domingo, 9 de agosto de 2015

Viaje al centro de la mente

'Del revés', la última película de Pixar muestra de forma elocuente que las emociones son la brújula de nuestro comportamiento

De izquierda a derecha, los personajes que representan las emociones: Asco, Alegría, Ira (rojo), Tristeza y Mi.
Hay algo extraordinario en la última película de Pixar, Del revés, algo queha arrastrado a millones de espectadores del planeta a las salas de cine y que hace salir de ellas a muchos niños con la impresión de haber visto una narración nueva y reveladora. Pero no es fácil saber qué es. Superficialmente se trata de una historia ya vista, o de la suma de varias historias ya vistas, entre ellas el Viaje fantástico de Isaac Asimov, donde una tripulación miniaturizada se introducía en el flujo sanguíneo de un paciente y tenía que esquivar a sus glóbulos blancos, y desde luego a la Alicia de Lewis Carroll, que también estaba viajando, de un modo más alegórico, por la mente de una niña. ¿Qué es lo extraordinario, entonces?
Es habitual presentar los orígenes de la física moderna –Copérnico,Kepler, Galileo y las ascuas de Giordano Bruno— como un conflicto contra la superstición y el dogma religioso, pero la neurociencia actual está librando una batalla épica contra inercias mucho más poderosas, contra unas resistencias que no están escritas en ningún texto sagrado, sino incorporadas de serie en cada uno de nosotros, y que por tanto son tan viejas como la especie misma. Nuestra consciencia, ese hilo narrativo único, lineal y movido por la razón y el libre albedrío que todos experimentamos cada minuto de nuestras vidas, es un engaño aún mayor que todos los delirios de los chamanes. Y esa es la religión que la ciencia necesita derribar ahora.

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Un siglo de neurología ha demostrado más allá de toda duda razonable que la mente humana es el resultado de la actividad frenética de cientos o miles de procesadores especializados y localizados en regiones concretas del cerebro. Por eso las lesiones locales, producidas por un accidente, un ictus o un tumor cerebral tienen unos efectos tan asombrosos: pueden eliminar no solo la zona izquierda del campo visual, sino también la de su recuerdo, o destruir la empatía, la aritmética o la capacidad para formar frases sintácticamente correctas sin tocar nada de lo demás.
Tal vez la evidencia más chocante y contraria a la intuición sea el resultado de la separación quirúrgica de los dos hemisferios cerebrales, que se ha usado a menudo para aliviar los casos más graves de epilepsia. Los pacientes parecen por completo normales después de esa operación, pero basta someterles a unas simples pruebas de psicología experimental —donde un tabique separa su campo visual derecho del izquierdo, por ejemplo— para darse cuenta de que en realidad ¡se han convertido en ‘dos personas distintas’!
El director se ha metido en un berenjenal considerable y en ocasiones sus metáforas resultan farragosas
Como el lenguaje está situado en el hemisferio izquierdo, una de esas personas sabe hablar y la otra no. Peor aún: el hilo conductor de la consciencia, el ‘narrador’ de nuestra vida, también está situado en el hemisferio izquierdo. La otra persona (la persona derecha) pierde el hilo por completo. Los detalles son fascinantes y pueden leerse en un libro recién aparecido del gran neurólogo Michael Gazzaniga, Relatos desde los dos lados del cerebro (Paidós), que recomiendo con vehemencia a toda persona interesada en las paradojas de la mente humana.
Entre todos esos diablillos que constituyen nuestra mente, Pete Docter, el escritor y director de Del revés, ha elegido centrarse en las emociones, y lo ha hecho de una manera muy efectiva: caracterizándolas como personajes antropomorfos. Dentro de la mente de Riley, la niña protagonista, moran la alegría, la tristeza, el miedo, la ira y el asco, y allí discuten y pelean, observan el mundo externo y reaccionan a él, y de un modo u otro guían el comportamiento de Riley. Sin que ella sepa nada de eso, naturalmente.
En la sociedad tradicional, y en el pensamiento convencional, las emociones suelen tener muy mala prensa. Lo que está mal visto no ya es mostrar las emociones, sino el mero hecho de tenerlas, dejarse llevar por los instintos animales y así carecer de la voluntad necesaria para reprimirlos, no ser más que un pelele, la tercera división de la liga biológica o filosófica. Pero esto no es más que un error fatal.
Sin dolor no hay forma de protegerse del daño, sin alegría no hay por qué levantarse de la cama, la incapacidad para sentir el miedo, la ira o el asco nos convierte en zombies, robots de carne que parecen humanos pero que no son sino su sombra en la pared, máquinas diseñadas para persuadir al incauto de su naturaleza racional. Las emociones son la brújula de nuestro comportamiento. Los estudios que abordas, las ideologías que sigues y el trabajo que definirá tu biografía son una secreción directa de tus emociones sobre la que no tienes ningún control. Quizá por fortuna.
Deje que su hija vea el filme: crecerá con menos prejuicios que usted sobre la neurociencia
Eso es lo que muestra la película de una forma elocuente. Eso es lo extraordinario de esa historia aparentemente convencional.
Docter, naturalmente, ha buscado el asesoramiento de psicólogos solventes para construir su historia, aunque luego les ha hecho el caso que ha considerado oportuno. Ha hecho bien, porque el cerebro humano es una maquinaria demasiado enrevesada para representarla en una pantalla de cine, y lo seguirá siendo mientras no lo entendamos más a fondo. Con todo, es obvio que el director se ha metido en un berenjenal considerable, y en ocasiones sus metáforas resultan algo farragosas y difíciles de seguir.
Pero sale airoso en su principal propósito, que era explicar lo que le ocurre a una niña en esa edad difícil de la preadolescencia. Las cosas dejan de ser alegres o tristes, terroríficas o irritantes, y empiezan a adoptar una naturaleza combinada y compleja, matizada y relativa, en paralelo con la maduración de la protagonista. La vida misma.
No tiene usted por qué ver la película. Pero deje al menos que la vea su hija: crecerá con menos prejuicios que usted sobre las revelaciones de la neurociencia.

