Los neandertales asturianos usaban 'aspirina' y un antibiótico natural
Una de las dentaduras con sarro analizadas, con restos del hongo 'Penicillium' MNCN-CSICLa penicilina
revolucionó la medicina al permitir combatir de forma eficaz las
infecciones. Aunque su descubrimiento se atribuye a Alexander Fleming en
1928, desde la antigüedad diversas culturas conocían ya las propiedades
antibióticas de algunas especies de hongos que sintetizan de forma
natural penicilinas. Ahora, el análisis del sarro acumulado en la
dentadura de los neandertales que vivieron en el territorio que hoy es
Asturias sugiere que ya hace 49.000 años se medicaban utilizando uno de estos antibióticos naturales, el hongo Penicillium.
El
ADN de esta especie de hongo ha sido detectado en la placa dental
calcificada, la más antigua analizada hasta la fecha. Asimismo, parece
que los neandertales -una especie de homínido que se extinguió hace
entre 30.000 y 24.000 años- también conocían las propiedades analgésicas del ácido salicílico,
pues los científicos han hallado en la placa acumulada en su dentadura
restos de ADN del álamo, un árbol cuya corteza, raíces y hojas contienen
el ingrediente activo de la famosa aspirina.
«Probablemente paliaban el dolor y combatían las infecciones masticando hierbas mohosas que contenían esos hongos que producen los antibióticos,
aunque lógicamente no los tendrían aislados», afirma Antonio Rosas,
investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y
coautor de este estudio, publicado esta semana en la revista Nature.
Se trata de una investigación interdisciplinar e internacional en la
que también participan científicos de la Institución Catalana de
Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), el Instituto de Biología
Evolutiva (CSIC-Universidad Pompeu Fabra) y la Universidad de Oviedo.
El estudio, publicado esta semana en la revista Nature, es el primero que demuestra la presencia de álamo y del hongo Penicillium,
tanto en neandertales como en homínidos aunque, según recuerda Karen
Hardy, coautora del estudio, ya se sabía que los neandertales tenían un
buen conocimiento de las plantas de su entorno y usaban algunas de ellas
como medicinas. Hardy, investigadora del ICREA, lideró en 2012 un
estudio sobre el uso que los neandertales hacían de ellas: «Encontramos
milenrama (Achillea millefolium) y manzanilla (Matricaria chamomilla), plantas con muchas cualidades medicinales. Propusimos que las usaban para automedicarse», explica.
Un botiquín en la naturaleza
La milenrama o Achillea
recibe su nombre de Aquiles, pues se dice que durante la guerra de
Troya curó a muchos de sus soldados y al rey de Micenas con esta planta
capaz de detener las hemorragias. La manzanilla es bien conocida por sus
propiedades digestivas, aunque también es sedante, tónica y
antiespasmódica. Por ello, el hallazgo ahora de un hongo con propiedades
antibióticas y de una planta que contiene el principio activo de la
aspirina no ha soprendido a Hardy: «Todos los animales se automedican», señala.
Según
detalla Antonio Rosas en conversación telefónica, el estudio se inició
con cinco individuos, aunque los resultados interesantes proceden de
tres: dos de ellos encontrados en la cueva asturiana de El Sidrón y otro
del yacimiento de Spy (en Bélgica), con una antigüedad de 42.000 años.
El
yacimiento de El Sidrón, en la localidad asturiana de Piloña, fue
descubierto en 1994 y desde entonces se han recuperado alrededor de
2.500 restos óseos pertenecientes a una docena de individuos: «Es muy
singular porque han aparecido muchos restos en muy poco espacio», señala
Rosas. El sarro de los dientes conserva durante miles de años el ADN de los microorganismos que vivieron en la boca,
los patógenos del tracto respiratorio o de los restos de comida que
ingería un individuo. Por eso, a partir de su análisis se puede
determinar también algunas de las enfermedades que padecían o los
alimentos que componían su dieta. La comunidad de bacterias que hay en la boca, dice Rosas, varía en función de la dieta.
En este estudio se ha comparado la comunidad de bacterias de los
neandertales que vivía en Asturias y en Bélgica con la de poblaciones
humanas y de especies animales como el chimpancé.
