jueves, 11 de enero de 2018



Marx y la medicina

Viento Sur


En su discurso ante al 19º Congreso Nacional del Partido Comunista de China, celebrado el pasado mes de octubre, el presidente Xi Jinping habló de "la verdad científica del marxismo-leninismo". El marxismo (con rasgos chinos), como siguió declarando el presidente Xi, ha de ser el fundamento de una China saludable. ¿Quién se atrevería hoy en día, en Occidente, a ensalzar a Karl Marx como garante de nuestra buena salud?
Marx murió hace tiempo. Falleció físicamente el 14 de marzo de 1883. Falleció metafísicamente en 1991, cuando la Unión Soviética desapareció dando lugar a un Estado ruso de nuevo independiente. El experimento comunista había trastabillado, flaqueado y, finalmente, quebrado. ¿Su legado? Como escribió Michel Kazatchkine en The Lancet el mes pasado, el sistema sanitario de la era soviética "se deterioró rápidamente" en sus últimos años, dando lugar a una "disponibilidad insuficiente de medicamentos y tecnologías médicas, instalaciones mal mantenidas, calidad menguante del servicio sanitario y descenso de la esperanza de vida".
Sin embargo, ¿es justo condenar a Marx a la cuneta de la historia de la salud? El 5 de mayo de 2018 se conmemora el bicentenario de su nacimiento. Es un buen momento para reevaluar la contribución de Marx a la medicina y descubrir si su influencia es tan nociva como parece sugerir el sentido común contemporáneo.
La medicina y el marxismo tienen historias imbricadas, cercanas y respetables. La salud pública fue la comadrona del marxismo. La condición de la clase obrera en Inglaterra (1845), de Friedrich Engels, contribuyó a desvelar el coste humano del capitalismo. El ex redactor jefe del New England Journal of Medicine, Bud Relman, acuñó el término "complejo médico-industrial", haciéndose eco de los temores marxistas sobre la mercantilización de todo lo que con más esmero cuidamos en la vida. Howard Waitzkin lo formuló de este modo en un artículo de 1978 publicado en Annals of Internal Medicine, titulado "Una visión marxista de la atención médica":
El enfoque marxista duda de que puedan producirse importantes mejoras en el sistema sanitario sin un cambio fundamental del orden social en general.The Economist, difícilmente calificable de bastión del pensamiento de izquierda, escribió hace unos meses que "hay muchísimo que aprender de Marx. En efecto, gran parte de lo que dijo Marx parece adquirir mayor relevancia en nuestros días." Wolfgang Streeck, en su libro titulado con ánimo provocador How Will Capitalism End? (2016), emplea metáforas médicas para describir las "multipatologías" a que se enfrenta el capitalismo desde la crisis financiera mundial de 2007. El capitalismo ha acumulado un montón de flaquezas y ha agotado su arsenal de remedios, señala.
Fue un ex economista del Fondo Monetario Internacional, Ken Rogoff, quien escribió en 2005 que "la próxima gran batalla entre el socialismo y el capitalismo se librará en torno a la salud humana y la esperanza de vida". La primera ministra británica, Theresa May, ha dicho que el capitalismo es "el mayor agente de progreso humano colectivo que jamás se ha creado". Sin embargo, cada vez más personas, especialmente las generaciones más jóvenes, creen que una economía basada exclusivamente en el libre mercado no es necesariamente el mejor medio para crear sociedades más justas o más sanas. La nueva primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, afirmó el mes pasado que "si permites que los mercados decidan el destino de tu pueblo…, no le estás haciendo un favor al país o al pueblo". Las ideas marxistas han vuelto a entrar en el debate político.
Como expone Terry Eagleton en Why Marx Was Right (2011), el marxismo no trata de la revolución mundial violenta, dictaduras tiránicas ni fantasías utópicas irrealizables. Pienso que Marx interesa a la medicina por tres razones. En primer lugar, Marx plantea una crítica de la sociedad, un método de análisis, que permite explicar tendencias inquietantes de la medicina moderna y de la salud pública: la privatización de la sanidad, el poder de las élites profesionales conservadoras, el crecimiento del tecnooptimismo, el filantrocapitalismo, la importancia de los factores políticos determinantes de la salud, las tendencias neoimperialistas de la salud mundial, definiciones de la enfermedad en función del producto y la exclusión de comunidades estigmatizadas de nuestras sociedades. Estos aspectos de la sanidad del siglo XXI se estudian e interpretan mejor con una lente marxista.
En segundo lugar, el marxismo defiende un conjunto de valores. La libre autodeterminación del individuo, una sociedad igualitaria, el fin de la explotación, mayores posibilidades de participación pública en la adopción de decisiones colectivas, la negativa a aceptar la predeterminación de la naturaleza humana y la afirmación de nuestra capacidad de cambiar y un sentido de la interdependencia e indivisibilidad de nuestra humanidad común. Finalmente, el marxismo es un llamamiento a comprometerse, una invitación a unirse a la lucha por proteger los valores que compartimos. No hace falta ser marxista para apreciar a Marx. Ahora que se aproxima el bicentenario de su nacimiento, podemos estar de acuerdo en que la medicina tiene mucho que aprender de Marx.

