Así funciona la sexualidad de la mujer: tres trucos para sacarle partido
La
guionista Ali Adler ha publicado un libro en el que explica a los
hombres cómo deberían comportarse con sus parejas si quieren que les
vaya bien. Y sabe lo que dice: a ella también le gustan las mujeres
No hace falta postrarse a los pies de nadie para conseguir un poco de sexo, tranquilo. (iStock)
En España el nombre de Ali Adler (o Allison Adler)
probablemente suene a chino a la mayor parte de lectores, pero en
Estados Unidos es una figura de culto en el mundo del espectáculo
gracias a su trabajo como guionista en series como Family Guy, Glee, The New Normal o, más recientemente, Supergirl, de la que es productora ejecutiva. Su ascensión en el mundo televisivo masculino ha ido acompañada de una valiente actitud a la hora de hablar de su vida personal: entre 2002 y 2011 vivió una larga relación con la actriz Sara Gilbert (The Big Bang Theory), con la que tiene dos hijos.
Al mismo tiempo que trabajaba en la serie de la superheroína, Adler ha escrito y publicado How to F*ck a Woman (es decir, “cómo f*llarse a una mujer”) que, editado por Weinstein Books, intenta ser una divertida guía para hombres sobre el verdadero funcionamiento de las mujeres, iluminada con las ilustraciones de Liza Donnelly.
Al fin y al cabo, como la propia autora reconoce, ¿qué mejor que una
mujer a la que le gustan las mujeres para enseñar a los hombres a tratar
a las mujeres? “Incluso después de años de amistad, trabajar juntos,
salir, follar, amarse o casarse, los hombres no parecen entender las
cosas más básicas sobre las mujeres”, se lamenta en el libro.
¿El hándicap? Que lo más sencillo, que es preguntar a la mujer para saber qué quiere de verdad está descartado, no vaya a ser que piensen que somos unos incompetentes. Un fragmento del libro publicado en Salon
da buena idea del estilo humorístico y irónico de la autora. En él,
Adler relata cómo explicó a un grupo de compañeros cómo dar verdadero
placer a sus mujeres después de que uno de ellos alardease de haber
“follado fuertemente” a su pareja y haber “jugado con su clítoris”
mientras hacía un gesto como si estuviese apagando y encendiendo un
interruptor de la luz. Apenas dos semanas después de su lección, las
novias de sus compañeros se le acercaron para darle las gracias por
haber mejorado su vida.
Ellas tienen tetas. Tú, orejas
“El
primer paso en tu cruzada para follarte una mujer es intentar
entenderla”, explica la autora en un capítulo llamado “Trueque: cómo cambiar la atención por sexo”.
A continuación ironiza con la visión habitual que muchos hombres tienen
sobre las mujeres como seres “irracionales, hormonales e
inconsistentes” pero que, a cambio, “huelen bien y tienen tetas”. “Para
conseguir algo, tienes que dar”, recuerda. En definitiva, es necesario
tratar a los demás como uno desearía que le tratasen o, mejor dicho,
tratar a los demás como ellos querrían que tú los tratases. Una obvia
máxima cristiana que, en momentos de ligoteo, suele traducirse en
“comportarse como un macho alfa”, lo cual quiere decir “quedar en
ridículo”.
Básicamente, recuerda Adler, el hombre que quiera tener éxito debe ir en contra de sus instintos naturales.
Eso se traduce en hacer todo lo contrario que uno querría hacer, que es
básicamente no escucharla. “Piensa en su necesidad de relacionarse”,
explica la autora con ironía. “Sus emisiones verbales son una forma de
eyaculación verbal”. Adler cree que el verdadero preliminar que excita a
las mujeres es poder hablar de su día y de sus frustraciones, sin ser
interrumpida. “Ya sé que es doloroso, y que te gustaría pasar de
puntillas. Pero sé generoso ahora para que luego puedas ser egoísta”. En lugar de las soluciones a nuestros problemas queremos tu empatía, y saber que nos escuchas
“Sí,
a nosotras también nos gusta el sexo, pero si nos sentimos mal, no
conseguirás sexo”. Ser escuchadas es una parte importante de su vida, de
igual manera que para el hombre puede serlo “sentarte con la cabeza en
blanco a ver la tele o pasar horas y horas en el retrete”.
