lunes, 12 de marzo de 2018

Podemos insiste en la necesidad de regular el suicidio asistido en el ámbito de la sanidad pública

“Hay que ir más allá de los cuidados paliativos”, sostiene la consejera estatal de Salud y Sanidad de Podemos, Ana Castaño.

Ana Castaño, en una jornada sobre sanidad.
Ana Castaño, en una jornada sobre sanidad.
La ministra de Sanidad “ni genera ni facilita el cambio de modelo, incluso entorpece”
La lucha contra la precariedad a nivel laboral y asistencial en la sanidad pública española es uno de los ejes troncales de la política sanitaria de Podemos. Así lo pone de manifiesto la consejera estatal de Salud y Sanidad de la formación morada, Ana Castaño, que apuesta por incrementar los recursos humanos para garantizar la calidad asistencial.
En una entrevista publicada en la revista Logos, la dirigente de Podemos señala las prioridades de su partido en el ámbito sanitario público que pasan por revertir los procesos de privatización llevados a cabo por el PP en lo que califica como el “caballo de Troya” de la sanidad.
La “intrusión de lo privado” con concesiones, conciertos, derivaciones, etc., “acaba precarizando y deteriorando el sistema público”, a lo que se une la falta de transparencia en la relación con la privada: “Encontramos casos en los que la derivación cuesta el doble que en la pública”, sin olvidar que “solo se derivan los procedimientos rentables”, denuncia.
Psiquiatra de profesión, Ana Castaño, vuelve a poner en el dedo en la llaga sobre la legalización de la eutanasia. Podemos ya llevó al Congreso en 2017 un proyecto de ley que no obtuvo el respaldo de Cámara Baja en una votación en la que el PSOE se abstuvo. A su juicio, hay que seguir en ese camino, “ir más allá de los paliativos, al suicidio asistido”, y “da igual si finalmente la ley la presenta el PSOE”, afirma.
Castaño recuerda que el 80% de la población está a favor de la eutanasia y adelanta que el Grupo de Unidos Podemos apoyará la ley de paliativos que se está tramitando en el Congreso. Aunque su apuesta es reformar el Código Penal en esta materia para ir más allá, apunta que incluso se podía permitir el suicidio asistido con la propia Ley de Autonomía del Paciente, ahora en vigor.
La dirigente de Podemos subraya que su partido seguirá insistiendo en la derogación del Decreto de 2012 para garantizar el acceso universal a la sanidad. También apuesta por una regulación integral del cannabis que vaya “más allá del uso terapéutico” y avanza que Podemos llevará en junio al Congreso una propuesta de ley sobre Salud Mental, una de las áreas más olvidadas de la sanidad pública española.  
Ana Castaño lamenta la inacción del Ministerio de Sanidad en una legislatura que califica de “fantasma” y acusa a la titular del ramo, Dolors Monserrat de dejación de funciones: “Ni genera ni facilita el cambio de modelo, incluso entorpece”, afirma.

Garrapatas causan meningoencefalitis en época de primavera en Alemania


Científicos alemanes informaron recientemente en Stuttgart que empieza la temporada en que las garrapatas causan a las personas la enfermedad denominada meningoencefaltis de inicios de la primavera, estación que apenas inicia en el país, de acuerdo al calendario.
garrapata2En conferencia de prensa, los expertos resaltaron que la aparición de la enfermedad causada por ese insecto se está extendiendo hacia el norte del país, aunque en el sur se registró en 2017 el mayor número de casos.
El Congreso de la Garrapata y la Meningoencefalitis se lleva cabo esta semana en la Universidad de Hohenheim en Suttgart, donde se reunen médicos e investigadores especializados en la enfermedad.
El Instituto de Virología Robert Koch, uno de los más connotados de Alemania en materia de investigación cienítifica en el campo viral, precisó que el número de casos en el país en 2017 fue de casi 500. En 100 personas que sufrieron la picadura de garrapata, la enfermedad se desarrolló en 30 de ellas.
La enfermedad y el proceso infeccioso a través de la garrapata son aún poco conocidos y hasta ahora hay más interrogantes abiertas que respuestas. Se desconoce hasta ahora cómo se genera en la naturaleza ese foco de infección y el papel de los cambios de clima.
Los investigadores detectaron que si bien el número de garrapatas que pudieron ser registradas en la naturaleza disminuyó, el número de su potencial infeccioso aumentó.
Algunos medios de prensa locales se refieren a ese insecto como el minivampiro del bosque, ya que se pega en la piel humana para obtener su alimento, la sangre.
Los expertos advirten en contra de aplastar a la garrapata cuando alguien se de cuenta de que la tiene pegada al cuerpo porque, de esa manera, es más factible que la enferemedad se propague con rapidez en el organismo humano.
Esos insectos prefieren las zonas cálidas y humedas del cuerpo, tales como las rodillas, las axilas y las íngles. marzo 11/2018 (Notimex)

