viernes, 22 de diciembre de 2017


¿Es una utopía recuperarlos? Por Dr. José Ceriani Cernadas | 21 DIC 17

La pérdida de la ética y el humanismo en la profesión médica

La pérdida de la dignidad que la profesión médica supo tener y el muy bajo concepto que el médico le merece actualmente a la sociedad. ¿Cuáles son los motivos? ¿Qué podemos hacer?
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Autor: Dr. José Ceriani Cernadas  Archivos Argentinos de Pediatría 2017;115(6):522-523
INDICE:  1. Página 1 | 2. Referencias bibliográficas
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Sin duda, la actitud de la profesión médica en la atención de los pacientes presenta actualmente diferencias muy notorias a lo que antaño fue. En ese proceso, influyeron los múltiples y marcados cambios en la medicina de las últimas décadas, en especial luego de la segunda guerra mundial, que produjeron muchos beneficios en el cuidado de la salud, tales como mayor prevención de enfermedades y mejores resultados de tratamientos en trastornos graves.
No obstante, destaco que esos logros ocurrieron especialmente en los países desarrollados y no así en muchos otros países donde aún hoy las poblaciones muy pobres sufren cantidad de enfermedades que los llevan a un nivel de vida totalmente inadecuado. Esta inequidad es un desafío a corregir.
Asimismo, esos cambios en la medicina también modificaron muchas de las virtudes que tuvo la profesión médica en su “era dorada” desde las últimas décadas del siglo 19 a mediados del siglo 20. En esos años, los médicos entendieron que lo esencial era comprender lo que el paciente necesitaba y que debían acompañarlo, escucharlo sin prisa y brindarle el mejor cuidado posible.
Al principio del siglo 20, dejaron de indicar tratamientos perjudiciales, que con frecuencia provocaban la muerte, y aunque solo contaban con unas muy pocas drogas eficientes (digital, salicilato, morfina), con su actitud compasiva ganaron la confianza de la gente y lograron mucho prestigio.
Lamentablemente, los cambios en la práctica médica en las últimas décadas no fueron auspiciosos y tampoco lo son hoy en día, ya que empeoran en forma continua. Esto llevó progresivamente a la pérdida de la dignidad que la profesión médica supo tener y al muy bajo concepto que el médico le merece actualmente a la sociedad.
Unos de los aspectos más críticos es la muy devaluada relación médico-paciente que lleva a múltiples trastornos en la gente que suele confiar en los médicos pero luego de la consulta se sienten solos ya que nada pudieron lograr, y así pierden todo lo que habían confiado. Debo señalar que esta actitud también provoca que los médicos aumenten los errores y entonces el paciente no solo sufrió una decepción sino que también tiene un mayor riesgo de padecer un trastorno, a veces muy grave, ocasionado por el error que el médico cometió.
Para garantizar la seguridad del paciente, los médicos podrán reducir la incidencia de errores y eventos adversos, solo si involucran activamente a los pacientes.
Michael L Millenson en un ensayo reciente, señala varios aspectos negativos en la atención de los pacientes por parte de los médicos. Destaco esta frase que resume muy bien lo que hoy en día ocurre en nuestra profesión: “El cuidado centrado en el paciente está siendo subsumido por la salud colaborativa, permitida por los cambios tecnológicos, económicos y sociales. Los médicos están perdiendo gran parte de su prestigio y tendrán que cambiar su comportamiento para conservar la confianza pública”..1
Asimismo, diferentes aspectos en cuanto a las actitudes de los médicos, han sido señalados y aquellos que siguen bregando por recuperar el humanismo son los que aun hoy luchan para que la atención médica mejore sustancialmente.2-5
¿Cuáles son las causas que han deteriorado la relación con los pacientes?
