lunes, 5 de diciembre de 2016

COMO EN EL FUTBOL,TOCO Y ME SALGO

Esta es la temperatura ideal para dormir (diga lo que diga tu pareja)

¿Con la calefacción puesta? ¿Una manta más? Suele ser motivo de conflicto de pareja: lo que para uno es una calidez agradable, para el otro es un frío polar. Expertos y estudios dicen la última palabra

Las noches de frío propician el baile de ropa de cama: tú quieres más mantas y tu pareja se niega. Tú subes la calefacción y él o ella la apaga. Te pongas la indumentaria que te pongas, quieres que se arrime a ti, y sí, se arrima, pero solo para que hagas de manta apoyándose toda la noche en tu hombro y enroscándose a ti como si de una culebra se tratara, pero no de sangre caliente, porque sus helados pies te hacen replantearte si, efectivamente, será mejor subir la calefacción, poner un edredón más gordo y, ya de paso, una manta zamorana. ¿Por qué casi ninguna pareja tiene el mismo termómetro a la hora de encontrarse con Morfeo?
Puestos a alcanzar un consenso, recurramos a los expertos. ¿Cuál es la temperatura idónea para un sueño reparador? Para el doctor Michael Breus, psicólogo especialista en problemas de sueño y autor de Buenas noches, la temperatura óptima para un correcto descanso debe estar entre los 15ºC y los 18ºC. Es decir, tirando a fría. Darío Acuña, médico especialista en el sueño de la clínica Neolife, apuesta por un poquito más de calor, "entre 17ºC y 20ºC". Pero, aunque esto es lo correcto, no satisface por igual a todos los miembros de una pareja y esos cinco grados de margen pueden crear auténticos conflictos de cama.

“Con la alteración de la percepción térmica existe una disminución de la producción nocturna de melatonina, lo que contribuye a la mala calidad del sueño”

 Darío Acuña, médico especialista en el sueño

Percepción térmica y calidad del sueño

Dormir a una temperatura que no es la adecuada puede influir en la calidad de nuestro descanso. "En una habitación incómodamente caliente o fría es más fácil que nos despertemos", recuerda el doctor Ralph Downey III, jefe de Medicina del Sueño de la Universidad de Loma Linda (California) en una entrevista a WebMD.Incluso si dormimos, añade, el nivel de confort de la temperatura de la habitación influye especialmente en la calidad de la fase REM, durante la cual soñamos.
Se debe, según Darío Acuña, a una cuestión de hormonas. "Con la alteración de la percepción térmica existe una disminución de la producción nocturna de melatonina, lo que contribuye a la mala calidad del sueño", señala este especialista. "Los cambios de sensaciones de frío a calor pueden producirnos un sueño menos profundo y una sensación subjetiva (y objetivable) por la mañana de un mal descanso".
Por otra parte, debido a la oscilación térmica, a medida que transcurre la noche el ambiente es cada vez más frío (media hora después del amanecer la temperatura alcanza su nivel más bajo). Esto, unido que la temperatura corporal también desciende durante la noche, según un informe del portal especializado Sleepdex(pero no tanto como la temperatura ambiente), las últimas horas de sueño pueden ser las más inestables. Lo ideal sería, por tanto, que la temperatura de la habitación fuera la misma desde que nos metemos entre las sábanas hasta que los primeros rayos de sol empiezan a filtrarse por la persiana.

“Muchas parejas pactan abrazarse antes de dormir. Con el abrazo, se reduce la producción de cortisol, la hormona del estrés y mejora el descanso”

 Marián Ponte, psicóloga y sexóloga

¿De qué depende ser friolero o caluroso?

Según la doctora Milagros Merino, responsable de Medicina del Sueño del Hospital Ruber Internacional, la sensibilidad o intolerancia al frío puede ser un síntoma de hipotiroidismo, anemia, fibromialgia… pero también el género (normalmente las mujeres son más frioleras), la edad (a más edad mayor sensación de frío aunque durante la menopausia, las mujeres tienen ‘el termostato’ más elevado) o la actividad mental (hay personas que durante el sueño su cerebro esta revolucionado) también pueden influir en la temperatura percibida.
La sensibilidad térmica o percepción térmica se debe a dos tipos de sensores en mamíferos: los que detectan calor (es decir, temperaturas por encima de la temperatura corporal) y los que detectan frío (temperaturas por debajo de la temperatura corporal). Los termoreceptores captan la información de la temperatura y la envían al cerebro a través de la medula para conservar el equilibrio interno. Factores hormonales, la grasa corporal o una enfermedad subyacente pueden alterar la percepción de la temperatura.
Bien, pero ¿podemos entrenarnos para ser menos frioleros? Sí: aumentando la temperatura interna antes de meternos en la cama mediante ejercicio, bebida y comida muy caliente, tomando una ducha y, por supuesto, usando ropa adecuada.