Conmovedor mensaje a los jóvenes que se incian en la profesión | 05 ENE 18

Carta a los médicos residentes

Las palabras del Dr. Jorge Dietsh a los residentes del Hospital Regional de Mar del Plata Dr Oscar Alende en la despedida del año son un llamado a la consciencia de toda la comunidad profesional. ¿Cómo podemos disfrutar de una profesión que nos sumerge en el padecimiento y el dolor humanos
Autor: Dr. Jorge Dietsch Fuente: IntraMed 
Una escritora canadiense, Anne Michaels, en un hermoso libro, hace plantar flores a su protagonista.  De noche, a la luz de una lámpara y como si cometiera un delito, Jean coloca plantas en lugares públicos.  Lo hace para que, cuando florezcan, quien pase por allí perciba un aroma que le recuerde algún momento feliz de su vida.  Lo hace pensando en los inmigrantes, para que recuerden a su patria, a su infancia.
El Pastor, un personaje del libro “Todos los nombres”, de José Saramago, tiene una conducta extraña: en un cementerio, cambia las lápidas de lugar.  Y dice que hace eso para que los vivos se confundan.  Rezarían entonces ante la tumba de un muerto que no es el suyo, y ese muerto recibiría una oración inesperada.  Ninguno de ellos se quedaría sin una plegaria.
Llamé a esto, “algunas formas distintas de dar”. 
Yo no vi a los residentes de nuestro hospital plantar flores ni cambiar lápidas de lugar, pero sí los vi correr por los pasillos con un paciente en la camilla, buscando desesperadamente un ascensor para bajarlo a Terapia o al Shock Room. Los vi preparar un ateneo mientras controlaban, al mismo tiempo, el goteo de un suero con dopamina.  Los vi intentar devolver el alma que había huido del cuerpo de un paciente, pero que aún estaba allí, como esperando que ellos la pusieran de nuevo en su lugar.  Los vi comprometerse a fondo con los pacientes y pelear por ellos para conseguirles un turno en el quirófano, un estudio que el hospital no tiene, un medicamento necesario. Ese compromiso que se adquiere con firmeza cuando se trabaja en un medio adverso, en el que uno pone al paciente sobre  sus espaldas y avanza con él a cuestas. Cuando el esfuerzo por conseguir algo le otorga valor a lo que se obtiene. Cuando se construye con ese esfuerzo el interior de la persona, un interior apasionado, (por lo que hace y por lo que ama).
Los vi vestirse de alegría a pesar de la pena. Celebrar la vida aún en el dolor. Y los vi ponerse de novios y tener hijos, y los vi crecer y madurar...
Varias veces les mencioné al escritor checoeslovaco Julius Fucik, que en la cárcel, condenado a muerte por el nazismo, escribió en unos papeles que le daba a su mujer con la complicidad de un carcelero, un libro que ella publicó más tarde.  En ese libro dice: “Por la alegría he vivido, por la alegría he ido al combate, por la alegría muero, que nunca la tristeza sea atada a mi nombre”. Yo les mencioné a Fucik, simplemente por el temor de que algún día perdieran la alegría.   Porque sin ella, es muy difícil ser profesional de la salud.  Uno puede serlo, pero ser médico y al mismo tiempo ser feliz, sin la alegría es casi imposible.
¿Pero cómo podemos disfrutar de una profesión que nos sumerge en el padecimiento y el dolor humanos?  
Y aquí quiero recordar al queridísimo amigo y maestro Paco Maglio, que tanto nos enseñó, y que falleció hace pocos días, el 16 de este mes de mayo.  El decía que en la Historia Clínica, el sustantivo es la historia.  Que la clínica es el adjetivo.  Que lo esencial es la historia.  En la historia de un paciente está su vida, y si aprendemos a escucharla, en una sola vida, la nuestra, podremos vivir muchas vidas.  Tenemos la gracia de haber recibido ese don.  De poder escuchar al otro.  Paco decía que el consultorio debía de llamarse escuchatorio.
Hace pocos días les leí a los residentes de clínica el poema de Konstantinos Kavafis(1863-1933, Alejandría, Egipto) “Itaca”. Itaca, la isla de la que partió y a la que volvió Ulises, después de muchos años de aventuras y peripecias.  El poema dice así:
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Más no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

