lunes, 30 de octubre de 2017

CAMBIA,TODO CAMBIA.....

El cambio de hora de otoño: una vuelta atrás necesaria

Parte de la población experimenta importantes variaciones en la luz solar por el ciclo de las estaciones


cambio de hora 2017 Ampliar foto
En la madrugada de este domingo se cambia la hora. Getty Images
Este mes de octubre, Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron galardonados con el premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares de los ritmos circadianos: el reloj biológico ligado al ciclo diario de la luz solar.
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Pero no solo percibimos el ciclo diario: una fracción significativa de la población vive suficientemente lejos de los trópicos como para experimentar importantes variaciones en la luz solar debido al ciclo de las estaciones, que acorta y alarga los días, adelanta y retrasa amaneceres y anocheceres. Modulamos estas variaciones con el cambio estacional de la hora, que ayuda a que el inicio de la actividad sociolaboral se ajuste con la cambiante hora del amenecer de nuestras latitudes.
Precisamente este domingo ha cambiado la hora oficial. Si el viernes vamos al trabajo a las 9CEST (hora de verano de Europa central), el lunes lo haremos una hora más tarde, a las 9CET (hora de Europa central), aunque parezca que sea la misma hora. Alterando las manecillas del reloj parecerá que amanece y anochece una hora antes pero, en realidad, la rotación de la Tierra y el movimiento aparente del Sol seguirán su cadencia natural de quince grados de avance por cada hora transcurrida. Es nuestra actividad sociolaboral lo que cambia.
El retraso otoñal anula el adelanto primaveral y es más llevadero que este. Hace justo un año los parlamentos balear y valenciano pidieron que el cambio otoñal no se realizara y, por tanto, viviéramos el invierno con la hora de verano. Merece la pena glosar qué habría ocurrido porque extender la hora de verano hasta el invierno siguiente es la mayor prueba de esfuerzo a la que se someten los horarios de una sociedad: desajusta la actividad del día más exigente del año; el día con el amanecer más tardío, el anochecer más temprano y la luz diurna más breve y débil; el día invernal.
En España estamos acostumbrados a que amanezca como muy tarde entre las 08:10 y las 09:10. Por eso, y no por otra razón, nuestra actividad laboral se inicia aproximadamente a esa hora y no a otra. En estos últimos días de horario de verano amanece casi a la misma hora a la que amanecerá en invierno, si no más tarde, y notamos las mañanas muy oscuras. Precisamente esa es la señal que advierte de que toca retrasar la hora (véase gráfico y cuadro adjunto). Si no lo hiciéramos ahora el amanecer seguiría retrasándose hasta que por Navidad ocurriría entre las 09:10 y las 10:10. No es ningún problema en sí mismo, salvo si nuestra actividad sociolaboral siguiera empezando entre las ocho y las nueve. Conforme pasaran los días cada vez más personas percibirían que amanece “muy tarde” porque cada vez más personas estarían madrugando demasiado; aunque se pusieran en marcha a las ocho de la mañana.

El cambio de hora de otoño: una vuelta atrás necesaria
Hay pruebas de estas molestias. Hace dos años Chile “olvidó” hacer el cambio otoñal y pasó un invierno con la hora de verano. Solo uno: las quejas fueron tales que al año siguiente sí hubo cambio otoñal y el reloj invernal fue como lo había sido en los años anteriores.
Un poco antes, en el año 2011, Rusia empezó a vivir inviernos con el horario de verano. Pero en el año 2014 revirtió la medida. Antes lo habían intentado Reino Unido (1968-1971) y Portugal (1967-1975 y 1992-1996), también sin éxito.
A veces la sociedad admite con agrado pasar el invierno con la hora de verano. Ocurre en Islandia (desde 1968), en Alaska (1983), en la provincia canadiense de Saskatchewan (1960) o, desde el año pasado, en la provincia chilena de Magallanes. Son regiones con una latitud suficientemente grande como para que el día invernal sea más corto que una jornada laboral normal. Las habitantes tienen que elegir entre entrar a trabajar de noche y salir de día, o lo contrario: entrar de día y salir de noche. No pocos prefieren lo primero y tratan de conseguirlo extendiendo el horario de verano durante todo el año. Amanece “más tarde”, sí; pero también anochece “más tarde”.
Hay otra forma de soslayar estas dificultades. Al final de la Segunda Guerra Mundial España, Francia, Bélgica y Países Bajos decidieron permanecer en el horario de verano. La circunstancias del momento facilitaron que sus habitantes se adaptaran a la nueva situación. ¿Cómo? Simplemente retrasando en mayor o menor medida sus hábitos sociolaborales para que siguieran coincidiendo, como antaño, con los hitos naturales: amanecer invernal, mediodía y anochecer invernal. Por eso hoy no iniciamos la actividad laboral entre las siete y las ocho sino entre las ocho y las nueve. Por eso hoy, como siempre, comemos y cenamos una hora después que los italianos. No hemos dejado ni vamos a dejar de estar unos quince grados más hacia occidente que ellos.
Somos esclavos del reloj de una forma débil: un instrumento del que aprendemos rápidamente a qué marca cuando amanece. Tomamos decisiones con esta información porque, en realidad, somos esclavos del amanecer, de los ciclos de la luz solar. Como describieron los premiados este año por la Fundación Nobel.
Datos extraídos de http:www.timeanddate.com
Datos extraídos de http://www.timeanddate.com
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domingo, 29 de octubre de 2017

