viernes, 26 de junio de 2015

FUIMOS TODOS NEGROS

Las poblaciones del este de África presentan una gran diversidad genética

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.La región del este de África es el punto de partida de las migraciones de los primeros humanos desde el continente africano hacia el resto del mundo. Por ello la diversidad genética presente en las poblaciones humanas no africanas solo representa una pequeña parte de la diversidad existente en los humanos y, a su vez, las poblaciones africanas son mucho más diversas genéticamente que las europeas o asiáticas.
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En Sudán conviven más de 500 tribus que hablan más de 300 lenguas y variantes dialectales. / Fulani girl in Benin 
Investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), centro mixto CSIC-UPF, han estudiado la diversidad genética humana que hay en las poblaciones del este de África, concretamente en los países de Sudán, Sudán del Sur y Etiopía. El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, está dirigido por Jaume Bertranpetit, investigador principal del grupo Evolutionary Systems Biology del IBE.
En Sudán conviven más de 500 tribus que hablan más de 300 lenguas y variantes dialectales. La gran diversidad de etnias y grupos lingüísticos hace que ésta sea una región especialmente interesante para estudiar la diversidad genética en poblaciones humanas. Por eso los científicos han analizado muestras de ADN de 500 individuos provenientes de diferentes grupos étnicos de Sudán y los países vecinos (Sudán del Sur y Etiopía), y también de los Fulani, un grupo de pastores nómadas que vive en esta región.
 La mayoría de los que hablan una lengua nilo-sahariana comparten un componente genético que no se encuentra en otras poblaciones africanas
Los investigadores han observado que la mayoría de las poblaciones que hablan una lengua de la familia nilo-sahariana comparten un componente genético que no se encuentra en otras poblaciones africanas, lo que señala hacia un origen común y separado del tronco común de gran parte del continente africano. Como ha comentado Bertranpetit, "se describe todo un componente genético nuevo".
Sorprendentemente, poblaciones de las montañas Nuba, del este de Sudán, también presentan el mismo componente ancestral nilo-sahariano; algunas de estas poblaciones hablan lenguas con componente kordofaniano que, aunque es bien distinta de la familia nilo-sahariana, genéticamente no presentan diferencias.
El trabajo describe también lo que podría ser un remanente genético de las poblaciones norteafricanas antes de la entrada de los árabes, actualmente reducidas a los coptos.
Mecanismos de defensa contra las infecciones bacterianas y la malaria
Los autores del artículo remarcan la importancia de considerar vías funcionales a la hora de entender la historia evolutiva y adaptativa de las poblaciones. Por ejemplo, han medido la distancia génica entre poblaciones con respecto a los genes asociados con la defensa del huésped contra la malaria e infecciones bacterianas.
Bertranpetit comenta, "las poblaciones estudiadas presentan una gran semejanza génica, lo que indica que todas estas poblaciones han sido sometidas a las mismas presiones selectivas causadas por enfermedades infecciosas".
Referencia bibliográfica:
Dobon B, Hassan HY, Laayouni H, Luisi P, Ricaño-Ponce I, Zhernakova A, Wijmenga C, Tahir H, Comas D, Netea MG, and Bertranpetit J (2015). “The genetics of East African populations: a Nilo-Saharan component in the African genetic landscape”, Scientific Reports,  28;5:9996. doi: 10.1038/srep09996.

jueves, 25 de junio de 2015

PSICOLOGIA › PSICOANALISIS Y FILOSOFIA SIN SERIEDAD

“¿Sabés el chiste de...?”

Mediante chistes y más chistes, Slavoj Zizek escribe sobre cuestiones como el Otro del Otro, la caída del Edén, el vínculo entre la visión del sexo femenino y “la realidad precolonial”, la metáfora, la metonimia, la fantasía fundamental y la versión actual del argumento de que “hoy mejor no..., me duele la cabeza”.
 Por Slavoj Zizek *
Uno de los mitos más extendidos de la última época de los regímenes comunistas de Europa del Este era que existía un departamento de la policía secreta cuya función era (no reunir, sino) inventar y poner en circulación chistes políticos contra el régimen y sus representantes, pues eran conscientes de la positiva función estabilizadora de los chistes (los chistes políticos le proporcionan a la gente corriente una manera fácil y tolerable de desahogarse, de mitigar sus frustraciones). Aunque se trata de un mito atractivo, pasa por alto un rasgo rara vez mencionado pero sin embargo crucial de los chistes: parece que siempre carecen de autor, como si la pregunta “¿quién es el autor de este chiste?” fuera imposible.
En su origen, los chistes “se cuentan”, siempre ocurre que ya se han “oído” (recordemos la proverbial expresión “¿Sabes el chiste de...?”). Ahí reside su misterio: son idiosincrásicos, representan una singular creatividad del lenguaje y sin embargo son “colectivos”, anónimos, sin autor, de repente aparecen de la nada. La idea de que tiene que existir un autor es convenientemente paranoica: significa que tiene que haber un “Otro del Otro”, del anónimo orden simbólico, como si el mismísimo poder generativo del lenguaje, contingente e insondable, tuviera que personalizarse, localizado en un agente que lo controla y en secreto maneja los hilos.
Por eso, desde la perspectiva teológica, Dios es el bromista supremo. Esa es la tesis del delicioso relato de Isaac Asimov “El bromista”, acerca de un grupo de historiadores del lenguaje que, a fin de sustentar la hipótesis de que Dios creó al hombre a partir de los monos contándoles a éstos un chiste (les contó a los monos, que hasta ese momento simplemente habían intercambiado signos animales, el primer chiste que hizo nacer el espíritu), intentan reconstruir ese chiste, la “madre de todos los chistes”. (Por cierto, para un miembro de la tradición judeocristiana, esta labor es superflua, puesto que todos sabemos cuál era ese chiste: “¡No comas del árbol del conocimiento!”, La primera prohibición, que, claramente, es un chiste, una desconcertante tentación cuyo sentido no está claro.)

