sábado, 14 de junio de 2014

PORQUE LOS OBREROS VUELVEN LOCAS A LAS CHICAS FINAS

El olor del sudor del hombre estimula a la mujer

SEXO
Lo determinó una investigación de la Universidad de Berkeley, en EE.UU. El aroma influye en las hormanas del sexo femenino.


Tampoco es para que no te bañes cuando llegás a casa después de jugar al fútbol, o de correr, o del gym. O que deseches el desodorante y el perfume. No es para tanto. La revelación de que a las mujeres las estimula el olor del sudor del hombre no da vía libre a los olores, y mucho menos a la suciedad. La cosa es más profunda.

La investigación realizada por la Universidad de Berkeley, en California, EE.UU., que fue publicada por la revista especializada Journal of Neuroscience, representa la primera evidencia directa de que las personas segregan un olor que influye en las hormonas del sexo opuesto, según explican los científicos.

Las mujeres que huelen un producto químico basado en el sudor masculino experimentan un aumento de los niveles de una importante hormona, junto con un incremento del estímulo sexual, de la frecuencia cardíaca y otros efectos.

El trabajo se centra en la androstenediona, considerada la señal química masculina. Investigaciones previas habían establecido ya que éste químico afectaba el humor de las mujeres, la excitación sexual y psicológica y la activación cerebral.

Los científicos midieron los niveles de la hormona cortisol en la saliva de 48 mujeres que estudian en Berkeley, con una edad promedio de 21 años, después de que oliesen 20 veces de una jarra de androstenediona. La hormona cortisol es segregada por el cuerpo para mantener una correcta excitación y el sentido de bienestar, respondiendo al estrés y a otras funciones.

Los niveles de esta hormona en las mujeres que olieron la androstenediona se dispararon en apenas 15 minutos y se mantuvieron elevados durante más de una hora. Las mujeres también mejoraron su humor, su excitación sexual, y aumentaron la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca y la respiración.

Los expertos contaron sólo con mujeres heterosexuales, por temor a que las homosexuales pudiesen responder de forma diferente al componente masculino. El equipo también expresó que los hallazgos sugieren un mejor modo de estimular los niveles de cortisol en los pacientes que lo necesitan, como por ejemplo aquellos que padecen enfermedad de Addison, que produce una disminución importante de la producción de cortisol -la hormona del estrés- por las glándulas suprarrenales.

LAS NEGRAS SUDACAS NO TIENEN ESE PROBLEMA

¿Por qué las negras estadounidenses amamantan menos?



Mujer afroamericana amamantando
La fotografía de una mujer dando pecho a su bebé durante una ceremonia de graduación de la universidad desató furia por internet. La chispa la encendió un grupo dedicado a apoyar a las mujeres estadounidenses de raza negra que amamantan, pues fue el que publicó la imagen.
La foto de Karlesha Thurman, difundida por el grupo "Black women do breastfeed" (Las negras sí amamantan) reactivó un viejo debate en la sociedad estadounidense, en la que los bebés de madres negras son los que menos toman leche materna.
Según las cifras más recientes del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés), en el 2010 sólo el 62% de los bebés negros nacidos en este país tomaron pecho al nacer, comparado con el 79% de los bebés blancos.
Y a los seis meses, sólo el 36% del primer grupo siguió alimentándose con leche materna, comparado con el 52% del segundo.
Aunque no siempre fue así.
"Cuando llegaron los primeros negros a este país, amamantaban a sus bebés, y a los de sus dueños", cuenta Monique Sims-Harper, directora de la organización A More Excellent Way Health Improvement y portavoz de la coalición de lactancia materna de California, recordando los años coloniales cuando los africanos fueron llevados a EE.UU. como mano de obra esclava.
Una vez que terminó la esclavitud, Sims-Harper explica que las mujeres negras con frecuencia siguieron amamantando a los hijos de los blancos.
"En realidad eran las expertas en la materia", agrega.
Pero con la llegada de las fórmula lácteas en los años 20 y 30, las tasas de lactancia materna disminuyeron en todos los grupos sociales del país.

