como inversiones para mejorar –ó reparar- las vidas de las gentes, y no como gastos que hay que recortar.  La salud mental nos concierne a todos, a niños, a jóvenes, a adultos, a parejas, y a  familias, por supuesto también a personas mayores, a ancianos, y a enfermos crónicos. Y nos concierne en cualquier momento de nuestra vida, o en la de nuestras personas queridas. Aunemos esfuerzos para recuperar una Salud Mental de Calidad.

ESTA ANALFA ES UN PELIGRO PUBLICO PEPERO

La OMC envía una queja a TVE por las "afirmaciones banales" de Mariló Montero sobre salud

La presentadora aseguró que "el aroma de limón puede prevenir el cáncer"

Mariló Montero: "El aroma de limón puede prevenir el cáncer"
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La Organización Médica Colegial (OMC) ha enviado una carta aTelevisión Española (TVE) en la que pide que la presentadora de 'La mañana', Mariló Montero, "se abstenga en lo sucesivo de hacer afirmaciones banales en asuntos relacionados con la salud". En dicha carta publicada este jueves, la OMC explica los motivos de su queja a TVE y reclama que se aclaren ciertas afirmaciones de Montero sobre medicina.
La organización de médicos y pacientes ha decidido entregar la carta ante la situación provocada por las declaraciones de la presentadora en el programa 'La mañana' el pasado 21 de enero. Montero aseguró que "el aroma de limón puede prevenir el cáncer", una afirmación "sin base científica firme", señala la OMC.
La presentadora reafirmó esta "hipótesis" el pasado día 6 de febrero basándose en un estudio. La organización de médicos y pacientes explica que "no se han realizado pruebas en animales ni, por supuesto, ensayos clínicos" sobre la afirmación del estudio citado por Montero, lo cual "deja en evidencia, una vez más, la frivolidad de su afirmación".
La OMC considera que no se puede "frivolizar sobre un tema tan sensible como el cáncer y menos en la televisión pública que debe ser rigurosa en temas de salud y debe contar con opiniones fundamentadas de expertos".

Andrés Hidalgo: "El infarto suele ocurrir a primera hora del día"

El biólogo Andrés Hidalgo ha descubierto cómo las plaquetas inician las reacciones de inflamación en la sangre | El hallazgo abre la vía a desarrollar nuevos fármacos para casos de sepsis, ictus e infartos

Vanguardia de la Ciencia | 14/02/2015 - 02:01h | Última actualización: 14/02/2015 - 15:28h
Andrés Hidalgo:
Andrés Hidalgo, en su laboratorio del CNIC en Madrid Emilia Gutiérrez
Josep Corbella
Barcelona
Biografía exprés
  • Madrid, 1970

    - Investigador del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en Madrid desde 2009

    - Licenciado en Biología por la Universidad Autónoma de Madrid, hizo el doctorado en el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB)

    - En el 2000, se incorporó como investigador posdoctoral al hospital Mount Sinai de Nueva York, donde estuvo nueve años

    - Su investigación ha sido financiada principalmente por el Ministerio de Economía, la Unión Europea y la Fundación ProCNIC
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"Si pasas muchas horas mirando imágenes con el microscopio, acabas encontrando cosas que no esperas", explica Andrés Hidalgo, biólogo del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en Madrid. En uno de sus últimos descubrimientos, ha observado cómo las plaquetas de la sangre (que facilitan la coagulación) inician las reacciones catastróficas de inflamación que desembocan en ictus e infartos. El avance, presentado en la revista Science, aclara cómo están relacionadas las reacciones de coagulación e inflamación, que intervienen en múltiples enfermedades. Además, abre la vía a desarrollar nuevos tratamientos contra los efectos más graves de la inflamación.

¿Qué le llevó a estudiar esto?
La inflamación es la causa de la mitad de las muertes en Europa. Es importante comprender cómo se produce y cómo evitarla. Empecé a hacer estudios de imagen en el 2002 y había visto que, cuando hay inflamación en un vaso sanguíneo, se pegan unos pequeños fragmentos de material a los neutrófilos.

¿Neutrófilos?
Son el tipo más común de célula inmunitaria en nuestra sangre. Su misión principal es comer bacterias. Son muy importantes en la inflamación.