Muy importante: se trata de escuchar, asentir y mostrar empatías, no de
proporcionar soluciones mágicas, por mucho que su condición parezca
empujar al hombre a ello. “Tus soluciones nos molestan”, explica la
autora. “Sentimos lo mismo con tus oídos que tú con nuestras tetas. En
lugar de las soluciones a nuestros problemas queremos tu empatía, y
saber que nos escuchas”. Así que apaga el ordenador, el móvil, la
televisión, mira a tu pareja a los ojos, asiente a veces, pregunta por
los detalles y todo irá bastante mejor. Para los dos.
Lo que el sexo significa para las mujeres
Las
enseñanzas de Adler no se agotan en lo meramente emocional. Aunque
muchas no estarán de acuerdo, la autora considera que, al contrario de
lo que ocurre con los hombres, “para las mujeres el sexo es un medio,
no un fin. Claro, para un orgasmo, pero también para conectar
emocionalmente”. La guionista considera que el sexo sin ataduras es,
para las mujeres, un mito tan grande como Blancanieves y los Siete
Enanitos. Es evidente: ¿en qué estaban pensando siete pequeños hombres
al llevarse a su casa a una chica inconsciente? ¿Acaso tiene algún
sentido que un príncipe maravilloso fuese a preocuparse por una chica
muerta en mitad del bosque?
“Las mujeres tienen una mala reputación por sus expectativas poco realistas”,
señala la autora, “Pero a los hombres les pasa lo mismo”. En el caso
masculino, lo que ocurre es que sueñan con encontrar a alguien que
satisfará todas sus necesidades sexuales y emocionales sin tener que
entenderlas o explicarlas. “Comieron perdices y fueron felices para
siempre sin tener que levantar la vista de la pantalla del móvil, del
sándwich o del porno”, resume.
La autora, además, advierte a los hombres contra el "efecto de la vagina" (The Vagina Effect),
que impide a los hombres tomar decisiones cabales ante la visión de la
mujer en la que están interesados. Un síndrome que suele acabar con
muchas relaciones, y que generalmente se suele justificar a posteriori a
través de una larga lista de razones (“es que ya no era lo mismo…”).
“En la fase inicial, cuando estás borracho de coño (pussy-drunk),
en la que tu fisiología llega a cambiar por la adrenalina, no puedes
ver nada con claridad”, advierte la autora. Eso no funciona únicamente
con las personas en una relación, sino con cualquiera que quiera tener
algún éxito con el sexo femenino, advierte la autora. Y el que avisa no
es traidor.
jueves, 28 de mayo de 2015
Calidad de vida vs. longevidad
El cardiólogo italiano Marco Bobbio propone no obsesionarse con prolongar la vida.
VOZ
POLÉMICA. Bobbio está en contra de la prolongación artificial de la
vida. También, del exceso en estudios y análisis a los pacientes.
Marco Bobbio, de 63 años, dirige uno de los centros de referencia cardiológico en Italia, el hospital Santa Croce e Carie di Cuneo, en el Piamonte. Bobbio saltó a la fama cuando se colocó decididamente en contra de la obsesión por la preservación de la juventud a cualquier costo. De su padre, el filósofo Norberto Bobbio,
defensor de los derechos individuales y un ícono a nivel mundial, el
cardiólogo heredó la inteligencia y la ironía cortante con la que
postula sus tesis.
“Mi padre decía que la persona culta es aquella que le da valor a la
duda. Y es lo que hago cotidianamente ejerciendo la medicina”, dice
Marco. Periodista: La medicina preventiva es una rama con muchas historias de éxito para contar, pero a uste no lo convence totalmente… ¿por qué? Marco Bobbio: Hay una exageración en las medidas que
buscan evitar la difusión de las enfermedades. El médico debería
intervenir menos y esperar un poco más a que las cosas sigan su curso
natural. Creo en las intervenciones en situaciones agudas, como en el
caso de un paciente que está siendo víctima de un infarto o de un
derrame cerebral. Pero desconfío un poco de las medidas a largo plazo.
Los tratamientos de la medicina moderna hacen que las personas vivan
más. Se vive más, pero no se vive tan bien. Son poquísimas las personas
que llegan a una edad avanzada sin problemas. La vida se prolongó. Pero
también se acrecentó el malestar asociado al envejecimiento. Y no hay
cura para ese malestar. Es lo que yo llamo “la paradoja de la medicina”.
