jueves, 22 de julio de 2010

EL TIMO DEL GOJI


La OCU pide a Sanidad la retirada de las bayas de Goji por contener "sustancias tóxicas"

La organización pide tranquilidad a los consumidores del producto porque su ingesta no produce una "intoxicación aguda"


Las bayas de goji,que se habían hecho populares en España y casi desconocidas fuera de España ,se empezaron a consumir por los que ejercían la "medicina natural" después de visitar los montes Himalayas.
Cientos de charlatanes por todo el planeta,desde los homeópatas hasta los vendedores de pulseras magnéticas y otras artilugios para "creyentes"(los mismos que creen en diferentes dioses y religiones)se aficcionaron a las mismas.
No había ningún control sanitario y se vendía en mercadillos y tienduchos de "medicinas paralelas".
Muchas personas,sin los más mínimos conocimientos médicos,quizás por alguna mala experiencia con malos médicos o simplemente por picardía y deseo de hacerse de dinero fácil,montan consultas de naturopatía y recomiendan desde bayas a collares magnéticos.
El brujo de la tribu,todavía tiene carisma.
Y estamos llenos de colegas médicos que trabajan a sueldo de multinacionales más peligrosas que las bayas de Goji,todo hay que decirlo.



La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha pedido hoy al Ministerio de Sanidad que retire las bayas de Goji del mercado porque contienen sustancias tóxicas, tales como metales pesados y pesticidas, aunque pide que "no cunda el pánico" porque no causan "una intoxicación aguda".

La OCU ha analizado diez muestras de este producto de moda en distintos puntos de venta -tiendas de frutos secos, horchaterías, herbolarios y supermercados de Madrid y Barcelona- con el objetivo de conocer sus famosas propiedades para la salud. Todas las bayas estudiadas, concluye la organización, "incumplen los requisitos para su comercialización y, entre otras cosas, contienen gran cantidad de pesticidas, algunos ilegales en Europa, y metales pesados como el cadmio, cobre y plomo".

La plataforma pide que "no cunda el pánico" porque la ingesta de las bayas de Goji no causa "una intoxicación aguda", ya que sería necesario tomar 400 gramos diarios para que hicieran efecto inmediato, pero advierte de que su consumo puede tener consecuencias a largo plazo. En caso de intoxicación aguda, la OCU recuerda que el cadmio puede provocar problemas gastrointestinales, vómitos y diarrea. Una ingesta continuada, lo que sería más común, puede ocasionar daños al riñón o afectar a la producción de hormonas sexuales, ya que el cadmio está asociado con una baja natalidad así como con fracturas por pérdida de mineralización ósea.

La OCU se ha dirigido a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) solicitando que las bayas de Goji sean retiradas del mercado y que se ejerza un mayor control sobre este tipo de productos, pues los problemas detectados, comunes a todas las muestras, "no parecen ser un hecho aislado", sino más bien "generalizado".

Estas bayas rojas -originarias de la región del Tíbet- se comercializan con un etiquetado en el que se asegura que refuerzan el sistema inmunológico, protegen las células contra los radicales libres, ayudan contra la fatiga y el agotamiento y promueven la longevidad. También se afirma que favorecen la vista, regulan tanto el sueño como el apetito, cuidan los riñones y el hígado, aportan energía, ayudan a la pérdida de peso, tratan la presión arterial, solucionan los problemas de la menopausia y curan la impotencia.

La OCU ya había avisado de que no existen evidencias científicas que avalen tales efectos saludables de las bayas de Goji y, "mucho menos, pagar el precio tan alto que se pide por ellas", unos 24 euros el kilo, de media.

miércoles, 21 de julio de 2010

UNA JOYITA DE MEDICO....


La operación de fimosis que acabó en vasectomía

El urólogo no examinó el historial del joven paciente antes de la operación y le dejó estéril por error


José María tenía 27 años cuando decidió operarse de fimosis. Una intervención bastante sencilla que consiste en realizar un pequeño corte en el prepucio del pene para dejar al descubierto el glande. Pero tras ser operado la mañana del 26 de noviembre de 2004 en un quirófano del Hospital Virgen de la Paloma de Madrid, el paciente seguía teniendo fimosis y además le habían dejado infértil. El urólogo le había practicado una vasectomia bilateral por error.

El doctor se «despreocupó» de examinar el historial clínico del paciente antes de la intervención y tampoco habló con éste sobre el objeto de la operación, según recoge la sentencia a la que ha tenido acceso ABC.

Cuando José María llego a su casa aquella mañana comprobó con estupor que no le habían operado de fimosis, por lo que acudió a otro centro médico donde le confirmaron sus sospechas. Se dirigó entonces al urólogo que le había operado, que tras darse cuenta del error le citó al día siguiente para solucionar quirúrgicamente el desaguisado y ahora sí realizar la circuncisión. Por suerte para el paciente, la vasectomía es una intervención que tiene un carácter reversible, por lo que José María pudo recuperar su fertilidad «robada».

