viernes, 3 de noviembre de 2017

LA MEDICINA BORGEANA DE LOS ARGENTINOS



El jardín de los senderos (clínicos) que se bifurcan

Cuando la clínica se convierte en una obsesiva acumulación de datos y la futilidad sustituye a la relevancia
Autor: Daniel Flichtentrei 
"Quien dedique parte de su tiempo al estudio de la epistemología: no confundirá lo que se postula con lo que se deduce, la convención verbal con el dato empírico, la cosa con sus cualidades, el objeto con su conocimiento, la verdad con su criterio". Mario Bunge
Los médicos nos hemos acostumbrado a considerar que la ignorancia consiste en no tener información. Pero la realidad, en su vertiginosa transformación, nos enfrenta a otras formas de ignorar. La ignorancia no consiste en no tener información sino en no saber. Es posible no saber porque se carece de información pero también es posible no saber teniendo información pero ignorando qué hacer con ella, cuál es su significado, cuál su relevancia o cuál es su pertinencia en un contexto determinado. La información es un insumo del conocimiento, no su definición. Yo tengo bastante información acerca de las reglas del fútbol, pero no “sé” jugar; soy un “ignorante” en cualquier puesto, en cualquier campo de juego.
Esta clase de malentendido es producto del uso indiscriminado de los términos saber e información como si fueran equivalentes. La medicina suele sentirse confiada porque está llena de datos que confunde con conocimiento. Cuando las circunstancias nos enfrentan a la incertidumbre de la clínica, apelamos a resolverla con el único recurso que aprendimos a valorar: más información. La acumulación de datos multiplica la incertidumbre en lugar de atenuarla. Entonces, volvemos a “cargarnos” de más información como si fuese el único combustible para el pensamiento. Datos cada vez más complejos, cada vez más sofisticados, cada vez más inútiles.
“La conciencia consiste en información no más que una persona que consume grandes cantidades de alimentos puede decirse que consiste en comida. La conciencia se nutre de información de la misma manera en que el cuerpo se nutre de comida. Pero los seres humanos no consisten en salchichas; consisten en salchichas que se han comido. La conciencia no consiste en salchichas sino que consiste en salchichas que han sido aprehendidas. Es lo que se hace con lo ingresado lo que nos define no la naturaleza de lo ingresado". Tor Nørretranders, The User Illusion: Cutting Consciousness Down to Size
La información es imprescindible y al mismo tiempo completamente insuficiente. Lo que nos hace médicos es saber qué clase de información necesitamos para confirmar o refutar una hipótesis. La clave es seleccionar los datos pertinentes para el caso, el escenario, los deseos y los valores de nuestros pacientes. Las conjeturas diagnósticas preceden a la búsqueda de información, nunca la suceden. Ninguna hipótesis relevante nace espontáneamente por la mera acumulación de datos. Y, cuando lo hace, sugerida por los hallazgos no previstos, es en general fútil e irrelevante a los efectos del caso real. No se trata de que no encontremos anormalidades o disfunciones al solicitar estudios sin un criterio diagnóstico que los oriente; por el contrario, la calamidad es que en general sí las encontramos.
Como Yu Tsun, el personaje del “El jardín de los senderos que se bifurcan” de Jorge Luis Borges, vamos detrás de caminos laterales que se ramifican al infinito y que en lugar de acercarnos, nos alejan del objetivo. Caemos en una multitud de dimensiones paralelas de diagnósticos que no buscábamos y que en nada se relacionan con el motivo original. O peor aún, tomamos esos nuevos datos como las causas del malestar que estamos estudiando cuando no son más que meras asociaciones no causales. Los senderos nunca se acaban, el laberinto se cierra sobre sí mismo. Caminamos en círculos porque no sabemos hacia dónde vamos.
El objetivo de la medicina es la relevancia clínica NO la significación estadística ni la modificación de variables subrrogantes
Desorientados pero convencidos, porque nos han enseñado –y lo hemos aprendido con obediencia y sin crítica- que la medicina consiste en acumular datos y buscar obsesivamente la certeza. No vemos que no vemos. Esta ceguera es en un escotoma epistemológico que nos impide percibir y pensar en lo que hacemos. No solo en el diagnóstico, también en el las intervenciones terapéuticas: arterias obstruidas sin clínica que se desobstruyen automáticamente sin considerar las evidencias que lo desaconsejan; imágenes de alta complejidad en lumbalgia sin signos de alarma; alimentación enteral en demencia avanzada; alimentación parenteral temprana en terapia intensiva; cirugía bariátria indiscriminada sin consideración del contexto ni del perfil metabólico y hormonal, etc. Se modifican variables pero no la evolución clínica en lo que se denomina “ilusión de control”, un desvío cognitivo propio de razonamientos inválidos. El objetivo de la medicina es la relevancia clínica NO la significación estadística ni la modificación de variables subrrogantes.
