España presenta un "riesgo real" de sufrir las
consecuencias de un tsunami. Así lo han puesto de manifiesto dos
expertos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en una tertulia
organizada por el Geoforo del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG)
dedicada a la Red Nacional de Alerta de Tsunami. Entretanto, la Agencia
Meteorológica de Japón no activó la alerta de tsunami por el terremoto y
la operadora de la central, Tokyo Electric Power (TEPCO), no informó
hasta el momento anomalías ni cambios en las lecturas de niveles de
radiación en la planta ni en sus alrededores, según la cadena pública
NHK.
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.- España
presenta un "riesgo real" de sufrir las consecuencias de un tsunami. Así
lo han puesto de manifiesto dos expertos del Instituto Geográfico
Nacional (IGN) en una tertulia organizada por el Geoforo del Ilustre
Colegio Oficial de Geólogos (ICOG) dedicada a la Red Nacional de Alerta
de Tsunami.
"La sociedad española no es consciente de que la mayor
catástrofe natural sufrida por nuestro país fue el tsunami provocado por
el terremoto de 1755", explicó Emilio Carreño,
director de la Red Sísmica Nacional del IGN. De hecho, se calcula que el
terremoto de 1755, conocido popularmente como 'terremoto de Lisboa',
causó 1.200 muertes en la bahía de Cádiz.
Además, los estudios paleosísmicos sugieren que en esa zona se
pudieron producir otros cinco tsunamis de gran magnitud a lo largo de la
historia, según explicó Juan Vicente Cantavella, jefe del Servicio de
Sismología del IGN. "En el Mediterráneo también se han registrado
tsunamis de menor intensidad en 1790, 1804, 1954, 1980 y 2003,
generalmente provocados por terremotos en la costa de Argelia", añadió Cantavella.
Según estos expertos, las regiones españolas más expuestas al
riesgo de un tsunami son la costa del Atlántico, especialmente Huelva y
la bahía de Cádiz, la costa del Mediterráneo y las Islas Baleares, si
bien la recurrencia de maremotos de gran intensidad es de entre 1.200 y
1.500 años.
A pesar de este historial de tsunamis padecidos por las costas
españolas, no fue hasta el año pasado, 2013, cuando el Gobierno, a
instancias del Congreso de los Diputados, encargó al Instituto
Geográfico Nacional la creación de una red de alerta de tsunamis.
Carreño, encargado de la supervisión de dicha red, destacó el enorme
esfuerzo que ha supuesto para el IGN la creación del sistema de alerta
de tsunamis.
"Un terremoto producido cerca de la costa española podría
ocasionar un tsunami que tardaría entre una hora y 20 minutos en llegar
al suelo español. Por ese motivo hemos diseñado una red de alerta que
sea sencilla, rápida y eficaz", aseguró el responsable de la Red Sísmica Nacional.
Los investigadores buscan los efectos neurológicos de los tratamientos cognitivos de la depresión
MALEN RUÍZ DE ELVIRA.
La depresión se estudia con técnicas de neuroimagen. Klaus Ebmeier / Universidad de Oxford
"Estoy deprimida [o deprimido]" se ha convertido en una frase
común, pero la depresión es mucho más que un malestar pasajero, que es
lo que suele reflejar afortunadamente esta afirmación. En los casos de
depresión diagnosticada, de los 350 millones que estima la Organización
Mundial de la Salud (OMS) que se producen anualmente, el primer arma
suelen ser los fármacos, que, aunque eficaces en muchos casos, no lo son
en muchos otros. Entonces suele entrar la psicoterapia, que en los
últimos años se viene reconociendo como un tratamiento eficaz cuando
falla el farmacológico e incluso como arma de primera línea. Ahora, los
científicos se plantean traducir este entrenamiento mental a sus efectos
físicos, como medio, entre otras cosas, de seleccionar a los pacientes
que se beneficiarían de ella, ya que no resulta eficaz en todos los
casos.
La terapia más utilizada en la llamada cognitivo
conductual (TCC), que recoge aportaciones de distintas corrientes
psicológicas. Algunos grandes estudios concluyen entre el 42% y el 66%
de los pacientes dejan de estar deprimidos (en términos clínicos) cuando
la finalizan, recuerda la revista Nature, que ha publicado un número
especial sobre la depresión. Por otro lado, según el estudio clínico más
citado, uno de los fármacos antidepresivos más comunes fue efectivo en
menos de la mitad de los participantes y los síntomas desaparecieron
totalmente solo en un 28% de los tratados. Además, el riesgo de recaída
es menor con la psicoterapia que con la medicación.
La TCC
tiene por objetivo, simplificando, sustituir las opiniones negativas y
exageradas de los pacientes sobre sí mismos y sobre el mundo que les
rodea por opiniones más positivas, es decir, cambiar su percepción del
mundo y por tanto su conducta. Pero como cada persona es un mundo y casi
cada terapeuta tiene su propio método, resulta prácticamente imposible
generalizar sobre lo que pasa en realidad en el cerebro del paciente. A
lo largo del entrenamiento, los pacientes aprenden a vigilar y
controlar sus pensamientos para evitar que deriven hacia lo negativo.