sábado, 8 de agosto de 2015



Polifarmacia en personas mayores: cuando los medicamentos se convierten en un peligro

La habitual ingesta de muchos medicamentos en las personas mayores debe ser controlada por un profesional para lograr una mirada integradora y evitar que cada especialista prescriba un remedio que puede tener contraindicaciones o generar efectos adversos en el paciente, aseguran médicos geriatras.
"Las múltiples enfermedades y comorbilidades que se presentan con el paso de los años llevan a la utilización de varios medicamentos. Es común que cada una de estas afecciones se trate por separado, y los especialistas suelen perder de vista al paciente en forma integral", afirmó a Télam el médico geriatra Moisés Schapira.

Y continuó: "Así, el cardiólogo se ocupa del tratamiento de los problemas del corazón, pero no de las interacciones de los medicamentos que prescribe con los que recetó el neurólogo o el endocrinólogo, por ejemplo".

Por su parte, la médica geriatra Cynthia Mariñansky describió que "la polifarmacia entendida como el consumo excesivo y sin control de medicamentos es un problema habitual en las personas mayores".

"El origen de este problema se vincula con la fragmentación terapéutica, el paciente consulta muchas veces con especialistas sin la coordinación de un médico clínico, de cabecera, familiar o geriatra, o como quiera llamarse. Es decir: sin la supervisión de ese médico que pueda tener una mirada integradora", sostuvo.

Schapira, docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Maimónides y director médico de Hirsch, señaló que un estudio realizado con más de 1.000 pacientes en PAMI, arrojó que cada uno recibía un promedio 9,6 medicamentos a la vez.

"Lo grave es que muchos de esos medicamentos tienen efectos contrapuestos o duplicativo y esto puede generar un efecto cascada en la prescripción", describió.