El retorno de la lactancia materna

Mujer afroamericana amamantando
Cuando se comprobó que dar pecho es mejor que la fórmula, fueron más las mujeres blancas que volvieron a amamantar.
Más tarde, cuando la evidencia científica mostraba los beneficios para la salud de tomar pecho, las mujeres blancas volvieron a amamantar a una tasa mayor que las negras.
"Esa información llegó más rápido a los estratos con más educación e ingresos que a la población afroamericana", explica Sims-Harper.
El hecho de que haya menos probabilidades de que las mujeres negras tengan una buena educación y que en promedio cuenten con menos ingresos que las blancas crea otros problemas.
"Hay barreras comunes para la lactancia materna porque no puedes acceder a trabajos que ofrezcan bajas por maternidad, que cuenten con un lugar privado para sacarse la leche o incluso permitan dar pecho en el trabajo", señala la experta.
Por otro lado, es menos probable que las afroamericanas reciban servicios de asistencia sanitaria, con lo cual, no siempre tienen educación sobre los beneficios de amamantar.
Estas barreras institucionales crean una brecha de conocimiento, y como consecuencia son menos las mujeres negras que quieren intentar dar leche que las mujeres de otros grupos que cuentan con hermanas, madres y amigas que pueden ofrecer experiencia, apoyo y consejo.
"En la comunidad afroamericana, debido a que la tasa es tan baja, no vemos a mujeres amamantando", explica por su parte Dalvery Blackwell, cofundadora de una red de lactancia materna afroamericana de Milwaukee.
"No es la norma", agrega.
No obstante, ello no significa que la mujer negra no amamante. El grupo "Black women do breastfeed" tiene una página en Facebook en la que subió la foto de Thurman y desde la que apoya a las mujeres que dan pecho difundiendo historias y fotos de las negras que lo hacen.

sábado, 7 de junio de 2014

SOMOS IGUALES PARA GOZAR

Hombres y mujeres y viceversa 28 junio, 2013 Laura C. Sánchez-Sánchez Actualidad inShare La cultura en que vivimos, aprendida desde la infancia a través de la educación, se ha encargado de enfatizar las diferencias entre hombres y mujeres. Aunque resulta innegable que existen múltiples contrastes entre hombres y mujeres a distintos niveles, especialmente sociales, resulta curioso que a nivel genital estas diferencias no sean tan marcadas como se cree. Diversos autores, han abordado esta cuestión. Entre ellos, nos centraremos en un artículo en castellano del Dr. Rodolfo Rey, que fue la conferencia inaugural del II Congreso de Anatomía del Cono Sur y XXI Congreso Chileno de Anatomía y XXXVII Congreso Rioplatense de Anatomía, titulado «Diferenciación Sexual Embrio-Fetal: de las Moléculas a la Anatomía». Origen embrionario de los genitales de hombres y mujeres. Entre otros aspectos, el artículo destaca el mismo origen embrionario para el clítoris y el pene. En otras palabras, el equivalente anatómico del pene no sería la vagina, sino el clítoris. Esta asunción tiene importantes repercusiones a nivel de la estimulación en pareja. Muchas mujeres llegan a consulta aquejadas de la ausencia de orgasmo durante el coito con sus parejas. En ocasiones, cuando preguntas si hay estimulación simultánea del clítoris (ya sea por ella misma o su pareja, con roce directo o indirecto), a menudo contestan que eso no tendría que ser necesario, ¿no? Sin embargo, no se sorprenden cuando, al hablar de masturbación, damos por hecho que estimulan su clítoris para alcanzar el orgasmo. Este falso mito, perpetuado a través del tiempo, tiene su origen en la distinción de Freud entre orgasmos clitoridianos y vaginales. Esta distinción, implicaba, según este autor, que la estimulación del clítoris sólo era normal en la mujer a una cierta edad, transcurrida la cual, debía llegar al orgasmo sólo a través de la estimulación vaginal. Y no sólo eso, sino que aseguraba que quienes no lo conseguían no habían alcanzado la madurez sexual suficiente y, por tanto, eran “inmaduras”. Resulta curioso este postulado de Freud, siendo médico y conociendo, supuestamente, la anatomía masculina y femenina. Desconocemos por obra de qué malabarismo de la naturaleza, el placer podría pasar de un lugar a otro en la mujer. Nos parecería descabellado, por otra parte, asegurar que los hombres maduros tienen que obtener su orgasmo a través de la estimulación exclusiva de los testículos y que, quienes lo hagan a través del pene son unos inmaduros. Sin embargo, no nos extrañamos cuando continuamos oyendo hablar de orgasmos vaginales y clitoridianos, lo que, sin duda, repercute en la frustración de muchos hombres y mujeres. No podemos obviar que el clítoris posee una estructura interna, y no sólo externa, que podría justificar que un porcentaje pequeño de mujeres puedan alcanzar el orgasmo sólo con la estimulación vaginal (esto se discutirá en otras entregas). También es cierto que, cualquier persona puede, potencialmente, obtener un orgasmo a través de la estimulación de otras partes del cuerpo e incluso sólo con la mente (esto también se discutirá en otros números). Sin embargo, si atendemos al origen embrionario del pene y el clítoris, es fácil adivinar los lugares de mayor placer en hombres y mujeres. Por ejemplo, al igual que la zona del glande es muy sensible en el hombre y puede sobreexcitarse si se estimula directamente con fuerza, ocurre lo mismo en el glande del clítoris. De hecho, y salvando las diferencias de tamaño, podemos hacer un ejercicio de empatía, estimulando a la pareja según nos gusta que nos estimulen. Sin olvidar preguntar después… Escrito por Laura C. Sánchez-Sánchez Profesora del Departamento de Psicología (UAL), sexóloga y neuropsicóloga Deja un comentario Disculpa, debes iniciar sesión para escribir un comentario.

