miércoles, 20 de julio de 2011

EL ABORTO ARGENTINO DE CRISTINA

Fracasos

Por Mariana Carbajal

El aborto es un problema de salud pública, justicia social y derechos humanos. No se resuelve con mano dura y generando terror. La penalización lo único que consigue es poner en situación de mayor vulnerabilidad a aquellas mujeres de sectores populares que enfrentan un embarazo que no quieren continuar sin contar con el dinero que cuesta una intervención segura (clandestina, pero segura). La criminalización del aborto atemoriza a las mujeres, demoniza la práctica, pero no la evita. La amenaza punitiva claramente no es eficaz. La persecución penal tampoco. Cada año deberían ir presas las casi 460 mil mujeres que se estima –de acuerdo con estudios encargados por el Ministerio de Salud de la Nación– que recurren a un aborto. ¿Estamos dispuestos como sociedad a meterlas en prisión? Son mujeres cercanas. Una tía, una prima, una amiga, la esposa del jefe, la compañera de trabajo, la maestra de nuestro hijos, nosotras mismas.

El Informe sobre Derechos Humanos en Argentina 2011, publicado por el CELS, aporta algunos datos que ayudan a comprender el fenómeno: entre 1993 y 2009 sólo en la Ciudad de Buenos Aires se registraron cerca de 1130 causas por el delito de aborto, 809 de las cuales fueron por aborto propio. “Si bien las cifras indican que los números son, año a año, cada vez más bajos, hay cientos de mujeres que deben enfrentar largos procesos penales, con el claro impacto sobre la vida personal, familiar, económica que ello implica”, señala Andrea Pochak, hasta hace pocos días directora adjunta del CELS, autora del capítulo del Informe sobre “La despenalización del aborto en la Argentina”. Por eso, agrega Pochak, qué importa sin las condenas han sido pocas: el sufrimiento es grande. De acuerdo con datos obtenidos por el Cedes, apenas 22 mujeres fueron condenadas en todo el país por el delito de aborto entre 2002 y 2008. “Sólo en la provincia de Mendoza, en el período 1996-2009, se dictaron ocho condenas a mujeres”, señala Pochak. La persecución judicial, indican las sentencias, no está dirigida a los profesionales de la salud o parteras y curanderas que favorecen o llevan a cabo la interrupción de embarazo, sino hacia las mujeres, que en la desesperación de un embarazo no deseado son capaces, incluso, de poner en riesgo su propia integridad física, con tal de poner fin a una gestación inconveniente. Otro dato interesante que aporta el rastreo del Cedes: ningún médico ha sido condenado en los últimos años por el delito de aborto. ¿Para qué mantener entonces el aborto en el Código Penal si no se persigue el delito, no resulta disuasivo para prevenirlo y lo único que consigue son graves consecuencias en la salud y la vida de las mujeres por la amenaza punitiva?

Brindar educación sexual integral en las escuelas, promover el acceso a la anticoncepción, difundir la posibilidad de recurrir a anticoncepción hormonal de emergencia ante un coito sin protección, y garantizar un aborto seguro para aquellas mujeres que deciden interrumpir voluntariamente una gestación, son los caminos adecuados para proteger la salud y la vida de más de la mitad de la población del país. La penalización ya ha demostrado su fracaso. ¿Qué más se debe esperar?

Fuente texto: diario Página 12, 18 de julio de 2011

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Gaza asediada: testimonio de un cirujano


Entrevista al profesor Christophe Oberlin

Gaza asediada: testimonio de un cirujano


Chroniques de Gaza 2001-2011 es una de esas obras que conmocionan y cuya lectura cambia al lector. En una sucesión de capítulos muy cortos su autor, el cirujano francés Christophe Oberlin, nos hace descubrir por medio de pequeños toques y en un lenguaje simple y sobrio la emocionante humanidad de un pueblo y el valor con el que afronta el cruel asedio que le impone el ocupante colonial israelí con la cobarde complicidad de la “comunidad internacional” y de nuestros principales medios de “información”. No hay patetismo, sino que una sucesión de episodios y de experiencias en contacto con personas afectadas por la violencia desvelan la terrible realidad cotidiana. Christophe Oberlin responde aquí a las preguntas de Silvia Cattori.


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Christophe Oberlin es un cirujano especializado en microcirugía y en cirugía de la mano, responsable de misiones de cirugía reparadora de las parálisis entre los heridos palestinos desde diciembre de 2001 y profesor de varias universidades. Tiene un centenar de publicaciones y dos libros traducidos al inglés y al chino. Es responsable de dos licenciaturas de universidad.

