domingo, 1 de abril de 2018

La riqueza del comportamiento sexual humano en el Paleolítico

Hasta hace muy poco tiempo los hábitos sexuales de los homínidos permanecieron silenciados en casi todos los niveles, desde los libros de texto o manuales hasta los trabajos de investigación.

Juguetes eróticos. Exposición Sexo en piedra
Juguetes eróticos. Exposición Sexo en piedra
Tras los trabajos publicados en este blog sobre violencia, machismo y patriarcado en el paleolítico, abordamos la cuestión de la sexualidad en ese periodo donde tanto se gestaron precedentes básicos de la actual humanidad.
En los estudios sobre evolución humana, hasta hace muy poco tiempo los hábitos sexuales de los homínidos permanecieron silenciados en casi todos los niveles, desde los libros de texto o manuales hasta los trabajos de investigación. Se explica que aún se evitasen más en los medios de divulgación científica, a los que tiene acceso el gran público.
Los expertos consideraron, al menos en apariencia, que a lo largo del Paleolítico (2,5 millones de años a unos 10.000, antes del presente), el comportamiento sexual había sido un proceso biológico cuyo único fin era la reproducción. Hoy, sin embargo, se admite que las cosas no fueron así. Un número creciente de investigadores ya reconoce abiertamente que «en este ámbito, y durante mucho tiempo, hubo notables tabúes y abundantes prejuicios».
Los estudios más recientes señalan que, además de la necesidad de copular para asegurar la continuidad de la especie, los humanos del pasado lejano también hicieron uso de su imaginación y exploraron las posibilidades de sus cuerpos. Como recurso a esas prácticas probablemente empezaron a tener un comportamiento sexual similar al actual. El sexo dejaría entonces de tener solo carácter reproductivo e incluiría también la búsqueda del placer y el erotismo.
Uno de los codirectores del proyecto Atapuerca, el conocido biólogo José María Bermúdez de Castro, por ejemplo, se pregunta: «¿Cuándo hemos desligado la erótica sexual de la reproducción? ¿Cuándo se convirtió en un paso más del comportamiento del cortejo que precede al acto sexual en otras especies?». Según su criterio, y el de otros colegas, es difícil fijar con precisión cuando las prácticas sexuales dejaron de estar exclusivamente destinadas a la reproducción y estimar épocas de cuando surgió el erotismo. Este cambio, sin embargo, tendría una gran trascendencia, puesto que la sexualidad se convirtió desde entonces en una vía de comunicación y de establecimiento de lazos sociales, o sea, en un fenómeno antropológico y sociológico.
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Camarín de las Vulvas. Cueva de Tito Bustillo. Ribadesella (Asturias)
El respetado arqueólogo Eudald Carbonell, otro de los codirectores del proyecto Atapuerca, sostiene: «En nuestra especie, el sexo era y es todavía un factor básico para fomentar nuestra sociabilidad. Ha jugado un papel como mecanismo puntual a la hora de transformar socialmente el comportamiento humano específico y posiblemente todavía desempeñe este rol». También este experto considera que el sexo es un elemento fundamental para favorecer la sociabilidad. Asimismo, Carbonell señala que «la sexualidad es mucho más antigua que las primeras herramientas de piedra».
En realidad, saber cómo se comportaron nuestros antepasados más remotos en este aspecto es sumamente difícil porque no se conservan evidencias empíricas. Sin embargo, cuando nos acercamos al Paleolítico superior en Europa (hace entre unos 40.000 y 10.000 años), los expertos empiezan a encontrar una maravillosa fuente de información: el arte prehistórico. Se trata sobre todo de pinturas rupestres, dibujadas o grabadas en las paredes de las cuevas o abrigos en que habitaron, o de pequeñas esculturas meticulosamente talladas.
Estas asombrosas imágenes, que se han hallado a lo largo de casi toda Europa, fueron realizadas por Homo sapiens, es decir, humanos modernos y por tanto anatómica y fisiológicamente iguales a nosotros. Los expertos sostienen que esas obras de arte constituyen verdaderos documentos gráficos para entender cómo vivían y se relacionaban aquellas personas. Pero advierten, asimismo, que solo hacen referencia a nuestra propia especie y no a otros representantes más antiguos del género Homo.
Hecha esta salvedad, es interesante resaltar que en el arte europeo del Paleolítico superior se han observado numerosas escenas de tipo sexual. Y, pese a que su descubrimiento empezó hace más de un siglo, hasta hace muy poco tiempo se ha tratado de ignorar u omitir su verdadero significado.
En el arte paleolítico europeo, llama poderosamente la atención que las representaciones femeninas fueron, junto a los grandes herbívoros, uno de los principales temas reflejados; en comparación, las imágenes masculinas o indeterminadas (no puede establecerse su sexo) tienen una presencia mucho menor. Dado que los estudiosos consideran que la iconografía paleolítica constituye una documentación prehistórica de incalculable valor, cabe indagar sobre qué nos dicen acerca de las mujeres de aquellos lejanos tiempos.
Antes de continuar, no podemos pasar por alto en este aspecto, como muy bien señalara ya en 1938 el investigador francés E. Passemard, que estas imágenes, obra de sociedades muy remotas, derivan de la propia mentalidad de aquellos tiempos y esto hace que puedan ser inescrutables para las mentes de las sociedades actuales. O lo que es lo mismo, la prudencia es muy necesaria ante supuestas interpretaciones basadas en la polarización referencial y universalidad del presente.
Las imágenes femeninas en los comienzos del arte
