martes, 20 de octubre de 2015

nadie le hace juicio por usurpacion de titulo

Rivera en el vídeo de campaña para las generales de 2008Soy médico,no tanto por vocación como por satisfacer a mi padre,que por ser pobre,no pudo serlo.
Terminé mi carrera sin esfuerzo,mientras militaba,vivía una vida de joven de mi época,me divertía y tuve tiempo para irme a la guerrilla.
Cuando rebobino mi vida no se como lo hice...que hagan el diagnostico los que me conocen.
Por eso,no comprendo la manía del común de la gente que nos admira,nos envidia y lo peor,los que usurpan el titulo y se "hacen"los medicos.
Este mamarracho fascista y españolisto,debe estar tan frustrado y sentirse fracasado para querer curar un país.
"Mire Ud. señor Rivera",curar a un ser que sufre,porque todo enfermo sufre, es cosa muy seria para dejarlo en manos suyas,un "petimetre"que diría mi padre,un tipo tan poco auténtico que nadie sabe si es Ud.catalán o que...
Verlo en la charla con otro gemelo suyo,tan poco auténtico como Ud.me dio grima.
Se lo han puesto todo en la boquita de fotoshop que tiene que mal me temo que terminara gobernando este país de brutos,bestias y analfabetos.
Es lo que hay.
Tengo 75 y dicen que en el estado 52 de la Union se vive hasta los 82,5.
Que cruz señor!!!

El estrés del padre influye en el

 desarrollo del cerebro de feto

Puede alterar las características de su esperma y trasmitir las alteraciones no solo a través del ADN, como se pensaban hasta ahora, sino a través de su ARN

Un padre estresado puede ser afectar el desarrollo neuronal de su descendencia. En concreto, y según un estudio de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), el estrés paterno puede alterar las características de su esperma y trasmitir las alteraciones no solo a través del ADN, como se pensaban hasta ahora, sino a través de su ARN.
El trabajo, dirigido por Tracy Bale, ofrece pistas importantes para entender cómo las experiencias durante vida de un padre pueden afectar al desarrollo del cerebro de sus hijos y la salud mental a través de medios puramente biológicos y no de comportamiento. «Resulta sorprendente que el estrés aparentemente leve en un ratón macho pueda desencadenar dicho cambio en la respuesta del microARN y que conlleva consecuencias para su descendencia», apunta Bale.
Este grupo de investigadores ya había demostrado previamente que los ratones macho a los que se sometió a diferentes niveles de estrés antes de reproducirse por diferentes medios tenían una descendencia con una respuesta alterada al estrés. Y cuando compararon el esperma de los padres estresados con sus parejas no estresadas, encontraron una mayor expresión de nueve microARN en los primeros.
Para determinar si existía un papel causal, inyectaron los nueve miRs en cigotos de ratón, que luego fueron implantados en ratones hembras normales. También incluyeron grupos control. Al examinar las respuesta al estrés de las crías, aquellos descendientes de madres con los nueve miRs presentaban la peor respuesta. Un análisis molecular mostró cambios significativos en la expresión de cientos de genes en el núcleo paraventricular, una región del cerebro involucrada en dirigir la regulación del estrés, lo que sugiere amplios cambios propagados al desarrollo neurológico temprano.

Esperma

El estudio que se publica en «The Proceedings of the National Academy of Sciences» sugiere que cuando un macho experimenta estrés puede desencadenar la liberación de miRs contenida en los exosomas de las células epiteliales que recubren el epidídimo, el área de almacenamiento y maduración de los espermatozoides entre los testículos y el conducto deferente. Estos miRs se pueden incorporar en la maduración de los espermatozoides e influir en el desarrollo en la fertilización.
El paso siguiente es examinar qué factores podrían conducir a la liberación del exosoma y de los miRs y cómo poder detenerlo para evitar que los padres estresados transfieran este respuesta anómala al estrés a la siguiente generación

lunes, 19 de octubre de 2015

NEGLIGENCIA MÉDICA EN MURCIA

Indemnización de 24.000 euros a un joven al que olvidaron un catéter durante 13 años