Es posible que, como tantas otras veces, las palabras (o el uso que hacemos de ellas) terminen reemplazando a lo que designan. Como si el dedo que señala la cosa se confundiera con la cosa señalada por el dedo. Es muy frecuente -en la medicina y en la vida- que tomemos una cosa por otra: al éxito por el prestigio, al placer por la felicidad, a la epidemiología por la clínica, a un biomarcador por la enfermedad, al riesgo por el peligro, a la correlación por la causalidad, a la biología por la biografía, a permitir morir por dejar morir. Como el Hidalgo Caballero, tomamos los rebaños por ejércitos.
El mapa y el territorio
"En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del Imperio toda una provincia. Con el tiempo, estos mapas desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del oeste perduran despedazadas ruinas del mapa habitadas por animales y por mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de las disciplinas cartográficas" (De Viajes de Varones Prudentes de Suarez Miranda, libro IV, cap. XIV, Lérida, 1658. Citado por Jorge Luis Borges, "Historia Universal de la infamia")
Toda medición se corrompe cuando la métrica en sí misma se prioriza por sobre el rasgo que representa
Con frecuencia se publican trabajos de investigación que muestran resultados negativos respecto de intervenciones que, aun resultando eficaces para modificar una variable determinada o biomarcador, no logran tener impacto clínico en la evolución de los pacientes. Afortunadamente el método científico ofrece resguardos para advertir sobra la confusión entre variables subrrogantes y puntos finales duros como la mortalidad, la supervivencia o la aparición de episodios clínicos mayores. La era del "Big Data" en biología y medicina no consiste en la mera acumulación de variables cuantitativas, está indisolublemente asociada a una teoría que los sustenta: la biología y medicina de sistemas. Es, al contrario de lo que le suele creerse, este cuerpo teórico lo que orienta la integración de los datos en una perspectiva sistémica capaz de dar cuenta de las propiedades emergentes de fenómenos complejos como la vida o la enfermedad que no pueden comprenderse desde el reduccionismo mecanicista y aislados del ambiente donde suceden. Pese a las ingenuas afirmaciones que muchos sostienen, no existe ciencia ateórica.
En las más diversas circunstancias cotidianas apelamos a indicadores cuantificables que empleamos como medidas de situaciones clínicas complejas: fiebre, presión arterial, peso, glucemia, colesterol. Estos indicadores no son “causas”, ya que las cosas no pueden ser causas solo los procesos pueden serlo; no es el puñal sino la puñalada lo que hiere. Sabemos que las modificaciones de estas variables señalan solo algunos aspectos que co-varían con la evolución de las enfermedades en las que se utilizan. Lo sabemos, pero casi siempre lo olvidamos. En el razonamiento clínico es recomendable que nuestro cerebro analítico supervise lo que nuestro cerebro intuitivo hace sin consultarnos. El mundo en el que la correspondencia entre causa y efecto es uno a uno es fácil de entender, pero no es la clase de mundo que habitamos.
De este modo, impulsados por la repetición de la secuencia de: medir, intervenir y volver a medir, podemos confundir la medición con lo medido. Toda medición se corrompe cuando la métrica en sí misma se prioriza por sobre el rasgo que representa. La automatización de las conductas o el seguimiento irreflexivo y descontextualizado de algoritmos y guías de práctica clínica también facilitan este imperdonable olvido.
La lingüística nos ofrece un concepto muy interesante del que podríamos apropiarnos: la metonimia. También denominada transnominación, es un fenómeno de cambio semántico por el cual se designa una cosa o idea con el nombre de otra sirviéndose de alguna relación existente entre ambas. Es decir una palabra, un signo, que evoca un concepto en general más complejo. La parte por el todo, un significante que se desplaza hacia otro significante que le es próximo. Existen múltiples tipos y modalidades de uso de la metonimia.
•    Causa por efecto: Carecer de pan (carecer de trabajo).
•    Continente por contenido: Fumar una pipa.
•    Símbolo por cosa simbolizada: Juró lealtad a la bandera (jurar lealtad al país).
•    Autor por obra: Un Picasso (un cuadro de Picasso).
•    Objeto poseído por poseedor: El violín de la orquesta (por quien toca el violín).
•    La parte por el todo: El balón se introduce en la red (el arco).