En su defensa, durante la instrucción del caso, el urólogo alegó que la confusión se debió a un error en el parte y culpó a su secretaria de haber puesto en la agenda «Vasectomía» en vez de «Fimosis». Pero su estrategia de derivar responsabilidades no quedó ahí. Según el ya condenado doctor, el paciente, bajo anestesia local, también era responsable del entuerto porque debió haberlo advertido.

El día del juicio, sin embargo, el médico aceptó la pena propuesta por el Ministerio Fiscal y la acusación particular dirigida por los Servicios Jurídicos de la asociación El Defensor del Paciente. El urólogo, que ha sido condenado a un año de prisión, tampoco podrá ejercer su profesión durante el mismo tiempo por un delito de «imprudencia grave profesional con resultado de lesiones» que recoge el Código Penal.


lunes, 19 de julio de 2010

LA REVOLUCION MEDICA DEL PERONISMO

Carrillo, o el apellido de la revolución sanitaria

(Nota enviada por Daniel Cichero). Durante nueve años, el hombre se dedicó a “edificar” el sistema sanitario argentino. Hizo mucho más que organizar los servicios, acabar con enfermedades endémicas o construir más de 250 hospitales en distintos puntos de país. Ramón Carrillo puso en práctica la concepción de la salud como un derecho. Sin embargo, su militancia y su gestión no tuvieron el corolario que hubiera merecido. Tras el golpe de 1955, murió en Brasil, solo, pobre y exiliado.
Nada es casual. Que Ramón Carrillo haya nacido en Santiago del Estero, de seguro tiene relación directa con su percepción de las cosas y con la construcción de sus ideas. Que fue un alumno brillante en la Facultad de Medicina de Buenos Aires lo explican datos simples, como que egresó a los 22 con Medalla de Honor. O que fue becado para perfeccionarse en Europa junto a Cornelius Ariens Kappers, uno de los más destacados neurocirujanos de su tiempo.

Sin dudas, Carrillo bien pudo recorrer otros caminos, como neurólogo o como investigador de elite. Pudo “hacer carrera”, si por eso se entiende dotarse de esa clase de prestigio profesional que se obtiene al margen de las condiciones concretas en las que se desenvuelve un país. Pero decidió tomar otros caminos y se sumó a las corrientes del pensamiento nacional que entonces encarnaban los radicales de Forja. “Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”, solía citar a modo de manifiesto.

¿Un Ministerio de Salud?

Fue entonces, en el contexto de la Década Infame, cuando comenzó a desarrollar sus tareas innovadoras en el Hospicio de las Mercedes y en el Hospital de Alienadas, como se llamaban los actuales hospitales psiquiátricos Borda y Moyano de Buenos Aires. Por esa época, Ramón Carrillo ya se había consolidado como un prestigioso neurocirujano y formaba parte de diversas sociedades científicas nacionales y del exterior. Había ganado el Premio Nacional de Ciencias de 1937 (por su trabajo Yodoventriculografía) y era autor de varias obras especializadas en anatomía patológica, anatomía comparada y clínica neurológica.

Pero siempre hay un punto de “bifurcación”, un momento a partir del cual los caminos personales se tornan definitivos. Y Carrillo llegó a él en 1939, cuando se hizo cargo del Servicio de Neurología del Hospital Militar. Allí, con la información clínica de los soldados conscriptos de todo el país en sus manos, al joven médico le quedó grabada la magnitud del desastre sanitario nacional. Carrillo eligió abandonar la neurología y la investigación para dedicarse -sin más vueltas- al desarrollo de la medicina social.

Por esos años también conoció al coronel Perón, quien más tarde -en el año 1946- lo convertiría en el primer ministro de Salud de la historia argentina. Sí, sí, leyó bien. El primero. Es que así era la cosa por aquellos tiempos. A no ser por un humildísimo Departamento Nacional de Higiene, en el organigrama de los gobiernos argentinos podía haber lugar para ministerios y secretarías de Ganadería, de Agricultura o de Educación, pero no de Salud.

De alguna manera, no era de extrañar. Entonces, la medicina era considerada como una profesión privada orientada sólo a restaurar la salud de enfermos individuales. Los sanatorios privados atendían a los pudientes y un puñado de hospitales provinciales, municipales y religiosos se ocupaba de los grupos marginales. En pocas palabras, la cuestión sanitaria nacional estaba bien afuera de la cabeza de los decisores políticos.

Ramón Carrillo se convirtió así en el estratega de un área de gestión pública novísima. Más que eso, en un médico dispuesto a revolucionar la concepción y la organización de los servicios de salud.

Organizar y hacer
El primer paso de Carrillo fue realizar un estudio integral de los problemas sanitarios de la Argentina. El diagnóstico previo señalaba, por ejemplo, que el país contaba con el 45% de las camas necesarias. Y esto a modo de promedio, porque había regiones enteras de las provincias más postergadas con “cero” camas cada mil habitantes. Así, siempre con datos a la vista, se originó el Plan Analítico de la Salud Pública. Un diagnóstico sobre el que, en sus 4.000 páginas, se iban a organizar todas y cada una de las acciones de la recién estrenada Secretaría de Salud Pública.

