UNA PÁGINA PARA PUBLICAR LAS BARBARIDADES MÉDICAS,LOS ROBOS DE LOS LABORATORIOS,LAS MEDIDAS PROGRESISTAS Y LAS NOVEDADES MEDICAS MUNDIALES
domingo, 26 de noviembre de 2017
¿esto es violencia de genero?
Un proyecto trata de prevenir esta práctica en nuestro país
La Fundación Wassu-UAB ha presentado esta semana el Mapa de la Mutilación Genital Femenina
(MGF) en España, con datos del año 2016, elaborado por Adriana Kaplan
Marcusán directora de esta fundación y profesora del Antropología Social
y Cultural de la Universidad Autónoma de Madrid, y el demógrafo Antonio
López Gay.
El objetivo de esta actualización es analizar las cifras de población femenina procedente de países en los que persiste la práctica de la MGF, caracterizarla demográficamente por sexo y edad, establecer sus países de procedencia y localizarla en el territorio español.
Este informe ofrece una mirada longitudinal en el tiempo, permitiendo comparar la fotografía actual de la inmigración subsahariana femenina, con lo que sucedía en el momento de la publicación de los mapas de 2012 y 2008, y ver la evolución de esta práctica ancestral, extendida principalmente en 28 países de África subsahariana, Oriente Medio y Asia.
Según la información reunida en este estudio, en España hay 69.086 mujeres que provienen de países donde se practica la MGF, un 5,2% más que en 2012. De ellas, 18.396 son niñas entre 0 y 14 años, grupo que ha disminuido 0,35% en los últimos cuatro años.
La publicación forma parte del proyecto La Prevención de la Mutilación Genital Femenina en España, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y es cofinanciado por el Fondo de Asilo, Migración e Integración de la Unión Europea.
Casi un tercio de las mujeres procedentes de estos países, que están empadronadas en España, residen en Cataluña que, con 21.298 mujeres y 6.295 niñas de 0 a 4 años, es la comunidad autónoma que lidera el ranking. Le sigue la Comunidad de Madrid, con 8.891 mujeres y 2.128 niñas menores de 15 años. El tercer lugar lo ocupa Andalucía, con 7.820 mujeres y 1.741 niñas.
La región que ha experimentado un mayor crecimiento de población femenina de origen MGF desde 2012, ha sido el País Vasco, donde las mujeres han pasado de ser 3.308 a 4.890. En el Principado de Asturias y en Galicia, el crecimiento de este colectivo también ha sido notable, superior al 21%, mientras que en la Cataluña y Aragón ha rondado el 5%. Por el contrario, la población de niñas entre 0 y 14 años de países con prevalencia de MGF, ha disminuido en Islas Baleares, Aragón, Canarias, Comunitat Valenciana, Cataluña y Madrid.
Transfererencia de conocimiento
La Fundación Wassu-UAB es una organización científica, que actúa para prevenir y promover el abandono de la MGF en África y en la diáspora. Propone una metodología pionera, innovadora y sostenible. A través de la investigación antropológica y médica, aplicada a la transferencia del conocimiento, empodera y crea oportunidades para que las personas puedan tomar decisiones informadas y así, mejorar las condiciones de vida y salud de mujeres, reconociendo su derecho a la integridad y libertad personal, en condición de igualdad social.
La fundación alberga al Observatorio Transnacional de Investigación Aplicada a Nuevas estrategias para la Prevención de la Mutilación Genital Femenina, con dos bases de investigación: en España, a través del Grupo Interdisciplinar para la Prevención y el Estudio de Prácticas Tradicionales Perjudiciales (GIPE-PTP); en Gambia, a través de la ONG Wassu Gambia Kafo.
Unas 70.000 mujeres en España proceden de países donde se practica la ablación
En España hay 69.086
mujeres que provienen de países donde se practica la mutilación genital
femenina o ablación, un 5,2% más que en 2012. De ellas, 18.396 son
menores de 14 años, una cifra que ha disminuido ligeramente, un 0,35%,
en los últimos cuatro años, según datos dela La Fundación Wassu-UAB. El
informe forma parte de un proyecto, que cuenta con apoyo gubernamental,
para la prevención de esta práctica en nuestro país.
.
La
investigadora de la UAB Adriana Kaplan durante una de sus campañas para
fomentar el abandono de esta práctica en los países de origen. / Jordi
Pareto
El objetivo de esta actualización es analizar las cifras de población femenina procedente de países en los que persiste la práctica de la MGF, caracterizarla demográficamente por sexo y edad, establecer sus países de procedencia y localizarla en el territorio español.
Este informe ofrece una mirada longitudinal en el tiempo, permitiendo comparar la fotografía actual de la inmigración subsahariana femenina, con lo que sucedía en el momento de la publicación de los mapas de 2012 y 2008, y ver la evolución de esta práctica ancestral, extendida principalmente en 28 países de África subsahariana, Oriente Medio y Asia.
Según la información reunida en este estudio, en España hay 69.086 mujeres que provienen de países donde se practica la MGF, un 5,2% más que en 2012. De ellas, 18.396 son niñas entre 0 y 14 años, grupo que ha disminuido 0,35% en los últimos cuatro años.
La publicación forma parte del proyecto La Prevención de la Mutilación Genital Femenina en España, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y es cofinanciado por el Fondo de Asilo, Migración e Integración de la Unión Europea.
Casi un tercio de las mujeres procedentes de estos países, que están empadronadas en España, residen en Cataluña que, con 21.298 mujeres y 6.295 niñas de 0 a 4 años, es la comunidad autónoma que lidera el ranking. Le sigue la Comunidad de Madrid, con 8.891 mujeres y 2.128 niñas menores de 15 años. El tercer lugar lo ocupa Andalucía, con 7.820 mujeres y 1.741 niñas.
Casi un tercio de las mujeres procedentes de estos países, que están empadronadas en España, residen en Cataluña
Si el foco se pone en las provincias, la de Barcelona es la que alberga
más población femenina de países subsaharianos, 12.360 mujeres y 3.569
niñas entre 0 y 14 años. En segundo lugar Madrid, continúa Girona, con
4.538 mujeres y 1.409 niñas, y Valencia con 3.276 mujeres y 950 niñas
entre 0 y 14 años. La región que ha experimentado un mayor crecimiento de población femenina de origen MGF desde 2012, ha sido el País Vasco, donde las mujeres han pasado de ser 3.308 a 4.890. En el Principado de Asturias y en Galicia, el crecimiento de este colectivo también ha sido notable, superior al 21%, mientras que en la Cataluña y Aragón ha rondado el 5%. Por el contrario, la población de niñas entre 0 y 14 años de países con prevalencia de MGF, ha disminuido en Islas Baleares, Aragón, Canarias, Comunitat Valenciana, Cataluña y Madrid.