El error le ocasionó una serie de patologías que le obligaron a sucesivos ingresos hospitalarios


La Consejería de Sanidad del Gobierno murciano deberá abonar una indemnización de 24.000 euros a un joven al que, siendo niño, le fue practicada una intervención quirúrgica y dejaron olvidado un catéter con el que ha vivido 13 años.
Así se recoge en una sentencia dictada por la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de la Región de Murcia (TSJ), que ha rechazado el recurso que presentó este paciente para que esa cantidad concedida por la Consejería fuera elevada a 202.000 euros.
El recurrente expuso en su reclamación que el daño que se le había causado a consecuencia del olvido del catéter que le había sido colocado en el uréter le ocasionó una serie de patologías que obligaron a sucesivos ingresos hospitalarios.
Entre otros conceptos, solicitó indemnización por daño moral, por el riesgo que había sufrido su salud durante todos esos años en que tuvo el catéter y por el sufrimiento padecido hasta que se descubrió el olvido y se procedió a intervenirlo para su retirada.
Al rechazar la solicitud de una mayor indemnización, el tribunal afirma, en cuanto al daño moral, por el que reclamó 60.000 euros, que la cifra admitida por la administración regional de 6.000 euros "nos parece razonable y sigue el criterio de esta sala en casos similares".
Además, señala que no procede indemnización por otros conceptos por los que igualmente reclamó porque la patología alegada no tuvo su causa acreditada en el olvido del catéter, sino en la propia enfermedad renal que sufría desde su infancia.

domingo, 18 de octubre de 2015

¿Cómo evolucionó el rostro humano?

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Los humanos modernos tenemos una cara más pequeña, en relación al neurocráneo, que la de los restantes miembros del género Homo. Investigadores de la Universidad de Málaga han comparado patrones morfológicos en el cráneo de grandes simios, poblaciones humanas y homininos fósiles, para trazar la evolución del rostro. 
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Un estudio realizado por un equipo de investigadores andaluces ha desvelado cómo evolució el rostro humano, con una cara más pequeña, en relación al neurocráneo, que la de los restantes miembros del género Homo
Los científicos han comparado patrones morfológicos en el cráneo de grandes simios actuales –orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos–, un número amplio de poblaciones humanas y un conjunto de homininos fósiles, desde el ancestral Sahelanthropus a los recientes neandertales, incluyendo al Homo floresiensis , más conocido como ‘Hobbit’. De su estudio han deducido que en la evolución del rostro humano se produjo un cambio radical en la forma en la que se relacionan la cara y la bóveda craneana.
Una diferencia muy acusada
Nuestros antepasados los australopitecinos muestran un patrón muy parecido al de los grandes simios, caracterizado porque los individuos con cráneos de mayor tamaño presentan caras relativamente grandes y cerebros comparativamente más reducidos. Sin embargo, en el género Homo –que surge hace 2,5 millones de años– la morfología cambia debido a una transposición lateral de esta tendencia.
Nuestros antepasados los australopitecinos muestran un patrón muy parecido al de los grandes simios
La cara se hace cada vez más pequeña, aunque el tamaño del cráneo aumenta. “Un hecho aún más singular es que la cara se reduce pese a que la ontogenia facial –el periodo hasta alcanzar la maduración completa– delHomo es sensiblemente más larga que la de los australopitecinos y los grandes simios actuales”, explican Juan Antonio Pérez Claros y Paul Palmqvist, de la Universidad de Málaga y coautores del estudio, que se ha publicado en ‘Plos One’.
“Más larga sí, aunque con una velocidad de maduración tremendamente ralentizada. De ahí que se considere que retenemos características de los individuos juveniles, lo que se conoce como neotenia. Además, se trata de una tendencia evolutiva porque, en este caso, el patrón morfológico sí se vincula al tiempo, caras cada vez más pequeñas y neurocráneos más desarrollados”, aclaran.
Un cambio de enfoque
Hasta ahora, la discusión sobre la relación entre los dos principales complejos craneales, la cara y la bóveda del cráneo, se centraba en conocer por un lado, si en unos grupos funcionaba como un todo integrado, mientras que en otros ambos complejos cambiaban de forma independiente.
“Se han estudiado humanos modernos desde hace 160.000 años hasta nuestros días y de procedencia geográfica muy diversa”, explican
Por otro lado, también se debatía si la integración era mayor en unos grupos que en otros. Sin embargo, este estudio propone un cambio de enfoque e insiste en que lo realmente importante es entender el cómo lo hacen. Y ahí radica la diferencia de los humanos respecto a los grandes simios y a los australopitecinos. El cráneo es una estructura altamente integrada, pero hace 2,5 millones de años la evolución llevó al género humano por un camino dispar, mientras que los australopitecinos mantuvieron inalterado un patrón similar al de los simios actuales.
Los humanos anatómicamente modernos, diferentes
El último gran cambio morfológico que ha afectado al conjunto del cráneo aconteció con la aparición de los humanos anatómicamente modernos, los cuales se salen de la norma que rige al resto de las especies humanas. Efectivamente, nuestra cara es aún más pequeña, en relación al neurocráneo, que la de los restantes miembros del género Homo. “Afortunadamente, se ha podido contar para este estudio con ejemplares de humanos anatómicamente modernos desde hace cerca de 160.000 años, cuando aparece Homo sapiens en África, hasta nuestros días y de procedencia geográfica muy diversa, lo que permite afirmar que el patrón se ha mantenido inalterado durante este tiempo y a lo largo y ancho de la Tierra”, destacan los investigadores.
“Ahora bien, que existiesen diferencias morfológicas muy significativas no impidió que, en algún momento de la historia, los humanos anatómicamente modernos y los neandertales se encontraran, tuvieran descendencia y ésta fuera fértil”, concluyen.
Referencia bibliográfica:
[Pérez-Claros JA, Jiménez-Arenas JM, Palmqvist P (2015) Neurocranium versus Face: A Morphometric Approach with Classical Anthropometric Variables for Characterizing Patterns of Cranial Integration in Extant Hominoids and Extinct Hominins. PLoS ONE 10(7): e0131055. doi:10.1371/journal.pone.0131055]