Veo personas que tienen 85 o 90 años y dicen todo el tiempo que están
cansadas. Periodista: ¿Cómo armonizar su propuesta con la premisa
de la medicina de hacer todo lo que esté a su alcance para hacer que
los pacientes vivan cada vez más? Bobbio: Los cuidados preventivos pueden llevar a una
persona hasta los 90 años con un sistema cardiovascular funcionando muy
bien. Pero esos cuidados no pueden eliminar por completo todos los
problemas que van asociados con la edad avanzada, como la dificultad de
locomoción, la pérdida de memoria y el cansancio. La tecnología de los
exámenes y la mejora de los medicamentos son dos recursos muy capaces
para mantener a una persona viva por mucho tiempo más, pero hasta ahora
no ha sido posible desarrollar mecanismos que sean capaces de
proporcionar calidad de vida a los pacientes de edad avanzada. Periodista: Una mujer de 50 años descubre al hacerse su
chequeo anual que tiene un cáncer de mama en una fase inicial. En esas
circunstancias, las probabilidades de cura superan el 90%. Sin medidas
preventivas ella estaría condenada, ¿no? Bobbio: Las pesquisas contra el cáncer de mama son uno
de los pocos exámenes que tienen una capacidad preventiva comprobada. En
ese caso hipotético, es innegable que la prevención sería decisiva. El
problema surge cuando los médicos no respetan los valores y las
necesidades de sus pacientes, creyendo que lo que les ofrecen es siempre
lo mejor. No se pregunta ni siquiera qué es lo que el paciente quiere.
Muchas veces la cuestión es darle el derecho de no seguir un determinado
tratamiento, si esa fuera su voluntad. Periodista: Conocer el riesgo de desarrollar una dolencia, por menor que sea, ¿no ayuda al paciente a organizar su vida? Bobbio: Eso sería cierto si, al descubrir que tenemos
una enfermedad, fuésemos siempre capaces de eliminarla. Pero el punto es
que raramente es posible cambiar la historia de un trastorno. Las
dificultades comienzan por los exámenes que identifican al problema. Los
pacientes creen que los exámenes dan siempre una respuesta definitiva.
¿El tumor es benigno o es maligno? ¿La placa de grasa se va a expandir o
no? Cualquier examen tiene lo que se conoce como resultado falso
negativo o falso positivo. En caso de un falso negativo, el paciente se
va tranquilo a su casa, aún cuando en realidad pueda tener un cáncer.
Entonces, cuando un estudio o análisis confirman que hay alguna
enfermedad, el paciente se somete a innumerables procedimientos
invasivos y, posiblemente, a un procedimiento que lo va a mutilar.
Actualmente hay un exceso de determinismo en la práctica de la medicina. Periodista: Se calcula que, en promedio, uno de cada cinco estudios dan un falso positivo o un falso negativo. ¿Es un número muy alto, no? Bobbio: La tasa de los falsos positivos y de los falsos
negativos depende del tipo de examen, de la manera en que es aplicado y
de las condiciones de su realización. Una regla para saber si vale la
pena someter a un examen de detección precoz es conocer los datos
globales de su eficacia. Periodista: ¿Cuál es el pecado más evidente que los médicos cometen actualmente? Bobbio: La mayoría de los médicos son muy arrogantes, y
tratan de imponer su punto de vista a toda costa. Parte de la culpa es
de las sub-especialidades médicas, un fenómeno reciente en la medicina.
Ellas son necesarias para la comprensión más profunda de una enfermedad,
pero cuando el médico se concentra en una pequeña porción de una
determinada afección, pasa a ver al paciente de manera fragmentada. Los
médicos de hoy día solo saben hablar de cuestiones referentes a sus
subespecialidades. No del paciente. La postura de los especialistas es
que para cada problema hay una única solución. Los exámenes y
tratamientos están determinados por los estudios científicos, sin
mayores reflexiones. Si una persona sufre un infarto en San Pablo, en
Nueva York o en la India, es tratado básicamente de la misma manera.
Son, evidentemente, buenos abordajes, pero que funcionan bien con un
paciente promedio. Cuando el enfermo busca ayuda médica, los
profesionales deberían comprender que es un individuo único, no un
promedio. Esto parece una obviedad, pero no se tiene en cuenta. Cada
paciente tiene una historia que debe ser tenida en cuenta. Y eso
implica, muchas veces, no seguir las directrices médicas. Hay quienes
quieren someterse a tratamientos menos eficaces, pero menos invasivos.
