sábado, 9 de septiembre de 2017


¿Cuánto cuesta un cáncer?


En España se diagnostican más de 245.000 nuevos cánceres al año. La sanidad pública realiza el tratamiento sin copago adicional. Sin embargo, los pacientes tienen que hacer frente a una batería de gastos adicionales que, sumados a la reducción de ingresos derivados de la baja laboral, suponen un reto y una dificultad añadida para las familias con menores recursos.
Beatriz de Vera | 
<p>Los pacientes deben hacer frente a otros gastos derivados del cáncer que la Seguridad Social no contempla. / © Fotolia</p>
Los pacientes deben hacer frente a otros gastos derivados del cáncer que la Seguridad Social no contempla. / © Fotolia
El cáncer es una de las primeras causas de fallecimiento en todo el mundo. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que muchas de esas muertes se pueden evitar. Según sus datos, entre el 30 y el 50% de los cánceres se pueden prevenir con hábitos saludables –como evitar el tabaco y reducir la ingesta de alcohol–, o adoptando medidas de salud pública de inmunización contra las infecciones que los causan. El resto se alivia con cuidados paliativos adecuados.
El número total de nuevos casos de cáncer en España en 2015 fue de 247.771 (148.827 en varones y 98.944 en mujeres), según cifras de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Los tratamientos específicos para combatir la enfermedad son subvencionados al 100% ya que no se aplica copago sanitario a los enfermos. Sin embargo, los pacientes deben hacer frente a otros gastos derivados que la Seguridad Social no contempla.
Los tratamientos son subvencionados al 100% por la Seguridad Social, pero sufragar las recomendaciones médicas supone al bolsillo del paciente unos 450 euros en ocho meses
La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) calcula que solo sufragar las recomendaciones médicas indispensables para esta enfermedad le supone al bolsillo del paciente unos 450 euros de media para ocho meses de tratamiento, una cifra que afecta especialmente a los pacientes con riesgo de pobreza.
Desde hace unos años se ha acuñado un término específico para describir los problemas económicos que surgen a raíz del diagnóstico oncológico: 'toxicidad económica del cáncer'. Este concepto se refiere a las consecuencias económicas y las dificultades laborales de los pacientes que sufren esta enfermedad. Aunque la idea cobra especial significado en Estados Unidos, de donde procede, no deja de ser aplicable también a los enfermos de cáncer en otros países, incluido España.
Una lista de cuidados sin cubrir
Victoria Murillo (nombre ficticio), una residente en Madrid de 30 años que ha vencido recientemente un cáncer de mama, opina que existe una desprotección social hacia los enfermos. Durante el tratamiento, Victoria tuvo que afrontar los gastos de otras enfermedades menores que desarrolló a consecuencia del cáncer: “La quimioterapia y la radioterapia te debilitan, por lo que puedes desarrollar catarros, problemas digestivos y de piel, en el mejor de los casos. Al final, resultan en una suma de gastos imprevistos que no están subvencionados”, relata a Sinc.
Algunas de las afectaciones secundarias más comunes del tratamiento que necesitan una medicación y que no están cubiertas por la Seguridad Social son el estreñimiento, la sequedad de las mucosas y las úlceras o las heridas intestinales. Hay síntomas tan severos que impiden realizar tareas domésticas y obligan en algunos casos a contratar ayuda externa para el cuidado de la casa o de los hijos.
"Existen familias que ven afectado su presupuesto en unos 2.000 y 3.000 euros –durante el tratamiento– entre lo que se gasta y lo que se deja de ganar", dice un médico de familia
Según cuenta a Sinc Manuel Mejías, médico de familia, psicoterapeuta, y miembro de la Sociedad de Españoles de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), “existen numerosos casos de familias que, sobre todo si el cónyuge enfermo es quien aportaba los ingresos principales, ven afectado su presupuesto en unos 2.000 y 3.000 euros, entre lo que se gasta y lo que se deja de ganar”.
