sábado, 17 de diciembre de 2016

¿Por qué algunas personas detectan el olor de espárragos en la orina?

.No todo el mundo es capaz de reconocer el aroma fuerte y característico en el pis humano que se produce tras comer espárragos. Esta habilidad tiene un origen genético, según un estudio publicado en el número especial de Navidad de la revista BMJ.  
.
<p>Un equipo de investigadores ha encontrado cientos de variantes genéticas asociadas con la capacidad de detectar el olor a espárragos en la orina. Imagen: Fotolia</p>
Un equipo de investigadores ha encontrado cientos de variantes genéticas asociadas con la capacidad de detectar el olor a espárragos en la orina. Imagen: Fotolia
De todos es sabido que comer espárragos (Asparagus officinalis) provoca un olor característico en la orina, aunque no todo el mundo puede detectar ese olor. Un equipo de investigadores estadounidenses y europeos ha encontrado cientos de variantes en la secuencia de genes implicados en el sentido del olfato que están fuertemente asociados con la capacidad de detectar los metabolitos de los espárragos en la orina.
Solamente un 40% de los participantes reconocían detectar el olor en la orina tras comer espárragos
Los resultados del trabajo se han publicado en el número especial de Navidad de la revista BMJ, en la que se recogen investigaciones de cuestionable interés científico, pero llevadas a cabo con pulcritud metodológica y mucho sentido del humor. Según los autores, se necesita investigar más para entender por qué algunos alimentos causan olores tan particulares y por qué hay predisposiciones genéticas que permiten oler o no los metabolitos, como en el caso de los espárragos.
Para determinar qué factores genéticos influyen en esta capacidad, los científicos, liderados por las investigadoras Sarah Markt y Lorelei Mucci, de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, analizaron una muestra de 6.909 hombres y mujeres de ascendencia europea-americana. Simplemente les preguntaron si eran capaces de percibir o no el olor.
Encontraron que solamente un 40% de los participantes reconocía ese aroma en el pis. Al 60% restante se le diagnosticó anosmia a los espárragos –sin capacidad de olerlos–.
Después, cruzaron los datos de su muestra con los obtenidos en estudios de asociación del genoma completo sobre más de 9 millones de variantes genéticas, y descubrieron 871 variaciones en la secuencia de ADN asociadas a la incapacidad para detectar el olor. Estas variantes se encontraron en genes relacionados con el sentido del olfato.
Por-que-algunas-personas-detectan-el-olor-de-esparragos-en-la-orina_image_380
Los metabolitos que contienen los espárragos generan un olor particular en la orina que no todo el mundo detecta / Pixabay
Como curiosidad, los autores destacan el hecho de que una gran proporción del grupo que no percibe el olor sea de sexo femenino, a pesar de que las mujeres suelen ser más sensibles y precisas a la hora de identificar olores. Un dato que, según los responsables del estudio, puede explicarse simplemente porque la posición que utilizan las mujeres a la hora de orinar hace más difícil que noten el olor de su propio pis.
Un estudio con limitaciones
Los autores reconocen que el estudio tiene varias limitaciones. Por ejemplo, no se puede medir de forma objetiva la capacidad para percibir el olor, ya que se depende de la apreciación personal del sujeto del estudio. Desconocen además si las mismas variantes genéticas que han detectado en la muestra de europeo-americanos predicen esta anosmia en etnias diferentes. Tampoco han podido comprobar si esa capacidad aumenta o disminuye con la edad, a pesar de que otros estudios sí que muestran cambios en el sentido del olfato a medida que envejecemos.
La capacidad diurética de los espárragos nos puede ayudar a soportar las resacas navideñas
Sin embargo, sí que opinan que han descubierto unos candidatos idóneos para seguir investigando en el futuro la estructura del sentido del olfato y los compuestos responsables de percibir el olor del metabolito de los espárragos. “Hay que seguir investigando para ayudar a la gente anósmica a que descubra todo lo que se está perdiendo”, dicen los autores.
Los investigadores aprovechan para recordar el alto contenido en hierro, fibra, vitaminas A, E y C de los espárragos. Incluso insisten en que su capacidad diurética nos ayudará a sobrellevar las resacas y proteger el hígado ante los excesos de las fiestas que se acercan.
Además, en su artículo de investigación proponen un entrañable experimento familiar para llevar a cabo en las cenas navideñas: servir alguna receta con espárragos y discutir con nuestros seres queridos sobre el “asqueroso y desagradable olor de la orina”, como lo definió el gastrónomo romano Apicio en el siglo I d. C.
Referencia bibliográfica:
Markt, Sarah C. et al. "Sniffing out significant “Pee values”: genome wide association study of asparagus anosmia" BMJ 2016

viernes, 16 de diciembre de 2016

¿SERA VERDAD O ES PURA FANTASIA?