Soledad Villamil - Rencor - Tango

PORQUE VOTAN SIEMPRE A LA DERECHA?...POR LO MISMO QUE TIENEN LA REGLA



Mujer, clase social & elecciones
Por qué Hillary Clinton tenía razón sobre las mujeres blancas… y sus maridos

http://www.eldiario.es

- Según un nuevo estudio, las mujeres solteras piensan en el conjunto de mujeres a la hora de votar, mientras que las casadas piensan en sus maridos y en sus familias
- Estudios que se remontan a 2006 han demostrado que las mujeres casadas a menudo han votado según el interés económico de su marido

La noche de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Hillary Clinton planeaba vestirse de blanco en homenaje a las mujeres sufragistas y al vuelco que habrían logrado en la historia política. En cambio, como relata en su nuevo libro, el traje blanco se quedó en su funda y Clinton se puso un traje de color negro y violeta que en realidad había planeado llevar en su primer viaje a Washington como presidenta electa. Frente a la oportunidad de elegir a la primera mujer presidenta de Estados Unidos, las mujeres no la votaron. Irónicamente, las mujeres con un perfil más similar al de Hillary Clinton –blancas, heterosexuales y casadas– fueron las que menos votaron por ella. Muchos esperaban que Clinton arrasara entre las mujeres, igual que Barack Obama lo hizo entre los votantes negros en 2008. Si eso hubiera sucedido, Clinton habría ganado cómodamente a Donald Trump. Pero mientras que Obama obtuvo el 95% del voto negro, Clinton sólo obtuvo el 54% del voto femenino, un punto por debajo del candidato demócrata anterior. Y le fue todavía peor específicamente entre las mujeres blancas: la mayoría de ellas votó por Trump.


La semana pasada, Clinton –que ha tenido tiempo de sobra para reflexionar sobre el voto femenino– aseguró que tiene una teoría. “Las mujeres están bajo una presión muy grande. Y estoy hablando principalmente de las mujeres blancas. Las presionan sus padres, sus maridos, sus novios y sus jefes para que no voten a ‘la chica”, dijo en una entrevista durante la gira promocional de su libro autobiográfico sobre la campaña de 2016. Un núcleo familiar, un voto La gente puede burlarse de la idea de que las mujeres votan presionadas por lo que sus maridos y sus padres les dicen.

Y se han invertido decenas de millones de dólares en mensajes públicos que parten del supuesto de que las mujeres votarán colectivamente a favor de la igualdad salarial, el aborto y otras cuestiones que conciernen la autonomía femenina. Sin embargo, las ciencias sociales respaldan la afirmación de Clinton. “Pensamos que tiene razón en su análisis sobre la presión que reciben las mujeres por parte de los hombres de su entorno, especialmente las mujeres blancas,” asegura Kelsy Kretschmer, profesora de la Universidad Estatal de Oregon y coautora de un estudio reciente que analiza patrones del voto femenino. “Sabemos que los hombres blancos son más conservadores, así que si una mujer está casada con un hombre blanco, se sentirá más presionada a votar según esa ideología.