Herida terrible

Hay un chiste agradablemente vulgar acerca de Cristo: la noche antes de que lo arresten y lo crucifiquen, sus seguidores comienzan a preocuparse: Cristo todavía es virgen; ¿no sería bonito que tuviera una experiencia un poco agradable antes de morir? Así que le piden a María Magdalena que vaya a la tienda donde Cristo está descansando y lo seduzca; María dice que lo hará encantada y entra, pero cinco minutos después sale chillando, aterrada y furiosa. Los seguidores de Cristo le preguntan qué ha pasado, y ella les contesta: “Me he desvestido poco a poco, he abierto las piernas y le he enseñado el coño a Cristo; él se lo ha quedado mirando y ha dicho: ‘¡Qué herida tan terrible! ¡Deberíamos curarla!’, y suavemente ha colocado encima la palma de la mano”.
Así que hay que andarse con ojo con la gente demasiado empeñada en curar las heridas de los demás: ¿y si uno disfruta de su propia herida? Justo de la misma manera, la curación directa de la herida del colonialismo (regresar con todas las de la ley a la realidad precolonial) sería una pesadilla: si los indios de hoy en día se encontraran en la realidad precolonial, sin duda proferirían el mismo grito aterrado de María Magdalena.

Terrible jaqueca

La lógica de la tríada hegeliana se puede transmitir perfectamente mediante las tres versiones de la relación entre el sexo y las jaquecas. Comencemos con la escena clásica: un hombre quiere tener relaciones con su mujer, y ella le contesta: “Lo siento, cariño, pero tengo una terrible jaqueca, ¡ahora no puedo hacerlo!”. Esta posición de arranque es negada/invertida con el apogeo de la liberación feminista: ahora es la esposa la que exige sexo, y el pobre hombre, cansado, el que contesta: “Lo siento, querida, tengo una terrible jaqueca...”. En el momento concluyente de la negación de la negación que de nuevo invierte toda la lógica, transformando esta vez el argumento en contra en un argumento a favor, la mujer afirma: “Cariño, tengo una terrible jaqueca, ¡así que vamos a hacerlo para que se me pase!”. Y uno incluso puede imaginar un momento bastante depresivo de negatividad radical entre la segunda y la tercera versión: tanto el marido como la mujer sufren jaqueca, y acuerdan simplemente tomarse una taza de té.

Para la profe

Existe un chiste bosnio contemporáneo bastante vulgar acerca de la popular pieza para piano de Beethoven Für Elise (Para Elisa), que se ríe de los “ilustrados” profesores de Europa occidental enviados para civilizar a los bosnios “primitivos”. En un instituto de secundaria, durante la clase de historia de la música, una profesora afirma que no estudiarán a Beethoven de la forma tradicional, aprendiéndose los datos, sino de una manera creativa: cada alumno mencionará una idea o una imagen y a continuación una pieza de Beethoven que encaje con ella. La primera en hablar es una chica tímida que dice: “Un hermoso prado verde delante de un bosque, con un ciervo bebiendo agua de un arroyo... ¡La Sinfonía Pastoral!”. A continuación le toca a un chico: “¡Una guerra revolucionaria, heroísmo, libertad... ¡La Heroica!”. Finalmente un muchacho bosnio dice: “¡Una pija grande, gorda, dura y erecta!”. “¿Y para quién es eso?”, pregunta molesta la profesora. “Para Elisa.”
El comentario del muchacho obedece a la lógica del significante fálico que “sutura” la serie, no porque mencione de manera explícita el órgano, sino porque concluye la serie mediante un desplazamiento de la metáfora a la metonimia: mientras los dos primeros alumnos proporcionan un significado metafórico (la Sinfonía Pastoral significa/evoca un prado con un arroyo, etc.), la pija erecta mencionada por el muchacho bosnio no significa ni evoca a Elisa, sino que se pretende utilizarla para satisfacerla sexualmente. (La implicación obscena extra, naturalmente, es que la propia profesora pasa hambre sexual, necesita un buen polvo para dejar de molestar a sus alumnos con tareas estúpidas.)

