miércoles, 17 de agosto de 2016

MI MADRE LLEGO A LOS 90 Y MI ABUELA A LOS 94,PERO MI PADRE A LOS 76 QUE TENGO AHORA


Revelan la relación entre la longevidad de los padres y la de los hijos


Los investigadores afirman que la tasa de mortalidad de aquellas personas cuyos progenitores vivieron más de 65 años es hasta un 16,5% menor por cada década extra que vivieron sus padres.
Imagen Ilustrativa
Imagen IlustrativaPixabay
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La cantidad de años que viven los padres está directamente relacionada con la expectativa de vida de los hijos, e incluso permitiría deducir la calidad de vida que estos tendrán cuando alcancen la tercera edad.
Así lo arrojó un reciente estudio de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, reseñado por 'El País', donde se analizaron distintas variables de medición e investigación para determinar la relación exacta entre la longevidad de los padres y la de sus hijos.
Los resultados indicaron que, mientras más vivan los progenitores, mayores posibilidades tendrán sus hijos de llegar a una edad avanzada en buena salud.
La doctora Janice Atkins, responsable de la investigación, informó que los estudios indicaron que por cada año adicional la tasa de algunas enfermedades disminuye en la siguiente generación.
"Se trata del mayor estudio que muestra que, cuánto más vivan tus padres, tendrás más probabilidades de llegar a los 60 y los 70 en buen estado", apuntó la doctora Atkins.
Sobre la metodología del estudio, se informó que se seleccionó a 181.151 británicos durante ocho años, con edades comprendidas entre 55 y 73 años, y se les preguntó a qué edad habían fallecido sus padres. A partir de este dato fueron controlando sus estados de salud.
Las investigaciones indicaron que si bien factores como el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y los problemas de hipertensión siempre inciden en la salud, una vez estos son controlados la relación entre padres e hijos con mayores expectativas de vida se mantenía.
La doctora Atkins aclaró sin embargo que, si una persona se expone a grandes factores de riesgo, estos pesarán más sobre su salud que la edad de sus padres.

El estudio también indaga sobre las enfermedades cuya aparición está más estrechamente relacionada con la longevidad de los padres.
Enfermedades más recurrentes
Unas de ellas son las afecciones cardiacas, que pueden reducirse hasta un 20% si alguno de los padres ha alcanzado los 80 años.
Sobre enfermedades como el cáncer, la anemia o el asma, las incidencias eran bajas para ser tomadas como significativas en el momento de cotejar las correlaciones.
En el estudio también se evidenció el factor hereditario de padres a hijos de algunos aspectos que inciden en una mayor expectativa de vida. Una buena dieta, constante actividad física y un entorno saludable ayudan a transmitir a nuestras futuras generaciones mayor esperanza de vida.

lunes, 15 de agosto de 2016

MEDALLA DE ORO PARA LOS ESPAÑOLES,MUCHO MACHOS


Más de un millar de mujeres son violadas por hombres en España cada año

Desde al menos 2009 se han registrado más de 8.200 agresiones sexuales con penetración, tres al día, una cada ocho horas.