Obesidad y enfermedad mental

Los autores llevan a cabo una revisión en la cual se explora de manera detallada la relación existente entre la obesidad, la edad, la función cognitiva y las enfermedades mentales.

Autor: Monda V, La Marra M, Messina A y colaboradores Diabetes Metab Syndr Obes. 2017; 10: 473–479.
Introducción 
Según estimaciones a nivel mundial, la incidencia de obesidad es del 10.8% entre los hombres y del 14.9% en las mujeres. Desde 1980 a 2013, la población obesa prácticamente se duplicó. De la misma manera, la población con sobrepeso se incrementó desde un 28.8% a 36.9% en hombres, y de 29.8% a 38% en mujeres. También existe un aumento notable entre los niños y adolescentes. Todos esto llevó a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara a la obesidad como una epidemia global.
La obesidad afecta negativamente varios aspectos de la salud e incrementa el riesgo de muchas enfermedades crónicas, tales como diabetes tipo 2, hipertensión, síndrome metabólico, dislipidemia, enfermedad cardiovascular, artrosis, insuficiencia renal crónica, muchos tipos de cáncer, esteatosis hepática, apnea del sueño, depresión y otros trastornos psiquiátricos. Además, existe evidencia reciente que apunta a una relación entre la obesidad y la disfunción cognitiva, especialmente cuando aparece el aumento de peso en personas de edad intermedia.
Por otro lado, también se describió que en los adultos mayores la obesidad se asociaría con determinados beneficios, lo cual suele denominarse “paradoja de la obesidad”.
Hoy, todavía no se conoce con detalle la asociación entre la obesidad y la función cerebral, ni el mecanismo a través del cual la mayor cantidad de tejido adiposo podría dañar las habilidades cognitivas y el bienestar psicológico. En esta revisión, los autores investigaron la relación entre la obesidad, el deterioro cognitivo (DC) y los trastornos psicológicos, junto con el papel de los posibles factores de confusión y otras variables.
Obesidad y deterioro cognitivo
La mayor cantidad de adiposidad en sujetos normales se relacionó con menores volúmenes del hipocampo, la corteza orbital frontal y los lóbulos parietales
La integridad estructural del cerebro se ve reflejada en los volúmenes de diferentes sectores cerebrales. La pérdida de tejido, uno de los marcadores de la salud neuronal, es normal durante el envejecimiento, pero es mayor en los pacientes con demencia. Hallazgos recientes sugieren que la obesidad afecta la estructura del cerebro de los sujetos con DC, e incluso se relaciona con un menor volumen cerebral en personas sanas.
En un estudio prospectivo con mujeres obesas, la atrofia del lóbulo temporal presentó incrementos del 13% al 16% por cada unidad de aumento del índice de masa corporal (IMC). En otra cohorte de 700 personas con DC, el aumento del IMC se asoció con un menor volumen de los lóbulos frontal, temporal, parietal y occipital. Un análisis global demostró una reducción del 0.5% al 1.5% de la masa encefálica por cada punto de aumento del IMC, incluso corrigiendo por otros factores de confusión tales como el sexo, la edad y el nivel educativo.
En estudios de imágenes cerebrales se vio que los individuos obesos presentan una menor cantidad de materia gris en la circunvolución postcentral, el lóbulo frontal, el putamen y la circunvolución media frontal, en comparación con individuos de peso normal.
La mayor cantidad de adiposidad en sujetos normales se relacionó con menores volúmenes del hipocampo, la corteza orbital frontal y los lóbulos parietales. Asimismo, en estudios transversales se encontró que la relación cintura-cadera elevada se correlacionó con un menor volumen del hipocampo y el lóbulo temporal.
Un análisis de 1400 individuos japoneses encontró una correlación inversa entre el volumen cerebral y la obesidad; particularmente, halló menos sustancia gris en los lóbulos temporal, occipital y frontal, así como en la región anterior del cerebelo.
En varios estudios se demostró una asociación entre la obesidad durante la edad media y el DC en la edad avanzada. Se encuentra establecida la relación entre el hipocampo y la memoria, y que el menor volumen de esta región predice la demencia en la población general.
No se comprenden con exactitud los mecanismos a través de los cuales la obesidad provocaría el DC, pero existen algunas explicaciones posibles. Algunas características histopatológicas de la enfermedad de Alzheimer, tales como las placas de amiloide y los ovillos neurofibrilares, se encuentran más frecuentemente en pacientes obesos mayores que en las personas con peso normal.
De hecho, en un estudio en pacientes normales, se encontraron más depósitos de amiloide ß en la región del hipocampo en pacientes con obesidad mórbida en comparación con controles de peso normal. Se piensa que podría existir una conexión entre el tejido adiposo y el metabolismo del amiloide ß.