El factor

Hace un par de años, las feministas eslovenas reaccionaron con gran indignación al cartel publicitario de una gran empresa de cosmética que producía una loción bronceadora y mostraba una serie de traseros de mujer bronceados a la perfección dentro de unos bañadores ceñidos, acompañados del logo: “Cada una tiene su propio factor”. Naturalmente, la publicidad se basaba en un doble sentido bastante vulgar: se suponía que el logo hacía referencia a la loción bronceadora, que se ofrecía a los clientes con diferentes factores de protección solar para distintos tipos de piel; sin embargo, todo su efecto se basaba en su evidente lectura machista: “¡Se puede conseguir a cualquier mujer, sólo con que el hombre conozca su factor, su catalizador específico, lo que la excita!”. El argumento freudiano referente a la fantasía fundamental sería que cada sujeto, masculino o femenino, posee un “factor” que regula su deseo: “Una mujer, vista desde atrás, a cuatro patas” era el factor del Hombre de los Lobos; una estatua –la de una mujer sin vello púbico– era el factor del célebre crítico inglés John Ruskin; etcétera, etcétera. No hay nada elevado en nuestra conciencia de ese “factor”: dicha conciencia nunca se puede subjetivizar; es misteriosa, incluso horripilante, puesto que de algún modo “desposee” al sujeto, reduciéndolo al nivel de una marioneta “carente de libertad y dignidad”.

“No soy nada”

Hay un viejo chiste judío que le encantaba a Derrida, en el que un grupo de judíos que está en una sinagoga admite públicamente su nulidad a los ojos de Dios. Primero, un rabino se pone en pie y dice: “Dios mío, sé que no valgo nada. ¡No soy nada!”. Cuando ha terminado, un rico hombre de negocios se pone en pie y dice, dándose golpes en el pecho: “¡Dios mío, yo tampoco valgo nada, siempre obsesionado con la riqueza material! ¡No soy nada!”. Tras este espectáculo, un judío pobre, común y corriente, se pone en pie y proclama: “Dios mío, no soy nada”. El rico hombre de negocios le da una patadita al rabino y le susurra al oído con desdén: “¡Mirá qué insolencia! ¿Quién es este tipo que se atreve a afirmar que él tampoco es nada?”.

Excepto tú

El mejor ejemplo de la paradójica dialéctica de la identidad y la similitud son los chistes de los hermanos Marx (“No es extraño que se parezca a X, ¡es que es usted X!”; “Este hombre puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se engañe, ¡realmente en un idiota!”. A partir de él se hace evidente lo rara que resulta la clonación. Supongamos que muere un hijo único muy querido por sus padres y que éstos deciden clonarlo para recuperarlo: ¿no está más que claro que el resultado es monstruoso? El nuevo niño posee todas las propiedades del fallecido, pero esa mismísima similitud hace que la diferencia sea más palpable. Aunque parezca exactamente el mismo, no se trata de la misma persona, por lo que es un chiste cruel, un impostor espeluznante; no es el hijo perdido, sino una copia blasfema cuya presencia no puede dejar de recordarnos ese chiste de los hermanos Marx en Una noche en la ópera: “Todo me recuerda a ti: tus ojos, tu cuello, tus labios... Todo excepto tú”.

¿La gallina lo sabe?

Durante décadas, ha circulado entre los lacanianos un chiste clásico para ejemplificar el papel fundamental del conocimiento del Otro: a un hombre que cree ser un grano de maíz lo llevan a un institución mental donde los médicos hacen todo lo posible para convencerlo de que no es un grano de maíz, sino un hombre; sin embargo, cuando está curado (convencido de que ya no es un grano de maíz, sino un hombre) y le permiten salir del hospital, regresa de inmediato, temblando y muy asustado: delante de la puerta hay una gallina y le da miedo que se lo coma. “Pero mi querido amigo”, dice su médico, “sabe perfectamente que no es un grano de maíz, sino un hombre”. “Claro que lo sé”, contesta el paciente, “¿pero lo sabe la gallina?”
Ese es el auténtico meollo del tratamiento psicoanalítico: no basta con convencer al paciente de la verdad inconsciente de sus síntomas: también hay que conseguir que el propio inconsciente asuma esa verdad. Lo mismo se puede decir de la teoría marxista del fetichismo de la mercancía: podemos imaginar a un burgués asistiendo a un curso de marxismo en el que se explica lo que es el fetichismo de la mercancía. Después del curso, vuelve a visitar a su profesor y se queja de que sigue siendo víctima del fetichismo de la mercancía. El profesor le dice: “Pero ahora conoce la realidad de la situación, sabe que las mercancías no son más que una expresión de las relaciones sociales, que no hay nada mágico en ellas”. A lo cual el alumno contesta: “Pues claro que lo sé, pero las mercancías que manejo no parecen saberlo”. A esto apuntaba Lacan con su afirmación de que la auténtica fórmula del materialismo no es “Dios no existe”, sino “Dios es inconsciente”.
* Fragmentos de Mis chistes, mi filosofía, de reciente aparición (ed. Anagrama).
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miércoles, 24 de junio de 2015

El negocio del cerebro, al alza.