El misterio de por qué no podemos recordar nada de cuando éramos bebés


Un bebé en una foto antiguaImage copyrightSIMPLYINSOMNIA/FLICKR
Image caption¿Cuál es tu recuerdo más temprano?
Sales a almorzar con alguien a quien conoces desde hace años. Con esa persona con quien compartiste fiestas, cumpleaños, visitas a parques y tu helado favorito; incluso unas vacaciones. O así te cuentan.
Por qué tú no eres capaz de recordar nada de eso.
Ni el momento más importante de nuestra vida —el día en que nacemos— ni nuestros primeros pasos, nuestras primeras palabras o el jardín de infancia; la mayoría de nosotros no recordamos nada de los primeros años de vida.
Y si tenemos recuerdos, estos tienden a ser escasos y distantes entre sí.
Estos vacíos mentales han frustrado a padres y desconcertado a psicólogos, neurocientíficos y lingüistas durante décadas. Hasta obsesionaron al padre de la psicoterapia, Sigmund Freud —autor de la expresión "amnesia infantil"— hace más de 100 años.
Analizarlos plantea varios interrogantes: ¿Nuestros primeros recuerdos son de algo que ocurrió o nos lo inventamos? ¿Podemos recordar eventos antes de tener las palabras para describirlos? ¿Es posible recuperar nuestros recuerdos perdidos?
Un bebé en una foto antiguaImage copyrightSIMPLEINSONMIA/FLICKR
Image captionLos bebés son como esponjas; absorben información a una velocidad impresionante. Sin embargo, no son capaces de crear recuerdos sobre eventos concretos.
Parte del rompecabezas tiene que ver con el hecho de que los bebés son como esponjas a la hora de absorber nueva informacióncrean 700 conexiones neuronales por segundo y tienen unas habilidades para aprender nuevos idiomas que pueden matar de envidia al mejor políglota.

La marcada curva del olvido

Las últimas investigaciones indican que comenzamos a entrenar nuestras mentes dentro del útero.
Pero, incluso de adultos, perdemos información con el tiempo si no hacemos nada para retenerla.
Una explicación es que la amnesia infantil es resultado del proceso natural de olvidar las cosas, el cual experimentamos a lo largo de nuestra vida.
En el siglo XIX, el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus realizó una serie de experimentos para probar los límites de la memoria humana.
Nuestros cerebros desechan la mitad de toda la información nueva en una hora. En 30 días, retenemos tan sólo entre el 2% y el 3%"
Inventó las "sílabas sin sentido" —palabras creadas con letras al azar— y se dedicó a intentar memorizar miles de ellas.
Su curva del olvido ilustra el rápido declive de nuestra capacidad para recordar lo que aprendemos: nuestros cerebros desechan la mitad de toda la información nueva en una hora.
En 30 días, retenemos tan sólo entre el 2% y el 3%.
Lo que Ebbinghaus descubrió fue que la manera en la que olvidamos es completamente predecible.

Más egocéntricos, más recuerdos

En la década de 1980, los científicos descubrieron que recordamos menos cosas de las que cabría esperar desde que nacemos hasta que cumplimos los 6 o 7 años.
Pero esto no le ocurre a todo el mundo.
Un bebé en una foto antiguaImage copyrightSIMPLEINSONMIA/FLICKR
Image captionNuestra cultura puede determinar cómo se forman y desarrollan nuestros recuerdos.
Algunas personas pueden recordar cosas de cuando tenían 2 años, pero otras no recuerdan nada de lo que les pasó hasta que cumplieron 7 u 8 años.
También hay diferencias según el país; la formación de los primeros recuerdos puede variar, de promedio, hasta dos años.
La psicóloga Qi Wang, de la Universidad de Conrell, EE.UU., recopiló cientos de recuerdos de estudiantes chinos y estadounidenses.
Tal y como predijeron los estereotipos nacionales, los recuerdos de los estadounidenses fueron más largos, elaborados y visiblemente egocéntricos.
Sin embargo, los de los estudiantes chinos fueron más breves y concretos. Y, en promedio, comenzaron seis meses más tarde.
Este patrón está respaldado por numerosos estudios: quienes tienen recuerdos más elaborados y egocéntricos suelen recordarlos más fácilmente.
"Es la diferencia entre pensar 'Siempre hay tigres en el zoológico' y 'Vi tigres en el zoológico y, aunque tuve miedo, me divertí mucho'", dice Robyn Fivush, psicóloga en la Universidad de Emory, EE.UU.
El primer recuerdo de Wang es haciendo senderismo en China, junto a su madre y su hermana. Tenía unos seis años. Pero hasta que se mudó a Estados Unidos, nadie le había preguntado por eso.
"En las culturas orientales, los recuerdos de la infancia no son importantes", dice Wang.
Un bebé en una foto antiguaImage copyrightKIMBERLY HOPKINS/FLICKR
Image captionAlgunos psicólogos dicen que la capacidad de formar recuerdos autobiográficos intensos sólo se desarrolla con la capacidad de hablar.
"Si la sociedad te dice que esos recuerdos son importantes para ti, te aferras a ellos", añade.
Por ejemplo, la cultura de los maoríes neozelandeses hace mucho énfasis en el pasado. Y muchos pueden recordar eventos que les ocurrieron cuando tenían poco más de 2 años.