Transfererencia de conocimiento
La Fundación Wassu-UAB es una organización científica, que actúa para prevenir y promover el abandono de la MGF en África y en la diáspora. Propone una metodología pionera, innovadora y sostenible. A través de la investigación antropológica y médica, aplicada a la transferencia del conocimiento, empodera y crea oportunidades para que las personas puedan tomar decisiones informadas y así, mejorar las condiciones de vida y salud de mujeres, reconociendo su derecho a la integridad y libertad personal, en condición de igualdad social.
La fundación alberga al Observatorio Transnacional de Investigación Aplicada a Nuevas estrategias para la Prevención de la Mutilación Genital Femenina, con dos bases de investigación: en España, a través del Grupo Interdisciplinar para la Prevención y el Estudio de Prácticas Tradicionales Perjudiciales (GIPE-PTP); en Gambia, a través de la ONG Wassu Gambia Kafo.
sábado, 25 de noviembre de 2017
Si bebes alcohol hay un mayor riesgo de cáncer… o todo lo contrario
(Tony Cenicola/The New York Times)
El título provocó un ataque de pánico entre algunos de mis amigos.
Con base en evidencia, la Asociación Estadounidense de Oncología Clínica advirtió que incluso beber poco alcohol puede aumentar el riesgo de padecer cáncer.
Una vez más nos informan que algo que comemos o bebemos nos va a matar. Una vez más tenemos una oportunidad: discutir de una forma menos alarmista sobre el riesgo —y cómo se comunica— puede hacernos más felices y quizá más saludables.
Comencemos con el hecho de que es fácil utilizar estudios para hablar sobre el cáncer. Nada lo ilustra mejor que el estudio clásico de 2013 que analizó la investigación sobre cuarenta ingredientes típicos seleccionados de un libro de cocina común y corriente. Los investigadores descubrieron 264 estudios diferentes que se referían a por lo menos uno de esos ingredientes. ¿Su conclusión? Depende de dónde busques, puedes encontrar evidencia que afirma que casi todo lo que comemos se asocia tanto con altos índices de cáncer como con bajos índices de cáncer.
El meollo del comunicado de la sociedad de oncología es que existe una cantidad razonable de evidencia que sugiere una asociación entre algunos tipos de cáncer y el alcohol (específicamente, se refiere al cáncer orofaríngeo y de laringe, al cáncer del esófago, al carcinoma hepatocelular, al cáncer de mama y de colon). Reconoce que los mayores riesgos se presentan en aquellos que beben mucho, pero advierte que incluso beber con moderación puede aumentar el riesgo de cáncer. En Estados Unidos, dice además el comunicado, 3,5 por ciento de las muertes por cáncer son atribuidas al alcohol.
Por supuesto, esto significa que 96,5 por ciento de las muertes por cáncer no son atribuidas al alcohol. Si eliminamos la ingesta de alcohol en exceso, que nadie considera saludable y en la que el vínculo entre el consumo y la enfermedad es más seguro, ese número aumenta. Si también eliminamos a los que fuman —se cree que fumar intensifica la relación entre alcohol y cáncer— el número de muertes por cáncer que no se pueden atribuir al alcohol se acerca al 100 por ciento.
Vamos a estipular que pueda existir una correlación entre beber poco o con moderación y algunos tipos de cáncer. Aún no comprobamos que la relación es causal, pero vamos a aceptar que hay al menos un vínculo. En cuanto al cáncer de mama —que parece ser el que consigue más titulares—, beber poco se relaciona con un riesgo relativo de 1,04 según datos del comunicado. El riesgo relativo se refiere al cambio porcentual en el riesgo absoluto (generalizado) como resultado de algún cambio de conducta. (Además, 1,04 es un cambio porcentual de cuatro puntos del anterior 1,0, lo que significa un punto de partida sin diferencia de riesgo entre el grupo experimental y el grupo de referencia).
Una mujer de 40 años tiene un riesgo absoluto del 1,45 por ciento de desarrollar cáncer de mama en los próximos diez años. Este comunicado argumenta que, si ella consume poco alcohol, el riesgo aumentaría al 1,51 por ciento. Esto es un aumento de riesgo absoluto del 0,06 por ciento. Si utilizamos lo que se conoce como el número de pacientes que es necesario tratar para que un paciente sufra un evento adverso, esto podría interpretarse como que si 1667 mujeres de 40 años se volvieran bebedoras ocasionales, una de ellas podría desarrollar cáncer de mama. Las otras 1666 no tendrían cambios.
Por supuesto, beber con moderación o en grandes cantidades podría aumentar aún más el riesgo. El riesgo absoluto para esa mujer de 40 años iría del 1,45 por ciento al 1,78 por ciento para la bebedora moderada y al 2,33 por ciento para la bebedora de grandes alcances. Esos números aún no son tan aterradores.
No obstante, quizá cualquier aumento del riesgo es demasiado para ti. Está bien; sin embargo, si eres una de esas personas, debes reconocer que no puedes considerar ningún cáncer en el vacío. Una persona puede padecer casi cualquier cáncer.
El gran análisis de datos en el que se basó este comunicado observó veintitrés tipos de cáncer con respecto al consumo de alcohol. Encontró una relación peligrosa entre tres de ellos y el poco consumo de alcohol. Sin embargo, también encontró una relación de protección —es decir, una disminución del riesgo de cáncer— entre seis de ellos y la poca ingesta de alcohol.
No quiero decir que deberías comenzar a consumir alcohol en forma leve para evitar esos seis tipos de cáncer. Simplemente estoy señalando cómo ser selectivo te permite llegar a conclusiones distintas. En cuanto a la bebida moderada, hubo relaciones dañinas con siete tipos de cáncer y relaciones protectoras con tres. El comunicado se enfocó en las primeras, no en las últimas.
El análisis de datos de 2013 en Annals of Oncology que observó todos los tipos de cáncer encontró que, en general, beber un poco es protector, beber con moderación no tiene efectos y beber en exceso es perjudicial.