Los avances se suelen manifestar a saltos, entre una sesión terapéutica y
la siguiente, según investigaciones realizadas por Robert DeRubeis, un
experto estadounidense. "La habilidad clave es vigilar tus pensamientos
en el momento en que el estado de ánimo cambia a peor y evaluar si son
correctos en ese momento", declara Daniel Strunk, psicólogo, en la
citada revista. Se trata de adquirir una nueva habilidad cognitiva
aplicable a la vida cotidiana. Los investigadores han intentado utilizar técnicas de imagen para verlo, y sí que han encontrado indicios de cambios cerebrales
Los
investigadores han intentado utilizar técnicas de imagen para verlo, y
sí que han encontrado indicios de cambios cerebrales. Los individuos
deprimidos a menudo tiene una actividad exagerada en la amígdala (parte
del cerebro implicada en el proceso de las emociones) que no es
controlada adecuadamente por la corteza prefrontal, responsable de
tareas mentales complejas. Los antidepresivos, piensan algunos
investigadores, aquietan la actividad de la amígdala, mientras que la
TCC aumenta la actividad y, por tanto, la capacidad de control de la
corteza prefrontal. Los escasos estudios existentes indican que se
producen cambios cerebrales tras una terapia cognitiva de 14 semanas de
duración, pero no son concluyentes y tampoco se sabe si son la causa o
una consecuencia de la mejora del paciente. Lo que sí parece es que los
cambios son perdurables.
Identificar a los pacientes que se
podrían beneficiar de la psicoterapia es uno de los objetivos de estas
investigaciones. Se estudia ahora el metabolismo de la glucosa y se ha
encontrado un indicador, pero todavía se sabe demasiado poco de lo que
se "rompe" en el cerebro durante la depresión para poder elegir un
tratamiento. Hasta se ha intentado calibrar la respuesta, en forma de
dilatación de la pupila, de los pacientes frente a palabras negativas
para avanzar en este conocimiento.
España está en la parte baja
de la tabla de incidencia de la depresión diagnosticada por países, con
menos de un 5% de casos. Si la depresión fuera cáncer, la situación
sería un escándalo, plantean los responsables de Nature sobre esta
enfermedad, que supone, según los datos que presenta, el mayor número de
años activos perdidos, comparado con otras enfermedades. No se han
encontrado genes relacionados con la tendencia a la depresión y los
estudios en animales resultan insatisfactorios. La OMS estima que 350
millones de personas sufren la enfermedad, lo que la convierte en una de
las más comunes, a pesar de que todavía no existe una definición
afinada, muchos enfermos no son diagnosticados y suelen sufrir
discriminación social, y el dinero destinado a su investigación resulta
insuficiente, según los especialistas. Pero esta era la situación del
cáncer hace no tantos años, y ahora ha cambiado en muchos aspectos, como
en el reconocimiento de su complejidad y la reducción del estigma
social. La creciente colaboración entre los neurocientíficos y los
psicólogos clínicos es una vía de salida para este complejo problema,
pero la psicoterapia no tiene el apoyo de los laboratorios farmacéuticos
que sí están dispuestos a financiar las investigaciones sobre
medicamentos antidepresivos.
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Los argentinos que descubrieron que las plantas reconocen a sus vecinas
Laura PlittBBC Mundo
Si las plantas parientes colaboran entre sí
cuando están juntas, se podrían cultivar más cerca la una de la otra
para aprovechar mejor el espacio.
Si son parientes, trabajan en equipo, colaboran entre sí. Si no lo son, compiten la una con la otra.
Esto
es lo que descubrió un equipo de investigadores argentinos que analizó
cómo se comportan las plantas ubicadas en una hilera.
No sólo hallaron que eran capaces de
reconocer a sus parientes por la forma de su tallo y sus hojas, sino
también descrubrieron que la relación de parentesco las hacía actuar en
consecuencia.
"Notamos que cuando acomodamos las plantas en
hileras, muy cerca la una de la otra, simulando la situación típica de
un cultivo, las plantas que estaban genéticamente relacionadas entre sí,
posicionaban sus hojas hacia los espacios libres, fuera de la hilera",
le explica a BBC Mundo Jorge Casal, investigador del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y líder
el estudio.
"En cambio, cuando mezclábamos plantas de la misma
especie de distintos grupos genéticos, las plantas disponían sus hojas
al azar, en cualquier dirección", añade.
Es decir, cuando la
planta reconoce que su vecina es pariente, amontona sus hojas para
minimizar la interferencia y permitirle aprovechar mejor la luz del sol.
La arabidopsis es una planta muy usada en investigaciones de fisiología vegetal.
Si no es pariente, distribuye sus hojas en cualquier dirección para aprovechar al máximo la luz disponible.
El estudio, publicado recientemente en la revista especializada New Phytologist,
puede traer beneficios para la agricultura, ya que abre nuevas
posibilidades en cuanto a cómo maximizar el rendimiento de las cosechas
en función del espacio libre para cultivar.
Lea también: Plantas que no ven, plantas que no crecen
Mejoras en el rendimiento agrícola
"Nosotros
sabíamos que las plantas podían percibir a sus vecinas, lo que no
sabíamos es que reaccionaban de forma distinta de acuerdo a este
parentesco", explica Casal.
Los investigadores también observaron que la comunicación entre las plantas -para los experimentos se utilizó la Arabidopsis thaliana,
una planta que sirve de modelo en estudios de fisiología vegetal- no
ocurría por el contacto entre las raíces (a cada planta le correspondía
una pequeña maceta) sino que reconocían los patrones de luz
diferenciales que producía el cuerpo de la planta vecina.
Al experimentar con plantas en macetas, los
investigadores descubrieron que las plantas se reconocían por su tallo y
hojas y no por las raíces.
Lo interesante del caso, le
dice el investigador argentino a BBC Mundo, es que nos permitió calcular
la relación entre el costo y el beneficio que trae aparejado este
comportamiento.
"Cuando una planta reconoce la presencia de un
pariente ocurre un efecto doble: por un lado, al amontonar sus hojas,
evita sombrear a la vecina, pero por otro, hace que sus propias hojas se
ensombrezcan entre sí".