No teman a Lestrigones ni a Cíclopes, ellos no existen.  Sólo existen dentro del alma de uno, si uno les da un lugar y los construye.  Y de las personas, ahí sí, existen los malvados.  Cuando se enfrenten a uno, tampoco teman.  Piensen que debajo de su ropa está desnudo.
En Mar del Plata hubo un obispo, Monseñor Eduardo Pironio, hoy en proceso de beatificación, que en un artículo (Meditación para los tiempos nuevos) de 1977, escribió:“…vivamos con intensidad y amor esta única hora nuestra.  Ni nos debe asustar, ni podemos dejarla pasar sin asumirla plenamente con la alegría de la fidelidad.  …Es la alegría de vivir ahora y de preparar para las generaciones nuevas tiempos fuertes y fecundos”.  (Y él decía estas cosas en tiempos en que era amenazado de muerte por la triple A).     
Quiero decir con esto que no debemos tener temor de intentar que el mundo, o la pequeña parte del mundo en que nos toque estar, sea del tamaño de nuestros sueños.  Y vivir con intensidad y amor nuestra única hora.
Hagamos las cosas que nos proponemos. “Demos a los demás, al menos, la posibilidad de que nos critiquen”. (Kübler Ross).
José Saramago le dijo a Pilar del Río, la mujer que lo acompañó en los últimos 25 años:
“Se eu tiresse morrido aos sesenta e tres anos antes de te conhecer, eu teria morrido muito mais velho do que serei quando eu morrer”            
“Si yo hubiera muerto a los sesenta y tres años antes de conocerte, habría muerto mucho más viejo de lo que seré cuando me muera”.
Es decir que, para el querido José, el amor lo hizo más joven. Y agreguemos que no sólo el amor de la pareja, el amor erótico, sino el amor en general, el amor evangélico (“Un solo mandamieno os dejo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado”), será nuestra manera de vivir siempre con un corazón joven, con un alma joven. Creyendo siempre que el amor y la solidaridad nos harán no sólo trabajar mejor sino también más felices.
Y al fin, unas breves palabras del poeta mexicano, Jaime Sabines.
“No les deseo nada para el porvenir.  Deseo que puedan hacerse un pasado feliz.”  

  
El Dr. Jorge Dietsch se ha desempeñado como jefe de docencia e investigación del Hospital General de Agudos Dr. Alende de Mar del Plata, es un incansable educador en valores humanísticos en medicina. Ha escrito libros de literatura, trabajos científicos y columnas de opinión.