Como resultado de la acción metódica, en unos pocos años, el sistema sanitario duplicó el número de camas existentes, erradicó enfermedades endémicas, como el paludismo, e hizo desaparecer la sífilis, el tifus y la brucelosis. Con todo ese esfuerzo organizado, la mortalidad infantil promedio, por ejemplo, se redujo drásticamente del 90 al 56 por mil.

La estrategia sanitaria se basaba en dos principios muy sencillos: centralización normativa y descentralización ejecutiva. Es decir, en unificar pautas y criterios de alcance general, para luego delegar las decisiones operativas en cada uno de los Hospitales y Centros de Salud. Ambos niveles de atención se convirtieron en un tándem que cambió todo de raíz. Si el Centro de Salud era concebido como “un conjunto de consultorios con servicio social, visitadoras sanitarias y bioestadística, para captación de enfermos, reconocimiento de sanos y tratamientos ambulatorios”, cada “Ciudad Hospitalaria” -así se denominaban los nuevos hospitales generales- funcionaría con mayores niveles de especialización y complejidad, pero siempre en correlación con uno o más de estos centros sanitarios.

Antes de que finalizara 1948, ya se habían inaugurado los primeros 50 Centros de Salud. Y desde ellos, por primera vez, cobró impulso un nivel específico para la ejercer el mejor costado de la medicina: la prevención.

Ladrillos y equipos
Todo esto no fue sólo el resultado de la disposición de recursos materiales. Más bien fue un desarrollo conceptual acerca del rol de la medicina dentro de la política social del Estado, que supo priorizar la acción preventiva y regionalizar la atención.

En el fondo, lo que primaba en Carrillo era una meridiana claridad política en sus objetivos. “Los problemas de la medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría”, dejó por escrito.

Las obras edilicias fueron enormes. Carrillo se encontró con la necesidad de planificar la construcción de hospitales, institutos, sanatorios para crónicos, centros de salud, hogares para niños y ancianos y hogares escuela. Por esa razón, se decidió por un único estilo arquitectónico y prototipos de construcciones estándar para cada nivel de capacidad y complejidad. A ello se sumó la necesidad de aceitar una estructura administrativa que debía estudiar el equipamiento necesario en cada caso -y licitarlo-, así como controlar la marcha de los trabajos, emitir los certificados de obra y pagarlos.

Los trabajos ejecutados por intermedio del Ministerio de Obras Públicas, por el propio Ministerio de Salud (se creó una subsecretaría específica con ese fin) y por la Fundación Eva Perón, dieron como saldo la creación de 4.229 establecimientos sanitarios con ¡130.180 nuevas camas! Nunca antes, ni después, la salud pública argentina recibió un impulso de tal magnitud.

En 1953 escribió Teoría del Hospital, un compendio doctrinario que resumía los principios sobre la conformación arquitectónica, técnica y administrativa del hospital moderno. Es decir, la propia experiencia desarrollada en ocho años de trabajos. Sin embargo, el propio Carrillo advirtió que “los hospitales no se organizaban a base de libros ni a conocimientos estrictamente técnico-médicos, sino principalmente a base del conocimiento de la problemática social de la población que el establecimiento va a servir, y de la política sanitaria que se trazan los gobiernos’.

Cuesta abajo
El camino que recorrió Carrillo no fue lineal ni exento de dificultades políticas. A pesar de su éxito fenomenal, llegó a ser cuestionado también desde los propios círculos cercanos al gobierno. Y al cabo, en 1954, ofreció su renuncia legando un trabajo formidable.

Tenía 50 años y se estaba sometiendo a un tratamiento en los Estados Unidos contra un mal que él mismo se había diagnosticado: “hipertensión arterial maligna con manifestaciones encefalopáticas”. En esa condición, mientras vivía con los bolsillos flacos en Nueva York, lo encontraron las jornadas de la llamada Revolución Libertadora. Bien pronto fue acusado de “enriquecimiento sin causa”, pese a la justificación de bienes que hiciera a través de su hermana. Sus dos únicas propiedades fueron interdictas y se le secuestró todo el mobiliario.

Fuera del país debió sostenerse con aportes que le enviaban sus amigos (Ver “Su última carta”), hasta que consiguió un empleo en una empresa minera estadounidense que operaba en Belem do Pará, en el norte de Brasil. El gobierno de facto argentino incluso presentó una protesta ante el brasileño -en la que se lo calificaba de “prófugo’ y “ladrón de nafta” - porque se le había prestado ayuda médica. Sus libros y cuadros en Buenos Aires fueron saqueados y de nada valieron los recursos y las aclaraciones interpuestas.

Las crónicas dicen que murió apenas unos pocos meses después -en diciembre de 1956- de un accidente cerebrovascular. ¿Pero quién podría descartar que su final desventurado fuera alentado por la amargura del golpe de estado, las acusaciones de corrupción y la soledad agobiante del exilio?

