lunes, 17 de noviembre de 2014

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Entrevista a Roger Muñoz, psicólogo especialista en neuropolítica
“El cerebro de los políticos cambia en situaciones de poder”



Roger Muñoz Navarro nació en Valencia en 1980 y fue en Valencia donde se licenció en Psicología en 2009. En estos momentos, es investigador pre-doctoral en Psicología Clínica y máster en Neuropsicología Clínica. Además, es uno de los pocos especialistas españoles en Neuropolítica, que estudia cómo afecta la acción política a la personalidad desde el punto de vista de la neurobiología. Unos ratones tuvieron la culpa. La Neuropolítica, es decir, los procesos mentales de la acción política, la corrupción y el poder son el asunto central de la charla que estaba previsto que impartiese Roger Muñoz el jueves 13 de noviembre, a las siete de la tarde, en la sede de la asociación de vecinos de Tres Forques, Avda. Tres Forques, 98, de Valencia. El acto estaba organizado por el Frente Cívico Somos Mayoría de Valencia. PREGUNTA.- ¿Cómo y cuándo empezaste a interesarte por la psicobiología y la Neuropolítica?
RESPUESTA.- Empecé la tesis doctoral en el departamento de Psicobiología. Estuve tres años con una beca investigando en adicciones y tal. Y, además, era curioso, porque lo que estaba estudiando ahí era los efectos del status neurobiológicamente y cómo ese status afectaba a la vulnerabilidad hacia el consumo de drogas. Estaba estudiando el poder en ratones, básicamente. Eran machos dominantes frente a machos sumisos y lo que sabemos es que hay una serie de cambios hormonales dependiendo de la situación en el status en que se encuentre cada cual. Investigamos biológicamente a los ratones porque es una especie que se estructura en jerarquías, por lo tanto en sociedades, al igual que los seres humanos y, claro, son mucho más manipulables que otras especies animales.
P.- O sea, que el poder pone.
R.- Claro que pone, pero, sobre todo, lo que hace es cambiar. Cambia una serie de estructuras del cerebro y, sobre todo, cambia una serie de hormonas. La primera hormona que cambia es la testosterona. Las personas que tienen más testosterona tienden a ser más dominantes. Y, al ser más dominantes, tienden más a buscar una serie de conductas que digan: voy a mantener aquí mi posición, mi terreno, mi poder. Empecé a hacer una tesis en drogodependencias sobre eso, pero era muy curioso porque todo lo que yo veía en los ratones lo veía todos los días en mis jefes y salí muy quemado. Lo que ocurre es que hay otra hormona. Los que ganan, los que son muy dominantes, tienen mucha testosterona, pero los que están en la escala de abajo tienen mucho cortisol. El cortisol es la hormona de estrés. Por lo tanto, los que están siempre en una jerarquía baja tienen mucho más estrés que los que están en una jerarquía alta. Yo estaba sufriendo mucho estrés en esa situación porque tenía unos jefes que eran muy dominantes. Acabé dejándome esa tesis doctoral.
P.- ¿Qué hiciste entonces?
R.- Durante ese tiempo, estuve haciendo dos masters a la vez, uno de investigación y tratamiento psicológico en adicciones y otro en Neuropsicología Clínica, que era pasar a humanos todo lo que yo había investigado en ratones. Ahí, mi tesis de master fue sobre Neuroeconomía y Neuropolítica y me centré en ese campo de investigación. Y ahora estoy en la fase de escribir la tesis doctoral pero en un campo totalmente diferente que se llama Psicología en Atención Primaria, y es intentar meter psicólogos en los centros de salud pública para dar tratamiento psicológico a personas que sufren ansiedad y depresión. En comparación con los fármacos, creemos que es mucho más efectivo y ahorra mucho más dinero. También hace perder mucho más dinero a muchas grandes empresas farmacéuticas. Puede que esa sea la razón por la que hay pocos psicólogos en los centros de salud.
P.- Y llegamos al meollo de la entrevista. ¿Qué es la Neuropolítica?
R.- Podemos dividir la palabra neuropolítica en dos partes: neuro y política. Política es ciencias políticas, con todos los aspectos que estudia la ciencia política y neuro se refiere al campo de las neurociencias. Por lo tanto, la Neuropolítica es donde se fusiona el campo de las neurociencias con el de las ciencias políticas. Aportamos todo el conocimiento del sistema nervioso de toda la neurobiología actual, de todas las neurociencias actuales, con el de las ciencias políticas. Dentro de las ciencias políticas se estudia el poder, se estudia las conductas políticas. Nosotros, desde la psicología y la neuropsicología podemos darle explicación a ese tipo de conductas políticas desde una vertiente neuropsicológica. Desde la política, sabemos que existen personalidades, sabemos que existen comportamientos. Y también, desde la neuropsicología, sabemos que esa personalidad y esos comportamientos tienen una base biológica. Si, además, estudiamos el poder o el estatus podemos darnos cuenta de que todo está interrelacionado. Hay personas con ciertos cerebros, hay personas con ciertas personalidades, que se meten en la lucha política. Pero también sabemos que la lucha política va a cambiar la personalidad de ciertas personas y también el funcionamiento cerebral.
P.- Entonces, ¿es la personalidad la que define la acción política?
R.- Todas las personas tenemos nuestra personalidad, la personalidad tiene ciertos caracteres, ciertos rasgos, ciertos factores, y lo que sabemos es que hay personas más tendentes a meterse en acciones políticas y puede haber una serie de rasgos que estén relacionados con ello. Están las personas que son un poco más tolerantes a la frustración, aquellas que dicen “yo esto no lo soporto, yo no quiero que pase esto”, también están las personas que tienen una tendencia mayor a la dominancia social y saben que los contextos políticos es un campo en el que ellas pueden reflejar su personalidad, competir y luchar por las ideas. También hay personas que tienen mucha más empatía y las personas que tienen mucha más empatía quieren luchar por causas sociales. Podemos decir que la empatía, la dominancia social y la ideología son las motivaciones que llevan a las personas a meterse en política.
P.- El arco es muy amplio, entonces.