miércoles, 10 de enero de 2018

PSICÓLOGO DE TRIBUNA DE FÚTBOL

Dentro del amplio catálogo de ruindades que se han dicho sobre Diana Quer, de su hermana y de su madre, destaca, por sólo unos centímetros, una crónica abyecta en la que se contaba que la madre de Diana Quer frecuentaba un bar en el que las mujeres buscaban a hombres para casarse con ellos. No sabemos si la coincidencia de estas mujeres se producía con hombres que quedaban en aquella cafetería para, no sé, leer a Rubén Darío, hombres ínclitos de raza ubérrima.
Ocurre cuando no hay noticia, pero sigue habiendo morbo y audiencia. No hay nada que contar, pero hay que seguir contando como si hubiera algo nuevo que contar.
¡Qué puntería! que siempre se pone el foco en la mujer, la mujer culpable, sentenciada antes de encontrar su propio cadáver, el de su hija, el de su hermana. La madre de Diana Quer le decía a su hija que se tomara un “orfi”, y ahí parecía asomar la culpa. Contaban que la hoy asesinada tenía, al parecer, querencia por los malotes, que se llevaba mal con su hermana y las dos con su madre, que las tres eran unas histéricas. Sospechosas.
No tardó mucho en salir la especie de que Diana buscaba fuera de la familia el cariño que no encontraba en su familia. ¡Qué nivel de conocimiento hay que aparentar para escribir eso! Es como meterse en la cabeza de un suicida. El psicólogo de guardia dijo que Diana era depresiva y tenía la autoestima por los suelos. Humm. Más delitos.
Por supuesto, el hecho de que sus padres estuvieran separados –ella buscando otros hombres, en bares de hombres, se contaba, cercanos al lugar en el que apareció el móvil de su hija, él se supone que embebido en la hermenéutica de Rubén Darío –también influía poderosamente en la trama de sospechas sumadas sobre Diana Quer. Diana presentada como culpable de sí misma. Culpable sentenciada, sin posibilidad de defensa. Diana y su madre, las malas de la película; la hermana de la asesinada, sospechosa secundaria.
Mientras las tres mujeres eran criminalizadas, el padre miraba a cámara con la solvencia del que se siente libre de las miserias de las tres hembras, como un actor de culebrón, cuerdo en un mundo de locas. Miraba a cámara previo pago de un asesor de imagen y solemnizaba que él era el único que se mostraba emocionalmente solvente ante una situación desgarradora.
La madre de Diana Quer, como si tuviera afasia, era sospechosa por el destrozo de la desaparición en el relato de algunos medios. Llegó a comparecer acompañada por otra mujer, una amiga, que trataba de explicar que lo estaba pasando mal, que ella no era la culpable y que deseaba que su hija volviera. Secuencia de obviedades difíciles de transmitir por una mujer devastada por la pérdida y enfocada como potencialmente culpable. En medio, le quitaron la custodia de su otra hija y el padre cuerdo y asesorado dijo: ya era hora, demasiado tarde.
Cuando un hombre asesinó a una mujer en El Salobral (octubre 2013), hubo quien escribió que era una muerte “pasional”, que la cría estaba “muy desarrollada”, que en su perfil escribía de sí misma “oscuridad”, que era “gótica”, que su madre estaba “separada”, que “la tuvo muy joven”. Verdades consecutivas que construían una enorme mentira: la asesinada era culpable. (Decían otras cosas de la chavala asesinada, pero me niego a reproducirlas).
El asesino, apodado el “Fraguel”, era relatado como “amigo de sus amigos” -la noticia sería que fuera enemigo, digo yo-, que le gustaban las motos, que tenía destreza en el manejo de las armas y que ya había dicho muchas veces que la mataba  -vamos, que era coherente-, serie de verdades que construían la mentira de que era un tío enrollao. Sus amigos engominados así le describían después de que asesinara a su novia, después de que esta le dijera que ya le valía, que cortaba.
Hay crónicas que dicen, en otros crímenes machistas, que sorprendía que un hombre hubiera asesinado a su mujer, cuando eran una familia “estructurada”. Otro día quedamos y nos explican qué es lo que es, eso de estructurada.
El caso es que antes de que apareciera el presunto culpable del asesinato de Diana Quer -un homínido reincidente-, detenido gracias a su redundante reincidencia, ya se había establecido una alineación de culpables que empezaba por la propia víctima, por su madre y por su hermana.
No pasa nada. Ojalá no vuelva a ocurrir lo mismo, pero seguro que algunos lo contarán igual.

UN VIEJO REFRÁN "NADA PEOR QUE UN MEDICO DE LA CÁRCEL"


El preso resucitado en Asturias: "Lo primero que recuerdo es estar en una bolsa negra"


Gonzalo Montoya, el joven que fue dado por muerto en la prisión de...
Gonzalo Montoya, el joven que fue dado por muerto en la prisión de Villabona (Asturias) E.M.