Quedarse en tablas

Y esto, el pasar frío o calor mientras dormimos, y las nefastas consecuencias que tiene para nuestra salud, hace que muchas parejas se pasen la vida haciendo la guerra sucia: abriendo la ventana cuando uno de los dos está dormido o subiendo la calefacción sin avisar. Lo que no solo hará que los dos duerman peor; además, generará problemas en la relación. "Muchas parejas pactan abrazarse antes de dormir y cuando tienen sueño se separan y escogen el espacio que necesitan. Con el abrazo, se reduce la producción de cortisol, la hormona del estrés y mejora el descanso", dice Marián Ponte, psicóloga y sexóloga del centro de Psicología Adala(Barcelona).
Para evitar discusiones, lo mejor que podéis hacer es acordar una temperatura, a medio camino entre vuestras dos preferencias, pero si no hay acuerdo siempre se pueden tomar medidas alternativas: la persona más friolera puede abrigarse más y la que tiene calor renunciar al pijama, elegir la zona de la habitación más fría o caliente, una sábana doble por un lado… "Comprar una cama más grande —aconseja el doctor Breus— también puede ser una opción. Mayor espacio, y así la persona más calurosa puede alejarse y evitar el calor que desprende el otro". Aunque es posible que esto influya en la relación; una investigación llevada a cabo por el psicólogo y profesor de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido), Richard Wiseman, en la que colaboraron mil personas, remarca que las parejas que duermen a menos de 2,5 cm son más felices que las que lo hacen a más de 75 cm. Ponerse de acuerdo es más romántico… y barato.

LOS ESPAÑOLES SE TRAGAN CUALQUIER PESCADO PODRIDO

RECOGIDA DE FONDOS BAJO SOSPECHA

Un juez inmoviliza las cuentas del dinero recaudado para Nadia

domingo, 4 de diciembre de 2016

EN AMERICA LATINA ES EL DIA DEL MEDICO,EN ESPAÑA EL DIA DE LA MAFIA MEDICO-FARMACEUTICA


La medicina deja de mirarse al ombligo

Hoy es el Día del Médico en homenaje a Carlos Juan Finlay Barrés, médico y científico cubano que descubrió que la transmisión de la fiebre amarilla era ocasionada por un vector intermediario como el mosquito Aedes aegypti. Sobre la medicina hoy opinó para Télam el Dr. Marcelo Pellizzari, director del Hospital Universitario Austral,de la Patagonia argentina
Marcelo Pellizzari

Por Marcelo Pellizzari


El esfuerzo sistemático de adoptar la perspectiva del paciente y de conseguir una experiencia positiva en sus interacciones con los distintos procesos de atención médica ha devuelto al sistema de salud de Estados Unidos su coordenada más precisa.

Presionados por los seguros de salud, que han decidido reembolsar a los hospitales norteamericanos de acuerdo a los niveles de satisfacción de los usuarios, el sistema se enfoca ahora más en el paciente. Y esto comienza a expandirse por el resto del mundo.

Tomado en su sentido más genuino se trata de un giro enérgico, de un volver a las raíces, de un recomenzar en su primordial vocación. En medio de una carrera interminable de novedades tecnológicas, de exigencias técnicas, de productividad, de procesos imbricados, aparece otra vez el norte claro para la medicina.

Cuando los profesionales de la salud y todo el personal no están enfocados sistemáticamente en satisfacer las necesidades de los pacientes, poco a poco, inconscientemente, su mirada recae sobre sí mismos.

La propia conveniencia antecede a las necesidades del otro: así es la naturaleza humana.