"Sin embargo, si la vecina es pariente,
hará exactamente lo mismo. El costo es sombrearse a sí misma y el
beneficio es recibir menos sombra".
"Lo que nosotros notamos es que en esta relación, el beneficio supera los costos", señala Casal.
En este sentido, Casal confía en que los resultados de la investigación puedan ser aprovechados en el ámbito de la agricultura.
Por
lo general, en los cultivos, las plantas se distribuyen en hileras.
Quedan muy cerca entre sí, pero más lejos de la que están en la próxima
fila.
De acuerdo a esta teoría, no sería necesario dejar tanto espacio entre las hileras.
"Podríamos mejorar el rendimiento usando menos espacio", dice Casal.
Los españoles invierten en puticlubs,mejorar el rendimiento de la maria de Marruecos,la especulacion financiera y como agilizar la explotacion de los chiringuitos de playa...
lunes, 17 de noviembre de 2014
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Entrevista a Roger Muñoz, psicólogo especialista en neuropolítica
“El cerebro de los políticos cambia en situaciones de poder”
Roger Muñoz Navarro
nació en Valencia en 1980 y fue en Valencia donde se licenció en
Psicología en 2009. En estos momentos, es investigador pre-doctoral en
Psicología Clínica y máster en Neuropsicología Clínica. Además, es uno
de los pocos especialistas españoles en Neuropolítica, que estudia cómo
afecta la acción política a la personalidad desde el punto de vista de
la neurobiología. Unos ratones tuvieron la culpa. La Neuropolítica, es
decir, los procesos mentales de la acción política, la corrupción y el
poder son el asunto central de la charla que estaba previsto que
impartiese Roger Muñoz el jueves 13 de noviembre, a las siete de la
tarde, en la sede de la asociación de vecinos de Tres Forques, Avda.
Tres Forques, 98, de Valencia. El acto estaba organizado por el Frente
Cívico Somos Mayoría de Valencia. PREGUNTA.- ¿Cómo y cuándo empezaste a interesarte por la psicobiología y la Neuropolítica? RESPUESTA.-
Empecé la tesis doctoral en el departamento de Psicobiología. Estuve
tres años con una beca investigando en adicciones y tal. Y, además, era
curioso, porque lo que estaba estudiando ahí era los efectos del status
neurobiológicamente y cómo ese status afectaba a la vulnerabilidad hacia
el consumo de drogas. Estaba estudiando el poder en ratones,
básicamente. Eran machos dominantes frente a machos sumisos y lo que
sabemos es que hay una serie de cambios hormonales dependiendo de la
situación en el status en que se encuentre cada cual. Investigamos
biológicamente a los ratones porque es una especie que se estructura en
jerarquías, por lo tanto en sociedades, al igual que los seres humanos
y, claro, son mucho más manipulables que otras especies animales. P.- O sea, que el poder pone. R.-
Claro que pone, pero, sobre todo, lo que hace es cambiar. Cambia una
serie de estructuras del cerebro y, sobre todo, cambia una serie de
hormonas. La primera hormona que cambia es la testosterona. Las personas
que tienen más testosterona tienden a ser más dominantes. Y, al ser más
dominantes, tienden más a buscar una serie de conductas que digan: voy a
mantener aquí mi posición, mi terreno, mi poder. Empecé a hacer una
tesis en drogodependencias sobre eso, pero era muy curioso porque todo
lo que yo veía en los ratones lo veía todos los días en mis jefes y salí
muy quemado. Lo que ocurre es que hay otra hormona. Los que ganan, los
que son muy dominantes, tienen mucha testosterona, pero los que están en
la escala de abajo tienen mucho cortisol. El cortisol es la hormona de
estrés. Por lo tanto, los que están siempre en una jerarquía baja tienen
mucho más estrés que los que están en una jerarquía alta. Yo estaba
sufriendo mucho estrés en esa situación porque tenía unos jefes que eran
muy dominantes. Acabé dejándome esa tesis doctoral. P.- ¿Qué hiciste entonces? R.-
Durante ese tiempo, estuve haciendo dos masters a la vez, uno de
investigación y tratamiento psicológico en adicciones y otro en
Neuropsicología Clínica, que era pasar a humanos todo lo que yo había
investigado en ratones. Ahí, mi tesis de master fue sobre Neuroeconomía y
Neuropolítica y me centré en ese campo de investigación. Y ahora estoy
en la fase de escribir la tesis doctoral pero en un campo totalmente
diferente que se llama Psicología en Atención Primaria, y es intentar
meter psicólogos en los centros de salud pública para dar tratamiento
psicológico a personas que sufren ansiedad y depresión. En comparación
con los fármacos, creemos que es mucho más efectivo y ahorra mucho más
dinero. También hace perder mucho más dinero a muchas grandes empresas
farmacéuticas. Puede que esa sea la razón por la que hay pocos
psicólogos en los centros de salud. P.- Y llegamos al meollo de la entrevista. ¿Qué es la Neuropolítica? R.-
Podemos dividir la palabra neuropolítica en dos partes: neuro y
política. Política es ciencias políticas, con todos los aspectos que
estudia la ciencia política y neuro se refiere al campo de las
neurociencias. Por lo tanto, la Neuropolítica es donde se fusiona el
campo de las neurociencias con el de las ciencias políticas. Aportamos
todo el conocimiento del sistema nervioso de toda la neurobiología
actual, de todas las neurociencias actuales, con el de las ciencias
políticas. Dentro de las ciencias políticas se estudia el poder, se
estudia las conductas políticas. Nosotros, desde la psicología y la
neuropsicología podemos darle explicación a ese tipo de conductas
políticas desde una vertiente neuropsicológica. Desde la política,
sabemos que existen personalidades, sabemos que existen comportamientos.