En el año 1979, el reconocido prehistoriador francés Henri Delporte (1920-2002), hacía referencia al menor volumen de representación de imágenes masculinas frente a las femeninas; pero además, añadía que también puede observarse la mayor calidad con que estas últimas están representadas en su variada morfología. Veinte años más tarde, en 1998, el antropólogo Jean Pierre Durhard enumeraba que solo para Francia el inventario lo componían unas doscientas figuraciones femeninas frente a setenta y tres de sexo masculino, ya fueran parietales (dibujadas o grabadas en las paredes) o muebles (pequeñas esculturas transportables). También destacaba el realismo de las imágenes femeninas en comparación con las masculinas, en las que la única parte del cuerpo que se remarca es el falo.
riqueza-del-comportamiento-sexual-humano-paleolitico-3En esta misma línea, el arqueólogo y prehistoriador español, Eduardo Ripoll Perelló (1923-2006), en su libro Orígenes y significado del arte paleolítico (1986), sostiene que el volumen de documentos compuesto por representaciones femeninas «ante todo pone en evidencia el lugar preeminente de la mujer en la sociedad paleolítica». El autor apunta, asimismo, que en cuevas y abrigos de Francia se han descubierto profundamente grabadas en piedra, vulvas muy antiguas, entre 35.000 a 30.000 años, en las que puede detectarse un notable esfuerzo de realismo visual.
De hecho, las figuraciones que representan lo femenino abarcan una extensa cronología: aparecen en todas las fases del Paleolítico superior, ya sea en las paredes de las cuevas o en el arte mueble. A veces se trata de figuras realistas, otras veces son muy estilizadas y, como es conocido, la mayor concentración de representaciones de mujeres corresponde a las llamadas Venus o estatuillas paleolíticas, esas pequeñas tallas femeninas encontradas en todo el ámbito europeo occidental.
Gran parte de la iconografía descubierta muestra escenas de la vida sexual durante el paleolítico, permitiendo observar cómo fue evolucionando con el transcurso del tiempo. Así, las imágenes más antiguas tienen que ver con la función reproductora. Los grabados únicamente ofrecen un aspecto descriptivo de procesos fisiológicos que parecían conocer perfectamente. Por ejemplo, en una cueva francesa se han descubierto tres dibujos que simbolizan sendas etapas del proceso del parto, desde la dilatación de la vagina hasta el momento de dar a luz, donde se detecta emergiendo la pequeña cabeza de una criatura.
A medida que el tiempo transcurre, los dibujos observados en las paredes de las cuevas van cambiando y empiezan a encontrarses escenas amatorias. El arte del Paleolítico superior europeo deja ver una evolución desde las descripciones de procesos fisiológicos más antiguas hasta mostrar personas practicando sexo por placer. Así, en el último tramo de este periodo (hace entre 12.000-10.000 años), los artistas entraron de lleno en la representación de un amplio abanico de posturas eróticas (que algunos autores han llamado con humor «el Kamasutra del Paleolítico»). Son claras evidencias de que la reproducción de la especie ya no era el único motivo por el que los habitantes de las cavernas practicaban el sexo.
Lo que el arte paleolítico nos revela
Líneas atrás se apuntaba que conocer en profundidad el comportamiento sexual de la humanidad en el pasado lejano y su evolución desde otros homínidos, es tarea difícil y lenta. Sin embargo, como subrayaba Rafael Arribas en 2010, para distintos autores «la ciencia avanza en éste, como en otros campos, con pasos seguros cada vez más libres de prejuicios y tabúes».
riqueza-del-comportamiento-sexual-humano-paleolitico-4(Foto: Las bailarinas)
Ciertamente, el estudio cuidadoso de las imágenes paleolíticas ha «sacado del armario» indicios que sugieren que el sexo homosexual, tanto femenino como masculino, era habitual en el Paleolítico superior. Teniendo en cuenta la terrible persecución históricamente ejercida sobre este aspecto de la sexualidad humana, no es materia menor subrayar que el arte lésbico se ha descubierto en muchos sitios. Así, por ejemplo, en diversas cuevas o abrigos franceses se han encontrado imágenes de hasta 27.000 años de antigüedad de mujeres en actitudes de afectividad voluptuosa. En Gönnersdorf, un yacimiento alemán en la orilla del Rin, han salido a la luz decenas de placas que reflejan parejas de mujeres mostrando distintos grados de afectividad sensual. Una de ellas, de 12.000 años de antigüedad, se coloca entre las piezas de arte paleolítico más hermosas encontradas. Bautizada con el nombre de Las bailarinas, representa a dos mujeres que danzan cariñosamente enlazadas. Aunque en número mucho menor, los estudiosos han encontrado también diversas figuras masculinas que translucen comportamiento homoerótico.
Algunos autores opinan que el estudio de la prehistoria ha sido, en cierto modo, homófobo, por lo poco que el arte lésbico y homosexual se ha tratado hasta las últimas décadas. Al respecto, el citado arqueólogo Eudald Carbonell opina: «Me sorprende el silencio que rodea a la homosexualidad en el Paleolítico. Imagino que hay que atribuirlo a la cultura dominante, esto es, la judeocristiana».
riqueza-del-comportamiento-sexual-humano-paleolitico-5En su libro titulado El sexo social (2010), Carbonell, que también es director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, argumenta respecto a las relaciones entre personas del mismo sexo, que: «En los mamíferos y, en concreto, en los primates, se da la homosexualidad. Y nosotros hemos heredado toda la variabilidad del comportamiento sexual del género Homo».
