jueves, 14 de junio de 2018

MI MADRE Y MI HERMANA NO LO VIERON,PERO MIS HIJAS SI...VIVAN NUESTRA MINAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Media sanción al aborto legal: 129 a favor
El Roto

MINUSVALORANDO A LOS MINUSVÁLIDOS,TODO UN EJEMPLO DEL FASCISMO EDUCATIVO HISPANO

Segregar por discapacidad a la infancia es violar los derechos humanos


El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU ha publicado un contundente informe sobre el sistema educativo español que denuncia un trato injusto y discriminatorio a miles de niños y niñas. El grupo de expertos asegura que en España se vulnera el derecho a la educación inclusiva. Tenemos la obligación moral y el imperativo legal de hacer que nuestras escuelas estén diseñadas para todo el alumnado.  

<p>Aula de Educación Primaria en un colegio de Toledo en 2014. / EFE</p>
Aula de Educación Primaria en un colegio de Toledo en 2014. / EFE
A menudo se piensa que cuando un niño o una niña señalado por la discapacidad está en una escuela ordinaria, ya hablamos de educación inclusiva. También se piensa que este alumnado requiere de una educación diferencial, que se distancia de la del resto de compañeros y compañeras, que ha de hacerse en espacios distintos, con profesionales y currículo diferentes.
Asumimos que una persona situada dentro del espectro del autismo o con parálisis cerebral, por ejemplo, tiene unas necesidades educativas diferentes a las del resto del alumnado, lo que requiere de una adaptación individual que limita o impide su participación en clase, la atención de su profesorado, el trabajo sobre los temas del resto de compañeros y compañeras, una calificación con la misma validez, etc.
Todo esto se asienta en una falacia: que el resto aprendemos igual y que por ello ostentamos el derecho al aula y al centro escolar ordinario, al aprendizaje, la participación y el logro allí. Esto desvela que lo que llamamos discapacidad es una cuestión de poder –y por tanto, social–, aunque en las escuelas se siga abordando como una realidad biológica e individual.

Esto es evidente porque solo –¡solo!– aprendemos de las diferencias, lo cual implica que los ambientes en los que se convive con ellas son educativamente más ricos que los que pretenden ser homogéneos.
La perspectiva de la discapacidad como fenómeno social está sólidamente argumentada en la literatura científica de las ciencias sociales desde hace décadas. También lo están otras cuestiones como, por ejemplo, que construir la identidad dentro de esa categoría social implica una devaluación irreversible, porque implica un proceso de exclusión social que afecta a la identidad y la inteligencia; o que educarnos juntos es algo positivo para todo el alumnado y no solo para el alumnado nombrado por la discapacidad.

Desafiar los privilegios

Por tanto, que todos los niños y niñas en edad escolar estén juntos no depende de la ciencia, que ya ha probado el valor de las diferencias en el proceso educativo. Depende de la voluntad política, lo cual implica desafiar el poder y los privilegios, como ya ha ocurrido con otros colectivos en la historia. De lo que estamos hablando es de Derechos Humanos. Del derecho a la educación de todas las personas, proclamado en el artículo 26 de la Declaración de los Derechos Humanos y vulnerado en España casi 70 años después.
Es algo así como si se hubiera hecho una lectura restrictiva de la carta de Derechos Humanos en la que no caben ciertos niños y niñas. O lo que es lo mismo: se ha negado la categoría humana a todo un colectivo.
Como respuesta a esta realidad, el Estado Español ratificó la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006), que nace como instrumento con el que hacer efectivos los Derechos Humanos para esas personas que habían sido excluidas: en su artículo 24 consagra que el derecho a la educación es el derecho a la educación inclusiva.

Al tratarse de una cuestión de derechos humanos tenemos la obligación moral y el imperativo legal de hacer que nuestras escuelas estén diseñadas para todo el alumnado. Cuando hablamos de educación inclusiva, hablamos de un gran proyecto social y educativo: el de educarnos juntos.
Los Estados partes se comprometieron a “respetar, proteger y garantizar la educación inclusiva y de calidad para todas las personas sin distinción. De todo ello podemos concluir que, a pesar de que la ciencia ha probado la efectividad de la escuela inclusiva, esto es lo de menos.