Silvia Cattori: Su relato es muy apasionante [1]. Nos hace entrar en la vida cotidiana de estas familias asediadas, expuestas a todo tipo de dificultades, que sobreviven y se rehacen volviéndose hacia el futuro haga lo que haga Israel. Se comprende que desde que usted llegó a Gaza en diciembre de 2001 haya visto con incredulidad a los aviones del ejército israelí surgir a baja altura, atravesar la barrera del sonido y arrojar bombas sobre una población pacífica. Diez años después de ese primer contacto con la violencia, ¿qué ha cambiado en su percepción?

Christophe Oberlin: Lo que ha cambiado es que hoy hago una correlación entre lo que veo sobre el terreno y lo que nos dicen nuestros medios de comunicación y nuestros políticos. Su manera de presentar los hechos raramente se corresponde con lo que constato sobre el terreno. Esto me irritó, así que anulé la suscripción a ciertos periódicos, dejé de leer y de escuchar la información en la radio y la televisión. Prefiero una información de calidad a través de otras fuentes.

Silvia Cattori: Se comprende que muy rápido el cirujano que fue a Gaza para salvar vidas fue llevado a reflexionar sobre el trasfondo de estos reiterados baños de sangre tras tenerse que enfrentar a tanto cuerpos mutilados. Dar testimonio de lo que usted había visto y restablecer una información que nuestros medios de comunicación habían sesgado, ¿no era para usted una forma de devolver la justicia y la dignidad a este pueblo?

Christophe Oberlin: Está muy claro. Y es la razón por la que desde hace años reacciono, escribo pequeños testimonios y acepto dar conferencias. Durante decenas de años he ido a operar a otros países sin sentir nunca necesidad de expresarme. Pero cuando uno descubre que los acontecimientos que uno ha vivido son deformados completamente, entonces se enfurece. Después de la agresión israelí de 2008/2009 me invitaron a expresarme en un plató de [la cadena de televisión francesa] France 24. El título que se había dado al programa era “¿Ha habido crímenes de guerra en Gaza?” Estos signos de interrogación estaban completamente fuera de lugar, lo mismo que el hecho de saber si los muertos y heridos eran o no combatientes. Al haber estado en el lugar yo había podido ver que [entre los muertos y heridos] prácticamente sólo había civiles, familias enteras . Por consiguiente, en este contexto de desinformación estamos obligados a tomar la palabra para decir lo que realmente pasó. En lo que concierne a los medios de comunicación, se ve claramente que hay una censura, una autocensura, y que no les interesa lo que dicen o escriben los raros testigos que hay sobre el terreno.

Silvia Cattori: Al hilo de las páginas se descubre a unos personajes desgarradores, como el cirujano Fayez. A través de su trayectoria resulta impactante ver que este pueblo constantemente perseguido vive sin odio ni resentimiento hacia sus opresores. Y sorprendentemente optimista. En su opinión, ¿de dónde saca la fuerza para mantener esta extraordinaria vitalidad y humanidad?

Christophe Oberlin: Creo que forma parte del fondo de humanidad que es inherente a cada individuo. Todas aquellas personas que han vivido en estos infiernos tienen relatos idénticos. Primo Levi da ejemplos de ello. Cada uno de nosotros tiene unas capacidades de resistencia absolutamente extraordinarias que se desvelan en condiciones extremas. No es algo particular de Gaza. En mi opinión no hay poblaciones que resisten mejor que otras. Pero no es menos cierto que son admirables la resistencia y el aguante de los que la población de Gaza da muestra. Respecto a Fayez, recuerdo una mañana que estaba bastante abatido: “He pasado una mala noche. Mi cuñada ha muerto esta noche de un cáncer de mama. No sé cómo decírselo a mi mujer”, dijo de pasada. En nuestros países tenemos medios para detectar estos cánceres y de salvar a la mayoría de los pacientes. Allí no. Es una lección para cada uno de nosotros la simplicidad con la que estas personas asediadas por el ocupante hablan de su vida cotidiana, que las enfermedades para las que no tienen medios de curar hacen que sea aún más atroz .

Silvia Cattori: ¿Con qué secuelas salen, en particular los niños?

