Por fin un estudio ha demostrado lo que ya todos sospechábamos: los hombres y las mujeres no responden de igual manera al aire acondicionado debido a la diferencia de temperatura corporal que presentan, así han informado investigadores del hospital Universitario de Maastricht, en Holanda, que han presentado sus resultados en la revista Nature Climate Change.
Queda resuelto así el curioso caso de las mujeres que pasan frío en verano en la oficina, la imagen de ellas con chaqueta y ellos de manga corta resulta ser el pan nuestro de cada día cuando se enciende el aire acondicionado, así como las constantes guerras por la temperatura del aparato. La razón es que, sencillamente, el cuerpo masculino genera más calor que el femenino realizando la misma actividad, por lo que los hombres prefieren fijar una temperatura más baja.
Según el estudio, la mayoría de las empresas fijan su temperatura usando una fórmula de los años 60 que se basa en los valores del metabolismo de un hombre de 40 años y 70 kilogramos de peso, parámetros que distan mucho de la temperatura corporal femenina. El estudio holandés revela que la diferencia de temperatura dependiendo del sexo suele variar entre dos o tres grados, de modo que mientras ellos se sienten cómodos trabajando a 22ºC, ellas prefieren los 25ºC. Esto puede provocar problemas de convivencia
Esta diferencia de temperatura provoca con frecuencia problemas de convivencia en los lugares de trabajo, ya que muchas mujeres se ven discriminadas por esta situación. Pero no solo el sexo influye en el confort térmico, también la edad y la masa corporal son determinantes; las personas ancianas y delgadas prefieren temperaturas más altas que las jóvenes u obesas.
El estudio concluye que aunque resulte casi imposible contentar a todo el mundo en cuanto a temperatura se refiere, sobre todo en lugares de tránsito público, lo ideal es que las oficinas o los recintos privados adapten su temperatura al tipo medio de población que los frecuenta.
¿Por qué se besan los humanos si la mayoría de los animales no lo hacen?
Aun así, seguramente todos recuerdan su primer beso con todo lujo de detalles, ya sean vergonzosos o placenteros.
Y la práctica sigue jugando un papel importante en todo nuevo romance.
Al menos es así en la mayoría de las sociedades.
Menos de la mitad
Quizá en Occidente se pueda considerar que besarse de forma romántica es un comportamiento universal, pero un estudio publicado recientemente sugiere que menos de la mitad de las culturas del mundo lo practican.
El beso romántico podría ser una invención reciente.
Además, es algo extremadamente raro en el reino animal. Así que, ¿qué es lo que hay detrás de ese comportamiento?
Si cumple su función, ¿por qué no lo hacen todos los humanos y los animales?
De acuerdo a un nuevo estudio llevado a cabo en 168 culturas, sólo el 46% de las sociedades practican el beso como gesto romántico.
Investigaciones anteriores habían estimado que era común en el 90% de las culturas del mundo. Pero este nuevo estudio excluyó los besos entre padres e hijos y se centró solamente en el beso romántico, el que las parejas se dan en los labios.
Tras analizar las sociedades cazadoras-recolectoras, los investigadores no hallaron evidencias de que sus miembros se besen, ni que tengan deseos de hacerlo.
Algunos incluso lo consideran repugnante.
Inhalando el alma
Según reportes, para la tribu mehinaku de Brasil llamado beso romántico es intolerable.
Y dado que el de estas sociedades es el más cercano al estilo de vida de nuestros ancestros, es probable que ellos tampoco se besaran.
El beso no existe en todas las culturas.
Por ello, el estudio descarta la creencia de que besarse de forma romántica sea un comportamiento universal, señala William Jankowiak, de la Universidad de Nevada, en Las Vegas, Estados Unidos.
Más bien parece un producto de las sociedades occidentales, una costumbre que pasó de generación en generación, añade.
Y existe evidencia histórica que respaldan esta teoría.
El besarse como se hace hoy en día parece una invención bastante nueva, dice Rafael Wlodarski, de la Universida de Oxford, en Reino Unido.
El experto ha pasado años buscando evidencias de cómo ha cambiado esa práctica. La prueba más antigua la encontró en unos textos en sánscrito de más de 3.500 años.
En estos se describía el beso como la acción de inhalar el alma del otro.
Besarse es una manera de acercarse lo suficiente como para olfatear los genes de la potencial pareja"
Según los expertos...
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Asimismo, descubrió que los jeroglíficos egipcios representan figuras humanas unas cerca de otras, pero no con los labios pegados.
