miércoles, 7 de diciembre de 2011

NO ME VENGAN CON HISTORIAS.....

DIALOGO CON FEDERICO PERGOLA, PROFESOR DE CLINICA MEDICA Y DE HISTORIA DE LA MEDICINA


Sobre la historia de la medicina

El jinete hipotético siente una insoportable pasión por la historia de la ciencia. Porque sabe que es necesaria, se precipita hacia quienes le pueden hablar de ella.

Por Leonardo Moledo

–¿Por qué es importante que los médicos sepan historia de la medicina?

–Voy a empezar con una cita de George Orwell, que más o menos decía que el que no sabe la historia, no sabe su ciencia. Es decir que el conocimiento de la historia siempre tiene un efecto prospectivo. Yo quiero poner esas palabras en el museo que dirijo en la facultad. Quería decir que yo hice la reapertura de los dos museos que funcionan en la Facultad de Medicina: el de Historia de la medicina y de la cirugía, Vicente Risolía; y el de Ciencia y Tecnología, Houssay. Creo que en general se desestima bastante la historia de las ciencias. En particular la de la medicina. Alguien decía que los médicos recién cuando llegan a viejos se ocupan de estudiarla. Y yo creo que ni siquiera de viejos se ocupan de la historia de la medicina, sino que se ocupan de su propia historia. Porque todos los médicos vivimos muchas vidas y tenemos muchas anécdotas, y entonces creemos que vamos a pasar a la posteridad contando lo que ha sucedido en nuestra vida. Pero la historia de la medicina indica otra cosa: indica el gran cambio que hay gracias a la fisiología con Claude Bernard. El comenzó a estudiar sistemáticamente cómo funcionan los órganos, que es obviamente el primer paso fundamental para poder curarlos. Con él empieza la verdadera medicina, que en los últimos 50 años dio un vuelco de 180 grados en el que incluso cambia la forma de atender al enfermo.

–Además se convierte en medicina masiva...

–Eso pasa después de la época de Bismarck en Alemania, debido a que se dan cuenta de que, con el taylorismo, el obrero tenía un valor. La hicieron masiva, entonces, para cuidar el capital de trabajo: si el obrero no trabajaba, el capital perdía. Yo escuchaba el otro día en una audición de tango que en el año 1920, en un café de Buenos Aires, se habían peleado un tal Bianchi con un tal Salerno. Este Salerno le había dado unas cuchilladas al otro, quien, lejos de llamar al SAME o ir a un hospital, se fue a curar a su casa. De hecho, cuando empieza el hospital (que viene del latín hospitium) es un lugar de albergue, de depósito, al que iban los pobres y los locos.

–Además no tenía nada de tecnología...

–Exacto. Ni la enfermería era demasiado necesaria hasta entrado el siglo XX. Así que realmente la medicina ha cambiado de una forma extraordinaria: ha pasado de ser una medicina de la observación, hipocrática (como dice un autor cubano) a una medicina galénica, de la investigación. De todos modos yo creo que no debería llamarse “galénica”, porque lo que hizo Galeno fue una anatomía comparada que atrasó mil años la medicina. Hay un ejemplo típico: Galeno hablaba de “globo histérico” en la mujer, porque Galeno había visto que el útero de los animales (isterus es útero) andaba por el abdomen y entonces creía que el útero era un órgano móvil...

–En honor de Galeno, debemos decir que su intención no era convertirse en el dogma a seguir sino que se avanzara en la investigación. Que después se lo tomara como un dogma no fue su culpa.

–Además está todo el tema de la prohibición de la Iglesia de las autopsias, y todo eso... Es curioso cómo hacían las autopsias los árabes: dejaban macerar un cadáver al costado de un arroyo, y cuando estaba bien podrido lo iban abriendo con un puntero. La prohibición de la autopsia por parte de la Iglesia atrasó muchísimo la investigación sobre la anatomía humana.

