viernes, 7 de diciembre de 2018

LOS RACISTAS NAZIS Y LOS FACHAS DE VOX FUERON UNA VEZ NEGROS................


Cuando todos los europeos eran negros

El mayor estudio genético de europeos de la prehistoria desvela un pasado complejo y violento en el que poblaciones enteras tuvieron que emigrar o desaparecer para siempre



Tres cráneos hallados en la República Checa asociados a la cultura gravetiense
Tres cráneos hallados en la República Checa asociados a la cultura gravetiense M. FROUZ / J. SVOBODA

El estudio genético de restos mortales de europeos que murieron hace miles de años ha abierto una ventana única a la prehistoria del continente. El trabajo abarca gran parte del Paleolítico Superior, desde hace 45.000 años hasta hace 7.000, y desvela varios episodios hasta ahora desconocidos.
“Lo que vemos es una historia de las poblaciones no menos compleja que la de los últimos 7.000 años, con múltiples momentos de poblaciones que reemplazan a otras, inmigración en una escala dramática y en un tiempo en el que el clima estaba cambiando de forma radical”, ha resumido David Reich, genetista de la Universidad de Harvard y autor principal del estudio, publicado en la revista Nature.
El trabajo ha analizado el ADN de 51 euroasiáticos, una muestra 10 veces mayor que cualquier estudio anterior. Abarca desde los humanos modernos más antiguos de los que se tiene constancia a los cazadores recolectores que vivieron poco antes de la revolución neolítica que trajo consigo la agricultura al continente.
La primera conclusión que se desprende del estudio es que, a pesar de que neandertales y humanos modernos (los Homo sapiens) se cruzaron y tuvieron hijos fértiles, el porcentaje de ADN de esa otra especie que lleva la nuestra ha disminuido rápidamente, pasando del 6% hasta el 2% actual. Esto implica cierta incompatibilidad evolutiva que ya habían destacado otros estudios recientes.
Aunque los primeros sapiens llegaron a Europa hace unos 45.000 años, su huella genética ha desaparecido por completo en las poblaciones actuales. Las primeras poblaciones con las que los europeos de hoy tienen algún parentesco se remontan a hace 37.000 años. Los autores del trabajo identifican a esta población con la cultura auriñaciense.

En esa época, Europa vivía en la última edad de hielo, con los glaciares avanzando desde el norte de europa y empujando a pueblos enteros a la migración o el exterminio. Según los datos del trabajo, hace 33.000 años aparece otro grupo que reemplaza casi totalmente al anterior y que se asocia con la cultura gravetiense, caracterizada por las pinturas con manos en negativo y las orondas venus paleolíticas esculpidas en hueso, explica González.
“A esta cultura se asocian los primeros ejemplos de arte y música, como las pinturas de la cueva de Chauvet en Francia o las flautas de hueso”, explica Manuel González Morales, investigador de la Universidad de Cantabria y coautor del trabajo.
De forma inesperada, hace unos 19.000 años, reaparecen los descendientes de la cultura auriñaciense. Los restos humanos encontrados en Cantabria demuestran ahora que los habitantes de esta zona estaban directamente emparentados con ellos.
Una de las posibles explicaciones es que aquel pueblo migrase a refugios cálidos del sur de Europa, especialmente la Península Ibérica. Pasado lo más frío de la última glaciación esta población vuelve a expandirse hacia el norte de europa, recuperando el territorio perdido y reemplazando a sus habitantes.

Última oleada

De nuevo, hace unos 14.000 años, otra población llegada desde Oriente Próximo desembarca en el continente y se convierte en dominante, sustituyendo a buena parte de las anteriores. Esta última oleada, de la que no se tenía noticia hasta ahora, se ha identificado gracias a los restos de un cazador y recolector encontrado en Villabruna, Italia, y que le ha dado nombre a esta población.
La marca genética de este grupo se perpetuó durante milenios, ya que, por ejemplo, el cazador recolector de La Braña (León) que vivió hace 7.000 años estaba emparentado con este grupo.
Los genes del hombre de La Braña muestran que tenía la tez oscura y ojos azules. Según González, hasta la llegada de sus ancestros a Europa, hace unos 14.000 años, todos los europeos tenían la piel oscura y los ojos marrones. “El trabajo muestra que los primeros individuos con genes de piel clara vivieron hace unos 13.000 años”, explica el investigador de la Universidad de Cantabria. Después, con la llegada de los primeros agricultores desde Oriente Medio se inaugura el Neolítico y la tez blanca se hace mucho más común. En otras palabras, los europeos fueron negros durante la mayor parte de su historia.