"Los procesos de atención no están diseñados para los pacientes y familiares sino para el beneficio de los centros de atención y sus empleados", según un Discussion paper del Instituto de la Medicina de Estados Unidos (febrero de 2015). De esa situación se está empezando a salir ahora, porque no es bueno competir por el centro de la escena; corresponde al paciente, él es la estrella.

Dado este giro, se comienza a pensar de una forma diferente, se organizan los cuidados de una forma diferente. Atenderse no puede ser más una carrera de obstáculos. Un tren fantasma con múltiples estaciones de terror: fallas en procesos, indiferencia afectiva, dificultades de accesibilidad, burocracia desgastante.

Tiene que haber alguien que por fin mire a los ojos para entrar con afecto en el mundo de la frustración, del dolor, de la angustia, de los miedos. No es fácil, cada persona tiene percepciones diferentes. Cada paciente es distinto.

Hay dos actitudes clave para desarrollar en el personal de salud: una es la compasión. Para poder ayudar a los demás hay que sufrir un poco con ellos, estar de su lado. Es necesario sentir una cierta tristeza por el padecimiento del otro. En Disney, que llevan años trabajando la experiencia desde el mundo del entretenimiento afirman: - "Lo nuestro es satisfacer las necesidades emocionales de las familias y divertirnos juntos". Un hospital sin compasión es como Disney sin alegría y divertimento.

La otra es la empatía, que engloba distintas dimensiones. Una dimensión emotiva -sentir lo que sienten-, una cognitiva -imaginar lo que sienten-, y por último una comunicativa y expresiva, que lleva a conectar y a entenderse.

Acudir a un hospital no suele ser una experiencia agradable, no hay que olvidarlo. El desafío es hacer sentir al paciente confortado, cómodo, escuchado. Muchos pacientes no pueden adaptarse a los sistemas organizativos, a las pequeñas comodidades que cada uno se forja en su puesto de trabajo.Hay que aprender a adaptarse a ellos y resolver sus preocupaciones y problemas. Un hospital sin compasión es una fábrica. No queremos fábricas para nuestros enfermos. Las fábricas no curan, no acompañan, no entienden de dolor. Es necesario trabajar por crear una atmósfera de confianza, de esperanza, de apoyo.

La expansión del conocimiento y la tecnología tiene el peligro de volvernos a los que trabajamos en la salud "mecánicos" de la enfermedad, expertos en hardware. Es necesario, es vital, pero no alcanza. Hace falta entregar muchas veces al día, "micro momentos" de afecto, de cariño, de interés, allí es donde se unen los corazones, donde se humaniza el servicio más noble.

La forma de comunicar juega un rol central. Comunica nuestro rostro, la forma de vestirse, la sonrisa. Todo lo que ven, oyen y huelen. Por eso hay que esmerarse en dar una buena bienvenida, un sincero apretón de manos, en llamar por el nombre, en mirar a los ojos, en escuchar sin interrumpir, en hacer un esfuerzo por ir más allá y entender qué necesidades tienen, cuáles son sus valores, qué es lo que realmente les preocupa. Eso es ponerse en el lugar del otro, así nos gusta que nos traten a nosotros. Para eso hay que dejar de mirarse al ombligo. Ese es el desafío que hoy está movilizando al sector de la salud y al cual hay que subir a todos.

El aporte de cada uno es vital y el resultado final, mucho mayor que la simple suma de las partes.