Quienes tienen hoyuelos de Venus

 ¿son mas folladoras?

Las redes sociales arrojan luz sobre el fetichismo. ¿Por qué estas dos hendiduras que se forman encima de los glúteos, a los lados de la columna vertebral de algunos hombres y mujeres, despiertan pasiones en la web? ¿Cuál es el secreto de la fascinación por ellas?


Algunas particularidades del cuerpo humano parecen haberse vuelto grandes temas en la web. Pequeños fetiches antes únicamente celebrados en ámbitos privados, tomaron una relevancia inusitada gracias a redes visuales como Instagram y Tumblr. Detalles como dientes separados, labios con forma partida y ciertas hendiduras en los huesos de las caderas, pasaron de ser secretos privados, a objetos de culto. ¿Exagerado? En el mundo del fetish no existe tal palabra.
Hoyuelos de Venus, o esos agujeritos al final de la espalda
Hoyuelos de Venus, o esos agujeritos al final de la espalda. Foto: Shutterstock
Se llaman "back dimples", "bum dimples" o "dimples of Venus". En español: hoyuelos de Venus. Se ubican al final de la espalda, sobre los glúteos, exactamente en los vértices de algo llamado "rombo de Michaelis", el espacio anatómico comprendido entre la apófisis espinosa, las espinas ilíacas y el punto de unión de los glúteos. Estos dos pocitos que hace tiempo no hubiesen significado demasiado para la mayoría de la gente, de pronto adquirieron un enorme valor estético y erótico. Quienes los tienen, los exhiben como trofeos, y quienes los admiran, crearon sitios web, grupos y hash tags dedicados a difundir la sensualidad que les adjudican.
La admiración no se reduce sólo a lo visual. Los fetichistas aseguran que los Hoyuelos de Venus, otorgan a quienes los poseen, una sensibilidad especial que les permitiría sentir más placer sexual que quienes no cuentan con ellos. Esto lo lograrían a través de la estimulación puntual de la zona. Como siempre que se habla de fetiches, es el valor erótico y estético que se deposita sobre el objeto, lo que permite semejante idealización, pero esta no necesariamente es real.
La veneración de los Hoyuelos de Venus no es un invento de las redes sociales, ni es tan moderna como creemos. Al parecer, ya tiene un precedente y es interesante. Algunos pintores como el barroco Diego Velázquez, cuya obra data del siglo XVII, habían puesto luz sobre ellos en algunas de sus pinturas, al igual que artistas renacentistas. Su nombre además, provendría de cualidades físicas que se le adjudicaban a la mismísima Venus, diosa del amor.
Más allá del exhibicionismo y la curiosidad, el redescubrimiento de estos hoyuelos bien podría enmarcarse en la búsqueda de la individualidad a la que poco a poco tienden a inclinarse las redes sociales. En una era en la que se repiten constantemente los patrones de lo que se considera "sexy", las "rarezas" toman dimensiones celebradas. Esta en particular, no es solo valorada en mujeres, también lo es en hombres. Cuando se presenta en ellos también se los conoce como "Hoyuelos de Apolo".
¿Los hoyuelos de Venus te hacen más sexy?
¿Los hoyuelos de Venus te hacen más sexy?. Foto: LA NACION / Shutterstock
Tal vez el secreto de su idealización está en su origen. Las fosas lumbares laterales, tal es su nombre anatómico, son una característica física que proviene de la genética y que se destaca cuando el índice de grasa corporal de una persona es baja y su espalda baja se ejercita. Como muchos deportistas de elite los poseen, algunas personas creen que pueden desarrollarse en base a dieta y ejercicios lumbares, sin embargo, se trata de una marca traída de nacimiento que no puede conseguirse con trabajo o quirófano. Esto por supuesto, no hace más que sumar a su valor erótico.