sábado, 17 de octubre de 2015

Las «misteriosas neuronas masculinas» que les hacen pensar más en el sexo

Nacen durante la maduración sexual y cambian la forma en que el cerebro masculino procesa la información

Con sus 302 neuronas, el gusano transparente Caenorhabditis elegans, de apenas un milímetro de longitud, ha hecho muchas aportaciones al estudio del cerebro, en especial sobre la memoria, o el envejecimiento. No en vano fue laureado con el Nobel de Medicina en 2002. Bueno, en realidad el premio fue para Sydney Grener, su mentor, un científico sudafricano que introdujo a su elegante “pupilo” en el laboratorio y le consolidó como un modelo animal de primera línea. Y es que, pese al salto evolutivo, compartimos muchos procesos básicos...
Y ahora este pequeño nemátodo se apunta un nuevo tanto. Resulta que acaban de descubrir que los machos “elegantes” tienen dos neuronas exclusivas hasta ahora nunca vistas, que aparecen durante la maduración sexual y modifican el cerebro para que el sexo se convierta en una prioridad para ellos. El hallazgo se acaba de publicar en la revista Nature.
La transparencia de C elegans permite la observación directa de todas sus neuronas, así como contar con un plano detallado de sus conexiones, de ahí que sea sorprendente que hayan pasado desapercibidas hasta ahora. Pero lo es aún más que esas neuronas se formen a partir de células del cerebro hasta hace poco consideradas de segunda categoría, como las gliales, a diferencia del resto de las neuronas que se forman durante el desarrollo embrionario a partir de neuroblastos (células nerviosas primitivas
Y curiosamente esas neuronas, que nacen de forma tan atípica en la “adolescencia” del gusano, se integran en su red neuronal ylogran cambiar su comportamiento. Su presencia hace que el orden de prioridades de este invertebrado cambie. Y encontrar comida pasa a un segundo plano, o incluso se desprecia, cuando se trata de encontrar pareja. Además esas “misteriosas células masculinas”, como las han llamado sus descubridores, permiten recordar a la perfección qué ocasiones son propicias para un encuentro sexual.
Liderada por la española Arantza Barrios, que trabaja en el University College de Londres, la investigación ayuda a entender cómo los cerebros masculino y femenino difieren en preferencias, aptitudes y juicios. “Las áreas del cerebro involucradas en el aprendizaje muestran diferencias sexuales en muchos animales, incluidos los humanos, pero no está claro cómo estas diferencias afectan al comportamiento. Hemos demostrado cómo las diferencias genéticas y de desarrollo entre los dos sexos conducen a cambios estructurales en el cerebro de los gusanos macho durante la maduración sexual. Estos cambios hacen que los cerebros masculinos funcionan de manera diferente, permitiéndoles recordar los encuentros sexuales anteriores y dar prioridad al sexo en el futuro”, destaca Barrios.