"Si se piensa a nivel individual, este tipo de comportamiento a la hora de votar es más racional de lo que parece. Según la investigación de Kretschmer, la diferencia esencial es que las mujeres solteras suelen pensar en el conjunto de todo el universo femenino a la hora de votar, mientras que las mujeres casadas con hombres votan pensando en sus maridos y sus familias (el estudio se basó en un sondeo de mujeres heterosexuales llevado a cabo en 2012, antes de que se legalizara el matrimonio homosexual a nivel nacional, y no saca conclusiones sobre los casos en que la pareja está compuesta por dos mujeres).

Esto podría explicar por qué, a pesar del hecho de que en general se piensa que el partido demócrata tiene políticas más favorables hacia las mujeres, las mujeres casadas han votado tradicionalmente al partido republicano. “El mero hecho de estar casadas convierte a las mujeres en conservadoras a la hora de elegir a quien votar,” señala Kretschmer. En resumen, la cuestión es más económica que ideológica. “Las mujeres ganan menos dinero y tienen menos poder, lo cual favorece su dependencia económica respecto de los hombres”, dice el estudio.

“Por esta razón, las mujeres casadas defienden políticas y políticos que protegen a sus maridos y favorecen su estatus.” De hecho, como los hombres son los principales proveedores en la mayoría de los hogares estadounidenses, es posible que sus esposas consideren que las medidas que buscan la igualdad entre hombres y mujeres podrían perjudicar a sus maridos y por ende a sus familias. “Algunas mujeres casadas ven los progresos de las mujeres, como los fallos judiciales contra la discriminación salarial, como algo perjudicial hacia sus maridos,” asegura la investigación.

Los autores del estudio también observaron que durante la campaña, las mujeres heterosexuales casadas tomaban partido según los intereses de sus maridos y sus familias por encima de los intereses colectivos de las mujeres.

Una mujer universitaria que se identificó como demócrata y progresista confesó a Kretschmer que si bien no se identificaba como votante de Trump, lo había votado porque el trabajo de su marido dependía de la industria del carbón y creyó que Trump era el candidato que mejor protegería esa industria, y por extensión los intereses de su familia. Kretschmer dijo que el testimonio de esta mujer “fue la confirmación más clara y desoladora de nuestro artículo”. Sin embargo, la creencia popular durante la campaña era, tal y como lo resumió un artículo de the Atlantic, que “las elecciones de 2016 convirtieron la batalla de los sexos en una guerra sin cuartel”: Trump y Clinton no sólo había dividido a hombres y mujeres, según este relato, sino también a “hombres y mujeres que están casados entre sí”. Al menos eso se decía a los lectores.

Unas semanas más tarde, estuvo claro que esta teoría no tenía mucho fundamento: las mujeres casadas votaron más a Clinton que a Trump por un irrisorio margen de dos puntos de porcentaje. Y no debería sorprendernos.

Una cuestión económica 

Estudios que se remontan al año 2006 han demostrado que las mujeres casadas a menudo han votado según el interés económico de su marido, y si tenemos en cuenta la diferencia salarial y el rol tradicional del hombre como proveedor del hogar, tiene sentido desde una perspectiva económica que las mujeres casadas voten de esa forma.

Si bien la brecha salarial se ha reducido, sigue existiendo una disparidad importante y por ende persisten las expectativas basadas en cuestiones de género. Un estudio publicado recientemente por el Centro de Investigación Pew concluyó que los estadounidenses siguen considerando a los hombres como los proveedores principales de los hogares, a pesar de que el aporte de las mujeres ha crecido. Mientras que el 71% de las mujeres que participaron en el sondeo dijeron que es “muy importante” que el hombre sea capaz de mantener a su familia, sólo el 41% de las mujeres dijo lo mismo respecto de su propio sexo.

Entre mujeres y hombres blancos, sólo el 27% dijo que es importante que una mujer pueda mantener a su familia, comparado con el 52% de las mujeres y hombres negros. Quizás lo más llamativo es que cuanto más nivel educativo tiene una mujer, menos probable es que diga que es importante que la mujer mantenga a su familia. Las tendencias son alarmantes: teniendo en cuenta raza y nivel educativo, los grupos que tienen más posibilidades de mantener una familia sólo con el ingreso del marido –mujeres blancas y mujeres de todas las razas con estudios universitarios– fueron los que menos importancia le dieron a que la mujer sea capaz de mantener su familia.