Y también, desde la neuropsicología, sabemos que esa personalidad y
esos comportamientos tienen una base biológica. Si, además, estudiamos
el poder o el estatus podemos darnos cuenta de que todo está
interrelacionado. Hay personas con ciertos cerebros, hay personas con
ciertas personalidades, que se meten en la lucha política. Pero también
sabemos que la lucha política va a cambiar la personalidad de ciertas
personas y también el funcionamiento cerebral. P.- Entonces, ¿es la personalidad la que define la acción política? R.-
Todas las personas tenemos nuestra personalidad, la personalidad tiene
ciertos caracteres, ciertos rasgos, ciertos factores, y lo que sabemos
es que hay personas más tendentes a meterse en acciones políticas y
puede haber una serie de rasgos que estén relacionados con ello. Están
las personas que son un poco más tolerantes a la frustración, aquellas
que dicen “yo esto no lo soporto, yo no quiero que pase esto”, también
están las personas que tienen una tendencia mayor a la dominancia social
y saben que los contextos políticos es un campo en el que ellas pueden
reflejar su personalidad, competir y luchar por las ideas. También hay
personas que tienen mucha más empatía y las personas que tienen mucha
más empatía quieren luchar por causas sociales. Podemos decir que la
empatía, la dominancia social y la ideología son las motivaciones que
llevan a las personas a meterse en política. P.- El arco es muy amplio, entonces. R.-
Hay unos estudios de Neurociencia que diferencian muy claro cómo
funcionan los cerebros de las personas de derechas y cómo funcionan los
cerebros de las personas de izquierdas. Lo que hacemos es evaluar
personas con ideología política de derechas, conservadoras, y
progresistas y les hacemos técnicas de neuroimagen para ver cuál es la
funcionalidad de su cerebro. Vemos que las personas que son de
izquierdas tienen una mayor reactividad emocional y más empatía que las
personas de derechas. Eso es bueno a la hora de tomar decisiones
políticas que van a afectar a la mayoría de las personas. Lo que ocurre
es que las personas de derechas son capaces de suprimir sus emociones de
una forma más potente y, por lo tanto, tienen menos empatía. Eso no
ocurre siempre en todas las personas, pero sí hay una gran relación.
Esto, como todo en ciencia, es estadística. ¿Hay políticos así?
Obviamente. Hay políticos que se enfrentan a las grandes multinacionales
y hay otros que se hacen amigos de ellas. Hay que tener en cuenta que
el campo de la Neuropolítica es muy nuevo y hay muy poco. Incluso la
ciencia es muy estadounidense y ellos se sitúan en una bipolaridad un
poco liberal-conservador. La política es mucho más amplia que eso, es
más que esa dicotomía. Pero sí que es cierto que esas diferencias se
ven. Hay personas que son de izquierdas o más pro sociales y hay otras
que son más individualistas. Podemos hacer esa dicotomía, pero luego se
puede hablar largo y tendido porque las cosas no son tan sencillas en
política. P.- ¿Qué utilidad tiene la Neuropolítica tanto para la acción política como para los individuos? R.-
Yo haría una diferenciación de dos tipos de Neuropolítica desde quién
la utiliza. La Neuropolítica la ha utilizado el gobierno francés de
Sarkozy. Él creó una sección de Neuropolítica dentro de su grupo que,
básicamente, es estudiar el marketing político con técnicas de
neuroimagen. Es decir, es conocer el cerebro del elector, del que va a
votar. Si sabemos manipular o conocer mejor cómo vota el elector,
podremos generar técnicas de marketing y estrategias de influencia mucho
más tecnificadas y, por lo tanto, mucho más eficientes. Lo que nos
gustaría aportar desde nuestro grupo de investigación es qué puede
aportar la sociedad desde la Neuropolítica y es saber que el cerebro de
los políticos cambia en situaciones de poder. Y no solo el de los
políticos, sino el de cualquier persona que tenga poder: economistas,
grandes empresas, incluso tu jefe, incluso el jefe de una microempresa.