Una dieta rica en grasas podría incrementar, de manera independiente, el riesgo de DC. En un estudio prospectivo, una dieta con más calorías se asoció con una mayor incidencia de DC con un seguimiento de 6.3 años. Este tipo de dieta podría alterar la fisiología cerebral, dañando la barrera hematoencefálica.
Por otro lado, los mayores niveles de tejido adiposo incrementan la inflamación sistémica, provocando DC y demencia. Se ha demostrado que las alteraciones sobre la función cognitiva en el síndrome metabólico se encuentran mediadas por la inflamación. Sin embargo, la relación directa entre la inflamación y la demencia no está clara.
Obesidad y psicopatología
Existen varios estudios que demuestran una relación entre la enfermedad mental y la obesidad. No obstante, existe mucha discusión en torno de la relación entre la grasa corporal y la psicopatología.
Se ha relacionado la obesidad con la presencia de trastornos del estado de ánimo, de ansiedad, baja autoestima, trastornos de la alimentación y problemas emocionales. La depresión es mucho más frecuente en los sujetos obesos en comparación con personas de peso normal, en un 29% a 56%. Según un estudio con más de 40 000 personas, la relación con la depresión es más marcada en mujeres obesas que en hombres obesos.
Sin embargo, en ningún estudio ha podido demostrarse de manera concluyente una relación de causalidad en ningún sentido: la obesidad no precede a la depresión ni la depresión predispone al aumento de peso. Es posible que los resultados controversiales de los estudios se deban a una falta de consenso en la manera de definir el desempeño psicológico, y deberían llevarse a cabo más investigaciones con respecto al tema antes de sacar conclusiones definitivas.
La paradoja de la obesidad
La obesidad en la mitad de la vida predice la aparición de enfermedad cardiovascular y DC en la mayoría de los estudios. Estos resultados permiten deducir que el incremento de peso en la edad media predice la aparición de demencia en la edad avanzada. Sin embargo, en varias investigaciones se ha observado que la obesidad en edades avanzadas no se relaciona con el DC, e incluso puede haber una relación inversa.
Gran parte de la literatura científica sobre el tema remarca que la grasa corporal podría predecir una mayor supervivencia en los ancianos. Incluso es posible que un IMC bajo en la edad media predisponga al DC más adelante.
El IMC evaluado de manera continua en muchos estudios no predijo la aparición de DC, y al ser evaluado en edades avanzadas, no incrementó el riesgo de DC. En resumidas cuentas, en edades intermedias el aumento del IMC se relaciona con una mayor incidencia de demencia, pero en edades avanzadas los resultados de los estudios son discordantes.
En otro orden, en un metanálisis reciente se observó que un IMC bajo en edades intermedias incrementa el riesgo de DC en edades avanzadas. Estos hallazgos sugieren que, en la edad media de la vida, tanto el IMC bajo como el elevado se asocian con una mayor incidencia de demencia, mostrando una relación en U.
Es posible que la relación entre el IMC y la demencia en pacientes más ancianos se vea confundida por la pérdida de masa magra. De esta manera, el IMC podría subestimar la adiposidad en la edad avanzada. Cuando se consideran marcadores alternativos, tales como el diámetro abdominal o la relación cintura-cadera, se encuentra que se asocian con un mayor riesgo de demencia.
Otro factor de confusión posible entre el IMC, la edad y la demencia es que la pérdida de peso rápida puede preceder la aparición de demencia. Esto provocaría que el valor predictivo de la obesidad tenga un mayor impacto en la edad media, ya que los más ancianos pueden haber perdido peso.
Además, la pérdida de peso se asocia con más comorbilidades en la edad avanzada, y refleja una salud más deteriorada. De esta manera, la obesidad parece ser un factor protector en la población anciana, aunque se requieren más estudios para clarificar esta relación.
Conclusión
No está claro si la obesidad incrementa el deterioro cognitivo de manera independiente de otros factores de riesgo. Aunque estudios tempranos encontraron una relación inversa entre el IMC y el DC, trabajos más recientes con mejor diseño parecen demostrar que la obesidad es un factor de riesgo para el DC.
En el futuro debería investigarse la relación entre la obesidad y el funcionamiento cerebral, teniendo en cuenta muchas covariables también implicadas, tales como el sexo, la edad, el estilo de vida, la presencia de enfermedades mentales, de enfermedad cardiovascular y de marcadores inflamatorios.