sábado, 3 de diciembre de 2016

.LA SEQUIA ECHO A LOS ROMANOS

Así fueron las tormentas mediterráneas de los últimos tres mil años


La reconstrucción de las tormentas en el Mediterráneo occidental ha permitido entender año a año las fluctuaciones del clima mediterráneo desde el 763 a.C. hasta el 2012. Los datos, obtenidos a partir de los registros sedimentarios del lago Montcortés en Lleida, confirman que el final de la presencia de los romanos en la Península (entre los años 370 y 670) coincidió con los tres siglos más secos, en los que apenas hubo tormentas.
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<p>Los investigadores sacan los sondeos de los sedimentos desde una plataforma flotante en el lago Montcortés. / Fondo documental IPE_CSIC)</p>
Los investigadores sacan los sondeos de los sedimentos desde una plataforma flotante en el lago Montcortés. / Fondo documental IPE_CSIC)
En total se han podido documentar 2.775 años de grandes tormentas que se produjeron en el oeste del Mediterráneo, en concreto en Lleida. Gracias a los registros sedimentarios del lago Montcortés, donde los depósitos son anuales, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) y el Instituto de Física Química Rocasolano (IQFR), todos del CSIC, han logrado reconstruir año a año las lluvias extremas y relacionarlas con la Oscilación del Mediterráneo, un patrón atmosférico a gran escala que condiciona la precipitación de este área del planeta.
Contar con un registro de casi tres milenios tan completo y homogéneo ha permitido a los investigadores calcular con precisión los diferentes periodos de retorno de las tormentas en el pasado. “Gracias a las características del lago, el registro sedimentario es muy detallado por lo que podemos determinar hasta la estación del año en la que se produjeron las tormentas”, explica el investigador del IQFR Juan Pablo Corella.  
Con este trabajo, publicado en Scientific Reports, los investigadores han logrado reconstruir fases negativas de la Oscilación del Mediterráneo durante los últimos tres milenios, un patrón climático determinado por el gradiente de presión entre el este y el oeste del Mediterráneo y que controla las lluvias en el sur de Europa. Así, cuando la Oscilación del Mediterráneo es negativa llueve más en la península ibérica.
"Las etapas secas de varias décadas a siglos de duración con menos episodios tormentosos han sido una tónica bastante habitual durante los últimos 3.000 años"
“Este detallado registro paleoclimático del oeste mediterráneo nos muestra que las etapas secas de varias décadas a siglos de duración con menos episodios tormentosos han sido una tónica bastante habitual durante los últimos 3.000 años del Holoceno”, contextualiza el investigador del MNCN Gerardo Benito. “Los datos obtenidos nos pueden ayudar a comprender el comportamiento del clima ante el cambio global”, continúa.
¿La sequía echó a los romanos?
A través de esta resolución anual, se ha comprobado cómo entre los años 370 y 670 la Península vivió una etapa especialmente seca, con pocas lluvias a la vez que las temperaturas en Europa eran frías. Posiblemente estas condiciones climáticas tuvieran una influencia socio-económica en el declive final del Imperio Romano y el auge del periodo migratorio europeo.
Durante la Edad Media cuando las temperaturas fueron algo más cálidas que en la actualidad hubo una alternancia de episodios muy secos y lluvias extremas. Una mayor estabilidad hídrica ocurrió entre 1537 y 1805 coincidiendo con la bajada generalizada de las temperaturas que se produjo y que ha llevado a bautizar esta etapa como la Pequeña Edad del Hielo europea.
Referencia bibliográfica:
J.P.Corella, B.L. Valero-Garcés, S.M. Vicente-Serrano, A. Brauel y G. Benito. (2016) "Three millennia of heavy rainfalls in Western Mediterranean: frecuency, seasonality and atmospheric drivers" Scientific Reports 

viernes, 2 de diciembre de 2016

UN EJEMPLO PARA LOS MEDICOS PESETEROS

Vídeo

ME GUSTA O NO ME GUSTA....????

Experimento de optogenética en ratones

Así calculan las neuronas el éxito o el fracaso de tus decisiones


Cada vez que vas a hacer una elección, tu cerebro trata de predecir sus consecuencias. Para ello calcula matemáticamente sus expectativas y después las compara con el resultado real. De esa forma, aprende de sus propias elecciones. Una nueva investigación premiada por la revista Science utiliza la optogenética para entender cómo funciona este complejo proceso. La técnica será útil para nuevas terapias contra las adicciones.
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<p>Según el autor, en lo referente a la generación de dopamina, los cerebros de los ratones y los humanos son muy parecidos. / Jeremiah Cohen</p>
Según el autor, en lo referente a la generación de dopamina, los cerebros de los ratones y los humanos son muy parecidos. / Jeremiah Cohen
“Si no me voy a casa ahora, mañana trabajaré con una resaca horrible… pero esto se está animando, creo que voy a pedir la última copa”. Independientemente de qué decisión tomemos ante esta disyuntiva de jueves por la noche, ambos pensamientos, el prudente y el eufórico, están motivados por experiencias previas, tanto dolorosas como placenteras, que hemos vivido en situaciones similares. Gracias a ellas el cerebro aprende qué expectativas podemos tener y escoge el camino a seguir.
Esa toma de decisiones está conducida por la dopamina, un neurotransmisor que ha sido conocido durante mucho tiempo como ‘la hormona del placer’, aunque los últimos estudios científicos la señalan, de modo más preciso, como hormona de la motivación.