Sabemos que el estatus, por este cambio de hormonas que he comentado
antes, el aumento de testosterona, cambia la personalidad tanto los
hombres como las mujeres. Hay mujeres muy competitivas y, normalmente,
las mujeres que son muy competitivas tienen niveles de testosterona muy
elevados. Y lo que ocurre es que la política es un contexto muy
competitivo porque es el campo de acción de la lucha de las ideas. Pero
también es un contexto muy colaborativo. ¿Qué podemos aportar desde la
Neuropolítica? Saber que estas situaciones ocurren. Siempre que quieras
ganar, va a haber un efecto en tu cerebro. Si ganas demasiadas veces
seguidas, eso puede hacer que acabes teniendo mucho poder y lo que
ocurre es que la testosterona va a las zonas del cerebro donde está la
empatía. Cuando hay mucha testosterona en tu cerebro, menos receptores
de empatía hay en esas zonas y, por lo tanto, hay menos empatía. Una
persona que llega al poder con mucha empatía es posible que la pierda
con el tiempo. P.- ¿Podría prevenir esto la Neuropolítica?,
¿se podría poner en tratamiento a un político que ha perdido la empatía
después de llevar un tiempo ejerciendo el poder? R.-
Eso es lo que a nosotros nos gustaría que pasase algún día. Nosotros
consideramos que, como todo en la educación del ser humano, cuanto más
conozcamos sobre cómo funcionamos nosotros, cómo funciona nuestro
cerebro, más eficientes vamos a ser. Una persona que llega al poder
puede decir: “Yo ahora tengo poder, puedo hacer cosas, puedo decidir
cosas”. Eso se le puede subir a la cabeza. ¿Qué significa que se te suba
a la cabeza? Que te aumente la testosterona, que se te vaya la empatía y
que empieces a pensar solo en ti. Eso se puede prevenir, se puede
revertir no con terapias farmacológicas pero sí con terapias
psicológicas o con intervención psicológica o con lo que nosotros
llamamos inteligencia emocional. Es decir, si nosotros, a estas personas
que están en estas situaciones, les enseñamos que esto es posible que
les pase y que, además de hacer una serie de leyes para que eso no pase,
también se les puede dar una serie de herramientas y de habilidades
psicológicas para que ellas mismas lo prevengan. Lo primero es ser
consciente de que eso pasa. Lo segundo es saber que eso se puede cambiar
y qué herramientas o habilidades psicológicas se han de utilizar para
ello. P.- Y la ciudadanía, además de con todas las formas
de lucha que se conocen o los votos, ¿puede impedir que a sus políticos
se les vaya la olla desde el punto de vista de la Neuropolítica? R.-
Desde el punto de vista neuropolítico, yo creo que esa debe ser una
cuestión intrapsicológica, intrapersonal o incluso de los grupos de
políticos. Lo que propone la Neuropolítica es un modelo
neuropsicológico, un modelo emocional de esos agentes políticos.
Primero, saber que eso ocurre, que te puede cambiar y que si tú,
realmente, has llegado al poder porque eres una persona muy empática, es
importante que te sigas trabajando para que eso siga siendo así. Hay
personas como Nelson Mandela que, si yo tuviese la capacidad de estudiar
su cerebro, vería que sería una persona con una verdadera inteligencia
emocional. Es lo que llamamos un líder auténtico, con una empatía
impresionante, una persona que salvó a su pueblo haciéndose amigo del de
enfrente. Para eso hay que tener mucha empatía, para eso hay que tener
mucha inteligencia emocional. Esos líderes, normalmente, no abundan,
pero esos son los líderes carismáticos que arrastran a las personas.
Todos tenemos un líder carismático y esa persona se trabajó a sí misma y
nuestra opción es: trabájate a ti mismo desde la psicología básica.
Ahora bien, os damos una serie de imágenes cerebrales y de pruebas
científicas de cómo funciona nuestro cerebro que demuestran que esto
sería muy útil para los políticos. Mandela fue un líder
transformacional, no un líder destructivo, que también los hay. Los
destructivos son los que dicen: “Yo, con mi carisma, te voy a embelesar,
voy a hace que me sigas”. Como un buen psicópata. Los psicópatas son
especialistas en saber cómo piensas y en adelantarse a tu pensamiento
para conseguir su propio beneficio y que tú hagas lo que ellos quieran. Y
el carisma es, simplemente, una electricidad, una electricidad del
momento. La cuestión es si tú utilizas ese carisma para solo tu propio
bien y eres un psicópata o si eres un líder carismático como Nelson
Mandela y dices: “Yo quiero lo mejor para ti, para mí y para el otro y
voy a utilizar mi carisma para persuadirte por el bien común”. P.- ¿Puede el poder convertir a alguien en un psicópata? R.-
La clave de la Neuropolítica es que cualquier persona se puede
convertir en un psicópata funcional porque, de repente, ese estatus
apaga tus emociones, tu empatía, tu capacidad de sintonizar
emocionalmente con las otras personas. Y cuando tú estás en una
situación de poder, tú estás ahí para tomar decisiones por el bien del
grupo, por el bien de tu empresa, por el bien de tu grupo de
investigación, por el bien de tu familia, de tu grupo social o de tu
país. El problema es cuando una persona llega ahí y dice que lo que
quiere es su propio bienestar. Esa persona se convierte en un psicópata
funcional. A mí me gusta mucho una frase de Luis Galeano que dice: “El
poder emborracha”. ¿Por qué emborracha?, ¿qué significa eso
psicológicamente? Tiene que pasar algo dentro de tu cerebro para que
cambie cuando llegas a ese nivel de poder. El cerebro cambia porque
cambian una serie de situaciones en tu cerebro y, básicamente, es que tú
te conviertes en una persona medio psicópata que solo piensas en tu
propio bienestar y en el de tu grupo y en los favores en plan yo te doy
esto y tú me das lo otro. Eso es lo que ocurre en la política hoy en
día. P.- Si el poder emborracha, ¿es tan adictivo como el alcohol? R.-
Lo que sabemos es que tú puedes ser adicto al alcohol porque es una
sustancia química que cambia tu cerebro y lo modifica de forma que tu
cerebro quiere más y se siente mal si no lo tiene. Todos tenemos claro
la adicción a las compras, al juego, al sexo, pero se nos olvida la
adicción al poder. Todo funciona por los mismos sustratos neurales, que
son los sustratos neurales de la recompensa, del placer. Tenemos un
sistema cerebral que nos dice: “Cada vez que comas, bebas, hagas el
amor, tengas amigos, tendrás placer al final”. Porque si no obtuvieras
placer no lo repetirías. Necesitamos sobrevivir, necesitamos comer,
necesitamos beber. Las drogas van siempre a este sustrato, lo piratean,
lo secuestran. Igual pasa con el juego, el sexo y el poder. La clave es
esta. ¿Cómo podemos revertirlo? Con conciencia. Y, para eso, necesitamos
educación. La inteligencia emocional, la empatía y la autoestima son
cualidades que deberían enseñarse en las escuelas. P.- ¿Tanto afecta la personalidad a la política o la política a la personalidad? R.-
Lo que pretende la Neuropolítica es dar conocimiento científico a las
conductas políticas. Por lo tanto, hay que saber que las emociones son
un patrón muy importante dentro de los contextos políticos. Todos
pensamos que la política es el mundo de las ideas y del poder, pero no
hay nada más importante en las ideas y en el poder que las emociones.