El crecimiento exponencial del mercantilismo asociado a la apabullante tecnología que se renueva sin pausa y es mal utilizada, resultan a mi criterio, los aspectos más notoriamente perjudiciales que nos han llevado a la pérdida de la ética y el
humanismo.
No obstante, sin duda debemos mantener las esperanzas tal como nos dijo Jorge Luis Borges en una frase muy propia de él: “Quizá la ética sea una ciencia que ha desaparecido del mundo entero. No importa, tendremos que inventarla otra vez“.
Asimismo, es necesario que los médicos y pacientes reconozcamos los límites de la medicina y abracemos la incertidumbre que se encuentra más allá. “Sólo es posible vivir porque no entendemos todo y porque no podemos controlar el futuro “, dice Iona Heath en un ensayo. No aceptar la incertidumbre es de los males más notorios en la medicina actual ya que al suponer el médico que todo lo sabe (no saber que no sabe) cree haber hecho el diagnóstico apropiado o una decisión correcta, cuando no es así.
Otro aspecto que tiene influencia es la medicina basada en la evidencia cuya inadecuada concepción ha generado diversos problemas en la práctica médica3,6. Es común que los médicos resalten las evidencias por encima de todo, algo que sin duda es erróneo ya que nuestra obsesión por la evidencia puede disminuir la humanidad en la consulta clínica. La evidencia no tiene el monopolio de la verdad y presenta limitaciones tal como se han mostrado en varias publicaciones.
Es necesario que tengamos eso en cuenta porque de otra forma se agrandarán las diferencias entre la evidencia y la humanidad que los pacientes buscan y necesitan. La mayoría de los médicos no somos científicos, y cada paciente presenta desafíos únicos que no pueden reducirse solo
al resultado de un ensayo clínico aleatorizado. Es por eso que para llevar a cabo una atención adecuada, coherente y mejor equilibrada, la salud exige un nuevo enfoque en los médicos a fin de que puedan evitar la brecha entre la evidencia y el humanismo.
Finalmente, si discurrimos acerca de la pregunta en el título de este editorial en cuanto a si es una utopía recuperar el humanismo, a mi juicio no lo es ya que no podemos claudicar y debemos seguir bregando por una mejor atención a los pacientes. La Dra. Plant et al.recomiendan que para lograr ese desafío, necesitamos reflexionar sobre nuestro recorrido por la medicina y recordar los cruciales momentos que la profesión médica reafirmó el compromiso con los valores que supo tener.
Estos momentos pueden referirse al espíritu que nos lleve a redescubrir los aspectos inherentes a la práctica médica y al reconocimiento que la sociedad otorgó a los médicos que están al servicio de aquellos que sufren y necesitan atención. Este atributo, que se basa en nuestra sincera preocupación por la centralidad de los valores humanos en todos los aspectos de la actividad profesional, se conoce como humanismo, que suele definirse como la presencia de empatía, altruismo, humildad y compasión.
Acerca de esto, William Osler nos dejó una notable frase: ”es mucho más importante saber cómo es la persona que tiene una enfermedad, que saber qué clase de enfermedad tiene una persona”.
Es imprescindible que retomemos el camino hacia una medicina basada en las necesidades de la gente y no aquella que nos lleva a considerar en primer lugar el lucro en nuestra tarea que indefectiblemente nos alejará de los atributos que debemos mantener. Tal vez sea adecuado recomendar a los médicos, tal como lo hizo el médico inglés Thomas Sydenham al decirle al médico del Rey Richard Blackmore, que si quería aprender la medicina debía leer el Quijote de Cervantes.
Realmente, el libro contiene muchos conocimientos de la medicina y asombrosamente, hace más de 500 años, critica sus aspectos negativos, algo bien claro en el siguiente párrafo “Hay médicos que, después de matar a los enfermos que tratan, todavía quieren ser pagados después de su trabajo, que no es otra cosa que firmar una receta para algún medicamento”.