R.- Hay unos estudios de Neurociencia que diferencian muy claro cómo funcionan los cerebros de las personas de derechas y cómo funcionan los cerebros de las personas de izquierdas. Lo que hacemos es evaluar personas con ideología política de derechas, conservadoras, y progresistas y les hacemos técnicas de neuroimagen para ver cuál es la funcionalidad de su cerebro. Vemos que las personas que son de izquierdas tienen una mayor reactividad emocional y más empatía que las personas de derechas. Eso es bueno a la hora de tomar decisiones políticas que van a afectar a la mayoría de las personas. Lo que ocurre es que las personas de derechas son capaces de suprimir sus emociones de una forma más potente y, por lo tanto, tienen menos empatía. Eso no ocurre siempre en todas las personas, pero sí hay una gran relación. Esto, como todo en ciencia, es estadística. ¿Hay políticos así? Obviamente. Hay políticos que se enfrentan a las grandes multinacionales y hay otros que se hacen amigos de ellas. Hay que tener en cuenta que el campo de la Neuropolítica es muy nuevo y hay muy poco. Incluso la ciencia es muy estadounidense y ellos se sitúan en una bipolaridad un poco liberal-conservador. La política es mucho más amplia que eso, es más que esa dicotomía. Pero sí que es cierto que esas diferencias se ven. Hay personas que son de izquierdas o más pro sociales y hay otras que son más individualistas. Podemos hacer esa dicotomía, pero luego se puede hablar largo y tendido porque las cosas no son tan sencillas en política.
P.- ¿Qué utilidad tiene la Neuropolítica tanto para la acción política como para los individuos?
R.- Yo haría una diferenciación de dos tipos de Neuropolítica desde quién la utiliza. La Neuropolítica la ha utilizado el gobierno francés de Sarkozy. Él creó una sección de Neuropolítica dentro de su grupo que, básicamente, es estudiar el marketing político con técnicas de neuroimagen. Es decir, es conocer el cerebro del elector, del que va a votar. Si sabemos manipular o conocer mejor cómo vota el elector, podremos generar técnicas de marketing y estrategias de influencia mucho más tecnificadas y, por lo tanto, mucho más eficientes. Lo que nos gustaría aportar desde nuestro grupo de investigación es qué puede aportar la sociedad desde la Neuropolítica y es saber que el cerebro de los políticos cambia en situaciones de poder. Y no solo el de los políticos, sino el de cualquier persona que tenga poder: economistas, grandes empresas, incluso tu jefe, incluso el jefe de una microempresa. Sabemos que el estatus, por este cambio de hormonas que he comentado antes, el aumento de testosterona, cambia la personalidad tanto los hombres como las mujeres. Hay mujeres muy competitivas y, normalmente, las mujeres que son muy competitivas tienen niveles de testosterona muy elevados. Y lo que ocurre es que la política es un contexto muy competitivo porque es el campo de acción de la lucha de las ideas. Pero también es un contexto muy colaborativo. ¿Qué podemos aportar desde la Neuropolítica? Saber que estas situaciones ocurren. Siempre que quieras ganar, va a haber un efecto en tu cerebro. Si ganas demasiadas veces seguidas, eso puede hacer que acabes teniendo mucho poder y lo que ocurre es que la testosterona va a las zonas del cerebro donde está la empatía. Cuando hay mucha testosterona en tu cerebro, menos receptores de empatía hay en esas zonas y, por lo tanto, hay menos empatía. Una persona que llega al poder con mucha empatía es posible que la pierda con el tiempo.
P.- ¿Podría prevenir esto la Neuropolítica?, ¿se podría poner en tratamiento a un político que ha perdido la empatía después de llevar un tiempo ejerciendo el poder?
R.- Eso es lo que a nosotros nos gustaría que pasase algún día. Nosotros consideramos que, como todo en la educación del ser humano, cuanto más conozcamos sobre cómo funcionamos nosotros, cómo funciona nuestro cerebro, más eficientes vamos a ser. Una persona que llega al poder puede decir: “Yo ahora tengo poder, puedo hacer cosas, puedo decidir cosas”. Eso se le puede subir a la cabeza. ¿Qué significa que se te suba a la cabeza? Que te aumente la testosterona, que se te vaya la empatía y que empieces a pensar solo en ti. Eso se puede prevenir, se puede revertir no con terapias farmacológicas pero sí con terapias psicológicas o con intervención psicológica o con lo que nosotros llamamos inteligencia emocional. Es decir, si nosotros, a estas personas que están en estas situaciones, les enseñamos que esto es posible que les pase y que, además de hacer una serie de leyes para que eso no pase, también se les puede dar una serie de herramientas y de habilidades psicológicas para que ellas mismas lo prevengan. Lo primero es ser consciente de que eso pasa. Lo segundo es saber que eso se puede cambiar y qué herramientas o habilidades psicológicas se han de utilizar para ello.
P.- Y la ciudadanía, además de con todas las formas de lucha que se conocen o los votos, ¿puede impedir que a sus políticos se les vaya la olla desde el punto de vista de la Neuropolítica?
R.- Desde el punto de vista neuropolítico, yo creo que esa debe ser una cuestión intrapsicológica, intrapersonal o incluso de los grupos de políticos. Lo que propone la Neuropolítica es un modelo neuropsicológico, un modelo emocional de esos agentes políticos. Primero, saber que eso ocurre, que te puede cambiar y que si tú, realmente, has llegado al poder porque eres una persona muy empática, es importante que te sigas trabajando para que eso siga siendo así. Hay personas como Nelson Mandela que, si yo tuviese la capacidad de estudiar su cerebro, vería que sería una persona con una verdadera inteligencia emocional. Es lo que llamamos un líder auténtico, con una empatía impresionante, una persona que salvó a su pueblo haciéndose amigo del de enfrente. Para eso hay que tener mucha empatía, para eso hay que tener mucha inteligencia emocional. Esos líderes, normalmente, no abundan, pero esos son los líderes carismáticos que arrastran a las personas. Todos tenemos un líder carismático y esa persona se trabajó a sí misma y nuestra opción es: trabájate a ti mismo desde la psicología básica. Ahora bien, os damos una serie de imágenes cerebrales y de pruebas científicas de cómo funciona nuestro cerebro que demuestran que esto sería muy útil para los políticos. Mandela fue un líder transformacional, no un líder destructivo, que también los hay. Los destructivos son los que dicen: “Yo, con mi carisma, te voy a embelesar, voy a hace que me sigas”. Como un buen psicópata. Los psicópatas son especialistas en saber cómo piensas y en adelantarse a tu pensamiento para conseguir su propio beneficio y que tú hagas lo que ellos quieran. Y el carisma es, simplemente, una electricidad, una electricidad del momento. La cuestión es si tú utilizas ese carisma para solo tu propio bien y eres un psicópata o si eres un líder carismático como Nelson Mandela y dices: “Yo quiero lo mejor para ti, para mí y para el otro y voy a utilizar mi carisma para persuadirte por el bien común”.
P.- ¿Puede el poder convertir a alguien en un psicópata?