Setas, piñones y musgo en la dieta
Mientras en los dientes de los neandertales de el
Sidrón hay restos de setas, piñones y musgo, en la de los belgas han
hallado ADN de rinocerontes y muflones: «Nos ha sorprendido que no hubiera restos de carne en los dientes de El Sidrón
porque en todos los yacimientos neandertales hay restos de animales.
Debían comer carne aunque en una proporción muy inferior a los del norte
de Europa, que fueron tipificados como hipercarnívoros, con una dieta
similar a la de un lobo o una hiena», dice Antonio Rosas.
La
cantidad de carne consumida ha marcado la diferencia en la composición
de la comunidad microbiana de la boca de los neandertales estudiados. La
de los individuos de la cueva asturiana es parecida a la de los
chimpancés y nuestros ancestros recolectores africanos, mientras que la
de los neandertales de la cueva belga se asemeja a la de los primeros
cazadores-recolectores y bastante próxima a los primeros agricultores y
humanos modernos.
Del primer individuo de El Sidrón, un varón adulto de entre 20 y 25 años,
se conserva el maxilar y la mandíbula. Este neandertal tenía un absceso
en uno de los dientes, que debía causarle dolor, un canino impactado
(no salió y está dentro del hueso) y conserva el molar de leche. El
análisis del sarro ha detectado secuencias del patógeno Enterocytozoon bieneusi, que en humanos causa problemas gastrointestinales, incluidas fuertes diarreas. "Probablemente tenía una infección y dolor crónico",
dice Antonio Rosas. Además, los incisivos y los caninos tienen
desconchones de esmalte, probablemente porque retocaba los filos de los
instrumentos de piedra con la boca. Curiosamente habíamos encontrado
también restos de bitumen en el sarro. Los restos de las mencionadas
plantas medicinales encontrados en sus dientes le habrían ayudado a
paliar el dolor.
El segundo individuo analizado en El Sidrón es una mujer adulta, joven, de unos 25 años aproximadamente.
Los autores del estudio han reconstruido también el genoma prácticamente completo de una bacteria (Methanobrevibacter oralis) de hace 48.000 años, el más antiguo obtenido hasta la fecha.
En
la misma línea que otras investigaciones recientes, este estudio
confirma que los neandertales tenían un nivel de desarrollo superior a
lo que hasta hace algunos años se pensaba en la comunidad científica:
«Se presentaban como primitivos y retrasados. Eran una especie humana
diferente a la nuestra pero sus capacidades adaptativas y su cultura
eran similares a la nuestra», afirma Rosas.
El matadero de Liniers,
en pleno Buenos Aires, genera controversia, es criticado por sus olores y
contaminación, pero también es la principal fuente de ingresos de los
vecinos
Sinfiltros.com: El Mercado de Liniers en Buenos Aires.
Sinfiltrostrata el asunto de la contaminación que produce un punto clave de la industria de la carne en el barrio de Mataderos en Buenos Aires. Algunos quieren reubicarlo, pero para otros este mercado es el único medio que tienen para subsistir.
La historia de este barrio bonaerense gira alrededor del mercado de hacienda que hoy es origen de conflictos: los olores, la contaminación sonora y los vertidos orgánicos que tira al río frente a los vecinos que aseguran que es la principal fuente de ingresos de la zona por el trabajo que genera.
En el céntrico barrio de Mataderos, en Buenos Aires, nos encontramos con un predio de 34 hectáreas: el Mercado de Liniers. Creado en 1900, este Mercado de Hacienda es una extensión del campo en la ciudad. Gaucho, tierra y bosta. Hoy en día el mercado funciona como centro de trasbordo y corrales de animales. Es único en el mundo.
PRINCIPAL PUNTO DE COMPRA Y VENTA
A
las 7 de la mañana empiezan los remates. Los reseros a caballo arrean a
las vacas para encerrarlas en corrales. Algunos animales no llegan en
buen estado. El olor a excremento y orina invade todo el predio. Las vacas están amontonadas y después de una espera de varias horas las guían a los camiones para ir al frigorífico.
Tráfico y polución
El barrio de Mataderos se despierta con el ruido de centenares de camiones que llegan al predio repletos de vacas, novillos y toros. Cada
jornada circulan y estacionan en su entorno más de 800 camiones que
producen un alto impacto en la calidad ambiental de la zona.