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JOSÉ ROSADO RUIZ
Médico

¿Sociedad medicalizada?

Ponemos el protagonismo de nuestra salud en sustancias químicas extrañas a nuestro organismo y abandonamos nuestra colaboración y responsabilidad
¿Sociedad medicalizada?¿Sociedad medicalizada?
¿Sociedad medicalizada? ROSELL
En la sociedad se percibe una cierta indiferencia ante el tema del consumo de drogas y se acepta como mal menor en un ejercicio de permisividad que se confunde perversa e intencionadamente con la tolerancia. La misma mantiene factores de riesgos muy importantes y aleja de su responsabilidad muchas de las medidas protectoras en una ignorancia que pone en peligro su propia estructura y que ofrece argumentos para que el fenómeno se desarrolle de manera incontrolable. Un problema ignorado nunca es un problema resuelto.
Actualmente y de forma evidente, la industria farmacéutica, con la finalidad de mejorar la calidad de vida de las personas, está consiguiendo, con una propaganda muy estudiada, imponer la necesidad de consumir medicamentos como remedio para las realidades normales de la vida, al señalar a éstas como patológicas: valoran las modificaciones fisiológicas normales como alteraciones que pueden ser resueltas con fármacos y juegan con el derecho a la felicidad que todo el mundo desea para evitar cualquier molestia o malestar. El error de medicalizar la conducta y las emociones consolida un hábito farmacológico que alimenta una farmacodependencia de difícil solución, porque se encuentra enraizada en unos supuestos científicos aceptados por un contexto que aplaude esa conducta.
Las drogas son diversas, desde suplementos de calcio, vigorizantes capilares, antiarrugas, potenciadores musculares, refuerzo de la memoria o laxantes de fibra vegetal, hasta antidepresivos, estimulantes sexuales o cualquier tipo de molestia o pequeños trastornos que son esencialmente transitivos. La pérdida de la libido por el estrés o la edad, las funciones digestivas alteradas por una deficiente alimentación, los estados de ánimos turbados por la convivencia e incluso los llamados "pecados capitales" que representan el origen de graves alteraciones mentales, son subsidiarias de medicamentos que todo lo resuelven y ponemos el protagonismo de nuestra salud en sustancias químicas extrañas a nuestro organismo y abandonamos nuestra colaboración y responsabilidad en los estados de salud que representan la piedra angular de una vida sana. En este contexto, las llamadas drogas ilegales aparecen también como auténticos remedios terapéuticos rápidos y fáciles de conseguir por su gran disponibilidad. De una manera ingeniosa se está introduciendo en internet una farmacia directa en la que la venta de medicamentos se hace sin pasar por ningún control sanitario y sin información clara de las indicaciones, dosis, duración y de los efectos secundarios, contraindicaciones, interacciones etc.
La industria farmacéutica propone un conjunto de productos que resuelven todos los problemas, aunque en realidad apenas resuelven algo: agravan los presentes, crean los latentes y resucitan los pasados. El arte de inventar enfermedades representa para esta industria su salvación económica, y es que con gran maestría transforman las molestias y achaques cotidianos en desórdenes mentales y en síntomas alarmantes los procesos normales. El objetivo es grabar en ellos el sello de enfermedad para ofrecer su particular vademécum.
Contemplando el anterior escenario, ¿qué sucedería si durante algunos días desaparecieran del mercado la cocaína, heroína, cannabis, alcohol... también los lexatinesorfidalestrankimazinesalprazolanesdiacepanesfluoxetinas etcétera" y los remedios terapéuticos para patologías banales y transitorias?
La estrategia de las compañías farmacéuticas ha sido crear una preocupación obsesiva por nuestro cuerpo y que configura en nuestra mente un miedo a toda alteración y, por retroalimentación, se refuerza la génesis de lo que queremos evitar. El círculo de la creación de una patología se cierra de manera eficaz y así se alcanza la meta: aumentar su clientela de necesitados vitalicios y multiplicar sus beneficios.
Y es que el ser humano es un homo viator, un caminante que, en busca de la felicidad que tanto ansía, utiliza todo lo que valora como bueno para esta meta, y las drogas legales o ilegales aparecen como un señuelo, un anzuelo en el que muchos se enganchan, y la fábrica de ilusiones se convierten en fábrica de frustraciones que le hacen disfrutar de la vida olvidándose que están vivos.
No hay nada tan revolucionario como el sentido común, y éste nos dice que nada se cambia sino existe previamente una idea, un pensamiento: crear un estado de opinión terapéutico sobre las drogas es una responsabilidad de todos.
En manos sabias, el veneno es medicina; en manos necias, la medicina es veneno.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Alerta por los ancianos que mueren en el abandono más absoluto

Un juez pone el foco con un exitoso tuit sobre el creciente número de personas mayores que fallecen solas

"Indica el tipo de sociedad hacia el que nos dirigimos", señala el magistrado Joaquim Bosch

Nacho Herrero
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Un grupo de jubilados, en un abanco de la plaza del Centro de València, esta semana. /MIGUEL LORENZO

LOS VIEJOS IMPORTAN UN CARAJO,FUIMOS DE USAR Y TIRAR


Los menús de las residencias de mayores tienen una calidad nutricional deficiente

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Una investigación realizada en la Universidad de Granada señala que el nivel de desnutrición en las residencias de mayores es alto, mucho mayor que en el caso de aquellos ancianos que viven independientes en sus casas. En ninguno de los menús analizados en las instituciones se alcanzó las recomendaciones de verduras, fruta, productos lácteos, aceite de oliva, legumbres, o frutos secos, mientras que el aporte de dulces y azúcar en ellos fue excesivo.

