Los sofocos y los sudores nocturnos previos a la menopausia pueden durar más de siete años
Después de la última menstruación, ambos síntomas se prolongaron durante unos nueve años de media
.
Entre los síntomas vasomotores más frecuentes previos a la menopausia están los sofocos y la sudoración nocturna,
que en muchas mujeres pueden prolongarse por más de siete años, según
los datos de una investigación a gran escala que publica la revista Archives of Internal Medicine. Estos
síntomas suelen afectar al 80 % de las mujeres que van camino de la
menopausia y, en muchos casos, acaba afectando a su calidad de vida, de
ahí que los autores quisieran hacer un seguimiento para intentar
determinar su duración.
El trabajo, liderado por investigadores de la Wake
Forest School of Medicine de la Universidad en Winston-Salem en Carolina
del Norte (EE.UU), incluyó datos de un estudio de salud de la mujer
realizado entre 1996 y el 2013 en el que se detectaron un total de 1.449 mujeres que sufrían estos síntomas de forma habitual antes de llegar a la menopausia, durante al menos seis días en dos semanas.
De este modo, vieron que la duración media de los sofocos y los sudores nocturnos fue de alrededor de 7,4 años,
aunque la mayor duración detectada en este trabajo fue de 11,8 años.
Además, después de la última menstruación se prolongaron unos 9,4 años
de media. No obstante, en aquellas mujeres que comenzaron a sufrirlos
tras la última regla la duración fue menor, unos 3,4 años de media.
Las afroamericanas, las que más los sufren
El estudio también muestra diferencias étnicas, ya que en las mujeres afroamericanas suelen durar más (unos
10,1 años de media) que en las mujeres de origen oriental,
fundamentalmente japonesas o chinas, que eran las que los sufrían
durante menos tiempo (4,8 y 5,4 años, respectivamente). Entre las
mujeres caucásicas la media estaba en 6,5 años, mientras que en las
hispanas subía hasta los 8,9 años de media.
Otros factores relacionados con una mayor duración de estos síntomas vasomotores fue la edad,
un menor nivel de estudios, una mayor percepción de estrés, una mayor
sensibilidad a los síntomas y niveles más elevados de ansiedad o
depresión. «Estos hallazgos pueden ayudar a los profesionales sanitarios
para alertar a sus pacientes de la llegada de estos síntomas, de cara a
buscar el tratamiento que más se ajuste a su probable duración», han
reconocido los autores. De hecho, consideran que la duración media tan
elevada puede replantear el uso de la terapia hormonal y buscar otras
alternativas más seguras a largo plazo, añaden.
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