Más allá del asombro que impone “su” revolución sanitaria, un breve pensamiento suyo se sostiene en el siglo 21 con pasmosa vigencia: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son pobres causas”.

Campaña contra el paludismo

Ramón Carrillo organizó la campaña contra el paludismo sobre la base de disputar “casa por casa” el terreno que había invadido el mosquito Anopheles. El esfuerzo de campo fue dirigido por el doctor Carlos Alberto Alvarado y, en su momento, constituyó uno de los mayores emprendimientos sanitarios realizados en el mundo en relación a la superficie abarcada y a la cantidad de técnicos y equipos que se movilizaron. El resultado fue espectacular: de 300.000 casos nuevos que se dieron en 1946, se pasó a apenas 137, en 1950. Una campaña de esta envergadura, y sostenida durante años, hoy nos haría sonrojar frente a las respuestas ofrecidas ante otras enfermedades endémicas en la actualidad.


SU ÚLTIMA CARTA


Ramón Carrillo murió lejos, solo, pobre y derrotado. Su estado de ánimo quedó grabado en su última carta, dirigida a su amigo, Segundo Ponzio Godoy:

Belém do Pará, 6 de septiembre de 1956

Mi querido Ponzio:

Yo no sé cuánto tiempo más voy a vivir, posiblemente poco, salvo un milagro. También puedo quedar inutilizado y sólo vivir algo más. Ahora estoy con todas mis facultades mentales claras y lúcidas y quiero nombrarte el albacea de mi buen nombre y honor. Quiero que no dudes de mi honradez, pues puedes poner las manos en el fuego por mí. He vivido galgueando y si examinas mi declaración de bienes y mi presentación a la Comisión Investigadora, encontrarás la clave de muchas cosas. Vos mismo intuiste con certeza lo que pasaba en mí y me ofreciste unos pesos. Por pudor siempre oculté mis angustias económicas, pero nunca recurrí a ningún procedimiento ilícito, que estaba a mi alcance y no lo hice por congénita configuración moral y mental. Eran cosas que mi espíritu no podía superar.

Ahora vivo en la mayor pobreza, mayor de la que nadie puede imaginar, y sobrevivo gracias a la caridad de un amigo. Por orgullo no puedo exhibir mi miseria a nadie, ni a mi familia, pero sí a un hermano como vos, que quizás (conociéndome) puedas comprenderme.

No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, pero en todo caso si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre el gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida.

Esta obra debe ser reconocida y yo no puedo pasar a la historia como un malversador y ladrón de nafta. Mis ex colaboradores conocen la verdad y la severidad con que manejé las cosas dentro de un tremendo mundo de angustias e infamias. Ellos pueden ayudarte.

Mi capacidad de trabajo está muy reducida; vivo como médico rural en una aldea. Ahora de nuevo me quedé sin puesto, pues la Compañía donde actuaba levantó campamento. A mí, poco a poco, se me han cerrado las puertas y no pasa un día en que no reciba un golpe. Poco a poco mi organismo ha comenzado a desintegrarse definitivamente. He aceptado todo con la resignación que me es característica. No tengo odios y he juzgado y tratado a los hombres siempre por su lado bueno, buscando el rincón que en cada uno de nosotros alberga el soplo divino.

El tiempo y sólo el implacable tiempo, dirá si tuve razón o no al escribirte esta carta, ya que en el horizonte de mis afectos, no veo a nadie más capaz que vos de tomar esta tarea cuando llegue el momento, que llegará, cuando las pasiones encuentren su justo nivel.

Ramón

El documental “Ramón Carrillo, el médico del Pueblo” (2006), dirigido por Enrique Pavón Pereyra (h).




Mientras Carrillo moría en la más abyecta miseria,él que había hecho las mejores obras del gobierno de Perón,ignoraba que Perón era millonario................

viernes, 16 de julio de 2010

Buscá bien los numeros......


La posición de tus ojos revela el número que tienes en mente

Un experimento médico ofrece resultados reveladores sobre el comportamiento de nuestros ojos y el cerebro


Si alguien nos pide que digamos varios números al azar, seguro que soltaremos una retahíla de cifras aparentemente sin sentido. Es más, tendremos la certeza de que esos números son los primeros que se nos vienen a la cabeza y que nadie sería capaz de adivinarlos. Pero, ¿qué pensarías si te decimos que es posible conocer el número que tienes en mente en función de la posición que ocupen tus ojos?
Es la principal conclusión a la que ha llegado un grupo de investigación formado por médicos australianos y suizos, tras el experimento realizado con 30 personas a las que pidieron que dijeran diferentes números al azar comprendidos entre el 1 y el 30 mientras grababan en vídeo la posición exacta de sus ojos. Después, la compararon con el momento en que pensaban las cifras y observaron que existía cierta correlación entre los movimientos de los globos oculares y lo que los sujetos tenían en mente.
En concreto, y tal y como podemos leer en el blog especializado en computación cerebral, Sinapsis, "un cambio hacia la izquierda y hacia abajo en la posición de los ojos predice que el siguiente número será menor que el anterior. De igual forma, si los ojos cambian de posición a la derecha y hacia arriba, prevemos que el próximo número será mayor. Además de apoyar el saber popular de que los ojos delatan la mente, los resultados ponen de relieve los vínculos complejos entre los procesos de pensamiento abstracto, las acciones del cuerpo y el mundo que nos rodea."
El estudio ha sido publicado en la prestigiosa revista científica Current Biology y antoja realizar algún tirabuzón en la sabia cultura popular porque ya se sabe, los ojos son el espejo del... cerebro o dime qué miran tus ojos... y te diré el número de lotería que piensas.