El informe de la ONU es tajante

Esto es lo que hay debajo del contundente informe que acaba de publicar el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU tras realizar una investigación al sistema educativo del Estado español, motivada por una denuncia de la Asociación SOLCOM. En la base de esta denuncia está la consideración de que un colectivo importante dentro de las escuelas sigue siendo objeto de un tratamiento injusto y discriminatorio.
Esto es bien conocido por quienes nos relacionamos profesional o familiarmente con las personas que viven bajo esa losa de las “Necesidades Educativas Especiales” (NEE) o “Necesidades Específicas de Apoyo Educativo” (NEAE), pero la denuncia ha sido una iniciativa inédita hasta este momento. El informe es taxativo:
“El Comité considera que la información disponible revela violaciones al derecho a la educación inclusiva y de calidad principalmente vinculadas a la perpetuación, pese a las reformas desarrolladas, de las características de un sistema educativo que continua excluyendo de la educación general, particularmente a personas con discapacidad intelectual o psicosocial y discapacidades múltiples, con base en una evaluación anclada en un modelo médico de la discapacidad y que resulta en la segregación educativa y en la denegación de los ajustes razonables necesarios para la inclusión sin discriminación en el sistema educativo general.”

Pero ocurre. Eso manifiesta el informe, tan extraño para la mayoría de la población porque cuestiona creencias y prejuicios superados por el conocimiento disponible hace ya demasiado tiempo.
El Comité añade que “el destino del estudiante con discapacidad depende en la mayoría de los casos de la voluntad” de familiares y de profesionales, lo cual resulta inadmisible. El destino de los niños o las niñas no debería depender de la suerte; el respeto a sus derechos humanos no puede ser opcional ni arbitrario.
Sorprende que sigamos entendiendo como razonable, lógico y deseable que a una parte de la infancia se le impida estar con el resto de niños y niñas, relacionarse con ellos y construirse mutuamente en las escuelas. Y esto, que se aborda en la investigación de la ONU, no es algo anecdótico o excepcional, sino que forma parte del ADN del sistema escolar: Se ha perpetuado un patrón estructural de exclusión y segregación educativa discriminatorio, basado en la discapacidad, a través del modelo médico”.

No es un problema personal

En las escuelas se entiende la discapacidad en términos individuales y biológicos –un problema personal– por lo que las soluciones que el sistema plantea enquistan el problema al circunscribirlo en el terreno privado. Pero el problema es público y las soluciones han de ser sociales. La pregunta no puede seguir siendo qué le pasa a este niño o a esta niña. Debemos preguntar qué pasa para que hayamos decidido que no puede aprender con el resto.   
Cada día muchas familias están siendo ‘invitadas’ a abandonar las escuelas comunes porque no van a ofrecerles lo que sus familiares necesitan. Algunas de estas familias se ven forzadas al cambio; otras asumen que es lo mejor, porque son profesionales quienes lo indican, y ‘eligen’ la educación segregada. Es evidente que en ninguno de los casos se trata de una elección, sino de un condicionamiento férreo.
Muchas familias sufren un gran dolor en el proceso de escolarización de sus hijos e hijas, en lugar de encontrar en las escuelas un apoyo fundamental. Demasiados niños y niñas son dirigidos a modalidades de escolarización excluyentes, ya sea en aulas específicas dentro de los centros ordinarios o en centros de educación especial, y esto es inadmisible.