¿Qué es lo que se les pega?
Descubrimos que eran plaquetas. Es decir, fragmentos de célula que sirven sobre todo para formar coágulos.

¿Para qué necesita coágulos una célula inmunitaria?
Es que, en las células inmunitarias, las plaquetas cumplen otra función. Allí indican cuándo desencadenar una reacción de inflamación.

Si la inflamación es perjudicial, ¿por qué desencadenarla?
La inflamación es un mecanismo de defensa que en ocasiones se vuelve en contra de nosotros. Las plaquetas actúan como sensores que se activan ante algunas circunstancias adversas. Por ejemplo, en situaciones de estrés emocional, o ante un exceso de colesterol, o cuando hay una infección. Es sólo cuando las plaquetas están activadas que los neutrófilos provocan la inflamación.

¿Todo esto se ve por un microscopio?
Lo más fascinante que se ve es que los neutrófilos cambian de forma cuando circulan por vasos sanguíneos con inflamación. La parte anterior se vuelve más estrecha y la parte posterior, más redondeada.

¿Cómo una pequeña nave circulando por un fluido?
Más bien como un caracol. La parte de delante actúa como una boca. Atrapa residuos que deben ser retirados de la circulación. La parte de detrás sale hacia fuera como una casa de caracol.

¿Por qué tiene esta forma?
Es una antena. Sirve para captar información de lo que hay en la sangre. Si detectan una gran cantidad de plaquetas, entonces indican a los neutrófilos que tienen que provocar más inflamación.

¿Le sorprendió que las plaquetas intervengan en la inflamación?
Ya sabíamos que las plaquetas no sólo forman coágulos y que los neutrófilos no sólo comen bacterias. En la sangre todo funciona de manera coordinada. Lo que no sabíamos era cómo se coordina. Ahora hemos descubierto el mecanismo que relaciona inflamación y coagulación, lo cual puede ser útil para desarrollar nuevos tratamientos.

¿Cuál es este mecanismo?
Se basa en una molécula llamada PSGL-1, que se encuentra en la membrana de los neutrófilos. Es la molécula a la que se fijan las plaquetas. Si conseguimos bloquear esta molécula, conseguiremos frenar la inflamación.

Pero ya tenemos antiinflamatorios.
Los antiinflamatorios actuales son muy buenos para algunas cosas, pero no para frenar las reacciones de inflamación como las que se producen en un infarto, en un ictus, en las sepsis o en un síndrome de estrés respiratorio agudo por un ataque de asma. Para casos como estos, podría ser útil un fármaco que bloqueara la interacción entre plaquetas y neutrófilos.

¿Existen fármacos capaces de bloquear la molécula PSGL-1?
Hay compuestos que podrían funcionar que se están estudiando en Estados Unidos, pero aún no se han iniciado ensayos clínicos en personas.

¿Cuál es el próximo paso en esta línea de investigación?
Estamos intentando comprender cómo los neutrófilos saben qué hora es, también con el objetivo de tratar mejor la inflamación.

¿Perciben el tiempo?
Sabemos que nuestro estado inflamatorio cambia a lo largo del día. Los infartos suelen ocurrir a primera hora del día, la fiebre sube por la tarde. Si conseguimos alterar el reloj de los neutrófilos y modular nuestro umbral de inflamación a lo largo del día, tal vez conseguiremos reducir el número de infartos.


Leer más: http://www.lavanguardia.com/vanguardia-de-la-ciencia/20150214/54426161093/andres-hidalgo-infarto-suele-ocurrir-primera-hora-dia.html#ixzz3RoGf6XKX
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sábado, 14 de febrero de 2015

viernes, 13 de febrero de 2015

BIOMEDICINA Y SALUD: Epidemiología
Malas interpretaciones de la epigenética presionan a las embarazadas