viernes, 6 de junio de 2014

Credibilidad y sinceridad

 Por Eva Giberti
Si se torna necesario titular “Creerle a la víctima para la condena”, según la nota de Mariana Carbajal en Página/12 del 22 de mayo, debe ser porque, históricamente, a la víctima de violencia sexual no se le cree. Más aún, es posicionada bajo sospecha por algunos sectores de la comunidad y en particular por los fueros tribunalicios, por quienes tienen a su cargo la instalación del juicio.
Si lo habitual fuese tomar en serio y reconocer la verosimilitud y la evidencia de lo que la víctima narra no sería preciso subrayarlo y festejarlo como un avance. Que este caso sí lo es. Pero, tener que considerar avance aquello que los derechos humanos de las mujeres implican y que por lo tanto debe formar parte de las lógicas de lo probable, de lo posible y de la historia de las violaciones como dato internacionalmente probado, dentro de las familias y en otros ámbitos, resulta lamentable. Y apunta a la peligrosidad en la que se encuentra cualquier víctima de violación (que se transforma en riesgo) cuando la víctima queda atrapada en las ataduras que le ofrece la pregnancia machista de nuestros tribunales. Con las debidas excepciones.
En esta nota de Mariana brotó la excepción pero no espontáneamente. Arduo trabajo de un fiscal que conocemos por su eficacia cuando se trata de acusar a quien debe acusar y de advertirle al juez que la víctima de violación no debe declarar delante del violador. Lo cual constituye el ABC del Derecho, pero parecería que no siempre se recuerda el abecedario completo.
Si hay que felicitar al tribunal porque tomó en serio la sinceridad de la declaración de una víctima es porque la sinceridad advino como un valor moral que no se esperaba. De lo contrario se sabría que la víctima grita e interpela porque ha sido victimizada. Al calificar una declaración como “sincera” no se advierte la paradoja implícita en el hecho: si la víctima habla es para contar qué le sucedió y narra lo ocurrido. Me podrían objetar: “Sí pero también están aquellas que fingen una violación”. Sí, claro, y también existen los jueces decididos a proteger al violador porque para ellos la violación no existió ya que, como es sabido, para dichos magistrados las mujeres somo provocativas y consentidoras a la hora de aceptar o rechazar al varón. Estos magistrados no constituyen excepción. La falsedad de una denuncia documentada y probada sí constituye excepción.
No sólo se trata de “sinceridad” en el recorte de la nota de Mariana, también tenemos que la denuncia es “creíble”. Lo que significa que hay alguien que debe creer. Se introduce de ese modo la aptitud del juez para discernir si debe creer o no, afirmación que deja al descubierto que el discurso de la víctima –y aun sus lesiones– podía no ser creído (por ejemplo el defensor del acusado pretendió que las lesiones se las había producido la misma víctima al “acomodar una cama”). En esta oportunidad le creyeron. Pero se trata de la verosimilitud de los hechos traducidos por la víctima en su declaración que entonces resulta creíble y sincera. O sea, la víctima no deforma ni inventa hechos y aporta un producto, una declaración que según sea la posición del tribunal será evaluada positivamente.
Estas sentencias iluminan, en sus dichos y redacciones, cuáles son las relaciones de poder entre las víctimas de violación y quienes imparten justicia. Se espera que la víctima sea sincera y creíble, porque podría no serlo. Cuando, en realidad, la víctima es la víctima y con esa nominación es suficiente, probada que ha sido su victimización. Explicar que se sentencia al agresor en relación con la sinceridad y credibilidad de las declaraciones abre un espacio inquietante para aceptar las apreciaciones subjetivas de quienes juzgan, de quienes defienden y de quienes acusan.
Es inquietante el tiempo que se toman los profesionales que deben decidir la exclusión del hogar de un sujeto descripto como peligroso que no disponen de velocidad y recursos suficientes para comprender que la exclusión del hogar debe ser inmediata, aunque en las comisarías falte o escasee el personal que debe llevarle la notificación al violento.
En esta nota de Mariana Carbajal, más allá de las observaciones técnico-teóricas respecto del lenguaje utilizado en una sentencia, afortunadamente favorable para la víctima (lo cual merece el aplauso), hubo otra instancia que denota y connota la situación en la que se encuentran las víctimas cuando deben recurrir a una instancia judicial en busca de atención: el 25 de abril del año 2013, ante la Defensoría en lo Civil Nº 2, se solicitó una exclusión del hogar del sujeto violento ahora sentenciado. El trámite se completó el 28 de junio, cuando el agresor ya estaba preso, dos meses después de lo solicitado,
El hecho no es exclusividad de esta provincia; en casi todo el país la orden de exclusión del hogar llega demasiado tarde “porque no tenemos agentes de policía para llevar la orden”, “porque quienes la tienen que entregar son amigos del acusado –sucede en los pueblos– y entonces tarda en llevársela”. O bien: “Porque aquí siempre fue así”. En los femicidios ¿encontramos órdenes de exclusión que o no fueron entregadas o llegaron demasiado tarde?
¿Hasta dónde la credibilidad que podemos acercarles a quienes nos aportan argumentos para demorarse de ese modo para entregar una orden de exclusión?
¿Cuál es la sinceridad con la que se procede cuando la Justicia decide que un sujeto peligroso debe retirarse de la casa donde convive con la víctima e irse a vivir no se sabe dónde? Un argumento escasamente mencionado pero existente se abre en silencio pero con la fuerza que le otorgan los atrasos en la orden de exclusión: ¿dónde va a vivir ese sujeto si lo sacan de su casa? La otra argumentación, silenciada y latente: “Si se retrasa la orden de exclusión, mientras tanto ella se arrepiente y pide que no se proceda...”
Enhorabuena se pueda conmemorar que la palabra de la víctima fue escuchada y se hizo justicia. Pero el espanto de las que continúan clamando sin ser escuchadas permanece, así como el terror de aquellas que no logran excluirlos del hogar porque la orden no llega. Esperemos las próximas notas periodísticas con noticias alentadoras, para achicar las vergüenzas.

