sábado, 24 de febrero de 2018

NUNCA SE FUERON LOS NAZI-FASCISTAS

EL NEGOCIO DEL PP CON LA GRIPE,NOS INYECTAN CRECEPELOS Y FIERABRAS

La vacuna de la gripe solo tuvo una efectividad del 7 % frente al virus A y del 52 % contra el B

De momento han fallecido 160 gallegos por complicaciones de esta patología, la cifra más alta de la década

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AQUELLO ERA SALUD MENTAL,LO DE HOY ES DEMENCIA FACHA


Dicen que la peor nostalgia es la nostalgia de lo que no se ha vivido. Siempre deseé haber nacido diez años antes para vivir la Movida de los ochenta como hay que vivirla: con veinte tacos. La viví pero de niño viendo en la tele a la Bruja Avería. Y no hablo de la mitificada Movida madrileña de Tierno Galván y Alaska. Hablo de la Verdadera Movida. La que surgió en mi ciudad, en Vitoria, en los años 80.  
“Cuando yo llegué, creo que Vitoria era la ciudad de Euskadi donde se veía hervir algo, donde se veía gente de diferentes áreas, que si escultura, que si pintura, que si músicos, que si periodistas, ¿sabes?”, comentaba Gari, el que fuera cantante de la banda vitoriana Hertzainak, probablemente la más destacada del momento en Euskadi. De aquella época hay muchos nombres y no hay espacio para citarlos a todos, pero a quien no sea de Vitoria le sonará el director de cine Juanma Bajo Ulloa o el actor Karra Elejalde, el de los ‘8 apellidos vascos’, entonces un ‘chino’ -así se llamaba a los maoístas- al que no le gustaban nada los troskos.
Vitoria era la “sede del rollo libertario”, cuenta Eneka Aranzabal. El lugar de encuentro de una efervescencia cultural y política que no se ha vuelto a vivir en la ciudad. Artistas, músicos, anarquistas, autónomos, abertzales, dibujantes, troskos, la radio libre Hala Bedi, la Banda Municipal de Ska tocando medio en bolas en la Plaza del Machete, la eclosión de los fanzines, etc. Como decía la canción de Potato, todos rulando en la Pinto, en la Kutxi y en la Zapa, rulando “en Vitoria-Gasteiz, donde hacen la ley, capital artificial de un país singular”.
Una de las gansadas más recordadas de aquella época eran las procesiones ateas convocadas por Ateos Reunidos Geiper, Herejes del 36 y la Cofradía de los Putos Faroles. La primera se celebró en 1985. Unas 50 personas salieron a darse un voltio por la ciudad con cruces de madera hacia abajo y una pancarta en la que se leía ‘Yo Soy Ateo y Poteo’.  “Una furgoneta de la Policía Nacional nos vio, se puso al lado, vio que íbamos de juerga, de risas, con trompetas, con consignas vacilonas, y pasó de largo”, cuenta Pollo, uno de los agitadores más conocidos. No sé qué pasaría los siguientes años, pero la primera carga policial que recuerdo en mi infancia fue contra una mani atea en Vitoria. O puede que me falle la memoria. Entonces había manis día sí y día también.   
El caso es que para esas procesiones ateas se publicaban carteles. En uno de ellos aparece Jesucristo resucitado porque la Virgen le está haciendo una felación. En otro cartel -este sobre las fiestas alternativas de Vitoria en honor de la ‘Blanki’- se ve a la patrona de Vitoria, la Virgen Blanca, masturbándose mientras un blusa -los blusas son los miembros de las peñas de las fiestas- baila un aurresku. “Aaagggg!!! Como m’excitan estos blusas!”, dice la Virgen.
Estos carteles los descubrí no hace mucho tiempo en la nueva edición que se realizó del libro ‘Hertzainak. La confesión radical’ a cargo de Pepitas de Calabaza y ediciones Aianai (y del que están extraídas las citas de este artículo). Los dibujos son irreverentes y ofensivos, y comprendo que puedan hacer daño a las personas con sentimientos religiosos, pero son también el testimonio de una época que se vivió en Vitoria. Cuando los descubrí, se los enseñaba a todo el que me cruzaba. No por las mamadas y el clítoris de la Virgen. Lo que me dejaba alucinado era la capacidad de irreverencia sobre uno mismo -es decir, sobre su ciudad y sus símbolos- de la que se era capaz en los años ochenta y como, con el tiempo, todo eso se había ido disolviendo como un azucarillo dando paso a la actual autocensura y corrección política (con la inestimable colaboración del temor al Código Penal o al que dirán) . Ahora mismo, cualquier referencia levemente crítica a los totems vitorianos -y me refiero a cualquier tontería, no a estos carteles sobrados de blasfemia- puede condenarte al oprobio de los antivitorianos.
Estaba tan sorprendido en que una ciudad que apoyó el franquismo durante décadas hubiera parido a algunos locos que se habían atrevido a blasfemar sin temor a nada y en que, por otro lado, con el paso de los años, la ciudad hubiera regresado con mayor entusiasmo todavía al conservadurismo moral y social de siempre, que pensaba en publicar los carteles en Twitter y Facebook. Y no porque quisiera provocar a la gente religiosa -provocar me parece un ejercicio desgastado a estas alturas y, además, no terminaba de publicarlos porque me preocupaba molestar a algunos amigos cristianos a los que tengo mucho aprecio- sino por su virtud en documentar una época pasada, mucho más libre de expresarse que la sociedad actual.
Resulta que un día hablé con uno de los autores del libro. Si las imágenes se viralizaban, habría problemas, me dijo. Y tenía razón. Ya no vivíamos en los ochenta. Ahora estábamos, como ironiza exagerando Elisa Beni, en Fahrenheit 451 eligiendo qué libros memorizar para que sobrevivan a la quema.
Nos ha tocado la resaca de la libertad que explotó en los años posteriores a la dictadura. Hemos permitido que se cercene la libertad de expresión que, evidentemente, no es un derecho absoluto y debe tener unos límites regidos por la ley, pero sin que eso suponga emprender una campaña de temor al ejercicio de las libertades de opinión y creación. Prefiero un país en el que se me pueda ofender -y hay cosas que escucho y leo que me ofenden y me cabrean mucho- a un país en el que no se pueda hablar con libertad. Y lo que está pasando es que las autoridades -con la ayuda inestimable de los jueces- utilizan los delitos de odio y apología del terrorismo de forma abusiva para reprimir la disidencia en las redes sociales. Ni siquiera se pueden hacer chistes sobre un fascista como Carrero Blanco. Y la autocensura (y la censura) están ganando terreno.
A principios de febrero condenaron a un joven a pagar una multa de 480 euros por crear un montaje de Jesucristo y su rostro. Y esta misma semana, han decretado tres años y medio de cárcel para un rapero que cantaba barbaridades. Y un juez ha secuestrado ‘Fariña’, el magnífico libro de Nacho Carretero sobre el narcotráfico en Galicia. Y  se ha retirado en ARCO una obra de Santiago Sierra porque muestra a Junqueras y ‘los Jordis’ como presos políticos. Y yo mismo pongo mi granito de arena de autocensura en toda esta charada represiva. Podría publicar los carteles ateos en este artículo pero no lo voy a hacer. Este fin de semana he quedado con unos amigos para jugar al Risk de El Señor de los Anillos y no quiero que me molesten con llamadas de la Fiscalía. 