Ejercer la ciudadanía desde la infancia
Las evaluaciones psicopedagógicas siguen siendo de tipo clínico, lo cual no tiene sentido educativo, sino clasificatorio. Los dictámenes de escolarización, que se basan en estas prácticas, tan comunes como inútiles, perpetúan la discriminación de todo el colectivo. Las medidas de adaptación curricular individuales evitan la transformación del sistema. Y es precisamente esto, la transformación del sistema, lo que implica ese proyecto social que nació con el nombre de educación inclusiva. Nada que ver con arreglos cosméticos, sino una revisión profunda del sistema escolar para armar en él un espacio de recreación democrática de la sociedad y la cultura.
Esto pasa indudablemente por algunos puntos sensibles que el informe no evita: los centros de educación especial y las aulas específicas en los centros ordinarios están en contra de los derechos humanos, por lo que han de desaparecer. El Estado está obligado a liderar esta transición, en la que los recursos y el valioso personal que los conforma sirvan de herramienta para la transformación de las prácticas y la cultura escolar.
Son estas transformaciones las que pueden dar cabida a esas personas que han sido excluidas de la institución hasta tal punto que cuesta pensar que tienen un idéntico derecho a ejercer la ciudadanía desde la infancia, aprendiendo, participando y siendo reconocidas junto al resto de compañeros y compañeras. Por tanto, tenemos el reto de garantizar la presencia, el aprendizaje, la participación y el reconocimiento, pero para que esto ocurra es necesario que no pensemos en la escuela ordinaria ni en la escuela especial, sino en una nueva escuela que supere esta división tan violenta y dolorosa.

Es necesario hacer frente a esta realidad y convertirla en el reto de hacer del sistema educativo el principal oasis de la sociedad en el que se respetan e impulsan los derechos humanos. Sabemos que es deseable, que es lo mejor para toda la infancia y que es posible. Este es un compromiso de primer orden para el Estado. Pero también lo es para toda la ciudadanía, y en especial para los profesionales de las escuelas: ya no es posible mirar para otro lado.
Una última reflexión. Este informe supone un punto de inflexión para saber dónde estamos. Hace unas semanas era un grupo de madres las que denunciaban la discriminación sistemática y la segregación que se produce en las escuelas a lo largo y ancho de nuestra geografía. Muchas de esas madres han sido llamadas locas por decir cosas sin sentido. En realidad ellas encontraron un nuevo sentido, del que tenemos que aprender los profesionales. Ahora quien lo afirma es la Organización de las Naciones Unidas y se lo dice al Estado español.
Las leyes educativas tienen que cambiar, pero la sociedad civil también tiene la obligación moral de posicionarse en las prácticas escolares cotidianas, en las relaciones y la cultura de los centros. Es un dilema ineludible: respetar los derechos humanos o seguir una tradición y una normativa que atenta contra ellos. Lo uno es loable; lo otro, deplorable. En esto, la tarea de educar no admite ambigüedades.
ignacio caderon almendros
Ignacio Calderón Almendros es doctor en Pedagogía y profesor de Teoría de la Educación en la Universidad de Málaga. Investiga la diversidad y los procesos de exclusión e inclusión educativa para contribuir a que la escuela sirva a todas las personas.
Entre sus últimos libros destacan Education, disability and inclusion (Sense Publishers, 2017) y Educación y esperanza en las fronteras de la discapacidad (Cinca, 2014), que obtuvo el Premio Discapacidad y Derechos Humanos (CERMI) y Mención Honorífica por la International Association of Qualitative Inquiry (EE.UU.).

EL GATO SE SALVARA,AUNQUE SEA UN CANALLA



Quiste pancreático: un trastorno cuya detección aumentó con los estudios por imágenes