El mercado es el principal punto de compra y venta de carne del país. En los remates se fijan los precios de referencia que inciden en las ventas de todo el país. El martillero dirige el remate y va cantando los precios. El proceso es muy rápido ya que en dos horas se rematan más de 8.000 animales. Las grandes cadenas de supermercardo como Carrefour o Coto compran su carne en el Mercado.
EN EL CENTRO DE LA CIUDAD
La
historia de Mataderos siempre giró alrededor del Mercado de
Hacienda pero empezaron a aparecer conflictos: los olores, la
contaminación sonora, visual y los vertidos orgánicos al río. Según los
expertos medioambientales, cientos de toneladas de bosta, orina y sangre
llegan a la cuenca Matanza-Riachuelo por vía de los desagües."Es muy
atípico que en el siglo XXI, un mercado de Hacienda, y todas las
actividades que conlleva, esté en pleno centro de una ciudad",
explica Andrés Napoli, director ejecutivo de FARN (Fundación Ambiente y
Recursos Naturales). Sin embargo, los vecinos del barrio aseguran que
es la principal fuente de ingresos de la zona y que genera muchos
puestos de trabajo. "Vivimos de ello", afirma un residente.
PERJUDICIAL PARA EL MEDIO AMBIENTE
El mercado ha sido declarado "agente contaminante" por asociaciones ecologistas como Greenpeace. El Gobierno de Buenos Aires ha aprobado la reubicación del predio por cuestiones ambientales, pero nadie sabe cuándo ni dónde se va relocalizar el mercado, un lugar emblemático que siempre generó amor y odio en el barrio de Mataderos.
No saber
La incertidumbre y el método de una profesión caníbal
Autor: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed
Un enfermo que no está bien pero que no muestra nada evidente es todo un desafío. Sabés que tiene algo pero ignorás qué. Pasás una hora interrogándolo con las mismas preguntas. “Empecemos otra vez desde el principio”, le insistís. Lo examinás otras tantas veces. Pedís análisis de laboratorio que no muestran nada concreto. Fiebre persistente sin leucocitosis, sin neutropenia, sin linfocitosis, sin sedimento urinario alterado, sin semiología respiratoria, ni digestiva, sin signos meníngeos, sin adenopatías, sin foco. ¡Fiebre, fiebre, fiebre! También se queja de agotamiento, desaliento, negativismo, anorexia, mialgias. ¡Tiene que tener algo y yo tengo que encontrarlo! Te alentás al mismo tiempo que te culpás. Vas construyendo una lista: infección urinaria; brucelosis, mononucleosis, citomegalovirus, tuberculosis, endocarditis, leptospirosis, micosis profundas, linfoma, vasculitis, fiebre paraneoplásica, hipotalámica, hipertiroidea, farmacológica, psicógena. ¿Lo interno? Mejor hago un registro horario de la temperatura en su domicilio primero. ¿Lo cultivo? Mejor espero un par de días para ver si se focaliza.
¿Por qué no me voy a dormir y mañana lo pienso otra vez? Cerrás los ojos. Pero ves citoquinas, granulocitos, esplenomegalia, hepatocitos, anticuerpos, virus y bacterias. Querés café, cerveza, chocolate. Vas hasta la cocina, abrís la heladera pero te das cuenta de que no tenías hambre ni sed. Querés salirte del caso por un momento para volver a él más despejado. Pero nada. No lo lográs. Él manda, vos obedecés. Te volvés a acostar. No podés dormir. Te levantás. Abris el Harison en el capítulo de FOD (fiebre de origen desconocido). Leés, leés, leés otra vez lo que ya sabías de memoria. Hiciste todo lo que había que hacer. Paso a paso, con prudencia.
Te acordás de un viejo maestro que te decía: “No te apures, tenés que esperar a los enfermos hasta que la enfermedad hable a través de ellos”. Era un viejo sabio y campechano: “escuchalos, observalos, tocalos, permanecé atento y concentrado hasta que la liebre asome la cola”. Apoyaba su mano enorme sobre mi hombro y me decía: "lo importante es que el enfermo mejore, no que vos ganes una medalla para tu autoestima". Claro, lo entendés, es verdad. Pero no podés evitarlo. También es un desafío personal. Esperar es la medida de la incertidumbre clínica; pero para mí es el mapa de mi ignorancia. ¡Tengo que saber!