Una nueva investigación liderada por Neir Eshel, de la Universidad de Stanford (EE UU), ha logrado describir la manera en la que las neuronas calculan las consecuencias de las decisiones y los comparan con los resultados reales.
Las neuronas que generan la dopamina en el cerebro trabajan para que nos decantemos por una u otra opción según la recompensa que esperamos recibir. Comparar esas predicciones con la realidad es un aspecto clave en los procesos de aprendizaje, pero no se sabe demasiado sobre cómo estas neuronas realizan los cálculos que empujan la balanza de uno u otro lado.
La optogenética como técnica de apoyo
Entre las distintas técnicas que han utilizado para realizar la investigación se encuentra la optogenética. Consiste en la aplicación de una proteína fotosensible en las neuronas que se quieren estudiar, lo que permite controlar su comportamiento mediante la aplicación de luz. La optogenética ya se ha utilizado en estudios con ratones para probar terapias contra la drogadicción. Los ratones, precisamente, han sido los sujetos del estudio del equipo de Eshel.
“Les presentábamos varios olores, como plátano, menta y otros; y a cada uno le asignábamos o bien una recompensa (agua), o nada, o un castigo que consistía en un golpe de aire en la cara”, explica Eshel a Sinc. “La cantidad de agua variaba, así modulábamos el nivel de gratificación de cada recompensa”, continúa.
Mediante optogenética, los investigadores controlaron tanto a las neuronas que generan la dopamina como a las neuronas productoras de GABA, otro neurotransmisor que se relaciona con la ansiedad. Por ejemplo, jugaron a incrementar de forma artificial las expectativas de los roedores ante una recompensa concreta, y monitorizaron su reacción ante las decepciones cuando habían generado mucha expectación por una recompensa que luego no era tal.
“Activando esas neuronas de forma simultánea en ambos lados del cerebro somos capaces de controlar el comportamiento de los animales”, explica Eshel. Gracias a sus experimentos, comprobaron que el nivel de activación de las neuronas GABA influye en la cantidad de recompensa esperada, mientras que las neuronas dopaminérgicas realizan los cálculos que comparan las expectativas frente a la realidad.
¿Aplicación en humanos?
“No quiero especular demasiado sobre la aplicación potencial en humanos pero, en lo referente a la generación de dopamina, los cerebros de los ratones y los humanos son muy parecidos”, asegura Eshel por correo electrónico.

Pero la investigación de Eshel podría tener más aplicaciones. Su trabajo consiste en encontrar biomarcadores  en los procesos de motivación –que suelen incluir errores de predicción–, para categorizar pacientes, prever recaídas o pautar tratamientos.
Su hallazgo podría servir para eliminar adicciones. Según explica a Sinc el investigador,  actualmente se está probando un fármaco que influye en las neuronas GABA cuyo objetivo es ayudar a frenar la adicción al tabaco.
“La adicción es solo una de las muchas enfermedades neuropsiquiátricas donde los errores de predicción de la dopamina desempeñan su papel. Influyen también en la depresión, los TOC o el párkinson”, añade.
Una investigación premiada
El doctor Neir Eshel ha sido galardonado con el premio para jóvenes científicos de Science & Science Lab de este este año por el resultado de esta investigación, plasmada en el artículo Trial and Error  que se publica en el último número de la revista Science.
El premio está dotado con 30.000 dólares y reconoce carreras científicas prometedoras en ciencias de la vida. El galardón procede del Science for Life Laboratory, un centro de investigación formado por cuatro universidades suecas, y la revista Science.
Referencia bibliográfica:
Eshel, Neir, "Trial and error". Science (diciembre 2016)