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PososAnarquia_Cerebro
Álvaro Fernández es el cofundador y consejero delegado de SharpBrains. Este bilbaíno de 42 años, saltó de la Universidad de Deusto a EEUU y con los años terminó creando la primera compañía dedicada a desarrollar aplicaciones basadas en la neurociencia. ¿El objetivo? Tratar de mejorar las capacidades cerebrales y retrasar su deterioro. Nuestro español más cerebral, por decirlo de alguna manera, que en 2012 llegó a ser considerado ‘Young Global Leader’ por el World Economic Forum (WEF).
Fernández está firmemente convencido del potencial que tiene el mercado de la neurotecnología, aunque no se le escapa que todavía existe mucho ruido mediático al respecto. No es el único, puesto que desde el Centro para el Negocio Digital de la Salford Business School, el profesor Gordon Fletcher prevé que para 2020 el mercado de las ‘aplicaciones tecnológicas cerebrales’ podría rondar los 35.000 millones de dólares.
El ritmo al que se están registrando las patentes en torno a esta tecnología puede ser otro buen indicador de lo que está por llegar. Si entre 2000 y 2009 se registraron 400 patentes, en 2010 las patentes relacionadas con la lectura del cerebro subieron a 800 en EEUU y Fernández indica que, el año pasado, rondaron ya las 1.600 patentes, muchas de ellas asociadas a la explosión se ha producido en el mundo de los wearables (tecnología para llevar puesta). No sólo eso, Fernández asegura que en la actualidad el número de aplicaciones pendientes podría situarse en las 5.000.
No hablamos únicamente del sector de la Salud, sino especialmente el del marketing, el deportivo o el mundo del ocio, con los videojuegos a la cabeza. Aplicaciones que van asociadas a enfermedades como el Alzheimer o, en el otro extremo, las que se instalan en un coche para que detecten si el conductor se está quedando dormido.
Además de las compañías hiperespecializadas en la materia, como NeuroSky, Interaxon o Emotiv, también encontramos a gigantes de la informática que flirtean con este campo. Es el caso de Microsoft, que cuenta con 89 patentes de software que pueden evaluar los estados mentales, o IBM y su proyecto TrueNorth, con el que pretende que los ordenadores repliquen el funcionamiento del cerebro humano.
Sin embargo, lo más habitual es encontrar otro tipo de aplicaciones más accesibles al usuario final. Sin ir más lejos, uno de los últimos desarrollos es el de la compañía Triax, que ha creado una banda para la cabeza de los jugadores de fútbolpara que mida en tiempo real los impactos que reciben en la testa antes de que sufran una conmoción cerebral. Los datos se transmiten a un ordenador o, incluso, a un smartphone o tablet, midiendo variables como la fuerza y la rotación.
Otro ejemplo es el de la empresa MindRider, que incorpora en los casos de ciclistas sensores con los que confeccionan mapas mentales de las personas para averiguar cuáles son las rutas más relajadas en Manhattan (¿o deberíamos decir las menos estresantes?)

¿Más inteligentes? No

Y detrás de esta industria, aparecen nomenclaturas como brain training o entrenamiento cerebral, que hace unos años llegó con fuerza al mercado español de la mano de gigantes de los videojuegos como Nintendo. El concepto que subyace es que, del mismo modo que entrenamos nuestros músculos y los desarrollamos, podemos hacer lo mismo con el cerebro.
Alrededor de esta corriente, sobre la que los científicos no terminan de ponerse de acuerdo –en 2010 la revista Nature publicaba un artículo que negaba que el brain training mejorara las capacidades cognitivas-, van surgiendo conceptos como la neurogénesis, que postula que el cerebro puede crear neuronas nuevas constantemente.
Teorías que cómo no, son bien utilizadas por las empresas de ‘aplicaciones cerebrales’. Lo que parece cierto es que algunos ejercicios sí contribuyen a preservar nuestra materia gris, siempre expuesta a los efectos del envejecimiento, pero eso no quiere decir que cualquier entrenamiento –ni cualquier aplicación de miniconsola- sirva para ello. Y mucho menos, que nos haga más inteligentes.
Y mientras vemos cómo llegan al mercado aplicaciones en forma de wearables, no debe pasarse por alto que Europa, que se encuentra en segundo lugar (por detrás de EEUU) en esta tecnología, pronto podría verse superada por Israel. En 2010, el entonces primer ministro se comprometió a crear un centro de tecnología cerebral. Y la cosa cuajó: además de las numerosas start-ups con que cuenta, ya es una realidad el Israel Brain Technologies (IBT) que nació con y para una única misión: ser uno (sino el único) epicentro mundial de la investigación cerebral.