Por otra parte, también es interesante que tengamos en cuenta que los testimonios del arte rupestres no son la única fuente de información con que cuentan los expertos. Igualmente se conservan objetos que tras someterse a meticulosos estudios se han identificado como juguetes eróticos. En su mayoría son elementos fálicos fabricados con distintos materiales como piedra, hueso o astas de renos, siendo el más antiguo el falo de Tübingen, descubierto en el interior de la cueva de Hohle Fels, en Alemania, y que posee una antigüedad de unos 28.000 años. Se trata de un objeto cilíndrico exquisitamente esculpido en piedra, de unos veinte centímetros de largo por tres de diámetro; añadamos que los expertos lograron reconstruirlo por completo a partir de la cuidadosa unión de catorce fragmentos. Una vez armado el valioso «puzle», reveló un delicado trabajo de talla y pulido que, junto a sus dimensiones, llevó a la conclusión que se trataba de un auténtico y artístico juguete sexual.
Estos artilugios evidencian la similitud simbólica entre aquellos lejanos humanos y nosotros. Cabe pensar, con cierta sonrisa, que no hemos inventado tanto como a veces creemos. No obstante, en lo que sí difiere el sexo en la prehistoria del que en la actualidad concebimos, es en que en aquellos tiempos el comportamiento amoroso parecía totalmente desinhibido.
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Los especialistas razonan que todo parece indicar que no se trataba de una práctica que supusiera tener que esconderse para realizarla. Prueba de ello es que los arqueólogos defienden que los asentamientos prehistóricos no incluían ningún espacio destinado a la privacidad. Además, como ha señalado el doctor en prehistoria por la Universidad del País Vasco, Marcos García Díez, coordinador de las cuevas prehistóricas de Cantabria: «No se escondían, como nosotros. […]. Por ejemplo, diversos grupos de cazadores recolectores actuales tienen relaciones sexuales en sus cabañas, pero éstas están abiertas, de manera que si alguien pasa y mira no sucede nada, seguramente como ocurría en el Paleolítico» (Cristina Saéz, 2011).
En suma, la investigación arqueológica y las interpretaciones más novedosas realizadas por distintos especialistas, revelan que las prácticas sexuales durante el Paleolítico superior fueron mucho más ricas y diversificadas de lo que una historiografía teñida de una excesiva prudencia, y quizás hasta de cierta mojigatería, nos ha venido contando.
En esta misma línea, el citado investigador de Atapuerca, José María Bermúdez de Castro, ha señalado que las investigaciones más recientes «nos ayudan a desmitificar hechos tan comunes y naturales como el erotismo o la homosexualidad, que estuvieron presentes sin tapujos en la llamada Edad de Piedra. La mayoría de las culturas “modernas” se han empeñado en esconder y convertir en reprobable y censurable lo que un día fue uno de los mayores descubrimientos de Homo sapiens y quién sabe si también de otras especies, como los neandertales».
Las cosas, afortunadamente, están cambiando. Prueba de ello es el meritorio trabajo expuesto hace unos años en Atapuerca. Veamos.
Sexo en piedra en Atapuerca
riqueza-del-comportamiento-sexual-humano-paleolitico-7En el verano de 2014, tuvo lugar en el Centro de Recepción de Visitantes de Atapuerca (Burgos), una exposición titulada Sexo en piedra, la cual ofreció al público un bello e instructivo recorrido por la historia sexual de la humanidad. La muestra estuvo basada en el libro de divulgación científica, también titulado Sexo en piedra con el subtítulo de Sexualidad, reproducción y erotismo en época paleolítica. Interesante obra escrita por el citado prehistoriador Marcos García Díez y por Javier Angulo Cuesta, médico y cirujano interesado en el arte paleolítico. Sobre dicho libro puede leerse una reseña escrita por la periodista Marta Nieto en el diario El País.
La obra de García Díez y Angulo, publicada en 2005, cuenta con 192 páginas y numerosas fotografías en color; los autores afirman que precisamente «en sus imágenes se encuentran las bases de nuestro comportamiento sexual». Bajo la coordinación de estos estudiosos, se expusieron en Atapuerca diversas piezas representativas procedentes de toda Europa, y cuyo principal objetivo fue que el público pudiera contemplar los ricos y  múltiples aspectos de la conducta sexual de nuestros antepasados
riqueza-del-comportamiento-sexual-humano-paleolitico-8El gran despliegue iconográfico puso de manifiesto, sin lugar a dudas ni falsos pudores, que los humanos de finales del Paleolítico habían dejado de relacionar el sexo sólo con la reproducción: el placer erótico se había integrado en su vida social de una forma totalmente natural. Al respecto, el codirector del Equipo de Investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, ha subrayado que «el arte ratifica el interés de esta muestra porque aborda el tema de la evolución sexual desde el punto de vista científico».
Por su parte, otro de los codirectores de este equipo, el profesor de paleontología Juan Luis Arsuaga, ha señalado que «la prehistoria no es una disciplina que se refiere a algo que ya no existe y ha cambiado, sino que trata esencialmente de cómo nos vemos a nosotros mismos como especie. En ese sentido, la exposición Sexo en piedra tiene una aplicación social porque reflexiona sobre las sociedades pasadas, las modernas y las que queremos construir».
La exposición estuvo abierta entre julio y septiembre de 2014, y tuvo gran éxito de público. Otro paso hacia adelante, de los muchos que se vienen dando, para quitarle ortopedias inútiles al relato científico del caminar humano en su progreso evolutivo. Cierto, las verdades nos harán más libres.
Referencias