LA MISTERIOSA DAMA ROJA


Hace 19.000 años alguien enterró en Cantabria a una de las mujeres más misteriosas de la prehistoria europea. Se trata de la Dama Roja, que a sus 35 o 40 años recibió una sepultura muy extraña, que podría apuntar a un significado sagrado. Su cadáver se había descompuesto al aire libre y después habían recubierto sus huesos con pintura roja. Tanto debían de respetar a aquella mujer que alguno de sus huesos fue cuidadosamente devuelto a la tumba después de que un animal salvaje la profanase en busca de alimento. Más allá de unos dibujos esquemáticos y la presencia de polen, poco más se sabe sobre aquella mujer y el significado que la cultura a la que perteneció quiso darle a su tumba. La dama es uno de los 51 individuos que se han analizado en este estudio. El equipo de Manuel González Morales está preparando una reconstrucción del aspecto que tuvo esta mujer, cuyos genes muestran que era negra, explica.

Documentados 17 casos inéditos de herencia de ADN mitocondrial paterno

Un nuevo estudio desbarata un dogma central de la biología, al encontrar transmisión genética de las mitocondrias masculinas



Los científicos ahora estiman que uno de cada 5000 bebés podría heredar mitocondrias de su padre.Ampliar foto
Los científicos ahora estiman que uno de cada 5000 bebés podría heredar mitocondrias de su padre.UNSPLASH

Cuando los padres de un niño de cuatro años lo llevaron al Hospital Infantil de Cincinnati, Ohio (EE UU) por su fatiga y debilidad muscular, nadie esperaba que su caso fuera a desatar una investigación científica que reescribirá los libros de texto. Eso es justamente lo que ha ocurrido: en un estudio publicado la semana pasada en la revista PNAS, los médicos describen cómo encontraron en el niño ADN mitocondrial heredado por vía paterna, algo que hasta ahora se creía imposible.

Inicialmente, el pediatra y genetista Taosheng Huang, que es el autor principal del estudio, sospechó que el pequeño podría tener una enfermedad mitocondrial. Las mitocondrias, los orgánulos encargados de dar energía a las células, portan un complemento propio de ADN, diferente al que se guarda en el núcleo celular. Ciertas mutaciones en alguno de los 37 genes mitocondriales, heredados en casi todos los animales exclusivamente por vía materna, producen enfermedades raras. Gracias a la secuenciación de su genoma, los médicos observaron que el niño no tenía ninguna mutación conocida de enfermedad mitocondrial, pero había diferencias entre el ADN de algunas de sus mitocondrias y las demás. Incrédulo, Huang pidió repetir la muestra genética y envió partes a dos laboratorios independientes para analizarla.
La transmisión de mitocondrias por parte del padre solo se ha observado, de manera excepcional, en un grupo muy reducido de animales, que incluye a las ovejas, los ratones y las moscas del vinagre. Descubrirlo en personas echa por tierra uno de los dogmas centrales de la genética y tiene implicaciones para el estudio de la evolución humana y para el diagnóstico y tratamiento de ciertas enfermedades. En análisis sucesivos, los médicos observaron el mismo fenómeno en nueve familiares del chico, además de otras siete personas ajenas a la familia.
Los resultados volvieron sin dejar lugar a dudas: sus células portaban dos tipos de mitocondrias con genomas diferentes. El motivo, destapado tras examinar a toda la familia, es que su madre había heredado algunas mitocondrias paternas, además de las habituales por línea femenina. Solamente un caso estudiado por investigadores daneses en 2002 —verificado en Estados Unidos dos años más tarde— había documentado herencia mitocondrial paterna en una persona. Sin embargo, en todo el tiempo que ha pasado desde entonces, no se había vuelto a observar el fenómeno, lo cual ha llevado a muchos a pensar que hubo un error en el análisis original.
Cuando un espermatozoide fecunda un óvulo, normalmente se activan mecanismos moleculares para destruir todas las mitocondrias masculinas. Se cree que esto puede ser una adaptación evolutiva para facilitar la coordinación entre el genoma mitocondrial y el nuclear. Otra teoría postula que la herencia exclusivamente materna ofrece protección contra el ritmo elevado de mutaciones que se da en el ADN mitocondrial de los espermatozoides. En cualquier caso, el embrión normalmente crece solo con mitocondrias de la madre.
Huang y su equipo creen que los casos de herencia mitocondrial biparental se deben a la mutación de un gen en el núcleo, no en las mitocondrias. Desde el genoma nuclear se coordina el proceso de destrucción de los componentes celulares que sobran una vez completada la fecundación. Según contó al canal estadounidense Nova la bióloga del desarrollo Florence Marlow, de la Escuela de Medicina de Icahn en el Monte Sinaí de Nueva York, un fallo en este proceso puede permitir la supervivencia de las mitocondrias masculinas que se infiltran en el óvulo. El cigoto acaba con mitocondrias genéticamente distintas, una por cada progenitor, y estas proliferan en las divisiones celulares posteriores. Los autores del estudio estiman que uno de cada 5000 bebés podría heredar ADN mitocondrial paterno de esta forma.