Las mujeres blancas casadas: el gran triunfo de Trump

Esto también puede servir de contexto para otros informes, como uno de 2015 realizado por un centro de investigación de Nueva York que concluyó que las mujeres negras son significativamente más ambiciosas en sus trabajos que las mujeres blancas (el 22% de las mujeres negras afirmaron querer ocupar puestos jerárquicos, mientras que sólo el 8% de las mujeres blancas dijo lo mismo). El estudio de Kretschmer, publicado por la revista académica Political Research Quarterly, esclarece estas dinámicas al sintetizar hasta qué punto las mujeres ven su futuro ligado al de otras mujeres de su país.

Utilizando datos del Estudio Nacional Electoral Estadounidense de 2012, el equipo de Kretschmer analizó las respuestas de más de dos mil mujeres a la pregunta: “¿Cree que lo que le suceda a las mujeres en general en el país tendrá algún impacto en su vida personal?”. A las mujeres que respondieron que sí, luego se les preguntó hasta qué punto sentían que eso era cierto. Los resultados mostraron que era más probable que una mujer soltera respondiera que sí, comparado con una casada. Y la brecha entre las respuestas de las mujeres solteras y casadas fueron mayores entre mujeres blancas y de origen latino.

Raíces económicas y culturales
Se cree que el origen de esta brecha es tanto económica como cultural. Según la Oficina de Estadística Laboral, las mujeres blancas son más propensas a casarse y a permanecer casadas que las de cualquier otro origen racial, por ejemplo. A la vez, el informe asegura que muchas mujeres latinas permanecen vinculadas a una cultura “profamilia que defiende los intereses familiares sobre los intereses de un miembro individual de la familia”. Las mujeres negras, tanto casadas como solteras, son las más propensas a ver su futuro vinculado al futuro de las mujeres en general y, además, tienden a ser sostén económico de su familia más frecuentemente que las mujeres blancas o latinas.

También es más probable que tengan mejor nivel educativo que los hombres con quienes se casan. “Los grupos raciales tienen lazos de identidad colectiva, así que no sorprende que cuando tuvieron la posibilidad de votar por un candidato negro, el número de votantes aumentó considerablemente,” indicó Kretschmer. “Es interesante ver que las mujeres no tienen este tipo de lazos de identidad colectiva.” El falso supuesto de que las mujeres votan como un bloque unido se remonta al movimiento sufragista: un editorial del New York Herald ya advertía en 1870 que “las mujeres siempre se apoyarán entre sí”, respecto de la candidatura de Victoria Woodhull a la presidencia, “y si se permite que las mujeres voten, la señora Woodhull podría ganar por el mayor porcentaje jamás registrado en este país o en cualquier otro.” Pero Woodhull nunca vio materializarse estas ventajas, ya que el apoyo que tenía se derrumbó rápidamente cuando comenzaron a atacarla por cuestiones de su vida personal.

Como señaló Amanda Hess en el New York Times, el voto femenino siempre ha decepcionado a sus defensores, desde las elecciones de 1916 cuando las sufragistas no lograron derrotar a Woodrow Wilson, pasando por la Enmienda por la Igualdad de Derechos, que fue derrotada en los años 1970s por mujeres conservadores que afirmaban que perjudicaría a las mujeres de clase media. Durante las últimas elecciones presidenciales, fueron muchos los que no lograron ver cuán ardua era la batalla que estaba librando Clinton, no sólo por convencer al electorado, sino simplemente por ganarse el voto de las mujeres.