Sobre la autora
Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.
Artículo escrito por Carolina Martínez Pulido originalmente publicado en el portal Mujeres con Ciencia protegido por una licencia CC BY-NC-ND 4.0

sábado, 31 de marzo de 2018

El Intermedio_Modelo Alzira

LAS MUJERES SIEMPRE ESTUVIERON,PERO AHORA SON VISIBLES


María Martinón, directora del CENIEH

“Debemos desterrar la idea de que un fósil lleva a reescribir la prehistoria”


A finales de 2017 la paleoantropóloga María Martinón Torres (Ourense, 1974) tomaba posesión como nueva directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. Su antecesor, Alfredo González Torres, declaraba un año antes la evidente brecha de género que existía en esta institución, ya que tan solo el 22% del personal investigador eran mujeres. Martinón es miembro del Equipo de Investigación de Atapuerca desde 1998 y ha participado en varios proyectos internacionales sobre la dentición en homínidos. En la actualidad analiza las piezas dentales del homínido más antiguo de Europa.

<p>María Martinón Torres, paleoantropóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana / CENIEH</p>
María Martinón Torres, paleoantropóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana / CENIEH
Pertenece a una familia vinculada a la ciencia en diferentes ámbitos, desde la salud a la arqueología, ¿qué le hizo decantarse por la paleoantropología?
Probablemente crecer en un ambiente en el que había pasión por las dos disciplinas que se hermanan en la paleoantropología, la medicina y la historia. Al fin y al cabo la paleoantropología es la reconstrucción de la historia del ser humano, y cómo su cuerpo ha respondido a las diferentes presiones ambientales. Ahora sabemos que hasta la enfermedad se puede leer como la historia de la evolución y la “maladaptación” del ser humano. Las enfermedades infecciosas, por ejemplo, son la otra cara de la moneda de una especie muy abundante, muy social y que vive en comunidad, a veces hacinada, favoreciendo el contagio y la propagación de los patógenos. Cada vez está más claro que la medicina y la biología evolutiva están íntimamente ligadas. 
Es la actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. ¿Cuál es su perspectiva de la situación de las mujeres en la ciencia y sobre todo en los altos cargos en España?   
Tengo una lectura positiva y esperanzadora. Creo que las cosas están cambiando y quiero interpretar mi propia situación, humildemente, como signo de ello.