Por la mañana vas a su casa, te plantás ante la cama del enfermo y desplegás toda la agudeza sensitiva e intelectual de la clínica. Sos un cazador al aceho. Te erizás. Agudizás tus sentidos buscando signos de alarma. Activás tus radares para encontrar la "cola de la liebre". Planteás hipótesis y las contrastás con los hechos. Las refutás hasta las últimas consecuencias. Deducís, inferís, abducís. Sos Sherlok Holmes, Auguste Dupin, Charles Sanders Peirce, Osler, Popper, Bunge, House. Pero volvés al punto de partida. Andás en círculos, mordiéndote la cola.
El enfermo te mira, su mujer te mira, sus hijos te miran, vos te mirás en sus ojos. "Tranquilos, hay que saber esperar. La naturaleza tiene sus tiempos"; les decís como si creyeras en eso. "Hay casos que se resuelven solos sin intervención del médico, el cuerpo es sabio". Vis medicatrix naturae.
Te acercás a la ventana de la habitación. Querés pensar sin esos ojos clavándose en los tuyos. Allá abajo, en la calle, un hombre joven se baja de un camión y descarga dos medias reses en una carnicería. Las lleva como si fueran de pluma. Tiene un trapo blanco sobre los hombros manchado de sangre oscura para proteger su ropa. ¿Y si yo fuera él?, pensás.
Este profesión te come la cabeza. Es caníbal. No tiene horario. No te da tregua. Te chupa hasta la última gota de voluntad. Le exige a tus sentidos y a tu razón todo lo que tengan para dar. Tenés información, podés explicarte la fisiología, imaginar sus consecuencias, recitar causas y síntomas. Listas interminables de datos que orbitan en tu cabeza. Tipos de ictericia, causas de onda R alta en V1 en el ECG, ramas intra y extracraneales de la carótida, el score de Framingham, el de Galsgow, el de Hunt y Hess, los criterios de Jones. Todo perfecto, prolijo, vuelve a tu memoria cada vez que lo llamás. Sabés que hay una fase inmediata de intuiciones rápidas. El diagnóstico aparece como si se encendiera una luz. Pero has a prendido a desconfiar de esas iluminaciones. Entonces las cocinás en el horno de la razón. Despacio, sometiéndolas a prueba, refutándolas o confirmándolas. Otras veces esa luz no se enciende. Entonces llega un paciente y todo se pone confuso, borroso, sucio. Los criterios se superponen, los síntomas se esconden detrás de palabras que significan para él cosas diferentes que para mí. Todo se mezcla en una sopa de lenguaje, gestos, circunstancias. Traducís lo que te cuenta desde su lengua ambigua e imprecisa a tu jerga acotada e inapelable. Pero no sos idiota, sabés que gran parte de las cosas que importan se quedarán afuera. Que tu idioma pequeño y arrogante no puede nombrarlas. Cada caso es nuevo, diferente, único. La medicina te quiere entero, en cuerpo y mente. Es apasionante y agotadora. Alienante y enfermiza. Te saca del mundo. Te aleja de todo lo que importa. Es una boca inmensa y voraz. Este maldito laburo es el mejor trabajo del mundo.
El hombre que destapó el mayor escándalo de la ciencia española
Antonio
Herrera Merchán inició una investigación que acabó con el despido de
una científica premiada con dos millones de euros de la UE
El investigador cordobés Antonio Herrera Merchán, de 38 años, en su casa.
“No encuentro trabajo”, reconoce con voz frustrada Antonio Herrera Merchán,
un científico cordobés de 38 años en las filas del paro desde el 1 de
enero de 2017. Su historia no es una más en la crisis de la ciencia en
España. El investigador está en la calle tras tirar de la manta y
destapar uno de los mayores escándalos de la ciencia española, que
terminó hace un año con el despido fulminante
de la prestigiosa bióloga molecular Susana González López, entonces en
el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).