El paciente H. M.

La cultura también puede determinar la manera en la que hablamos sobre nuestros recuerdos.
"El lenguaje nos ayuda a estructurar y organizar nuestros recuerdos. Eso es una narrativa. Al crear una historia, la experiencia es más fácil de recordar por más tiempo", dice Fivush.
Pero otros psicólogos se muestran escépticos. No hay diferencia entre entre los niños que nacen sordos y crecen sin lenguaje de signos en los registros de sus primeros recuerdos, por ejemplo.
Esto conduce a la teoría de que si no tenemos recuerdos de nuestros primeros años de vida es porque nuestros cerebros no habían desarrollado ese sistema.
Esa teoría se debe al hombre más famoso en la historia de la neurociencia: el paciente H.M.
Luego de que una fallida operación para curar su epilepsia dañara su hipocampo, H. M. fue incapaz de recordar ningún suceso reciente.
"El hipocampo es el centro de nuestra capacidad para aprender y recordar", explica Jeffrey Fagen, quien estudia la memoria y el aprendizaje en St John's University, EE.UU.
Pero H. M. podía, sin embargo, recordar otro tipo de información, al igual que los bebés.
Una familia en una foto antiguaImage copyrightSIMPLEINSOMNIA/FLICKR
Image captionNo siempre podemos confiar en que nuestros primeros recuerdos sean precisos. A veces, fueron modificados al hablar sobre ellos.
"En los bebés y en los niños el hipocampo está muy poco desarrollado", dice Fagen.
Entonces, ¿es el subdesarrollo del hipocampo lo que hizo que perdieramos nuestros recuerdos a largo plazo, o es que estos nunca se llegaron a formar?
"Los recuerdos están, probablemente, almacenados en un lugar que ahora nos resulta inaccesible, pero eso es muy difícil de demostrar empíricamente", sostiene Fagen.

Recuerdos "sembrados"

Elizabeth Loftus, psicóloga de la Universidad de California, EE.UU., dice que "la gente puede visualizarlas eventos que no ha vivido; así, se convierten en recuerdos".
Loftus lo vivió carne propia.
Su madre se ahogó en una piscina cuando ella tenía 16 años. Un familiar le convenció de que ella había descubierto su cuerpo flotando en el agua y lo "recordó" hasta que, una semana más tarde, ese mismo familiar le explicó que en realidad no fue así, que lo encontró otra persona.
Si la sociedad te dice que esos recuerdos son importantes para ti, te aferras a ellos"
Oi Wang, investigadora
Pero a nadie le gusta que le digan que sus recuerdos no son reales. Para convencer a los escépticos, Loftus necesitaba pruebas.
Por eso eligió a un grupo de voluntarios para un estudio y les "sembró" unos recuerdos ella misma.
Les contó una elaborada mentira sobre un episodio traumático en un centro comercial, cuando se perdieron antes de ser rescatados por una amable mujer y reunidos con su familia.
"Les contamos a los participantes que nos lo habían dicho sus madres", explica la psicóloga.
Cerca de un tercio de las víctimas cayó en la trampa y algunos, aparentemente, recordaban el suceso con todo detalle.
A menudo confiamos más en nuestros recuerdos imaginarios que en hechos reales.
Tal vez el mayor misterio no es por qué no podemos recordar nuestra infancia, sino si realmente podemos confiar en lo que recordamos.

domingo, 14 de agosto de 2016

¿PARIRAS CON DOLOR CATOLICO,APOSTOLICO Y ROMANO?


Parir sin violencia