jueves, 15 de julio de 2010

Raro, raro, raro, que el diario El País publicase ayer en portada, sí, sí, en portada, algo con el título:

Glaxo ocultó los riesgos de su fármaco estrella contra la diabetes

Preocupante que lo haga tan tarde (en este blog dimos la noticia doce días antes bajo el título de Avandia: Infartos de corazón). Patético que esperen a que sea el New York Times quien informe del asunto para ellos hacerse eco. Incalificable que el mismo diario en el mismo día publique otra información sobre el medicamento que el abogado especializado en reacciones adversas a los medicamentos, Francisco Almodovar, me envía bajo el encabezamiento de ”suavizamiento de la primera noticia”: Los expertos de EE.UU. recomiendan que Avandia siga en el mercado.

Balanza

Yo me quedo con uno de los comentarios a la primera información que firma una tal Corrupción:

“Estos casos más que la excepción se están convirtiendo en la norma. Que si el Vioxx, que si el Agreal y tantos otros. Pero da lo mismo ya que lo que importa no es la salud sino el negocio. Y encima las agencias reguladoras (OMS, FDA, EMEA, AEMPS) no solo lo consienten sino que están implicadas en esta corrupción. Atención que uno de los próximos escándalos tendrá que ver con la vacuna del papiloma”.

miércoles, 14 de julio de 2010

EL TRABAJO NO ES SALUD,QUE LABURE EL PUTO PATRÓN.....


Y OTROS 33.000 CAEN ENFERMOS

Las sustancias químicas causan la muerte de 4.000 trabajadores al año, según CCOO

El coste económico de los nuevos casos de solo tres enfermedades causadas por la exposición a tóxicos alcanza los 173 millones anuales


El sindicato CCOO ha defendido hoy la necesidad de crear una Agencia de Sustancias Químicas en España, donde se estima que anualmente mueren 4.000 trabajadores y otros 33.000 enferman a causa de la exposición a sustancias químicas peligrosas.

Así lo ha denunciado hoy el sindicato al presentar un informe sobre la gestión del riesgo químico por parte de las administraciones españolas, elaborado por el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) de CCOO, junto con la Universidad Politécnica.

De acuerdo con este informe, la exposición laboral a sustancias tóxicas produce cada año en España decenas de miles de enfermedades respiratorias, y el coste económico de los nuevos casos de solo tres enfermedades laborales ocasionadas por la exposición a sustancias tóxicas en España (asma, EPOC y dermatitis) se estima en 173 millones de euros al año.

Gestión inadecuada

Las administraciones "no gestionan adecuadamente" los riesgos químicos a pesar de que representan una grave amenaza para la salud pública, han denunciado los secretarios confederales de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO, Pedro José Linares y Llorenc Serrano, respectivamente, al presentar el estudio.

Dispersión de legislación, escasez de recursos y plantillas y dispersión de competencias y falta de coordinación entre los innumerables departamentos y organismos con competencias en la materia (hasta ocho ministerios están implicados), son las principales deficiencias, sin olvidar en algunos casos "la falta de interés" de la Administración, que ha puesto de manifiesto Pedro José Linares.

A juicio de este responsable es la Administración, como garante de la salud de los ciudadanos y del medio ambiente, la que tiene el deber de prevenir y controlar el riesgo químico.

Gran desconocido

El riesgo químico es un "gran desconocido" para la población, y por ello no existe inquietud entre la misma, ha señalado por su parte Llorenç Serrano, aunque no obstante supone una grave amenaza para la salud pública.

Según el estudio, más de 18.000 trabajadores sufren accidentes a causa de la exposición a sustancias químicas peligrosas en su trabajo, y la incidencia del cáncer en el ámbito laboral en España ocasiona entre 2.933 y 13.587 casos nuevos cada año y entre 1.833 y 8.214 trabajadores mueren de cáncer de origen laboral.

Efectos sobre el medio ambiente

De acuerdo con las mismas fuentes, los efectos sobre el medio ambiente son también muy inquietantes, ya que la liberación al entorno de las sustancias químicas provoca la contaminación de los ríos y los mares, del aire, del suelo, de los alimentos y del agua.

En Europa se comercializan cerca de 150.000 sustancias químicas pero solo se dispone de información extensa, esto es, solo se han realizado evaluaciones de riesgo de 141 sustancias.