•    El todo por la parte: Lavar el coche (la carrocería).
•    La materia por el objeto: Un lienzo (un cuadro).
•    El nombre del objeto por el de otro contiguo a él: El cuello de la camisa.
¿Qué pasa en la práctica médica?
En la clínica podríamos afirmar que el peso corporal o el índice de masa corporal son indicadores (aunque muy imperfectos) de la obesidad, las cifras de presión arterial de la enfermedad hipertensiva, la glucemia de la diabetes, la talla del crecimiento, etc. Dado que la práctica nos obliga a interactuar con estas mediciones a diario no es infrecuente que adquieran un ilusorio carácter ontológico, es decir de cosas u objetos en sí, con entidad propia. De este modo nos focalizamos en una variable perdiendo de vista aquello de lo que es un indicador. Reemplazamos una cosa por otra como la metonimia lo hace con los significantes lingüísticos.
Si reducimos el nivel plasmático de colesterol con el objeto de prevenir la ateroesclerosis o el de glucemia con el propósito de evitar o retrasar la retinopatía o la insuficiencia renal es conveniente no ensombrecer el objetivo final oculto bajo la fascinación por la cifra y lo medible. Bastaría una rápida observación acerca de algunas de las acciones que a diario tomamos y de las actitudes que revelan para comprender que periódicamente deberíamos recordar que:
  • Las cifras de presión arterial NO son la enfermedad hipertensiva.
  • Las cifras de glucemia NO son la diabetes.
  • El peso NO es la obesidad.
  • Las cifras de colesterol NO son la ateroesclerosis.
Cuando vas en la dirección incorrecta, el progreso consiste caminar hacia atrás
Obsesionándonos a nosotros mismos y a nuestros pacientes alrededor de la aritmética de las variables podríamos desdibujar los verdaderos fines de las intervenciones que realizamos. Todos sabemos que es posible modificar muchas de ellas sin que esto se traduzca automáticamente en el impacto clínico que procuramos o, lo que es peor aún, empeorándolo. Algunos trabajos recientes han demostrado en los hechos que esto resulta posible: Torcetrapib en la enfermedad coronaria, tratamiento intensivo de la glucemia en la diabetes, cirugía artroscópica de rodilla, tamizaje indiscriminado del cáncer mama, de próstata, renal o tiroideo, etc.
Cada una de estas variables opera en un contexto, señala situaciones mucho más complejas que lo que la mera cifra puede denotar lo que en modo alguno le resta valor a su propia –y a menudo imprescindible- existencia. Aquello que es señalado podría quedar oculto por lo que lo señala. El fin último de las intervenciones médicas son los hechos clínicos duros y significativos para la extensión y la calidad de la vida de las personas, no la modificación de biomarcadores.
Una regla que se midiera a sí misma se convertiría en un instrumento autorreferido que se ubicaría en los bordes de la inutilidad. Termómetros, balanzas, tensiómetros, resonadores magnéticos o las determinaciones bioquímicas son prótesis tecnológicas que amplían la mirada y orientan el juicio clínico, pero que están a su servicio no en su reemplazo. La seducción de la cifra, la utópica pretensión de reducir el mundo a sus dimensiones confundiendo los modos de estudiar la realidad a la realidad misma es un riesgo del que se debería estar advertido. Los indicadores son un recurso para conocer las cosas y procesos (gnoseología) pero no las cosas o procesos que pretendemos conocer (ontología).
Como los mapas del relato de Borges que tenían la exacta dimensión del territorio que representaban, a menudo sucumbimos a nuestro apetito de maravillas y creemos que un signo es capaz de significarlo todo. Entonces, la empecinada diversidad del mundo, nos sacude para arrebatarnos de la ambición de encontrar un nombre que contenga la totalidad de lo nombrado. Un utópico Aleph con el que una y otra vez nos hipnotizan y nos manipulan sin que logremos aprender de los sucesivos fracasos. La necesidad imperiosa de las personas de mantener una narrativa consistente puede triunfar sobre la memoria de lo que realmente ha ocurrido.
Que la ciencia recorte la realidad con el propósito de estudiarla, que construya indicadores que remitan a fenómenos que los exceden; en fin, que genere modelos conceptuales y objetos de conocimiento no implica que sus construcciones sustituyan la complejidad a menudo inabordable de lo real. Cerrar deliberadamente un ojo para focalizar la mirada en un aspecto minúsculo y particular, no es lo mismo que no haberlo tenido abierto nunca. Olvidarlo es un error epistemológico, es una vía directa que conduce al exceso diagnóstico y terapéutico, un modo bastante poco sutil de abusar de las analogías y las sustituciones. Una forma de ignorancia ilustrada, una vulgaridad.
Daniel Flichtentre-