Estos cálculos se basan en la suposición —ahora demostrada incorrecta— de que los hombres nunca pasan mitocondrias de los espermatozoides a sus hijos. Queda por determinar si los casos excepcionales de herencia biparental afectarán a la eficacia de las técnicas de estudio genealógico, aunque los autores afirman que estos casos “no parecen haber dejado una marca detectable en el registro genético de la humanidad”.
Si es así, los descubrimientos podrían afectar al conocimiento científico sobre la evolución humana. Dado que el ADN mitocondrial de una madre en principio nunca se recombina con el del padre, constituye un certificado de identidad genética estable para cada línea materna de la genealogía humana. Al identificar dos poblaciones humanas con genomas mitocondriales parecidos en distintos puntos del planeta, se puede inferir que tuvieron un ancestro femenino común, y se puede calcular aproximadamente hace cuánto, conocido el ritmo al que se acumulan nuevas mutaciones en el ADN mitocondrial.
Por otra parte, el hallazgo abre nuevas posibilidades médicas. “Dada la implantación cada vez más amplia de las metodologías de secuenciación genómica en el ámbito clínico, los laboratorios clínicos que analicen ADN mitocondrial deben prestar atención a los datos de secuenciación para detectar esta rara, aunque posible, herencia biparental”, dice Miguel Ángel Martín, investigador clínico de enfermedades mitocondriales en el Hospital 12 de octubre de Madrid.
Actualmente, las mujeres con enfermedades mitocondriales tienen la posibilidad en algunos países de gestar bebés sanos con la técnica de “tres padres genéticos”, gracias a una donante de mitocondrias. Si se descubren los genes nucleares que regulan la herencia mitocondrial, en un futuro se podría inducir la transmisión de las mitocondrias paternas para prescindir de la donante. Además, dice Martín, “si se encontrara ese factor o gen responsable nuclear, las posibilidades de tratamiento y asesoramiento genético es predecible que serían similares a las existentes para otras enfermedades genéticas”.

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Un pulpo en el acuario francés de Brest CreditFred Tanneau/Agence France-Presse — Getty Images
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Para demostrar lo inteligentes que son los pulpos, Piero Amodio usa un video de YouTube. Muestra a un pulpo que jala dos mitades de una concha para esconderse adentro. Luego el animal guarda las conchas como si fueran platos y se las lleva.
“Esto sugiere que el pulpo lleva consigo estas herramientas porque tiene un entendimiento de que pueden ser útiles en el futuro”, dijo Amodio, estudiante de posgrado enfocado en la inteligencia animal en la Universidad de Cambridge.
Esa característica del pulpo no solo lo sorprende: lo confunde.
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Durante décadas, los investigadores han analizado de qué manera evolucionaron algunos animales para ser inteligentes, entre ellos los monos, los elefantes, los delfines y algunos pájaros, como cuervos y pericos.
Pero las teorías científicas al respecto se quedan cortas para los cefalópodos, el grupo que incluye a pulpos, calamares y sepias. Tienen muestras de creatividad, pero no cumplen con las marcas de inteligencia observadas en otras especies.
“Es una paradoja que ha sido ignorada en gran medida en el pasado”, dijo Amodio. Él y otros cinco expertos en inteligencia animal analizan esta misma paradoja en un artículo publicado en noviembre en la revista Trends in Ecology and Evolution.
La inteligencia animal, explican los científicos que la estudian, implica el uso de herramientas cognitivas sofisticadas para prosperar.
Estas incluyen la capacidad de idear soluciones a problemas como la búsqueda de comida o poder planificar formas de afrontar retos futuros. Los animales inteligentes no dependen de respuestas fijas para sobrevivir, sino que pueden improvisar conductas.
Para medir la inteligencia animal, los científicos observan a las especies salvajes; por ejemplo, si un delfín usa una esponja marina para proteger su pico de cortes con rocas o coral. O también llevan a los animales a un laboratorio y les dan un rompecabezas o algo qué resolver, como premiar a un cuervo si aprende a cortar pedazos de papel en un tamaño específico.