LA MEDICINA CORRUPTA



Fruto podrido


 Por Noé Jitrik

Mi amigo, mi hermano, Darío Cantón, publicó hace algunos años un libro titulado Corrupción de la naranja. Título bizarro, sin duda, y, acaso, de asunto a primera vista intrascendente: ¿a quién le puede importar, salvo a quien quiera comérsela y no pueda hacerlo, que una naranja se corrompa? A nadie, creo, salvo que no se trata en el caso de naranjas para comer sino de palabras que describen ese proceso y más aún, de poemas felizmente hermosos, llenos de hallazgos, esas frases que uno lee y se le llena el espíritu de gracia.
O no es sólo eso sino una encubierta declaración o una secreta metáfora, algo así como que si una simple naranja termina corrupta es posible que la corrupción pueda verse en otros terrenos, mayores y más complejos. O sea, en realidad, que más allá de la riqueza poética, Cantón haya querido referirse a otras corrupciones pero como son más crudas y menos suaves prefirió que los lectores sacaran sus propias y delicadas conclusiones. Un cuerpo, por ejemplo, se corrompe después de muerto, aunque hay casos en que eso se produce antes, en vida: describirlo no es muy elegante sobre todo si el muerto fue persona de bien, importante o algo así y, por lo tanto, al referirse a la naranja que comienza por ser redonda y bella y termina por ser una rugosa y ennegrecida piel y oler mal, a uno se le puede ocurrir que se refiere a los cuerpos y, llevando las cosas al extremo, al propio cuerpo, pensamiento nada agradable.
Peor todavía si se trata de corrupción moral: no huele, es sabido, y puede ser que sea íntima, que permanezca en el hueco de eso que se llama conciencia y nadie, salvo el que es consciente de que ocurre, lo perciba. Claro que hay justicia y en algún momento quienes no están contaminados perciben el olor que brota de esas profundidades y actúan, por desprecio o por denuncia o por condena, hay muchos modos de reaccionar. La vida y la literatura están llenas de ese modo de la corrupción, habitual, cotidiano e inconfesable, sin lugar en los códigos: en la vida son objeto de rechazo, en la literatura de hallazgos en ocasiones fascinantes, con sólo aproximarse a la obra de Shakespeare tendremos elocuentes ejemplos. Y en política ni hablar.
Claro que en política da lugar a generalizaciones a veces caprichosas: me causa gracia imaginar, como lo suelen afirmar taxistas y pensionados del Ejército, a un ministro o presidente sacando dinero de una caja cuando nadie lo ve y enviándolo de inmediato a una cuenta en las Barbados, tal como parecen creerlo quienes hablan de corrupción gubernativa, sin advertir que hay muchos otros modos, no tan directos, de corrupción, muchísimos, tantos que es difícil tipificarlos. Así como hay zonas en las que reina: en las profesiones, en los deportes, en el comercio, en las finanzas, en el periodismo, en los sindicatos, en la medicina, hasta en las familias. Se diría, entonces, considerando esa multiplicidad, que la corrupción está en todas partes: así como alguna vez lo dije respecto de la basura, amplío el concepto y declaro que, por eso, porque está en todas partes y en todos los momentos, la corrupción es como dios.
¿Será un dios mayor, que reina con la adoración de los acólitos? ¿O un dios menor, más o menos barrial o, si esto es disminuirlo demasiado, sectorial? Desecho su forma majestuosa porque es imposible abarcarla y aun comprenderla y me quedo con las operaciones más sinuosas y parciales de su forma menor, por ejemplo cómo opera en determinados campos, más fácilmente observables. Frecuentador de farmacias y de sanatorios y médicos, tomo el de la salud, que si bien nos concierne a todos a algunos, a los pobres, a los necesitados, a los dejados, precisamente, de la mano de Dios, los afecta mucho más: pocas voces se elevan para defenderlos de modo que la corrupción se disfraza con la necesidad pero ¡vaya que hay materia para observar!
En cuatro esferas actúa la corrupción: en la industria farmacéutica, en los médicos, en las clínicas y hospitales y en el Estado. Por ahí me quedo corto y hay más campos, pero uno no puede abarcar todo. Como proclama Martín Fierro, son “males que conocen todos pero que naides contó”. Salvo mi amigo Cereijido cuando fue fugaz decano de Farmacia en la Universidad de Buenos Aires: propuso crear laboratorios estatales para pelear contra las industrias privadas y transnacionales, pero me parece que perdió la batalla. Yo, sin llegar a tanta iniciativa, tampoco podré contarlo del todo porque habría que poder introducirse con ojo de espía en las hondonadas y recovecos de cada uno de esos campos para detectar lo fino en lo grueso, lo delicado en lo torpe.
Así, en lo que concierne a la industria farmacéutica, es impresionante que después de generar millones de pildoritas de un medicamento necesario para la población –la cantidad suele normalmente abaratar el producto– cada una llegue a los usuarios como si estuviera recubierta de oro: se supone que si para llegar a producirlas tienen gastos de diverso orden, el margen de ganancia que descargan sobre el ansioso consumidor tiene que ser exorbitante para que antes de llegar a su boca éste sienta que la pildorita es como un cañonazo en su presente y en su futuro. ¡Qué misterio cómo forman los precios! Hay algo de corrupto en esa no controlada impunidad que cae sobre la espalda de los consumidores como si su salud fuera lo de menos y, en cambio, lo de más fuera esa riqueza que vaya uno a saber cómo aprovechan pero que acumulan, equivalente a la que logran los narcotraficantes de quienes es fácil decir que son corruptos. Investigan, no hay duda, pero cuando lo hacen para etiquetar de otro modo lo que ya existe y que no tendría por qué no continuar tal cual –y cada vez más barato por toda la amortización de que disfruta, patentes, aparatos, instalaciones–, con el sano propósito de cobrarlo más caro, no hay otro modo de designar esa estrategia como corrupción, sobre todo porque cuentan con la ansiedad del cliente y su anhelante creencia en que el nuevo medicamento será mejor sólo porque es más caro, ideología en estado puro, como si todo el mundo, sobre todo los más pobres, pertenecieran a una clase media consumidora a la que el dinero le sobra y que considera que los que no lo tienen en la misma medida es porque no quieren, porque si quisieran no se fijarían en la corrupción por la que hay que pagar y no la designarían con ese epíteto tan desagradable.