"La marea feminista" por Natalia Oreiro

viernes, 23 de febrero de 2018

NOSOTROS SOMOS ELLOS AUNQUE LOS HUESOS HAYAN CAMBIADO

Si los neandertales desaparecieron, ¿qué hacemos nosotros aquí?

La extinción de esta especie humana es uno de los grandes misterios de la prehistoria

Los prehistoriadores Dirk Hoffmann y Alistair Pike toman muestras de la calcita sobre el dibujo realizado hace 65.000 años. FOTO: JOÃO ZILHÃO | VÍDEO: EPV
La extinción de los neandertales plantea una pregunta inevitable: si ellos desaparecieron, ¿por qué nosotros seguimos aquí? Hasta ahora, la respuesta era más o menos sencilla: nosotros somos más listos. Los neandertales son una especie humana que vivió en Europa unos 200.000 años como mínimo y que desapareció hace unos 40.000, precisamente cuando nuestra propia especie, el Homo sapiens, llegó al continente. Se trata de un espacio de tiempo descomunal: si lo comparamos con la invención de la escritura, que marca el final de la prehistoria y el principio de la historia, estamos hablando de sólo 6.000 años, una fracción mínima del tiempo que nuestros primos (o hermanos) habitaron Europa. Supieron adaptarse a cambios climáticos gigantescos y, durante el último periodo de su existencia, sobrevivieron durante miles y miles de años a las brutales condiciones de la Edad de Hielo. Pero, en un periodo relativamente corto, desaparecieron de los registros arqueológicos.
El descubrimiento, anunciado este jueves en la revista Science, de que los neandertales fueron capaces de producir arte abstracto y complejo es gigantesco, pero no sorprendente. En los últimos años, gracias entre otras cosas a excavaciones en la península Ibérica, en la cueva asturiana del Sidrón y en las gibraltareñas de Vanguard y Gorham, la idea de que fueron unos seres brutos, sin apenas luces, se ha derrumbado. Se medicaban, cuidaban a sus ancianos, decoraban sus cuerpos con colores y plumas, habían sido capaces de producir dibujos geométricos y poseían el gen FoxP2, que permite el lenguaje.