Las madres no tienen la culpa

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Estamos habituados a leer que los hábitos de la mujer embarazada alteran los genes del bebé. Sin embargo, los estudios epigenéticos se basan en modelos animales, y los que se han hecho en humanos no demuestran ninguna relación causal. Pese a que los expertos son muy cautos al interpretar sus resultados, prensa y sociedad señalan con el dedo la conciencia de las mujeres y pasan por alto muchos otros factores, incluida la salud del padre, que influyen igual o más en la salud de las próximas generaciones.
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Marta Palomo |  | 13 febrero 2015 09:00
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Muchos titulares de prensa sobre estudios científicos centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores. / Imagen: McGraths
Una terraza y unos vinos con los amigos. Si es una mujer embarazada la que disfruta esta combinación, es más que probable que centre las miradas a su alrededor generando estupor y murmullos de desaprobación. Al desasosiego, cambio de vida y desajuste hormonal que implica estar encinta se le suma una inquietante fascinación social sobre cómo los hábitos de salud y los sentimientos de la mujer puedan afectar al embrión.  
La disciplina en la que se apoyan quienes examinan con lupa cada paso de las gestantes es la epigenética, la ciencia que explica cómo el ambiente modula la expresión de los genes y cómo estos cambios pueden pasar a la siguiente generación.
La epigenética es noticia y se ensaña con la conciencia de las futuras madres. Titulares como ‘La dieta de la madre durante el embarazo altera el ADN del bebé’ (BBC) o ‘Las embarazadas que sobrevivieron al 11S transmitieron el trauma a sus hijos’ (The Guardian) centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores.
“Las exageraciones han convertido a las madres en cabezas de turco”, lamenta Sarah Richardson, de la Universidad de Harvard
“Estas investigaciones deberían promover políticas que protegieran a padres e hijos, pero las exageraciones y simplificaciones de los resultados han convertido a las madres en cabezas de turco”, asegura a Sinc Sarah Richardson, profesora de historia de la ciencia en la Universidad de Harvard (EE UU). Con su artículo ‘No culpéis a las madres’, Richardson y otros científicos denunciaron el pasado verano en la revista Nature la presión excesiva que prensa y sociedad ejercen sobre las mujeres.
Volver a empezar
La sociedad internacional que estudia los orígenes de la salud y la enfermedad (DOHaD por sus siglas en inglés) empezó su actividad ya hace más de 30 años, cuando investigaciones epidemiológicas asociaron la hambruna de las embarazadas en las posguerras con una mayor incidencia de enfermedades en la siguiente generación. A partir de ahí, los científicos intentan describir cómo el ambiente intrauterino y el que rodea a madre y al padre antes de la fecundación afecta a los genes y, por lo tanto, la salud de los hijos.
“La información epigenética no está escrita en las cuatro letras que forman el ADN, pero determina si un gen se expresa o no”, explica a Sinc Rafael Oliva, director del grupo de genética humana del Hospital Clínic de Barcelona. En los últimos años se han acumulado evidencias de que el ambiente puede modular esta información y, en algunos casos, generar cambios que podrían ser heredados por la siguiente generación. Un hecho que preocupa a futuros padres y madres, pero que, cuando se trata de enfermedades crónicas cada vez más prevalentes, como obesidad, diabetes y cáncer, repercute en toda la sociedad.
Sin negar la importancia de la madre durante el embarazo, los expertos insisten en contextualizar los resultados de los estudios epigenéticos y en no olvidar que también los hábitos del padre, y factores como el hambre, el estrés, la exposición a contaminantes y la discriminación racial dejan su rastro indeleble en la prole. 
Te llevo bajo la piel
Cole Porter jamás habría sospechado que uno de sus estribillos más radiados, aquel que decía I’ve got you under my skin, se parecería tanto al principio de la epigenética. “Las experiencias que vivimos se meten debajo de nuestra piel”, explica a Sinc el investigador Michael Kobor desde su despacho en la Universidad British Columbia, en Vancouver (Canadá).
Numerosos estudios sugieren que la dieta y el ambiente tanto del padre como de la madre pueden afectar a la descendencia