Solamente algunas especies han destacado en esos estudios. Al compararlas, los científicos han identificado factores compartidos: el tamaño del cerebro de esos animales es más grande en relación con sus cuerpos, tienden a vivir por más tiempo y pueden formar vínculos sociales duraderos.
Esas similitudes han apuntado a posibles explicaciones generales sobre cómo evolucionó el intelecto de ciertos animales.
Una de las posibles explicaciones es la hipótesis de la inteligencia ecológica. Esta tesis postula que la inteligencia evolucionó de manera adaptativa para encontrar comida. Algunos animales tienen un suministro de alimentos fiable y para otros es impredecible.
“Si comes fruta, debes recordar dónde están los árboles con esa fruta y cuándo maduran”, dijo Amadio. “Eso es mucho más demandante en términos cognitivos que comer hojas”. Con herramientas, los animales pueden alcanzar alimentos a los que no tendrían acceso de otro modo. Y si pueden hacer planes a futuro, pueden almacenar comida para los momentos en los que no estaría disponible.
Otra explicación posible es la hipótesis de la inteligencia social: los animales más inteligentes “cooperan y aprenden con otros integrantes de la misma especie”, dijo Amadio.
En conjunto, estos desarrollos evolutivos parecen haber resultado en cerebros de mayor tamaño y capacidad.
Los cefalópodos salvajes se comportan de maneras observables que también sugieren inteligencia. Por ejemplo, las sepias alejan a los depredadores formando cavidades que se asemejan a ojos en sus cuerpos para hacer parecer que son pescados cuando el depredador usa la vista para cazar. Sin embargo, si el depredador utiliza el olfato, las sepias toman otra decisión: huyen.
Los pulpos también muestran esta flexibilidad cognitiva en laboratorios. Investigadores de la Universidad Hebrea les presentaron a pulpos una caja en forma de ele con alimento, y los animales se las arreglaron para saber cómo empujar la comida por un orificio pequeño que estaba en el muro de su tanque.
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Un pulpo que usó dos conchas para esconderse en la costa indonesia de Célebes CreditEthan Daniels vía Getty Images
Los cefalópodos, como otros animales inteligentes, tienen un cerebro relativamente grande. Pero ahí se terminan las similitudes. Por ejemplo, los pulpos tienen sus neuronas en los brazos o tentáculos, no tienen vidas más longevas y no forman vínculos sociales duraderos.
Amodio y sus colegas creen entonces que la inteligencia de los cefalópodos se debe a su historia evolutiva; hace unos quinientos millones de años, sus ancestros evolucionaron de tal modo que sus caparazones podían usarse para flotar y quedarse cerca de la superficie.
Un cefalópodo, el nautilo, aún vive de esta manera, aunque no parece tener ni de cerca el mismo nivel de inteligencia que los pulpos. Sin embargo, los ancestros de casi todos los cefalópodos perdieron ese caparazón exterior hace unos 275 millones de años. No queda claro por qué, pero esta mutación hizo posible que el animal pudiera explorar lugares que las especies previas no tenían y buscar alimento.
Al mismo tiempo, perder el caparazón los dejó más expuestos a los depredadores, lo cual habría impulsado que desarrollaran capacidades para esconderse o escapar y para resolver nuevos problemas o tener previsión (por ejemplo, saber que las conchas podrían ser prácticas para esconderse).
Pero la inteligencia no ha sido solución suficiente para los cefalópodos, según Amodio, porque de cualquier manera pueden volverse presas y por ello quizá no viven tanto tiempo.
Con su investigación, Amodio y sus colegas podrían arrojar luz no solamente sobre los orígenes de la inteligencia de los cefalópodos, sino de la inteligencia animal en general.
“No podemos dar por sentado que hay un solo tipo de inteligencia”, dijo Amodio. “Puede que haya diferentes caminos”.