UNA GAYEGA QUE TRIUNFO EN ARGENTINA Y NO LA DISCRIMINARON COMO EN ESPAÑA A LOS ARGENTINOS

Entrevista a la Dra. Josefa Rodriguez (directora Htal. Garrahan,HTAL DE NIÑOS MAS GRANDE DE LATINOAMERICA | )

"Los únicos dueños de las camas en el hospital son los niños"

Lo que más me enorgullece es que cada uno de los trabajadores de este hospital entienden que estamos para atender bien a los chicos

Fuente: IntraMed 
Orgullosa de sus orígenes, Josefa Rodriguez ha recorrido un largo camino para llegar a donde llegó, partiendo de Lobeznos un pueblo muy chiquito en las cercanias de Sanabria, España, hasta dirigir el más grande hospital pediátrico de latinoamérica, el Garrahan, por más de 11 años.
Todos los días después de viajar en colectivo, llega muy temprano al hospital, lo recorre, lo siente, lo vive y lo disfruta con alegría.
La suya no es una tarea sencilla, su trabajo ejemplar se ha reconocido como un modelo de liderazgo en la Argentina y en el resto de los países.
"Cuando tenes un cargo como este con tanto nivel de exposición y de stress, creo que solo se toleran con buena salud, con sonrisas, con buena onda, con buen humor, si te divertís y si tenes ganas de venir. Cuando te despertás a la mañana  y sabes que tenes que venir al hospital decis ¡qué bueno!"
Entrevista Dr. Ricardo Mastandueno, video Ary Kaplan Nakamura

Dra. Josefa Rodriguez
Nací en un pueblito de España (Lobeznos), en la casa de mis abuelos, sí, soy fruto de parto domiciliario, bajo peso al nacer y unas cuantas cosas mas. Mi papa ya estaba en Argentina.
A los 18 meses partimos de Vigo con mi mamá.
Primera infancia en conventillo del Centro.
A los 4 años colegio desde 7 a 19 horas.
Ser médica pediatra fue mi vocaión desde la infancia, no dude en toda mi formación (tampoco dudo ahora).
A los 18 años UBA, Ingreso restrictivoooo.
Me recibo con diploma de honor. Gano un puesto en la Residencia del Hospital de Niños,
Me casé y nacieron Carolina y Nicolás.
En el Niños fui residente, Jefa e  Instructora de residentes y becaria de CESNI.
En el 87 se abrió el Garrahan, alli ingresé como médica de plante con guardia, al año gane el concurso de Jefa.
Organicé la Gestión de Calidad del Hospital. En 2004 me nombran miembro del Consejo de Administración.
Desde el 2005 soy Directora  Médica Ejecutiva del Hospital.
Soy abuela de Pilar, y pronto llega Manuel.
Hice las maestrias en Gestión de Servicios de Salud, y en Salud Pública y  la especialidad en Auditoria y Calidad. Por sobre todo lo vivido soy pediatra.


.

jueves, 15 de diciembre de 2016

NO TODO EMPEZO CON EL FUEGO

Los primeros humanos europeos no usaban fuego para consumir alimento

Los europeos más antiguos de Europa que vivieron en Atapuerca tenían una dieta equilibrada de plantas y carne, pero las pruebas de la placa dental de una mandíbula de hace 1,2 millones de años indican que ingerían los alimentos crudos. Así lo confirma un estudio que avala la hipótesis de que el uso intencionado del fuego aún no se habría producido. Los científicos aportan una nueva cronología sobre el inicio del uso del fuego para cocinar alimentos.
.
<p>La mandíbula del hominino más antiguo de Europa, descubierta en 2007 en la Sima de Elefante del yacimiento de Atapuerca. / CENIEH</p>
La mandíbula del hominino más antiguo de Europa, descubierta en 2007 en la Sima de Elefante del yacimiento de Atapuerca. / CENIEH
Un nuevo estudio liderado por investigadores de ICREA, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Universidad de York ha revelado la prueba directa más antigua del consumo de alimentos por el género Homo en la placa dental de la mandíbula de un hominino de 1,2 millones de años, recuperada por el equipo de investigación de Atapuerca en 2007, en el yacimiento de Sima del Elefante.