R.- La clave de la Neuropolítica es que cualquier persona se puede convertir en un psicópata funcional porque, de repente, ese estatus apaga tus emociones, tu empatía, tu capacidad de sintonizar emocionalmente con las otras personas. Y cuando tú estás en una situación de poder, tú estás ahí para tomar decisiones por el bien del grupo, por el bien de tu empresa, por el bien de tu grupo de investigación, por el bien de tu familia, de tu grupo social o de tu país. El problema es cuando una persona llega ahí y dice que lo que quiere es su propio bienestar. Esa persona se convierte en un psicópata funcional. A mí me gusta mucho una frase de Luis Galeano que dice: “El poder emborracha”. ¿Por qué emborracha?, ¿qué significa eso psicológicamente? Tiene que pasar algo dentro de tu cerebro para que cambie cuando llegas a ese nivel de poder. El cerebro cambia porque cambian una serie de situaciones en tu cerebro y, básicamente, es que tú te conviertes en una persona medio psicópata que solo piensas en tu propio bienestar y en el de tu grupo y en los favores en plan yo te doy esto y tú me das lo otro. Eso es lo que ocurre en la política hoy en día.
P.- Si el poder emborracha, ¿es tan adictivo como el alcohol?
R.- Lo que sabemos es que tú puedes ser adicto al alcohol porque es una sustancia química que cambia tu cerebro y lo modifica de forma que tu cerebro quiere más y se siente mal si no lo tiene. Todos tenemos claro la adicción a las compras, al juego, al sexo, pero se nos olvida la adicción al poder. Todo funciona por los mismos sustratos neurales, que son los sustratos neurales de la recompensa, del placer. Tenemos un sistema cerebral que nos dice: “Cada vez que comas, bebas, hagas el amor, tengas amigos, tendrás placer al final”. Porque si no obtuvieras placer no lo repetirías. Necesitamos sobrevivir, necesitamos comer, necesitamos beber. Las drogas van siempre a este sustrato, lo piratean, lo secuestran. Igual pasa con el juego, el sexo y el poder. La clave es esta. ¿Cómo podemos revertirlo? Con conciencia. Y, para eso, necesitamos educación. La inteligencia emocional, la empatía y la autoestima son cualidades que deberían enseñarse en las escuelas.
P.- ¿Tanto afecta la personalidad a la política o la política a la personalidad?
R.- Lo que pretende la Neuropolítica es dar conocimiento científico a las conductas políticas. Por lo tanto, hay que saber que las emociones son un patrón muy importante dentro de los contextos políticos. Todos pensamos que la política es el mundo de las ideas y del poder, pero no hay nada más importante en las ideas y en el poder que las emociones. Nada activa tanto las emociones de una persona como cuando estamos hablando de política. Es como el fútbol, cuando decimos que somos de este o de aquel equipo y, a veces, hasta nos dejamos de hablar con alguien porque es del equipo rival. Y eso pasa porque se activa un sustrato de nuestro cerebro que se llama amígdala y que es el componente emocional de nuestro cerebro. Es importante saber cómo manejar nuestras emociones y lo que necesitan los políticos es manejar sus emociones. La política parece que solo es competitividad. Cuanto más se compite, más testosterona, más malestar, más bajones, más necesidad de ganar. Pero la cooperación libera otro tipo de hormona que se llama oxitocina. La oxitocina es la hormona de las mujeres, es la hormona de la cooperación y de la colaboración, es la hormona que las mujeres liberan masivamente cuando paren, cuando tienen un hijo, es la hormona que genera vínculos con las personas que queremos. Las personas que más oxitocina tienen son más empáticas, más sentimentales, piensan más en los demás y colaboran más con los demás. También sabemos que colaborar y cooperar hace que la testosterona se reduzca porque la oxitocina está equilibrando el sistema cerebral. ¿Estamos pensando en hormonas? No, hemos de pensar en conductas. Cooperamos o competimos. Si sabemos que eso cambia nuestro cerebro y que eso no es bueno para las decisiones que vamos a tomar, posiblemente nos empeñemos en colaborar más, hasta incluso con el enemigo, como hizo Nelson Mandela.
P.- Supongo que las conductas políticas tienen una explicación que va mucho más allá de las hormonas.
R.- Obviamente, no podemos reducir un campo tan complejo como la política y el comportamiento humano a dos hormonas. Nosotros no queremos ser deterministas. Esto, simplemente, es aportar un granito de arena más al campo del conocimiento de la conducta política, un factor que, posiblemente, se le ha olvidado a todo el mundo. La política viene de las ciencias sociales y la neurobiología es biología pura, neuropsicología, pero son cerebros los que están actuando en estos campos. El cerebro humano es el sistema celular que ha revolucionado la naturaleza y, hoy en día, estamos en la era de la ciencia del cerebro, es cuando estamos empezando a conocer cómo funciona. Cuanto más conozcamos cómo funciona nuestro cerebro, mejor podremos diseñar contextos conductuales, personalidades.
P.- En este contexto, ¿qué utilidad práctica tiene la Neuropolítica?
R.- Posiblemente, en el futuro, la Neuropolítica sea más conocida y más estudiada, pero, ahora mismo, puede ser muy útil para los activistas sociales. Cuando se compite contra el poder, la competitividad es sana porque hay opresión. Pero también hay una competencia muy fuerte dentro de los grupos políticos y los movimientos sociales y eso es porque se tolera muy mal la derrota. La derrota eleva nuestros niveles de cortisol, de hormonas del estrés, nos sentimos mal y, por lo tanto, siempre queremos ganar. Y eso es un problema si no lo llevamos bien, porque entonces somos adictos a la victoria y, por lo tanto, luego somos capaces de machacar al de enfrente no por el bien común de nuestro grupo, sino porque no nos queremos sentir mal con la derrota. Por lo tanto, lo que yo le daría a los grupos de activistas sociales sería muchas habilidades de gestión emocional positiva: autoconocimiento, autoestima, empatía, cómo tolerar la derrota, la frustración, cómo cooperar con el de enfrente. Para eso, se necesita mucha inteligencia emocional, algo que la gente no conoce todavía. Creo que tenemos un buen campo para abrir montando talleres de inteligencia emocional para activistas sociales y explicar por qué los seres humanos nos portamos de cierta forma en ciertos contextos y dar cuenta de que eso tiene una solución, que se puede prevenir. No es la panacea, no es perfecto, pero puede reducir el porcentaje de corrupción, de malestar, de machaque al de enfrente. Es potenciar la higiene y el cuidado de los propios activistas.
Rafael Juan. Gabinete de prensa del FCSM-Valencia