Incluso enfocarse en el cáncer es volverse selectivo. Una persona puede sufrir una gran cantidad de enfermedades y este hecho hace que los peligros de la bebida escasa y con moderación sean aún más turbios.
Si aceptas la metodología de los estudios conjuntos con grupos de casos y referencia, de los que surgen muchos de los vínculos entre el alcohol y el cáncer, deberías aceptar los resultados de estudios similares para otras enfermedades. Por ejemplo, un estudio conjunto de cerca de seis mil personas encontró que aquellos que beben al menos una vez por semana tienen mejores funciones cognitivas durante la edad adulta que aquellos que no beben. Una revisión sistemática en 2004 encontró que los bebedores moderados tienen menores índices de diabetes (hasta un 56 por ciento menos, aunque esto se trata de una disminución del riesgo relativo).
Las pruebas controladas aleatorias con alcohol (sí existen) muestran que beber poco o con moderación puede ocasionar una reducción en los factores de riesgo para enfermedades cardiacas, diabetes y embolias. Estos factores de protección podrían ser mayores que todos los otros factores de riesgo negativos (incluso el cáncer) que podrían estar asociados con beber poco o con moderación. En Estados Unidos mueren más mujeres por enfermedades del corazón que por cáncer. También más hombres.
Además, las advertencias extremas tienen otras consecuencias. Conozco mucha gente que ahora es escéptica ante cualquier noticia de este tipo porque pareciera que “todo” causa cáncer. Estos artículos casi nunca reconocen un punto de vista alternativo. Los riesgos absolutos de beber poco o con moderación son pequeños, al mismo tiempo que mucha gente obtiene placer de tomar un coctel o una copa de vino cada tanto. Incluso si existe un riesgo —y el riesgo total es debatible— es perfectamente razonable decidir que la calidad de vida que se consigue gracias a esa bebida es mayor que los daños potenciales que implica.
Lo mismo se puede decir de muchos alimentos, no solo del alcohol.
¿Qué podemos hacer al respecto? Podríamos hacer cambios sencillos para obtener un mejor entendimiento del riesgo, con el fin de que cada anuncio nuevo no nos ponga nerviosos:
1) Toma en cuenta los riesgos absolutos. Un aumento del 30 por ciento suena aterrador, pero un aumento del 1 por ciento al 1,3 por ciento de riesgo absoluto no suena tan mal, aunque significan lo mismo. De igual manera, debemos preocuparnos más de un aumento de riesgo del 5 por ciento en el rango del 20 al 21 por ciento que de un aumento del 30 por ciento en el rango del 1 al 1,3 por ciento.
2) No le des mucha importancia a los datos observacionales. Sobre todo, cuando se puedan consultar los datos causales.
3) No te concentres solo en una enfermedad e ignores a las demás. Algo puede ser dañino con respecto a un padecimiento mientras es benéfico en relación con otro.
4) No seas selectivo. Es decir, no te enfoques solo en algunos estudios o solo en ciertos resultados. Revisa toda la evidencia para apreciar un panorama lo más completo posible.
5) Acepta los daños y también los beneficios o las recomendaciones. Considera el sacrificio y el deleite.
Estas reglas no van a llegar a las tapas de los diarios. Sin embargo, podrían conducirte a una vida más feliz e incluso más saludable.
Aaron E. Carroll es un profesor de Pediatría en la Escuela de Medicina en la Universidad de Indiana que escribe un blog sobre investigación y políticas de salud en The Incidental Economist y realiza videos en Healthcare Triage. Él es el autor de “The Bad Food Bible: How and Why to Eat Sinfully”, libro del cual algunas partes de este artículo fueron adaptadas.
Con base en evidencia, la Asociación Estadounidense de Oncología Clínica advirtió que incluso beber poco alcohol puede aumentar el riesgo de padecer cáncer.
Una vez más nos informan que algo que comemos o bebemos nos va a matar. Una vez más tenemos una oportunidad: discutir de una forma menos alarmista sobre el riesgo —y cómo se comunica— puede hacernos más felices y quizá más saludables.
Comencemos con el hecho de que es fácil utilizar estudios para hablar sobre el cáncer. Nada lo ilustra mejor que el estudio clásico de 2013 que analizó la investigación sobre cuarenta ingredientes típicos seleccionados de un libro de cocina común y corriente. Los investigadores descubrieron 264 estudios diferentes que se referían a por lo menos uno de esos ingredientes. ¿Su conclusión? Depende de dónde busques, puedes encontrar evidencia que afirma que casi todo lo que comemos se asocia tanto con altos índices de cáncer como con bajos índices de cáncer.
El meollo del comunicado de la sociedad de oncología es que existe una cantidad razonable de evidencia que sugiere una asociación entre algunos tipos de cáncer y el alcohol (específicamente, se refiere al cáncer orofaríngeo y de laringe, al cáncer del esófago, al carcinoma hepatocelular, al cáncer de mama y de colon). Reconoce que los mayores riesgos se presentan en aquellos que beben mucho, pero advierte que incluso beber con moderación puede aumentar el riesgo de cáncer. En Estados Unidos, dice además el comunicado, 3,5 por ciento de las muertes por cáncer son atribuidas al alcohol.
Por supuesto, esto significa que 96,5 por ciento de las muertes por cáncer no son atribuidas al alcohol. Si eliminamos la ingesta de alcohol en exceso, que nadie considera saludable y en la que el vínculo entre el consumo y la enfermedad es más seguro, ese número aumenta. Si también eliminamos a los que fuman —se cree que fumar intensifica la relación entre alcohol y cáncer— el número de muertes por cáncer que no se pueden atribuir al alcohol se acerca al 100 por ciento.
Vamos a estipular que pueda existir una correlación entre beber poco o con moderación y algunos tipos de cáncer. Aún no comprobamos que la relación es causal, pero vamos a aceptar que hay al menos un vínculo. En cuanto al cáncer de mama —que parece ser el que consigue más titulares—, beber poco se relaciona con un riesgo relativo de 1,04 según datos del comunicado. El riesgo relativo se refiere al cambio porcentual en el riesgo absoluto (generalizado) como resultado de algún cambio de conducta. (Además, 1,04 es un cambio porcentual de cuatro puntos del anterior 1,0, lo que significa un punto de partida sin diferencia de riesgo entre el grupo experimental y el grupo de referencia).