Entonces, ¿es el beso algo natural para nuestra cultura pero que otras han suprimido? ¿O una invención del humano moderno?
Pistas en la naturaleza
El comportamiento de los animales pueden dar una idea al respecto.
Los parientes más cercanos de los humanos, los chimpancés y los bonobos, también conocidos como chimpancés pigmeos, se besan.
El primatólogo Frans de Wall, de la Universidad Emory de Atlanta, EE.UU., ha sido testigo de ello más de una vez. Ha observado a chimpancés besarse y abrazarse después de haberse peleado.
Por lo tanto, para estos la práctica, más común entre machos que entre hembras,es una forma de reconciliarse. En otras palabras, no es un comportamiento romántico.
Los chimpancés se besan para reconciliarse.
Sus primos los bonobos se besan con más frecuencia y muchas veces utilizan la lengua al hacerlo. Quizá no es sorprendente, ya que son unos seres muy sexuales.
Cuando los humanos se encuentran, se estrechan la mano. Los bonobos tienen sexo; es su forma de saludarse.
Y también usan el sexo en otras situaciones. Aun así, sus besos no son particularmente románticos.
Excepcionales
Pero más allá, estos dos primates son excepciones en el mundo animal. Por lo que se sabe hasta ahora, el resto de animales no se besan.
Puede que acerquen sus rostros o se acaricien, pero incluso los que tienen labios no los unen, apretando los unos con los otros, ni comparten saliva. No necesitan hacerlo.
Los jabalíes machos, por ejemplo, producen un olor acre que las hembras encuentran atractivo.
La clave de ello son las feromonas llamadas androstenonas, que desencadena en las hembras el deseo de aparearse.
Las hembras de muchas especies usan el olfato para identificar buenas parejas.
Desde el punto de vista de las hembras esto es algo bueno, ya que los machos con más androstenonas son también los más fértiles. Y su sentido del olfato es tan preciso que no necesitan acercarse para besar a los machos.
Algo similar ocurre con muchos otros mamíferos. Por ejemplo, la hembra del hámster emite una feromona que hace que los machos se exciten.
Y los ratones siguen un rastro químico similar para encontrar parejas que sean genéticamente diferentes y minimizar así el riesgo de incesto accidental.
Más bien el olfato que la lengua
Con frecuencia, los animales liberan feromonas con la orina.
"Su olor es mucho más penetrante", describe Wlodarski. "Y si hay orina en el ambiente pueden encontrar compatibilidades a través de ella".
Pero no solo los mamíferos tienen un gran sentido del olfato. Un macho de la viuda negra, una especie de araña, al oler las feromonas producidas por una hembra puede saber si ésta comió recientemente o no.
Gracias a ello puede aparearse con la que lo haya hecho, minimizando así el riesgo de ser devorado.
Los machos de la viuda negra huelen a su potencial pareja para saber si ya comió. De esta manera tiene menos probabilidades de ser ingerido por su pareja.
Por lo tanto, los animales no necesitan acercarse a una potencial pareja para saber si les conviene o no.
Sin embargo, los humanos tienen un sentido del olfato terrible que mejora al acercarse.
Y aunque parezca que el olfato no es el principal recurso que utilizamos para evaluar las aptitudes de otros, los estudios han demostrado que juega un papel importante a la hora de elegir pareja.
Una investigación publicada en 1995 concluía que las mujeres, como los ratones, prefieren el olor de los hombres que son genéticamente distintos a ellas.
Tiene sentido, ya que al aparearse con una pareja con genes diferentes aumentan las posibilidades de tener una descendencia saludable.
Así que besarse es una manera de acercarse lo suficiente como para olfatear los genes de la potencial pareja.
Forma aceptable de olfatear
En 2013 Wlodarski analizó en profundidad las preferencias de varias culturas a la hora de besarse. Preguntó a cientos de personas qué era lo más importante a la hora de besar, y descubrió que el olor era más relevante en los periodos en los que las mujeres eran más fértiles.
En ese sentido, resulta que los hombres también secretan su versión de las feromonas y las mujeres las encuentran atractivas.
Los elefantes usan la trompa para mostrar afecto.
Están presentes en el sudor y cuando las mujeres están expuestas a ellas su nivel de excitación aumenta ligeramente.
"Las feromonas juegan un gran papel para los mamíferos a la hora de elegir pareja", dice Wlodarski.
"Y nosotros hemos heredado toda nuestra biología de los mamíferos, sólo le hemos añadido unos cuantos matices con la evolución", añade.