ME CRIE EN LA PAMPA Y YA LO SABIA


Vivir cerca de espacios verdes se asocia con una mayor atención infantil

    Un investigación realizada en Cataluña analiza por primera vez la exposición residencial continuada de niños y niñas a espacios naturales. Los resultados muestran que aquellos con mayor contacto con espacios verdes alrededor de sus viviendas presentaban mejores resultados en las pruebas de capacidad de la atención.
    <p>Los espacios verdes dentro y alrededor de las escuelas podrían mejorar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas. / Michael Podger - Creative Commons</p>
    Los espacios verdes dentro y alrededor de las escuelas podrían mejorar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas. / Michael Podger - Creative Commons
    ¿Cómo influyen los espacios verdes en el desarrollo cognitivo durante la infancia? Un nuevo estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación Bancaria ”la Caixa”, afirma que los niños y niñas con más espacios verdes alrededor de sus viviendas podrían desarrollar mejor su capacidad de atención.
    Los entornos naturales, incluyendo los espacios verdes, pueden tener beneficios para el desarrollo del cerebro, pero la evidencia científica en la infancia es todavía limitada. Un trabajo anterior de ISGlobal ya indicaba que los espacios verdes dentro y alrededor de las escuelas podrían mejorar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas entre 7 y 10 años.
    La investigación actual se propuso ampliar el foco y estudiar el impacto de los espacios verdes de alrededor de las viviendas en el desarrollo cognitivo de los niños y niñas, desde su nacimiento y en etapas más tempranas de su vida.
    El análisis, publicado en la revista Environment Health Perspectives, se basó en datos de 1.500 niños y niñas de las cohortes de nacimiento del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente) en Sabadell y Valencia, recogidos entre los años 2003 y 2013.
    Aunque se trata de un trabajo pionero, los autores consideran necesario realizar más estudios con vegetaciones y climas diversos
    El equipo de ISGlobal analizó la cercanía residencial a espacios verdes –100, 300 y 500 metros alrededor de las viviendas–, en el momento del nacimiento, a los 4 o 5 años, y a los 7 años. Se realizaron dos tipos de test de evaluación de la capacidad de atención a los 4-5 y a los 7 años de edad.
    Estudio pionero
    Los autores observaron que los niños y niñas que tenían una exposición continuada mayor a espacios verdes alrededor de sus viviendas presentaban mejores resultados en las pruebas de la capacidad de la atención.
    Payam Dadvand, investigador de ISGlobal y primer autor del estudio, destaca que se trata de “la primera vez que se estudia el impacto de la exposición residencial a espacios verdes desde el nacimiento en la capacidad de atención de los niños y niñas”. Esta investigación “demuestra la importancia de las zonas verdes en las ciudades para la salud y el desarrollo del cerebro infantil”, señala Dadvand.
    Por otro lado, Jordi Sunyer, coordinador del estudio y jefe del programa de Salud Infantil de ISGlobal, apunta que “la posibilidad de que la exposición a diferentes tipos de vegetación tenga diferentes impactos en el desarrollo neurológico sigue siendo una pregunta abierta para futuros estudios”. De esta manera, Sunyer considera que es necesario realizar más estudios en otros entornos con vegetaciones y climas diversos.
    “Los espacios verdes en las ciudades promueven vínculos sociales y actividad física, así como también disminuyen la exposición a la contaminación del aire y el ruido. Por tanto, son imprescindibles para el desarrollo de los cerebros de las nuevas generaciones”, concluye el coordinador del estudio.

    sábado, 28 de octubre de 2017


    El genoma de los guanches confirma su origen norteafricano

      El origen de los primeros colonizadores canarios ha generado un gran número de mitos y especulaciones. Ahora, una investigación internacional, en la que ha participado la Universidad Complutense de Madrid, confirma el origen africano de estos primeros pobladores, conocidos comúnmente como guanches, a partir del análisis del genoma de hombres y mujeres de Gran Canaria y Tenerife, que vivieron varios siglos antes de la conquista europea del siglo XV.
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      <p>Colección de cráneos procedentes de las islas Canarias en la Universidad de Edimburgo. / David Cheskin</p>
      Colección de cráneos procedentes de las islas Canarias en la Universidad de Edimburgo. / David Cheskin
      El análisis del genoma de los primeros pobladores canarios, conocidos como guanches, confirma que provienen del norte de África. esta es la conclusión de una investigación internacional en la que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y que se publica en la revista Current Biology.
      “Nuestros análisis de los genomas guanches muestran –apoyando las hipótesis previas– que están más próximos a los actuales norteafricanos de origen bereber que a ninguna otra población, a la vez que aportan nuevos datos sobre los primeros pobladores de las islas Canarias”, explica Ricardo Rodríguez Varela, investigador del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos y de la Universidad de Estocolmo y primer firmante del estudio.
      El origen los guanches ha generado múltiples debates, mitos y especulaciones. Las evidencias de las que se dispone hasta la fecha sugieren que los guanches poblaron el archipiélago en algún momento durante el primer milenio antes de Cristo.
      Los genomas recuperados en este trabajo aportan nuevos datos para entender de dónde venían y cómo eran los guanches
      “Más misterioso aún que su origen, es cómo y por qué estos primeros colonizadores viajaron a las islas Canarias, teniendo en cuenta que carecían de barcos y de conocimientos de navegación, al menos cuando los europeos llegaron”, recuerda Rodríguez Varela, quien añade que los genomas recuperados en este trabajo aportan nuevos datos para entender de dónde venían y cómo eran los guanches.
      Genomas completos para historias complejas
      Hasta ahora, los estudios previos sobre los guanches se habían basado en marcadores uniparentales como el ADN mitocondrial o el cromosoma Y. Aunque estos marcadores proporcionan una información importante acerca de la historia de las poblaciones, “no tienen tanta resolución como el estudio de genomas completos a la hora de comprender fenómenos recientes o historias poblacionales complejas”, determina Linus Girdland-Flink, último firmante del estudio e investigador de la Universidad de Liverpool John Moores.
      Además, la investigación revela que los guanches presentan una mezcla de diversos antecesores. Según Anders Götherström, de la Universidad de Estocolmo, estos resultados muestran que una pequeña proporción de los guanches proviene de poblaciones emparentadas con los primeros agricultores europeos.
      Esta señal genética fue introducida en Europa desde Anatolia por medio de las migraciones de los agricultores durante la expansión neolítica, hace alrededor de 7.000 años. Otras poblaciones norteafricanas tienen un porcentaje variable de esta señal genética relacionada con los primeros agricultores anatolios, pero no está claro cómo y cuándo se extendió por el norte de África.
      Esta investigación proporciona nuevos conocimientos acerca del legado genético de los guanches en las poblaciones modernas canarias. “Nuestros análisis muestran que entre el 16% y el 31% del genoma de los habitantes actuales de Gran Canaria proviene de los guanches”, concluye Juan Luis Arsuaga, director del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, director científico del Museo de la Evolución Humana y coautor de este trabajo.