jueves, 5 de junio de 2014


PSICOLOGIA › HISTERIA, OBSESION Y DESENCUENTRO DE LOS SEXOS

Medias naranjas no me quedan...

La cultura en Occidente ha sostenido durante siglos la ilusión del “alma gemela”, la “media naranja” que completaría a la mujer o al hombre, pero “los hechos la refutan una y otra vez –advierte la autora–: quienes hablan del amor no dejan de referirse a la desdicha, los encuentros son seguidos por desencuentros”. Aunque “quizá pueda emerger un nuevo amor más advertido de la no relación que está en su base”.

 Por Silvia Ons *
“No hay relación sexual” es una afirmación de Lacan, célebre ya, y que en su momento causa escándalo y da lugar a numerosas réplicas: “¡Pero claro que hay, si es evidente!”. ¿Cómo es posible que alguien tenga la osadía de desmentir este hecho tan certero? Pero Lacan no niega con tal aforismo el acto sexual, sino una relación que pueda escribirse: entre el hombre y la mujer, nada está inscripto de antemano, no hay brújula preestablecida. El acercamiento entre los sexos no está programado como el del óvulo con el espermatozoide. Todo encuentro trae aparejado un desencuentro estructural, dado por la heterogeneidad entre el goce de uno y el del otro. No hay “media naranja”.
El mito del andrógino –ser que es dividido y luego busca en el mundo la unidad que le falta– atraviesa la cultura occidental y sella cada una de las ilusiones amorosas. La idea de un alma gemela, la media naranja, el príncipe azul, la mujer ideal, el hombre perfecto, son las maneras en que el mito pervive después de tantos siglos. Los hechos lo refutan una y otra vez; quienes hablan del amor no dejan de referirse a su desdicha, los encuentros son seguidos por los desencuentros, los malentendidos inevitables. El amor eterno lo es en cuanto no se realiza. Lacan dice que, si hay un encuentro serio entre un hombre y una mujer, se pone en juego la castración. Para Lacan, la castración no remite solamente –como en Freud– al temor a perder el pene en el caso del varón o a la desolación por no tenerlo y a la envidia consiguiente en el caso de la mujer. La castración es, para Lacan, la inconmensurabilidad radical entre el goce femenino y el masculino.
Lacan considera que el goce genital masculino está marcado por la impronta de la tumescencia y detumescencia del pene. Un orden discontinuo signa ese placer que se consuma al llegar al límite; se trata de un goce acotado por el órgano. Prontamente advertimos la diferencia con el goce femenino: éste es un goce envuelto en su propia continuidad, impreciso e impenetrable, que hace que la mujer se experimente extraña aun para sí misma. Tal continuidad hace que la mujer no “acabe” aunque llegue al orgasmo, ya que éste no implica un corte. El verbo “acabar” expresa la cercanía del orgasmo con el fin y, al igual que “consumar”, indica que algo se realiza encontrando un límite. Se dice que la mujer puede ser “multiorgásmica” y con ello se indica que el orgasmo femenino no implica un cierre, como el del varón. Así, mientras que el hombre vivencia la experiencia del corte, en la mujer la vivencia es la de la abertura, que necesita recubrir con palabras de amor: es común la tristeza que las invade si el compañero no llama al día siguiente. Pero este simple ejemplo vale para mostrar la disimetría entre los sexos, que no solo se manifiesta en el acto sexual, sino que, en todo caso, lo ilustra de manera paradigmática.
El goce de cada uno entra en disyunción con el amor y así constituye su obstáculo más poderoso, su límite, su más cara objeción. Respecto del amor en su particularidad, el goce del partenaire lo pondrá siempre en jaque, y acaso en el instante en que en el baile de disfraces los amantes se sacan las máscaras es cuando emerge su verdadero rostro: él no es él y ella tampoco. La caída de la idealización es coetánea con la manifestación de esa cara del otro, extraña a la propia; quizás allí pueda emerger un nuevo amor más advertido de la no relación que está en su base.