Machos y hembras "modificadas"

Caenorhabditis elegans tiene dos sexos: machos y hermafroditas. Los hermafroditas son esencialmente hembras “modificadas”, que llevan su propio esperma y no necesitan tener sexo para reproducirse. El efecto de estas misteriosas células masculinas en el comportamiento de los gusanos se probó mediante condicionamiento clásico, un modo de aprendizaje en el que se asocian las experiencias aversivas o agradables (como el hambre o encontrar un compañero sexual) con otro estímulo (en este caso, sal). Todas las especies somos muy hábiles en ese tipo de aprendizaje.
Para contextualizar el hallazgo, hay que explicar que los gusanos aprenden enseguida a evitar las zonas con altas concentraciones de sal, como un indicador de la ausencia de alimento. Tanto los machos como los hermafroditas (hembras) aprenden a evitar la sal. Sin embargo,cuando los machos están en un ambiente muy salado en el que hay parejas sexuales, se olvidan de que allí van a pasar hambre, y sólo tienen en mente la alta posibilidad de que se produzca un encuentro sexual. Resumiendo, que en los machos de elegans la asociación sal-sexo era muy fuerte y pasan por alto que no hay comida y se pueden morir de hambre.
Esta preferencia ciega por el sexo no se produce en los hermafroditas. Y tampoco en los machos a los que les quitaron las misteriosas neuronas masculinas, lo que demuestra que son esenciales para las diferencias en las preferencias entre machos y hermafroditas, o hembras modificadas.
Estas misteriosas células masculinas se identificaron utilizando marcadores fluorescentes y se pueden extirpar utilizando un microhaz láser. Los investigadores comprobaron que esas neuronas masculinashacen conexiones con otras comunes a ambos sexos, y remodelan los circuitos para cambiar la manera en que los machos procesan la información. De ahí que pasen de la sal y la falta de comida si pueden echar una cana al aire.
Pero más allá del sexo, este trabajo tiene otras esperanzadoras implicaciones: "Fue muy emocionante cuando nos encontramos con que las células gliales que originan las neuronas masculinas estaban completamente diferenciadas, algo hasta ahora difícil de abordar en los organismos superiores. Ahora podemos aprovechar este sistema para entender cómo las células de glía totalmente diferenciadas pueden volver a entrar en el ciclo celular y generar neuronas. Esto podría tener importantes implicaciones terapéuticas en el futuro", explica Richard Poole, coautor del trabajo.

viernes, 16 de octubre de 2015

Video PP

Diseñan una piel artificial capaz

 de sentir un ligero roce

Por vez primera fabrican un material flexible similar a la piel puede detectar la presión y transmitir una señal a un componente del sistema nervioso. Ya hay seis prototipos