En cuanto a los médicos la cosa es más complicada; muchos de los que yo conozco y atienden a mis males, y muchos más, los que defienden a hospitales en estado de socorro, siguen siendo fieles al juramento hipocrático; lo hacen a veces en condiciones penosas sabiendo que les aguarda al final de la contienda una jubilación nada jubilosa y que tienen una misión que cumplir. Otros, en cambio, ordenan su ejercicio de otro modo; escépticos, nada esperan de lo que puede venir del dolor al que tienen que detener: se corrompen. Correlativamente, se diría que son nostálgicos: siempre esperan un “retorno”, sentimiento que tiene menos alcance poético que el que alienta en todo ser humano respecto del lugar perdido. Esa espera, o más bien promesa nostálgica, de retorno debe tener grados: el nivel más bajo es el del que espera que el laboratorio le pase un tanto por recetar sus productos, esa forma de retorno que se denomina “ana-ana”, expresión que todos comprenden pero no logran definir, porque su alcance es variable, el más corriente se relaciona con un medicamento que, en esa perspectiva, repite obsesivamente como si no existiera ningún otra pócima, para el síntoma que sea; el más alto cuando exige exámenes sofisticados, de la llamada “alta complejidad”, tan innecesarios como caros pero que generan “retornos” mucho más consistentes, permiten mejores casas, hasta en los countries, mejores vacaciones, ropa más elegante, mejor servicio doméstico y, en fin, una dignidad social que, sin esas gratificaciones, meramente trabajando en un hospital público o recibiendo honorarios razonables, no lograrían. Viajes a congresos, hoteles internacionales, con esposa y todo, pagados por la industria con tal de que..., completan parcialmente el mapa de la corrupción. Pero no es sólo eso: también se corrompen médicos que se distraen acerca de la hora de llegada pero tienen clarísimo la de salida, y qué decir los que atienden a miles de a cinco minutos por cabeza, que se olvidan de lo que diagnosticaron, que no corrigen sus errores, que se endurecen, que se creen dioses, que cobran mucho más de lo que implica su saber, su experiencia o su mera posición de poder. Supongo que se podrá decir mucho más y que, si leen esto, muchos se sentirán agraviados y otros podrán aportar nuevos y apasionantes capítulos en esta historia universal, no sólo local, de la infamia.
Un mundo es lo que circula por los pasillos, los consultorios, los quirófanos, los sótanos, las salas de espera, las oficinas de los sanatorios y clínicas que vienen arrasando la medicina pública y convirtiendo la privada en necesidad. Desde luego que este aspecto del asunto concierne a las políticas de Estado: una gestión antipública –las viene habiendo desde hace décadas– logró desguarnecer los hospitales públicos y crear condiciones para el desarrollo hipertrófico de los privados, en algunos casos –presumo, no tengo pruebas– con recursos higiénicos, o sea de dineros lavados en gran escala; a aquellos, que sobreviven por el esfuerzo titánico de los médicos y están desbordados de pobres, les es difícil, casi imposible, renovar equipos –los municipios, éste, el porteño, los escatima, va disminuyendo las partidas, deja que todo se caiga–, éstos, los privados, por estridente contraste, lo pueden hacer descargando sobre los pacientes los costos de renovaciones de las que se jactan. Sin embargo, desde el punto de vista de la eficiencia, o sea de la salud de los enfermos, no por eso es de jactarse porque, casi por lo general, lo más importante es la factura que, elaborada en el corazón de la clínica, pagan las prepagas o los mismos sacrificados pacientes. Las facturas son de chiste: figura no sólo la televisión sino el agua y la aspirina y hasta las visitas de cortesía que pueden hacer los médicos para preguntar “cómo está ese corazoncito” a un pobre sujeto que está a punto de pasar al otro lado. Pero, eso no se puede negar, las chicas que atienden son deslumbrantes y lejanas y los muchachos pasan inadvertidos, lo contrario de lo que se puede registrar en los hospitales públicos.
En cuanto al Estado es de preguntarse por qué no hace todo lo que debería hacer. No estoy en condiciones de formularme la pregunta, pero tampoco puedo permanecer en silencio porque esté a salvo protegido por una buena obra social, contemplando cómo se produjo y se sigue produciendo ese fatal deslizamiento de lo público a lo comercial. Supongo que el tema exige más que reformulaciones de propósitos o declaraciones estentóreas planes graduales de saneamiento, desde salarios a instalaciones, desde controles a poderes instalados a procedimientos límpidos de selección de personal, desde inversiones atinadas a restauraciones indispensables. Pero para qué formular estas quejas cuando nadie ignora lo que significa para un país una protección adecuada de la salud de sus habitantes. Y no es que nadie haga nada: conozco iniciativas inteligentes y oportunas que vienen a suplir lo que los presupuestos escatiman, pero tampoco se me escapa que la corrupción trastorna todo propósito. La naranja termina por ser arrojada a la basura.
Mapa funesto de la corrupción, solapado, integrado, difícil combatirlo individualmente; cuando el dolor o la duda apremian se acepta lo que sea, realidad o apariencia, el discernimiento desaparece. ¿No es ése el efecto central de lo que llamamos “corrupción”?
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Cinco tazas de café al día reducen en más del 20% el riesgo cardiovascular