–¿Cuál era la justificación de la Iglesia para prohibir eso? ¿La resurrección del cuerpo y del alma?

–Mire, yo no quiero decir nada ahora. Roger Bacon vio que cuando él alargaba un spray con agua y le ponía una luz al lado, la luz hacía una refringencia sin arco iris. El arco iris en ese momento significaba que después de una lluvia no iba a venir el Diluvio Universal. Cuando dio a luz esa investigación, por suerte no lo mataron: sólo tuvo que soportar varios años de cárcel.

–Bacon tuvo más problemas que el del arco iris. Y dígame, ¿cuál es la situación de la Historia de la medicina en la Argentina?

–Yo estoy dirigiendo la carrera docente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Y tenemos un curso de formación docente pedagógico en Ciencias de la Salud. Y además de módulos pedagógicos y de metodología de la investigación, tenemos un módulo humanístico. Ahí tenemos Historia de la medicina y de la ciencia, y una parte que es Antropología médica. Los que van a ser profesores tienen que pasar sí o sí ese curso. Hice ese curso en el año 1962 y tenía como profesores a Babini y Pucciarelli. Imagínese que para mí, que no sabía nada de filosofía, eso me abrió la cabeza completamente. Creo que es necesario para cualquier médico. Aquel que tiene una idea acabada de cómo fue evolucionando la medicina a lo largo de la historia, tiene más recursos para entenderse con el paciente y para comunicarle las cosas.

–¿Por qué?

–Porque uno baja y sube las etapas de comunicación. No es lo mismo entenderse con un intelectual que con una persona que no pudo completar la escuela primaria, y el médico tiene que acostumbrarse a eso.

–Pero, ¿cómo se engancha eso con la historia?

–Yo creo que la historia enseña en todo sentido. Porque si yo sé historia, conozco más al hombre; lo mismo que si sé de antropología médica. A veces, el enfermo tiene muy incorporado que con ciertas prácticas se va a curar. Por ejemplo, con la culebrilla. Yo en una época atendí a una persona que tenía un herpes espinal. Le expliqué que se trataba de un virus de la varicela que queda en el ganglio nervioso de la médula, y en un buen día, generalmente cuando uno es anciano, vuelve a aparecer. Aunque la gente tiene la idea de que pintando la culebrilla con tinta china, se cura. Pero la lesión que aparece en la piel responde a un nervio que ha perdido trofismo. Si nosotros tenemos la piel bien, es porque el nervio nos está mandando señales de que la piel tiene que estar bien. En el enfermo de culebrilla, que perdió la sensibilidad en la zona, se llena de ampollas. Entonces se pinta con tinta china. La enfermedad se cura sola en una semana, pero lo que a veces puede dejar es una neuralgia post-herpética. El “tratamiento” para el herpes zoster varía de acuerdo con la zona geográfica. En Cuba, por ejemplo, van a orillas del mar, rompen unas botellas y rezan, porque al herpes se le llamaba “Fuego de San Antonio”. Y durante la colonia buscaban polvo de la habitación y telarañas, y lo ponían encima del herpes para que se curara. Y rezaban una serie de oraciones dirigidas a la Virgen María...

–Muy científico todo...

–Sí. Con telarañas y oraciones, es infalible.

–¿La telaraña no tiene algunos antibióticos?

–No creo.

–En este momento, ¿en qué puede ayudar la formación en historia para los diagnósticos?

–Es una pregunta difícil, porque yo creo que, más que ayudar al diagnóstico, ayuda a la formación general. Un español dijo alguna vez que “el médico que solamente medicina sabe, ni medicina sabe”. El médico debe ser una persona instruida y culta, debe poder agarrar libros en su tiempo libre.

–¿Y no hacen eso?