Pero este hallazgo, basado en una nueva datación de pinturas, va más allá porque les convierte en nosotros. La pregunta de qué nos convierte en humanos tiene muchas respuestas, pero una de las más frecuentes es precisamente esa: la capacidad para producir arte y contar historias. Ahora sabemos que ellos también la tenían. Entonces, queda la pregunta más inquietante. ¿Qué les llevó a desaparecer después de vagar por la tierra durante tanto tiempo? Seguramente no existe una respuesta y, desde luego, no existe una respuesta única. ¿Les matamos nosotros? Es posible, aunque también desaparecieron de lugares que no habían alcanzado los sapiens. ¿Cambió su ecosistema con la llegada de nuestra especie? ¿Se adaptaban peor a las transformaciones? ¿Les dejamos sin caza? Puede ser. En cualquier caso, la confirmación de la complejidad de su inteligencia constituye una gigantesca advertencia sobre la fragilidad de todas las especies, incluida la nuestra
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GRACIAS M.RAJOY Y EL FASCISTA PP QUE ODIAN A LOS INTELECTUALES

Barbacid compara la investigación en España con un enfermo terminal

El bioquímico lamenta que el descenso de fondos públicos en este apartado no haya hecho reaccionar a los científicos





Barbacid, que ha impartido un seminario de trabajo en el Centro del Cáncer de Salamanca (CIC), ha incidido en la necesidad de
 seguir investigando en cáncer para descubrir las dianas más óptimas y eventualmente llevarlo a la clínica.El bioquímico Mariano Barbacid ha comparado este jueves la «crítica» situación en la que se encuentra la investigación en España con «un enfermo terminal» y ha lamentado que la reducción de la financiación pública a la mitad en los últimos cuatro años no haya hecho reaccionar a los científicos.
Así, en su laboratorio se emplean en descubrir y validar dianas para poder curar los tumores inducidos por el oncogén K-Ras que son, especialmente el adenocarcinoma de pulmón y el de páncreas, dos de los que presentan «peores índices de supervivencia, sobre todo páncreas, que es menos del 5 por ciento».


«Utilizamos ratones genéticamente modificados que reproducen muy fielmente la historia del cáncer humano», pero lo que funciona en este tipo de animales «no es tan fácil» que lo haga en seres humanos por lo que ha abogado por seguir investigando y por descubrir «las dianas más óptimas y eventualmente llevarlo a la clínica».
Ha confesado que le llama la atención que muchísimos investigadores no sean críticos ante la reducción de financiación que se está dado en España, que hace que la situación sea «realmente crítica» y especialmente a partir del recorte que se ha dado al último plan nacional que acaba de salir. El científico ha dicho que los recursos públicos se han reducido a la mitad en los últimos cuatro años y que si no hay dinero europeo o de alguna otra fuente «con el que te dan es prácticamente imposible investigar».
«Estamos en una situación crítica total y si fuéramos pacientes estaríamos como un enfermo terminal», ha remarcado Barbacid, quien ha alertado de la necesidad de «hacer algo» ante la elevada edad -una media de 58 años- de los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Ha lamentado la también situación «realmente crítica» de que los científicos jóvenes, menores de 40 años, estén fuera de España, al menos 600 en Suecia o más de 3.000 Inglaterra, y que esto no llegue a la sociedad, «más preocupada por que no haya camas en un hospital», informa Efe.
El científico ha aludido también a la pérdida de puestos que está experimentando la producción científica española en los ránking internacionales, así como el factor de impacto al situarse a «la cola del mundo desarrollado». Ha vuelto a insistir en que el problema no es que los investigadores se vayan fuera, que además deben de hacerlo, sino en que no puedan volver.