Nada activa tanto las emociones de una persona como cuando estamos
hablando de política. Es como el fútbol, cuando decimos que somos de
este o de aquel equipo y, a veces, hasta nos dejamos de hablar con
alguien porque es del equipo rival. Y eso pasa porque se activa un
sustrato de nuestro cerebro que se llama amígdala y que es el componente
emocional de nuestro cerebro. Es importante saber cómo manejar nuestras
emociones y lo que necesitan los políticos es manejar sus emociones. La
política parece que solo es competitividad. Cuanto más se compite, más
testosterona, más malestar, más bajones, más necesidad de ganar. Pero la
cooperación libera otro tipo de hormona que se llama oxitocina. La
oxitocina es la hormona de las mujeres, es la hormona de la cooperación y
de la colaboración, es la hormona que las mujeres liberan masivamente
cuando paren, cuando tienen un hijo, es la hormona que genera vínculos
con las personas que queremos. Las personas que más oxitocina tienen son
más empáticas, más sentimentales, piensan más en los demás y colaboran
más con los demás. También sabemos que colaborar y cooperar hace que la
testosterona se reduzca porque la oxitocina está equilibrando el sistema
cerebral. ¿Estamos pensando en hormonas? No, hemos de pensar en
conductas. Cooperamos o competimos. Si sabemos que eso cambia nuestro
cerebro y que eso no es bueno para las decisiones que vamos a tomar,
posiblemente nos empeñemos en colaborar más, hasta incluso con el
enemigo, como hizo Nelson Mandela. P.- Supongo que las conductas políticas tienen una explicación que va mucho más allá de las hormonas. R.-
Obviamente, no podemos reducir un campo tan complejo como la política y
el comportamiento humano a dos hormonas. Nosotros no queremos ser
deterministas. Esto, simplemente, es aportar un granito de arena más al
campo del conocimiento de la conducta política, un factor que,
posiblemente, se le ha olvidado a todo el mundo. La política viene de
las ciencias sociales y la neurobiología es biología pura,
neuropsicología, pero son cerebros los que están actuando en estos
campos. El cerebro humano es el sistema celular que ha revolucionado la
naturaleza y, hoy en día, estamos en la era de la ciencia del cerebro,
es cuando estamos empezando a conocer cómo funciona. Cuanto más
conozcamos cómo funciona nuestro cerebro, mejor podremos diseñar
contextos conductuales, personalidades. P.- En este contexto, ¿qué utilidad práctica tiene la Neuropolítica? R.-
Posiblemente, en el futuro, la Neuropolítica sea más conocida y más
estudiada, pero, ahora mismo, puede ser muy útil para los activistas
sociales. Cuando se compite contra el poder, la competitividad es sana
porque hay opresión. Pero también hay una competencia muy fuerte dentro
de los grupos políticos y los movimientos sociales y eso es porque se
tolera muy mal la derrota. La derrota eleva nuestros niveles de
cortisol, de hormonas del estrés, nos sentimos mal y, por lo tanto,
siempre queremos ganar. Y eso es un problema si no lo llevamos bien,
porque entonces somos adictos a la victoria y, por lo tanto, luego somos
capaces de machacar al de enfrente no por el bien común de nuestro
grupo, sino porque no nos queremos sentir mal con la derrota. Por lo
tanto, lo que yo le daría a los grupos de activistas sociales sería
muchas habilidades de gestión emocional positiva: autoconocimiento,
autoestima, empatía, cómo tolerar la derrota, la frustración, cómo
cooperar con el de enfrente. Para eso, se necesita mucha inteligencia
emocional, algo que la gente no conoce todavía. Creo que tenemos un buen
campo para abrir montando talleres de inteligencia emocional para
activistas sociales y explicar por qué los seres humanos nos portamos de
cierta forma en ciertos contextos y dar cuenta de que eso tiene una
solución, que se puede prevenir. No es la panacea, no es perfecto, pero
puede reducir el porcentaje de corrupción, de malestar, de machaque al
de enfrente. Es potenciar la higiene y el cuidado de los propios
activistas. Rafael Juan. Gabinete de prensa del FCSM-Valencia
Científicos de la Universidad de La Plata lograron una fórmula para hacer dulce de leche saludable
Los
investigadores lograron modificar el procedimiento de preparación para
convertirlo en un alimento más saludable y nutritivo. La nueva fórmula
se basa en la disminución del contenido de lípidos totales y en el
incremento del nivel de ácidos grasos insaturados.
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La
nueva fórmula fue descubierta por científicos del Centro de
Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (Cidca) de la
Facultad de Ciencias Exactas, que trabajaron con ingredientes
beneficiosos para la salud y especialmente en la disminución del
contenido de lípidos totales y en el incremento del nivel de ácidos
grasos insaturados.
También le agregaron antioxidantes naturales para maximizar los
atributos de calidad como sabor, textura y seguridad sanitaria para que
sean elaborados y comercializados por la industria alimentaria.
La doctora Alicia Califano, directora del proyecto, explicó que buscaron
"desarrollar un producto lácteo azucarado, reemplazando totalmente la
fase lipídica de origen bovino presente en el dulce de leche
convencional por aceite vegetal, rico en ácidos grasos insaturados".