A medida que se alarga el tratamiento, las incomodidades se incrementan y, además del deseo de recuperación, se hace necesario buscar un mayor confort. “A veces los medicamentos que van con receta no son los que mejor funcionan y sí aquellos de otras marcas o que están fuera de la cartera de la Seguridad Social. En mi caso, necesitaba un protector de estómago realmente fuerte porque el normal, con la pericarditis y tomando tres dosis de ibuprofeno al día durante semanas, no me hacía nada. Costaba unos 25 euros y con receta no bajaba de 10. También se ve claro con las pastillas para dormir, hay medicamentos muy baratos como el Orfidal, pero elegir otras opciones menos agresivas, como la melatonina, cuesta alrededor de 23 euros la caja”, detalla Murillo.
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Los desplazamientos para recibir tratamiento son una de las partidas que más pueden notarse en el bolsillo. / Fotolia
Paralelamente, los médicos también recomiendan una lista de cuidados imprescindibles durante todo el tratamiento, como utilizar protectores solares totales, que cuestan de media unos 20 euros; jabones y cremas para el cuerpo y las manos sin parabenos ni perfumes, sensiblemente más caros que los de marca blanca del supermercado. Y hay otros complementos menos necesarios pero igual de cotidianos, como el maquillaje, que también deben cumplir las mismas reglas.
Los pacientes han de afrontar gastos de otras enfermedades menores que desarrollan como consecuencia del cáncer que no están cubiertas por el sistema público
Desplazamientos obligados 
Para un enfermo de cáncer son obligatorios los viajes semanales al hospital, e incluso diarios en algunas fases del tratamiento; así como los traslados periódicos al centro de día o las visitas mensuales a las consultas de médicos especialistas, dependiendo de cada caso. Estos trayectos son una de las partidas que más pueden notarse en el bolsillo, y de forma acentuada desde que, en 2012, la reforma sanitaria eliminó la gratuidad de los transportes sanitarios no urgentes, entre otras cosas.
En las localidades pequeñas, el problema se agrava. Algunos tratamientos de oncología solo se realizan en capitales o grandes urbes, lo que implica recorrer muchos más kilómetros por carretera con el consecuente aumento del gasto. En ocasiones, cuando la distancia es inasumible para ir y volver el mismo día, el afectado debe costearse un alojamiento y las dietas para él y sus posibles acompañantes.
Estas situaciones son más comunes de lo que parece y significan un aumento alarmante del gasto al que la Seguridad Social da pocas soluciones. En la mayoría de ocasiones, exceptuando algunas comunidades autónomas, son las asociaciones de pacientes las que ceden alojamientos y medios para dar una cobertura básica a enfermos y familiares, con o sin subvenciones públicas.
Por ejemplo, “en Andalucía los tratamientos más complejos solo se realizan en Sevilla. Además de los desplazamientos, esto implica que otro miembro de la familia también deja de trabajar, por ejemplo para cuidar a los niños, con lo que los ingresos, en los casos más dramáticos, son prácticamente nulos”, se lamenta Mejías.
El gasto mensual en salud de una familia que vive en un medio rural y con ingresos inferiores a 18.000 euros anuales se incrementa en un 16% al tratar un tumor de mama
La AECC calcula que el gasto mensual en salud de una familia que vive en un medio rural y con ingresos inferiores a 18.000 euros anuales se incrementa en un 16% al tratar un cáncer de mama. El 76% del gasto se debe al transporte para acudir a tratamiento, y, como asegura Mejías, “aunque menos cuantificable, este aumento de la precariedad, conlleva un explicable desgaste psicológico”.