Según concluye Lacan, inevitablemente la relación sexual no cesa de no escribirse. Y sin embargo, o tal vez por esa dificultad, se ha escrito tanto y tanto sobre el amor, como si su naturaleza insondable inspirase una y otra vez a los poetas de todos de los tiempos. “Puesto que con tanto calor exaltas el poder creador de poeta –declara Johann Wolfgang von Goethe a Bettina von Arnim–, creo que leerás con placer una serie de poemas que va aumentando en las horas propicias. Cuando más tarde aparezcan ante ti, verás que mientras tú estimas necesario reavivar el pasado en mi memoria, yo procuro elevar a estos dulces recuerdos un monumento.” Pero no sólo escribe cartas el literato o el filósofo o el célebre, sino también el hombre común. Y hay algo tan singular y al mismo tiempo tan ordinario en toda correspondencia amorosa que el propio Borges se reconoce en sus cartas a Estela Canto como un “horrible prosista”, quizá porque todo enamorado padece de los mismos desvelos.
A tal punto es una experiencia que llama al testimonio de La Rochefoucauld, quien dice que nadie sabría lo que es el amor si no hubiese en algún momento escuchado hablar de él. El amor, en definitiva, intenta recubrir la no relación sobre la que se asienta. El amor se orienta hacia aquel que pensamos que puede revelarnos nuestra verdad; claro que esa verdad es muy difícil de soportar, aunque el amor permita imaginar que esta verdad será amable. Y por ello Jacques-Alain Miller afirma que amamos a aquel o a aquella que podría responder a la pregunta acerca de quiénes somos.
Por eso, el que ama está en posición de falta; de ahí que el amor feminice y pueda ser perturbador para muchos hombres. Y así siempre son ellos quienes se rebelan frente a la famosa frase de Lacan “Amar es dar lo que no se tiene”, afirmando, por el contrario, que amar es dar lo que se tiene. Lo que el aforismo indica es que la falta es la que se entrega al otro y que su valor es diferente de los bienes, regalos y potencia, ya que esa falta implica reconocer que se necesita al otro.

“Es una histérica”

Cuando Freud descubre los pilares del psicoanálisis –el inconsciente, la sexualidad, el síntoma, la transferencia– es reenviado al análisis de su propia sexualidad, de su Edipo. Con la histeria, Freud descubre el carácter esencial del deseo, su naturaleza insatisfactoria, esa que hace vacilar al amo y causa la mayoría de las veces irritación. Es común que los hombres digan de ella que nada le viene bien y que utilicen al respecto frases conocidas. Es común que el dicho “Es una histérica” tenga una significación despreciativa: atraer y luego sustraerse, no conformarse nunca, no saciarse jamás. Freud y Lacan toman con seriedad lo que el vulgo menosprecia y ven que ese deseo insatisfecho está dirigido a un amo-maestro para que produzca un saber sobre ese misterio que ella atesora.
Pero hoy en día el saber se consuma en la producción de objetos tecnológicos, esos gadgets de los que hablaba Lacan. Los imperativos del mundo actual nos compelen a dar rienda suelta a los impulsos sin tregua y sin la necesaria pausa que implica el callar. Detengámonos en la rapidez con que se insta a dar una respuesta inmediata a lo que se pregunta y que es imposible de explicar en un minuto. Por otro lado, el decir todo se ha transformado en un deber; los programas televisivos muestran un confesionario que ha devenido lugar público. La tecnología anula los espacios que estaban confinados al silencio; lejos ha quedado la muchedumbre silenciosa, que hoy transcurre acompañada por los infaltables celulares, hablando o enviando mensajes de texto insustanciales. Así, si en la época de Freud había que liberar al síntoma de su silencio, hoy hay que llevar el parloteo sin medida a la singularidad de un decir propio. Esto se debe a que el mercado también estimula el deseo histérico, que, cuando no tiene detención, conduce al extravío. El psicoanalista Javier Aramburu, haciendo un juego de palabras, llama a la histeria del siglo XXI no “de conversión” (síntomas en el cuerpo) sino “de conversación”.