domingo, 11 de marzo de 2018

Lamer las heridas

Acerca del llanto de una madre y de la absurda controversia entre disciplinas que pone a la propia tribu por encima del dolor del otr18

Autor: Daniel Flichtentrei 
"Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia", Alejandra Pizarnik
Cada vez que Lucía baja la cabeza, respira con una lentitud y profundidad diferentes, con un ritmo metafísico cargado de dolor, yo sé lo que va a ocurrir. Le acerco la cajita de pañuelos de papel arrastrándola sobre el escritorio. Ella toma uno, hace un bollito entre los dedos y, solo entonces, como si yo tuviera que autorizarla, llora. Solloza primero con cierto pudor, un llanto contenido que le va creciendo en la garganta como una voz encerrada que lucha por salir.

Lucía tiene 38 años, fue madre soltera a los 22. Crió a su hija sin apoyo del padre y contra la permanente recriminación de su propia familia. Vivió en pensiones, hizo de todo para sobrevivir. Estudió de noche. Ahora es maestra, trabaja en dos turnos. Se levanta a las 5,30 de la mañana, viaja 4 hs por día para ir desde su casa a las escuelas y regresar 12 hs más tarde. La nena se llama Sol y la llevó a cuestas de colegio en colegio hasta que fue creciendo.  

Durante mis primeros años de médico me esforzaba por impedir que la gente llore. Les daba razones, distribuía esperanzas como una ortopedia inútil ante el dolor. Me parecía que tenía que evitarlo, ahora aprendí que debo permitirlo. Que muchas personas no tienen otro lugar en el mundo donde llorar. Que el llanto es un síntoma, pero también un alivio. Que acompañar es mejor que eliminar una emoción tan poderosa. Superé el imperativo verborrágico, la obligación de explicar en lugar de comprender. Soy más viejo, claro. Y yo tampoco sabría donde llorar sin que nadie me moleste con consuelos tontos. Aprendí a callar.