jueves, 2 de noviembre de 2017


Miden las sinapsis que conectan el cerebro con los sentidos

    Neurocientíficos de la Universidad Autónoma de Madrid han conseguido medir por primera vez la estructura tridimensional de los contactos intercelulares que permiten que la información de los sentidos ‘entre’ a la corteza cerebral. El estudio se publica en la revista Cerebral Cortex y está adscrito al proyecto europeo The Human Brain Project.
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    <p>Modelo de la estructura tridimensional de los contactos intercelulares. / UAM</p>
    Modelo de la estructura tridimensional de los contactos intercelulares. / UAM
    Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) han conseguido medir los parámetros estructurales fundamentales de las sinapsis existentes entre los axones de las neuronas del tálamo y las de la corteza cerebral.
    Este es un significativo avance, tanto técnico como conceptual, para comprender cómo el ‘hardware celular’ contribuye a crear orden jerárquico en el flujo de información a través de las redes neuronales del cerebro. Los resultados se publican en la revista Cerebral Cortex.
    Los parámetros que se han logrado medir son valiosos para el desarrollo de modelos computacionales avanzados del funcionamiento de los circuitos del cerebro
    “Hemos descubierto especializaciones estructurales que podrían explicar por qué estas sinapsis en particular tienen tal potencia funcional que, pese a su pequeño numero relativo, imponen su ritmo de actividad eléctrica y su campo receptivo a las neuronas de la corteza cerebral a las que inervan, haciendo así que, por ejemplo, una determinada región de la corteza cerebral se dedique a procesar selectivamente información táctil, o visual, etc.”, Francisco Clascá, director del estudio.
    “Los parámetros que se han logrado medir son, además, un dato valioso para el desarrollo de modelos computacionales avanzados del funcionamiento de los circuitos del cerebro”, agrega el profesor.
    Durante los tres años en los que se llevó a cabo el trabajo, los investigadores se valieron de técnicas de marcado selectivo a larga distancia de axones en el cerebro de ratones. Estas las combinaron con técnicas avanzadas de microscopía electrónica tridimensional (S-TEM y FIB/SEM) para visualizar y medir con precisión las diminutas estructuras subcelulares.
    El estudio contó con la colaboración de investigadores del Instituto de Neurociencia y Medicina del Forschungszentrum Julich (Alemania) y del Laboratorio de Circuitos Corticales de la Universidad Politécnica de Madrid, y se ha realizado en el ámbito del proyecto internacional The Human Brain Project, financiado por la Unión Europea.

    miércoles, 1 de noviembre de 2017

    DENUNCIA EJEMPLAR


    Candidatas a Miss Perú 2018 realizaron una impactante denuncia contra la violencia de género

    Las 23 candidatas del certamen de belleza convirtieron en una denuncia su presentación. Dieron a conocer cifras alarmantes de ese país.