Comer mejor es más caro 
Algunas necesidades básicas, como la nutrición, también contribuyen al desbarate económico de la enfermedad. Existen numerosas teorías acerca de los beneficios de una alimentación especial para el cáncer, sin embargo, según Rosa Martín, trabajadora social de la AECC ,“aunque muchas veces, fruto de la desesperación, las personas pueden querer hacer un gasto extra en la alimentación, lo que se recomienda principalmente es aumentar el consumo de alimentos frescos, llevar una dieta y unos hábitos saludables. Cualquier cambio debe ser consultado con un especialista”.
Para el dietista-nutricionista Juan Revenga lo más importante es comer productos frescos y eliminar de la cesta de la compra las carnes rojas otros alimentos procesados, incluidos cualquier tipo de comida basura y de refrescos azucarados.
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El número total de nuevos casos de cáncer en España en 2015 fue de 247.771 (148.827 en varones y 98.944 en mujeres). / Fotolia
Una recomendación tan simple como esta representa un cambio de costumbres en muchos hogares y, sobretodo, un leve encarecimiento de la cesta de la compra. Acceder a productos frescos y de calidad a veces va reñido con el ahorro económico, sobre todo en las grandes ciudades. Además, en casos puntuales se recomiendan complementos vitamínicos o proteicos que no cubre el sistema público, según Martín.
Por otro lado, existen gastos en cosmética y accesorios de belleza, como las pelucas o pañuelos, a los que gran parte de los afectados no quieren renunciar. “A medida que iba recibiendo la sesiones de quimioterapia, las necesidades aumentaban, desde algo tan simple y lujoso como poner la calefacción durante todo el invierno porque te sientes débil, hasta la compra de un peluca o de los accesorios de belleza que, por falta de tiempo y de conocimiento, se suelen adquirir a toda prisa sin conocer cuáles son las alternativas”, cuenta Murillo. 
Uno de los costes más elevados es el de la peluca. Aunque no solo las mujeres se plantean usar una, sí que son la mayoría. “El precio varía en función de los materiales y la longitud de la melena, pero la horquilla está entre los 280 euros y los 360 euros para las pelucas sintéticas y entre los 600 euros y los 1.500 euros para las pelucas de cabello natural”, explica a Sinc Adi Monje, de Pelucas Monje.
La economía de los pacientes se ve afectada por el tiempo perdido durante el tratamiento, que puede alargarse hasta año y medio en algunos casos
Por otro lado, según este experto, son muchos de los afectados por el cáncer que buscan turbantes y gorros naturales para combatir el frío y el calor a partes iguales. “Los turbantes tienen un precio mucho más asequible. Los realizados con materiales aislantes naturales como el bambú cuestan alrededor de 15 euros”, añade.
Un reto para la sanidad pública 
El cáncer es una enfermedad cara que conlleva un tratamiento largo y con mucha inversión de tiempo, energía y de dinero. Los pacientes, además de afrontar gastos extra, se enfrentan a la pérdida de valor adquisitivo por culpa de la baja laboral que puede alargarse durante meses.
Rosana Martín cuenta a Sinc que la economía de los pacientes “se ve afectada en primer lugar por el tiempo perdido durante el tratamiento, que puede alargarse hasta año y medio en algunos casos”. En este periodo es muy difícil ajustar la economía familiar, porque la baja médica significa una reducción considerable de los ingresos de hasta el 40% del día 4 al 20 y de un 25% hasta el día 575 de baja por enfermedad.
Según la Organización Mundial de la Salud, se calcula que el total del gasto en cáncer en 2010 fue de 1,16 billones dólares (unos 962.000 millones de euros). Estas son las cifras oficiales. El gasto invisible de los pacientes de cáncer –con 14 millones de nuevos casos en el mundo en 2012 y una previsión de aumento del 70% en las próximas dos décadas– va por otro lado.