"Lo primero que recuerda es que estaba dentro de una bolsa negra. Como no podía hablar, empezó como a hacer rugidos. Entonces un médico comenzó como a notar los rugidos y abrió la bolsa cuando lo tenían ya para hacerle un autopsia y el médico se asustó mucho. Mi marido se puso a chillar y a sacar los brazos fuera de la bolsa y luego comenzaron a ponerle aparatos y medicamentos para recuperarlo".
Así ha contado Gonzalo Montoya a su esposa su increíble resurrección en el Instituto de Medicina Legal de Oviedo, el pasado domingo, cuando estaban a punto de realizarle una autopsia. El joven, de 29 años, amaneció aparentemente muerto en su celda del centro penitenciario de Villabona (Asturias) después de que se tomara un puñado de pastillas con la intención de quitarse la vida. Dos médicos de la prisión lo dieron por muerto y así lo certificó también el facultativode la comisión judicial que acudió a Villabona para ordenar el levantamiento del supuesto cadáver.
"Hablando en plata, casi me matan a mi hijo, casi me lo asesinan, porque él estaba vivo. No sé cómo estos dos médicos que certificaron que él estaba muerto lo pudieron pasar por alto, más el juez que enviaron a la cárcel...", cuenta atropelladamente José Carlos MontoyaPepe, padre del protagonista de esta increíble historia, aún aturdido por el shock de haber creído durante unas horas a su hijo muerto.
"Lo metieron en la bolsa, lo trasladaron en una funeraria hasta llevarlo a las autopsias, me lo metieron en la congeladora y, luego, cuando le iban a hacer la autopsia, ya marcado, al sacarlo de la bolsa para ponerlo encima de la camilla, mi hijo dio señales de que estaba vivo, se movió y roncó. E inmediatamente lo pasaron para el Hospital Central de Asturias. Y por eso ahora mi hijo tiene tocado un poquito el riñón, de meterlo en la nevera ha cogido la enfermedad esta del frío [neumonía] y le han sacado un montón de líquido de la espalda, está completamente desfigurado, muy hinchado...».
Situémonos un día antes de los hechos, el sábado 6 de enero, día de Reyes. La esposa de Gonzalo, Catia Tarancón, de 30 años, lo visita en prisión y le lleva, tal y como él le ha pedido, algunas fotografías de los cinco hijos de la pareja, de entre 15 y cuatro años. Al mayor, Marcos, lo tuvo Gonzalo cuando sólo tenía 14. "Yo lo vi triste, llorando por los críos, que tenía ganas de estar con los críos, 'ya te queda poco, estoy hay que pasarlo'... Lo vi triste, pero esto no me lo esperaba... Es que se murió y resucitó otra vez", cuenta la esposa, aún aturdida por lo sucedido. Pronunció también Gonzalo unas palabras en las que Catia entonces no reparó: "Mañaña [por el domingo] me sacan para afuera". "Y, efectivamente, salió, pero muerto", interviene Pepe, el padre.


Varios intentos de suicidio

A la familia no le sorprendió el estado de ánimo de Gonzalo, que arrastra, según explican los Montoya, un complicado historial psicológico y varios intentos de suicidio previos. "Esta vez se tomó un bote de pastillas de su medicación", explica Catia. "Allí en Villabona se las tomaba para los nervios, para dormir. Él tiene claustrofobia y ataques epilépticos, no puede estar encerrado en una celda, y hacía tres días que a su compañero le dieron la libertad y se agobió mucho... No sé que pasó que al día siguiente lo encontraron muerto".
La familia cuenta que Gonzalo ya había intentado suicidarse o lesionarse anteriormente al menos en dos ocasiones. Nada más entrar en prisión, aseguran, quiso colgarse con una cuerda pero un preso lo vio y se lo impidió. Otra vez se cortó en un brazo en presencia de varios funcionarios. Visto este historial, resulta sorprendente que manejara un bote de pastillas, según asegura la familia. "Cada vez que voy a comunicar con mi hijo me las enseña, seguramente le dan para 15 o 20 días. Las cogió y se las comió todas, muchísimas", dice el padre.
Preguntados por el manejo de la medicación que tenía Gonzalo y por la actuación de los médicos de prisión en el caso, Instituciones Penitenciarias sólo responde que, "como sucede con cualquier incidente en prisión, se ha abierto una investigación para el esclarecimiento de los hechos". Los Montoya, por su parte, han contratado los servicios de un despacho de abogados, que está estudiando el caso con vistas a emprender acciones legales. "Pido, como padre, ya que le queda muy poco para cumplir su condena y por lo que pasó, porque lo dieron por muerto, el indulto", dice Pepe.
A Gonzalo Montoya Jiménez, el pequeño de cuatro hermanos, todos chicas menos él, lo apodaron nada más nacer El Chino. "Tenía los ojos tan achinados que empezamos a decir 'este no es hijo de un gitano, es hijo de un chino'", cuenta su padre. La familia, perteneciente a un clan gitano muy arraigado en Asturias, se ha dedicado siempre a la venta de chatarra. Fue precisamente un robo de chatarra, "en Central Lechera Asturiana", según explica el progenitor, lo que lo llevó a prisión con una condena de tres años y seis meses de cárcel, de la que sólo le quedan seis meses por cumplir.
A decir de los Montoya, en este tiempo no ha disfrutado de ningún permiso penitenciario. "Secuelas le van a quedar y bastantes. Lo que quiero es que lo saquen para casa, para que no lo vuelva a repetir", pide su esposa. Tras varias horas en un refrigerador mortuorio y dos días en la UCI del HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias), el martes por la tarde, Gonzalo Montoya fue trasladado a planta.