–En general, creo que no. La medicina ha pasado por tres etapas. Rivadavia creó la Sociedad de Beneficencia, y la primera etapa de la medicina fue justamente la medicina de la beneficencia. Con la llegada después del Estado benefactor y de Ramón Carrillo, la medicina pasó a ser una medicina benefactora, estatal: de ahí la gran cantidad de fundación de hospitales, la campaña que hace con Alvarado para erradicar el paludismo. Después viene la tercera etapa, que es la medicina ya organizada en forma de “ayuda social”, que deja mucha gente afuera de esa ayuda social. Es una medicina organizada en forma de sociedades a las que uno aporta para, cuando enferma, ser atendido. Pero ahí hay muchos problemas: al clínico, por ejemplo, le exigen que en una hora vea a cuatro enfermos, por ejemplo, de modo que pueda satisfacer toda la demanda. Y la verdad es que en quince minutos uno no llega ni a saludar al enfermo. Entonces el médico se sienta enfrente del enfermo y le dice lo que tiene que hacer, a veces sin siquiera tomarle la presión o auscultarlo. Esos errores se producen porque el médico no tiene tiempo, literalmente, porque está acuciado por esa nueva medicina. Y a la gente eso le gusta. Por eso se dice que la medicina se deshumanizó. Y es cierto.

lunes, 5 de diciembre de 2011

PLANCHANDO LA OREJA

Los científicos demuestran que ser 'dormilón' se lleva en los genes

El gen ABCC9 es el responsable de que sus portadores necesiten 30 minutos más de sueño

Barcelona. (Redacción).- Los dormilones podrían tener a partir de ahora una excusa de carácter científico. Quedarse dormido se lleva en la sangre. Al menos así lo sostienen un grupo de científicos ingleses que, tras estudiar a más de 10.000 personas alrededor de Europa, han hallado que los portadores del gen ABCC9 necesitan 30 minutos más de sueño por noche.

Como señala la BBC, el estudio, publicado en la Molecular Psychiatry, asegura que el gen es portado por uno de cada cinco europeos. Los expertos manifiestan que, así, se podrían explicar algunos comportamientos somnolientos. Como curiosidad, el rotativo cita los casos de Albert Einstein que necesitaba 11 horas de sueño en contraposición a Margaret Thatcher, que con cuatro horas tenía suficiente.

Para los científicos, de la universidad de Edimburgo y la Ludwig Maximilians University en Munich, el gen ABCC9 está relacionado con la detección de niveles de energía en las células del cuerpo. El Dr Jim Wilson, de la universidad de Edimburgo sostiene que "los humanos duermen aproximadamente una tercera parte de su vida".

INTERESANTES PRECISIONES

Publicado por Miguel Jara

Leo en el diario Público, que dicho de paso es el que más ojeo, una noticia titulada Internet levanta un muro contra la pseudociencia y mi vista, supongo que es mérito del banner publicitario, ha escalado en la página hasta el anuncio que reza:

“Los regímenes totaliarios siempre han intentado silenciar a los escritores incómodos: Walter Benjamin, Alfonso Sastre, Franz Kafka, Nicolás Maquiavelo, Erasmo de Roterrdam: Literatura prohibida”.

No he podido dejar de esbozar una leve sonrisa pues lo que me queda claro tras la lectura de la noticia es que hay personas que se sienten incómodas con otras realidades que rodean al conocimiento y otras maneras de buscar y entender la salud. No me parece bien desde luego que lo que no sea científico se haga pasar por tal (no creo que sea el caso porque no es necesario). Y tampoco me parece bien que si algo es fraudulento, probadamente fraudulento, sea promocionado en una Universidad. Pero me preocupa que se cierren puertas. Y el modo en cómo se cierran.

También me pregunto qué clase de responsables universitarios pueden aceptar que se celebren eventos que promocionen falsedades. Si eso es así esas personas no valen para estar en su puesto, sin unos ineptos. Pero es que si aceptan que se celebre algo que creen que merece la pena y no resisten a las presiones son unos cobardes.