    Las 23 mujeres que participaban del certamen por Miss Perú 2018 decidieron sumarse a la campaña en contra de la violencia de género y lo hicieron de una manera particular: reemplazando sus medidas con las cifras de los casos de violencia de género.
    Luces y música a todo volumen esperaban el comienzo de la típica ceremonia, pero el salón quedó en silencio ante la primera participante.
    “Mi nombre es Camila Canicoba y represento al departamento de Lima mis medidas son 2202 casos por feminicidios reportados en los últimos nueve años en mi país”, dijo la primera mujer en aparecer en la pasarela.
    Las cifras son impactantes y cada una de las 23 denunciaron casos de abusos sexuales, femicidios, acosos, trata y explotación sexual.
    “Mi nombre es Karen Cueto y represento a Lima. Mis medidas son 82 femicidios y 156 tentativas en lo que va del año”.
    Las mujeres abarcaban en forma casi completa el mapa peruano por lo que esa presentación resultó más que impactante.
    Al finalizar la presentación, Cristian Rivero, conductor del Miss Perú 2018, explicó que el certamen estaría dedicado este año, en cada una de sus secuencias a enviar un mensaje en contra de la violencia que azota al país.
    "No queremos un país con más violencia. No solo se trata de estas 23 mujeres. Se trata de todas las mujeres que tienen derecho y merecen respeto. No más violencia. Este es el mensaje de este Miss Perú", dijo el animador.
    Para el segmento del desfile en traje de baño, Jessica Newton, organizadora del certamen, dio un mensaje en el que destacó que las mujeres son libres de actuar y vestir como deseen y que no por ello alguien puede sentirse en derecho de faltarse el respeto. Al final de ese segmento, Leslie Shaw interpretó "Siempre más fuerte", la canción que grabó para una campaña contra la violencia doméstica.
    Algunos de las denuncias fueron estas:
    “Mi nombre Samantha Batallanos, represento a Lima. Y mis medidas es una niña muere cada diez minutos producto de la explotación sexual”.
    “Mi nombre es Juana Acevedo y mis medidas son más del 70% de las mujeres de nuestro país es víctima de acoso callejero”
    “Mi nombre es Almendra Marroquín, representante de Cañete y mis medidas son más del 25% de niñas y adolescentes son abusadas en sus centros educativos”
    “Mi nombre es Romina Lozano y represento a la provincia del Callao. Mis medidas son 3114 víctimas de trata registrada hasta 2014”.

    Miss Peru 2017

    EN EL PAIS DE LOS PSICOANLIZADOS MALTRATAN A SUS HIJOS

    Datos de Argentina

    Crianza violenta: 7 de cada 10 chicos reciben castigos físicos y maltrato psicológico