González acababa de recibir una ayuda de 1,86 millones de euros de la
Comisión Europea para sus vanguardistas estudios sobre las enfermedades
del corazón. Entre otros logros, había conseguido una asombrosa
recuperación de ratones con una insuficiencia cardiaca letal que afecta a
una de cada 2.500 personas adultas. Hoy, la revista científica que
publicó el avance, Nature Communications, ha anunciado la retractación
del artículo. Varias de sus imágenes estaban duplicadas y presentadas
como si fueran de experimentos distintos. Y su principal autora no ha
enmendado los supuestos errores. “Susana González no ha podido
facilitarnos el conjunto completo de los datos en bruto en los que se
basa el estudio”, alerta Nature Communications.
La revista 'Nature Communications' ha retractado
hoy dos estudios de la bióloga molecular Susana González por sus
irregularidades
“Fui yo quien puso en conocimiento del CNIC las dudas sobre
determinadas imágenes y experimentos que detecté”, reconoce ahora
Herrera Merchán, tras un año de silencio desde el despido de González,
ejecutado el 29 de febrero de 2016. Este enero, el Juzgado de lo Social
número 5 de Madrid ha desestimado una demanda presentada por la
investigadora y ha declarado el despido procedente, según fuentes del
CNIC, aunque la sentencia no es firme.
Todo comenzó en septiembre de 2014, durante el congreso anual de la
Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, celebrado en
Granada. Susana González daba una charla sobre su revolucionaria técnica para “rejuvenecer” corazones y Herrera Merchán asistió para saludarla después del acto.
El investigador, licenciado en Ciencias del Mar, había realizado su
tesis doctoral en el CNIC a las órdenes de González, entre 2008 y 2012.
Durante la charla en Granada, le pareció que una de las imágenes que
mostraba su antigua tutora estaba “duplicada y ampliada”, ilustrando dos
experimentos distintos en dos ratones diferentes. Se lo comentó a un
compañero y este le habló de la web PubPeer, en la que los científicos
comentan artículos de otros colegas de manera anónima. El investigador
cordobés, sin embargo, no le dio mayor importancia.
La bióloga molecular Susana González.CNIC
El 9 de marzo de 2015, Susana González publicó sus impresionantes avances en ratones en la revista Nature Communications.
Herrera Merchán no había participado en aquel trabajo, pero le echó un
ojo. Y allí estaban las imágenes que había visto en la charla de
Granada. “Vi claramente que eran exactamente las mismas, solo que una
era una ampliación de la otra. En ese momento, fue cuando me asusté y
fui a la web PubPeer”, recuerda el investigador. Apresuradamente, buscó
su nombre y el de Susana González y se quedó horrorizado. La web estaba
llena de acusaciones anónimas contra estudios de su propia tesis doctoral y contra los anteriores de González.
Muy preocupado, y tras una discusión con la bióloga molecular,
compartió su inquietud con los responsables del CNIC en enero de 2016.
Tras una breve investigación interna, Susana González fue despedida de
manera inmediata por “irregularidades”. El CNIC comunicó al Consejo
Europeo de Investigación las “presuntas malas prácticas científicas” de
González y la ayuda de 1,86 millones de euros fue suspendida ipso facto.
El caso sigue en manos del Comité Permanente de Conflicto de Intereses,
Mala Conducta Científica y Cuestiones Éticas del organismo europeo,
según un portavoz.
Un juzgado de Madrid ha declarado procedente el despido de Susana González del CNIC
Muchos estudios de la bióloga molecular están ahora en tela de juicio. También hoy, la revista Nature Communications retracta otro trabajo de González,
en el que Herrera Merchán sí es coautor, sobre las células madre
formadoras de sangre. De nuevo, aparecían imágenes duplicadas en
experimentos teóricamente diferentes. Y González tampoco disponía de los
datos originales.