Macri se realizó estudios por un quiste pancreático
Macri se realizó estudios por un quiste pancreático Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
El páncreas es una glándula ubicada en la parte superior del abdomen y por detrás del estómago. Es la encargada de producir enzimas y hormonas (entre ellas, la insulina) para digerir los alimentos y procesar la glucosa. En el consultorio de los cirujanos de páncreas, los quistes son una afección que se presenta con asiduidad.
"Aunque son más infrecuentes que en otros órganos, como el hígado o el riñón -explica el doctor Julio Bai, jefe del Departamento de Medicina Interna del hospital Udaondo-, uno puede encontrar quistes en el páncreas. Hay de dos tipos: serosos y mucinosos. Con los primeros, que son los más comunes, lo único que hay que hacer es controlarlos a lo largo del tiempo. Los segundos son los que tienen riesgo de evolucionar hacia malignidades".
En la mayoría de los casos, los quistes pancreáticos no dan síntomas y se descubren durante un examen por imágenes, como puede ser una ecografía, realizado por algún otro motivo. Algunas características, como su ubicación y su tamaño pueden orientar el diagnóstico y ayudan a valorar si se requieren estudios más especializados, como la ecografía endoscópica o incluso la toma de una muestra de líquido intraquístico.
"La ecoendoscopía otorga el beneficio de que permite acercarse por el duodeno o el estómago y hacer una observación cercana del quiste, con una sonda muy finita que tiene en el extremo un transductor ecográfico -detalla Bai-. Esto permite hacer un diagnóstico muy preciso. En última instancia, la punción del quiste puede ser un método de muchísimo valor".
Según el especialista, aunque en Buenos Aires son pocos los ecoendoscopios disponibles, en otros lugares del mundo se los emplea de forma rutinaria. La valoración del tamaño, forma, estructura y ubicación del quiste orienta la evaluación.
"La mayor parte de estos quistes son benignos -coincide el doctor Luis Soifer, gastroenterólogo del Cemic-. Los mucinosos tienen más riesgo de transformarse en malignos; sin embargo, el médico puede detectar signos que indican la tendencia a la malignización: si el quiste está cerca del conducto pancreático, el tipo de tejido que lo compone y el tamaño, tal vez el elemento más importante en la toma de decisión para avanzar con estudios más invasivos. Si los resultados son favorables, no se hace nada y se lo controla periódicamente mediante la ecografía".
Según destaca Bai, la causa de los quistes de páncreas hay que buscarla en el desarrollo embrionario. "En general -explica-, se forman por una incomunicación entre los "asinos" o islotes pancreáticos y el canal por el que liberan su contenido, el conducto de Wirsung. En los primeros tres meses de vida, si no se unen, se va llenando de liquido el asino, donde se encuentran las células que producen las secreciones pancreáticas. Hay que prestarles atención a estos quistes porque, eventualmente, se pueden hacer un tratamiento quirúrgico preventivo".
Por: Nora Bär

miércoles, 13 de junio de 2018

"Cada vez estamos más cerca de la inteligencia artificial y más lejos de la especie humana"

ENTREVISTA

Ciencia y reflexión

Joaquín Fuster, a su paso por la Fundación Tatiana Pérez de Guzman El Bueno, en Madrid. SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL

Como gran exponente de la Neurociencia y destacado humanista, Joaquín Fuster ensalza el valor del cerebro frente a las 'máquinas'
La tecnología es incapaz de sentir emoción, que es lo que de verdad mueve el mundo
Nacido en el seno de una familia con varias generaciones de médicos, podría decirse que en los genes del catalán Joaquín Fuster (88 años) estaba escrito su destino en la medicina, al igual que en los de su hermano, el reconocido cardiólogo Valentín Fuster. Pero ha sido él mismo quien poco a poco ha redactado su exitosa trayectoria en el área de la Neurociencia, con importantes aportaciones a nivel internacional sobre el órgano más complejo y con más interrogantes del ser humano: el cerebro.
Con la intención de buscar respuestas, en los años 60 se marchó a Estados Unidos para dedicarse en cuerpo y alma a la investigación y, desde entonces, continúa profundizando con afán en los secretos mejor guardados de la corteza prefrontal. Uno de ellos, la libertad, un concepto al que Joaquín Fuster brinda su ser neurocientífico, su ser humanístico, sus reflexiones más personales y un libro que publicó en 2014 (Cerebro y libertad).
En su paso por España para abordar hasta qué punto y qué estructuras del cerebro participan en la protección del ejercicio de la libertad, este gran exponente de la Neurociencia nos reserva un hueco en su agenda.