Christophe Oberlin: Puede resultar sorprendente que no haya más personas que pierden la razón. He hablado con Maryvonne Bargues, una médica psiquiatra que ha trabajado durante años con familias que vivían en ese entorno, hacinadas en diez metros cuadrados y cuyos hijos y parientes cercanos habían sido gravemente heridos o muerto. Su constatación es sorprendente. A pesar de las condiciones de vida espantosas hay unas recuperaciones psicológicas impresionantes. Si uno se pasea hoy por las calles de Gaza, nada más salir de una semana de bombardeos que han causado muchos muertos y heridos, se tiene la impresión de una población que vive en estado de paz.

Silvia Cattori: Son muy elogiosas sus descripciones de personalidades de Hamás, a las que usted ha conocido bien. Se comprende que usted haya establecido unos vínculos de confianza recíproca con estas personas con unos destinos fuera de la norma que a pesar de los dramas que han vivido, han seguido siendo plenamente humanas. Por ejemplo, es muy impresionante el retrato que usted hace del cirujano y responsable político, Mahmoud Khalid al-Zahar. Esto contrasta singularmente con la imagen tosca, incluso execrable, que sistemáticamente se nos ofrece de él. Viendo la caricatura que han hecho de él los periodistas que, como usted, han tenido ocasión de conocerlos, ¿que le inspiró eso?

Christophe Oberlin: Me sentí escandalizado y sigo estándolo. De hecho hay que saber que las autoridades israelíes tienen que acreditar necesariamente a los raros periodistas occidentales que van a Gaza. Para mí está claro el criterio de acreditación [2]: se acredita a los periodistas de los que los israelíes tienen la seguridad de que van a denigrar todo lo que haga Hamás. Tuve ocasión de observar muchas veces esto que estoy afirmando. Hasta ahora nunca he visto a un periodista autorizado a entrar en Gaza por el paso de Erez escribir un artículo que describa con objetividad lo que se ha hecho bajo la administración de Hamás.

Silvia Cattori: Esto nos obliga a preguntarnos por los a priori de estos ideólogos que en el seno del movimiento de solidaridad, debido a que no les gustan los barbudos, han privilegiado el campo de los “laicos”, de esta Autoridad Palestina “moderada” a la que ellos consideran la única representante legítima del pueblo palestino [3]. ¿Le han hecho reproches y le han pedido explicaciones sobre la carta de Hamás a la que generalmente califican de antisemita [4]?

Christophe Oberlin: Por desgracia, hay muy pocos reproches directos. Lo lamento porque es más interesante tratar de convencer a quienes no son de la misma opinión. Simplemente, quienes no están de acuerdo con lo que digo o escribo no me invitan. La manera de luchar en el seno del movimiento de solidaridad contra quienes dicen cosas positivas sobre la gestión política de Hamás es marginarlos. Finalmente, a su escala, su manera de comportarse apenas es diferente de la que conocemos con los medios de comunicación. A pesar de todo, regularmente se me invita a dar conferencias en las provincias francesas. Ahí los militantes tienen cierta independencia respecto a París, sede del movimiento. Dicen que me invitan porque les interesa conocer todos los puntos de vista, al tiempo que saben que su dirección no me aprecia. A través de estos encuentros con el público me doy cuenta de que cuando uno describe los hechos y lo siente de buena fe, se le cree. En Chroniques de Gaza sólo cuento hechos rigurosamente exactos con el mínimo de apreciaciones personales. Creo que los hechos hablan por sí mismos y es tarea de cada uno sacar conclusiones.

Sobre la carta de Hamás, no he tratado de convertirme en un especialista de la cuestión pero resulta que desde 2001 cada vez que volvía de Gaza me pedían que hablara de lo que ocurre ahí. De una conferencia a otra me hacen preguntas y eso me obliga a profundizar mis conocimientos. Esto me llevó a pedir a mis interlocutores de Gaza que se explicaran, sobre todo en relación a esta cuestión de la carta de Hamás, algunos de cuyos aspectos se han considerado inaceptables entre nosotros a justo título. Se me dijo que esta carta, que data de 1988, la escribieron determinadas personas, que después Hamás se convirtió en un partido político y que desde 2006, cada vez que había elecciones había un programa claro que se podía consultar y que era la referencia. Y que, en consecuencia, está carta ya no era válida.