A modo de ejemplo de esta problemática, el especialista imaginó un caso: "A un paciente con trastornos de conducta se le da un psicofármaco que produce temblores similares a los de la enfermedad de Parkinson como efecto adverso; y en vez de discontinuar el primer medicamento, se le receta una segunda droga contra el Parkinson".

"Este segundo remedio -continuó- a la vez lo constipa, lo que se resuelve mediante un laxante: el laxante puede generar un desequilibrio hidroelectrolítico pudiendo generar hipertensión arterial y potencialmente asociarse a una caída, y así sucesivamente".

Mariñansky indicó, además, que "lo que en un adulto joven puede ser un efecto adverso, en una persona mayor puede ser tóxico; otro tema es que las personas mayores aumentan la absorción en grasas y disminuyen la absorción en líquidos, entonce si das un medicamento soluble en lípidos puede ocasionar toxicidad y si das uno que se disuelve el agua puede que no llegue con la dosis".

La especialista, directora de la Escuela de Ciencias del Envejecimiento de la Maimónides, aseguró que "el objetivo siempre es lograr el mejor esquema posible, con las menores dosis y la menor cantidad de medicación".

"Cada vez que cualquier médico receta debería saber qué es lo que toma el paciente, corroborar que no esté tomando una droga para los mismos objetivos, ajustar dosis y estar atento a las interacciones con otras", añadió.

Como forma de prevenir la polifarmacia, los especialistas recomiendan "centralizar la información, esto implica que cada vez que un especialista recomienda una droga es importante consultar con el médico de cabecera porque toda persona que toma varias drogas puede estar expuesta a la polifarmacia".

"También se recomienda hacer un listado bien claro de los medicamentos, los días y las horas en que deben tomarlos, hacer fotocopias de la lista y pegarlas en los ambientes de la casa y en lugares de visita frecuentes (la heladera, la mesa de luz, el mueble del televisor, entre otros)", sugirió Schapira.

Y continuó: "Se puede utilizar dispensadores de remedios diarios o semanales con espacios diferentes para cada día (desayuno, comida y cena); también es importante si el médico decide discontinuar el uso de alguno de los fármacos del tratamiento, deshacerse de ellos para evitar confusiones".

Por último, Schapira recordó que "ante cualquier problema de salud (catarros, estreñimiento, dolores) debe consultarse con el médico y no optar por la automedicación, ya que éste deberá prescribir el remedio teniendo en cuenta las posibles interacciones con los que ya se toman y los posibles efectos adversos".

Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 50 por ciento de los medicamentos se prescriben, administran o venden inapropiadamente, y el 50 por ciento de los pacientes no toma de manera adecuada sus medicamentos".

viernes, 7 de agosto de 2015

Los mensajes ocultos en nuestro sudor: lo que la transpiración revela sobre nosotros


Adolescente sudando
El sudor puede, al menos en algunos casos, comunicar información importante sobre nuestro estado mental.
En 1934 un físico británico llamado BA McSwiney lamentó frente a sus colegas de la Sociedad Real de Medicina que la mayoría de los médicos no se interesaba por la composición química del sudor humano.
Su único foco de atención por aquel entonces era el mecanismo con el cual la evaporación del sudor de la superficie de la piel servía para enfriar al propio cuerpo.
Pero McSwiney sabía que había algo más. ¿Qué tipo de sustancias dejaban nuestro cuerpo con el sudor? ¿Esas pérdidas eran buenas o malas?

Las sustancias que nos abandonan con el sudor

Una persona suda cada día el equivalente en líquido a 600 o 700 centímetros cúbicos.
En ese sudor hay cloruros, urea -la sustancia que le da el nombre a la orina-, y amoníaco. Además hay proteínas, azúcares, potasio y bicarbonato.
Y también restos de metales como zinc, cobre, hierro, níquel, cadmio, plomo y hasta un poquito de manganeso.
El sudor es un mecanismo importante para que el cuerpo expulse algunos de esos metales.
Pero no todas las cosas que abandonan nuestro cuerpo en el sudor tienen una naturaleza química.