jueves, 1 de diciembre de 2016

El sexo antes, durante y después del embarazo

  • Los padres no deben olvidar, mientras se adaptan a la nueva vida, que siguen siendo una pareja
El sexo antes, durante y después del embarazo
Las relaciones sexuales se ven alteradas durante el proceso de gestación y nacimiento de un hijo (mizikm / Getty)
Cuando una pareja decide empezar la búsqueda de un embarazo hay mucha ilusión y se suele pensar que no se tardará mucho tiempo en conseguirlo. Se está pendiente del ciclo, de la temperatura basal, de la ovulación… Pero cuando el embarazo no aparece tan pronto como se tenía planeado, el sexo puede convertirse en algo automatizado y puede vivirse como una obligación y con mucho estrés: ¡cariño, hoy toca!
El riesgo que puede tener todo esto es que se pierda lo erótico, lo sensual, que se tenga sexo sin ganas, únicamente para cumplir y con el único objetivo de conseguir el embarazo. Evidentemente todo ello puede afectar considerablemente a la relación de pareja.
¿Qué podemos hacer para que esto no ocurra? Buscar momentos especiales y de intimidad, sitios diferentes donde mantener relaciones sexuales, incorporar elementos que nos saquen de la rutina, tener sexo no solo cuando se está, o se cree que se está, ovulando (y si un día no apetece, ¡no pasa nada!), y recordar que si pasa más de un año y el embarazo sigue sin darse, deberíamos consultar con nuestro ginecólogo.
Durante la gestación

¡Cariño, estoy embarazada! ¿Qué pasa con el sexo? Cada embarazo es un mundo y cada mujer lo vive de formas diferentes. En consulta, por norma general, solemos ver que el sexo durante el embarazo disminuye considerablemente, especialmente en el tercer trimestre.
A veces esta disminución en el nivel de actividad sexual viene por diferentes motivos: ya sea por los síntomas frecuentes en el primer trimestre (náuseas, vómitos, sueño, malestar…) que pueden dejar el sexo en el último lugar, el miedo a poder tener un aborto, el dolor que experimentan algunas mujeres durante la penetración, algunas mujeres pueden sentirse menos atractiva debido a los cambios físicos evidentes de un embarazo, la incomodidad cuando la barriga ya es muy grande y el bebé se mueve, la creencia de algunas personas que el sexo puede generar contracciones...
La recomendación Durante el embarazo se puede tener sexo, siempre y cuando el ginecólogo no nos haya indicado lo contrario
Hay que tener presente que durante el embarazo se puede tener sexo, siempre y cuando el ginecólogo no nos haya indicado lo contrario. Es importante adaptar el sexo a la etapa del embarazo en la cual nos encontremos y seguir manteniendo espacios de intimidad con la pareja. ¿Y cómo lo hacemos?
• ¡La comunicación y la escucha activa son fundamentales! En esta etapa es muy importante que la mujer se sienta comprendida y que su pareja la respete adaptando el ritmo y la sexualidad al momento que se está viviendo.
• Hacer y ayudar a que la mujer se sienta atractiva y sensual.
• Adaptar la postura sexual al tamaño de la barriga, y a la etapa del embarazo.
• Recordar que la penetración no lo es todo en el sexo.
Después del parto

¿Y qué ocurre cuando el bebé ya ha nacido? ¡Bienvenida cuarentena y postparto! Es muy importante no olvidar que durante este período la mujer puede quedarse embarazada, así que debemos utilizar algún método anticonceptivo. Es ideal poder comentarlo con tu ginecólogo para que os recomiende la mejor opción. Ya que muchas parejas reducen su actividad sexual por el miedo a un embarazo no deseado.
El cambio Si la mujer decide dar el pecho, es normal que pueda verse disminuido el deseo sexual, además de por el cansancio y los cambios físicos
Durante el postparto es normal sentir molestias los 2-3 primeros meses, por eso es muy importante seguir con las revisiones ginecológicas y acudir a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico para hacer una valoración después del embarazo y el parto.
Si la mujer decide dar el pecho, es normal que pueda verse disminuido el deseo sexual y que haya menos lubricación vaginal, debido a la prolactina, hormona que se libera durante la lactancia. También puede afectar directamente al deseo el cansancio, los cambios físicos y emocionales, y el miedo a la penetración por si ésta produce dolor.
Es importante en este momento no ponerse presión, ser conscientes de que es una etapa de adaptación, pasado un tiempo, cuando los síntomas del postparto hayan disminuido y nos hayamos adaptado a la “nueva vida”, habrá que ponerse las pilas para no olvidar que ahora, a parte de padres, seguís siendo pareja. El cariño, la sensualidad y el juego entre vosotros se tiene que mantener, con lo que es importante buscar espacios en los que os podáis encontrar el uno con el otro.