Los-primeros-humanos-europeos-no-usaban-fuego-para-consumir-alimentos_image_380En el análisis de los microfósiles incrustados en la placa dental de uno de los molares, los científicos identificaron trazas de tejido animal crudo, granos de polen de una especie de pino, gránulos de almidón crudos que indican el consumo de plantas herbáceas gramíneas, fragmentos de insectos y esporas fúngicas. Hallaron también un resto de fibra vegetal no comestible junto a un surco interdental, lo que sugeriría su posible uso como palillo dental.

El estudio, publicado en The Science of Nature, demuestra así que ninguno de los restos había sido sometido al fuego, y tampoco se encontró evidencia de la inhalación de microcarbón, lo que normalmente es un claro indicador de proximidad al fuego.

“Obtener pruebas de cualquier aspecto de la vida de los homininos de hace más de un millón de años es un gran reto. En este trabajo hemos podido demostrar que los europeos más antiguos de Europa entendían y explotaban su entorno para obtener una dieta equilibrada hace 1,2 millones de años, comiendo diversidad de alimentos y combinando plantas ricas en almidón –carbohidratos– con carne”, explica Karen Hardy, profesora investigadora ICREA en la UAB, que ha liderado el estudio.
Los microfósiles identificados en la mandíbula de Atapuerca. / Karen Hardy
Comienzo del uso del fuego para cocinar

El momento en que se empezó a usar el fuego para cocinar alimentos es un tema de controversia. Algunos investigadores lo sitúan alrededor de hace 1,8 millones de años, mientras otros sugieren que fue posterior, hace entre 300.000 y 400.000 años. 

Referencia bibliográfica:
 “En algunos yacimientos muy antiguos de África se han hallado posibles evidencias del uso del fuego. Sin embargo, la falta de pruebas en la Sima del Elefante sugiere que este conocimiento no lo tenían los primeros homininos que abandonaron el continente africano. En Europa, las pruebas más antiguas del uso del fuego datan de 800.000 años, en el yacimiento de Cueva Negra (Murcia) y luego poco después en Israel, en el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov. Todo ello nos hace pensar que el desarrollo de las técnicas para controlar y usar el fuego tuvo lugar en algún momento entre hace 1,2 millones y 800.000 años, lo que revela una nueva cronología sobre cuándo los primeros humanos empezaron a cocinar los alimentos”, destaca Hardy.

Conocer cuándo se produjo el uso intencionado del fuego tiene implicaciones significativas para ayudar a entender la evolución humana, porque los alimentos cocinados proporcionan mayor energía y su uso para cocinar puede estar vinculado al rápido incremento en el tamaño del cerebro ocurrido a partir de hace 800.000 años.

“Esta nueva cronología también se correlaciona bien con investigaciones previas que hemos liderado en las que hipotetizamos que el momento en que se empezaron a cocinar alimentos está vinculado a la multiplicación del gen de la amilasa salival, necesaria para procesar el almidón cocinado, y que estos productos ricos en almidón fueron un elemento esencial para facilitar el desarrollo cerebral. Contrariamente a la creencia popular sobre la “paleodieta”, el papel de los carbohidratos en la dieta del Paleolítico fue importante”, concluye la investigadora.

Para Anita Radini, investigadora de la Universidad de York, los resultados como “fascinantes", porque destacan el potencial del cálculo dental para almacenar información alimenticia y medioambiental del pasado evolutivo humano. "También resulta interesante ver que el polen está preservado a menudo en mejores condiciones que en el suelo de la misma época. Es, en general, un paso muy positivo en la disciplina por lo que se refiere a la preservación de material en la matriz del cálculo”, subraya Radini.

En el estudio, publicado en The Science of Nature, han participado también investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), la Universitat Rovira i Virgili y la Sydney University (Australia).
Karen Hardy,  Anita Radini, Stephen Buckley, Ruth Blasco, Les Copeland, Francesc Burjachs, Josep Girbal, Riker Yll, Eudald Carbonell, Jose María Bermúdez de Castro. "Diet and environment 1.2 million years ago revealed through analysis of dental calculus from Europe’s oldest hominin at Sima del Elefante, Spain". The Science of NatureDOI 10.1007/s00114-016-1420-x.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

yo le hablo a mis plantas y no estoy chiflado

¿La neurología de las plantas?