Desde hace dos años Sol se encierra en su cuarto durante todo el día. Falta mucho a clases. Casi no habla, no quiere comer, dejó de verse con sus amigas. Pone la tele sin voz, la mira como si fuese un fuego ardiendo en el medio de la pieza. Cada vez que Lucía le pregunta que le pasa responde: “nada”. A veces es mucho peor, dice “no sé” y lo repite muchas veces: no sé, no sé, no sé…

Ahora Lucía se derrumba sobre la silla, se tapa la cara con las dos manos y llora con todo el cuerpo. Es un movimiento generalizado, una convulsión sincrónica, un terremoto que la sacude por completo. Yo renuevo los pañuelitos, me pongo de pie, rodeo la silla, la abrazo desde atrás. Ella deja caer su cabeza sobre mis brazos. Me moja con un líquido tibio y salado las mangas de la camisa.

Sol empezó a usar ropa abrigada en días de calor, en pleno verano. Lucía la retaba pero ella no le hacía caso. Una noche se acercó a su cama. Le acarició el pelo mientras dormía. Ella dejó caer el brazo hasta rozar la alfombra con su mano abierta. Entonces vio las cicatrices. Unas rayitas rojas, secas, ásperas. Una hilera prolija de líneas dibujadas una a la misma distancia de la otra que trepaban desde la muñeca hacia el codo.

Se relaja, siento sus músculos abandonarse a mi abrazo. Me lo agradece con el cuerpo. Respira distinto, se incorpora apenas. El desasosiego va saliendo de a poco como un viento negro por las ventanas abiertas de sus ojos. Me mira. –Perdón, me dice. Me dice: “perdón”, y yo me siento miserable.

Desde que Sol comenzó con problemas va dos veces por semana a la psicóloga. Lucía dio de baja la TV por cable, ya no compra alimento balanceado para el gato, no va a la depiladora ni a la peluquería para poder pagarlo. Cuando pide una entrevista le responde que no puede verla si su hija no lo autoriza. De vez en cuando la recibe. Conversan acerca de lo que significa ser un hijo no deseado, de las consecuencias en la subjetividad que eso puede tener para un adolescente. Si Lucía hace preguntas, le responde que su paciente es Sol y no ella. Le dijo que la ve peor, que ahora se hace daño. Ella le respondió que el cuerpo de su hija era un territorio privado y que ella no tendría que espiar su intimidad. Que las crisis son procesos de simbolización que hay que atravesar para superar el conflicto. Le recomendó tres consultas semanales durante este período. Le habló de la posibilidad de un acompañante terapéutico. Ahora Lucía también da clases particulares de matemáticas a domicilio algunas noches y los fines de semana.

La acompañé a la camilla, le tomé la presión, la ausculté, controlé sus reflejos. Ninguna de esas cosas me aportaría datos relevantes. Mi examen físico fue parte de un ritual. Más una terapéutica que una exploración. Una ceremonia milenaria hoy en extinción. Gestos de un cuerpo mostrándole a otro que está allí, que lo que le ocurre le importa.

Ayer Lucía le comentó a la terapeuta una conversación que habíamos tenido unos días antes. Le dijo que yo le había sugerido una consulta psiquiátrica, que tal vez podrían medicar a Sol y colaborar a atenuar su sufrimiento. Le aclaró que yo pensaba que eso iría en la misma dirección que su terapia y que, tal vez, haría que Sol estuviera más receptiva a su tratamiento. La psicóloga se encendió de furia. Le dio a Lucía una clase de reduccionismo biológico, de medicalización de los padecimientos humanos. Le explicó, repleta de ira, cómo los médicos solo vemos órganos y pastillitas en lugar de historias de vida y padecimientos existenciales.

Hace un rato me contó esa experiencia antes de pedirme "permiso" para llorar. Y lloró por Sol, por ella, porque no encuentra respuestas donde se supone que deberían estar. Porque dos personas en las que ella confía no se ponen de acuerdo en algo tan fundamental como la salud de su hija. Porque hace dos meses que no paga la cuota del colegio de Sol para solventar su tratamiento psicológico. Porque le redujeron las horas extras. Porque tiene terror de que su hija se mate.