Una mujer de 40 años tiene un riesgo absoluto del 1,45 por ciento de desarrollar cáncer de mama en los próximos diez años. Este comunicado argumenta que, si ella consume poco alcohol, el riesgo aumentaría al 1,51 por ciento. Esto es un aumento de riesgo absoluto del 0,06 por ciento. Si utilizamos lo que se conoce como el número de pacientes que es necesario tratar para que un paciente sufra un evento adverso, esto podría interpretarse como que si 1667 mujeres de 40 años se volvieran bebedoras ocasionales, una de ellas podría desarrollar cáncer de mama. Las otras 1666 no tendrían cambios.
Por supuesto, beber con moderación o en grandes cantidades podría aumentar aún más el riesgo. El riesgo absoluto para esa mujer de 40 años iría del 1,45 por ciento al 1,78 por ciento para la bebedora moderada y al 2,33 por ciento para la bebedora de grandes alcances. Esos números aún no son tan aterradores.
No obstante, quizá cualquier aumento del riesgo es demasiado para ti. Está bien; sin embargo, si eres una de esas personas, debes reconocer que no puedes considerar ningún cáncer en el vacío. Una persona puede padecer casi cualquier cáncer.
El gran análisis de datos en el que se basó este comunicado observó veintitrés tipos de cáncer con respecto al consumo de alcohol. Encontró una relación peligrosa entre tres de ellos y el poco consumo de alcohol. Sin embargo, también encontró una relación de protección —es decir, una disminución del riesgo de cáncer— entre seis de ellos y la poca ingesta de alcohol.
No quiero decir que deberías comenzar a consumir alcohol en forma leve para evitar esos seis tipos de cáncer. Simplemente estoy señalando cómo ser selectivo te permite llegar a conclusiones distintas. En cuanto a la bebida moderada, hubo relaciones dañinas con siete tipos de cáncer y relaciones protectoras con tres. El comunicado se enfocó en las primeras, no en las últimas.
El análisis de datos de 2013 en Annals of Oncology que observó todos los tipos de cáncer encontró que, en general, beber un poco es protector, beber con moderación no tiene efectos y beber en exceso es perjudicial.
Incluso enfocarse en el cáncer es volverse selectivo. Una persona puede sufrir una gran cantidad de enfermedades y este hecho hace que los peligros de la bebida escasa y con moderación sean aún más turbios.
Si aceptas la metodología de los estudios conjuntos con grupos de casos y referencia, de los que surgen muchos de los vínculos entre el alcohol y el cáncer, deberías aceptar los resultados de estudios similares para otras enfermedades. Por ejemplo, un estudio conjunto de cerca de seis mil personas encontró que aquellos que beben al menos una vez por semana tienen mejores funciones cognitivas durante la edad adulta que aquellos que no beben. Una revisión sistemática en 2004 encontró que los bebedores moderados tienen menores índices de diabetes (hasta un 56 por ciento menos, aunque esto se trata de una disminución del riesgo relativo).
Las pruebas controladas aleatorias con alcohol (sí existen) muestran que beber poco o con moderación puede ocasionar una reducción en los factores de riesgo para enfermedades cardiacas, diabetes y embolias. Estos factores de protección podrían ser mayores que todos los otros factores de riesgo negativos (incluso el cáncer) que podrían estar asociados con beber poco o con moderación. En Estados Unidos mueren más mujeres por enfermedades del corazón que por cáncer. También más hombres.
Además, las advertencias extremas tienen otras consecuencias. Conozco mucha gente que ahora es escéptica ante cualquier noticia de este tipo porque pareciera que “todo” causa cáncer. Estos artículos casi nunca reconocen un punto de vista alternativo. Los riesgos absolutos de beber poco o con moderación son pequeños, al mismo tiempo que mucha gente obtiene placer de tomar un coctel o una copa de vino cada tanto. Incluso si existe un riesgo —y el riesgo total es debatible— es perfectamente razonable decidir que la calidad de vida que se consigue gracias a esa bebida es mayor que los daños potenciales que implica.
Lo mismo se puede decir de muchos alimentos, no solo del alcohol.
¿Qué podemos hacer al respecto? Podríamos hacer cambios sencillos para obtener un mejor entendimiento del riesgo, con el fin de que cada anuncio nuevo no nos ponga nerviosos:
1) Toma en cuenta los riesgos absolutos. Un aumento del 30 por ciento suena aterrador, pero un aumento del 1 por ciento al 1,3 por ciento de riesgo absoluto no suena tan mal, aunque significan lo mismo. De igual manera, debemos preocuparnos más de un aumento de riesgo del 5 por ciento en el rango del 20 al 21 por ciento que de un aumento del 30 por ciento en el rango del 1 al 1,3 por ciento.
2) No le des mucha importancia a los datos observacionales. Sobre todo, cuando se puedan consultar los datos causales.
3) No te concentres solo en una enfermedad e ignores a las demás. Algo puede ser dañino con respecto a un padecimiento mientras es benéfico en relación con otro.
4) No seas selectivo. Es decir, no te enfoques solo en algunos estudios o solo en ciertos resultados. Revisa toda la evidencia para apreciar un panorama lo más completo posible.
5) Acepta los daños y también los beneficios o las recomendaciones. Considera el sacrificio y el deleite.
Estas reglas no van a llegar a las tapas de los diarios. Sin embargo, podrían conducirte a una vida más feliz e incluso más saludable.
Aaron E. Carroll es un profesor de Pediatría en la Escuela de Medicina en la Universidad de Indiana que escribe un blog sobre investigación y políticas de salud en The Incidental Economist y realiza videos en Healthcare Triage. Él es el autor de “The Bad Food Bible: How and Why to Eat Sinfully”, libro del cual algunas partes de este artículo fueron adaptadas.