"El producto obtenido presenta un perfil de ácidos grasos con menor
contenido en saturados en favor de los insaturados y se eligieron como
opciones adecuadas de aceite vegetal a agregar, el aceite de nuez pecan y
canola, por presentar un perfil lipídico rico en dichos ácidos grasos",
explicó.
Califano aseguró que un producto con estas características nutricionales
"brindará a la población una alternativa más saludable, teniendo en
cuenta que hoy en día no existe en Argentina un dulce de leche con
dichas propiedades".
.
domingo, 16 de noviembre de 2014
El corazón reacciona dos veces ante un infarto
Un grupo de científicos españoles desvelan, que en contra de
lo que se pensaba, se registran dos procesos inflamatorios
diferenciados en un plazo de una semana, algo que puede ser clave para
elegir los tratamientos
Hasta ahora se daba por hecho que tras un infarto,
el corazón registraba una reacción edematosa (un aumento del contenido
de células inflamatorias y de agua), una alteración que permanecía
estable durante al menos una semana y que después iba desapareciendo
lentamente. Sin embargo, científicos de Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) han demostrado que el corazón reacciona al infarto de una manera muy diferente a lo pensado hasta ahora,
un hallazgo que puede tener implicaciones clínicas muy importantes y
que puede cambiar los tratamientos que se aplican tras un infarto.
El equipo del CNIC, liderado por los cardiólogos Borja Ibáñez y Valentín Fuster, ha demostrado que el corazón sufre dos reacciones edematosas muy bien diferenciadas y separadas en el tiempo.
Los científicos han llegado a esta conclusión gracias a las
observaciones realizadas con la tecnología de imagen más avanzada. El
estudio comenzó hace más de 8 años en el Hospital Monte Sinaí de Nueva
York. Durante la realización de un proyecto experimental de imagen, el
equipo investigador puso en marcha unas nuevas secuencias de resonancia
magnética para visualizar el edema post-infarto.
Entonces observaron que esta reacción inflamatoria era diferente según el día post-infarto
en el que se hacía el estudio.«Entonces atribuimos estas diferencias a
problemas técnicos de la implementación de estas secuencias nuevas de
resonancia magnética», ya que «el dogma establecido de la reacción del
corazón tras un infarto dictaba que ésta debía ser estable durante al
menos diez días», explica el doctor Ibáñez.
Los investigadores del CNIC decidieron ignorar
los dogmas establecidos y hacer una evaluación exhaustiva de este
fenómeno. Así, en un modelo experimental muy similar al humano,
demostraron que el tejido miocárdico tiene una reacción muy exagerada
aguda, caracterizada por el desarrollo inmediato de una reacción edematosa
que hace que el tejido infartado duplique su volumen en pocos minutos.
Según el doctor Fernández-Jiménez, primer autor del trabajo, «observar
de manera directa en vivo como el miocardio infartado duplica su tamaño y
tiene una reacción edematosa tan importante te hace comprender de
manera visual el conocido daño por reperfusión», y es que «una imagen
vale más que mil palabras», agrega. Lo que más sorprendió a los
investigadores es que esta reacción inflamatoria tan aguda desaparecía en menos de 24 horas,
momento en el que ni la resonancia magnética ni la anatomía patológica
eran capaces de visualizar restos de esta reacción tan brusca y
exagerada.
Pero, lo que es más sorprendente aún, cuatro días después del infarto, el tejido cardiaco sufre una nueva reacción edematosa
que vuelve a hacerse máxima una semana después del evento. «La
intensidad de esta reacción edematosa a día 7 es tan intensa como en el
momento agudo, y por ello si no hubiesen realizado estudios de imagen en
diferentes puntos durante esta primera semana, se hubiesen perdido este
patrón bimodal y se hubiese continuado creyendo que el dogma clásico es
el correcto», destaca este médico del Hospital Clínico San Carlos.
Para Fernández-Jiménez, descubrir que hay dos reacciones diferentes y, posiblemente, de distinto origen, abre la puerta a nuevos tratamientos.
A juicio de Ibáñez, «se deberían aplicar terapias
orientadas a bloquear selectivamente una u otra reacción
edematosa/inflamatoria en momentos diferentes tras el infarto, algo
contrario a lo que se realiza hoy en día, cuando los pacientes son
tratados de manera similar durante todo el periodo post-infarto», en
línea con el desarrollo de medicina personalizada.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Por qué me quiero morir a los 75 años(para mi dentro de 7 meses)
Ezequiel
Emanuel, un reconocido médico estadounidense, abrió una nueva polémica
sobre la capacidad de la medicina para prolongar la vida, sin que esto
signifique vivir mejor. Por eso propone un reto: definir cuándo morir
El
oncólogo estadounidense Ezekiel Emanuel advierte que le medicina está
ayudando a prolongar la vida de las personas, aunque no necesariamente
sea una vida mejor. Foto: BBC Mundo
¿Cuántos
años deberíamos vivir hasta que la pérdida de facultades físicas o
mentales amenacen con convertirnos en una carga para los demás?
¿Cuál es el punto de no retorno en el natural proceso de envejecer?
"Trabajaste
duro cuando joven, hiciste una carrera profesional y tuviste una
familia. A mí me parece una buena vida. Entonces, ¿por qué correr el
riesgo de terminar senil, babeando, siendo una responsabilidad para los
demás?"
Así explica Ezequiel Emanuel, de 57 años de edad y médico oncólogo, su decisión de ponerle fin a su vida a los 75 años.
Para más señas, Emanuel es el director del Departamento de Bioética Clínica, del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.
Es decir, es alguien que conoce lo que la medicina moderna puede hacer para alargar las expectativas de vida de una persona.