EN LAS MUJERES, ESTA CLARO


La vida amorosa de nuestra madre podría explicar la nuestra

La historia familiar nos guía sin que nosotras nos demos cuenta. 
 POR CAROLINE MICHEL

No siempre comprendemos nuestros comportamientos amorosos, nuestros esquemas y nuestros encuentros, ¿Y si la explicación se encontrara en nuestros ancestros? La psicogenealogía se encarga precisamente de eso: de poner en evidencia cómo nuestra historia familiar nos guía sin que nosotras nos demos cuenta. 
Un estudio llevado a cabo por Claire Kamp Dush, profesora agregada de ciencias humanas en la Ohio State University, descubrió que los niños heredan comportamientos de sus padres y son susceptibles a reproducirlos en sus relaciones. Además, el número de compañeros de las niñas en general es idéntico al número de parejas que ha tenido la madre (con la diferencia de que en su época, no existían ni Tinder ni Snapchat). Pero atención: cuando hablamos de herencia, no hablamos solamente de valores que nuestros padres nos han inculcado, del modelo o antimodelo que ellos encarnan. Este estudio sugiere otra cosa, por demás muy interesante: avanzamos por la vida con bagajes inconscientes que pasan de generación en generación sin que lo sepamos. 

Nuestra historia familiar, impresa en el inconsciente

La psicogenealogía se ocupa de casos como este: supongamos que la abuela se enamoró locamente de un hombre rubio, escandinavo, durante su juventud, relación que terminó dramáticamente. Si bien nosotras nunca sentimos las repercusiones de esa historia ni el dolor devastador de la abuela, que nunca habló del tema, puede ser que busquemos por todas partes un hombre rubio de las mismas características. Nos sentimos llamadas a completar una misión inconscientemente: reparar esa ruptura malograda. En suma, para comprender mejor nuestros comportamientos amorosos, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué hay en mí que no me pertenece, y que tal vez viene del pasado? Lo transgeneracional se impone en nuestros pensamientos cuando lo que estamos viviendo no es explicable por causas de nuestra vida “efectiva”. 
Para saber mas de tu pasado, una opción es consultar con un psicoanalista especializado, donde descubriremos cosas excepcionales, porque no somos un fruto aislado, sino un fruto prendido de una rama, a su vez relacionada con otras ramas, como la vida misma. 

jueves, 6 de diciembre de 2018

El cadáver de una joven desvela la primera pandemia conocida

Un estudio encuentra el caso de peste más antiguo y asocia esta enfermedad con el colapso de las primeras ciudades de Europa



pandemia
Restos mortales de la joven de 20 años en la que se encontró la bacteria de la peste. UNIVERSIDAD DE GOTEMBURGO

Un equipo de genetistas ha encontrado el primer caso conocido de peste en el cadáver de una campesina de unos 20 años que fue enterrada hace unos 5.000 en Suecia. La cepa de la bacteria Yersinia pestis hallada en el ADN extraído de sus dientes presenta las mismas variantes genéticas que en la actualidad hacen mortal la peste pulmonar si no es tratada a tiempo. Otro cadáver de un agricultor veinteañero en la misma tumba de Frälsegården, al sur del país, también tiene rastros del patógeno. Los autores del hallazgo creen que están ante los indicios de la primera gran pandemia de la humanidad.
Hace unos 5.000 años, Europa vivía una etapa oscura de la que se sabe muy poco. Hacía siglos que unos inmigrantes asiáticos habían traído los cultivos y la ganadería al continente. Por aquella época ya habían florecido las primeras ciudades con hasta 20.000 habitantes, donde convivían personas y ganado en un espacio reducido y con poca higiene. Por razones desconocidas, en esa época hubo un brusco descenso de la población de entre un 30% y un 60%, similar al que ocurrió en la Edad Media con la peste negra. Algunas de las ciudades fueron quemadas y abandonadas. Fue el final de la Edad de Piedra.


Cadáver de un enterramiento de la cultura yamnaya pintado de ocre rojo.
Cadáver de un enterramiento de la cultura yamnaya pintado de ocre rojo. 