      viernes, 27 de octubre de 2017

      CINCO MINUTOS Y NO TE HAGAS EL LEON,QUE ELLOS TIENEN DOS MINUTOS

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      Cuánto dura el sexo perfecto

      | Cuánto dura el sexo perfecto
      Un estudio sobre 500 parejas heterosexuales determinó el tiempo de una relación ideal.
      .Todos nos quedamos pensando siempre, si tuvimos un buen desempeño sexual. Hombres y mujeres se dieron cuenta en más de una ocasión de la inseguridad e insatisfacción de su pareja, pensando si hicieron feliz a su pareja o no durante el coito.
      Para disipar las dudas, un psicólogo de la Universidad de Queensland de Australia, realizó una investigación para determinar cuánto dura el sexo perfecto.
      En el estudio participaron 500 parejas heterosexuales de todo el mundo. Cada una tenía un cronómetro para medir el tiempo. La prueba duró cuatro semanas y al final obtuvieron interesantes resultados.
      El sexo dura un promedio de 5.4 minutos. Curiosamente en Turquía el acto es más corto y alcanzó 3.7 minutos. Además de conocer estos resultados, el estudio recogió otro dato novedoso; ya que la mayoría de los hombres dijo sentirse presionado y obligado a durar más tiempo, para que su pareja alcanzara el orgasmo. Unas tardaron 33 segundos para llegar al clímax y otros 44.
      Además, el estudio determinó que el uso de preservativo no afecta la duración del coito, pero la edad sí. Las parejas de mayor edad experimentan sexo corto a comparación de los jóvenes.

      CONSPIRANOICOS AL PODER


       

      Teorías de la conspiración: la pseudociencia de las ciencias sociales

        La entrega del premio Planeta a un thriller sobre el Santo Grial ha reafirmado el tirón de narraciones indisociables del auge de las teorías conspirativas. Con su causalidad exagerada, su desconfianza de las apariencias y su certeza de que todo tiene un sentido oculto, estas fantasías imitan a las ciencias sociales para convencernos de que tras la realidad engañosa existe un orden manipulado por élites tenebrosas cuyos tejemanejes urge desenmascarar.
        Pablo Francescutti | |.
        <p>Muchos sucumben al atractivo de las respuestas rápidas a cuestiones que no dominan y compran explicaciones de procesos intrincados basados en chanchullos de la CIA, la banca o un gobierno mundial invisible. / Fotolia</p>
        Muchos sucumben al atractivo de las respuestas rápidas a cuestiones que no dominan y compran explicaciones de procesos intrincados basados en chanchullos de la CIA, la banca o un gobierno mundial invisible. / Fotolia
        Que el premio Planeta de este año le haya tocado a un thriller conspirativo de Javier Sierra confirma la buena acogida de la que gozan estas narrativas ante el público hispano. Con el galardón el novelista se suma a la familia de escritores integrada por Matilde Asensi, Julia Navarro y el inefable J. L. Benítez, los émulos patrios del género popularizado por Richard Condon y Dan Brown.
        Si solo se tratase de una temática ficticia, el interés del asunto no trascendería los confines de la literatura; pero es obvio que esos relatos se benefician del enorme tirón que tiene el pensamiento conspiranoico en nuestra cultura; tan influyente que, por ejemplo, ha llevado al rapero B.o. B. a promover el lanzamiento de un satélite para confirmar que la Tierra es plana.
        Las teorías de la conspiración están de moda, ¿cuáles son las razones de su popularidad?