Lo que la reforma se llevó

Padecer cáncer sale más caro hoy que en 2011 según la AEEC. La reforma sanitaria impulsada por la entonces Ministra de Sanidad Ana Mato en 2012 redujo la cobertura de gastos en tratamientos extrahospitalarios e introdujo el copago a un gran número de medicamentos entre ellos la quimioterapia oral y determinados medicamentos antineoplásicos (para la quimioterapia) que hasta entonces eran gratuitos.
Otro de los cambios más polémicos fue el régimen de desplazamientos no urgentes de los pacientes que formalizó el copago y dejó a las administraciones de cada comunidad autónoma que regulara los importes.

¿Quién dijo que Andalucía no se une?

viernes, 8 de septiembre de 2017

BIOMEDICINA Y SALUD: Salud pública
Una dieta rica en grasa mejora la salud y la memoria de ratones envejecidos

¿Comer grasa para vivir más tiempo?


Las llamadas dietas cetogénicas –bajas en carbohidratos y altas en grasas– aumentan la longevidad y la fuerza en ratones. Así concluye un nuevo estudio que apunta un aumento del 13% en la esperanza de vida media de los roedores con una dieta rica en grasa frente a una alta en carbohidratos. Los resultados, publicados en Cell Metabolism, abren un nuevo campo en la investigación del envejecimiento.
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El consumo de frutas y hortalizas es muy bajo en los países europeos. / Idefics Study
Desde hace unos años, la batalla contra los kilos de más tiene a los carbohidratos como su peor enemigo. De ahí que las dietas ‘keto’ o cetogénicas –bajas en hidratos y centradas en el consumo de grasas naturales, con ingesta de proteínas adecuadas para llegar al estado de cetosis óptima– se hayan popularizado como alternativa para perder peso.
Sin embargo, poco se sabe aún sobre lo que sucede exactamente durante el proceso de cetosis, es decir, cuando la ingesta de carbohidratos es tan baja que el cuerpo deja de usar la glucosa como principal fuente de combustible y se empiezan a utilizar cuerpos cetónicos para suministrar energía al corazón y al cerebro en ciertas situaciones excepcionales.
Los hallazgos indican que este tipo de dietas pueden mejorar la longevidad y la fuerza física, pero son necesarios más ensayos en seres humanos para confirmarlo
Esta semana, la revista Cell Metabolism publica dos estudios independientes en ratones –el primero liderado por expertos del Buck Institute for Research on Aging y el segundo por la Universidad de California, Davis (ambos en EE UU)– que afirman cómo una dieta cetogénica mejora la memoria en los ejemplares más mayores, así como las posibilidades de que el animal viva hasta la vejez.
Los hallazgos refuerzan la esperanza de que este tipo de dietas puedan aumentar tanto la longevidad, la fuerza física, así como el tiempo que se disfruta de buena salud. Pero los autores subrayan que son necesarios más ensayos en seres humanos para confirmarlo.
Para Jon Ramsey, autor principal del artículo de la universidad estadounidense, es impresionante la diferencia observada: un aumento del 13% en la esperanza de vida media de los ratones con una dieta alta en grasa en comparación con una rica en carbohidratos. "En humanos, eso sería de siete a diez años. Pero lo más importante es que esos ratones conservaron la calidad de vida en ese tiempo", recalca el investigador.
"Los dos estudios se refuerzan mutuamente, porque ambos muestran el mismo efecto global sobre la salud", indica Eric Verdin, director general del Instituto Buck. “Mientras que ambos trabajos mostraron mejoras en la esperanza media de vida y en las pruebas de memoria, en uno de ellos también se observó que una dieta cetogénica preserva la aptitud física, como la fuerza de agarre, en la vejez”, añade.
Sin grandes diferencias en humanos
Se observó un aumento del 13% en la esperanza de vida media de los ratones en una dieta alta en grasa en comparación con una rica en carbohidratos
Los ratones del estudio se dividieron en tres grupos en función de su dieta: rica en carbohidratos, baja en hidratos de carbono y alta en grasas y régimen cetogénico, todas con la misma cantidad de calorías.
Además de aumentar significativamente la vida media de los ratones en el estudio, la dieta cetogénica incrementó la memoria y la función motora (fuerza y coordinación), e impidió el desarrollo de los marcadores de inflamación relacionados con la edad. También tuvo un impacto en la incidencia de tumores.
“Muchas de las cosas que hemos observado no son muy diferentes de los humanos”, señala Ramsey. "Nosotros seguimos cambios similares y experimentamos una disminución en la función general de los órganos durante el envejecimiento”, subraya el experto.
“Una dieta cetogénica puede tener un gran impacto en la vida y la salud sin contar con una pérdida importante de peso o restricción de la ingesta, lo que abre una nueva vía para posibles intervenciones dietéticas que tengan un impacto en el envejecimiento”, concluye el científico.
Referencias bibliográficas:
Cell Metabolism, Newman et al.: "Ketogenic diet reduces mid-life mortality and improves memory in aging mice" http://www.cell.com/cell-metabolism/fulltext/S1550-4131(17)30489-8 DOI: 10.1016/j.cmet.2017.08.004