Es tan obse...

La manera en que los neuróticos obsesivos intentan detener el tiempo es permanecer en la duda, ya que una decisión siempre implica una pérdida. Tal escamoteo entraña mirar la vida como desde un palco, rechazando estar en el escenario del devenir; de ahí que no querer que el tiempo pase, creerlo eterno, conduzca paradójicamente a la mortificación. Freud hace suya la frase latina Si vis vitam, para mortem: “Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte” y, también, “Si quieres vivir la vida, prepárate para la muerte”; prepararse quiere decir no soslayar la finitud.
Clásicamente, en el intento por preservar el ser de la finitud se separa el ser del tiempo. El amor y la verdad siempre han tenido la pretensión de quedar resguardados de los avatares temporales, confinados ellos al “fuera del tiempo”. No por nada se habla de las “verdades eternas” y los “amores eternos”. Gilles Deleuze dice que el tiempo pone a la verdad en crisis; agreguemos que también al amor. La manera de mantenerlos estancos es... no ponerlos a prueba. Por ello los amores imposibles son los que aspiran a una eternidad en cuanto no se realizan, pero al mismo tiempo son amores muertos, coagulados en un eterno presente, fijos en lo que podría haber sido.
* Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Texto extractado de Todo lo que necesitás saber sobre psicoanálisis, de reciente aparición (Ed. Paidós).

martes, 3 de junio de 2014

CUANDO EL VIGORE MENGUA,AVANTI CON LA LENGUA....

La preferencia por coito respecto sexo oral aumenta durante la ovulación

Pere Estupinya

Investigadores canadienses han observado que durante la ovulación los genitales femeninos se excitan mucho más observando imágenes de penetración que de sexo oral. La diferencia se reduce significativamente en otras etapas no fértiles del ciclo menstrual

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Fotopletismógrafo vaginal con el que se mide la respuesta genital femenina. Sexual Psychophysiology Lab, Kinsey Institute. Foto: Pere Estupinyà
   Las preferencias de pareja, comportamiento y respuesta sexual femenina cambian a lo largo del ciclo menstrual. Varios estudios han confirmado que durante la ovulación las mujeres sienten mayor deseo sexual, tienen más fantasías, se masturban más, se visten con ropa más seductora, prefieren hombres con rasgos más marcados de testosterona, suelen sentir mayor placer durante el sexo, alcanzan más fácilmente el orgasmo, e incluso en las mujeres bisexuales aumenta ligeramente la preferencia por hombres respecto mujeres.
   Dentro de esta variabilidad, algo que no se había establecido todavía era si las mujeres sienten mayor inclinación por una práctica sexual u otra en función del momento del ciclo menstrual en que se encuentren.
   Para averiguarlo Kelly Suschinsky del laboratorio de Meredith Chivers en la canadiense Queen’s University realizó el siguiente experimento: seleccionó un grupo de mujeres heterosexuales de entre 18-40 años, que tuvieran ciclos regulares y no estuvieran tomando fármacos, y tras un mínimo de 24 horas de abstinencia sexual les mostró varios videos eróticos con imágenes de penetración y de sexo oral. Hizo el mismo experimento dos veces, durante la ovulación y días después en la fase lútea (no reproductiva).
   Mientras las chicas observaban los diferentes videos, los investigadores medían su excitación genital con un fotopletismógrafo vaginal. También les preguntaban por el grado de excitación subjetiva que sentían. Las imágenes ya habían sido utilizadas en previos experimentos y estaba comprobado que resultaban erógenas en la mayoría de mujeres. Para evitar el sesgo de orden de exposición, la mitad de chicas empezaron con la primera tanda de imágenes durante la ovulación, y la otra mitad por la fase lútea.
   Los resultados fueron tremendamente significativos: cuando los videos se mostraron por primera vez durante la ovulación, la respuesta genital fue 5 veces mayor al observar coitos que sexo oral. En cambio, cuando se empezaron a mostrar en la fase no reproductiva, las imágenes de penetración y de sexo oral generaban una excitación genital muy parecida. Claramente las vaginas reaccionaban mucho más ante penetraciones durante la ovulación que en otras fases no reproductivas del ciclo menstrual.
   Mente y genitales no siempre están bien conectados
   Curiosamente las respuestas que daban las voluntarias sobre percepción subjetiva de excitación eran menos distantes. Esto encaja con resultados previos del grupo de Meredith Chivers, pionera en la investigación de la “sexual concordance” o concordancia sexual entre mente y genitales. Chivers ha demostrado que la excitación física de clítoris y vagina no siempre coincide con la excitación mental sentida por las mujeres a nivel subjetivo. Hay imágenes o situaciones sexuales que -por diferentes motivos- a algunas mujeres no les resultan estimulantes, o incluso les disgustan, pero que generan una respuesta de excitación inconsciente e incontrolada en sus genitales.
   El primer encuentro sexual puede condicionar los siguientes
   Otro resultado interesante del experimento fue que el orden de exposición importaba y podía establecer ciertas preferencias a medio plazo: Las mujeres cuya primera batería de vídeos fue mostrada durante la ovulación, efectivamente mostraron una marcada preferencia por el coito respecto el sexo oral, que disminuyó pero se mantuvo durante la fase lútea. En cambio en las que empezaron por la fase no reproductiva, sexo oral y coito generaron excitación similar, y después durante la ovulación la preferencia por coito subió de forma significativa pero sin alcanzar la diferencia observada en las mujeres que habían empezado durante la ovulación.
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   En las conclusiones de su artículo científico, los investigadores especulan que el momento del ciclo menstrual puede influir en qué tipo de prácticas realicen las parejas durante su primer encuentro íntimo, y esto condicionar levemente las preferencias o satisfacción en posteriores.
   Obvio que la fase del ciclo menstrual no es el único ni principal factor que interviene en la compleja respuesta sexual femenina. Pero a excepción de bonobos y humanos, el resto de hembras de mamíferos sólo sienten excitación durante la ovulación, y sí tiene sentido que esta programación interna ejerza todavía cierta modulación inconsciente del comportamiento sexual de las mujeres actuales.