Este científico ha probado recientemente, en un estudio publicado en la revista PNAS, que el ambiente socioeconómico en el que se crece no solo influye en la salud del adulto, sino que se asocia a que determinados genes estén o no metilados; es decir, que lleven la marca epigenética determinante para que un gen se exprese o no.
En este trabajo, los investigadores analizaron más de 14.000 genes de células sanguíneas y encontraron correlación entre los genes metilados y factores como el sexo, la edad y el estrés.
“Lo más curioso es que el patrón de metilación está correlacionado con el estatus socioeconómico de la infancia, no el actual, lo que sugiere que son las experiencias tempranas las que dejan trazas en el epigenoma”, comenta Kobor, quien se apresura a aclarar que aún no existe suficiente información para saber si este fenómeno tiene consecuencias para la salud.
srichardson
La profesora Sarah Richardson denuncia que los estudios sobre epigenética se utilicen para sobrecargar a las mujeres de responsabilidad.
A la hora de interpretar un resultado epigenético, Kobor considera que es peligrosamente fácil pasar por alto algunas consideraciones claves. “La mayoría de estudios se hacen en grupo, por lo que jamás se puede extrapolar el resultado a una persona en concreto –afirma el experto por videoconferencia con Sinc–. Debemos tener presente que los análisis se efectúan en un determinado tejido, en nuestro caso, células sanguíneas; por lo que podemos especular sobre su efecto en la respuesta inmunológica del adulto, pero nunca sobre otros aspectos, como la conducta. Para eso deberíamos estudiar el cerebro”.
Kobor continúa: “Además, muchos de los resultados obtenidos son pequeños en magnitud y es difícil saber qué repercusión tienen. Yo llevo muchos años dedicado a la epigenética y todavía no sé cómo afecta a la expresión final de un gen el hecho de que esté un 10% más o menos metilado”.
Pero más importante que todas las consideraciones previas es, para Kobor y todos los expertos consultados por Sinc, que la población y los medios a menudo confunden correlación con causalidad. Por ejemplo, un trabajo de Kobor publicado el año pasado demostró que el estrés paterno estaba asociado a la metilación de ciertos genes en sus hijos adolescentes. Cuando el estudio trascendió a la prensa, lo hizo en la primera página de un periódico local bajo el jugoso titular ‘El estrés materno altera los genes del bebé’.
“Mi mujer, que en ese momento estaba de baja maternal reunida con un grupo de mamás, me llamó alarmadísima”, recuerda Kobor. El investigador tuvo que explicar por el teléfono de manos libres a todo un grupo de madres estresadas que su estudio no afirmaba eso, sino que tan solo demostraba correlación y que, además, incluía a los dos progenitores. “Al menos sirvió para poner sobre la mesa que el padre también tiene algo que decir”, bromea el experto.
Un respiro para las mujeres
“Hasta ahora el potencial epigenético del espermatozoide se había ignorado, por lo que el papel del padre en la salud de la descendencia ha sido subestimado”, advierte Rafael Oliva. Este investigador, que coordina el proyecto europeo sobre biología reproductiva Reprotrain, ha estudiado en un trabajo reciente cómo influye la epigenética en la infertilidad de los hombres. Otro estudio de su equipo también describe las proteínas que podrían constituir nuevas capas de información epigenética en el esperma.
Centrarse en lo que pasa durante el embarazo es apropiado pero incompleto; la epigenética ya ha dejado su huella antes
Oliva subraya que la epigenética es un proceso natural y absolutamente necesario para que el embrión se desarrolle de manera correcta. “Hasta ahora se consideraba que los genes improntados eran solo los afectados por la metilación. Hay relativamente pocos, se están descubriendo más y sabemos que la impronta del genoma paterno es diferente a la del materno. Si esto no es así, puede haber alteraciones embrionarias –explica el investigador–. Pero empezamos a tener pruebas de que existen muchos más mecanismos epigenéticos que este. Nos movemos en la frontera del conocimiento y aún queda muchísimo por saber”.
El ambiente modula y genera nuevas marcas epigenéticas, pero solo podrán ser transmitidas aquellas que afecten al espermatozoide y el óvulo que vayan a generar el nuevo ser. Además, existen dos reprogramaciones que borran la mayoría de estas marcas, una cuando se generan los gametos y otra cuando se forma el zigoto. Por un lado, “la epigenética podría ser un mecanismo para transmitir información inmediata sobre el ambiente y ventajosa para la siguiente generación”, especula Oliva. Por otro, existen barreras de contención para borrar posibles huellas que los genomas de los padres hayan adquirido a lo largo de la vida.