NO TIENE AZUCAR,NI LECHE,ENTONCES NO ES DULCE DE LECHE

con aceite vegetal

Científicos de la Universidad de La Plata lograron una fórmula para hacer dulce de leche saludable

Los investigadores lograron modificar el procedimiento de preparación para convertirlo en un alimento más saludable y nutritivo. La nueva fórmula se basa en la disminución del contenido de lípidos totales y en el incremento del nivel de ácidos grasos insaturados.
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La nueva fórmula fue descubierta por científicos del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (Cidca) de la Facultad de Ciencias Exactas, que trabajaron con ingredientes beneficiosos para la salud y especialmente en la disminución del contenido de lípidos totales y en el incremento del nivel de ácidos grasos insaturados.

También le agregaron antioxidantes naturales para maximizar los atributos de calidad como sabor, textura y seguridad sanitaria para que sean elaborados y comercializados por la industria alimentaria.

La doctora Alicia Califano, directora del proyecto, explicó que buscaron "desarrollar un producto lácteo azucarado, reemplazando totalmente la fase lipídica de origen bovino presente en el dulce de leche convencional por aceite vegetal, rico en ácidos grasos insaturados".

"El producto obtenido presenta un perfil de ácidos grasos con menor contenido en saturados en favor de los insaturados y se eligieron como opciones adecuadas de aceite vegetal a agregar, el aceite de nuez pecan y canola, por presentar un perfil lipídico rico en dichos ácidos grasos", explicó.

Califano aseguró que un producto con estas características nutricionales "brindará a la población una alternativa más saludable, teniendo en cuenta que hoy en día no existe en Argentina un dulce de leche con dichas propiedades".   
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domingo, 16 de noviembre de 2014

El corazón reacciona dos veces ante un infarto

Un grupo de científicos españoles desvelan, que en contra de lo que se pensaba, se registran dos procesos inflamatorios diferenciados en un plazo de una semana, algo que puede ser clave para elegir los tratamientos


Hasta ahora se daba por hecho que tras un infarto, el corazón registraba una reacción edematosa (un aumento del contenido de células inflamatorias y de agua), una alteración que permanecía estable durante al menos una semana y que después iba desapareciendo lentamente. Sin embargo, científicos de Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) han demostrado que el corazón reacciona al infarto de una manera muy diferente a lo pensado hasta ahora, un hallazgo que puede tener implicaciones clínicas muy importantes y que puede cambiar los tratamientos que se aplican tras un infarto.
El equipo del CNIC, liderado por los cardiólogos Borja Ibáñez y Valentín Fuster, ha demostrado que el corazón sufre dos reacciones edematosas muy bien diferenciadas y separadas en el tiempo. Los científicos han llegado a esta conclusión gracias a las observaciones realizadas con la tecnología de imagen más avanzada. El estudio comenzó hace más de 8 años en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. Durante la realización de un proyecto experimental de imagen, el equipo investigador puso en marcha unas nuevas secuencias de resonancia magnética para visualizar el edema post-infarto.
Entonces observaron que esta reacción inflamatoria era diferente según el día post-infarto en el que se hacía el estudio.«Entonces atribuimos estas diferencias a problemas técnicos de la implementación de estas secuencias nuevas de resonancia magnética», ya que «el dogma establecido de la reacción del corazón tras un infarto dictaba que ésta debía ser estable durante al menos diez días», explica el doctor Ibáñez.
Los investigadores del CNIC decidieron ignorar los dogmas establecidos y hacer una evaluación exhaustiva de este fenómeno. Así, en un modelo experimental muy similar al humano, demostraron que el tejido miocárdico tiene una reacción muy exagerada aguda, caracterizada por el desarrollo inmediato de una reacción edematosa que hace que el tejido infartado duplique su volumen en pocos minutos. Según el doctor Fernández-Jiménez, primer autor del trabajo, «observar de manera directa en vivo como el miocardio infartado duplica su tamaño y tiene una reacción edematosa tan importante te hace comprender de manera visual el conocido daño por reperfusión», y es que «una imagen vale más que mil palabras», agrega. Lo que más sorprendió a los investigadores es que esta reacción inflamatoria tan aguda desaparecía en menos de 24 horas, momento en el que ni la resonancia magnética ni la anatomía patológica eran capaces de visualizar restos de esta reacción tan brusca y exagerada.
Pero, lo que es más sorprendente aún, cuatro días después del infarto, el tejido cardiaco sufre una nueva reacción edematosa que vuelve a hacerse máxima una semana después del evento. «La intensidad de esta reacción edematosa a día 7 es tan intensa como en el momento agudo, y por ello si no hubiesen realizado estudios de imagen en diferentes puntos durante esta primera semana, se hubiesen perdido este patrón bimodal y se hubiese continuado creyendo que el dogma clásico es el correcto», destaca este médico del Hospital Clínico San Carlos.
Para Fernández-Jiménez, descubrir que hay dos reacciones diferentes y, posiblemente, de distinto origen, abre la puerta a nuevos tratamientos.
A juicio de Ibáñez, «se deberían aplicar terapias orientadas a bloquear selectivamente una u otra reacción edematosa/inflamatoria en momentos diferentes tras el infarto, algo contrario a lo que se realiza hoy en día, cuando los pacientes son tratados de manera similar durante todo el periodo post-infarto», en línea con el desarrollo de medicina personalizada.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Por qué me quiero morir a los 75 años(para mi dentro de 7 meses)