Así, el experto considera que el beso es sólo una manera culturalmente aceptable para acercarse lo suficiente a otra persona para detectar sus feromonas.
En algunas culturas el acercamiento para olfatear desembocó en el contacto físico de los labios, dice Wlodarski. Aunque es difícil señalar cuándo ocurrió, reconoce.
"Aunque ambos comportamientos sirven al mismo objetivo".
Según este punto de vista, si quieres encontrar la pareja perfecta podrías renunciar a los besos y empezar a olfatear gente.
Así además evitarías gérmenes ajenos.
Eso sí, tendrás que prepararte para las miradas curiosas.
Una nueva vacuna demuestra una alta protección contra el ébola
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El brote de ébola surgido hace un año y medio se ha cobrado más de 11.200 vidas, la mayoría de ellas en África. Ahora, la Organización Mundial de la Salud ha anunciado los resultados de los ensayos clínicos de una vacuna contra el virus en Guinea que demuestran una efectividad del 100%. Los expertos han conseguido impedir que unas 4.000 personas vacunadas y expuestas al virus durante diez días no se contagien de la enfermedad.
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VSV-ZEBOV tiene una eficacia del 100% diez días después de haber sido administrada a varias personas sin el virus pero en contacto con él. / EU Humanitarian Aid and Civil Protection
VSV-ZEBOV es el nombre de la nueva vacuna contra el ébola, anunciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha demostrado un alto nivel de eficacia para las 4.000 personas que participaron en el ensayo clínico.
Los resultados de las pruebas, publicados en la revista científica TheLancet, ponen de manifiesto que la vacuna tiene una eficacia del 100% diez días después de haber sido administrada a varias personas sin el virus pero en contacto con él.
La vacuna tiene una eficacia del 100% diez días después de haber sido administrada
Guinea-Conakri, uno de los tres países afectados por la actual epidemia, ha sido el lugar escogido por los científicos de la OMS, Médicos Sin Fronteras (MSF) y de Noruega, Canadá, Guinea, Estados Unidos y Reino Unido para probar la inmunización.
"Después de haber visto con mis propios ojos los efectos del ébola, que han devastado comunidades e incluso países, me siento muy alentado este anuncio", apunta Borge Brende, ministro de Relaciones Exteriores de Noruega.
"La comunidad sanitaria global podría contar a partir de ahora con una importante herramienta para vencer el ébola", destacó John-Arne Rottingen, del Instituto Noruego de Salud Pública y líder de la investigación.
Dos grupos de control
Según MSF, en total han recibido la inmunización 4.123 personas de forma voluntaria repartidos en dos grupos de control. El primer grupo son familiares, vecinos y compañeros de trabajo de 100 infectados. El segundo son unos 1.200 médicos y sanitarios.
This trial centred on the VSV-EBOV vaccine, which was started by the Public Health Agency of Canada and then developed by the pharmaceutical company Merck.
It combined a fragment of the Ebola virus with another safer virus in order to train the immune system to beat Ebola
La vacuna, cuya investigación se inició en en la Agencia de Salud Pública de Canadá y desarrollado por la compañía farmacéutica Merck, combina material genético de una proteína clave de la cepa Zaire del virus –la cepa del brote en África Occidental– junto con otro virus no relacionado: el de la estomatitis vesicular (VSV).
“VSV-ZEBOV, funciona de una manera similar a las vacunas vivas atenuadas para otras infecciones virales”, dice Mark Feinberg
“VSV-ZEBOV, funciona de una manera similar a las vacunas vivas atenuadas para otras infecciones virales”, explica Mark Feinberg, director de Merck. “La combinación de distintos componentes da lugar a un virus debilitado que no puede causar la enfermedad, pero estimula que el organismo genere una respuesta inmune”, añade.
De esta forma, según el estudio, la vacuna provoca la producción de anticuerpos para luchar contra la enfermedad. Los responsables de Merck, han anunciado que quieren producir suficientes dosis como para controlar posibles futuros brotes de ébola.
Fase preliminar
A pesar de los datos optimistas que ha dado lugar esta primera prueba, desarrollada en un tiempo récord de doce meses, los expertos recuerdan que la investigación se encuentra en una fase preliminar y que serán necesarias más pruebas.
Uno de los inconvenientes de la formulación de la actual vacuna, según MSF, es que debe mantenerse muy fría y los países más afectados por el ébola tienen un clima tropical y sufren frecuentes cortes de luz.