También hay personas que no quieren prolongar la vida si no tienen
calidad de vida. La decisión tiene que ser primordialmente del paciente. Periodista: En el final de su vida su padre, el
filósofo Norberto Bobbio, no fue sometido a ningún tratamiento
extraordinario. ¿Eso fue una decisión suya? Bobbio: En octubre del 2003, mi padre cumplió 94 años
en condiciones bastante buenas. Estaba un poco limitado físicamente, ya
no salía de casa, como mucho lograba caminar del cuarto de baño a la
sala de estar. Festejamos su cumpleaños en su casa, pero dos días
después se contagió una neumonía y fue al hospital, con una fuerte
dificultad para respirar. Fue tratado con antibióticos, antitérmicos y
recibió oxígeno. Se recuperó y volvió a su casa, el 6 de enero del 2004.
Al día siguiente empeoró drásticamente, volvió la fiebre y su estado
general se agravó. Tuvimos entonces que tomar una decisión, en cuanto a
si dejar que fuera entubado y que recibiera alimentación artificial. Yo
dije que no quería eso. Pensé que hasta hacía poco tiempo atrás mi padre
tenía una vida maravillosa. Pero desde hacía tres años solo sentía que
estaba deprimido, y en los últimos meses repetía con frecuencia la
expresión latina “taedium vitae”, para decir que estaba cansado de la
vida. A partir de aquel momento solo recibió el soporte médico necesario
para controlar el malestar causado por la enfermedad. Incluso cuando su
corazón empezó a latir más irregularmente, las enfermeras me
preguntaban qué tenían que hacer. Nada, les respondí. El 9 de enero
falleció. Periodista: ¿Cómo puede estar seguro un médico de cuándo es la hora de interrumpir un tratamiento? Bobbio: Es muy difícil, independientemente de la
situación del paciente. Se trata siempre de una decisión que debe ser
tomada con el paciente o sus parientes. Pero siempre trato de seguir la
lógica de un movimiento médico que nació en la última década y se llama Slow Medicine
(Medicina lenta), y del cual formo parte. El lema es practicar una
medicina lo menos invasiva posible, que respete la voluntad del
paciente. Periodista: ¿Qué piensan sus pacientes de sus opiniones? Bobbio: Los que no están de acuerdo no vuelven más. Pero le puedo garantizar que la mayoría vuelve.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Si acabás--CORRES-- con un robot y nadie te ve, ¿acabás realmente?
Los robots sexuales son
una amenaza de cambio en un futuro no muy lejano y en el suple, con una
entrevista a una psicóloga, conseguimos separar la paja del trigo. Un
objeto es un objeto y las relaciones sexuales se escapan de esa lógica.
Amor, muñecos, cosificación y una cultura machista que logra enamorarse
de los objetos que le otorgan placer.
.
Las muñecas inflables, aquellas que con
cara de espanto abrían la boca y se les notaba la costura, quedaron
demodé. Y es porque ahora existen otras muñecas, más sofisticadas, con
poquísima pinta de ser una imitación y, lo más importante, suavecitas y
suavecitos al tacto. Casi casi piel. Casi casi sexo.
Podíamos contarte las nuevas y más sofisticadas tecnologías que se
utilizan, principalmente en Japón, para la satisfacción personal, para
la lucha contra la soledad, para una paja más actuada. Pero decidimos
preguntarnos un poquito qué pasa, cuál es la diferencia, si es que la
hay, a tener relaciones sexuales con un humano y tenerlas con un pedazo
de plástico y metal.
La licenciada en psicología, Daniela Gasparini, nos explica
algunas cuestiones. Los posibles beneficios que se indican al utilizar a
estos acompañantes sexuales son varios y no menores: disminución de la
prostitución, disminución de la pedofilia y disminución de las
enfermedades de transmisión sexual.
“En primer lugar, respecto de que el sexo con robots podría
reemplazar el consumo de la prostitución, lo veo difícil. Más allá de
las subjetividades de la época, la prostitución ajena o explotación
sexual de mujeres y niñas y niños, es un negocio mundial que
difícilmente sea combatido por la promoción de sexo con robots. Por otro
lado, las enfermedades de transmisión sexual deberían ser parte de la
agenda pública sobre prevención de la salud, no salvarse por muñecos.