La cepa de peste que mató a la muchacha sueca apareció hace unos 5.700 años, según su análisis genético, lo que la convierte en la más cercana al ancestro de todas las variantes de peste que han surgido desde entonces. Genetistas de Suecia, Dinamarca y Francia han analizado el genoma de más de mil cadáveres de esta época y la posterior Edad del Bronce. Los resultados muestran que “en un período muy corto de tiempo, 600 años aproximadamente, muchas cepas de peste se expandieron a lo largo de toda Eurasia, desde el sureste de la estepa rusa hasta Suecia”, explica Nicolás Rascován, biólogo de la Universidad de Aix-Marsella y primer autor de un estudio publicado hoy en Cell sobre estos hallazgos. “También mostramos que no existieron grandes migraciones humanas que puedan explicar esta dispersión, dado que no vemos mestizaje entre las diferentes poblaciones infectadas. Justo en la época en la que vemos expandirse la peste surgieron grandes innovaciones tecnológicas como el transporte rodado y la tracción animal, los medios ideales para esparcir el patógeno a grandes distancias. Es la primera vez en la historia de la humanidad que se dieron simultáneamente las condiciones adecuadas para la emergencia de enfermedades y a la vez su esparcimiento a grandes distancias y por eso pensamos que probablemente esta fue la primera gran pandemia”, explica este investigador argentino.
El estudio señala que el ancestro común de todas las Y. pestis modernas debió aparecer en algún lugar en Europa del este. El equipo propone como hipótesis que su origen pudo estar en en seno de la enigmática cultura de Cucuteni, que floreció en las actuales Moldavia, Rumanía y Ucrania hace unos 5.700 años y cuyos grandes asentamientos fueron pasto del fuego intencionado. El objetivo del equipo es intentar encontrar ADN en uno de estos yacimientos arrasados para confirmar su idea.
Después de la crisis del Neolítico, hace unos 4.700 años, llegó una nueva oleada de inmigrantes: los yamnaya, una estirpe de pastores nómadas de las estepas de Eurasia a los que algunos expertos culpan de invadir Europa a sangre y fuego y reemplazar casi por completo a los varones locales. Se ha considerado la posibilidad de que los yamnaya, que también introdujeron las lenguas indoeuropeas, trajesen consigo la peste. Pero el nuevo trabajo muestra que la enfermedad llevaba en Europa cientos de años. “Creemos que lo que estas gentes se encontraron fue una Europa con ciudades fantasmas y una población diezmada por la peste y otras causas”, explica Simon Rasmussen, genetista de la Universidad de Copenhague y coautor del estudio. “Los yamnaya tenían un estilo de vida completamente diferente, no construyeron grandes asentamientos, con lo que posiblemente fueron menos vulnerables a la enfermedad de los campesinos”, resalta el investigador.
Carles Lalueza-Fox, genetista del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, estudia la marca genética de los yamnaya y de la peste en poblaciones de la península Ibérica. “Era una época de crisis, violencia y asentamientos abandonados que hasta ahora se habían achacado a otras causas, como la aridificación de los cultivos, pero esta nueva explicación parece más plausible”, opina. El experto destaca que gracias al análisis de ADN antiguo hallado en las tumbas que había sido descartado pero estaba accesible en bases de datos públicas, los autores de este estudio han conseguido destapar una “pandemia de la que hasta ahora no había ningún registro histórico”.

La bacteria de la peste comenzó siendo un microbio inofensivo, destacan los autores del estudio. Las pestes del Neolítico y la Edad del Bronce eran probablemente menos virulentas que las que produjeron las peores pandemias, como la de Justiniano en en siglo VI —40 millones de muertos— o la peste negra medieval que aniquiló a la mitad de los habitantes de las grandes ciudades europeas, pues no tenían el gen que le permite transmitirse por pulgas que a su vez cabalgan en ratas y otras mutaciones que incrementaron mucho su agresividad. Es lo mismo que después sucedería con la viruela, la malaria, el ébola y el zika, y lo que podría pasar con la próxima gran pandemia de este siglo
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POBRE...NO SABE LO QUE SE PIERDE ,CON ESA CARA DE PAJERO MAL COGIDO

El primer diputado de Vox, el hombre que odiaba a las "putas, brujas y bolleras" de la ultraizquierda

Francisco Serrano es un exjuez machista que fue inhabilitado por prevaricar. Se considera un “represaliado” del “yihadismo de género”

En Sevilla, el candidato de Vox, a la Presidencia de la Junta, Francisco Serrano, vota