Por supuesto que puede haber aprovechados que se cuelen en la Universidad no hay más que ver qué significa el Plan Bolonia o la economía que por lo general (antes de Periodismo hice un año de Empresariales), se enseña en esos recintos. La Universidad también está mercantilizada si ese es el problema trabajemos todos juntos por revertirlo. Pero no hay que olvidar que muchas teorías científicas comenzaron sin tener el apoyo de mayorías, como la evolución. Es muy peligroso que la ciencia, entendida según algunos, sustituya a la religión. Ahora resulta que tenemos fundamentalismos religiosos y científicos en la Universidad. Como “creo” -no en sus sentido religioso- en la Ciencia quiero que haya espacios para otras interpretaciones y aunque no creo en Dios, soy ateo hasta que se demuestre lo contrario, quiero que haya Teología en la Universidad porque a lo mejor estoy confundido (estoy seguro de que no pero sería necio si cierro la puerta a quien quiera “sacarme de mi error”). La variedad nos hace mejores, la reducción nos lleva al totalitarismo aunque se haga en nombre de nuestra libertad y de la razón.

Lo que sí debe exigírsele a la Universidad es independencia de las empresas y que sus cursos no tengan ese conflicto de interés que es que las empresas financien los cursos de temas que les son interesantes económicamente. Esto de los conflictos de interés es lo que está pudriendo la ciencia o esa parte de la misma que antepone los intereses comerciales a los de las personas (entonces deja de ser ciencia propiamente dicha).

También hay que considerar que en ciencia primero se presentan los casos, hay una evidencia clínica y luego se hacen los estudios para comprobar su funcionamiento, para verificar.

Y es que por exigir que se enseñen sólo materias “científicas” el siguiente paso puede ser arremeter contra las “ciencias económicas y empresariales” o las “ciencias de la información” o la Psicología o la Filosofía. Y podría irse más lejos y sólo impartir clases sobre lo que esté fehacientemente demostrado sin mención alguna a las vías interesantes que pueda haber abierto en ese momento al Ciencia y que todavía no están demostradas. Ello conduciría a un totalitarismo cientifista. A justo lo contrario que debe perseguir la Universidad, la apertura de miras del individuo y su formación humanista e integral con la visión más amplia del mundo que sea posible. Aprendiendo incluso sobre aquello de lo que aún no tenemos explicación o esta será sumamente difícil pues algo no demostrado que no quiere decir que no exista o que no pueda demostrarse si se le surtiera de los suficientes medios y en parte para ello está la Universidad.

No existen ideas que nazcan probadas y casi toda nueva buena idea para la Humanidad primero ha sido tratada como una provocación para, generalmente, muchos años después ser aceptada por la población.

Por otro lado, es absurdo creer que porque muchas de las grandes industrias de nuestro tiempo se valgan de la ciencia para validar sus productos pasarían un mínimo control “científico”. Algo se queda en el camino. Muchos medicamentos cuando son analizados científicamente por instituciones independientes no pasan el examen o tienen una eficacia bajísima (directamente no deberían haberse comercializado) o su coste-efectividad (que se decide por en ocasiones manipulados costes de investigación) son la excusa para estafar al herario público por supuesto con la connivencia de los políticos y funcionarios de turno.

Creía, inocente de mí, que lo que criticábamos de la religión es su imposición, el fundamentalismo, no la libertad de culto; que cada uno crea en lo que quiera y se realice como persona como pueda. Creía que criticábamos y denunciábamos a las industrias que hacen daño a las personas cuando lo hacen, no sus buenos productos y loables iniciativas que también los tienen y las hay y creía que amábamos a la Ciencia por estar abierta al conocimiento y no por perseguir lo que le suene a acientífico como ha hecho toda la vida el fundamentalismo religioso con los científicos. En el fondo todo este tiene mucho que ver con la búsqueda del sentido de la vida y sus dogmatismos y represiones; con la caída de los muros mentales.

domingo, 4 de diciembre de 2011

UN ERROR Y OTRO HORROR

Cómo la guerra impulsa a la medicina

.ambulancia militar

El campo de batalla ha sido el escenario para innovaciones militares clave.