Ezequiel Emanuel, un reconocido médico estadounidense, abrió una nueva polémica sobre la capacidad de la medicina para prolongar la vida, sin que esto signifique vivir mejor. Por eso propone un reto: definir cuándo morir
El oncólogo estadounidense Ezekiel Emanuel advierte que le medicina está ayudando a prolongar la vida de las personas, aunque no necesariamente sea una vida mejor. Foto: BBC Mundo
 
¿Cuántos años deberíamos vivir hasta que la pérdida de facultades físicas o mentales amenacen con convertirnos en una carga para los demás?
¿Cuál es el punto de no retorno en el natural proceso de envejecer?
"Trabajaste duro cuando joven, hiciste una carrera profesional y tuviste una familia. A mí me parece una buena vida. Entonces, ¿por qué correr el riesgo de terminar senil, babeando, siendo una responsabilidad para los demás?"
Así explica Ezequiel Emanuel, de 57 años de edad y médico oncólogo, su decisión de ponerle fin a su vida a los 75 años.
Para más señas, Emanuel es el director del Departamento de Bioética Clínica, del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.
Es decir, es alguien que conoce lo que la medicina moderna puede hacer para alargar las expectativas de vida de una persona.
Más allá del tabú sobre la muerte, o las implicaciones éticas y religiosas que conlleva, para Emanuel es un asunto de escoger un punto ideal para morir.
"Morir nos quita la posibilidad de tener nuevas experiencias, de pasar más tiempo con mi esposa e hijos. Pero vivir mucho también es una pérdida", expresa.
En su opinión, aún cuando la persona esté en condiciones físicas aceptables, se encuentra en franco deterioro porque pierde capacidad para ser creativo y para trabajar.
También cambia la manera como las personas se relacionan con el individuo.

Cuando un médico lo dice.

Quizás lo que más llama la atención sobre la posición de Emanuel es que sea un médico quien lo plantee.
El doctor Ezekiel Emanuel, a la derecha en la foto, no apoya la eutanasia. Su punto es retar a las personas a hacer algo con sus vidas antes que la vejez lo impida. Foto: BBC Mundo
Un doctor que en vez de dar esperanzas frente a la enfermedad o la muerte, nos confronta con otra realidad sobre las verdaderas capacidades de la medicina.
Más allá de supersticiones o creencias religiosas sobre vida después de la mu, la mayoría de las personas confía en que la medicina puede - y debe- extender los años de vida hasta donde sea posible.
El punto crucial, en palabras de Emanuel, es que aun cuando muchas terapias puedan prolongar nuestra existencia, no necesariamente prolongan la calidad de nuestro funcionamiento.
Lo que el individuo entendía como vida plena o activa se ve limitada por discapacidades, enfermedades crónicas.
Según Emanuel, el porcentaje de personas que sobreviven un ataque ha crecido 20% en comparación con el pasado.
Sin embargo, muchos de estos sobrevivientes quedan seriamente discapacitados.
"Por un lado es un triunfo de la medicina. Por el otro lado, no lo es tanto", comenta el oncólogo.
Aquí es importante notar que Emanuel no está planteando que las personas deban tomar acciones deliberadas para acelerar su muerte.
Su posición es que al llegar a los 75 años, se negará a recibir cuidados médicos como quimioterapias, marcapasos o antibióticos que pretendan prolongar su existencia.
"No quiero ser llevado por el estamento médico a tomar remedios", dice.

¿A favor de la eutanasia?

Se ha hablado mucho de eutanasia y el derecho de cada uno a terminar su vida antes de que se vuelva indigna, y la senilidad sea demasiada para soportarla.
Brittany Maynard, la joven estadounidense con un cáncer terminal, decidió recurrir al suicidio asistido el 3 de noviembre pasado. Foto: BBC Mundo
 
Recientemente fue muy difundido el caso de Brittany Maynard, la joven estadounidense a quien los médicos le diagnosticaron un cáncer terminal y le dieron seis meses de vida.
Maynard tomó la decisión de recurrir al suicidio asistido el 3 de noviembre pasado, luego de pasar sus últimos meses cumpliendo una lista de deseos y cosas por hacer antes de partir.
A pesar de esto, para el doctor Emanuel es difícil conciliar su posición personal con su negativa a la legalización de la eutanasia para los pacientes con enfermedad terminal.
Él insiste en que es su posición personal, y no desea influenciar en ninguna política de estado al respecto.
Para Emanuel, cambiar la ley para permitir suicidios asistidos genera muchos más problemas legales y morales que son más complicados de resolver, y pueden dar espacio al abuso de estas medidas.