“En animales se ha demostrado que la dieta y el ambiente de los progenitores influyen en las generaciones posteriores, pero también hay cambios epigenéticos que logran evitar esta reprogramación”, aclara Oliva. Estos trabajos, cada vez más numerosos, sugieren que las experiencias de padre y madre, mucho antes de que ni siquiera se les pase por la cabeza la idea de procrear, pueden afectar a la descendencia.
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Sin negar la importancia de la madre durante el embarazo, los expertos insisten en no olvidar que también los hábitos del padre, y factores como el hambre, el estrés, la exposición a contaminantes y la discriminación dejan su rastro indeleble en la prole. / Imagen: Jerry Lay
“Centrarnos en lo que sucede durante el embarazo es apropiado, pero incompleto. Lo que falta es investigar qué pasa con los padres antes de la concepción que pueda afectar a esperma y al óvulo. Quizás sea igual de importante que lo que sucede durante la gestación”, advierte a Sinc Susan Murphy, directora del laboratorio de epigenética en la Universidad de Duke (EE UU).
En un estudio reciente, Murphy y otros colegas demostraron que la obesidad paterna, y no la materna, se asocia a una menor metilación del gen IGF2. Los investigadores advertían que ser un padre obeso puede perjudicar la salud de los hijos. “Es responsabilidad de cada uno tener una nutrición apropiada y un estilo de vida sano, no solo por la propia salud y la de nuestros gametos, sino también para servir de modelo a nuestros hijos –reflexiona Murphy–. Pero culpar a quienes no tienen buenos hábitos tampoco es productivo. La sociedad debe esforzarse en educar”.
El padre tiene mucho que decir
Concretamente, en la obesidad es difícil determinar la contribución de cada progenitor por separado, pero sí hay otros aspectos que están relacionados de manera específica “o con uno o con otro, e incluso con los abuelos”, explica la investigadora. Experimentos con variables que solo afecten al padre y su herencia –lo que se conoce por herencia a través de la línea germinal masculina– son difíciles de llevar a cabo en humanos.
De momento, son modelos animales los que asocian la exposición de los machos a pesticidas, radiaciones y dietas grasas con alteraciones epigenéticas en la descendencia. “Estamos descubriendo que la herencia paterna también tiene algo sustancial que decir y que la historia del padre no es trivial”, opina Oliva sobre estos trabajos.
“Culpar a quienes no tienen buenos hábitos no es productivo. La sociedad debe esforzarse en educar”, advierte Murphy
El hecho de que no se puedan extrapolar resultados de ratones a humanos es una faena para escribir titulares llamativos en los periódicos, pero no limita el avance de la investigación. “Estos estudios ofrecen información muy valiosa sobre qué cambios debemos buscar en humanos expuestos a condiciones parecidas a las de los roedores –defiende Murphy–. Además, también nos permiten probar estrategias de mitigación de alteraciones epigenéticas que ya se hayan producido”.
De ahora en adelante...
“Seguimos avanzando poco a poco. Las cohortes de individuos son cada vez mayores y se intenta obtener muestras a lo largo de toda la vida de los sujetos y en diferentes tejidos para ver si las marcas epigenéticas son temporales”, expone Michael Kobor, quien también advierte que falta un largo trecho para poder asegurar de manera concluyente cómo estos hallazgos afectan a la salud del humano adulto.
Sobre todo este embrollo epigenético, Sarah Richardson insiste en la importancia de contextualizar los estudios que vayan saliendo a la luz. “A lo largo de la historia, resultados preliminares sobre daño fetal han provocado una regulación excesiva sobre el comportamiento que debían tener las madres –explica la experta–. Con el tiempo, dichos resultados y recomendaciones se han moderado de manera muy considerable”.
En realidad, muchos de los factores reconocidos por tener efectos transgeneracionales adversos están íntimamente relacionados con la clase social, por lo que, más que soluciones individuales, los expertos apuestan por cambios globales. Como reflexiona Richardson, “se han cargado demasiado las culpas en las embarazadas”. Al reconocerlo, “puede que estemos chafando algunas ilusiones que se han depositado en la epigenética, pero mejoraremos la salud de las futuras madres sin limitar su libertad”.