BAO RESEARCH GROUP, STANFORD UNIVERSITY
Piel que siente, pero artificial. Eso es lo que ha logrado un equipo de ingenieros de la Universidad de Stanford (EE.UU.) que han fabricado una'piel' de plástico que puede detectar la fuerza con la que se está presionando un objeto generar una señal eléctrica para enviar esa información sensorial directamente a una célula cerebral.
Zhenan Bao ha pasado una década tratando de desarrollar un material que imite la capacidad de la piel de flexionarse y curarse, mientras que sirva como una red de sensores que envía señales táctiles, de temperatura y de dolor al cerebro. Su objetivo es crear un tejido electrónico flexible con sensores que pueda recubrir prótesis y replicar algunas de las funciones sensoriales de la piel.
El trabajo de Bao, que publica «Science», da un paso más hacia su objetivo de reproduucir el sentido del tacto. Se trata de un mecanismo sensorial que permite distinguir la diferencia de presión entre un apretón de manos débil y un agarre firme. «Es la primera vez que un material flexible similar a la piel puede detectar la presión y transmitir una señal a un componente del sistema nervioso».

Dos capas

Tal y como se explica en la revistas el 'invento' es una construcción de plástico de dos capas: la superior crea un mecanismo de detección y la inferior actúa como el circuito para transportar señales eléctricas y traducirlas en los estímulos bioquímicos compatibles con las células nerviosas. La primera cuenta con un sensor que puede detectar presión de form muy similar a la de la piel humana, desde un roce con los dedos hasta un apretón de manos.
Hace ya cinco años, los miembros del equipo de Bao describieron por primera vez cómo utilizar los plásticos y los cauchos como sensores de presión al medir la elasticidad natural de sus estructuras moleculares. A continuación, se incrementó esta sensibilidad al añadir un patrón como de panal en el delgado plástico, comprimiendo aún más los resortes moleculares del plástico.
Para explotar dicha capacidad de detección de presión electrónica, el equipo colocó miles de millones de nanotubos de carbono a través del plástico y, al presionar el plástico, se aprietan los nanotubos más juntos y así se trasmnite la electricidad.

BAO RESEARCH GROUP, STANFORD UNIVERSITY
De esta forma es como el sensor de plástico imita la piel humana, transmitiendo información de la presión con pulsos cortos de electricidad, de forma similar al código Morse, al cerebro. El aumento de presión sobre los nanotubos enrejillados los apretó todavía más, permitiendo que fluyera más electricidad a través del sensor, y esos impulsos variados envían como pulsos cortos al mecanismo de detección.
Al quitar la presión se relaja el flujo de los pulsos, lo que indica un ligero oce, y al eliminar todo tipo de presión hace que los pulsos cesen por completo. Posteriormente, el equipo conectó este mecanismo de detección de presión a la segunda capa de la piel artificial, un circuito electrónico flexible que podría llevar los impulsos eléctricos a las células nerviosas.

Neurona biológica

Por último, probaron si la señal electrónica podría ser reconocida por una neurona biológica los que se hizo mediante la adaptación de una técnica desarrollada por Karl Deisseroth, profesor de Bioingeniería en Stanford, que fue pionero en un campo que combina la genética y la óptica, llamadaoptogenética. Así, los investigadores diseñaron las células para que fueran sensibles a frecuencias de luz específicas y, a continuación, utilizaron pulsos de luz para cambiar las células, o los procesos que se producen dentro, a apagado o encendido.
Para llevar a cabo este experimento, fabricaron una línea de neuronas para simular una parte del sistema nervioso humano. Además, tradujeron las señales de presión electrónicas de la piel artificial en impulsos de luz, que activaron las neuronas, lo que demostró que la piel artificial podría generar una salida sensorial compatible con las células nerviosas.
Ahora, los expertos esperan desarrollar diferentes sensores para replicar, por ejemplo, la capacidad de distinguir la pana de la seda o un vaso de agua fría de una taza de café caliente, algo que saben que llevará tiempo. Ya hay seis tipos de mecanismos de detección biológica en la mano del hombre y el experimento descrito en «Science» presenta tan sólo de uno de ellos.