Por lo tanto, los científicos apuntan a que en el futuro será preciso trabajar para desarrollar una formulación termoestable.
Mi analista suele decirme que busque dentro de mí a un hombre posible, no a un hombre perfecto. Es un razonamiento inteligente y generoso, y suelo explicarme esa amabilidad cada vez que pago mis sesiones de terapia en la esperanza de volver a escuchar el arrullo de esa voz tranquilizadora. La malicia de la gente, en cambio, puede ser infinita: "¿Hombre perfecto? No temas, no corrés ningún riesgo", me dijo cierta vez una amiga. Mi analista me ha ayudado en eso de encontrarme con mis imperfecciones. Ha conseguido con esfuerzo que me reconcilie tan solo con algunas de ellas, y en cuanto me atreví a reprochárselo hirió mi vanidad con la precisión de un esgrimista. "Soy psicoanalista, no hago milagros", respondió. Se siente cómodo en esa clase de réplicas punzantes; cada vez que concluye una sesión me despido de él con la misma frase: "Pese a todo lo que me ha dicho, estoy dispuesto a pagarle".
Todos los viernes acudo obstinadamente a ese pequeño sabio para escuchar su palabra oracular. Llego con mis fantasmas y demonios a cuestas, entre los que ocupa un lugar destacado el de aburrirlo con mis problemas de niño burgués y mi vida más o menos sosegada, apenas ensombrecida por tres o cuatro episodios de la infancia que jamás he podido olvidar del todo y a los que suelo atribuir esos abruptos cambios de humor que me perturban aun hoy y son la simiente de mi carácter bipolar. A menudo me tortura la idea de que esté perdiendo el tiempo con mis tonterías, cuando podría dedicarle sus mejores esfuerzos al desarrollo de una obra académica o, mejor, a sacar de su infierno a un desahuciado o a un suicida, o al menos a alguien que esté abrumado por un drama de verdad.
"No se preocupe", quiso tranquilizarme alguna vez cuando insinué mi inquietud, "nadie ha dicho que las personas que llevan una vida afortunada no sufran". En ese momento creí escuchar en sus palabras una delicada ironía. Me sentí algo estúpido, y me pregunté para mis adentros si no debía ahondar mis padecimientos y convertirme en un hombre desesperado para ser merecedor de estar en su consultorio. Entonces quise averiguar si no deseaba consagrarse a la teoría o a la investigación psicoanalítica en vez de estar ahí conmigo, apenas un neurótico más o menos saludable en un mapa clínico que suele ofrecer diagnósticos bastante más complejos. Le pregunté cuál era su mejor obra, como quien ensaya una provocación. Aspiró su pipa, miró unos segundos el vacío y acarició suavemente su barba. "Mi obra son las personas que no llegan aquí, a mi consultorio", dijo con suficiencia y cierto gusto por los enigmas. "Aunque comprenderá que hay algunas excepciones."
Comprendí de inmediato, en cambio, que no debía seguir toreándolo como si intentase ser el paciente perfecto. No parecía prudente caminar por esa cima intelectual. Dejé correr la sesión hablando acerca de los hijos, las tribulaciones que a veces acarrea el deseo sexual y el precio de cierto éxito profesional, tres temas más o menos frecuentes para los estómagos bien alimentados. Abandoné el consultorio preguntándome qué distancia me separaba del hombre que puedo ser, y creí comprender con desaliento que esa distancia puede ser un abismo entre quienes preferimos soñarnos a hacernos cargo de lo que nos toca. Concluí sin entusiasmo que el precio de esa fantasía suele ser una constante frustración.
Camino de la puerta del edificio, escuché de pronto el llanto apagado de una mujer. En la penumbra del pasillo que conduce al ascensor, espié por el rabillo del ojo y vi el perfil de la paciente que desde hace tiempo me sucede en el consultorio, es decir, la muchacha que en apenas un segundo consigue que mi analista se olvide de mí. A lo largo de los años, siempre me sentí muy atraído por los hombres y mujeres que me precedían o sucedían en ese trance en apariencia insignificante, y aún hoy sigue siendo para mí un divertimento imaginarme sus vidas como si fuese yo un actor. La miré de soslayo mientras plegaba la puerta enrejada del ascensor. Era joven y atractiva pese a la discreción con que se llevaba a sí misma, o quizá fuese ese mismo pudor el que le confería una belleza extraña y algo lejana. Lloraba con un sonido hondo y apagado. "Ésta está jodida de verdad", pensé.
Salí a la luz tenue del atardecer lluvioso, y me perdí en la ciudad..