jueves, 7 de septiembre de 2017


¿Por qué no podemos parar de comer?

Un investigador en biología molecular que estudia los mecanismos de la saciedad y el apetito nos revela un mundo de conocimiento al que los médicos no solemos acceder y que es imprescindible para comprender las enfermedades del presente
Autor: Dra. María Julia Lomoborizio, Dr. Ricardo Mastandueno / Video Ary Kaplan Nakamura Fuente: IntraMed 
"Cuanto más comprendemos cómo funciona le organismo más entendemos sus patologías"
Los médicos muchas veces vemos una "fotografía" del momento en que una enfermedad se hace presente y no la "película" completa de su razón de ser en la evolución de la especie. Las patologías del presente hacen imprescindible ampliar el espectro de nuestra mirada para responder, no solo a la pregunta acerca de "qué ocurre", sino "por qué sucede". El diálogo con las ciencias básicas es una instancia que nuestra realidad reclama con urgencia. Sin comprender la historia completa de lo que asistimos en nuestros consultorios nunca podremos tener una perspectiva integradora que nos ayude a resolver problemas que nos exceden. El Dr. Marcelo Rubinstein tiene el conocimiento profundo y la habilidad para comunicarlo de modo que, al mismo tiempo, nos anseña y nos entusiasma. Escucharlo es una ocasión para aprender y disfrutar del magnífico espectáculo de la inteligencia compartida con la sencillez y la claridad de quienes saben de verdad.
"¿Por qué el hipotálamo se está equivocando al fijar cuánto tenemos que comer?"


Marcelo Rubinstein, investigador superior del CONICET y Director Interino del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular “Dr. Héctor N. Torres” (INGEBI, CONICET) fue incorporado como nuevo miembro de la Academia Mundial de Ciencia (TWAS, The World Academy of Science), una institución que incentiva el avance de la ciencia en países en desarrollo. Durante la 27ma. Reunión de la Academia, en Ruanda, se anunció su incorporación junto a 39 científicos del mundo y será galardonado durante el encuentro el año próximo. “Tener una distinción de estas características es siempre es una confirmación de que nuestras investigaciones produjeron un impacto significativo, es muy importante el reconocimiento en el contexto de países como el nuestro, donde las condiciones no son las mismas que en los países más desarrollados”, asegura Rubinstein, quien además es profesor asociado del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de Universidad de Buenos Aires.
Este año fue el único argentino en tener esta distinción. En 2014 había obtenido el premio que otorga la TWAS, en Biología por sus investigaciones en genética de la conducta asociada a las adicciones, además de haber desarrollado en la región tecnologías de transgénesis y genética molecular en ratones.
En el INGEBI dirige el Laboratorio de Animales Transgénicos. Fue International Research Scholar del Howard Hughes Medical Institute durante 15 años y recibió numerosas distinciones a lo largo de su carrera, destacándose una beca de la John S. Guggenheim Foundation. Fue dos veces ganador del Premio Bernardo Houssay otorgado por la Sociedad Argentina de Biología y recibió la Medalla Ranwell Caputto, entregada por la Sociedad Argentina de Investigaciones en Neurociencia. “Este tipo de premios y nominaciones que reciben con alta frecuencia los científicos argentinos son consecuencia de una tradición local que debe transformase definitivamente en una política de estado que atraviese el presente de cada gobierno y que funcione como un engranaje clave de la maquinaria productiva de nuestro país”, confía.