<p>La investigadora de la UGR Ana Isabel Rodríguez Rejón, autora de este trabajo, en la cocina de una de las residencias donde se ha llevado a cabo el estudio. / UGR</p>
La investigadora de la UGR Ana Isabel Rodríguez Rejón, autora de este trabajo, en la cocina de una de las residencias donde se ha llevado a cabo el estudio. / UGR
Un estudio realizado en la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que los menús que se ofertan en las residencias de mayores españolas tienen una calidad nutricional deficiente, y aportan menos energía y proteínas de lo recomendado.
La investigación, publicada en la revista Nutrición Hospitalaria, ha demostrado que el nivel de desnutrición en las residencias de mayores estudiadas es alto, mucho mayor que en el caso de aquellos ancianos que viven independientes en sus casas. Además, ninguno de los menús analizados alcanzó las recomendaciones de verduras, fruta, productos lácteos, aceite de oliva, legumbres, o frutos secos, mientras que el aporte de dulces y azúcar en ellos fue excesivo.
Para realizar este trabajo, los investigadores evaluaron minuciosamente los menús de tres residencias de mayores de la provincia de Granada mediante un método denominado “registro de pesada de alimentos” durante 14 días consecutivos.
La investigación ha demostrado que ninguno de los menús cumplía las recomendaciones de fibra, potasio, magnesio, yodo, vitamina D, E y ácido fólico
Gracias a él, una de sus autoras, la dietista-nutricionista Ana Isabel Rodríguez Rejón, estuvo presente en la cocina de cada residencia durante dos semanas pesando todos los ingredientes que se utilizan, la cantidad final obtenida en cada elaboración y la ración servida a cada comensal. Dicha labor y sus resultados forman parte del estudio de investigación denominado Granada Sarcopenia Study.
Se trata de un trabajo meticuloso en el que la experta pesa, anota, registra y valora los datos recogidos en un programa informático con el que traduce los datos registrados en raciones de alimentos ofrecidos en los menús de forma diaria y semanal; así como en nutrientes, para conocer su valor nutricional. Los resultados se compararon con las ingestas dietéticas de referencia (DRIs) y el número de raciones de alimentos recomendadas por la Guía Española de la Alimentación Saludable adaptada a las personas Mayores.
Un análisis minucioso
En cuanto a micronutrientes, la investigación ha demostrado que ninguno de los menús cumplía las recomendaciones de fibra, potasio, magnesio, yodo, vitamina D, E y ácido fólico. Rodríguez Rejón, del departamento de Nutrición y Bromatología de la UGR, apunta que la calidad del servicio de los menús en las residencias “presenta deficiencias porque no se ajustan a las preferencias y necesidades de los residentes”.
Además, los menús no se suelen acompañar de recetas donde se especifiquen los ingredientes y cantidades recomendadas para cumplir los requerimientos nutricionales. “A ello se suma la falta personal, y el hecho de que no se controla el peso de los residentes ni se evalúa su estado nutricional de forma habitual, entre otras carencias”, subraya.
A la luz de los resultados de esta investigación, Rodríguez Rejón señala que los dietistas-nutricionistas deberían ser incluidos en los equipos multidisciplinares de las residencias de mayores.
“Estos profesionales podrían diseñar menús aceptables, adecuados y nutritivos para los residentes, aportar recetas al personal de cocina, controlar y cambiar los menús cuando fuera necesario, y concienciar al personal de la residencia de la importancia de la nutrición en este colectivo. Así, la calidad de las comidas de las residencias y el cuidado nutricional de los mayores que viven en ellas mejorarían significativamente. Con ello cabría esperar una disminución de la prevalencia de desnutrición y otros síndromes geriátricos en este colectivo, y así sus negativas consecuencias”, concluye la investigadora.
Referencia bibliográfica:
Ana Isabel Rodríguez-Rejón, María Dolores Ruiz-López, Vincenzo Malafarina, Antonio Puerta, Antonia Zuñiga and Reyes Artacho. Menus offered in long-term care homes: quality of meal service and nutritional analysis. Nutr Hosp. 2017; 34(3):584-592

miércoles, 20 de diciembre de 2017


El azar del cáncer (y lo que usted puede hacer para no favorecerlo)

El azar del cáncer (y lo que usted puede hacer para no favorecerlo)