martes, 9 de enero de 2018

TODAS SON UN NIDO DE CORRUPCION,SIN EXCEPCIONES

Sospechas por los pagos de la industria a las revistas médicas especializadas

Los médicos españoles debaten sobre el impacto de la financiación de las farmacéuticas a las publicaciones de referencia y su impacto en las guías de actuación

Foto: Un médico prescribiendo medicamentos. (iStock)
Un médico prescribiendo medicamentos. (iStock)
Cerca de dos tercios de las principales revistas médicas especializadas de Estados Unidos recibieron grandes cantidades de dinero de la industria farmacéutica desde 2013 a 2016. Alguno de sus editores, hasta 11 millones de dólares. Las nuevas leyes de transparencia aprobadas en ese país, al igual que en Europa, permiten recopilar estos datos, en este caso, al 'British Medical Journal', que publicó la información a finales del pasado mes de octubre. Un estudio detallado por publicación (hasta 52 son las revistas que percibieron dinero, todas ellas muy prestigiosas y de referencia en su sector) y especialidad cuyos resultados resultan bastante sorprendentes y para algunos facultativos “alarmantes y escandalosos, incluso casi apuntan a lo delictivo”.
El pasado 5 de enero, el prestigioso catedrático de imagen cardíaca de la Universidad Complutense de Madrid Miguel Ángel García Fernández, entre otros muchos doctores, lo compartió en sus redes sociales sin añadir ningún comentario. También bastantes facultativos españoles han participado activamente en el debate que se ha generado sobre las posibles consecuencias de esta financiación a los medios que hablan y recomiendanlos medicamentos que fabrican las mismas empresas que en mucha medida los financian. “Muchas de esas publicaciones no tienen una política clara y transparente que explique su manera de financiarse”, señalan los especialistas. Algunos apuntan a prácticas fraudulentas e, incluso, directamente delictivas. Los editores de estos medios deciden cuestiones clave como a qué estudios se les da prioridad y por tanto mucha mayor difución y visibilidad.
Una guía médica, con sus nuevos parámetros, colocaba bajo la etiqueta de enfermos a casi la mitad de la población
Algunos de los doctores españoles consideran que este tipo de relación monetaria explica en gran medida los “sorprendentes” cambios en algunas guías médicas. Por supuesto, también hay muchos otros que reivindican la utilidad e independencia de las mismas y que se lamentan de que se "esparzan sospechas". Carlos Martínez, cardiólogo, apunta por ejemplo a la última sobre la hipertensión en EE UU, que con sus nuevos parámetros, colocaba bajo la etiqueta de enfermos a casi la mitad de la población, por lo tanto, a muchísima más gente susceptible de recibir medicación. “Así se explican muchas de estas revisiones”, precisa Martínez.
En concreto, la citada guía de la hipertensión “tiene cosas tremendamente discutibles”, explica el cardiólogo. Y casi todas ellas apuntan a un interés de las farmacéuticas. “Algunas cosas son incluso contraproducentes. La más sangrante es la de considerar enfermo a un mayor de 80 años con 13 o 14 de tensión con base en un solo estudio clínico que además mostró efectos secundarios. Eso va en contra incluso del sentido común médico porque puede provocar daño renal, cerebral e incluso llevar a la muerte”.

Cardiología, la más financiada

El debate sobre la relación entre médicos y la industria es en general bastante complejo y mezclado. “Se tienden a confundir conceptos y a meter todo en el mismo saco, de tal manera que se señala al doctor como un tipo enriquecido gracias a oscuros intereses y eso no es lo habitual”, apunta Martínez, que cree que “conviene diseccionar el debate y no juntar todo en el mismo saco”. Se refiere a los abundantes foros en los que se discute la prohibición de que se sufrague a los médicos su presencia en eventos de tipo académico, cosa que algunos lobbies de la industria médica (en concreto, la unión de empresas de tecnología Eucomed) ya han dicho que lo dejarán de hacer desde este año 2018.
Las leyes de transparencia, tanto en Estados Unidos como en Europa, aún dejaban fuera casi el 80% de los montantes que se pagaban
Precisamente, por especialidades es cardiología la que arrojó una mayor cantidad de dinero invertido por la industria en un solo individuo, según el promenorizado estudio del BMJ. Un solo editor de una revista enfocada en esta especialidad cobró más de diez millones de dólares. El siguiente pago más cuantioso a un solo individuo fue a un especialista en ortopedia, con algo más de un millón y medio. Con la suma total, es endocrinología la que lidera el montante percibido. Sorprendentemente, apunta el artículo original del 'BMJ' "no hemos hallado montantes tan elevados en especialidades que exigen mucha investigación y esfuerzos como oncología".
Algunos de los médicos que han participado en los debates en las redes de estos días ironizaban: "Nadie se lo podía esperar". Lo cierto es que el primer estudio de la publicación británica denunciando estas prácticas data de 2016 y su ampliación, de hace algo más de dos meses. Las recientes leyes de transparencia, tanto en Estados Unidos como en Europa, aún dejaban fuera casi el 80% de los montantes que se pagaban a los doctores por diversos conceptos amparándose en la ley de protección de datos. Sin embargo, eso ya no va a ser así a partir de este año de 2018, pues Farmaindustria ha recibido autorización para desglosar los pagos de la Agencia Española de Protección de Datos. Antes ya se hacían públicos los de aquellos que autorizaban voluntariamente a ello.
REFLEJO DE LA DESIGUALDAD