Lleva más de cinco décadas centrado en el estudio de la corteza prefrontal. ¿Por qué eligió esta parte del cerebro?
Las regiones menos conocidas son las más interesantes para nosotros. Concretamente, la corteza cerebral en general y la prefrontal en particular, sede de todas las funciones ejecutivas que son esenciales para la libertad, como la planificación y la toma de decisiones.
Inspirado por algunas de las teorías de Ramón y Cajal sobre las conexiones neuronales, no ha cejado en su empeño por saber más y más de la corteza prefrontal. ¿Qué la hace tan importante?
Hemos verificado su importancia en las funciones cognitivas y ejecutivas. Es lo que abre el organismo del niño y del adulto (su desarrollo no se completa hasta la tercera década de vida) al futuro. Una clave en la educación de los pequeños es justamente el desarrollo de esta parte de la corteza. Sólo postergando la gratificación es posible tomar decisiones desde la libertad.
¿Cómo define usted este concepto?
A grandes rasgos, es la capacidad para elegir acciones entre alternativas, incluyendo no hacer nada, y para adquirir información sensorial o de otro género que sirva para estas funciones cognitivas.
¿Somos realmente libres?
Sí, siempre teniendo en cuenta que naturalmente hay límites: la fisiología, la anatomía y la genética; la responsabilidad social y la ley. No obstante, hay que tener en cuenta que en toda decisión que tomamos, hay otros muchos factores que influyen, como la memoria individual, el pasado, el lenguaje... Estos factores modifican y sesgan nuestras decisiones conscientes e inconscientes.
¿Somos conscientes de que ejercemos nuestra libertad en nuestra toma de decisiones?
Tomamos decisiones a veces por intuiciones sin saber exactamente por qué las tomamos. Lo que llamamos la corazonada.
¿Qué valor diferencial aportan sus conocimientos humanísticos a la Neurociencia?
 Son fundamentales. Es un tema que me preocupa muchísimo. Porque nuestra civilización tecnológica está dejando de lado los valores humanísticos que tan importantes son para la sociedad. Cada vez nos aproximamos más a la inteligencia artificial y nos alejamos más de la individual, de la especie humana. Los ordenadores funcionan de un modo más rápido y eficaz que nuestro cerebro para algunas cosas, pero no tienen iniciativa, no pueden crear ni imaginar.
¿Cree que damos demasiado protagonismo a la tecnología en nuestra vida cotidiana?
Nos estamos haciendo esclavos de la máquina. Hace muy bien su trabajo, pero no tiene capacidad para las relaciones sociales ni para los sentimientos y emociones, que es lo que de verdad mueve a la especie humana. Olvidamos la importancia de la música, la historia, el lenguaje y las cosas que tendrían que ser el fundamento de toda civilización.
¿Cómo es la libertad en la política? ¿Hasta qué punto somos libres para elegir a nuestros mandatarios?
En una democracia, la libertad se basa en estas dos cosas: capacidad de adquirir libremente información que no sea sesgada y la capacidad de ejercer el voto de modo libre. Como en todas las sociedades, desgraciadamente, hay individuos, entidades, partidos que miran cómo influir en la opinión publica. Son los magos políticos, los que son capaces de influir en la información, de tal modo que la opinión de la gente está, en el mejor de los casos, sesgada y es poco libre, si no es tiranizada por esas ideas.
¿Hemos perdido la confianza en nuestros políticos?
La confianza en el político es esencial. Cuando tenemos gobernantes que no se ganan la confianza de la gente, no son capaces o son delicuentes, sumamente ambiciosos, sin sentimientos altruistas auténticos, la gente se desmoraliza, desconfía y se rompe el tejido de la sociedad.
¿Cómo deberíamos cuidar nuestro cerebro y, por tanto, nuestra libertad?
Como dice mi hermano Valentín, el corazón regala años de vida y el cerebro calidad de vida. Y estoy muy de acuerdo. Es una frase fantástica. Teniendo en cuenta la combinación, lo primero que hay que cuidar es la nutrición. Después, ejercicio físico. Sin duda, es fundamental el ejercicio mental y la interacción social.
 Su interés inicial era la Psiquiatría, la especialidad de su padre, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid e impulsor del Hospital Clínic de Barcelona. ¿Cómo fue ese cambio a la Neurociencia?
En la psiquiatría, lo que interesaba e interesa saber es cómo funciona el cerebro y qué papel tiene en la enfermedad mental y qué podemos hacer para aliviarla. En los años 50, en la España de Franco no había una investigación viable en neurofisiología.
 ¿Y se han hallado claves de enfermedades mentales en la corteza prefrontal?
No hay enfermedad mental de ningún género que pueda localizarse en ninguna región en concreto del cerebro. Lo que sí sabemos es que ciertas enfermedades mentales como la esquizofrenia son resultados de una muerte de conexiones cerebrales entre neuronas corticales. Hay una desconexión. Al desconectarse las zonas del cerebro que más tienen que ver con la cognición, se disgrega al mismo tiempo la distribución de las influencias del cerebro básico de las emociones y te encuentras con enfermos que tienen esta desintegración de la cognición y a la vez tienen estos trastornos tan notables en las relaciones emocionales con los demás. Esto tiene mucho que ver con la prefrontal, que sirve para ligar conocimientos y memorias. Pero la corteza prefrontal no es la única parte del cerebro afectada en la esquizofrenia.
¿Cómo valora la apuesta en España por la ciencia?
La apuesta por la ciencia es variable. Depende de los presupuestos estatales y la prosperidad pública. Hay un problema de fondo. En nuestro país, desgraciadamente, la ciencia es un lujo. Estamos siguiendo al pie de la letra lo que decía Unamuno en su día: que inventen los demás. Esto requiere una reeducación de la sociedad que se ha de empezar en las escuelas. Estamos por debajo del promedio europeo en cuanto a conciencia de la ciencia.