lunes, 2 de junio de 2014


“El enfermo suele ser más fuerte que el entorno porque sabe cómo es la lucha”

Albert Espinosa. Autor de la serie “Pulseras rojas”, sobre adolescentes con cáncer, que filmará Spielberg
Ingeniero industrial químico, escritor, guionista y actor, el catalán Albert Espinosa es capaz de ir contra los pronósticos y las estadísticas, y sorprender con sus logros. Lo primero sucedió a sus 13 años, cuando le diagnosticaron un cáncer –osteosarcoma– que lo hizo vivir su adolescencia internado en hospitales y le quitó una pierna, un pulmón y una parte del hígado. Con un pronóstico de un 3 por ciento de posibilidades de sobrevivir, Espinosa se bancó 186 sesiones de quimioterapia durante diez años, y acá está contando su historia. Al recibir el alta, eligió estudiar Ingeniería, se recibió y en el camino hizo un curso de teatro que lo llevó a encontrar su pasión: escribir. ¿Sobre qué? Espinosa elige temas tabú, de esos que casi no se habla, de lo se considera poco masivo en el mundo de las editoriales, productoras de cine y televisión. Elige hablar sobre el duelo, las enfermedades mentales, los cojos, el suicidio, el cáncer o la muerte. Lo hace en tono de comedia e incluye, a la vez, la amistad, la familia y el amor. Pese a las bajas expectativas, sus libros son best sellers, con ventas que superan el millón de ejemplares sólo en España, como El mundo amarillo, que presentó hace unas semanas en Buenos Aires, en la Feria del Libro. Y no es solo eso: Espinosa alcanzó una altísima audiencia con su serie de televisión, Pulseras rojas, que se vendió a más de quince países (en la Argentina se emitió dos veces) y que ahora será filmada por Steven Spielberg. En la serie, las pulseras rojas identifican a los pacientes de la unidad oncológica. En los días en que visitó Buenos Aires –y cientos de chicos con esas pulseras lo fueron a ver a la Feria y lloraban ante su presencia–, Espinosa habló con Clarín. Al revés de lo que les pasa a la mayoría de las personas, Espinosa afirma sin dudar que no le teme a la muerte. “La muerte forma parte de la vida. La vi tan cerca, han muerto tantos amigos, que le perdí el miedo. Considero que si aprendes a morir, aprendes a vivir”. Y se permite hacer bromas sobre su pierna ortopédica: “ Soy de las pocas personas vivas que tiene un pie en el cementerio ”, es uno de sus dichos preferidos, en referencia a la fiesta de despedida que le hizo a su pierna antes de la amputación. Con el mismo humor llama abiertamente “pelones” a los chicos pelados por los tratamientos oncológicos, y filma una tierna comedia sobre la amistad y el amor con personajes con discapacidad mental (No me pidas que te bese porque te besaré).
Su mundo amarillo 
“Elijo estos temas tabú porque con ellos me eduqué en los hospitales, allí son parte del día a día. Así como Woody Allen habla de Manhattan, yo hablo de mi pequeña ciudad que es mi hospital, ese es mi mundo amarillo. Con
Pulseras rojas
quise hacer una serie realista, en la que la gente muere pero también es feliz”, describe Espinosa mientras disfruta de un postre con dulce de leche y anticipa su próximo trabajo: “escribo una novela sobre la vida en un psiquiátrico”. Desde su mundo amarillo, Espinosa propone incorporar en los colegios “materias sobre las pérdidas, el dolor o el amor, para estar más preparados y que nos vaya mucho mejor en la vida”.Este escritor, nacido en 1973, cuenta entusiasmado que hace menos de un mes viajó a los Estados Unidos para presenciar la grabación del programa piloto de
Pulseras rojas
, a cargo de Steven Spielberg. “Estar ahí y ver que es una realidad fue genial. Spielberg es el mejor, y logrará que la historia de los pulseras sea universal”. A partir de la serie de televisión, en España aumentaron un 40 por ciento las consultas a hospitales pediátricos. “Visito todas las semanas a niños internados y ellos me dicen que sus héroes no llevan capa sino pulseras rojas. Para mí, eso es de lo más bonito”.