Más
allá del tabú sobre la muerte, o las implicaciones éticas y religiosas
que conlleva, para Emanuel es un asunto de escoger un punto ideal para
morir.
"Morir nos quita la posibilidad de tener nuevas
experiencias, de pasar más tiempo con mi esposa e hijos. Pero vivir
mucho también es una pérdida", expresa.
En su opinión, aún cuando
la persona esté en condiciones físicas aceptables, se encuentra en
franco deterioro porque pierde capacidad para ser creativo y para
trabajar.
También cambia la manera como las personas se relacionan con el individuo.
Cuando un médico lo dice.
Quizás lo que más llama la atención sobre la posición de Emanuel es que sea un médico quien lo plantee. El
doctor Ezekiel Emanuel, a la derecha en la foto, no apoya la eutanasia.
Su punto es retar a las personas a hacer algo con sus vidas antes que
la vejez lo impida. Foto: BBC MundoUn
doctor que en vez de dar esperanzas frente a la enfermedad o la muerte,
nos confronta con otra realidad sobre las verdaderas capacidades de la
medicina.
Más allá de supersticiones o creencias religiosas sobre
vida después de la mu, la mayoría de las personas confía en que la
medicina puede - y debe- extender los años de vida hasta donde sea
posible.
El punto crucial, en palabras de Emanuel, es que aun
cuando muchas terapias puedan prolongar nuestra existencia, no
necesariamente prolongan la calidad de nuestro funcionamiento.
Lo que el individuo entendía como vida plena o activa se ve limitada por discapacidades, enfermedades crónicas.
Según Emanuel, el porcentaje de personas que sobreviven un ataque ha crecido 20% en comparación con el pasado.
Sin embargo, muchos de estos sobrevivientes quedan seriamente discapacitados.
"Por un lado es un triunfo de la medicina. Por el otro lado, no lo es tanto", comenta el oncólogo.
Aquí
es importante notar que Emanuel no está planteando que las personas
deban tomar acciones deliberadas para acelerar su muerte.
Su
posición es que al llegar a los 75 años, se negará a recibir cuidados
médicos como quimioterapias, marcapasos o antibióticos que pretendan
prolongar su existencia.
"No quiero ser llevado por el estamento médico a tomar remedios", dice.
¿A favor de la eutanasia?
Se
ha hablado mucho de eutanasia y el derecho de cada uno a terminar su
vida antes de que se vuelva indigna, y la senilidad sea demasiada para
soportarla. Brittany
Maynard, la joven estadounidense con un cáncer terminal, decidió
recurrir al suicidio asistido el 3 de noviembre pasado. Foto: BBC Mundo
Recientemente
fue muy difundido el caso de Brittany Maynard, la joven estadounidense a
quien los médicos le diagnosticaron un cáncer terminal y le dieron seis
meses de vida.
Maynard tomó la decisión de recurrir al suicidio
asistido el 3 de noviembre pasado, luego de pasar sus últimos meses
cumpliendo una lista de deseos y cosas por hacer antes de partir.
A
pesar de esto, para el doctor Emanuel es difícil conciliar su posición
personal con su negativa a la legalización de la eutanasia para los
pacientes con enfermedad terminal.
Él insiste en que es su posición personal, y no desea influenciar en ninguna política de estado al respecto.
Para
Emanuel, cambiar la ley para permitir suicidios asistidos genera muchos
más problemas legales y morales que son más complicados de resolver, y
pueden dar espacio al abuso de estas medidas.
No todos envejecemos igual
Emanuel también está al tanto de que cada persona envejece de una manera distinta.
Una
persona le comentó una vez que su padre estaba en sus 80, tocaba el
saxofón en la mañana, luego corría un kilómetro y medio, y terminaba el
día jugando tenis con sus amigos.
"Puedes hacer varias cosas para
vivir una vida vigorosa, intelectualmente vibrante: el ejercicio es muy
importante, mantener una vida social muy activa, y seguir trabajando,
porque te obliga a interactuar socialmente, a tener rutinas, a tener un
plan y lograr objetivos", dice Emanuel.
Todas esas actividades te permiten mantenerte activos, pero también es cierto que no todos pueden mantenerse así.
Otras
personas le han comentado que al arribar a los 70, muchas veces se
muestran más despreocupadas y felices, con menos presiones. Muchas
personas llegan a envejecer manteniendo una vida activa. Sin embargo,
no todos tienen la misma posibilidad. Foto: BBC Mundo
"Claro,
pero muchas personas al llegar a esa edad se adaptan a sus limitaciones
y bajan sus expectativas. ¿Esa es la manera de alcanzar la felicidad?",
responde Emanuel.
Además agrega lo que él considera una pequeña muestra de lo que va a ser su experiencia con más años.
"Hablo por Skype con mis hijas, y cada vez me dicen que estoy más olvidadizo. Pero yo no lo noto. Ellas sí".
Es
cuando el pensamiento de deslizarse felizmente hacia la senilidad
mientras se convierte en un peso para su familia le parece una manera
muy poco atractiva de envejecer.
Al final, admite que el límite de 75 años es algo arbitrario.
Emanuel lo justifica diciendo que poner ese límite te hace pensar qué es lo que estás haciendo con tu vida.
Emanuel no busca seguidores, solo plantea un reto a que las personas piensen en su propia filosofía de vida.
"Creo
que uno de los problemas es que si no estableces una fecha, no
confrontas el problema del deterioro. Para mi es mejor enfocarse en que
tienes 75 años de vida. ¿Qué es lo que vas a hacer con ese tiempo?".
Ese es el reto que nos plantea Emanuel.