Eso implica un cambio político y cultural que puede llegar a buen puerto
si se toma con responsabilidad”, indica.
Gasparini sostiene que por más robots que haya, las relaciones
sexuales con seres humanos no serán reemplazadas, por lo tanto, el
riesgo en relaciones sexuales no cuidadas no disminuirá. “El amor y el
enamoramiento se crean principalmente en el vínculo de dos o más
personas que se relacionan, que lo hacen a través del lenguaje, la
cultura, las emociones, los proyectos. En una relación hay un otro o una
otra, hay un vínculo, en cambio en un robot solo se puede crear una
manipulación de un objeto para satisfacer deseos sexuales”.
Buscamos mucho y, como todo el mercado sexual está hecho y pensado
para los hombres culturalmente consumidores de pornografía, nos costó
encontrar muñecos y no así muñecas. Pero algo hay, aunque poco. A los
bichitos de las fotos, según dice la empresa “Synthetics” que los
fabrica, los podés vestir como quieras, poner en donde quieras y en la
posición que te guste más. Obviamente también podés elegir el tamaño del
pene y ponerle uno algo floflo o uno erecto.
En Estados Unidos, Dave Cat,
con 39 años, se enamoró hace 15 de ‘Sidore’, una muñeca que compró por
6000 dólares. Más acá, Daniela, que además de ser psicóloga está abocada
a las problemáticas de género, nos explica que, que una mujer sea
confundida con un objeto, es histórico y nada anormal. “Las mujeres
hemos sido históricamente, en el marco de culturas y sistemas políticos,
económicos y sociales patriarcales, objetivizadas, parcializadas,
cosificadas. Tratadas como objetos sexuales para la satisfacción de los
varones, estábamos para tener sexo con nuestras parejas, funciones de
reproducción y para la educación de nuestros hijos. Por lo tanto, no
sería raro que un hombre pueda llegar a crear una relación sentimental
imaginaria con un objeto que le otorga placer sexual, desde la óptica
cultural. Desde la óptica psíquica, yo pensaría en un buen tratamiento,
una cosa es la construcción de una manipulación obsesiva de un objeto
con un fin determinado, y otra es proyectar tu vida con un robot”.
El estudio, que además asegura que en pocos años los robots estarán y
ocuparán muchísimos labores, no sólo el de la satisfacción del placer
sexual, indica que estos robots sexuales o "sexbots" serán idénticos a
los seres humanos, tendrán un tacto similar y, claro, se van a mover
igualito a como se mueve el chico y la chica que te gustan.
“Los robots, así como los diferentes juguetes sexuales son objetos, y
está bien utilizarlos para nuestras experiencias sexuales siempre que
sólo impliquen la satisfacción de los deseos sexuales sin daños a sí
mismos ni a terceros”, finaliza Gasparini.
Y bueno, será cuestión de saber utilizar estos aparatos sexuales y
sacarle provecho a poder simular una relación sexual con la forma de tu
compañero de trabajo que nunca te dio bola, o esa actriz famosa que te
encanta pero que jamás te vas a cruzar en la vida.
La primera fase de la eyaculación es más eficaz para concebir
Los espermatozoides de la primera fase del eyaculado son
más numerosos, se mueven más y presentan un ADN de mejor calidad que los
más rezagados. Así concluye un estudio liderado por la clínica de
fertilidad Ginemed, que afirma que mientras el objetivo de la primera
parte es fecundar el óvulo, el de la segunda fase es que ningún
espermatozoide de otro varón tenga oportunidad de fecundar.
1 / 1
El
primer objetivo de un eyaculado sería fecundar el óvulo y el segundo
que otro varón no tenga oportunidad de fecundarlo. / FotoliaUn trabajo liderado por la clínica de reproducción humana asistida Ginemed, publicado en la revista Systems Biology in Reproductive Medicine,
analiza las ventajas de usar, en la fecundación in vitro, fracciones
del eyaculado por separado para mejorar así la calidad de la muestra de
semen.
La hipótesis de los investigadores era que, de los
diferentes impulsos de semen que salen en una eyaculación, la primera
contendría los espermatozoides con los mejores parámetros seminales, por
lo que se podría usar como un método útil de selección de
espermatozoides antes de la fertilización.