No todos envejecemos igual

Emanuel también está al tanto de que cada persona envejece de una manera distinta.
Una persona le comentó una vez que su padre estaba en sus 80, tocaba el saxofón en la mañana, luego corría un kilómetro y medio, y terminaba el día jugando tenis con sus amigos.
"Puedes hacer varias cosas para vivir una vida vigorosa, intelectualmente vibrante: el ejercicio es muy importante, mantener una vida social muy activa, y seguir trabajando, porque te obliga a interactuar socialmente, a tener rutinas, a tener un plan y lograr objetivos", dice Emanuel.
Todas esas actividades te permiten mantenerte activos, pero también es cierto que no todos pueden mantenerse así.
Otras personas le han comentado que al arribar a los 70, muchas veces se muestran más despreocupadas y felices, con menos presiones.
Muchas personas llegan a envejecer manteniendo una vida activa. Sin embargo, no todos tienen la misma posibilidad. Foto: BBC Mundo
 
"Claro, pero muchas personas al llegar a esa edad se adaptan a sus limitaciones y bajan sus expectativas. ¿Esa es la manera de alcanzar la felicidad?", responde Emanuel.
Además agrega lo que él considera una pequeña muestra de lo que va a ser su experiencia con más años.
"Hablo por Skype con mis hijas, y cada vez me dicen que estoy más olvidadizo. Pero yo no lo noto. Ellas sí".
Es cuando el pensamiento de deslizarse felizmente hacia la senilidad mientras se convierte en un peso para su familia le parece una manera muy poco atractiva de envejecer.
Al final, admite que el límite de 75 años es algo arbitrario.
Emanuel lo justifica diciendo que poner ese límite te hace pensar qué es lo que estás haciendo con tu vida.
Emanuel no busca seguidores, solo plantea un reto a que las personas piensen en su propia filosofía de vida.
"Creo que uno de los problemas es que si no estableces una fecha, no confrontas el problema del deterioro. Para mi es mejor enfocarse en que tienes 75 años de vida. ¿Qué es lo que vas a hacer con ese tiempo?".
Ese es el reto que nos plantea Emanuel.
LA CIENCIA INVESTIGA EL PLACER sexual de la mujer

El estudio que explica para qué sirve el orgasmo femenino (y sus consecuencias)

    La ciencia lleva décadas planteándose el origen y existencia del orgasmo femenino. Qué es y para que sirve es una de las grandes dudas de los investigadores sexuales a la que tratan de dar respuesta a través de multitud de estudios.  
    De un lado están las teorías evolucionistas que giran en torno a relacionar el orgasmo la reproducción, y por otro, las que los relacionan, como explicamos en ACyV, con una reacción inconsciente de nuestro cuerpo ante un estímulo derivada del “incremento del flujo sanguíneo en los tejidos eréctiles” .
    Un nuevo estudio sugiere que los orgasmos ayudan a las mujeres a elegir mejores parejas. Además de la satisfacción de ellas, los resultados de este análisis en clave evolucionista, explican que tras conseguir el orgasmo femenino ellos se sentían más confiados en sí mismos y más atractivos.
    Denominan al orgasmo femenino como un subproducto del masculinoEs decir, al alcanzar el orgasmo se consigue una especie de conexión entre ambos que puede ser determinante para terminar por escogerse como pareja (especialmente de cara a formar una familia).
    Pese a que los investigadores advierten que estos resultados preliminares de su estudio no dan una explicación “de ninguna manera definitiva”, Tracy Clark-Flory plantea en Salon algunas de las consecuencias de los orgasmos femeninos que pueden relacionarse con esta teoría sobre que existen para que las hembras seleccionen a sus parejas ideales, aunque sea en la cama.
    • Incrementan las ganas practicar más sexo: conocido como el “éxito reproductivo”, comenta Clark-Flory que al alcanzar el orgasmo ambas partes se sienten mejor y querrán volver a compartir esta sensación con la otra persona.  
    • Ayuda a conciliar el sueño: tras un orgasmo el cuerpo entra en un estado de relax y adormilado. Este descanso, conocido como “siesta post-coital”, es un momento en el que además se incrementan las opciones de los espermatozoides para encontrar un óvulo que fecundar. De ahí que los investigadores lo relacionen con el hecho de considerar haber encontrado una pareja: tras el orgasmo, te recuestas a su lado.
    • El esperma coge impulso gracias al orgasmo: es decir, con las contracciones vaginales derivadas del orgasmo se produce lo que denominan “tragarse o absorber el esperma”, de tal forma que el semen entra con mayor facilidad y rapidez en el útero y se aumentan las probabilidades de embarazo.
    • Genera sentimientos de conexión e intimidad “especial”: al tener un orgasmo se libera una mayor cantidad de oxitocina en el cuerpo y, claro, esto tiene sus consecuencias en las mujeres. La conocida como “hormona del amor” corre a sus anchas por la mujer que se siente atraída –en exceso– por la otra persona y se estimula la unión.  
    • Ayuda a escoger una buena pareja: como explica Clark-Flory, este nuevo estudio que surge de la hipótesis de la selección de pareja en base al orgasmo femenino, parte de la idea de que éste ayuda a incrementar las posibilidades de fertilización. De ahí que planteen que si las mujeres tienen un orgasmo sientan que esa persona podría ser la adecuada para formar una familia.   
    • Es un “regalo de la evolución”: basándose en los principios embriológicos comunes entre hombres y mujeres, el estudio plantea que si “los hombres tienen orgasmos con el objetivo de difundir su semilla y promover la especie”, las mujeres lo harán con el mismo fin. De ahí que denominen al orgasmo femenino como un subproducto del masculino.  
    Como dice Clark-Flory, mientras se plantean teorías que plantean “el orgasmo femenino como sobras biológicas de los hombres”, las mujeres continúan disfrutando de menos orgasmos que ellos durante las relaciones sexuales. De hecho, sólo el 25% manifiesta alcanzarlos y alrededor de un 5% jamás llega a tener uno.
    Quizás los resultados de este estudio hagan que los hombres se preocupen –aquellos que lo obvien– por conocer cuál será el ingrediente necesario para provocarlo para que les escojan como pareja. Seguro que más de uno se anima a esforzarse más aunque sea por ser el elegido.

    viernes, 14 de noviembre de 2014

    La violencia sexista de los chimpancés

    Los machos más agresivos con las hembras son los que más descendencia tienen.