Un mensaje

Todos alguna vez hemos empezado a sudar después de comer algo muy picante, y la mayoría de la gente está familiarizada con el sudor emocional debido al miedo, la verguenza, la ansiedad o el dolor.
Hombre sudando
El olor de la gente en determinados estados emocionales puede influenciar también cómo se sienten quienes lo perciben.
Las palmas de las manos, la frente y las plantas de los pies están asociadas a la transpiración emocional.
Es ahí donde las glándulas sudoríparas ecrinas, que están distribuídas en millones por casi todo el cuerpo, están apiñadas de una manera mucho más densa.
Por ejemplo en esas zonas hay hasta 700 glándulas por centímetro cuadrado de piel, mientras que en la espalda hay unas 64.
Lo cierto es que el sudor inducido por lo emocional es una herramienta importante de comunicación.
De hecho los olores que detectamos en el sudor nos pueden decir mucho sobre cómo se siente el otro.

Miedo a través del olor

En un experimento de la Universidad de Urecht, en Holanda, un grupo de psicólogos recolectó muestras de sudor de hombres mientras veían escenas de películas seleccionadas para evocar sentimientos de miedo o asco.
Después le preguntaron a 36 mujeres si podían detectar alguna pista emocional en las muestras de sudor.
Los investigadores encontraron que cuando las mujeres eran expuestas a las muestras de sudor derivadas de la emoción de miedo sus propias expresiones faciales reflejaban miedo también.
Y cuando eran expuestas a las muestras derivadas del sentimiento de asco, también imitaban facialmente esa emoción.
Por el contrario cuando las participantes olieron las muestras que servían de control no mostraron ninguna expresión facial predecible.
Este hallazgo le hizo pensar a los investigadores que el sudor es un mecanismo eficaz de transmitir un estado emocional de una persona a otra.
También es impotante destacar que las expresiones faciales que las mujeres hicieron mientras olían las muestras de sudor no tenían ninguna relación con su percepción subjetiva sobre la intensidad o agrado del olor.
Así que podían mostrar un aspecto de asco incluso cuando decían que una muestra particular tenía un olor agradable.
En otros estudios científicos se han encontrado patrones similares de comportamiento.

Un estado de alerta "contagiado"

Por ejemplo, en 2012 psicólogos y psiquiatras de la Universidad Estatal de Nueva York extrajeron muestras de sudor de las camisetas de 64 donantes.
La mitad había saltado en caída libre desde un aeroplano por primera vez mientras que la otra había hecho mucho ejercicio.
Hombre sudando
Ver que alguien está sudando puede reforzar la magnitud de las emociones percibidas.
Después le pidieron a unos voluntarios que olieran las muestras de sudor antes de mostrarles rostros enfadados.
Y descubrieron que quienes olieron el sudor de los aterrorizados paracaidistas después estaban alerta ante las caras poco amigables, pero también ante las neutras o ambiguas.
Los psicólogos lo describían como vigilancia: el sudor producido por la sensación durante la caída libre indujo a los participantes a prestar atención a cualquier indicio social por sutil que fuera que quizás en otras circunstancias habrían obviado.
Por el contrario, quienes olieron el sudor de los participantes que habían hecho ejercicio sólo se mostraon alerta al ver las caras enfadadas, como sería normal en cualquier circunstancia.
Otro experimento de psicólogos y neurocientíficos alemanes encontró que el sudor extraído de hombres en estado de ansiedad, que participaban en un curso de deportes de riesgo en altura, hacía que las mujeres que olían las muestras tomaran decisiones más arriesgadas.
Eso después de pasar un cierto tiempo calibrando las distintas opciones, en un juego de computadora diseñado para valorar el comportamiento en la toma de riesgos.