martes, 12 de junio de 2018


Nuevo mecanismo para reforzar las redes cerebrales de la memoria


Una investigación en la que participa el Instituto de Neurociencias de Alicante ha descubierto que los grupos de neuronas que funcionan como nodos críticos para el funcionamiento de las redes de memoria del hipocampo se localizan, en realidad, en el núcleo accumbens, una estructura del sistema de recompensa del cerebro. El hallazgo puede servir como guía para la cirugía del tumor cerebral mediante la identificación de áreas esenciales que se deben preservar durante la resección.

<p>Las redes neuronales se conectan siguiendo una topología que maximiza la estabilidad, un ejemplo para las redes creadas por el hombre. / <a href="https://www.flickr.com/photos/birthintobeing/11841180046/in/photolist-j3n9hE-6fLQ4u-5J4uci-epqjXb-75SmyS-4v1pXb-efmaRg-4m9vic-2WE92-8eisF6-4JcJ4G-8dvG3G-tPh5-q8n7e-7EAC3X-m93ET4-7ST91p-7gVQDj-brous1-8jwa63-7gRf7M-8emKtG-7ST91r-5JiBVU-9VWTjy-a3vLiF-55wUVz-a4UhJa-boovFk-7PKSWh-9JCBMe-efrVcy-53JJbM-7gXAf1-bx1iPV-defPgj-6dVuFN-cUjTYd-8YVKFz-axSKMD-9ff4DS-bgjtDK-dPRs1W-bxvKyF-jxNK4h--gKzo2g-7aC9da-7dm8ka-6w9zwS/" target="_blank">Birth Into Being</a></p>
Las redes neuronales se conectan siguiendo una topología que maximiza la estabilidad, un ejemplo para las redes creadas por el hombre. / Birth Into Being
Científicos del Instituto de Neurociencias de Alicante han descrito en ratones que los grupos de neuronas que funcionan como nodos críticos en las redes de memoria del hipocampo se localizan, en realidad, en el núcleo accumbens, una estructura del sistema de recompensa del cerebro. El trabajo, que publica Nature Communications, abre la puerta el diseño de protocolos dirigidos a estos nodos críticos en el cerebro para reforzar conexiones entre redes neuronales cerebrales, como la de la memoria.
“Nuestros resultados tienen implicaciones prácticas para tratar patologías del cerebro basadas en la conectividad funcional, como la adicción a sustancias de abuso, la esquizofrenia o la depresión. Permite, por ejemplo, diseñar protocolos de intervención dirigidos a nodos críticos en el cerebro para manipular su actividad, buscando reforzar conexiones entre redes neuronales cerebrales, por ejemplo, para reforzar la memoria”, explica Santiago Canals, del INA.
Canals apunta que algunas herramientas clínicas, como la estimulación magnética transcraneal o la estimulación cerebral profunda, podrían beneficiarse de esta aproximación localizando las áreas a estimular en algunos trastornos neurológicos o psiquiátricos, especialmente aquellos que se cree que son el resultado de las disfunciones de la red. El hallazgo puede servir también como guía para la cirugía del tumor cerebral mediante la identificación de áreas esenciales que se deben preservar durante la resección.