Uno de los factores más determinantes del cáncer es el azar. Pero asumir esta realidad no quiere decir que no podamos hacer nada. Hay causas evitables, que se pueden prevenir, como la ingesta abusiva de ciertos alimentos y los malos hábitos.
LA LOTERÍA DE Babilonia’ es uno de los cuentos más inquietantes e hipnóticos de Jorge Luis Borges. Publicado en el libro Ficciones, el relato narra cómo este juego de azar se inició por un interés pecuniario de los participantes, pero al principio no tuvo mucho éxito. Entonces los organizadores decidieron intercalar números que, en vez de premiar al afortunado, suponían perder el dinero o sufrir castigos físicos. Esa incertidumbre relanzó el sorteo. Al ir popularizándose, la organización va adquiriendo poder y haciéndose más hermética. Al final acaba controlando el destino de todos sus participantes. Aunque el cuento puede enmarcarse dentro del género fantástico, hay veces que la ficción describe mucho mejor la realidad que la información veraz.
En la vida, sin quererlo, estamos sujetos a la suerte. Como cantaba Silvio Rodríguez en Causas y azares, el simple hecho de salir de casa supone la posibilidad de encontrarse con un amigo y pasar una tarde de cervezas y risas con la que no contabas, pero también arriesgarse a que te caiga un árbol en la cabeza, te atropelle un coche o alcance un meteorito. Todos son hechos con tan poca verosimilitud que lo más normal es que no sucedan. Por si acaso, cruzamos la calle con cuidado, respetamos los semáforos y esquivamos a las bicicletas por la acera. Hay veces que la probabilidad es difícil de evaluar y tomamos decisiones erróneas. Hay mucha gente que no coge un avión por miedo, sin embargo no tiene inconveniente en subirse a un ­automóvil. Las estadísticas nos dicen que es más factible sufrir una colisión en un desplazamiento corto, pero como los accidentes aéreos tienen más cobertura e impacto mediático que los de carretera, a la gente les da más respeto.
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Hay otra lotería terrible a la que juegan todos los seres humanos y de la que no somos muy conscientes: el cáncer. Algunos estudios recientes demuestran algo que ya se sospechaba: uno de los factores más determinantes a la hora de sufrirlo es el azar. El cáncer no es una enfermedad, sino un conjunto de diferentes enfermedades que tienen en común que una ­determinada célula escapa del control general y empieza a proliferar. Ese aumento puede ser benigno e irrelevante, como un lunar o una verruga, o maligno; tanto que haga metástasis y se extienda a diferentes órganos. La causa que origina que una célula normal mute puede estar determinada por diferentes factores. Y uno de los principales es la (mala) suerte de que la mutación afecte a un gen determinado que controla su crecimiento. Asumir esta circunstancia ayuda a explicar ciertas cosas, como que a medida que ­envejecemos tenemos más papeletas de sufrirlo, ya que jugamos a la lotería más tiempo, o que una persona alta tenga más probabilidad que una de menor estatura, ya que tiene más células.
Hay que tener en cuenta que el azar también es cuantificable, y si tenemos muchos números, más nos puede tocar. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, perteneciente a la OMS, elabora una lista de todos los compuestos y actividades en función de su carcinogenicidad. En la posición 1 se encuentran el tabaco, los materiales radiactivos, algunos productos químicos, pero también la carne procesada, incluyendo hamburguesas, salchichas y embutidos. Esto debería hacernos pensar: ¿es tan peligroso el plutonio como el jamón serrano? La respuesta es obvia, no. La lista solo dice qué compuestos aumentan la probabilidad de padecer esta terrible enfermedad, pero no cuánto la aumentan. Cincuenta gramos de plutonio pueden matar a toda su escalera de vecinos, pero la misma cantidad de jamón le puede sentar genial en un bocadillo. Lo que pasa es que si uno abusa de este rico manjar puede aumentar la probabilidad de contraer un cáncer colorrectal. Así que aunque el azar influye, eso no quiere decir que no podamos hacer nada. Por lo tanto, mi consejo es sortear las causas evitables; por ejemplo, ponerse crema solar para protegerse de la fuerte radiación solar, hacer ejercicio, no fumar, llevar una dieta equilibrada y, ante la menor duda, ir al médico. No juegue a la lotería de Babilonia, que si le toca, es peor.

Chimpancés y niños quieren ver que se hace justicia

Si alguien perjudica a otros, los humanos tendemos a querer que se le castigue para que no se vuelva a repetir su mala acción. Un equipo de científicos ha analizado los orígenes de esta motivación en unos experimentos con niños y con chimpancés y concluye que tanto los grandes simios como los niños a partir de los seis años quieren ver cómo el otro recibe el castigo.