        Los masones, los primeros chivos expiatorios

        En rigor, no puede hablarse de teorías del complot hasta inicios del siglo XIX. Recién toman forma tras la Revolución Francesa, cuando los reaccionarios responsabilizan a las insidias de masones, illuminati y carbonarios las insurrecciones democráticas que sacuden el Antiguo Régimen.
        No cabe duda de que las sociedades secretas promovían el avance de las ideas ilustradas y la abolición del absolutismo, pero sus enemigos les suponían un poder exagerado y una unidad de propósitos infundada. La ruptura entre las logias británicas y americanas a raíz de la independencia de EE UU demuestra que la masonería distaba de ser una organización monolítica.
        No tardaron otros rumores en darles la réplica, atribuyendo todos los males a tejemanejes del clero: los jesuitas fueron los primeros en portar ese sambenito; le siguieron las conjuras papistas que animaron la política anglosajona; y, en el siglo XX, las maquinaciones imputadas al Opus Dei.
        A mediados del siglo XX, deja de situarse a los conjurados en los márgenes de la sociedad para descubrirlos en el corazón del Estado
        A la policía de la Rusia zarista le cabe el dudoso mérito de haber infundido dimensión global a tales creencias al fabricar el primer plan oculto de dominación del mundo: Los Protocolos de los sabios de Sión. El documento apócrifo ideado para desviar hacia los judíos el malestar contra la autocracia moscovita tuvo enorme repercusión y se convirtió en la ‘biblia’ de los antisemitas.
        Las teorías poseen una prodigiosa capacidad de mutación: a mediados del siglo pasado, sus autores dejan de situar a los conjurados en los márgenes de la sociedad para descubrirlos con horror en el corazón del Estado. El macartismo centra la sospecha en la administración infiltrada por los rojos; tras el asesinato de John Kennedy, este se desplaza a los militares, los espías, el Gobierno...

        No hay conspiración sin medios de comunicación

        Un punto de inflexión en ese tortuoso recorrido lo marca la implicación de los medios masivos de comunicación. Me explico: en el pasado, esos extremos circulaban de boca en boca o a través de opúsculos e impresos propagandísticos; a partir de la década de los 60, el sistema mediático, al hacerse eco, amplifica su alcance a una escala inédita y en cierto modo los legitima.
        Más importante: aparte de propagar tales fantasías –el caso de Iker Jiménez– o incluso fabricarlas –las versiones contraoficiales de los atentados del 11M urdidas por ciertas cabeceras madrileñas–, los medios han pasado a figurar entre los conspiradores denunciados por aquellas. Lo ilustra el bulo del falso alunizaje, que acusa a la industria del cine de haber falsificado las misiones Apolo en comandita con la NASA y la prensa, que le dio credibilidad al montaje.
        La responsabilidad de los medios no acaba allí; pese al afán de los periodistas honestos por desmontar semejantes dislates, las primicias del periodismo de investigación inculcan la idea de que la realidad aparente es un fachada engañosa y que la verdad se esconde entre bastidores; una verdad secuestrada por unos pocos que los periodistas pugnan por sacar a la luz pública. Sin pretenderlo, sus revelaciones fomentan una visión próxima a la conspiranoica.