    UNICEF presentó un informe global, que incluyen cifras de nuestro país. Lanzan una campaña para concientizar: #FinALaViolencia.
    Muchos padres y personas encargadas de educar niños piensan aún que el castigo físico y las agresiones verbales son necesarios para educarlos. Pero golpear, humillar, menospreciar, son actos de gravedad que dañan la salud física y emocional de los niños. Los chicos educados en contextos violentos pueden creer que la violencia es la única manera de vincularse con los otros. Además, mediante el maltrato se vulnera su derecho básico a crecer en un entorno libre de violencia. Por todas estas cuestiones, UNICEF presentó la campaña de sensibilización #FinALaViolencia y una “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos”.
    En Argentina, los métodos de disciplina violenta, que incluyen castigos físicos y maltrato psicológico, afectan a 7 de cada 10 chicos y chicas de entre 2 y 4 años, según el estudio global “Una situación habitual: violencia en las vidas de los niños y los adolescentes” difundido hoy por UNICEF. El estudio habla sobre la violencia sexual, la violencia hacia niños y niñas ejercida en sus propias casas, las muertes violentas de adolescentes y la violencia en las escuelas. Los datos son en base a estadísticas que van de 2005 a 2016.
    En Argentina, más del 95% de los adultos cree que los chicos y chicas no deben ser castigados físicamente. Sin embargo, en el 70% de los hogares se usan métodos de disciplina que incluyen violencia física o verbal (zamarreo, chirlos, cachetadas, golpes y gritos). “La violencia hacia los chicos es una problemática global y es especialmente preocupante cuando ocurre al interior de los hogares e involucra a los adultos cuidadores, personas que en lugar de proteger y acompañar a los niños en su crecimiento, los lastiman física y emocionalmente -dijo Roberto Benes, representante de UNICEF Argentina-. La violencia durante la infancia y la adolescencia deja marcas imborrables en los chicos y tiene consecuencias en su desarrollo presente y futuro”.
    Entre los niños de 2 a 4 años, Argentina está por debajo del promedio global, con un 54,4% de castigo físico, un 62,5% de agresión verbal y un 72,9% de cualquier práctica de disciplina infantil violenta. En el uso de disciplina infantil violenta contra niños de 2 a 4 años, Argentina (72,9%) está dentro de la media, cerca de países como Sierra Leona (73,6%) y México (69.9).
    Según el estudio de UNICEF, en algunos países las niñas y los niños más pequeños sufren más castigos físicos que los que son más grandes. En Argentina, el 54,4% de los chicos y chicas de entre 2 y 4 años recibe golpes, palmadas en el brazo o la pierna, zamarreos, sacudidas o chirlos de parte de los adultos que los cuidan, porcentaje que se reduce a un 44,1% entre los de 5 a 14 años.
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    Crianza violenta: 7 de cada 10 chicos reciben castigos físicos y maltrato psicológico
    04 02 13 policiales denuncian abuso infantil en jardin de infantes de san isidro Un hombre logró registrar un audio con los constantes maltratos y amenazas que sufrían los nenes de un jardín de infantes de San Isidro, y desató un verdadero escándalo que compromete a maestros y autoridades de la institución. san isidro escandalo san isidro maltrato en jardin maternal denuncian abuso maltratos amenazas a nenes jardin de infantes tribilin maltrato infantil
    En el marco del lanzamiento del estudio global, UNICEF presentó en Argentina la campaña de sensibilización #FinALaViolencia, que consiste en una activación en las redes sociales en la que se advierte que “en Argentina sólo 3 de cada 10 hogares puede celebrar una infancia sin violencia”. En el 63% de los hogares se utiliza la agresión verbal, en el 40% el castigo físico y en un 10% castigos físicos severos. En muchos casos estas prácticas se suman: es frecuente que en un mismo hogar, se usen castigos físicos, castigos físicos severos y agresiones verbales.
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    “La violencia atraviesa todos los estratos y lugares”, dice a Clarín Lucila Argüello, oficial de Protección de Derechos de UNICEF. Y cuenta que en la última encuesta de de percepción de violencia en el país, sólo el 3% de las personas dijeron que hay que usar la violencia en la crianza, pero al profundizar, el 46,4% reconoció que la usaba. Es que tirar de las orejas, del pelo, hacer un chas chas, gritar, son acciones naturalizadas.

    “Lo que hay que saber hacer es poner límites, que es lo contrario de retar. El chico necesita poder hacer, poder jugar, lo que hay que proporcionarle es un espacio, con sus límites. No hay que tener miedo de poner límites, la autoridad es lo contrario de ser autoritario. Si uno le pone límites al niño y le explica, eso es autoridad. Si uno grita y le dice ‘porque yo lo digo’, eso es ser autoritario. La palabra es lo que quita la acción violenta”, agrega Argüello.
    “Todavía hay violencia al interior de las familias. Todavía hay violencia en la crianza. Y nos preocupa la violencia en la crianza porque tiene un efecto negativo en los niños y sus derechos. Nuestro objetivo es la prevención. Por eso tratamos de concientizar a los padres para que la crianza esté basada en el amor, el respeto y el buen trato, porque son las bases para el crecimiento armónico del niño. Los padres no tienen por qué saberlo, por eso es que hay que darle habilidades -dice a Clarín Susana García Rubio, de UNICEF-. “El golpe está naturalizado. Muchos padres piensan que un golpe a tiempo es bueno, cuando no lo es. Siempre hay que tratarlos bien, explicarles, hablarles. Un niño bien tratado es un niño que se porta bien porque se siente respetado”.