Varias innovaciones clave en el sector de la salud tienen sus orígenes en el campo de batalla donde el tratamiento de los soldados lesionados ha llevado a mejoras que siguen vigentes.

El hospital en Camp Bastion, la sede central de las fuerzas británicas en Afganistán, por ejemplo, está a la vanguardia en el desarrollo de cirugías traumatológicas.

En 2010 atendió a 8.000 pacientes, muchos de ellos con heridas muy graves.

Increíblemente, los médicos de los ejércitos estadounidense y británico ahora pretenden salvar al 90% de esos pacientes, el porcentaje más alto en la historia de los enfrentamientos bélicos.

Sin embargo, hace 500 años, lo máximo que podía esperar un soldado herido era que sus amigos lo arrastraran fuera del campo de batalla y, si sobrevivía, que sus heridas fueran cauterizadas con planchas calientes o selladas con aceite hirviendo.

Los horrores de la guerra

La pérdida de sangre siempre ha sido la mayor causa de muerte en las guerras.

Medicina y guerra

  • El uso de un torniquete para limitar la pérdida de sangre se conocía en épocas romanas y pudo haber sido desarrollado en el ejército romano y entre sus usos estaba la amputación.
  • El control moderno de infecciones toma prestado buena parte del trabajo de Florence Nightingale durante la Guerra de Crimea en el siglo XIX. Ella se aseguró de que las salas de los hospitales fueran limpiadas y ventiladas, lo que ocasionó una caída dramática en las tasas de mortalidad.
  • Durante la Primera Guerra Mundial, doctores franceses formalizaron por primera vez el sistema de "triage" (un sistema de diferentes prioridades para maximizar el número de sobrevivientes). Los pacientes se dividían en tres categorías: quienes tenían más posibilidades de beneficiarse del tratamiento recibían tratamiento antes que quienes podrían sobrevivir y quienes morirían de todos modos.
  • El descubrimiento de la penicilina en 1928 fue pasado por alto y sólo se convirtió en una droga efectiva en la Segunda Guerra Mundial, cuando investigadores médicos buscaban un método para controlar las infecciones en las tropas.

Un punto de quiebre importante llegó en 1537, cuando un barbero francés de nombre Ambroise Pare fue enviado como cirujano a la toma de Turín.

Terminó tan horrorizado con lo que vio que diseñó una alternativa increíblemente sencilla: la ligadura. Identificó arterias sangrantes para luego coser los extremos con hilos de seda.

Las ligaduras habían sido utilizadas por los romanos y los árabes, pero las habilidades se perdieron y tuvo que pasar tiempo para que el trabajo de Pare se convirtiera en una práctica común.

Un siglo después de "su creación", los cirujanos seguían utilizando aceite hirviendo y cauterizaban las heridas.

La idea de usar transporte especializado para evacuar a los heridos del campo de batalla llegó hace 200 años y fue de nuevo un francés el que primero vio esa necesidad.

Dominique Jean Larrey, cirujano jefe de los ejércitos de Napoleón, se dio cuenta de que la artillería francesa era capaz de mover cañones a gran velocidad en el campo de batalla con carruajes impulsados por caballos.

Se preguntó si vehículos similares podrían ser utilizados para transportar a los heridos.

En esa época, a muchos soldados se les dejaba para que murieran en el mismo sitio donde caían y podían pasar 24 horas o más para que un hombre herido fuera transportado a un hospital.

"Cuando un miembro es destrozado por un cañón, por la explosión de una granada o una bomba, se necesita la amputación más rápida posible", escribió Larrey en sus memorias.