–¿Qué atrae a los adolescentes de una historia sobre chicos internados con enfermedades graves como el cáncer?

– Lo que me dicen es que les gusta la amistad, la lucha y, lo más importante, la libertad que tienen: sin padres que les digan que hagan la tarea o que vayan a dormir. Son adolescentes libres, que deciden su vida incluso cuando van a hacerse una radiografía. Les encanta ver a gente de su edad que toma decisiones, a los que tratan como adultos. Además, en la serie nunca hay dinero, no hay transacciones. Quise contar historias sin consumo ni tecnología.
–¿Por qué no aparecen tus padres en tus historias?

–De mis padres no hablo nunca, no quiero hacer una ficción de ellos. No soy padre de un niño con cáncer y no sé lo que se siente. Sólo hablo desde mi mirada de niño. El que está enfermo suele ser más fuerte que el entorno. Cuando estás metido en la faena sabes cómo es la lucha pero el que está afuera no puede calibrar lo que pasa y no sabe cómo ayudar. A veces se sufre más mirando un partido de tenis que jugándolo.
–¿Por qué aclarás que tus libros no son de autoayuda?

– Porque no intento cambiar a la gente con mis historias, no doy soluciones sino que cuento mis aprendizajes, mi experiencia. Mis historias son ternuristas, creo que la ternura nos hace funcionar mejor en la vida.
Espinosa comparte su fórmula de la felicidad: vivir día a día. “Tengo el alta médica desde hace 17 años; nunca pensé que llegaría a los 25, ni a los 35, y acá estoy. Yo hago planes de hasta 3 meses máximo. Aprendí a vivir al día. Pienso que cada día me puedo morir y entonces cada noche tengo una gran alegría. Cada día es un regalo.
–Afirmás: “Cree en tus sueños y se crearán”. ¿En qué sueños creíste y se crearon?

–Estar vivo es el primero. El segundo es escribir. Dedicarme a esto es un sueño cumplido. Las tres formas de darle sentido a tu vida son: escribir algo que nazca de tí, creer en el amor y transitar el sufrimiento no buscado.
-¿Todavía soplás para pedir deseos como contás en tus libros?

–Todavía soplo, sobre todo en Menorca, una isla de España adonde viajamos con mis padres cuando me dieron un 3 por ciento de posibilidades de sobrevivir. Tenía 15 años y ahí decidí que valía la pena intentarlo, soplé y acá estoy. Cada año vuelvo, pido un deseo y soplo.
–¿Cuál es tu imagen de paz?

–El agua. Suelo escribir a mano en el agua, en una bañera, en una piscina o en el mar. Es mi fuente de inspiración.
–¿Qué les decías a los chicos con mascarillas o en silla de ruedas que fueron a verte a la Feria del Libro?

–Esos niños se la estaban jugando al venir a verme porque están bajos de defensas. Vienen a contarme su historia porque la mía es igual a la de muchos de ellos. Les digo que la pasen bien, que luchen, que lo importante no es vivir o morir sino luchar. Y, sobre todo, que disfruten el día a día.