La verdad es que en el caso particular de Atapuerca es muy estimulante descubrir el nivel de conocimiento e interés popular general sobre los hallazgos y su significado. Mi percepción es que el trabajo que se realiza en Atapuerca es conocido y querido por la gente y en esa situación, quizá insólita en otros países, ha tenido mucho que ver el esfuerzo que se ha dedicado a la divulgación del trabajo científico que se hacía en estos yacimientos. Creo que además, en general, el periodismo científico en España es de primera categoría.
¿Cree que en España es suficientemente conocido el trabajo que se realiza en Atapuerca y la relevancia científica que tienen los hallazgos de sus yacimientos?
Acaba de publicar un estudio en Science sobre la dispersión del Homo sapiens por el planeta hace entre 200.000 y 175.000. ¿Puede una mandíbula o un solo hueso reescribir la prehistoria?
Debemos desterrar la idea de que un fósil o un hallazgo nos llevan a reescribir la prehistoria. Más bien la refuerzan y la definen. La reconstrucción de nuestros orígenes es como un gran edificio en continua reforma. Alguna vez, las menos, habrá que derribar una estancia, pero en la mayoría de los casos lo que hacemos es ampliarlas y abrirles ventanales que nos dan una mejor visión panorámica.
¿Cómo debemos interpretar entonces los descubrimientos sobre la evolución humana?
Teníamos visiones parciales de la historia y con cada hallazgo lo que hacemos es enriquecer nuestro alcance y comprensión, inaugurar una habitación con vistas. El estudio del maxilar humano hallado en Israel y publicado en Science nos permite adelantar la fecha de la presencia de humanos modernos fuera del continente africano al menos unos 60.000 años. No reescribe la historia pero si tiene una implicación significativa en la interpretación, por ejemplo, de los motivos por los que una especie es capaz de adentrarse en nuevo territorio. ¿Por qué migramos antes: competencia con otros humanos, necesidad de más recursos, simple explosión demográfica o curiosidad por conocer otro lugar?
Estos estudios siempre levantan polémica, ya que las dataciones y los diferentes grupos de investigación en ocasiones rebaten los resultados. ¿Por qué la paleontología está sujeta a una amplia interpretación partiendo de las dataciones y las muestras fósiles?
La ciencia construye hipótesis con las evidencias disponibles. No trabaja con verdades, sino que busca la explicación más coherente de la realidad con los datos de los que dispone. Esa explicación tiene que someterse a comprobación el resto de su vida, pero no solo en paleontología, sino en cualquier ámbito científico. Es cierto que en el caso de esta disciplina, al tratar de explicar fenómenos y episodios del pasado, nuestras evidencias, como por ejemplo los fósiles, son mucho más escasas. Así pueden existir vacíos mayores que cubrir. Pero eso, por otra parte, ha agudizado nuestro ingenio, potenciando la innovación metodológica y tecnológica que nos permita afinar o maximizar la información que se puede obtener.
¿Ocurre lo mismo con las pinturas rupestres, como las que se acaban de datar en varias cuevas españolas y que han revelado que las pintaron los neandertales?
En ese caso particular, lo que ha sucedido es que las técnicas de datación y de toma de muestras son cada vez mejores, más precisas, y ahora podemos hacer cosas que antes no podíamos como, por ejemplo, datar pinturas rupestres de esta manera tan sofisticada. No es por lo tanto que antes hubiéramos hecho las cosas mal, sino que ahora hacemos cosas que antes no podíamos.
Antes teníamos un ‘intervalo’ de tiempo para esas pinturas y ahora se ha podido afinar hacia atrás, en el tiempo, su antigüedad. Las coloca que un tiempo en el que, que sepamos, no había humanos modernos en Europa. La explicación lógica es que sus autores han sido los neandertales. Si el día de mañana encontramos humanos modernos en la península ibérica de 80.000 años, por ejemplo, tendríamos que reconsiderar la autoría de esas pinturas de nuevo. ¿Significa eso que las dataciones de las pinturas rupestres estaban mal o que nuestra interpretación de la evidencia disponible estaba mal hecha? Evidentemente no. No creo que esta revisión sea síntoma de precariedad, sino más bien de salud científica.

La necesidad de ‘exprimir’ la información que puede proporcionar los fósiles y hacerlo de una forma no destructiva ha promovido avances e innovaciones tecnológicas particularmente en el análisis de imagen. Estas han supuesto una revolución en nuestro campo. Pero lo fascinante es que nuestra especialización en este ámbito nos ha permitido proporcionar aplicaciones, por ejemplo, al campo forense.
En este trabajo se han aplicado técnicas de microtomografía y en otro estudio reciente aplican esta misma tecnología para conocer el sexo de los fósiles de miles de años. ¿La tecnología en su campo evoluciona a la par de los avances científicos o existen nuevos retos para el análisis de los fósiles?
Utilizando técnicas que son casi de rutina en la paleoantropología, como la microtomografía, hemos desarrollado una aproximación metodológica que permite estimar el sexo de un individuo a partir de las proporciones de sus tejidos dentales. Esto es particularmente útil para la identificación del sexo de víctimas por ejemplo en catástrofes en las que los cuerpos están incompletos y quemados. Es un bonito ejemplo de lo absurdo de diferenciar entre ciencias básicas y aplicadas. Las aplicaciones son consecuencias secundarias al avance en el conocimiento, y dirigir la investigación solo a la obtención de ‘aplicaciones’ convertiría la ciencia en un producto de supermercado.
¿En qué está trabajando en estos momentos?
En el estudio dental de la especie Homo antecesor. Existen una serie de piezas dentales que todavía no han sido publicadas y que arrojarán información, creo que muy interesante, sobre el homínido más antiguo que existe en toda Europa.

YANQUIS Y MILICOS DE ESPAÑA PRESIONAN A LOS SOCIATAS PARA QUE SIGA SIENDO PRIVADO

Dependencias del hospital de Alzira

El hospital de Alzira vuelve a ser público: cae el símbolo del modelo de la privatización sanitaria del PP

viernes, 30 de marzo de 2018

ES LA HOMEOSTASIS,ESTUPIDO

'Tener un cuerpo que siente es lo que nos hace humanos'