El primer objetivo de un eyaculado sería fecundar el óvulo y el segundo que otro varón no tenga oportunidad de fecundarlo
“El eyaculado siempre se ha considerado como un todo. Sin embargo,
pensamos que se divide en dos fases bien diferenciadas por su
composición y funciones fisiológicas, orientadas a conseguir dos
acciones igual de importantes en la reproducción”, explica a Sinc María
Hebles, codirectora del laboratorio de reproducción de la Clínica
Ginemed de Sevilla y primera autora del estudio.
El primer
objetivo de un eyaculado sería fecundar el óvulo y el segundo que otro
varón no tenga oportunidad de fecundarlo. Por ello, la primera fracción
se caracteriza por tener componentes protectores como el zinc, mientras
que la segunda contiene elementos que pueden causar daños a los
espermatozoides.
Sin embargo, para su uso en técnicas de
reproducción asistida el líquido se recoge normalmente en un solo bote,
por lo que ambas fases están mezcladas. “Esto puede tener un efecto
deletéreo sobre la población de espermatozoides”, añade Hebles.
Basándose
en esto, los especialistas solicitaron a 40 participantes la recogida
del eyaculado fraccionada en dos botes, uno para cada fase. De este
modo, separaron la primera y segunda fase y estudiaron las
características de los espermatozoides en cada una de ellas.
Los
datos sugieren que la primera parte posee una subpoblación mejorada de
los espermatozoides, con una menor fragmentación del ADN espermático.
Por lo tanto, el uso de los espermatozoides de esta fracción puede tener
un efecto positivo sobre la fertilización y el desarrollo embrionario.
La primera parte posee una subpoblación mejorada de los espermatozoides, con una menor fragmentación del ADN espermático
“Como esperábamos, los espermatozoides de la primera fase del
eyaculado eran superiores en movilidad y recuento, y lo más importante,
tenían una integridad del ADN superior a los espermatozoides de la
segunda fase”, afirma la investigadora.
En vista de los
resultados, los expertos ahora solicitan a todos los pacientes por
protocolo la recogida fraccionada del eyaculado, “mejorando de forma
simple y sin coste alguno la calidad de los espermatozoides que
emplearemos para la fecundación”, subraya Hebles. Fases de la eyaculación
El
líquido expulsado durante la eyaculación se compone de varios
fragmentos, distribuidos en una fase preeyaculatoria, primera y segunda
fracción del eyaculado. Aunque no hay estudios definitivos al respecto,
la fase preeyaculatoria o líquido preseminal no contiene
espermatozoides, es una secreción incolora de las glándulas de Cowper
que se expele para minimizar la acidez de la uretra.
Por su parte,
la primera fase representa entre el 15 y el 45% del volumen del
eyaculado, es rica en espermatozoides, fosfatasa ácida, ácido cítrico,
magnesio y zinc, que ejercen un efecto protector sobre los
espermatozoides. La segunda fase constituye el volumen restante, del 70
al 90%, y está compuesta por secreciones de las vesículas seminales
ricas en especies reactivas de oxígeno, que tienen un impacto negativo
sobre las características seminales.
Referencia bibliográfica:
María Hebles,
Mónica Dorado, Miguel Gallardo, Mercedes González-Martínez, Pacual
Sánchez-Martín. ‘Seminal quality in the first fraction of ejaculate’. Syst Biol Reprod Med, Early Online: 1–4 2014 DOI: 10.3109/19396368.2014.999390
«La neurociencia hará transparente nuestro cerebro, como de cristal»
Este especialista publica un libro divulgativo con los últimos estudios
Marcos MíguezAmor Pan analiza en este libro las repercusiones de la llamada revolución neurocientífica.
Sorprende y fascina. También provoca escalofríos.
Habla de técnicas que permiten escanear el cerebro para pulsar resortes
que ni conocemos: saber si está averiado y por eso cometemos un delito,
si mentimos, dónde está la empatía o por qué consumimos un producto y no
otro: «Se trata de detectar por neuroimágenes qué es lo que experimenta
el consumidor cuando adquiere un producto... Ya se está investigando
cómo determinados olores entran directamente en ciertas zonas neuronales
para incitar al consumo». De esta revolución neurocientífica escribe
José Ramón Amor Pan (A Coruña, 1966) en su nuevo libro Bioética y
Neurociencias. El volumen, de casi 800 páginas y cuyos subtítulo es Vino
viejo en odres nuevos, es fruto de cuatro años de trabajo y se presenta
mañana, martes, a las 20.00 horas en la sede de Afundación.