 
Compartir
Si alguien nos pidiera examinar una foto de la sabana africana -con jirafas, antílopes y cebras por todas partes- y apuntar en un papel lo que hemos visto en ella, lo más probable es que en nuestra descripción no haya rastro alguno de plantas pese a que la imagen estaría llena de árboles, arbustos y hierbas. Este sesgo hacia los animales es tan común que existe un término para él: ceguera vegetal. Estudiada en los años 90 por los botánicos James Wandersee y Elizabeth Schussler, consiste en una “incapacidad para ver o notar las plantas que viven en nuestro entorno, lo que implica que no reconocemos su importancia en la biosfera y en nuestras vidas”.
Es un fenómeno paradigmático, ya que “si mañana desaparecieran las plantas del planeta, en un mes toda la vida se extinguiría”, defiende Stefano Mancuso, profesor de la Universidad de Florencia.
Sin ellas, el ecosistema colapsaría, “no tendríamos alimento, ni oxígeno, ni siquiera combustibles” Por ello resulta alarmante que un quinto de las especies vegetales se encuentren en vías de extinción. Con más de una década de investigación a sus espaldas, Mancuso es uno de los pocos científicos dedicados a un campo de investigación sorprendente y envuelto en polémica: la neurología vegetal. El estudio de la inteligencia de las plantas es, para muchos, una especie de pseudociencia. No obstante, quienes se dedican a ello afirman que traerá una nueva revolución agrícola, técnicas novedosas de gestión medioambiental y una visión distinta de nuestro lugar en el mundo.
Y esta cuestión no es flor de un día: el mismísimo Charles Darwin se interesó por investigar las plantas, y su hijo, Francis Darwin, fue uno de los primeros expertos en fisiología vegetal. Este, en un discurso proferido en 1908 en el Congreso de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, llegó a afirmar que son seres inteligentes, para escándalo de la mayoría de los botánicos.
Hoy, el vocabulario que se usa en esta rama de la investigación sigue rodeado de polémica. Poco después de su formación, en 2006, la Sociedad de Neurobiología Vegetal se vio forzada a cambiar su nombre por el de Sociedad de Señalización y Conducta Vegetal. Y el simple uso de la palabra inteligencia al hablar de plantar da pie a duras críticas.
Mancuso, quien se niega a cambiar el nombre del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal (LINV), que lidera en la citada universidad italiana, tampoco se arredra a la hora de plantearse la pregunta de si las plantas son inteligentes. ¿Su respuesta? “Todo depende de cómo definamos la inteligencia. Yo la veo como la capacidad de resolver problemas. Y se sabe que las plantas son capaces de hacerlo. Si no, no sobrevivirían. Así que sí, sin duda son inteligentes”, argumenta. En su último libro, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal (2015), ofrece un sinfín de ejemplos que buscan dar a los lectores la posibilidad de juzgar a las plantas por sí mismos
“Los hallazgos de los últimos cincuenta años han arrojado luz sobre sus increíbles capacidades” defiende. Sin embargo, se han visto eclipsados por la controversia, puramente terminológica, que nada tiene que ver con los resultados experimentales. Para él, “las plantas son tan distintas de los animales que es casi como estar en contacto con una cultura alienígena”.
Una opinión que tal vez habría compartido Charles Darwin. Convencido de que el mundo vegetal era extraordinario, buscó entender cómo interaccionan las plantas con el medio y qué influencia tienen en su crecimiento estímulos externos. Con la colaboración de su hijo, publicó sus resultados en un libro: El poder del movimiento de las plantas (1880). Pero en su época se veía a los vegetales prácticamente como objetos inanimados, y ridiculizaron sus esfuerzos.
En la actualidad, conocemos secretos vegetales inimaginables entonces. Aunque ¡cuidado!, también hay mucha desinformación. En contra de la creencia popular, “no sirve de nada hablarle a las plantas”, afirma Mancuso. “Sólo perciben vibraciones”, y reaccionan a diferentes frecuencias.
De acuerdo con un artículo publicado en 2012 en la revista Trends in plant Science, las raíces se decantan por las frecuencias más bajas, entre 100 y 400 hercios, y crecen en dirección a las fuentes de sonido. “En torno a 300 hercios, es parecida a la produce el agua fluyendo”, especula Mancuso, que participó en este estudio. Y añade: “Las raíces crecen en dirección a tuberías por donde circula agua, incluso cuando su superficie exterior está seca. Puede que sean capaces de escucharla, y que la asocien con esta frecuencia”.