La enfermedad coronaria y el accidente cerebrovascular siguen siendo la primera causa de muerte en los países europeos


ABC
Cada vez hay más evidencias científicas sobre los beneficios del consumo de café. La última se acaba de presentar durante el congresoEuroPRevent' 2015 y asegura que beber entre tres y cinco tazas de café al día podría reducir el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular hasta en un 21%.
El hallazgo es relevante debido a que la enfermedad coronaria y el accidente cerebrovascular siguen siendo la primera causa de muerte en Europa; son responsables del 51% de todas las muertes en las mujeres y el 42% de todas las muertes en hombres en Europa. Es decir, más de cuatro millones de personas mueren a causa de enfermedades cardiovasculares cada año en Europa.
El informe del Instituto de Información Científica sobre el Café ahora presentado muestra que el consumo de tres tazas pequeñas de café al día reducen el riesgo cardiaco hasta un máximo de un 21%. El análisis sugiere que el beneficio del café se rige por el modelo «en forma de U»; es decir, los mejores beneficios se obtienen cuando el consumo oscila entre tres y cinco tazas de café al día.

Mejor tres que dos

Los investigadores señalan beber entre tres y cuatro tazas de café al día se asocia con un riesgo un 25% menor de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con el consumo de ninguna o menos de dos tazas al día.
Se calcula que el 80% de los infartos en varones se podría prevenir siguiendo cinco conductas saludables -una dieta sana, consumo moderado de alcohol (de 10 a 30 g/día), no fumar, ser físicamente activo y no tener adiposidad abdominal-, y que la mitad de los casos de enfermedad cardiovascular en las mujeres podría evitarse al modificar de los estilos de vida.
El informe sin embargo no explica qué mecanismos de acción subyacen detrás de esta relación, aunque apunta a las propiedades antiinflamatorias y antioxidantes del café. Pero sí advierte que el beneficio no es igual para todas las poblaciones; por ejemplo, que dos tazas de café al día pueden ofrecer la mayor protección a la población de Japón, mientras que tres tazas pueden proporcionar la mayor protección en las poblaciones de Reino Unido y de EE.UU.
Para António Vaz Carneiro, de laFacultad de Medicina de la Universidad de Lisboa (Portugal), resulta «importante reconocer los factores que podrían tener un efecto protector contra la mortalidad por enfermedad cardiovascular». El experto apunta que «el consumo moderado de café podría desempeñar un papel relevante en la reducción del riesgo de mortalidad por ECV que podría tener un impacto en los resultados de salud y el gasto en atención sanitaria en toda Europa».
Ahora bien, hay que advertir que el Instituto de Información Científica sobre el Café lo constituyen siete de las compañías cafeteras más importantes en Europa: DE Master Blenders 1753, illycaffè, Mondelez International, Lavazza, Nestlé, Paulig, y Tchibo. Aunque también es cierto que existen muchos estudios publicados en revistas científicas que avalan los efectos beneficiosos del café para la enfermedad cardiovascular.

martes, 23 de junio de 2015

MEJOR EN BOLAS CHICAS...

Cuidado con los 'skinny jeans'

  • Las prendas excesivamente ajustadas pueden provocar problemas en los nervios

  • Además, llevar ropa demasiado apretada desencadena complicaciones circulatorias