Una ventaja ancestral

Ninguno de estos estudios indica si la gente era consciente de que el sudor de otra persona había alterado su propio comportamiento.
Hombre sudando
No todas las cosas que abandonan nuestro cuerpo en el sudor tienen una naturaleza química.
Pero sí sugieren que el sudor puede, al menos en algunos casos, comunica información importante sobre nuestro estado mental.
También sugieren que utilizamos la información que contiene el sudor de otra persona para entender mejor lo que nos rodea.
Nuestra especie se ha adaptado a la comunicaión verbal y linguística, pero el lenguaje es una herramienta relativamente nueva en nuestra evolución social.
Parece razonable imaginar que nuestros ancestros usaron para su beneficio la información olfativa que pasaba por sus narices y que esa habilidad llegó hasta nosotros.
Además, ver que alguien suda puede permitirle a la gente percibir la intensidad de una emoción expuesta.
El sudor, en otras palabras, puede ser mucho más que una excreción apestosa.

miércoles, 5 de agosto de 2015

¿Qué tipo de borracho eres según la ciencia?

Joven bebiendo
Los resultados confirman desde una perspectiva científica la percepción social de que distintas personas responden de diferente manera ante el alcohol.
Noche de alcohol con amigos. El más tímido se pone supersimpático, el buena onda se vuelve aun más buena onda, otro ni se inmuta a pesar de llevar encima unas cuantas copas de más y el de siempre está a punto de armar pelea.
¿Te suena?
Seguro que puedes asociar nombres concretos y anécdotas con estos personajes que pululan por el imaginario colectivo pero ahora un grupo de investigadores de psicología de la Universidad de Misuri en Columbia, Estados Unidos, acaba de elaborar una tipología que describe los distintos tipos de borracho desde una base científica.
El estudio fue publicado en abril en la revista especializada Teoría e Investigación sobre la Adicción y en él concluyen que según la muestra analizada, hay cuatro tipos de borrachos, encarnados en cuatro conocidos personajes de la realidad y la ficción: Mary Poppins, Ernest Hemingway, Mr. Hyde y Nutty Professor (el profesor chiflado).
Para llegar a esa conclusión los investigadores analizaron las descripciones del comportamiento de 374 estudiantes universitarios de Estados Unidos, de una edad media de 18 años.
Los participantes tenían que valorar sus personalidades y las de sus "compañeros de bebida", en estado sobrio y en estado de embriaguez, de acuerdo a cinco factores de comportamiento: extraversión, agradabilidad, estado de conciencia, estabilidad emocional e intelecto.

¿Qué hace cada tipo de borracho?

Ernest Hemingway
Los borrachos tipo ernest Hemingway ni se inmutan con el alcohol, según la categorización del estudio.
1. Borrachos tipo Ernest Hemingway.El legendario escritor presumió alguna vez de poder beber cualquier cantidad de whisky sin emborracharse. Y así se siente el primer grupo identificado por los investigadores, integrado por un 40% de los partipantes en el estudio. Estos bebedores no exiben cambios notables en su personalidad cuando transitan del estado de sobriedad al de embriaguez.
2. Borrachos tipo Mary Poppins. Se comportan como la niñera superpositiva de la película del mismo nombre de 1964. Está conformado por un 14% de la muestra del estudio y son particularmente agradables cuando están borrachos, desplegando un comportamiento simpático y amigable. Definiría a ese grupo de gente a los que el alcohol vuelve aún más agradables y extrovertidos.
3. Borrachos tipo Nutty Professor (el profesor chiflado). Las personalidad de este grupo hace referencia al personaje central de una película de Disney que cambia de personalidad por una cuestión química y se transforma en alguien mucho más extrovertido de lo normal.
Pertenecían a este grupo el 19% de los estudiantes que participaron en el estudio. Los borrachos de este grupo se caracterizan por una baja valoración en extraversión cuando están sobrios y un incremento mayor que la media en extraversión cuando están borrachos, a la vez que disminuye menos que la media su estado de conciencia con el alcohol.
Mary Poppins
La niñera feliz, Mary Poppins.
Aunque los miembros de este grupo muestran el cambio de personalidad más dramático cuando se emborrachan, sus experiencias no están asociadas con un elevado riesgo de daños.
4. Borrachos tipo Mr. Hyde. La clasificación de este grupo de bebedores se inspira en la personalidad siniestra de Mr. Hyde. A él pertenecía el 22% de los participantes en el estudio. Se caracterizan por tener disminuciones grandes del estado de conciencia, intelecto y agradabilidad cuando están borrachos. Según el estudio los miembros de este grupo mostraban una "tendencia a ser particularmente menos responsables, menos intelectuales y más hostiles bajo la influencia del alcohol".
Los investigadores dicen que este es el grupo que por estadística tienen más probabilidad de experimentar consecuencias negativas asociadas al consumo del alcohol, como pérdidas de memoria o arrestos por mal comportamiento.