La parte aérea del vegetal no se interesa por el habla, ni por la música, pero, gracias a la misma capacidad auditiva, detecta si alguien se está comiendo sus hojas y, lo más curioso, sabe defenderse. “Las vibraciones producidas por una oruga al alimentarse inducen cambios en el metabolismo de la plana”, explica Heidi Appel, descubridora de este fenómeno. “Son una seña para que las células sinteticen sustancias químicas defensivas para repeler el ataque”. El grupo de investigación liderado por esta experta en la Universidad de Misuri (EEUU) grabó los sonidos producidos por una oruga mientras roía las hojas de una arabidopsis. Lo curiosos es que la reproducción de esos sonidos cerca de un ejemplar libre del ataque también inducía la producción de aceite de mostaza, el compuesto defensivo usado por esta crucífera.
Por ahora, se ignora si existen más señales de este tipo, pero una investigación de 2012 desveló que las plantas son capaces de producir sonidos. Mientras crecen, las raíces emiten clics, “resultado de la rotura de las paredes celulares -hechas de celulosa y, por lo tanto, bastante rígidas- durante el crecimiento de las células”, explica Mancuso. Su función, si es que existe, se desconoce. Sin embargo, el hecho de que se hayan identificado vibraciones capaces de influir en el comportamiento vegetal abre la puerta a la posibilidad del clicking, nombre con el que se ha bautizado este fenómeno, pueda ser algo más de lo que aparenta.
La estrategia defensiva de la arabidopsis la emplean también otras especies. el mundo vegetal está lleno de químicos experimentados, capaces de sintetizar compuestos tan eficaces que algunos son utilizados en la medicina. Aún así, encierran secretos que solo ahora empezamos a desvelar.
En el caso de las flores, la emisión de fragancias está relacionada con la reproducción. Y estudios recién indican, por ejemplo, que los compuestos volátiles producidos por las hojas son llamadas de auxilio, como es el caso del inconfundible aroma del césped recién cortado.
En la Universidad de California en Davis, (EEUU), el ecólogo Richard Karban estudia estas comunicaciones en el pequeño arbusto Artemisa tridentata. Al realizar podas controladas, que emulan la acción de los insectos, demostró que las plantas podadas a principios de primavera generan una mayor cantidad de sustancias volátiles, que las protegen frente a las plagas. Curiosamente, como ocurría con las arabidopsis, una planta cercana que no haya sido podada también adquiere esa protección. ¿Estarán hablando entre ellas? No exactamente. “Como la señalización entre distintas ramas de un mismo arbusto es limitada, el uso de compuestos volátiles garantiza que, en el caso de un ataque, todas las hojas de una misma planta activen sus defensas”, argumenta el científico. “Siempre atentas a lo que hacen sus vecinas -continúa-, las demás detectan la presencia de estos químicos en el aire y, para no caer víctimas del mismo agresor, ponen en marcha una estrategia de defensa preventiva, especialmente eficaz cuando existe algún tipo de relación de parentesco.
Las plantas defienden su territorio. Cuando varias semillas germinan en una misma maceta, lo normal es que cada una desarrolle un número de raíces muy elevado para garantizar que dispone de más recursos que sus competidoras. Sin embargo, según un estudio publicado en 2007, en la revista Nature, si las semillas son hijas de una misma planta, reconocen el parentesco y desarrollan una mayor parte aérea, en detrimento de las raíces. En sintonía con estos datos, Karban observó que cuanto más estrecha era la relación genética entre las plantas, mayor era la probabilidad de que respondieran a una señal cercana.
“La composición de estos producto químicos parece ser heredada, como ocurre con los tipos sanguíneos humanos” explica. Al fin y al cabo, mejorar las probabilidades de sobrevivencia de los familiares es una estrategia eficaz para garantizar que los genes compartidos llegan hasta la siguiente generación.
Pero el diálogo bioquimico se lleva a cabo también en otros contextos. En la Universidad de Ben-Gurion de Israel un grupo de biólogos especializados en estudiar cómo se adaptan las plantas al desierto ha descubierto que el guisante común, Pisum sativum, detecta si una planta vecina padece síntomas de sequía y reacciona cerrando los estomas, unos pequeños poros presentes en la superficie de las hojas, que son la principal vía de pérdida de humedad. La única condición es que ambos vegetales compartan suelo, ya que la señal de sequía es un compuesto liberado por las raíces.
Además, según explica el artículo, publicado en la revista PLOS ONE, “los resultados sugieren la existencia de una comunicación en cadena”. Los guisantes no solo responden al infortunio de sus vecinos, sino que pasan también a emitir señales de estrés, detectados por individuos cada vez más alejados de la fuente primaria.