Hace un mes, otra revista especializada, Cell Cycle, retiró otro estudio de González
por “irregularidades” en tres de sus figuras. La publicación informó de
que la investigadora no tenía “ni datos en bruto ni notas de
laboratorio para ninguno de los experimentos” representados en esas
imágenes. “Los demás coautores aseguran, y nosotros lo aceptamos, que no
participaron en esta omisión ni eran conscientes de ella”, añadía la
revista. Entre los cinco coautores exculpados se encontraban Antonio
Herrera Merchán, otros tres miembros del CNIC y uno más del Centro
Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
Tras su despido, Susana González, funcionaria, se reincorporó a su
plaza fija de científica titular del CSIC en el Centro de Biología
Molecular Severo Ochoa, en Madrid. Se encuentra “de baja laboral médica”
desde comienzos de julio de 2016, según confirma el director del
organismo, José Félix de Celis. La investigadora no ha respondido por el
momento a los mensajes enviados por este periódico. Hace justo un año,
González negó las acusaciones de fraude y proclamó: “Nunca me han retractado un artículo”. En este momento son tres.
“Yo tengo las manos limpias. Solo hice lo que, creo, debía hacer", afirma Herrera Merchán
Herrera Merchán reconoce que destapar el caso fue “una de las
decisiones más difíciles” de su vida. En el mundo de la ciencia, las
denuncias suelen ser anónimas. Los chivatazos sobre posibles plagios o
falsedades llegan a las editoriales científicas, a los centros de
investigación y a los periodistas especializados, pero normalmente bajo
un mismo seudónimo, Clare Francis,
adoptado por imitación desde 2010 por cientos de personas. Herrera
Merchán, sin embargo, dio la cara y denunció incluso los estudios que
llevaban su firma, a riesgo de manchar su propio nombre, lo más valioso
que tiene un científico.
“Yo no tengo nada que ver con estas manipulaciones, como deja claro la retractación de la revista Cell Cycle”,
explica. Sin embargo, lamenta, su nombre ha quedado en una especie de
“lista negra”. Poco después de que se hiciera público el despido de
Susana González, Herrera Merchán ofreció a un profesor de la Universidad
de Córdoba solicitar juntos una ayuda para la contratación de jóvenes
doctorados. “Sinceramente, no estoy interesado, ya que todo el tema de
tus artículos y el problema con Susana no lo tengo claro. Tampoco tengo
interés en saber qué ha pasado. Un saludo”, le respondió el profesor.
Desde que terminó su último contrato hace dos meses —en el centro
GENYO de Genómica e Investigación Oncológica, en Granada—, Herrera
Merchán ha acudido a tres entrevistas de trabajo, sin éxito. Está
convencido de que el escándalo en torno al caso de Susana González sigue
manchando su nombre. Ahora, sale a la palestra para proclamar su
honestidad y defender su imagen como científico. “Yo tengo las manos
limpias”, zanja. "Solo hice lo que, creo, debía hacer".
El clima y la dieta marcaron los genes de los primeros americanos
La primera migración a América a través del Estrecho de Bering dejó huellas en el genoma de los nativos americanos actuales. Según un nuevo estudio, con participación española, el frío hizo que solo unos cuantos individuos sobrevivieran a esa travesía, por lo que muchos de los descendientes de aquellos primeros colonos todavía conservan adaptaciones al clima ártico, aunque ya no les son necesarias.
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Familia inuit de Noatak, Alaska, 1929. / Edwar S Curtis.
Los primeros humanos que entraron en América por el Estrecho de Bering se encontraron con un clima y una alimentación totalmente diferentes. Un estudio publicado recientemente en la revistaPNASdemuestra que esta migración dejó huellas en el genoma de los nativos americanos, descendientes de aquellos primeros colonos. Se trata de variantes genéticas que les facilitan la digestión de las grasas, rasgo distintivo de la adaptación a clima ártico y las dietas ricas en proteínas.
"Las presiones ambientales y dietéticas que se encontraron los primeros pobladores de América los marcaron genéticamente", declara David Comas, científico en el Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona (IBE, CSIC-UPF) y director del departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) que ha participado en la investigación.
De hecho, se trata de lo que en biología evolutiva se conoce como efecto fundador. Es decir, del pequeño grupo de personas que cruzó el estrecho por primera vez, solo sobrevivieron los que tenían estas mutaciones que les permitieron subsistir. "Como resultado, todas las poblaciones que surgieron a partir de estos primeros pobladores llevan las mismas variantes genéticas", explica Comas.