BRASIL,ESPAÑA,ARGENTINA...LA MISMA BATALLA
La batalla de la intimidad
Por Sandra Russo

En
las imágenes imprecisas del video de celular, se veía a Judith Butler
en el aeropuerto de Rio de Janeiro, a punto de abandonar Brasil. Se iba
después de una visita cuya reacción revulsiva, a cargo de activistas de
derecha, debe verse como un síntoma y una bisagra. En el video se veían
llegar y rodearla a algunos hombres y mujeres con pancartas, gritándole
que era una bruja, y que había que quemarla como a una bruja. La escena
captura un resorte central del viaje por el tiempo que estamos haciendo,
y que nos retrotrae no a hace veinte ni cincuenta años, sino a siglos
atrás, a l789, justo a antes del momento en el que La Declaración de
Derechos del Hombre y del Ciudadano –todavía faltaba mucho para el
feminismo, pero esa Declaración le abrió una puerta–, se instituyó en
una piedra basal desde la que manó hacia el sentido común del mundo la
noción de que todos los hombres tienen iguales derechos. Tres años más
tarde fue el turno de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la
Ciudadana, pero esa equidad todavía está pendiente.
Debe tomarse ese agravio a Butler no como algo personal, no como un ataque a sus propios textos y posiciones, sino como un avance de un movimiento reaccionario que nos devuelve al concepto que la humanidad le debe al feminismo: que lo personal es político. El ataque a Butler fue un ataque a nuestra intimidad como sujetos históricos que tenemos derecho a todas las facetas de nuestras identidades sexuales, sí, y políticas también. Porque cercenar lo personal cercena lo político en una dialéctica muy clara. El ataque pega en el centro de nuestro derecho a la autopercepción, y nos devuelve a la sentencia patriarcal y neoliberal. Debemos ser quienes y como nos dice que somos un poder jerárquico que parte de la inequidad entre el hombre y la mujer, pero que se afirma en las inequidades entre hombres, entre países, entre regiones.
La neoderecha fascista opera simultáneamente en múltiples capas y frentes. Su objetivo es el económico, pero como dejó entrever Macri cuando dijo que “el cambio” sería muy fácil de lograr si se sacara de encima a quinientas personas que lo obstaculizan, lo que se busca extirpar son fuentes de información, conceptualización política y social que refuerzan la enorme resistencia cultural a este modelo. Porque este modelo necesita retroceder siglos en materia de subjetividad, para que los individuos, ya alejados de su noción gregaria y colectiva, se rindan ante la naturalización de su propio disvalor social, que a su vez retroalimenta su autopercepción de inferioridad ante una nueva clase de empresarios, financistas y herederos, que se autoperciben, a su vez, como la nueva nobleza global. Algo de esto anticipaba Piketty refiriéndose a la concentración de la riqueza, pero esa nueva nobleza no emergerá si no convence al 99 por ciento de la humanidad de que ellos, por alguna razón, tienen derecho a lo que le sacan a todo el resto.
Hasta hace muy poco esa escena de abucheos a Butler, una feminista radical cuyos pensamientos se han deslizado por otra parte de los estudios de género al pensamiento político más general, hubiese sido inconcebible, y lo es todavía hoy, que ha sucedido. Porque es tan a fondo, tan de cuajo y tan irracionalmente que avanza esta nueva oleada conservadora, que todavía más que rabia provoca desconcierto. Eso no es inocente. El desconcierto. Es una táctica de control.
Mientras desarman países y destruyen sus reservas, han iniciado una nueva cruzada templaria, porque así estructuraron su propia batalla cultural, cuyo éxito les resulta indispensable. Tienen los aparatos mediáticos mundiales a los pies del establishment, porque lo integran. Ya no son muchos medios compitiendo entre sí, que era la condición material del pluralismo, porque también se confrontaban varios puntos de vista. En la Argentina no nos asombraremos: ya nos asombramos demasiado cuando vimos que la cartelera periodística televisiva no sólo defendía decretos presidenciales u ocultaba información sobre la corrupción evidente de un gobierno, sino que se plegaba a oscurecer el esclarecimiento de una desaparición forzada y un asesinato. Peor que eso, no hay.
Volviendo a Butler, en Brasil, Colombia, Chile y Perú se está desarrollando una impresionante ofensiva comunicacional para promover la prohibición de lo que ellos llaman “teoría de género”. Blogs, ongs, pastores pentecostales, youtoobers, sitios enteros, se dedican diariamente a difundir una nueva-vieja caterva de prejuicios homofóbicos y antifeministas que van contra todo lo incorporado en materia de género en las últimas décadas, y que tampoco salió de un repollo sino de una larga lucha minoritaria que recorrió las ciencias sociales y las agrupaciones de mujeres desde la Revolución Francesa.
Marcados por la comunicación evangélica y por la comunicación de redes, todos los exponentes de esta ofensiva son muy buenos ante las cámaras. Se diría que es ésa su principal cualidad, porque uno se los puede imaginar diciendo todo lo contrario. No comentan ni explican, no debaten ni discuten, más bien evangelizan a través de la repetición, los golpes de puño sobre la mesa, el sobretono para marcar sus latiguillos. “No a la ideología de género, esa invención maligna”. Vocean que esa “manipulación de los niños” debe cesar, porque se nace hombre o mujer y lo demás es un invento izquierdista. Gritan que así se destruyen familias y se daña la salud mental de la población, inducida al transgénero. Tenemos al exponente local Agustín Laje, un politólogo que escribió El libro negro de la nueva izquierda, y que presuntamente revela cómo se corresponden los desarrollos de la teoría de género con la aparición de nuevas agrupaciones de izquierda, de modo que según su opinión, auspiciada por el Verbo Encarnado, hay que erradicar esas ideas “destructoras de familias”. Todo ese paquete temático convierte a pensadoras como Butler, efectivamente, en brujas que deben ser cazadas. Pero es que, aun sin saber que existe Butler, millones de personas piensan y sienten como ella.
Mientras en Brasil tenía lugar esa vergüenza, en España la atención estuvo puesta en la violación de los Sanfermines de Pamplona, donde cinco muchachos violaron a una chica de 19 años. Grabaron la violación colectiva, después de sacarle a la víctima su propio celular. Durante el juicio los imputados pidieron “reserva de su identidad”, lo que hizo que sus caras se viralizaran rápidamente, porque además se supo que sus defensores habían contratado a un detective para que aportara algún dato de la víctima que la pudiera convertir en una chica fácil y mentirosa. Revictimización, sí. Muchos medios comenzaron a hacerse eco y a centrar sus coberturas en el perfil de la víctima y en posibles contradicciones en su testimonio. Eso a su vez generó una multitudinaria marcha de mujeres en Madrid, todas con carteles dirigidos a la adolescente violada: “Yo sí te creo”, rezaban.