Dicho esto, me gustaría ampliar un poco el debate. Esta manera de basarse siempre en la acusación de antisemitismo que permite arrojar instantáneamente el anatema sobre todo lo que tiene que ver con Palestina en cuanto hay una frase o una palabra que molesta es una forma de proceder muy desleal si se tiene en cuenta el hecho de que los palestinos, familias enteras de los cuales fueron diezmadas por los judíos y expulsadas de sus hogares en 1948, lo han perdido todo. En cuanto se pronuncia la palabra “judío” en Occidente, hay oídos que están alerta [5]. Pero de todos modos se creó un Estado judío en nombre del judaísmo, de la conciencia judía. Y en nombre de un Estado que se proclama judío las autoridades israelíes persiguen a todo aquello que no es judío. Por lo tanto, pedir a los palestino que ha sido golpeados en su propia carne que no digan que no les gustan los judíos es un poco fuerte. El hecho de que pueda haber lo que consideramos “deslices”, en mi opinión es algo completamente venial en relación al destino que han tenido. Es absurdo reprochar a este pueblo al que se oprime en nombre del Estado judío llamar “judío”a su opresor. Este delito de antisemitismo que se busca detrás de cualquier palabra es algo profundamente desleal.

Silvia Cattori: Usted describe con una rara objetividad las circunstancias en las que Hamás se vio llevado en junio de 2007 a intervenir contra los mercenarios de Fatah, financiados y armados por Estados Unidos de acuerdo con Israel, para desbaratar el plan secreto que debía llevar a su liquidación. También en relación a esto hay un abismo entre lo que usted observó sobre el terreno y lo que informaron los “enviados especiales” acreditados por Israel o los partidarios de Fatah [6]. Se habían puesto todas las pruebas sobre la mesa, pero los periodistas del establishment siguen ignorándolas. Oír que se imputaban las violencias a las fuerzas de Hamás y no al plan criminal de Fatah debió de provocar una enorme cólera a la gran mayoría de los palestinos que no colabora con el ocupante. ¿Para qué debían servir estas mentiras si no para legitimar que se siguiera con las ofensivas del ejército israelí contra Hamás y para mantener el poder de la Autoridad Palestina?


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Christophe Oberlin: Es una historia desoladora. Pero también es una historia que se repite. En relación a la guerra de independencia argelina, por ejemplo, la resistencia recibió un fuerte apoyo de una parte de la izquierda y sobre todo de los comunistas; y en cuanto se vio que la Argelia independiente no iba a bascular hacia el campo socialista, hubo varias deserciones. Siempre en Argelia, en 1992, son los mismos que apoyaron lo que púdicamente se llamó “la interrupción de proceso electoral”, en realidad un golpe de Estado militar apoyado por los occidentales cuyas consecuencia fue una guerra con 100.000 muertos. Con la victoria electoral de Hamás se vio como se reproducía instantáneamente el mismo fenómeno. Recuerdo una tribuna libre escrita por un notorio sionista titulada Hamas, “l’ennemi commun”. En la última fiesta de L’Humanité, me vino a hablar un militante que apoyaba una pequeña actividad asociativa en Gaza “a condición de que siguiera estando en un marco laico”.


Pretender ir a hablar de laicismo a un país donde el 95% de la población tiene sentimientos religiosos está completamente fuera de lugar. Hay que saber si se quiere ayudar a una causa porque vale la pena o imponer un “modelo”. Ha llegado a ocurrir que militantes que querían invitarme a hablar del libro se enfrentaran en el seno de su comité con “laicos” que no querían oír hablar de Hamás. ¡Despreciar a Hamás es despreciar a la población que la ha elegido! Gaza hoy es indisociable del voto a Hamás. Y limitarse a hablar de Cisjordania es ir en el sentido estadounidense-israelí de apoyo ciego a la “Autoridad Palestina”… aunque se sabe que unas elecciones libres hoy en Cisjordania probablemente darían la victoria a Hamás.


Silvia Cattori: El capítulo de su libro titulado “Sara” es muy fuerte. Deja atónito. Reunidos en el velorio de una anciana que resulta ser la madre de Mohammed Dahlan [7], cuadros de Hamás discuten cortésmente con partidarios de Fatah. Este tipo de episodio sorprendente, esta ausencia de animosidad por parte de los cuadros de Hamás, cuyos militantes son torturados y arrojados a la cárcel en Cisjordania por las fuerzas de seguridad de Fatah, ¿dejan augurar que mañana sea posible una reconciliación, a pesar de las traiciones?