Pedir ayuda

Durante siglos, hemos ignorado la existencia de estos intercambios de información. Sin embargo, los animales han sido perspicaces. para muchos insectos, como avispas, chinches e incluso pequeños gusanos, el aroma que libera una planta en apuros equivale a un grito de “¡La comida está servida!”, conveniente y difícil de ignorar.
En 2010, investigadores del Departamento de Ecología Molecular del Instituto Max Planck elucidaron las complejidades de una de estas relaciones. Según cuentan en la revista Science, cuando las orugas de la especie Manduca sextaatacan a la Nicotiana attenuata, esta prima salvaje del tabaco se defiende liberando compuestos que atraen al Geocoris, un chinche de apetito voraz y entre cuyo bocados favoritos están las orugas.
Estamos ante un lenguaje complejo y bastante sutil, porque, aunque la planta sintetiza la molécula volátil pertinente, el compuesto que atrae al Geocoris solo se genera cuando esa molécula entra en contacto con la saliva de las orugas y sufre una alteración química que la transforma en un poderoso imán de chinches. Así, la oruga se condena a sí misma, y la presencia del depredador le da a la plana el tiempo que necesita para fabricar a toda prisa su arsenal químico de defensa.

El aborto selectivo

Teniendo en cuenta el gasto energético que supone la síntesis de estos compuestos, Mancuso defiende que comportamientos como estos forman “una auténtica expresión de inteligencia, que denotan un cálculo de riesgos y una previsión de beneficios”. Una opinión polémica, muy en la línea de casi todo lo que defiende el científico italiano. La toma de decisiones es una capacidad cognitiva tan compleja que pocos se atreven a afirmar que exista en el mundo vegetal. Sin embargo, cada vez más estudios sugieren que las plantas son capaces de decidir en función de las circunstancias y adoptar estrategias que permitan, por ejemplo, maximizar la probabilidad de tener descendencia.
El mejor ejemplo de ello es el caso del arbusto Berberis vulgaris, descubierto por científicos de la Universidad de Gotinga, en Alemania. El agracejo, nombre común de esta especie, padece con cierta frecuencia el ataque de una diminuta mosca que incuba sus huevos en el interior de los frutos. Las larvas se alimentan de las semillas, pero, como cada fruto suele contener un par de semillas, cuando esto ocurre, la planta aborta a la infectada y mata al parásito. Sin embargo, el aborto selectivo solo ocurre cuando el fruto atacado dispone de  una segunda semilla en condiciones de germinar.
Si solo hay una, “la planta parece especular que existe la posibilidad de que la larva muera de forma natural. Una ligera posibilidad de reproducción es mejor que nada”, señala el biólogo Hans-Hermann Thulke, que estudió esta relación. Según los datos recogidos, únicamente el 5% de los frutos de una sola semilla son abortados si sufren una infección parasitaria, mientras que, cuando hay dos por fruto, un 75% de las infectadas se descartan. Este proceso de toma de decisiones es uno de los más complejos registrados hasta la fecha en el mundo vegetal.
“Las plantas ven sin ojos, escuchan sin oídos, y prueban y huelen su entorno”, explicó Mancuso en una charla en Madrid en 2015. No tienen estructuras comparables a nuestros órganos especializados, aunque tampoco los necesitan. Para el italiano, los órganos están sobrevalorados, cerebro incluido.

CUANDO LA PICHA SIEMPRE ESTABA DURA Y SIN VIAGRA

Por qué perdió el hombre el «hueso» del pene

Nuestros parientes evolutivos más cercanos, los chimpancés y los bonobos, sí lo tienen. Sus costumbres sexuales pueden ser el motivo

.
La mayoría de los machos mamíferos tienen un hueso en el pene llamado báculo, descrito como «el más diverso de todos los huesos», ya que varía mucho en longitud, anchura y forma entre las especies. Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés y los bonobos, con quienes compartimos un altísimo porcentaje del genoma, también han recibido esa lotería evolutiva, lo que les permite la penetración en ausencia de erección. Sin embargo, los varones humanos carecen de esa característica. En eso son como los conejos o las hienas. No hay debate ni duda posible, en nuestra especie, el hueso del pene es solo una fantasía sexual.