Hay que conectar ambos hechos, el de Brasil y el de España, para encontrar un eje de la ofensiva de la derecha autoritaria y retrógada que se autovende como posmoderna y avanza hacia el sur: vienen a decirnos que nos reinstalarán el patriarcado en sus formas más atroces, y que lo harán desde los Estados y las instituciones, con censura y complicidad judicial y periodística. Vienen a decirnos que para restaurar una concepción de castas necesitan empezar por “corregir los desvíos” de las últimas décadas. Y sobre todo nos dicen que no somos todos iguales ante la ley ni tenemos los mismos derechos, que hay algo de diabólico en la libertad, algo sospechoso en la fraternidad y algo tenebroso en la igualdad. Ninguna idea es más oscurantista que ésa.
Debe tomarse ese agravio a Butler no como algo personal, no como un ataque a sus propios textos y posiciones, sino como un avance de un movimiento reaccionario que nos devuelve al concepto que la humanidad le debe al feminismo: que lo personal es político. El ataque a Butler fue un ataque a nuestra intimidad como sujetos históricos que tenemos derecho a todas las facetas de nuestras identidades sexuales, sí, y políticas también. Porque cercenar lo personal cercena lo político en una dialéctica muy clara. El ataque pega en el centro de nuestro derecho a la autopercepción, y nos devuelve a la sentencia patriarcal y neoliberal. Debemos ser quienes y como nos dice que somos un poder jerárquico que parte de la inequidad entre el hombre y la mujer, pero que se afirma en las inequidades entre hombres, entre países, entre regiones.
La neoderecha fascista opera simultáneamente en múltiples capas y frentes. Su objetivo es el económico, pero como dejó entrever Macri cuando dijo que “el cambio” sería muy fácil de lograr si se sacara de encima a quinientas personas que lo obstaculizan, lo que se busca extirpar son fuentes de información, conceptualización política y social que refuerzan la enorme resistencia cultural a este modelo. Porque este modelo necesita retroceder siglos en materia de subjetividad, para que los individuos, ya alejados de su noción gregaria y colectiva, se rindan ante la naturalización de su propio disvalor social, que a su vez retroalimenta su autopercepción de inferioridad ante una nueva clase de empresarios, financistas y herederos, que se autoperciben, a su vez, como la nueva nobleza global. Algo de esto anticipaba Piketty refiriéndose a la concentración de la riqueza, pero esa nueva nobleza no emergerá si no convence al 99 por ciento de la humanidad de que ellos, por alguna razón, tienen derecho a lo que le sacan a todo el resto.
Hasta hace muy poco esa escena de abucheos a Butler, una feminista radical cuyos pensamientos se han deslizado por otra parte de los estudios de género al pensamiento político más general, hubiese sido inconcebible, y lo es todavía hoy, que ha sucedido. Porque es tan a fondo, tan de cuajo y tan irracionalmente que avanza esta nueva oleada conservadora, que todavía más que rabia provoca desconcierto. Eso no es inocente. El desconcierto. Es una táctica de control.
Mientras desarman países y destruyen sus reservas, han iniciado una nueva cruzada templaria, porque así estructuraron su propia batalla cultural, cuyo éxito les resulta indispensable. Tienen los aparatos mediáticos mundiales a los pies del establishment, porque lo integran. Ya no son muchos medios compitiendo entre sí, que era la condición material del pluralismo, porque también se confrontaban varios puntos de vista. En la Argentina no nos asombraremos: ya nos asombramos demasiado cuando vimos que la cartelera periodística televisiva no sólo defendía decretos presidenciales u ocultaba información sobre la corrupción evidente de un gobierno, sino que se plegaba a oscurecer el esclarecimiento de una desaparición forzada y un asesinato. Peor que eso, no hay.
Volviendo a Butler, en Brasil, Colombia, Chile y Perú se está desarrollando una impresionante ofensiva comunicacional para promover la prohibición de lo que ellos llaman “teoría de género”. Blogs, ongs, pastores pentecostales, youtoobers, sitios enteros, se dedican diariamente a difundir una nueva-vieja caterva de prejuicios homofóbicos y antifeministas que van contra todo lo incorporado en materia de género en las últimas décadas, y que tampoco salió de un repollo sino de una larga lucha minoritaria que recorrió las ciencias sociales y las agrupaciones de mujeres desde la Revolución Francesa.
Marcados por la comunicación evangélica y por la comunicación de redes, todos los exponentes de esta ofensiva son muy buenos ante las cámaras. Se diría que es ésa su principal cualidad, porque uno se los puede imaginar diciendo todo lo contrario. No comentan ni explican, no debaten ni discuten, más bien evangelizan a través de la repetición, los golpes de puño sobre la mesa, el sobretono para marcar sus latiguillos. “No a la ideología de género, esa invención maligna”. Vocean que esa “manipulación de los niños” debe cesar, porque se nace hombre o mujer y lo demás es un invento izquierdista. Gritan que así se destruyen familias y se daña la salud mental de la población, inducida al transgénero. Tenemos al exponente local Agustín Laje, un politólogo que escribió El libro negro de la nueva izquierda, y que presuntamente revela cómo se corresponden los desarrollos de la teoría de género con la aparición de nuevas agrupaciones de izquierda, de modo que según su opinión, auspiciada por el Verbo Encarnado, hay que erradicar esas ideas “destructoras de familias”. Todo ese paquete temático convierte a pensadoras como Butler, efectivamente, en brujas que deben ser cazadas. Pero es que, aun sin saber que existe Butler, millones de personas piensan y sienten como ella.
Mientras en Brasil tenía lugar esa vergüenza, en España la atención estuvo puesta en la violación de los Sanfermines de Pamplona, donde cinco muchachos violaron a una chica de 19 años. Grabaron la violación colectiva, después de sacarle a la víctima su propio celular. Durante el juicio los imputados pidieron “reserva de su identidad”, lo que hizo que sus caras se viralizaran rápidamente, porque además se supo que sus defensores habían contratado a un detective para que aportara algún dato de la víctima que la pudiera convertir en una chica fácil y mentirosa. Revictimización, sí. Muchos medios comenzaron a hacerse eco y a centrar sus coberturas en el perfil de la víctima y en posibles contradicciones en su testimonio. Eso a su vez generó una multitudinaria marcha de mujeres en Madrid, todas con carteles dirigidos a la adolescente violada: “Yo sí te creo”, rezaban.