NEUROCIENCIA

Entrevista a Antonio Damasio
El neurocientífico Antonio Damasio, en la azotea de La Pedrera de Gaudí en Barcelona. EFE
El prestigioso neurocientífico portugués Antonio Damasio repasa el importante papel que ha tenido la emoción en la evolución de la cultura humana.
En el título de uno de sus ensayos más populares, Antonio Damasio (Lisboa, 1944) afirmaba que El cerebro creó al hombre: lo que nos distingue de otros animales, aunque a estas alturas nos pueda sonar a obviedad, es nuestra capacidad de razonar. Pero en su nuevo libro, El extraño orden de las cosas (Destino, 2018), el neurocientífico portugués -seguramente la mayor celebridad mundial en cuanto a la divulgación de los misterios de la mente- va aún más allá, pues sostiene que antes de la razón, estuvo la emoción, y que de ahí surge nuestra cultura. "El intelecto suele ponerse a un nivel muy por encima", nos explica en una sala interior de La Pedrera, el emblemático edificio de Gaudí, "porque con nuestra inteligencia hemos desarrollado el arte, la ciencia y la moral. Pero la pregunta que tendríamos que hacernos es por qué. ¿Por qué queremos, por ejemplo, la medicina? Porque sufrimos y tenemos miedo a la muerte. ¿Y por qué queremos la tecnología? Porque nos incomoda el clima y necesitamos refugiarnos. Y empezamos a cantar porque eso nos genera felicidad".
Antes de cada gran avance intelectual, sostiene Damasio, no hubo un reto de la razón, sino un sentimiento irreprimible que necesitábamos dominar por una simple cuestión de supervivencia y mejora de la especie. Ese proceso se conoce como homeostasis, y afecta a todos los seres vivos, pues implica un intercambio de materia y energía con el mundo exterior para regular la condición interior, hacerla más estable y, por tanto, más proclive al desarrollo y la mejora. Una técnica propia de la homeostasis es el metabolismo -algo que une a las bacterias con organismos pluricelulares como usted y yo-, pero también lo es el desarrollo y la gestión de un sentimiento, y eso es lo que nos diferencia de la bacteria, o de una mascota. "Lo que hacemos no lo hacemos para estar vivos", prosigue Damasio, pues para estar vivos nos bastaría con respirar y alimentarnos. "Lo hacemos para sentirnos vivos. Y como se trata de sentir, no es suficiente con el intelecto".
El razonamiento de Damasio puede parecer sorprendente, por el enorme sentido común que despliega. Es evidente que Dante escribió la Divina comedia por amor, que Shostakovich compuso la mayor parte de su música movido por la frustración y el rencor, y que no sería posible la literatura de terror sin el sentimiento primario del miedo a lo desconocido, como sostenía Lovecraft. Ninguno de estos nombres, y ningún artista, comienza a crear sólo por medir sus capacidades intelectuales. Pero según Damasio, esto no se comprende en la comunidad científica de la que él participa. Aunque nacido en Lisboa, desde hace años reside en California y, como explica un poco en voz baja, vive rodeado de lo que identifica como "gente de Silicon Valley", a la que sólo le interesa el dinero y le mueve otro sentimiento, la codicia. En ese ámbito, el influjo que el materialismo ha proyectado sobre la ciencia ha relegado al ser humano sensible a una categoría menor, en comparación con el ser humano racional.
"A nadie en el mundo de las artes hay que explicarle que los sentimientos nos hacen ser lo que somos", prosigue. "Pero en la ciencia, sobre todo en las ciencias físicas y algunas humanas, como la psicología, hay una larga tradición de negar el sentimiento. Y ahora más que nunca, los gobiernos apoyan aquellas disciplinas que facilitan el crecimiento económico: matemáticas, ingeniería... Es por eso por lo que no hay apenas dinero para música o humanidades".
De este modo, en El extraño orden de las cosas el esfuerzo de Damasio pasa por revalorizar la emoción en el debate científico, y situarlo antes que la razón en la cadena biológica de los hechos que han formado y desarrollado al ser humano inteligente y el más grande de sus logros intelectuales, la cultura. Esa cadena crece -después de la cultura, Damasio sitúa la razón, la ética, la moral y la civilización-, pero siempre a partir de un origen sentimental que todavía es motor de nuestras acciones.
Puesto que es la capacidad de entender los sentimientos lo que nos distingue de las bacterias o los gatos, es el mismo cuerpo lo que nos diferencia de las máquinas. "Estoy a favor de las inteligencias artificiales", asegura, "pero me opongo a quien diga que algún día un ordenador podrá sentir como tú o yo. El neurosistema de un computador los hace mejores a nosotros en cálculo, las matemáticas las aprenden fácil, el lenguaje lo pueden llegar a adquirir, pero la parte del ser no la llevan bien. Sin un cuerpo, no pueden experimentar el dolor, el miedo o el placer, y por tanto no pueden regular la vida. Nunca serán mejores que nosotros".