Registro en marcha

Según CCOO, se estima que en España unas 2.289 empresas fabricarían o importarían 90.161 sustancias diferentes, pero mientras "no termine el proceso de registro, en el 2018, no se sabrá la fiabilidad de estos datos".

Tampoco, denuncia el sindicato, existen registros de exposición laboral.

En cuanto a los costes económicos, CCOO cita varios estudios ya publicados por otros organismos, para señalar que el coste anual, únicamente de los cuidados ocasionados por la exposición a sustancias químicas en Europa se ha cifrado entre 3.589 y 15.000 millones de euros al año.

El coste de la depuración de sustancias químicas de aguas residuales industriales en Europa se cifran entre 102 y 340 millones de euros al año y el coste del tratamiento de los procedentes de las aguas depuradas giran en torno a los 180 millones de euros al año.

lunes, 12 de julio de 2010

Nos vamos volviendo viejos.....

Cerebro joven, cuerpo maduro


El comportamiento del cerebro, objeto de nuevas investigaciones.
07-07-2010 / La ciencia empieza a redefinir lo que sabemos sobre el envejecimiento. Y las noticias son mejores de lo que se suele creer.
Por Sharon Begley

Platón escribió que cuando envejece, el hombre “aprende y corre cada vez menos”. Y en su laboratorio de la Universidad de Virginia, Timothy Salthouse parece haberlo comprobado. Tras estudiar a más de 8.000 personas que se sometieron a pruebas de memoria, destrezas de resolución de problemas y otras funciones mentales, observó que, después de los 25 años, el rendimiento cognitivo iba cuesta abajo.

Sin embargo, había algo en los resultados que perturbaba a Salthouse. La gráfica de los datos tiene dos trazos que recuerdan una montaña rusa. El primero representa a los individuos, por grupo de edad, que ocupan el 25 por ciento más alto en su prueba de raciocinio. Las líneas demuestran que la capacidad de razonamiento alcanza su máximo alrededor de los 28 años de edad y luego se desploma: sólo un 6 por ciento de las calificaciones más altas tienen más de cinco décadas de vida. El otro trazo, que grafica la distribución por edades de los directivos de compañías Fortune 500, es casi una imagen en espejo: alcanza su máximo antes de los 60; la mitad tiene más de 55 años; y casi no hay CEOs de 40.

Eso explicaría por qué AIG, GM, Lehman Brothers y demás firmas tocaron fondo en la reciente crisis financiera estadounidense: porque la dirección no está en manos de los más inteligentes. Sin embargo, Salthouse desentraña lecciones contrarias a esa lógica y más esperanzadoras. La primera es que en la vida real, más que en el laboratorio, las personas dependen de su capacidad mental para responder mejor a los estragos de la edad y descubren la manera de “dar la vuelta” a las destrezas mentales menguantes. La segunda es que, de hecho, algunas funciones mentales mejoran con la edad y una de ellas es ese “algo” por demás vago que llamamos sabiduría.

Observaciones recientes empiezan a replantear lo que sucede con la mente y el cerebro al envejecer. Las diferencias de funcionamiento cerebral entre los 20 y 80 años parecen tener más que ver con el estilo de vida que con la edad. Y estos hallazgos están derivando en intervenciones que podrían resultar más eficaces que los ejercicios de memoria y los crucigramas.

Tomemos la afirmación de que el volumen encefálico empieza a reducirse hacia los 30 años. Los primeros estudios sugerían que la corteza prefrontal es la más afectada. Esta región es responsable de funciones diversas como la previsión, el razonamiento y la inteligencia “fluida” (la capacidad para identificar, por ejemplo, la letra que sigue en la secuencia G-B-F-C-E). Sin embargo, resulta que esos datos están alterados debido a que los estudios incluyen a individuos con problemas de demencia temprana. Si sólo se estudiara a individuos sanos, es muy posible que no se observara tanta pérdida de volumen, vaticina el neurocientífico John Morrison, de la Escuela de Medicina Mount Sinai en Nueva York.

Otros ensayos anteriores también revelaron que la mielinización (de la capa grasa que envuelve las neuronas) alcanza su máximo hacia los 20 años y luego disminuye. Dado que la mielina acelera y vuelve más eficaz la conducción de señales eléctricas en el cerebro, la pérdida de esta sustancia hace que se prolongue la capacidad para relacionar un rostro con un nombre, el título de un libro con su autor y otras correlaciones semejantes. Su pérdida también ocasiona que el cerebro se vuelva “más ruidoso”, agrega el neurocientífico Henry Mahncke, de Posit Science: “Sucede lo mismo que con una radio que ya no puede sintonizar claramente una estación. El cerebro se esfuerza más en encontrar la señal y priva de recursos a la memoria y el razonamiento”. No obstante, la disminución de mielina ocurre principalmente en una región neuronal específica, la responsable de aprender cosas nuevas, de modo que la parte encargada de la memoria no manifiesta semejante pérdida.