Carme Borrell: «Hay más cáncer y alzhéimer entre las personas con menos recursos»

La gerente de la Agència de Salut Pública de Barcelona alerta de que la falta de recursos acorta la esperanza de vida

La institución elabora un censo sobre las ratas que hay en la ciudad, ante la sospecha que aumenta esa presencia


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Carme Borrell, gerente de la Agència de Salut Pública de Barcelona.  / JOAN CORTADELLAS
–¿Cómo influye en la salud de las personas la situación socioeconómica? Hay abundante bibliografía científica que demuestra que la desigualdad influye en la salud. Al hablar de salud de las personas , hay que tener en cuenta los factores que la condicionan. Esos factores están fuera de los servicios sanitarios.
–¿Cuáles son? Las condiciones en que vives. El país donde naces, el trabajo que haces y si lo haces en casa o fuera, el barrio donde está tu casa. Todo eso.
–¿Eso es lo más determinante? Lo predominante. Los servicios sanitarios pueden paliar el sufrimiento cuando estás enfermo, pero, antes, todos esos condicionantes pueden evitar, o no, que enfermemos.
–¿Más que la genética? La genética interviene, pero hay cosas incuestionables. La esperanza de vida de una persona que ha nacido en el África negra es de 40 años   y eso no es por la genética sino por las condiciones que lo rodean. La esperanza de vida de un europeo es de 80 años. Esas diferencias tan enormes de ninguna manera se pueden explicar por factores individuales.
–La desigualdad social nunca ha interesado mucho a los políticos. No. Pero ahí está. La Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB) hace muchos años que investiga el tema, pero con poca repercusión. No se incorporaba a la agenda política, como sí ocurre ahora.
–¿Que sucedió? Yo creo que el cambio se produjo a partir del 15–M. Ese movimiento incidió mucho en la desigualdad. A eso se sumó la crisis económica y el tema pasó a ser muy importante.
–¿En qué se traduce en Barcelona? Comparando los barrios, observamos que en los de bajo nivel socioeconómico la salud de los ciudadanos es peor que en el resto de barrios. Y hay diferencias sustanciales en la esperanza de vida en unos y otros.
–¿Qué diferencia? De hasta cuatro años de vida.
–¿De qué barrios se trata? Sarrià-Sant Gervasi, Pedralbes y Les Corts entre los de nivel alto, y Nou Barris y Ciutat Meridiana entre los peor situados en ese aspecto. En algún momento se llegó a decir que esa distancia vital era de hasta 11 años entre los barrios extremos.
–¿Qué es la esperanza de vida? Los años que se espera que viva una persona en el momento de nacer. En Barcelona, esa expectativa óptima se sitúa en los 86 años para las mujeres y 80 los hombres. Cuatro años menos en los barrios más pobres: 81 y 75 años, respectivamente.
–¿En qué se percibe el efecto de la desigualdad social? En todos los indicadores de salud. Enfermedades transmisibles, salud mental, embarazos entre adolescentes, tuberculosis, bajo peso al nacer, mortalidad prematura... Todo esto tiene un determinante social.
–¿Qué determinantes predominan? Paro laboral. Población con bajos estudios, la que no va a votar.
–¿Eso influye en la salud? Si. Esa persona tiene una situación social que hace que no cuide su salud como debería.
–¿Se traduce en enfermedades? Si. Hay más cáncer, diabetes o alzheimer entre las personas con menos recursos. La incidencia de la mayor parte de enfermedades cambia en función del nivel socioeconómico. Con algunas excepciones. Por ejemplo, el cáncer de mama.
–¿Qué ocurre con ese cáncer? Está relacionado con la edad en que se tienen los hijos. Hay más incidencia entre las mujeres que son madres a mayor edad, un fenómeno sucede más entre las mujeres de clase alta. Hasta hace poco, hubo más cáncer de mama en ese sector. Ahora está cambiando. Y lo mismo pasa con el tabaco y el cáncer de pulmón.