Christophe Oberlin: He asistido con frecuencia a escenas de este tipo. Una vez me encontré en una familia en la que se reunían a la misma mesa miembros de Hamás y uno de sus primos al que pagaba la dirección de Fatah para que no fuera a trabajar [8]. Yo estaba estupefacto por el clima que reinaba. No había más que pequeñas pullas, sin maldad. Todo se decía en un tono de humor. Esta fraternidad entre palestinos ya la había observado en las elecciones que llevaron a Hamás al poder y continúa hoy. Creo que es posible una reconciliación. No hay reivindicaciones de odio entre Fatah y Hamas. Es una disputa de jefes. La Autoridad Palestina ni siquiera representa a la base de Fatah. Es una falsa disputa. A nivel de los electores no existe animosidad entre Hamás y Fatah. Si se organizaran elecciones en unas condiciones electorales normales se desarrollarían de una manera tan pacífica como en 2006.

Silvia Cattori: Una vez más no se puede dejar de pensar que Israel no hubiera podido llegar tan lejos en el horror si los ideólogos que dictan la línea política en el seno del movimiento de solidaridad en vez de apoyar al campo de Fatah y de quienes optaron por la colaboración con el ocupante hubieran apoyado claramente el campo de las fuerzas que, como Hamás, rechaza esta vía y sigue reivindicando el derecho de los palestinos a resistir a la ocupación. ¿Acaso no le han puesto las cosas más fáciles a Israel y prologando el sufrimiento del pueblo palestino por medio de este tipo de extraña mala unión?

Christophe Oberlin: Por supuesto que han hecho más fáciles las cosas a Israel. Dicho esto, no creo que se hubiera podido contener la escalada de violencia a la que asistimos. Cuando se ve lo que está pasando hoy que, todo lo deja suponer, llega hasta el asesinato intencionado de internacionalistas [9], cuando se ponen estos hechos en paralelo con lo que los palestinos sufren desde el inicio de la colonización judía en Palestina, creo que, por desgracia, el proyecto sionista debía pasar necesariamente por esta violencia, por una violencia cada vez mayor.

Silvia Cattori: En resumen, la elección de Hamás en 2006 fue en muchos aspectos un momento de verdad que permitió desvelar unos compromisos contra natura, también en lo que concierne a las ONG. Usted cuenta que fue excluido por dos grandes ONG francesas que nunca protestan públicamente cuando sus equipos médicos son expuestos a las humillaciones y hostigamientos de las autoridades israelíes. ¿Podemos saber el nombre de estas ONG y qué pretextos han aducido para privarle a usted de su financiación?

Christophe Oberlin: Se trata de unas ONG que, por otra parte, hacen un buen trabajo: Médicos del Mundo y Ayuda Médica Internacional. Son dos grandes organizaciones, al menos la primera, que implican unas administraciones enormes. Hay ahí unos retos de poder importantes. Para acceder a la presidencia, a los puestos altos, los candidatos están dispuestos a todo tipo de compromisos. Sus responsables no quieren que sus equipos se expresen. Respeto esta postura pero en lo que concierne a Palestina, donde los equipos médicos sufren regularmente el acoso y las humillaciones de las autoridades israelíes, no acepto callarme. Hay casos en los que es imperativo reaccionar.

Ha habido incidentes debidamente documentados y notificados pero Médicos del Mundo se negó a protestar. Por ejemplo, el caso en el que uno de mis colegas, que estaba en una ambulancia con un herido, recibió disparos israelíes en un checkpoint a pesar de que justo antes había recibido autorización para pasar. Otro ejemplo, cuando la policía de fronteras nos confiscó al llegar al aeropuerto Ben Gourion el material médico muy costoso e indispensable que llevábamos a Gaza; o incluso cuando se nos pidió pagar la tasa de productos de lujo, lo que es ilegal porque se trata de material médico humanitario, cuando los miembros de nuestros equipos son humillados, acosados y bloqueados en cuanto tienen un nombre árabe. Nunca hay protestas.

Silvia Cattori: Usted cuenta que desde los primeros momentos de la ofensiva israelí de 2008 cirujanos de diversos países árabes y musulmanes conmovidos por la carnicería, entre ellos unos sesenta egipcios, se precipitaron a Gaza entrando por los túneles y que se pusieron a operar enseguida. En su libro dice haber estado muy impresionado por la competencia y eficacia con la que operaron a heridos muy graves y el notable papel desempeñado por estos médicos anónimos, a los que califica de “humanitarios sin espectáculo”. ¿Pone usted sus esperanzas en esta solidaridad discreta y sin condiciones que contrasta con la torpeza de nuestras ONG?