Para abordar este problema, las teorías más habituales de análisis de redes se fijan en los nodos hiperconectados, llamados hubs, es decir, lo que reciben muchas conexiones. Sin embargo, gracias a la colaboración entre Canals y Hernán Makse, del Instituto Levich de Física de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, se han localizado qué nodos, por su posición estratégica, son “críticos” para favorecer la formación de memorias, aunque no reciban tantas conexiones como los hubs, en los que hasta ahora se había centrado la atención.
Para integrar toda la información que recibe, el cerebro primero la distribuye en redes especializadas que interaccionan de manera jerárquica a medida que el procesamiento cognitivo requiere niveles más altos de integración. Entender cómo coordina el cerebro el flujo de información en un sistema de esta naturaleza e identificar las poblaciones de neuronas, o nodos críticos en la red cerebral, que son necesarios para hacerlo, es un problema fundamental en neurociencia. Estos nodos críticos son esenciales para la integración de las redes que intervienen en procesos tan importantes como el aprendizaje.
“El resultado ha sido una sorpresa”, subraya Canals, porque encontramos que “los nodos críticos para el funcionamiento de las redes de memoria del hipocampo se localizan, en realidad, en el núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema de recompensa del cerebro. Algo que no hubiéramos podido predecir a priori. Hasta ahora sabíamos que el núcleo accumbens participa en la formación de memorias, entre otras funciones, pero desconocíamos su papel fundamental para estabilizar la interacción entre el hipocampo y otras regiones de la corteza cerebral, como acabamos de descubrir. Estas interacciones son fundamentales para la consolidación a largo plazo de las memorias”.
Actualización de los recuerdos
Este estudio sugiere que las memorias que requieren la interacción del hipocampo y la corteza prefrontal necesitan también la intervención del núcleo accumbens para formarse. Los resultados se confirman con la inactivación farmacogenética del núcleo accumbens, que elimina por completo la formación de la red de memoria, mientras que la inactivación de otras áreas del cerebro deja intacta esta red.
El trabajo también apunta a que la sincronización entre el núcleo accumbens, el hipocampo y la corteza prefrontal, a la hora de almacenar nueva información, proporciona un mecanismo para la actualización de los recuerdos que guiará los comportamientos futuros, de acuerdo con la información almacenada en el pasado.
Este resultado tiene implicaciones importantes para las numerosas investigaciones sobre la patología del cerebro que buscan alteraciones críticas en la conectividad funcional. El objetivo es utilizarla como biomarcadores diagnósticos y de pronóstico de distintas patologías.

ASESINOS HIJOS DE PUTA,Y ADEMAS COBARDES DE MIERDA

Imagen de archivo de una corrida de toros. EUROPA PRESS/Pablo Blázquez Domínguez