Finalmente, ha puesto como ejemplo al Ayuntamiento de Salamanca por impulsar un programa de atracción de talento que, dotado con 2,5 millones de euros, facilitará el desarrollo de cinco proyectos de investigadores brillantes y cuya presentación oficial tendrá lugar el próximo mes.

jueves, 22 de febrero de 2018

¿DE DONDE VENIMOS LOS PENINSULARES?

Vajilla prehistórica y ADN cierran un debate arqueológico centenario

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Los vasos campaniformes son un tipo de cerámica que creó una cultura en la prehistoria europea. Los científicos llevan un siglo discutiendo si su uso en Europa occidental se extendió a través de prácticas sociales o por la migración de personas. Ahora un análisis del ADN de 400 esqueletos de aquella época revela que las dos hipótesis son acertadas: de Iberia al centro de Europa esta cerámica se difundió por intercambio cultural, pero a las islas británicas la llevaron los colonizadores desde el continente.
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<p>Vasos campaniformes de Los Millares, en el Museo de Almería, y de La Rambla, en el Museo de Córdoba. / R. Risch</p>
Vasos campaniformes de Los Millares, en el Museo de Almería, y de La Rambla, en el Museo de Córdoba. / R. Risch
Hace entre 4.750 y 4.500 años, un tipo de cerámica muy decorada, conocida como vaso campaniforme por su forma de campana invertida, se extendió por el oeste y centro de Europa, marcando un periodo clave de la prehistoria del continente. Desde hace un siglo los científicos debaten intensamente si su difusión se debió a un proceso migratorio a gran escala, a la expansión de prácticas sociales o una combinación de ambos factores.