    Estos primates intimidan más a sus parejas cuanto más grande es el grupo de rivales

    Los chimpancés machos optan por la coerción sexual para ser padres. / Joseph Feldblum
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    "En la naturaleza, a veces los machos se salen con la suya, porque pueden distanciarse del grupo llevándose a una hembra de safari para evitar las intrusiones de terceros. Hasta pueden blandir ramas a modo de armas para obligar a las hembras a aparearse. Pero en cautividad es imposible quitarse de en medio y a menudo he visto cómo los machos cuyos avances sexuales eran demasiado insistentes suscitaban una ruidosa protesta de la hembra, a cuyos gritos acudía una masa de hembras que la ayudaban a poner en fuga al acosador". En este fragmento de su libro El bonobo y los diez mandamientos (Tusquets), el primatólogo Frans de Waal pone negro sobre blanco uno de los aspectos más oscuros de la vida de los chimpancés: la violencia sexual que los machos ejercen sobre las hembras.
    En los últimos años, se ha sabido que los comportamientos agresivos y hasta sangrientos de los chimpancés no eran episódicos, sino convencionales; que no eran motivados por la agobiante presencia del ser humano, sino que forman parte de su propia naturaleza. Guerras entre clanes, palizas mortales, ensañamiento en asesinatos, infanticidios... y violencia sexual. Un nuevo estudio señala que la agresividad de los machos hacia las hembras, en el contexto sexual, también es sistemático: son violentos con ellas porque así se garantizan descendencia.
    Hasta ahora, en trabajos previos, se había observado que en los periodos receptivos de las hembras, los machos se mostraban especialmente agresivos con ellas encarándose, persiguiéndolas e incluso golpeándolas. Y que serían estos mismos machos los que más copularían con las hembras a las que acosaron. Ahora, el estudio liderado por Joseph Feldblum suma un dato decisivo: junto a 17 años de observaciones han incluido pruebas de paternidad de los miembros del grupo. Al cruzar esos datos con las observaciones de gestos agresivos hacia las madres han encontrado una correlación muy clara: cuanto más violentos eran con una hembra, más posibilidades tenían de conseguir ser el padre de sus crías.
    Las hembras quieren copular con muchos machos para evitar infanticidios; ellos tratan de evitarlo agrediéndolas
    "Estos resultados parecen sugerir que los machos son seleccionados para ser agresivos hacia las mujeres para tener más éxito en sus intentos de ser padres", asegura Feldblum, de la Universidad de Duke. Este investigador, que estudió en Madrid, ha analizado a un grupo de 20 machos y 38 hembras del Parque Nacional de Gombe (Tanzania), el entorno en el que Jane Goodall cambió para siempre la percepción que se tiene de los chimpancés. Las agresiones consisten en agitar y romper ramas en su presencia, perseguir a la víctima e incluso patear, morder, golpear y arrastrar por el suelo a la hembra.
    Los hallazgos muestran patrones de largo plazo en la intimidación: no es una agresividad repentina que permite conseguir aparearse, sino una violencia sostenida en el tiempo que coacciona a la hembra para que no se vaya con otros machos en los periodos de receptividad sexual. Esto permite a los machos, sobre todo los de alto rango, aumentar su éxito reproductivo. Las pruebas de paternidad suponen la primera evidencia genética de esta estrategia adaptativa en un mamífero social. Eso sí, recuerda Feldblum, no se han dado casos de violaciones ni de cópulas tras uno de estos comportamientos agresivos.
    Las pruebas genéticas de partenidad muestran que la violencia le funciona a los chimpancés
    Como explica Feldblum, esta violencia machista se ha registrado en grupos grandes, en los que los celos de los machos les llevan a ser agresivos con las hembras para evitar que copulen con otros. En cambio, en el grupo del Parque de Taï (Costa de Marfil) aunque también hay agresiones, son las hembras las que escogen pareja. Según explica el estudio de Feldblum, en este clan no habría coacción sexual, porque se trata de un grupo más pequeño y cohesionado y, por tanto, hay menos posibilidades de que las hembras se apareen con otros machos. Para Feldblum, en grupos pequeños, el éxito reproductivo de los machos de alto rango está asegurado, lo que evita que tengan que imponerse a las hembras mediante violencia. Naturalmente, esta agresividad también se emplea contra los machos para alejarlos de las hembras con las que pretenden copular.
    "Los chimpancés eligen ser violentos con las hembras porque, como muestran los datos, les funciona", resume Richard Wrangham, primatólogo de la Universidad Harvard especialista en la naturaleza violenta de estos animales, ajeno a este estudio que considera muy bien atado en sus resultados y conclusiones. "El problema central es que machos y hembras tienen diferentes objetivos: ellas se benefician apareándose con todos los machos; ellos se benefician de restringir la elección femenina". Las hembras se aparean con muchos machos porque así se aseguran de que no tratarán de matar a la cría cuando nazca. Según Wrangham, cuyos estudios (sin pruebas genéticas de paternidad) muestran similares resultados a los de Feldblum, no saben exactamente por qué le funciona la coacción a los machos; supone que tras experimentar durante mucho tiempo muchas agresiones de un macho particular, la hembra estará más dispuesta a responder positivamente cuando este quiera copular.
    Los chimpancés machos son unos cerdos sexistas", asegura un primatólogo de Harvard
    Otros simios tienen muy diferentes sistemas: los bonobos tienen el mismo problema central, pero los machos tienen mucho menos poder social, ya que viven en una especie de matriarcado en el que correrían el riesgo de ser atacados por un grupo de mujeres. Entre los gorilas y los orangutanes, las hembras tienen menos presión para aparearse con más machos, porque no son tan propicios al infanticidio como los chimpancés. Wrangham, que cree que los chimpancés son "machistas" —"los machos son unos cerdos sexistas"— , explica que esta violencia obliga a las hembras a dedicar mucho tiempo a cuidar sus relaciones para evitar ataques. "Por desgracia, las mujeres más atractivas, normalmente las hembras de mediana edad, son muy atacadas".
    Con respecto a las comparaciones con humanos, Feldblum aclara que los humanos tienen un sistema de apareamiento muy diferente y desde la perspectiva evolutiva "los machos humanos tienen menos incentivos para limitar la conducta de apareamiento la hembra". Además, insiste en que estas observaciones no implican que algo "natural" en chimpancés justifique su traslado a la sociedad humana. "Muchos de nuestros parientes más cercanos practican el infanticidio y el asesinato de compañeros, pero es evidente que ninguno de estos comportamientos se toleran en nuestra sociedad moderna", zanja Feldblum.