Desde hace un tiempo entreabre la puerta del cuarto de Sol por las madrugadas. Se queda en silencio, con miedo de que hasta el susurro de su propia respiración la despierte. Espía con un solo ojo, ve el cabello castaño derramándose sobre la almohada, el reflejo de la luna sobre su nariz pequeña. Se canta sin voz, para sí misma, la canción que le cantaba a ella durante las noches heladas en la pensión de Barracas. Vuelve a sentir en los pies ese frío tremendo y el cuerpito de ella chupándole el calor del suyo como le chupaba la teta hasta dejarla vacía. Asoma la lengua sin saber por qué. Quiere lamer las heridas de sus brazos hasta tragarse entera la tristeza que la envenena.  

Volvimos a sentarnos, estaba más tranquila. Apretaba en las manos varios bollitos de papel con los que se había secado las lágrimas. Le acerqué el cesto y los arrojó adentro. Le expliqué que no era correcto que yo interfiriera en un vínculo terapéutico de un paciente con otro profesional. Que había varios caminos para ayudar a una persona y que todos debían consensuarse con el mismo objetivo. Que la licenciada tendría motivos para enojarse, que tal vez no entendió que era una sugerencia y no una orden. Le hice saber que yo no podía pedir una consulta psiquiátrica para Sol si su terapeuta no estaba de acuerdo. Que mi opinión tal vez haya sido imprudente ya que nunca había atendido a su hija. Lucía me dijo que estaba muy asustada, que se sentiría más tranquila si hacía esa consulta. Le repetí que eso era imposible, que había normas éticas entre colegas que yo no podía transgredir. Un código tácito de respeto mutuo entre profesionales. Insistió.

El viernes llamaron de la escuela para preguntar por qué Sol hacía una semana que no iba a clases. La mañana siguiente la esperó detrás de un camión hasta verla salir de la casa. La siguió escondida a cierta distancia entre la multitud que iba para el trabajo. Caminaron unas diez cuadras hasta la Plaza Artigas. Sol se sentó en una hamaca y se balanceó durante más de una hora. Lucía se acercó, la agarró de la mano. Caminaron por Rivadavia hasta la confitería Las Violetas. Tomaron dos submarinos de un chocolate hirviente y espeso que les quemaba la lengua y mediaslunas de manteca. A las dos les quedaron unos bigotes gruesos de espuma blanca y marrón. Les causó una gracia tremenda. La gente las miraba reírse a carcajadas agarrándose la panza sin entender por qué. Volvieron sin decirse nada. Durmieron la siesta abrazadas. Las despertó a las cinco el timbre del primer alumno de matemáticas.

Nos pusimos de pie para despedirnos. Le deseé suerte, le pedí que me llamara para contarme cómo iban las cosas con Sol. Nos quedamos parados mirándonos unos segundos. Una pausa breve, pero más larga de lo normal para esa situación. Sentí que ella esperaba algo de mí y que yo había dejado algo inconcluso. Mientras se acomodaba la cartera enorme, repleta de pruebas de sus alumnos para corregir esa noche, tomé la lapicera. Escribí automáticamente, sin meditarlo, en un acto reflejo. Anoté un nombre y un número de teléfono. Extendí el brazo con el papel, ella abrió la mano. Lo apoyé despacito, como si estuviera dejando una llave secreta sobre su palma húmeda, sacudida por un minúsculo temblor.