Hay que conectar ambos hechos, el de Brasil y el de España, para encontrar un eje de la ofensiva de la derecha autoritaria y retrógada que se autovende como posmoderna y avanza hacia el sur: vienen a decirnos que nos reinstalarán el patriarcado en sus formas más atroces, y que lo harán desde los Estados y las instituciones, con censura y complicidad judicial y periodística. Vienen a decirnos que para restaurar una concepción de castas necesitan empezar por “corregir los desvíos” de las últimas décadas. Y sobre todo nos dicen que no somos todos iguales ante la ley ni tenemos los mismos derechos, que hay algo de diabólico en la libertad, algo sospechoso en la fraternidad y algo tenebroso en la igualdad. Ninguna idea es más oscurantista que ésa.
EL PATRIARCADO LAS EDUCA PARA SER SUMISAS
El 30% de las jóvenes no es consciente de ser víctima de violencia de pareja
Expertos de la
Universidad de Sevilla han demostrado que más una de cada cuatro
adolescentes tiene dificultades para reconocer determinadas situaciones
de maltrato en sus relaciones sentimentales. Tras encuestar a unos 4.500
estudiantes de entre 15 y 26 años, esta investigación refleja que hay
actitudes sexistas como la violencia por desapego (indiferencia y
descortesía hacia la pareja) que los jóvenes no identifican como casos
de humillación, pese a ser una de las más empleadas.
.
Los jóvenes no identifican la violencia por desapego (indiferencia y descortesía) como casos de humillación / Fundación Descubre
Hay actitudes sexistas como la indiferencia y descortesía hacia la pareja que los jóvenes no identifican como humillación
El resultado de esta investigación, realizado a estudiantes de 57
centros de educación secundaria, formación profesional y universitaria
repartidos en cinco provincias españolas (Huelva, Sevilla, La Coruña,
Pontevedra y Asturias), pretende explorar la asociación entre las
actitudes de rol de género y el reconocimiento del maltrato en jóvenes.Tal y como recogen en el artículo publicado en la revista Atención Primaria, los expertos han encuestado a un total de 4.337 estudiantes de entre 15 y 26 años (40,6% chicos y 59,4% chicas) que mantuvieron una relación de pareja durante un mes o más y comprobaron que en muchas ocasiones resulta difícil por parte de las jóvenes identificar casos de malos tratos.
Para realizar el estudio, los investigadores emplearon un instrumento denominado Escala de Actitudes de Rol de Género, formada por 20 indicadores de actitudes igualitarias o sexistas a nivel familiar, social y laboral. “Para identificar si los jóvenes saben reconocer el maltrato, formulamos tres preguntas relativas a su relación interpersonal afectiva de pareja: ¿Te has sentido maltratado/a? ¿Sientes o has sentido miedo alguna vez de tu pareja? ¿Te sientes o te has sentido atrapado/a en tu relación?”, explica el investigador de la Universidad de Sevilla Luis Rodríguez Franco, responsable de este trabajo.
En este sentido, frente a un 68,6% que declaró no ser maltratada, un 26,4% de chicas jóvenes de entre 15 y 26 años son víctimas de malos tratos psicológicos sin ser conscientes de ello. “Estas cifras contrastan mucho con la población adulta, donde este tipo de maltrato no percibido se produce en un 12%”, compara este experto.
En el caso de los chicos, el 30% de los jóvenes sufre maltrato aunque no es consciente de ello. “Dado que conocíamos el porcentaje de chicas adolescentes que son víctimas de violencia por su pareja y lo desconocen, así como el dato de jóvenes varones que tampoco lo perciben, decidimos estudiar si la persona estaba en una situación de maltrato percibido, o por el contrario, no era percibido”, afirma Rodríguez.
Otro aspecto que los investigadores han recalcado en este trabajo es la percepción de los jóvenes sobre la violencia de pareja. “Las adolescentes asocian el maltrato con los castigos físicos. Si no reciben un golpe, un empujón o alguna acción violenta, no se sienten víctimas. En este sentido, queda mucho por hacer, ya que internacionalmente, la violencia de pareja se compone de diferentes tipos de maltrato, entre ellas la de género. En España, en cambio, se llama violencia de género a toda clase de abuso”, asegura el responsable del estudio.
Ocho formas de ejercer violencia de pareja
Así, los expertos hablan de ocho tipos de ejercer violencia de pareja en adolescentes, algunas de ellas utilizadas habitualmente en las relaciones aunque no reconocidas por la sociedad en general. Una de ellas es la denominada por desapego. “Es la más frecuente entre jóvenes y la que más ejercen los varones hacia sus parejas. Es una actitud de desinterés hacia la novia con casos como, por ejemplo, olvidar su cumpleaños o tratarla como a una más. El compromiso y el respeto que otros estudios demuestran que se adquiere durante el noviazgo, con este tipo de violencia por desapego desaparece entre los jóvenes”, matiza Rodríguez.
Otras formas de violencia de pareja son la humillación personal, la sexual, el castigo físico, la violencia de género, el castigo emocional (dejar de hablar como respuesta a una acción que no agrada) y la coerción. “La línea roja entre una forma de violencia u otra es mínima y se pueden dar los ocho tipos al mismo tiempo. De hecho, en este estudio vemos que a nivel de frecuencia, las diferentes clases de maltrato se incrementan a lo largo de los años. El físico menos, pero la conclusión es que no hemos mejorado lo esperable. Por ello, es crucial que la población sepa identificar cada una de ellas para poder atajar este problema crónico en nuestra sociedad”, apunta el responsable del estudio.
Las adolescentes asocian el maltrato con los castigos físicos. Si
no reciben un golpe, un empujón o alguna acción violenta, no se sienten
víctimas
Además, otra cuestión que han analizado en este trabajo son los
niveles de tolerancia hacia la violencia de pareja. “Las niñas y las
adolescentes mantienen actitudes sexistas en su relación sentimental y
lo hacen en porcentajes muy altos. Con el tiempo, hemos considerado que
las campañas de prevención de violencia de pareja no deberían centrarse
solo en las maltratadas, a la vista del alto porcentaje que aun
siéndolo, no son conscientes de ello. También deberían ir dirigidas a
todas las chicas para no descartar así a ninguna persona vulnerable de
sufrir este tipo de malos tratos”, propone Rodríguez.Este trabajo de investigación, financiado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, persigue lograr la equidad de género en la adolescencia y juventud. “El sexismo parece dificultar el reconocimiento del maltrato. Por tanto, los esfuerzos deberían centrarse en los varones, por ser el grupo con actitudes más sexistas y quienes ejercen un tipo de maltrato que no es percibido por las víctimas”, puntualiza el responsable del estudio.