–¿Qué ocurre? El consumo de tabaco se inició entre los hombres de clase privilegiada y de ellos pasó a las mujeres de nivel económico alto. Después, ese consumo se invirtió y pasó a predominar entre hombres y mujeres de las zonas más empobrecidas.
–¿Y en el caso del cáncer? En la mayoría de cánceres se produce ese desfase: afectan más a los pobres. Esto está relacionado con los hábitos de las personas. El consumo de tabaco, causante del cáncer de pulmón, no es solo un hábito individual, sino que está muy relacionado con tus circunstancias sociales.
–Las circunstancias. Si son malas, no tienes capacidad para plantearte dejar de fumar. Si no tienes trabajo, si con tu salario no llegas a fin de mes... el hecho de fumar pasa a ser algu muy secundario. Por eso no hay que culpabilizar.
–¿Se ha culpabilizado? Si. Se ha incidido mucho en la culpabiliación: como no haces ejercicio físico, bebes mucho y fumas te pasará esto y lo otro. En la ASPB eliminamos las culpas e intentamos cuidar los entornos para que esos individuos puedan tener un estilo de vida saludable.
–Pero la ASPB no tiene competencias sanitarias. Son de la Generalitat. No tenemos competencias en salud, ni en planificación urbanística, ni en transporte público, pero podemos hablar con todos esos sectores.
–¿Son la voz de la conciencia? Introducimos el punto de vista de la salud en todos esos ámbitos. Nuestro objetivo es proteger la salud de los ciudadanos de Barcelona, eliminar los riesgos del entorno.
–Eso es muy amplio. Si. Abarca desde lo que se vende en los mercados, en especial Mercabarna, hasta el control de lo que venden los supermercados y la industria. Pequeñas tiendas, restaurantes. Somos la policía sanitaria de toda la actividad alimentaria de esta ciudad.
–¿Lo inspeccionan todo? No podemos estar en todas partes,  pero sí inspeccionamos periódicamente, aleatoriamente. Y siempre que hay una denuncia, vamos. En Mercabarna no se mata una ternera si no está nuestro veterinario presente. En el laboratorio de Dressanes analizamos alimentos, aire y agua. Y controlamos el ambiente.
–¿El ambiente? A través del servicio de control de plagas, sobre todo, ratas y garrapatas. Las ratas nos traen de cabeza. Es un tema que molesta. Antes teníamos el asunto de las palomas: se tiende a no matarlas sino a reducir su procreación. Se está ensayando con ellas un pienso anticonceptivo. Es importante reducir el número, porque las palomas pueden traer enfermedades, y la ciudad está llena.
–¿Y las ratas? Ese es otro problema. Intervenimos en cloacas, en sus nidos, en los parques y siempre que los vecinos nos avisan de que ven ratas. Aplicamos los venenos autorizados. Nos interesaría saber cuántas ratas hay en Barcelona. Lo desconocemos.
–¿Cómo las contarán? Estamos haciendo estudios dirigidos a conseguir un censo de ratas. Haremos recuentos periódicos para saber si aumenta o disminuye la población de ratas. De momento, lo que nos consta es que cada vez hay más denuncias. Nuestra percepción es que el fenómeno aumenta.
–¿Cada vez hay más ratas? Eso sospechamos. El Ayuntamiento ha dedicado un presupuesto extraordinario a este tema, porque preocupa. No hay nada más molesto y que inquiete más a ciudadanos y políticos que ver ratas por la calle.
–¿Los ciudadanos aceptan las medidas de control de la calidad del aire? Ayuda a que las acepten el hecho de que se expliquen desde el punto de vista de la salud de las personas. Alertar de que la contaminación mata facilita que se asuman las medidas. Pasa igual con el ruido.
–¿Barcelona es una ciudad ruidosa? En algunas calles de Ciutat Vella los sonómetros indican que de noche llegan a estar por encima de los límites que recomienda la OMS. El ruido no deja dormir y provoca trastornos mentales y cardiovasculares.