sábado, 10 de marzo de 2018


“Es la lucha, estúpidos”
Imagen: Joaquín Salguero
La frase, como bien sabemos, la he resucitado de las alternativas  estadounidenses en sus luchas políticas cuando Bill Clinton se oponía a Bush. Y se escribía: “Es la economía, estúpido”. La inteligencia popular terminó utilizándola internacionalmente para subrayar distintos aspectos que se descuentan son los fundamentales y que cuesta reconocer.
En este momento es válido para quienes, caballerosos, se nos acercaron el 8M para regalarnos una flor y en el colmo de la cortesía ensayaron un chocolate.
“¡Pero Eva!, no se puede rechazar la buena onda de los que por lo menos tratan de ser educados...” Pamplinas. Son formas del patriarcado mostrando  una postura complaciente hacia nosotras, tratándonos como niñas o señoritas subordinadas a las que hay que agasajar, como contrafigura de los feminicidas, mostrándose galantes, y posicionándonos al mismo tiempo como superiores y negando la igualdad de derechos en el Día Internacional de la Mujer. Justamente en ese día la flor y el galanteo es una provocación, cuando salimos a luchar contra las mañas y artimañas de las diferencias homicidas y los abusos de poder.
¿De qué cortesía y festejos nos hablan cuando salimos a gritar y a levantar las banderas del Ni Una Menos? ¿No se dan cuenta de que no han entendido nada? ¿Que persiste en ellos la imagen que le inculcaron desde niños acerca de lo que significa ser mujer y que repiten los prejuicios acerca de ellas, seres debiluchos, inferiores, desamparados de quienes es posible burlarse, apropiarse, explotar y golpear? 
Los regalitos prendieron en las campañas publicitarias, a las que no se les puede pedir sensatez porque su proyecto es económico y vendedor. Pero al compañero de oficina  que transporta la flor es sencillo responderle: “Es la lucha, estúpido” y explicarle por qué ese día ella estuvo “de paro”.
El “paro” sensacional fue el que promovió Aristófanes en su literatura, en su obra Lisistrata, cuya protagonista y sus seguidoras, hartas de que sus maridos y amantes marchasen de guerra en guerra, en aquellos tiempos heroicos de la Grecia Clásica, decidieron suspender con ellos las relaciones sexuales. Fue un esfuerzo pacífico a favor de la paz en el que las mujeres se niegan a dejarse conquistar por los varones para retomar su vida sexual. Por fin se logra la paz. A nosotras nos faltan muchas décadas para conquistarla; mientras continuaremos en prácticas como el 8M, intentando que entiendan que estamos en lucha, con escasas preocupaciones por las rosas en los floreros.
¿Qué no se entiende? ¿Por qué es preciso luchar? Hace décadas nos están viendo y escuchando. Lo que se advierte hace dos o tres años es una aceleración de los movimientos de mujeres que coincide con los ataques que recibimos y los desdenes de los que tenemos que defendernos.
Si los llamamos estúpidos, nos remontamos al latín stupidus, estar aturdido, no haber entendido nada y en una de sus versiones (stupeo) stupidus homo: hombre estúpido. También necio, insensato, inculto y estéril. Cuando se habla de stupidus timore se refiere a inmóvil de miedo. O sea tenemos para elegir en versiones latinas de estúpido que ahora pluralizamos.
Alguna señora cae en la trampa y en mi facebook se agradece la atención. En latin no encuentro el femenino de stupidus, pero debe existir.
Aparecerse con una flor en el Día de la Lucha Compacta e Internacional como si fuera un cumpleaños, cuando los carteles enarbolan los nombres de las víctimas de feminicidios, de minusvalías en sueldos laborales, de abusadores sexuales en libertad no es un descuido ni el producto de un aturdimiento. En todo caso están aturdidos por el rumor de sus propios pensamientos patriarcales que constituyen el horizonte de sus prácticas  cotidianas. No son simplemente necios, incultos, padecen la malévola indiferencia del “a mí qué me importa interesarme por este asunto, yo cumplo con las mujeres y las dejo satisfechas con un regalito”. La misma creencia y la misma política que los lleva a creer que nos satisfacen con   coitos incompletos y debilitados. Suponen que ésa es la felicidad y la plenitud máxima para nosotras porque así se lo hicieron creer sus mayores y así lo digirieron. 
Pero es la lucha, estúpidos, y no la atención floral, lo que nos incita a no ceder y estar presentes para gozar en plenitud de derechos.
El Roto