De hecho, un estudio con monos Rhesus demuestra que el cerebro se adapta muy bien. La corteza prefrontal de los animales ciertamente pierde “espinas dendríticas”, minúsculas prolongaciones que actúan como receptores de banda ancha en el cerebro y captan neurotransmisores que conducen las señales a otras neuronas. Sin embargo, monos y personas tienen dos tipos de espinas: las más delgadas y pequeñas se encargan de aprender y recordar cosas, mientras que las cortas y más gruesas evocan el recuerdo de cosas que sabemos desde hace años. El cerebro pierde alrededor de 45 espinas dendríticas del primer tipo, pero ninguna del segundo tipo, informaron Morrison y un grupo de colegas en el Journal of Neuroscience.

Eso explicaría por qué tenemos dificultad para recordar cosas recientes sin perder nuestros conocimientos fundamentales. “Creemos que la experiencia y el conocimiento están codificados en las sinapsis y las espinas que no se pierden con la edad”, apunta Morrison. “Tal vez sea así como el cerebro retiene lo aprendido hace décadas y permite que un profesor de biología celular siga dando clases hasta después de sus 80 años”. Pero también podría ser la razón de que, aunque la mayoría perdamos la capacidad de resolver problemas nuevos, nuestros conocimientos sigan intactos y podamos aumentar el vocabulario hasta, por lo menos, los 60 años. Más aún, la inteligencia emocional, las destrezas sociales y el autocontrol suelen mejorar con la edad.

En términos generales, los procesos cognitivos, como la velocidad de procesamiento (la rapidez con que el cerebro capta e interpreta información del mundo exterior, así como las señales que se propagan por el circuito de razonamiento), menguan hacia los 20 años de vida, juntamente con los sistemas respiratorio e inmunológico. La memoria y la capacidad para resolver problemas mejoran hasta los 20 años y luego permanecen sin cambios, iniciando su decadencia entre los 50 y 60 años. Con todo, los promedios hacen que perdamos de vista la individualidad. Las calificaciones de algunos sexagenarios en pruebas de memoria, resolución de problemas y demás medidas cognitivas son superiores al promedio de los adultos de 20 años. Como prueba anecdótica, Salthouse menciona al economista Robert Solow (86 años), ganador del Nobel, que mantiene una intensa actividad intelectual y genera artículos que rechazan modelos macroeconómicos.

No todos somos como Solow, ni siquiera a los 30 años. Sin embargo, es evidente que algunos cerebros se conservan en mejores condiciones que otros. Tal vez la diferencia sea parcialmente genética, pero como no podemos volver en el tiempo para pedir a nuestros padres que nos hereden genes distintos, las posibilidades de intervención en ese sentido son nulas. De manera que sólo nos queda el estilo de vida. Salthouse señala que apenas un 20 por ciento de las variaciones individuales en medidas estándar de memoria, resolución de problemas y otras funciones ejecutivas es producto de la edad. Lo demás (del 64 al 96 por ciento de las diferencias en dichas pruebas, según propone en su nuevo libro, “Major Issues in Cognitive Aging”, “Problemas principales en el envejecimiento cognitivo”) se debe a factores que nada tienen que ver con la edad.

Uno podría ser el generacional. Muchas de las funestas conclusiones sobre el envejecimiento provienen de lo que se denomina “comparaciones de muestras representativas”: los investigadores llevan individuos de 20, 60 y 80 años al laboratorio, aplican pruebas, comparan resultados y repiten el procedimiento. Se supone que las diferencias indican lo que ocurrirá al primer grupo cuando llegue a la edad del segundo, pero esto podría ser un grave error. Veamos el caso de una mujer que visita Miami. Su primera impresión es que la ciudad está repleta de judíos neoyorquinos, mientras que la población joven consiste mayormente en latinos. Así, su conclusión evidente es que al envejecer, los latinos de Miami se transforman en judíos.

Es muy posible que estemos cometiendo el mismo error al comparar cerebros jóvenes y viejos, pues sus diferencias no se traducen en que las funciones mentales se vayan al demonio a medida que envejecemos. Todo lo contrario, enfatiza Salthouse: muchas de las “diferencias observadas con la edad podrían ser reflejo de las generacionales”. El hecho de que las generaciones más recientes superan a las precedentes desmiente la idea de que nos volvemos más tontos; y no sólo eso, sino que además tiene nombre: el “efecto Flynn”. Por consiguiente, lo que revelan los estudios de muestras representativas es que si los octogenarios de hoy no piensan ni recuerdan igual de bien que sus nietos de 30 años ello es consecuencia de las diferencias generacionales, de manera que los resultados de esos estudios pintan un cuadro excesivamente pesimista de lo que sucede con el cerebro al pasar los años. Si medimos una y otra vez a los mismos individuos, señala Salthouse, “al menos antes de los 60 años”, veremos que la edad contribuye a la “estabilidad o incluso el incremento” de la función cerebral.