    martes, 31 de octubre de 2017

    NO SE CONFUNDAN,NO SON MAS INTELIGENTES


    Los niños con mayor capacidad aeróbica tienen más materia gris

      La condición física de los niños puede influir en la estructura cerebral, lo que a su vez puede determinar su rendimiento académico, según una investigación liderada por la  Universidad de Granada. En el estudio clínico han participado más de 100 niños con sobrepeso y obesidad.
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      <p> La capacidad aeróbica se asocia con mayor volumen de materia gris en regiones frontales. / Sinc</p>
       La capacidad aeróbica se asocia con mayor volumen de materia gris en regiones frontales. / Sinc
      Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han demostrado que el nivel de condición física de los niños, principalmente la capacidad aeróbica y la habilidad motora, está asociado con un mayor volumen de materia gris en numerosas áreas corticales y subcorticales del cerebro.
      En particular, la capacidad aeróbica se asoció con mayor volumen de materia gris en regiones frontales (corteza premotora y corteza motora suplementaria), subcorticales (hipocampo y caudado), regiones temporales (giro temporal inferior y giro parahipocampal) y la corteza calcarina; regiones cerebrales importantes para el aprendizaje, la función ejecutiva y procesos motores y visuales.
      Esta investigación ha sido publicada en revista Neuroimage, y forma parte del proyecto internancional, ActiveBrains, en el que se está llevando a cabo un ensayo clínico aleatorizado en más de 100 niños con sobrepeso/obesidad, liderado por Francisco B. Ortega de la UGR, y llevado a cabo principalmente en Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud y el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de esta universidad.
      Rendimiento académico
      “Nuestro trabajo pretende responder a preguntas como si el cerebro de niños con una mejor forma física es diferente al cerebro de niños con peor forma física, o si esto influye, a su vez, en el rendimiento académico de los niños”, explica Ortega.
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      Regiones cerebrales que muestran asociaciones independientes positivas de velocidad cardiorrespiratoria y agilidad de velocidad con volumen de materia gris en niños con sobrepeso u obesidad. / UGR
      Según el responsable, “la respuesta es que el nivel de condición física de los niños está directamente relacionado con importantes diferencias estructurales en el cerebro, y tales diferencias se ven reflejadas en el rendimiento académico de los niños”.
      La habilidad motora se asoció con mayor volumen de materia gris en dos regiones claves para el procesamiento del lenguaje y la lectura
      A su vez, en la investigación, la habilidad motora se asoció con mayor volumen de materia gris en dos regiones claves para el procesamiento del lenguaje y la lectura, el giro frontal inferior y el giro temporal superior. Sin embargo, la fuerza muscular no mostró ninguna asociación independiente con el volumen de materia gris en ninguna región del cerebro.
      Según destaca Irene Esteban-Cornejo, investigadora postdoctoral de la UGR y primera autora de este artículo, el volumen de materia gris en las regiones corticales y subcorticales influenciadas por la condición física determina a su vez un mejor rendimiento académico de los niños.
      Factor modificable a través del ejercicio
      Además, “la condición física es un factor modificable a través del ejercicio físico, y combinar ejercicio físico que mejore la capacidad aeróbica y la habilidad motora sería un enfoque efectivo para estimular el desarrollo cerebral y el desempeño académico en niños con sobrepeso y obesidad”.
      Este artículo científico supone una importante contribución al conocimiento humano que debe ser tenido en cuenta por las instituciones educativas y de salud pública.
      “Hacemos un llamamiento tanto a políticos, quién determinan las leyes educativas, cada vez más centradas en materias instrumentales, como a maestros, el último eslabón de la cadena y quién hace realidad el día a día de las clases de Educación Física. El colegio es el único ente que concentra a todos los niños de manera obligatoria durante un periodo mínimo de 10 años, por lo tanto es el contexto ideal para que se lleven a cabo tales recomendaciones”, apuntan los autores.
      Los investigadores de este estudio, según sus propias palabras, quedan “a disposición de las instituciones educativas y de salud pública para debatir y poner medidas al respecto”.

      lunes, 30 de octubre de 2017

      CAMBIA,TODO CAMBIA.....

      El cambio de hora de otoño: una vuelta atrás necesaria

      Parte de la población experimenta importantes variaciones en la luz solar por el ciclo de las estaciones