Estrés, inflamación y homeostasis
La relación entre homeostasis, respuesta de estrés e inflamación es compleja e incluye mecanismos celulares y extracelulares que son puestos en marcha por desviaciones extremas de las variables reguladas o por la intervención de un agente exterior1
Autor: Chovatiya R, Medzhitov R Molecular Cell 54(2):281-288, Abr 2014
Introducción y objetivos
La inflamación ha sido considerada tradicionalmente como una respuesta defensiva inducida por una infección o por una lesión tisular. La inflamación, sin embargo, también puede ser desencadenada por el estrés tisular y por la pérdida de la homeostasis. La inflamación puede ser vista como un extremo del espectro de respuestas que van desde la pérdida de la homeostasis, la respuesta de estrés y la respuesta inflamatoria auténtica.
El concepto de homeostasis describe una propiedad fundamental de los sistemas biológicos, que es la de preservar su estabilidad, manteniendo la regulación de variables clave dentro de un rango aceptable. La homeostasis opera por igual en todo el organismo (homeostasis sistémica), en los tejidos específicos (homeostasis tisular) y en las células individuales (homeostasis celular). Las variables sistémicas reguladas por los mecanismos homeostásicos incluyen la presión arterial, la volemia, la osmolaridad, el pH, la PO2, la PCO2, la temperatura corporal y las concentraciones plasmáticas de sodio, de calcio, de magnesio, de fósforo y de glucosa.
Las variables que determinan la homeostasis tisular no están tan bien definidas, pero abarcan el número de células, la composición celular de cada tejido, la arquitectura tisular, la integridad de los componentes estructurales y las concentraciones de nutrientes. La homeostasis celular, por su parte, mantiene la regulación de una cantidad de variables, que incluyen el volumen celular, la osmolaridad, el pH, el potencial de membrana y las concentraciones de electrolitos, de proteínas, de nutrientes, de colesterol, de oxígeno y de especies reactivas del oxígeno (ROS).
Cuando las variables reguladas sufren alteraciones más allá de sus rangos dinámicos, el sistema pone en marcha una respuesta de estrés para intentar restaurar la homeostasis
En todos los casos, estas variables son mantenidas dentro de un rango dinámico de variaciones por sistemas complejos de vigilancia permanente, como los sistemas endocrinos, el sistema nervioso autónomo, la configuración espacial de ciertas proteínas y la acción de neuronas especializadas. Los sistemas de detección de las variables sistémicas y de las variables celulares son mejor conocidos que los de las variables tisulares. Los sensores conocidos de la homeostasis tisular se especializan en detectar infecciones y daños tisulares, e incluyen células inmunitarias residentes (macrófagos, mastocitos) y neuronas somatosensitivas.
Cuando las variables reguladas sufren alteraciones más allá de sus rangos dinámicos, el sistema pone en marcha una respuesta de estrés para intentar restaurar la homeostasis. La respuesta inflamatoria representa el extremo del intento del sistema por restaurar la homeostasis y puede ser desencadenada por desviaciones extremas de las variables o por ruptura directa de la homeostasis.
El objetivo de esta revisión es analizar las diferencias cualitativas y los resultados funcionales de las diversas respuestas inflamatorias, bajo la perspectiva de su relación con la homeostasis y con la respuesta de estrés.
Homeostasis, estrés e inflamación
Si bien se reconoce que tanto la respuesta de estrés como la respuesta inflamatoria son reacciones de protección para defender la homeostasis, la relación entre ambas no está totalmente aclarada. Pueden ser vistas como componentes diferentes, eventualmente superpuestos, en los distintos estados del sistema (homeostasis, estrés, inflamación).
Cuando la capacidad homeostática es insuficiente para mantener el rango dinámico de las variables, se pone en marcha la respuesta de estrés. Si esta es insuficiente para restaurar la homeostasis, comienza a actuar la respuesta inflamatoria. Ambas respuestas tienen como objetivo la erradicación de la fuente de perturbación, la adaptación al factor estresante y, finalmente, la restauración de la homeostasis del sistema.
La respuesta de estrés y la respuesta inflamatoria pueden distinguirse por las situaciones que las inducen. Existen 2 tipos principales de estímulos:
  1. La desviación extrema en los valores normales de alguna de las variables reguladas (o de más de una).
     