Limitaciones y utilidad del estudio

Los autores dicen que con su trabajo abordaron por primera vez desde una perspectiva científica esta área virgen para la investigación empírica.
Joven bebiendo
Si la muestra del estudio hubiera sido más variada quizás se habrían identifiado más tipos de comportamiento.
Sin embargo la muestra del estudio tiene limitaciones.
Como se analizó únicamente el comportamiento de estudiantes universitarios, la gran mayoría blancos, los cuatro tipos de borracho identificados pueden no ser representativos de otros sectores demográficos.
Si la muestra hubiera sido más variada quizás se habrían identifiado más tipos de comportamiento.
Sin embargo los resultados confirman desde una perspectiva científica la percepción social de que distintas personas responden de diferente manera ante la intoxicación por el alcohol.
Los investigadores esperan que su categorización en "tipos de borracho" sirva para ayudar a personalizar las intervenciones de ayuda en casos de alcoholismo.

martes, 4 de agosto de 2015

LAS CHICAS SON FRIOLERAS,LOS CHICOS CALIENTES

La guerra del aire acondicionado,

 una cuestión de sexos

Un estudio revela por qué las mujeres pasan frío en verano en la
 oficina 
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Por fin un estudio ha demostrado lo que ya todos sospechábamos: los hombres y las mujeres no responden de igual manera al aire acondicionado debido a la diferencia de temperatura corporal que presentan, así han informado investigadores del hospital Universitario de Maastricht, en Holanda, que han presentado sus resultados en la revista Nature Climate Change.
Queda resuelto así el curioso caso de las mujeres que pasan frío en verano en la oficina, la imagen de ellas con chaqueta y ellos de manga corta resulta ser el pan nuestro de cada día cuando se enciende el aire acondicionado, así como las constantes guerras por la temperatura del aparato. La razón es que, sencillamente, el cuerpo masculino genera más calor que el femenino realizando la misma actividad, por lo que los hombres prefieren fijar una temperatura más baja. 
Según el estudio, la mayoría de las empresas fijan su temperatura usando una fórmula de los años 60 que se basa en los valores del metabolismo de un hombre de 40 años y 70 kilogramos de peso, parámetros que distan mucho de la temperatura corporal femenina. El estudio holandés revela que la diferencia de temperatura dependiendo del sexo suele variar entre dos o tres grados, de modo que mientras ellos se sienten cómodos trabajando a 22ºC, ellas prefieren los 25ºC. Esto puede provocar problemas de convivencia 
Esta diferencia de temperatura provoca con frecuencia problemas de convivencia en los lugares de trabajo, ya que muchas mujeres se ven discriminadas por esta situación. Pero no solo el sexo influye en el confort térmico, también la edad y la masa corporal son determinantes; las personas ancianas y delgadas prefieren temperaturas más altas que las jóvenes u obesas.
El estudio concluye que aunque resulte casi imposible contentar a todo el mundo en cuanto a temperatura se refiere, sobre todo en lugares de tránsito público, lo ideal es que las oficinas o los recintos privados adapten su temperatura al tipo medio de población que los frecuenta.