      cambio de hora 2017 Ampliar foto
      En la madrugada de este domingo se cambia la hora. Getty Images
      Este mes de octubre, Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron galardonados con el premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares de los ritmos circadianos: el reloj biológico ligado al ciclo diario de la luz solar.
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      Pero no solo percibimos el ciclo diario: una fracción significativa de la población vive suficientemente lejos de los trópicos como para experimentar importantes variaciones en la luz solar debido al ciclo de las estaciones, que acorta y alarga los días, adelanta y retrasa amaneceres y anocheceres. Modulamos estas variaciones con el cambio estacional de la hora, que ayuda a que el inicio de la actividad sociolaboral se ajuste con la cambiante hora del amenecer de nuestras latitudes.
      Precisamente este domingo ha cambiado la hora oficial. Si el viernes vamos al trabajo a las 9CEST (hora de verano de Europa central), el lunes lo haremos una hora más tarde, a las 9CET (hora de Europa central), aunque parezca que sea la misma hora. Alterando las manecillas del reloj parecerá que amanece y anochece una hora antes pero, en realidad, la rotación de la Tierra y el movimiento aparente del Sol seguirán su cadencia natural de quince grados de avance por cada hora transcurrida. Es nuestra actividad sociolaboral lo que cambia.
      El retraso otoñal anula el adelanto primaveral y es más llevadero que este. Hace justo un año los parlamentos balear y valenciano pidieron que el cambio otoñal no se realizara y, por tanto, viviéramos el invierno con la hora de verano. Merece la pena glosar qué habría ocurrido porque extender la hora de verano hasta el invierno siguiente es la mayor prueba de esfuerzo a la que se someten los horarios de una sociedad: desajusta la actividad del día más exigente del año; el día con el amanecer más tardío, el anochecer más temprano y la luz diurna más breve y débil; el día invernal.
      En España estamos acostumbrados a que amanezca como muy tarde entre las 08:10 y las 09:10. Por eso, y no por otra razón, nuestra actividad laboral se inicia aproximadamente a esa hora y no a otra. En estos últimos días de horario de verano amanece casi a la misma hora a la que amanecerá en invierno, si no más tarde, y notamos las mañanas muy oscuras. Precisamente esa es la señal que advierte de que toca retrasar la hora (véase gráfico y cuadro adjunto). Si no lo hiciéramos ahora el amanecer seguiría retrasándose hasta que por Navidad ocurriría entre las 09:10 y las 10:10. No es ningún problema en sí mismo, salvo si nuestra actividad sociolaboral siguiera empezando entre las ocho y las nueve. Conforme pasaran los días cada vez más personas percibirían que amanece “muy tarde” porque cada vez más personas estarían madrugando demasiado; aunque se pusieran en marcha a las ocho de la mañana.

      El cambio de hora de otoño: una vuelta atrás necesaria
      Hay pruebas de estas molestias. Hace dos años Chile “olvidó” hacer el cambio otoñal y pasó un invierno con la hora de verano. Solo uno: las quejas fueron tales que al año siguiente sí hubo cambio otoñal y el reloj invernal fue como lo había sido en los años anteriores.
      Un poco antes, en el año 2011, Rusia empezó a vivir inviernos con el horario de verano. Pero en el año 2014 revirtió la medida. Antes lo habían intentado Reino Unido (1968-1971) y Portugal (1967-1975 y 1992-1996), también sin éxito.
      A veces la sociedad admite con agrado pasar el invierno con la hora de verano. Ocurre en Islandia (desde 1968), en Alaska (1983), en la provincia canadiense de Saskatchewan (1960) o, desde el año pasado, en la provincia chilena de Magallanes. Son regiones con una latitud suficientemente grande como para que el día invernal sea más corto que una jornada laboral normal. Las habitantes tienen que elegir entre entrar a trabajar de noche y salir de día, o lo contrario: entrar de día y salir de noche. No pocos prefieren lo primero y tratan de conseguirlo extendiendo el horario de verano durante todo el año. Amanece “más tarde”, sí; pero también anochece “más tarde”.
      Hay otra forma de soslayar estas dificultades. Al final de la Segunda Guerra Mundial España, Francia, Bélgica y Países Bajos decidieron permanecer en el horario de verano. La circunstancias del momento facilitaron que sus habitantes se adaptaran a la nueva situación. ¿Cómo? Simplemente retrasando en mayor o menor medida sus hábitos sociolaborales para que siguieran coincidiendo, como antaño, con los hitos naturales: amanecer invernal, mediodía y anochecer invernal. Por eso hoy no iniciamos la actividad laboral entre las siete y las ocho sino entre las ocho y las nueve. Por eso hoy, como siempre, comemos y cenamos una hora después que los italianos. No hemos dejado ni vamos a dejar de estar unos quince grados más hacia occidente que ellos.
      Somos esclavos del reloj de una forma débil: un instrumento del que aprendemos rápidamente a qué marca cuando amanece. Tomamos decisiones con esta información porque, en realidad, somos esclavos del amanecer, de los ciclos de la luz solar. Como describieron los premiados este año por la Fundación Nobel.
      Datos extraídos de http:www.timeanddate.com
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