Genes que permanecen en los inuit
Los inuit que viven en el círculo polar ártico todavía se benefician de esta adaptación biológica, pero los indígenas del Amazonas, que viven en un clima tropical, también las conservan. Según el experto, "el hecho de que poblaciones actuales contengan adaptaciones del pasado no es necesariamente negativo, pero puede comportar disfunciones en el metabolismo".
Estas mutaciones ya se habían visto en los inuit, pero ahora también se ha encontrado con altas frecuencias en muchas de las 53 poblaciones actuales y prehistóricas que se han estudiado, incluyendo tribus del Amazonas y pueblos nativos de América del Norte. Al estar en casi todas, los científicos creen que la adaptación sucedió en una población ancestral, antes de cruzar el estrecho, y que entonces se seleccionó debido a las condiciones ambientales.
Entender cómo la selección natural ha perfilado nuestra fisiología actual en respuesta a cambios del clima, dieta y enfermedades del pasado permite entender la composición genética actual de los humanos en relación a la susceptibilidad de diferentes enfermedades.
Un simple análisis de sangre para localizar dónde crecen los tumores
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Un grupo de bioingenieros de la Universidad de California en San Diego ha desarrollado un test sanguíneo que detecta el cáncer y localiza el lugar donde está creciendo el tumor. El nuevo análisis permitiría un diagnóstico temprano y evitaría así el uso de técnicas invasivas que requieren cirugía.
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La técnica evitaría métodos de detección invasivos como la biopsia. / Fotolia
Hasta ahora, los análisis de sangre puede detectar el cáncer al identificar el ADN liberado por las células tumorales que mueren. Sin embargo, no indican dónde reside el tumor.
Una nueva prueba desarrollada por bioingenieros de la Universidad de California en San Diego (EE UU) ayuda a localizar en qué parte del cuerpo está creciendo el tumor. Se trata de un análisis de sangre que detecta el cáncer de manera precoz sin necesidad de técnicas invasivas. Los resultados se publican hoy en la revista Nature Genetics.
Cuando un tumor comienza a extenderse por una parte del cuerpo compite con las células normales por los nutrientes y el espacio, matándolas en el proceso. El ADN de estas células moribundas acaba en el torrente sanguíneo y se pueden usar para descubrir el tejido afectado.
Los investigadores descubrieron una nueva pista en la sangre que podía ayudar a detectar las células tumorales e identificar dónde se están desarrollando. El método de la universidad estadounidense encontró una firma de ADN concreta: los haplotipos de metilación CpG dentro de las moléculas de ADN.
Una base de datos de diferentes tejidos“Hicimos el descubrimiento por accidente. Buscábamos células cancerígenas para averiguar su origen, pero vimos también señales de otras células. Nos dimos cuenda de que si integrábamos los dos conjuntos de señales podíamos determinar la presencia o ausencia del tumor y dónde estaba creciendo”, explica Kun Zhang, profesor en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de California San Diego, y autor principal del trabajo.
Para poner en práctica el método, los investigadores crearon una base de datos con todos los patrones de metilación CpG de tejidos como el hígado, intestino, colon, pulmones, cerebro, riñón, bazo páncreas o sangre.
El grupo también analizó muestras tumorales y de la sangre de pacientes enfermos del Centro de Cáncer Moores de la Universidad de California en San Diego, para tener identificados una serie de marcadores genéticos específicos de la enfermedad.
Analizaron las muestras de sangre de individuos con y sin tumores buscando señales de los marcadores cancerígenos y de los patrones de metilación de los tejidos. La prueba funciona como un proceso de autenticación dual. Se necesita la combinación de ambas señales para obtener una respuesta positiva.
Aun así, el equipo es cauto. “Esto no es más que una prueba de concepto. Necesitamos trabajar con oncólogos para optimizar y refinar el método antes de llevarlo a la fase del ensayo clínico”, advierte Zhang.
Referencia bibliográfica:
Shicheng Guo, Dinh Diep, Nongluk Plongthongkum, Ho-Lim Fung, Kang Zhang, Kun Zhang. "Identification of methylation haplotype blocks aids in deconvolution of heterogeneous tissue samples and tumor tissue-of-origin mapping from plasma DNA". Nature Genetics, 2017 http://dx.doi.org/10.1038/ng.3805