El estudio se ha publicado en
 Nature y ha contado con la participación de investigadores de las universidades Autónoma de Barcelona, Valladolid, Complutense y Autónoma de Madrid, Alcalá, Murcia, Santiago de Compostela y el Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF), entre otras instituciones nacionales.Ahora, el mayor estudio de ADN antiguo realizado hasta la fecha revela que tanto la transmisión cultural como la migración humana tuvieron un papel importante en la difusión del fenómeno campaniforme en Europa, aunque con distinto peso según la región. Para llegar a esta conclusión se han analizado los restos de 400 esqueletos prehistóricos de numerosos yacimientos europeos (11 en la península ibérica), de los que 226 fueron enterrados junto a objetos campaniformes.
Según los resultados, la expansión del fenómeno campaniforme desde Iberia –donde se ha obtenido el registro más antiguo de este estilo cerámico– hasta el centro de Europa se debió a intercambios culturales y no por un movimiento migratorio de población. Iñigo Olalde, genetista de la Harvard Medical School en Boston (EE UU), primer autor del artículo, señala que el ADN de los esqueletos de las tumbas campaniformes ibéricas no tenía una relación de proximidad con los del centro del continente.
Por su parte, el también coautor David Reich, investigador del Howard Hughes Medical Institute y del Broad Institute del MIT y Harvard, destaca: “Se trata del primer claro ejemplo, a partir de ADN antiguo, de que las cerámicas no siempre iban de la mano de la población”.
Aislamiento genético entre Iberia y Europa central
“Es muy interesante observar cómo Iberia, por una parte, y Europa central, por otra, mantuvieron un aislamiento genético al final del Neolítico, hace unos 5.000 años, a pesar de las numerosas evidencias arqueológicas de interacciones y contactos entre ambas regiones”, subraya Roberto Risch, profesor del departamento de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Sorprendentemente, el vaso campaniforme fue adoptado en el centro de Europa por unas poblaciones que acababan de llegar del este. “En 2015 realizamos otro gran estudio internacional que mostró que hace unos 4.500 años al menos el 70% de la población del centro y norte de Europa fue sustituida por una masiva migración de grupos del este procedentes de la estepa. Y este nuevo trabajo revela cómo este movimiento siguió avanzando hacia el oeste”, destaca Wolfgang Haak, del Max Planck Institute for the Science of Human History (Alemania), otro de los autores.
“El estudio muestra que la introducción del vaso campaniforme en Europa central hace 4.500 años no tuvo nada que ver con la llegada de poblaciones de la península ibérica, como se había defendido durante mucho tiempo. La rápida adopción de una vajilla, que debía estar unida a unas prácticas de consumo muy concretas (alojar bebida o comida en rituales o fiestas), expresa el desarrollo de unas nuevas formas de comunicación entre el sudoeste y el centro de Europa”, añade Risch.
guerrerocampaniforme
Ilustración de jefe campaniforme. / Luís Pascual Repiso, sobre una idea de M. Rojo Guerra
Movimiento campaniforme hacia el oeste
“Pero, en este movimiento hacia el oeste, el vaso campaniforme ya no es expresión de unas prácticas de consumo colectivas, como lo fue en la península ibérica, sino que se incorpora a tumbas individuales, en las que los hombres suelen aparecer con armas distintivas y distinguidas, como puñales de cobre, arco y flechas”, puntualiza Risch.
El profesor aclara a Sinc: “El significado social del vaso campaniforme cambió en ese recorrido desde la Península hasta Europa central, y de allí a las islas británicas. De un objeto colectivo pasó a ser un símbolo de individuos poderosos. Es un caso claro de manipulación del significado de las cosas en función de los intereses de grupos de poder, algo que ha seguido ocurriendo hasta la actualidad. Un ejemplo paradigmático es el jazz, que pasó de ser una música marginal y rompedora con la tradición clásica, a ser, sobre todo en Europa, una música de las élites”.
En Reino Unido e Irlanda se han estudiado 155 muestras fechadas entre hace 6.000 y 3.000 años. Según el genetista Ian Barnes, del Museo de Historia Natural de Londres, “esos ancestros británicos tenían un perfil genético diferente de los que vivieron poco tiempo después que ellos y al menos el 90% fue reemplazado por la llegada del campaniforme desde el continente. Tras la llegada de esta nueva población, empezaron a existir en la isla británica habitantes con antepasados que tenían características, color de piel y ojos similares a la mayoría de los británicos actuales”.
El 'kit' campaniforme aparece en la Península
Barnes agrega que, curiosamente, hace unos 4.500 años, en la península ibérica también comienza a introducirse entre la gente local el ritual funerario individual, con su ajuar de vasos campaniformes, puñales de metal y adornos como botones y brazales, un autentico 'kit' campaniforme.
"Aquí, al contrario de lo que ocurrió en las islas británicas, no se aprecia un cambio genético”, comenta el profesor Ignacio Soriano de la UAB. “Esta vez los cambios procedían del norte y provocaron una ruptura social importante cuyas consecuencias se verán en la Edad del Bronce, hace unos 4.200 años”. En el caso de la península ibérica, se ha observado una continuidad genética directa entre las poblaciones neolíticas previas y las posteriores de la Edad del Cobre y campaniformes.
El también coautor Manuel Rojo Guerra, de la Universidad de Valladolid, coincide: "Desde un punto de vista genético, los pobladores de la Península en esa época son los descendientes de las poblaciones calcolíticas. Es decir, son gentes que ya estaban aquí y que en un momento determinado adoptan el kit campaniforme", que aparece en distintas regiones de Europa casi de forma simultanea.
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Ajuar campaniforme del túmulo de la Sima (Miño de Medinaceli), excavado por Manuel Rojo Guerra. / Alejandro Plaza, Museo Numantino
En Centroeuropa se produce una situación similar. El fenómeno campaniforme también aparece en el seno de poblaciones previamente establecidas que se habían instalado en el solar europeo procedentes de las estepas euroasiáticas. 
La misteriosa llegada desde las estepas europeas
“En la prehistoria peninsular, las primeras comunidades que fabricaban armas de metal (como las que aparecen en los kits) seguían teniendo una configuración genética muy diferente a las sociedades actuales de la península ibérica", comenta Risch, "y nuestro siguiente reto es determinar cómo y cuándo se dieron los movimientos poblaciones que introducen el componente estepario en la Península y que vemos en la actualidad”. 
El análisis exitoso de tantas muestras utilizadas en el estudio ha sido posible gracias a nuevos enfoques metodológicas que han reducido enormemente el coste por muestra de análisis de ADN antiguo. Uno se basa en un tratamiento químico que permite a los investigadores fijar su secuencia sobre la pequeña parte del genoma de más utilidad para el análisis. También se ha tenido en cuenta que la cantidad de ADN extraída de la porción petrosa del hueso temporal es mucho mayor que la de cualquier otra parte del esqueleto.