-¿Por qué ese subtítulo?
-Los grandes temas que están detrás son los de
siempre, los de la filosofía y la ética, solo que están con un nuevo
ropaje, con nueva presentación, con algunos elementos novedosos.
-¿Como cuáles?
-La libertad, si somos o no somos realmente libres.
Hay experimentos que parecen indicar que no lo somos, pero eso no es
cierto. De ahí el subtítulo: la manía de reducir el ser humano a sus
neuronas ya estaba en el materialismo del siglo XIX. Hago una crítica
contra este neurocentrismo o el neuroexistencialismo.
-¿Cómo valora las actuales técnicas de neuroimagen?
-Se quieren llevar más allá del ámbito estrictamente
médico y esto puede generar no pocos problemas éticos y legales. Se
habla ya de un neuroderecho, es decir, podemos admitir como prueba en un
juicio un escáner cerebral en el que se demuestre que ese cerebro tiene
dañada una parte concreta y eso ha hecho que cometiera el delito. ¿Qué
demuestra ese escáner? Hay gente que con la misma zona cerebral dañada
no han cometido delitos. En Estados Unidos ya se hace para detectar si
estás mintiendo en un interrogatorio o, con esta obsesión por la
seguridad, plantean si en los aeropuertos podríamos utilizar un escáner
cerebral para el control de la inmigración...
-¿Escanear el cerebro?
-Sí, y si se activa determinada zona estaría diciendo
la verdad y si activa otra mintiendo... Seríamos de cristal,
transparente y bien limpito, y eso daría mucha información sobre
nosotros, pero al mismo tiempo seríamos altamente manipulables que es lo
que me preocupa. La neurociencia ha dado en los últimos 15 años unos
avances espectaculares y tenemos que estar muy satisfechos. Los enfermos
de alzhéimer con los implantes cerebrales han vuelto a tener una gran
calidad de vida. Ahora bien, usar fármacos para mejorar y potenciar
nuestras facultades cognitivas, la memoria, la capacidad de alerta, de
concentración es muy peligroso. Este consumo se está extendiendo
masivamente, muchas veces con un control nimio o inexistente. Según
datos de varios comités nacionales de ética el 34 % de los fármacos que
se están usando como neuromejoradores se compran en Internet.
-Parece ciencia ficción...
-Todo lo que hayas visto en películas de ciencia
ficción en este momento tiene ya visos de realidad. La bioética tiene
que propiciar un debate informado y sereno sobre estos temas y de ahí
este libro que, aunque es un tocho de 784 páginas, he intentado hacerlo
de tal manera que sirva para ese debate informal de la ciudadanía.
José ramón Amor Pan Autor del libro «Bioética y Neurociencia»
«Me preocupa que intereses militares o económicos guíen las investigaciones neurocientíficas»
«En Galicia la bioética sigue sin tomarse en serio;
somos la única comunidad autónoma histórica que no tiene un centro de
bioética, cuando en el mundo ya hay centros de neuroética, algo que yo
critico, porque creo que no tiene entidad propia. En Galicia llevo
clamando 15 años y seguimos sin tener centro superior». Esto sostiene
Amor Pan.
-¿Hay gente para ese centro?
-Habría una masa crítica, pero para que surja un
centro tiene que haber alguien que ponga dinero, si bien ni las
instituciones públicas ni las privadas parecen tener interés en la
bioética. En cambio el centro de neuroética de Oxford lo paga una
fundación japonesa. Las grandes universidades del mundo tienen todas un
centro bioética y, a mayores, se están creando unidades sobre estos
temas, sobre el pos humanismo, sobre la neuroética... Se dan cuenta de
que hay que reflexionar sobre esto. En Estados Unidos el poshumanismo
tiene una presencia mediática y en las universidades muy potente.
-¿La financiación condiciona esas investigaciones?
-Me preocupa que sean los intereses económicos,
militares o nacionales los que puedan guiar las investigaciones
neurocientíficas. En este sentido, el discurso de Obama hace un par de
años al presentar el proyecto Brain es de antología: «No podemos
permitirnos perder estas oportunidades mientras que el resto de las
razas del mundo van por delante. Tenemos que aprovecharlas. No quiero
que los próximos descubrimientos de nuevos puestos de trabajo sucedan en
China, India o Alemania. Quiero que sucedan aquí, en los Estados Unidos
de América».