        Filosofía de la sospecha

        Para algunos expertos, esas teorías son el mapa cognitivo del pobre: versiones simplificadas y maniqueas de la realidad al gusto de individuos cuya escasa formación les impide captar los matices, ambigüedades e imprevistos de los fenómenos históricos. En contra, otros defienden con algo de razón que, pese a sus exageraciones, expresan críticas legítimas al poder; aunque suelen olvidar que por cada conspiranoico progresista hay otro adscrito a la ultraderecha más delirante.
        En entornos saturados de datos, proporcionan atajos mentales que nos ayudan a tomar decisiones sin esfuerzo
        Otros estudiosos encuentran lógica la proliferación de esa mentalidad en la sociedad de la información. En entornos saturados de datos cuya comprensión supera nuestras posibilidades de análisis, proporcionan atajos mentales que nos ayudan a tomar decisiones sin esfuerzo. Hasta los especialistas que dedican muchas horas y energía intelectual a los asuntos de su campo sucumben al atractivo de las respuestas rápidas a cuestiones que no dominan y compran explicaciones de procesos intrincados basados en chanchullos de la CIA, la banca o un gobierno mundial invisible.
        Lo que está fuera de discusión es su utilidad para revelar temores sociales latentes. Ellas nos informan del recelo a las élites, del descrédito de la democracia liberal, de la desconfianza en las instituciones garantes de la verdad, incluidas el periodismo y la ciencia, sospechadas de confabularse con los poderosos. Hablan, además, de la desazón del individuo ante una globalización de abrumadora complejidad, imposible de cartografiar mentalmente. En una reacción defensiva a esa ansiedad corrosiva, la sobreinterpretación del pensamiento conspiranoico –cualquier cosa es un signo del complot–, al destapar los engranajes ocultos que presuntamente rigen nuestros destinos, ponen orden en un mundo caótico; un orden tenebroso pero al menos comprensible.

        La irracional racionalidad de los conspiranoicos   

        Si las pseudociencias siguen a las ciencias naturales como la sombra al cuerpo –la astrología a la astronomía; la ufología a la astronáutica; la homeopatía a la medicina; la parapsicología a la psicología–, los conspiranoicos hacen lo propio con la sociología, la ciencia política y la historia. Los hallazgos de estas disciplinas sobre la influencia de los intereses económicos, la complicidad de la prensa con las clases dirigentes, el efecto engañoso de las ideologías o la persistente opacidad del Estado democrático son fagocitados y distorsionados por el pensamiento conspirativo.
        A diferencia del esoterismo, dichas percepciones insisten en su racionalidad; de ahí su obsesión con las pruebas: siempre están aportando evidencias y reclamando documentos supuestamente retenidos. Pero cuando los archivos se abren y no les dan la razón, claman que han sido destruidos o manipulados y desbarran al dar a la falta de evidencia el valor de la evidencia.
        A diferencia del esoterismo, dichas percepciones insisten en su racionalidad; de ahí su obsesión con las pruebas
        Desde luego, hay conspiraciones reales. Como dijo Kissinger, hasta los paranoicos tienen derecho a tener razón. Mientras escribo estas líneas, cien complots se ponen en marcha. Son de sobras conocidas las ‘cloacas de la democracia’, en donde agentes del Estado actúan al margen de la ley. Pero de ahí a afirmar que la historia se mueve por intrigas orquestadas en la oscuridad por camarillas estratégicamente ubicadas, conlleva el absurdo de considerar zombis al resto de las fuerzas sociales así como de negar el rol del azar, el desbaratador de numerosas conjuras.
        Con todo, que el concepto crítico de teoría conspiranoica se haya asentado en el discurso público prueba la existencia de un saludable escepticismo; pero al parecer no basta: por cada fantasía refutada, otra ocupa su puesto. El síndrome del complot domina el imaginario político.
        Así es nuestra peculiar situación: no podemos dejar de rebatir esos clichés ni tampoco prescindir de ellos. Umberto Eco la retrató con gran destreza en El péndulo de Foucault, parodia en la que disecciona su mecanismo persuasivo al tiempo que rinde tributo al encanto de relatos que, como aprenden los protagonistas a su pesar, pueden tornarse realidad si alguien se los toma en serio.

        La entrega del premio Planeta a un thriller sobre el Santo Grial ha reafirmado el tirón de narraciones indisociables del auge de las teorías conspirativas. Con su causalidad exagerada, su desconfianza de las apariencias y su certeza de que todo tiene un sentido oculto, estas fantasías imitan a las ciencias sociales para convencernos de que tras la realidad engañosa existe un orden manipulado por élites tenebrosas cuyos tejemanejes urge desenmascarar.
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