Pero si algunos primates disponen de ese hueso, ¿qué le ha ocurrido al ser humano para sufrir semejante pérdida? ¿Sale ganando con la ausencia? ¿Supone una ventaja? Un equipo de investigadores del University College de Londres ha rastreado la historia evolutiva del báculo a través del tiempo y resulta que se desarrolló por primera vez hace entre 145 millones y 95 millones de años, según publican en la revista Proceedings of the Royal Society B. Eso significa que estaba presente en el ancestro común más reciente de todos los primates y carnívoros.


Para los autores del estudio, que algunos descendientes, como los humanos, perdieran su báculo puede deberse a las diferencias en las prácticas de apareamiento, explica la web de la revista «Science». En los primates, la presencia del hueso del pene está fuertemente relacionada con una mayor duración de la penetración, del tiempo que el pene pasa dentro de la vagina durante el coito. Estas penetraciones más prolongadas a menudo se producen en las especies con prácticas de apareamiento polígamas, donde varios machos se aparean con múltiples hembras, como ocurre en los bonobos y los chimpancés, pero no en los seres humanos.

Una hembra ocupada
Estas prácticas con tantos protagonistas involucrados crean una intensa competencia para la fertilización, y una manera que tienen los machos de reducir el acceso a una hembra a compañeros adicionales es, esencialmente, tenerla ocupada. Es decir, pasar más tiempo manteniendo relaciones sexuales con ella ellos mismos y asegurarse la transmisión del propio material genético. ¿Y qué papel juega aquí el hueso del pene? Pues facilitar el apoyo del miembro durante el acto sexual y mantener abierta la uretra, lo que permite el paso del semen.

Los chimpancés y los bonobos tienen un báculo muy pequeño (entre 6 y 8 mm) y penetraciones de corta duración (alrededor de 7 segundos para los chimpancés y 15 segundos para los bonobos). Sin embargo, se caracterizan por ser polígamos, por lo que los varones experimentan altos niveles de competencia después de la copulación. Los investigadores sugieren que esto puede ser la razón por la que estas especies han retenido el báculo, aunque sea pequeño.

«Después de que el linaje humano se separara de los chimpancés y los bonobos y nuestro sistema de apareamiento se desplazara hacia la monogamia, probablemente después de hace 2 millones de años, las presiones evolutivas para retener el báculo probable desaparecieron. Esto pudo haber sido el último clavo en el ataúd del báculo ya disminuido, que se perdió en los seres humanos ancestrales», señala el antropólogo Kit Opie, coautor del estudio.

Una investigación publicada en la revista «Nature» por científicos norteamericanos hace unos años apuntaba que la pérdida de ciertos fragmentos de ADN durante la evolución puede ser la razón de que los hombres tengan un hueso sin pene, unas ausencias que, curiosamente, también parecen habernos dejado sin los bigotes sensoriales que tienen algunos animales. Los resultados pueden haber pavimentado el camino hacia la pareja monógama y la formación de una estructura social compleja, necesaria para criar a los completamente indefensos bebés humanos.


martes, 13 de diciembre de 2016

COMEMOS COMO LA MIERDA Y CASI MIERDA

Entrevista al Dr. Julio Montero | 

“Los chicos están siendo maltratados alimentariamente, se van a convertir en esclavos alimentarios”

El pensamiento de un especialista en nutrición que se propone cuestionar el "sentido común" y la aplicación automática de recomendaciones sin evidencias sólidas

Fuente: IntraMed 
No debe haber un área de la medicina con más controversias que la nutrición. Al respecto hay dos tipos de profesionales: los que aceptan las recomendaciones como "verdades sagradas" y las reproducen sin cuestionarlas y, los que las someten a crítica y buscan el significado de las evidencias que las sustentan. El Dr. Julio Montero aplica el método científico para desnudar las debilidades de mucho de lo que se ha instalado como sentido común alimentario. Los dramáticos resultados epidemiológicos de las patologías vinculadas a la alimentación hacen imprescindible que alguien con fundamento, inteligencia y coraje reflexione acerca de lo que creemos y sacuda el sueño narcótico de la inercia o la mera complicidad. Una entrevista cargada de ideas reveladoras que usted no debería perderse.

Entrevista: Dr. Ricardo Mastandueno, Ary Kaplan Nakamura