<p>A partir de los seis años, los niños tienen la motivación de ver cómo el actor antisocial recibe la corrección. / ©Fotolia</p>
A partir de los seis años, los niños tienen la motivación de ver cómo el actor antisocial recibe la corrección. / ©Fotolia
Cuando una persona hace algún tipo de daño a otros, nace en los adultos la motivación de ver cómo se castiga a ese individuo para que no se vuelvan a producir situaciones de injusticia. Pero ¿qué sienten los niños y otras especies de primates ante estos casos? 
Un equipo internacional, liderado por el Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, ha estudiado los orígenes filogenéticos de esta motivación que subyace a la acción de castigar al que ha obrado mal. Por ello, han realizado una serie de experimentos con niños de cuatro a seis años y chimpancés. 

“Las raíces filogenéticas de la motivación por la venganza parecen comunes entre chimpancés y humanos a partir de seis años, ya que ambos están dispuestos a correr costes para continuar viendo cómo se castiga a un actor que previamente les ha retirado un elemento valioso”, señala a Sinc Nereida Bueno-Guerra, coautora del estudio e investigadora ahora en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. 
Los resultados, publicados en la revista Nature Human Behaviour, demuestran que tanto los chimpancés como los niños de seis años (pero no los menores de esa edad) escogen ver el castigo hacia el actor que ha actuado mal, incluso si esto supone un coste para ellos. Ambas especies compartimos mecanismos psicológicos similares destinados a buscar el castigo de aquellos que nos dañan. 
Según los científicos, el origen de los sistemas jurídicos, legales y morales se encuentra en una necesidad de castigo compartida entre ambas especies, que en algún momento de nuestra historia evolutiva se amplió para cubrir las situaciones en que son otros (y no solo nosotros) los afectados por un daño. “Esta ampliación tal vez se debe a los efectos de una larga historia de educación en valores empáticos y de cooperación”, recalca Bueno-Guerra, que era investigadora en la Universidad de Barcelona mientras se realizó el trabajo. 
Sin embargo, a diferencia de los humanos, los chimpancés no comparten la motivación de ver aplicar los castigos cuando ellos no han sido los perjudicados. En este caso, “la motivación de las personas por el castigo merecido incluye las situaciones que sufren terceras personas, lo que lleva a establecer mecanismos sociales como tribunales o declaraciones universales de derechos humanos”, apunta la experta. 
Experimentos en busca de venganza 
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de científicos realizó unos experimentos en los que el sujeto (niño o chimpancé) aprendía que existían un actor prosocial (que le daba juguetes o comida) y otro antisocial (que le quitaba juguetes o comida). En el caso de los niños, estos actores eran marionetas y en el caso de los chimpancés eran personas (experimentadores). 

Para comprobar si los niños y los chimpancés realmente querían seguir viendo el castigo en la situación “invisible” –aquella en la que la acción desaparecía de su vista–, los científicos les pidieron que depositaran unas monedas en una caja para seguir viéndolo o en otra para dejar el telón caído, sabiendo que en el primer caso las perderían. Los animales tuvieron que abrir una puerta muy pesada que les daba acceso a otra sala. 
“Una vez que habían aprendido esto, veían como un tercer sujeto (otra marioneta/otro investigador) entraba en escena y comenzaba a pegar a cada uno de ellos por separado. En el momento de pegarle, en la condición "invisible" la acción podía desaparecer de la vista de los sujetos (en el caso de los niños, las marionetas desaparecían tras un telón tipo teatro, y en el caso de los chimpancés, los experimentadores se desplazaban hacia un sitio de la sala desde la cual el chimpancé no podía seguir viendo la acción) y en la condición "visible" el castigo continuaba sucediendo a la vista de los sujetos”, explica Bueno-Guerra. 
Así comprobaron que los niños de seis años y los grandes simios eligen seguir viendo el castigo hacia el actor antisocial. Los niños además mostraron una mezcla de expresiones faciales tanto de emociones positivas como negativas (sonreír y fruncir las cejas).
Los menores de seis años  comprendían la situación pero tenían dificultades para tomar decisiones al enfrentarse a situaciones morales complejas, seguramente por el entorno o el desarrollo cerebral. Estos hallazgos brindan una nueva perspectiva sobre la evolución del castigo como una forma de hacer cumplir las normas sociales y garantizar la cooperación. 
Referencia bibliográfica: 
Natacha Mendes et al. “Preschool children and chimpanzees incur costs to watch punishment of antisocial others” Nature Human Behaviour 18 de diciemb