Vaqueros ajustados. EL MUNDO | Vídeo: KAREN BUJES

     
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Los tacones de vértigo que no dejan caminar, los bolsos enormes que tanto cargan la espalda, el maquillaje que no deja respirar a la piel, los sujetadores push up que tanto aprietan el pecho... la moda y las tendencias está plagada de ejemplos en forma de prendas y complementos que, si bien pueden hacernos estar a la última y ser lo más chic del lugar, también pueden presentar un riesgo para nuestra salud y bienestar. Los pantalones híper ajustados son un claro ejemplo de que lo más it puede ser muy sexy y muy fashion, pero no lo más cómodo ni lo más saludable.
Así lo refleja un caso publicado en la revista Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, donde se habla de una mujer de 35 años que acabó en el hospital con los pies entumecidos y con dificultad para andar tras haber pasado varias horas el día anterior en cuclillas mientras ayudaba a una amiga con su mudanza y vestía unos jeansmuy ceñidos.
Según la mujer, durante ese tiempo, había tenido la sensación de que "sus vaqueros le iban apretando cada vez más y haciéndose más incómodos según pasaban las horas". Después de un rato, mientras andaba por casa, notó que se le dormían los pies, y se cayó. Pasó varias horas tirada en el suelo hasta que le encontraron.
Cuando por fin llegó al hospital, los médicos observaron quepresentaba varios edemas en las piernas, y que eran incapaces de quitarle los pantalones, por lo que tuvieron que cortarlos. A través de una prueba de conducción nerviosa, los clínicos observaron que la paciente tenía un bloqueo en los nervios del peroneo.
Según relata a EL MUNDO Jesús Esteban, coordinador del grupo neuromuscular de la Sociedad Española de Neurología (SEN), este daño en el nervio peroneo es un problema neurológico "que es fácil que ocurra cuando, como le pasó a esta chica, estás mucho tiempo en cuclillas".
Lo que no es tan común, señala, es la afectación que la paciente presentaba en el nervio tibial, "porque es un tejido que está muy protegido". Esto le produjo una rabdiomiólisis, es decir, una descomposición del tejido muscular que acabó desembocando en una necrosis del músculo.
La explicación que dan los autores a este daño es lo que se conoce como el síndrome compartimental que, tal y como explica Esteban, se produce cuando "se da una inflamación en un tejido y éste no se puede dar de sí porque hay algo que lo comprime, y la sangre no puede entrar bien porque hay mucha presión en la zona". Ese algoque comprime excesivamente al músculo sería, según los investigadores, ese pantalón tan ajustado que tanto apretaba las piernas de la chica.
Según explica a este periódico Thomas Kimber, autor de la publicación que aparece en la revista perteneciente al grupo BMJ, "fue la combinación de pasar tanto tiempo en cuclillas, más el hecho de llevar esos pantalones tan ajustados a la vez, lo que causó el daño en el músculo y en los nervios".
Hace ya un tiempo, la Fundación Española del Corazón advertía de los riesgos de las prendas excesivamente apretadas, esa ropa estilosegunda piel que inunda las estanterías de las tiendas más frecuentadas, advirtiendo de que su uso continuado puede favorecer la aparición de problemas cardiacos, ya que la ropa que se ciñe al cuerpo, y especialmente, la que está confeccionada con telas pesadas como los tejanos, "dificulta la circulación sanguínea venosa, provocando dificultad en el retorno de la sangre, aumentando los edemas y facilitando la aparición de trombos venosos, principalmente en las piernas".
Tal y como explica a este periódico Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón, "si tú haces una presión exagerada -como sería, en este caso, la del tejano tan apretado-, las venas se comprimen e impiden que el líquido de las piernas vuelva al corazón". Esto, cuenta, "hace que la sangre se quede estancada, lo que facilita la aparición de un trombo, que puede 'saltarse' y producir una embolia pulmonar, que es algo que puede llegar a ser bastante grave y producir, incluso, la muerte".
Además de en la parte inferior de la pierna, Esteban señala que otro cuadro común es "el daño en la parte externa del nervio del muslo, particularmente en personas obesas, que se asocia a llevarpantalones demasiado prietos con cinturones muy ajustados". De todas formas, aclara, son procesos "intermitentes" que raramente desembocarían en un ingreso hospitalario como el expuesto en este trabajo, que es, según el neurólogo, "un caso muy excepcional".
Un ejemplo más de otra prenda altamente extendida y a la que se recurre mucho cuando una mujer quiere entrar en un vestido ya de por sí muy ajustado es el de las famosas fajas. Según Plaza, esta prenda es "absolutamente contraproducente, porque impide que la sangre de las piernas suba hacia arriba, y aprieta los vasos sanguíneos de la zona del abdomen, con lo cual, una vez más, se puede producir un trombo".
Por si fuera poco, desde la Fundación Española del Corazón advierten que todo esto puede desencadenar en la aparición de la tan temida celulitis, ya que la ropa ceñida provoca retención de líquidos. Aunque Plaza matiza que esto no sería una acción directa, sino más bien un desencadenante, cuenta que sí que puede ser un factor de riesgo, "porque cuando hay una presión excesiva, las toxinas de esa zona no se diluyen".
Para evitar posibles daños, Plaza recomienda que "siempre", a nivel de salud, es mucho más recomendable llevar prendas holgadas en vez de ajustadas. Si, además, estamos haciendo deporte, no sólo es importante, sino que es crucial: "cuando la persona está practicando cualquier ejercicio, se activa mucho la circulación, con lo cual, por una cuestión mecánica, es mucho peor llevar prendas ajustadas que nos 'compriman' el cuerpo". Para evitar un caso como el descrito en elJournal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, explica Kimber, "si se diera el caso de que la persona tuviera que pasar un tiempo importante en cuclillas, sería recomendable llevar pantalones anchos o con tejidos elásticos, como la lycra".