  2. Un factor que causa desviación de las variables reguladas, pero que no es en sí mismo una de ellas (infecciones, alérgenos, toxinas, xenobióticos).
Para esta revisión, los autores se refieren al primer contexto como respuesta de estrés (por ej., hipoxia o golpe de calor), y al segundo, como respuesta de defensa (patógenos, toxinas, daño tisular).
Existen sensores específicos para la detección de los distintos factores inductores. En otros casos, los factores inductores no pueden ser detectados directamente, sino que el organismo lo hace por medio de las alteraciones patológicas que producen (alteración de las uniones intercelulares estrechas, proteólisis de componentes de la matriz extracelular, activación del complejo proteico del inflamasoma, etc.).
Genes en la respuesta de estrés
Los mecanismos de detección, las vías de transmisión de señales celulares y los programas de expresión de genes para el control de la homeostasis celular han sido bien caracterizados. Funcionalmente, los productos génicos de respuesta de estrés pueden ser divididos en 2 categorías, según estén involucrados en la eliminación de un factor estresante (degradación de proteínas, depuración de ROS, reparación del ADN dañado) o en la adaptación a una situación de estrés (supresión de la síntesis de nuevas proteínas anormales, prevención del plegado anormal de las proteínas, expresión de proteínas chaperonas [impiden el plegado proteico anormal]).
Los genes involucrados en la adaptación al estrés son especialmente importantes en el estrés crónico, como puede verse en las infecciones prolongadas o en las situaciones en las que el estrés es parte normal de la función celular (por ej., células con alta demanda secretora: plasmocitos, células tubulares renales, etc.).
Respuestas celulares intrínsecas y respuestas celulares extrínsecas
La mayor parte de lo que se conoce sobre el estrés celular y sobre la respuesta de defensa tiene que ver con mecanismos celulares intrínsecos de adaptación. Existe, sin embargo, una respuesta extrínseca a la célula, igualmente importante, compuesta por 2 categorías génicas funcionales. La primera categoría de productos génicos regula el compartimiento extracelular (remodelación de la matriz extracelular, posición celular, contacto célula-matriz, contacto célula-célula).
La segunda categoría está relacionada con la comunicación parácrina entre células adyacentes. La mayoría de las situaciones de estrés afectan, más que a células individuales, a poblaciones de células en un compartimiento determinado. Cuando una célula, o un grupo de células, sufren un trastorno estresante, producen señales de alerta destinadas a las células vecinas, que inducen cambios anticipatorios a la llegada del factor de estrés.
Un ejemplo de la situación recién mencionada es la respuesta de defensa antiviral. Las células infectadas producen interferón tipo 1, que actúa sobre células vecinas para activarlas y producir una respuesta antiviral. Las respuestas extrínsecas aportan adaptaciones defensivas que van más allá de la respuesta celular. Por ejemplo, la hipoxia no solo induce adaptaciones intracelulares (inducción de transportadores de glucosa, cambio a glucólisis anaerobia), sino también tisulares, como la angiogénesis o la inducción en células vecinas de un fenotipo irradiado, a partir de células que recibieron irradiación.
Los investigadores creen que todo tipo de respuesta de estrés y de respuesta de defensa tiene un componente celular extrínseco, aunque la mayor parte de ellos no hayan sido aún caracterizados. El análisis génico indica que las varias formas de estrés inducen gran número de genes, cuyos productos tienen funciones extracelulares.
Respuesta tisular, parainflamación e inflamación
La inflamación puede ser vista como la versión extrema de la respuesta al estrés tisular
Si bien la mayoría de las células pueden detectar trastornos en la homeostasis tisular, son las células sensitivas especializadas las que realizan esta función con mayor eficiencia, entre ellas los macrófagos residentes del tejido, los mastocitos y las neuronas sensitivas.
Los macrófagos parecen ser las primeras células en detectar la presencia de patógenos y de factores estresantes más genéricos (hipoxia, alteraciones metabólicas). Las neuronas sensitivas pueden detectar el frío, el calor, las sustancias químicas, el pH, etc. La producción de neuropéptidos consecutiva a la detección de un factor estresante coordina la adaptación local al estrés (neuroinflamación).
Las quimiocinas producidas localmente pueden reclutar células especializadas de otros compartimientos (por ej. la circulación). La respuesta extracelular es particularmente importante cuando la respuesta intracelular es insuficiente para restaurar la homeostasis. La inflamación puede ser vista como la versión extrema de la respuesta al estrés tisular.
Esta inflamación se diferencia de la respuesta inflamatoria aguda (RIA) clásica (no hay exudado ni reclutamiento de neutrófilos), y ha sido denominada parainflamación. Entre las situaciones clínicas asociadas con parainflamación está el envejecimiento, la degeneración macular por envejecimieto, el estrés metabólico y la obesidad.
Si el nivel de estrés es aún mayor, por ejemplo, por infección o por destrucción tisular, la parainflamación puede ser insuficiente, y el organismo debe poner en acción los mecanismos completos de la RIA. La RIA se apoya en subtipos celulares especializados (neutrófilos, monocitos, eosinófilos y basófilos), reclutados desde la circulación. Las defensas convocadas incluyen macrófagos locales, mastocitos y receptores nociceptivos.
Discusión y conclusiones
La inflamación puede considerarse el extremo del espectro de mecanismos para mantener la homeostasis
La inflamación ha sido tradicionalmente considerada una respuesta de defensa inducida por una infección o por una lesión a los tejidos. Se sabe actualmente que la respuesta inflamatoria crónica puede acompañar muchos estados patológicos, aun en ausencia de infección o de destrucción celular. Los hallazgos recientes señalan, además, una fuerte conexión entre la respuesta inflamatoria y la respuesta de estrés.
Los autores sugieren en esta revisión una perspectiva para abordar el tema. La inflamación puede considerarse el extremo del espectro de mecanismos para mantener la homeostasis. Cuando los mecanismos normales no pueden mantener el rango dinámico de las variables, comienzan a operar la respuesta de estrés, la parainflamación y, finalmente, la inflamación propiamente dicha.
Los investigadores identifican 2 tipos de estímulos que pueden provocar inflamación. Uno de ellos son las desviaciones extremas de las variables reguladas; el segundo tipo, los estímulos (agentes patógenos, toxinas, alergenos, etc.) que, sin ser variables reguladas, pueden afectar a estas. Las respuestas inflamatorias a los 2 tipos de estímulos parecen ser cualitativamente diferentes.
En conclusión, la relación entre homeostasis, respuesta de estrés e inflamación es compleja e incluye mecanismos celulares y extracelulares que son puestos en marcha por desviaciones extremas de las variables reguladas o por la intervención de un agente exterior.