Christophe Oberlin: Completamente. Daba una impresión de fuerza extraordinaria ver a todos estos cirujanos altamente cualificados y altamente competentes, que habían acudido a Gaza simplemente porque les habían llamado sus colegas y que afirmaban que se iban a quedar “mientras se les necesitara”. Recuerdo haber pensado entonces que tenía ante mí al relevo del Egipto de Mubarak.

Silvia Cattori: En el capítulo de su libro titulado “Clamor sobre lo humanitario” hace una constatación muy inquietante. Siente que el cerco se cierra [10]. Esto deja pensar que las autoridades israelíes buscan hacer cada vez más difícil la autorización de entrada en Palestina imponiéndoles unas condiciones cada vez más exigentes. ¿Cree usted que irán hasta privar a la población de Gaza de toda asistencia médica [11]? ¿Qué preconiza usted para impedirlo?

Christophe Oberlin: Los recientes asesinatos del militante italiano Vittorio Arrigoni en Gaza y del actor israelo-palestino Juliano Mer Khamis en Hébron [12] me estremecieron. No se puede dejar de pensar en la mano de Israel detrás de estos asesinatos. Para demonizar a los Palestinos y para acabar con el apoyo de la opinión pública internacional, ¿qué mejor manera que hacer asesinar a dos figuras carismáticas entre los pacifistas y endosarr a palestinos manipulados un crimen del que no son responsables? Da miedo. Hay en ello una escalada que debe permitir a Israel provocar en todo el mundo un sentimiento de horror en relación a Hamás. Y cada uno se dice: yo podría ser el próximo. No sería la primera vez que al más alto nivel del Estado israelí se toma la decisión de hacer asesinar a internacionalistas. Ya ha habido periodistas asesinados [13] y otros que han estado en la diana, como Jacques-Marie Bourget [14]. Hubo el ataque de la marina israelí contra la “Flotilla de la Libertad” en mayo de 2010 que causó la muerte de 9 activistas humanitarios. En el puerto de Gaza se acaba de erigir un monumento a su memoria.

Temo ver en ello un signo de endurecimiento israelí que puede ir hasta organizar asesinatos selectivos para hacerlos pasar después por asesinatos cometidos por Hamás. También se puede pensar que se trata de una crispación última de un poder al que se ha puesto bajo la presión de los movimientos de protesta contra los que pierde influencia.

Silvia Cattori: Durante estos trágicos años usted asistido a escenas de una crueldad insoportable. Estaba ahí cuando los soldados israelíes dispararon deliberadamente contra el cuerpo de un joven cámara palestino que estaba en el suelo [15]. ¿Qué sintió cuando se encontró frente a este joven paciente que al que se le acababan de amputar ambas piernas?

Christophe Oberlin: Soporto ver heridos muy graves en una sala de operaciones, pero ver ejercerse la violencia fuera de este marco, incluso en el cine, me resulta insoportable. Cuando vi a Mohamed Ghanem en el hospital, no estaba simplemente asqueado por el sadismo del soldado que había disparado media docena de tiros contra el cámara que estaba en el suelo (los medios árabes que estaban allí lo filmaron todo), también estaba avergonzado porque sabía que no habría ni investigación ni sanciones.

Durante 15 años he tratado traumatologías graves. Especializado en la reparación de traumatismo graves, la microcirugía de las venas y de los nervios, traté en las salas de operaciones a personas que trataban de suicidarse arrojándose a las vías del metro. Evidentemente se siente compasión cuando se ve a un hombre joven con unas heridas espantosas en una sala de operaciones. Pero uno está ocupado en reflexionar, en decidir qué conducta hay que seguir, en detener la hemorragia para salvar la vida del paciente. En ver qué se puede hacer para preservar la función y finalmente en operar. Las operaciones son muy largas y hay que pararla porque el paciente no está bien, hay que renunciar a la reconstrucción o hay que amputar. Eso forma parte del adiestramiento médico. Son nociones que he aprendido.

Cuando se ve llegar a estos heridos muy graves, uno se concentra en ocuparse de ellos. Durante la agresión israelí de 2009 vi a cirujanos palestinos que no podían más, venirse abajo, desmoronarse, pero fuera de las salas de operaciones. En la urgencia todo el mundo trabaja bien, sin pánico, y para nosotros también es una lección. Pero hay imágenes, escenas que te marcan de forma indeleble, como marcan a los palestinos. Ellas son las que construyen la resistencia.