Referencia bibliográfica:
Vanesa García-Díaz, Alberto Lana-Pérez, Ana Fernández-Feito, Carolina Bringas-Molleda, Luis Rodríguez-Franco, F. Javier Rodríguez-Díaz: "Actitudes sexistas y reconocimiento del maltrato en parejas jóvenes". Atención Primaria (septiembre, 2017).
Vanesa García-Díaz, Alberto Lana-Pérez, Ana Fernández-Feito, Carolina Bringas-Molleda, Luis Rodríguez-Franco, F. Javier Rodríguez-Díaz: "Actitudes sexistas y reconocimiento del maltrato en parejas jóvenes". Atención Primaria (septiembre, 2017).
viernes, 24 de noviembre de 2017
SOMOS DIFERENTES POR EL ANDAR
El cerebro es lo que más diferencia a los humanos del resto de primates
El cerebro de los
humanos es más grande que el de los otros primates, pero no es lo más
característico. Un equipo internacional con participación española ha
realizado el análisis más completo sobre muestras de tejido de varias
regiones de cerebros de humanos, chimpancés y macacos, y confirma que la
mayor diferencia con nuestro cerebro se produce en la región asociada
al movimiento y por tanto a la bipedación.
.
Los
científicos también observaron entre las especies de primates
sorprendentes similitudes en cuanto a la expresión génica en todas las
regiones del cerebro estudiadas. / Tambako
Un análisis de los tejidos de cerebros humanos, chimpancés y macacos, publicado hoy en la revista Science, concluye que el cerebro humano no solo es una versión más grande del cerebro primate ancestral, sino que ha acumulado un gran número de diferencias. Esto lo convierte en el órgano primario que da identidad a nuestra especie.
“Que nuestros cerebros sean tres veces mayores que los de los chimpancés es un hecho muy destacable que se ha conseguido en poco más de un millón de años”, explica Tomàs Marquès-Bonet, profesor de investigación ICREA en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) e investigador y director del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), y uno de los autores del estudio.
“Los cerebros humanos tienen muchas más células que las de los otros primates, y estas están más interconectadas; por ello, tienen más capacidad de procesamiento”, añade el experto.
Principales diferencias y similitudes
Tras el análisis, liderado por Nenad Sestan, catedrático de la Universidad de Yale (EE UU) e investigador del Instituto Kavli de Neurociencias, se observaron entre las especies de primates sorprendentes similitudes en cuanto a la expresión génica en todas las regiones del cerebro estudiadas, e incluso en el córtex prefrontal, la región del cerebro implicada en el aprendizaje de orden superior que más diferencia a los humanos de los otros simios.
En cambio, el área del cerebro humano en el que se detectó una expresión génica más específica fue el estriado, una región que habitualmente se asocia al movimiento y que podría estar vinculada a la bipedación.
Los coautores del estudio, André M. M. Sousa y Ying Zhu, ambos investigadores del laboratorio de Sestan, se centraron en el gen TH, que está implicado en la producción de dopamina, un neurotransmisor con un papel clave en la función del orden superior, y que está ausente en las personas afectadas por la enfermedad de Parkinson.
Sousa y Zhu observaron que, mientras que el gen se expresaba mucho en una población rara de neuronas inhibidoras del neocórtex y del estriado en humanos, no aparecía en el neocórtex del cerebro humano. Según Sousa, “la expresión de este gen en el neocórtex se perdió, muy probablemente, en un antepasado común, y reapareció en el linaje humano”.
En la investigación también se hallaron altos niveles de expresión del gen MET, vinculado con el trastorno del espectro autista, en el córtex prefrontal humano en comparación con los tres primates estudiados.
Referencia bibliográfica:
Sousa, A.M.M.; Zhu, Y.; Raghanti, M.A.; Kitchen, R.R.; Onorati, M.; Tebbenkamp, A.T.N.; Stutz, B.; Meyer, K.A.; Li, M.; Imamura Kawasawa, Y.; Liu, F.; Garcia Pérez, R.; Mele, M.; Carvalho, T.; Skarica, M.; Gulden, F.O.; Pletikos, M.; Shibata, A.; Stephenson, A.R.; Edler, M.K.; Eli, J.F.; Eldsworth, J.D.; Horvath, T.L.; Hof, P.R.; Hyde, T.M.; Kleinman, J.E.; Weinberger, D.R.; Reimers, M.; Lifton, R.P.; Mane, S.M.; Noonan, J.P.; State, M.W.; Lein, E.S.; Knowles, J.A.; Marques-Bonet, T.; Sherwood, C.C.; Gerstein, M.B.; Sestan, N. “Molecular and cellular reorganization of neural circuits in the human lineage”. Science, noviembre de 2017. DOI: 10.1126/science.aan3456
La investigación ha sido financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos y ha contado en la financiación de Howard Hughes International Career.
Sousa, A.M.M.; Zhu, Y.; Raghanti, M.A.; Kitchen, R.R.; Onorati, M.; Tebbenkamp, A.T.N.; Stutz, B.; Meyer, K.A.; Li, M.; Imamura Kawasawa, Y.; Liu, F.; Garcia Pérez, R.; Mele, M.; Carvalho, T.; Skarica, M.; Gulden, F.O.; Pletikos, M.; Shibata, A.; Stephenson, A.R.; Edler, M.K.; Eli, J.F.; Eldsworth, J.D.; Horvath, T.L.; Hof, P.R.; Hyde, T.M.; Kleinman, J.E.; Weinberger, D.R.; Reimers, M.; Lifton, R.P.; Mane, S.M.; Noonan, J.P.; State, M.W.; Lein, E.S.; Knowles, J.A.; Marques-Bonet, T.; Sherwood, C.C.; Gerstein, M.B.; Sestan, N. “Molecular and cellular reorganization of neural circuits in the human lineage”. Science, noviembre de 2017. DOI: 10.1126/science.aan3456
La investigación ha sido financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos y ha contado en la financiación de Howard Hughes International Career.
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