Este reconocimiento de que la diferencia en la función cerebral se debe a causas ajenas a la edad precipitó una andanada de intervenciones que podrían postergar, mitigar o incluso prevenir algo de esa declinación. El estudio más completo sobre esas intervenciones, llamado ACTIVE (siglas en inglés de Capacitación Cognitiva Avanzada para Ancianos Independientes y Vitales), iniciado en 1992, utilizó a una población voluntaria de 2.832 adultos cuyas edades oscilaban entre los 65 y los 94 años, a los cuales dividió entre los grupos sin capacitación (población de control) o con capacitación en raciocinio, memoria y velocidad de procesamiento mediante 10 sesiones de entrenamiento, cada una de entre 60 y 75 minutos de duración. La capacitación en raciocinio enseñó a los participantes diversos métodos para descomponer un problema en pasos y mecanismos que identificaban patrones de relación, mientras que la capacitación en memoria consistió en estrategias para formar imágenes o asociaciones, por ejemplo: recordar una lista de palabras que incluía los sustantivos “pingüino”, “tijeras” y “factura”, y, a continuación, visualizar al ave utilizando el instrumento para picotear una cubierta de chocolate.

Como era de esperar, los voluntarios tuvieron mejores resultados en las áreas para las cuales habían recibido capacitación y, en términos generales, la mejoría fue equivalente a retroceder entre siete y 15 años en el tiempo para las pruebas de raciocinio y memoria, e incluso más para las de velocidad de procesamiento. No obstante, no se observó un efecto de transferencia; es decir: mejorar la memoria no agudizó el raciocinio, ni una mayor celeridad de procesamiento enriqueció la memoria. Algo más alarmante fue que, luego de la capacitación, el rendimiento de los participantes cayó de forma más acelerada en la población capacitada que en el grupo control, lo que podría reflejar el hecho de que, para que el cerebro “asimile” la capacitación, es necesario hacer algo parecido a los aeróbics, comenta Mahncke: “Creemos que por cada capacidad mental que deseamos fijar en el cerebro, hay que incrementar la estimulación cada nueve a doce meses”.

Cabría pensar que los crucigramas son el ejercicio mental ideal porque se los practica todos los días y se asegura que mantienen la agilidad cerebral, sobre todo en vocabulario y memoria. Pero eso tal vez es una confusión de causa y efecto, ya que quienes pueden decir quién fue el “compañero de fórmula de Bob Dole” son los realizan crucigramas regularmente y los que no, prefieren abstenerse. En un reciente estudio, Salthouse y colegas no encontraron pruebas de que las personas que hacían crucigramas tuvieran “una menor velocidad de declinación del raciocinio”. Como informó en su análisis de 2006, hay “pocas evidencias científicas de que la participación en actividades mentalmente estimulantes altere el envejecimiento mental”, lo que es “más una esperanza optimista que una realidad empírica”.

Lo único que sostiene la agudeza mental con el paso de los años es el ejercicio aeróbico. Un estudio seminal de un grupo de la Universidad de Illinois descubrió que tres caminatas vigorosas por semana, durante seis meses, mejoran la memoria y la materia blanca, que permite la conexión de las neuronas en las regiones cerebrales para funciones ejecutivas, como la planificación.

Aunque caminar es gratis, en 2009 los estadounidenses gastaron US$ 13 millones en software y juegos de acondicionamiento mental, según Ambient Insight, compañía de investigación de mercado. Según científicos independientes, los productos Brain Age (Nintendo; US$ 19), MyBrainTrainer (se baja de la web; US$ 29,95 por año), Brain Fitness (HappyNeuron; US$ 69,95) y otras ofertas similares mejoran las capacidades para las que fueron diseñados porque, supuestamente, repetir la rutina de presionar una tecla de dirección al ver una luz verde mejora el tiempo de respuesta, los ejercicios de relacionar una cara con otra aceleran el procesamiento visual y determinar si las palabras de una lista corresponden a otra anterior estimula la memoria a corto plazo. Sin embargo, el estudio ACTIVE no concluyó si estos resultados reflejan una mejoría del cerebro. Lo que sí podría hacerlo es una estrategia dirigida a los procesos cerebrales “de fondo”. InSight, un programa desarrollado por Posit (US$ 395), contiene un ejercicio que obliga a discernir la dirección en que se mueve un segundo patrón antes de que el cerebro termine de procesar el movimiento del primero. El objetivo es activar una señal que reduzca el ruido cerebral. “Es más importante corregir la maquinaria subyacente para procesar información que estimular directamente funciones superiores como la memoria”, informa Mahncke, debido a que “al mejorar la proporción señal/ruido del cerebro, la información se transmite de manera más precisa y rápida”. Un estudio de 2009 reveló que con Brain Fitness (US$ 395), otro juego de Posit que se basa en el mismo principio, los adultos mayores sanos (de 65 años o más) que practicaron una hora diaria durante ocho semanas lograron mejorar su velocidad de procesamiento al nivel de los adultos de 40 años y que su memoria tuvo una mejoría que la hizo equivalente a la de una persona diez años menor. En tanto, otro estudio afirma que semejante “capacitación perceptiva” mejora la memoria de los adultos mayores. Pronto, quizás, podremos hablar de un envejecimiento “óptimo”, desde la perspectiva del cerebro.