¿Por que no podemos parar de comer? | Marcelo Rubinstein | TEDxRiodelaPlata

SIGAN DICIENDO BOLUDECES LOS RELIGIOSOS


La materia orgánica, más antigua que el Sistema Solar

Compone más del 40% del cometa en el que aterrizó la misión Rosetta
La materia orgánica, más antigua que el Sistema Solar
JOSÉ MANUEL NIEVES -
Los que piensan que «ahí arriba» tiene por fuerza que haber vida en alguna parte cuentan, a partir de ahora, con un nuevo argumento en el que apoyarse. Los científicos de la misión europea Rosetta, en efecto, la misma que el año pasado consiguió volar en paralelo al cometa Churyumov Gerasimenko e hizo aterrizar el módulo Philae sobre su escarpada superficie, acaban de descubrir, analizando los datos de esa histórica misión, que más del 40% del total de la masa del cometa estaba compuesta de materia orgánica. Y lo que es más: esas moléculas se originaron en el espacio interestelar mucho antes, incluso, de que nuestro Sistema Solar empezara a formarse.
Jean-Loup Bertaux y Rosine Lallement, de la Universidad de Versailles Saint-Quentin-en-Yvelines y del Observatorio de París, hallaron en el núcleo cometario importantes cantidades de carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno, los elementos esenciales de la vida en la Tierra.
Desde hace más de 70 años, los investigadores saben que al analizar los espectros de muchas estrellas los instrumentos recogen, también, absorciones del espacio «vacío» que hay entre ellas. Esas absorciones, llamadas «Diffuse Interstellar Bands» (Bandas Estelares Difusas o DIBs) se atribuyben a la presencia de moléculas orgánicas complejas. Y no son pocos los investigadores que, como el astrofísico norteamericanoTheodore Snow, creen que esas moléculas espaciales constituyen, ni más ni menos, que la mayor reserva conocida de material orgánico del Universo.
Se da el caso, además, de que esa materia orgánica se suele encontrar siempre, o casi siempre, en las mismas proporciones. Por supuesto, las densas nubes de polvo y gas de las que nacen las estrellas constituyen una excepción, ya que en su centros, donde la materia es más densa, las DIBs disminuyen. La razón es que las moléculas orgánicas tienden a agruparse especialmente en esas regiones, y la materia agrupada absorbe menos radiación de la que flota libremente en el espacio.
Las nebulosas primitivas terminan contrayéndose para formar sistemas solares como el nuestro, con estrellas, planetas y, por supuesto, cometas. La misión Rosetta nos ha enseñado que los núcleos cometarios se forman, precisamente, por la lenta y continua acumulación de partículas, que los van haciendo cada vez mayores. Al principio del proceso, las diminutas partículas se van uniendo para formar granos más grandes, que a su vez se combinan entre sí dando lugar a fragmentos aún mayores, y así sucesivamente hasta llegar a formar un núcleo cometario de hasta varios kilómetros de diámetro.
De este modo, las antiquísimas moléculas orgánicas que poblaban la nebulosa primitiva de la que surgieron el Sol y sus planetas (y que son las responsables de las DIBs) se fueron agregando e incorporándose a granos que terminaron por crecer hasta convertirse en auténticos núcleos de cometas. Y allí permanecieron durante casi 5.000 millones de años.
Una misión que viajara a un cometa y regresara después a la Tierra con muestras permitiría llevar a cabo completos análisis de laboratorio de ese material orgánico y revelar, por fin, la verdadera identidad de la materia interestelar responsable de las líneas de absorción que aparecen en los espectros estelares.
La perspectiva, desde luego, es alucinante. Si las moléculas orgánicas de los cometas surgieron, efectivamente, en el espacio interestelar, y si jugaron, como así parece, un importante papel en la aparición de la vida en la Tierra. ¿No podrían haber hecho lo mismo en muchos otros mundos de nuestra de otras galaxias?