    martes, 11 de noviembre de 2014

    COMO LO EXPERIMENTÉ,LO PUBLICO

    Por qué podemos sentir otra presencia aunque estemos solos

    Las historias de fenómenos paranormales abundan y los relatos de apariciones invisibles se producen con bastante frecuencia; según un estudio es el cerebro el que provoca esta sensación



     
    Para algunos participantes la sensación fue tan espeluznante que pidieron parar el experimento. 
    ¿Tuvo alguna vez la sensación de que hay otra persona muy cerca suyo, cuando en realidad está solo?
    Según un estudio, publicado en la revista Current Biology, es nuestro cerebro el que provoca esta sensación.
    Un equipo de investigadores, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), identificó las partes del cerebro responsables de esta extraña y espeluznante sensación.
    Además, los científicos desarrollaron un experimento que le permitió a alguna gente sentir la cercanía de un "fantasma".

    Situaciones extremas

    Las historias de fenómenos paranormales abundan y los relatos de apariciones invisibles se producen con bastante frecuencia.
    "La sensación es muy vívida. Sienten que hay alguien pero no pueden verlo. Siempre es como una presencia", explica Giulio Rogningi, del EPFL.
    Lo que resulta sorprendente es que generalmente dicen que la presencia replica los movimientos que ellos hacen o la posición en la que están en ese momento específico. Giulio Rogningi, del Instituto Federal de Tecnología de Suiza
    Es muy común en aquellos que experimentan condiciones extremas, como los montañistas o los exploradores, y en las personas que padecen condiciones neurológicas, añade.
    "Lo que resulta sorprendente es que generalmente dicen que la presencia replica los movimientos que ellos hacen o la posición en la que están en ese momento específico".
    Lo que resulta sorprendente es que generalmente dicen que la presencia replica los movimientos que ellos hacen o la posición en la que están en ese momento específico. Giulio Rogningi, del Instituto Federal de Tecnología de Suiza "Es decir, si el paciente está sentado, sienten que la presencia está sentada. Si están parados, la presencia está parada", comenta Rogningi.

    Un fantasma en la habitación

    El equipo hizo un escáner cerebral a 12 personas con desórdenes neurológicos que habían experimentado en el pasado la sensación de estar al lado de un fantasma.
    Descubrieron que todos tenían alguna clase de daño en las partes del cerebro asociadas con la conciencia de uno mismo, el movimiento y la posición del cuerpo en el espacio.
     
    Los investigadores lograron recrear la sensación que se tiene cuando se percibe una presencia. Foto: EPEL
    En otras de las pruebas, los científicos usaron a 48 voluntarios sanos que no habían experimentado la sensación de estar acompañados de una presencia y los sometieron a un experimento para alterar las señales neuronales en estas mismas regiones del cerebro.
    Primero les vendaron los ojos y luego les pidieron que manipularan un robot con sus manos.
    A medida que lo hacían, un robot iba trazando los movimientos exactos en la espalda de los voluntarios.
    Cuando los movimientos en la espalda y al frente de los voluntarios tuvieron lugar al mismo tiempo, los voluntarios no sintieron nada extraño.
    Pero cuando hubo una demora entre ambos movimientos, un tercio de los participantes dijo sentir que había una presencia fantasma en la habitación. Otros dijeron haber sentido hasta cuatro apariciones.
    Dos de los participantes hallaron esta sensación tan extraña que pidieron parar el experimento.

    Representaciones unificadas

    Los investigadores dicen que estas extrañas interacciones con el robot cambian temporalmente la función cerebral en las regiones asociadas con la conciencia de uno mismo y la percepción de la posición del cuerpo.
    El equipo cree que cuando la gente siente una presencia fantasmal, el cerebro se está confundiendo: calcula mal la posición del cuerpo y lo identifica como si le perteneciese a otra persona.
    Nuestro cerebro posee varias representaciones de nuestro cuerpo en el espacio. En circunstancias normales, puede componer una percepción unificada del yo. Pero, cuando este sistema funciona mal, esto puede a veces crear una segunda representación del cuerpo de uno, que ya no percibe como 'yo' sino como otra persona. Giulio Rogningi, del Instituto Federal de Tecnología de Suiza
    "Nuestro cerebro posee varias representaciones de nuestro cuerpo en el espacio", explica Rognini.
    "En circunstancias normales, puede componer una percepción unificada del yo a partir de esas representaciones".
    "Pero, cuando este sistema funciona mal a causa de una enfermedad -o en este caso, por la acción de un robot- esto puede a veces crear una segunda representación del cuerpo de uno, que ya no percibe como 'yo' sino como otra persona, una 'presencia'".
    Los investigadores creen que el estudio puede ayudar a entender mejor condiciones neurológicas como la esquizofrenia..