miércoles, 6 de septiembre de 2017


Las mujeres fomentaron el intercambio cultural en Europa hace 4.000 años


En la Edad de Piedra y de Bronce en Europa, las mujeres que vivían en Europa viajaban lejos de sus aldeas para formar sus propias familias. Estas migraciones desempeñaron un papel importante en el intercambio de objetos culturales e ideas, según un estudio que publica la revista PNAS.

<p>Restos humanos descubiertos al sur de Augsburgo (Alemania) de hace entre 2.500 y 1.650 a.C./ Stadtarchäologie Augsburg</p>
Restos humanos descubiertos al sur de Augsburgo (Alemania) de hace entre 2.500 y 1.650 a.C./ Stadtarchäologie Augsburg
Al final de la Edad de Piedra y principios de la Edad del Bronce, las familias se establecieron de una manera sorprendente en el Lechtal, al sur de Augsburgo (Alemania). El análisis genético, isotópico y las evaluaciones arqueológicas de los restos de 84 individuos hallados en esa zona indican que la mayoría de las mujeres provenían de fuera, probablemente de Bohemia o Alemania central, mientras que los hombres generalmente permanecían en la región de su nacimiento.
Este patrón, llamado patrilocal, combinado con la movilidad femenina individual, no fue un fenómeno temporal, sino que persistió durante un período de 800 años durante la transición del Neolítico a la Edad del Bronce antigua.
Los hallazgos, publicados en la revista PNAS, son el resultado de una colaboración de investigadores de varios centros alemanes dirigida por Philipp Stockhammer de la Universidad de Munich.
Este fenómeno persistió durante un período de 800 años durante la transición del Neolítico a la Edad del Bronce antigua
Además de los exámenes arqueológicos, el equipo realizó un estudio de los isótopos estables y un análisis de ADN antiguo. "La movilidad individual fue una de las principales características que definió la vida de las personas en Europa central, incluso en el segundo y tercer milenio", afirma Stockhammer.
Los científicos sospechan que desempeñó un papel importante en el intercambio de objetos culturales e ideas, que aumentó considerablemente en la Edad del Bronce, y a su vez promovió el desarrollo de nuevas tecnologías.
Cementerios de varias generaciones
Los individuos fueron enterrados entre el 2.500 y 1.650 a.C. en cementerios que contenía entre una y varias docenas de enterramientos realizados durante un período de varias generaciones. "Los asentamientos estaban situados a lo largo de material sedimentario fértil del centro del valle de Lech. En Lechtal no existían grandes aldeas", añade el experto.
"Observamos una gran diversidad de diferentes linajes femeninos, lo que pudo ocurrir por el traslado de muchas mujeres al valle de Lech desde algún otro lugar", señala Alissa Mittnik, del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia y coautora del trabajo que realizó los estudios genéticos.
Corina Knipper, del Centro de Arqueometría Curt-Engelhorn, explica: "Según el análisis de las proporciones de isótopos de estroncio en molares –un elemento similar al calcio que permite sacar conclusiones sobre el origen de las personas– pudimos constatar que la mayoría de las mujeres no provenían de la región".
Los entierros de las mujeres no difieren de los de la población nativa, lo que indica que, aunque anteriormente fueran extranjeras, se integraron en la comunidad local.
Desde un punto de vista arqueológico, esta nueva perspectiva demuestra la importancia de la movilidad femenina para el intercambio cultural en la Edad del Bronce. También permite ver la inmensa extensión de la movilidad humana temprana bajo una nueva perspectiva. "Parece que al menos parte de lo que antes se creía que era la migración por grupos se basa en una forma institucionalizada de movilidad individual", concluye Stockhammer.