"La demora más leve pone en peligro la vida del herido...sin la asistencia de la ambulancia voladora...un gran número habría muerto sólo por esta causa".

Larrey creó lo que llamó "ambulancias voladoras". Estas eran carros impulsados por caballos que podían transportar a los heridos con algo de comodidad y a alta velocidad hacia donde se encontraban los cirujanos. El duque de Wellington se sorprendió tanto con esto que les ordenó a sus hombres no dispararles.

Ambulancia aérea

En Afganistán, los equipos modernos han permitido que la propuesta de Larrey sea llevada a un nuevo nivel con las tropas que son evacuadas en un helicóptero que lleva a un doctor, una enfermera y dos paramédicos, además del tipo de equipos médicos que normalmente se encontrarían en la unidad de emergencias de un hospital.

ambulancia de la guerra de crimea

Una ambulancia durante la Guerra de Crimea era impulsada por seis mulas y tenía campo para diez pacientes (cuatro en camillas).

El tratamiento empieza cuando la ambulancia aérea está apenas abriéndose paso.

Tropas estadounidenses y británicas cuentan con torniquetes, por lo que si uno de sus hombres pierde un brazo o una pierna están en capacidad de hacer presión para frenar el sangrado hasta que puedan ser subidos a un helicóptero y transportados a un hospital.

En el trayecto se les suministra sangre, a veces en grandes cantidades. Médicos del ejército británico en Irak descubrieron que si a los heridos se les suministraba plasma extra -que contiene agentes que ayudan a que la sangre coagule- casi se duplicaban las tasas de supervivencia.

A su llegada a Camp Bastion, los médicos revisan a los heridos para verificar si hay sangrado interno. En caso afirmativo, se puede poner rápidamente en marcha todo el proceso para una cirugía, con grupos de médicos dedicados a un solo paciente.

"Sin duda alguna hay personas que han permanecido vivas que no habrían sobrevivido hace cinco años", dice el teniente coronel Steve Lord, consultor del departamento de emergencias en Camp Bastion.

Todos los que llegan con una probable lesión interna reciben un chequeo completo del cuerpo, explica. "Eso es algo que deberíamos tener más en consideración en el NHS" (el sistema de salud pública nacional en el Reino Unido).

El nuevo protocolo de sangre, que incrementa las cantidades de plasma en pacientes con traumas, ya está siendo introducido en partes del NHS.

Y los torniquetes militares, que pueden aplicarse con una sola mano, también están siendo utilizados de manera creciente por servicios de ambulancias.

Otra técnica desarrollada por los militares, con ayuda de médicos civiles, es el uso de ultrasonido portátil.

Esto se utiliza no sólo para los escáneres sino también para el control del dolor, pues les permite a los cirujanos localizar y anestesiar nervios individuales.

El ultrasonido como tal fue un producto de la guerra, que se utilizó primero por ingenieros en la Segunda Guerra Mundial para detectar grietas en las armaduras.

Hoy es una herramienta médica fascinante, que se utiliza para una variedad de propósitos, desde revisar a mujeres embarazadas hasta localizar tumores cancerígenos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

SABES PONERLA CALENTITA ?

Pareja

Mujer y sexualidad: ¿existe una estimulación adecuada?

Durante siglos, el placer femenino estuvo arrinconado, silenciado, ignorado. Hoy, legitimado socialmente y hasta amparado por la ley de educación sexual, busca destino. La licenciada Diana Resnicoff nos habla de las diferencias fisiológicas y psico-emocionales del hombre y la mujer y comparte consejos para reencontrarnos con nuestro cuerpo y disfrutarlo.

Cada tanto surgen controversias sobre lo que las mujeres "deben sentir" o "dejar de sentir". ¿Existe algún punto mágico aún no descubierto que provoque placer? ¿Es posible desarrollar mayor sensibilidad vaginal? ¿Es lícito que algunas mujeres prefieran recibir caricias a ser penetradas?.

Vale la pena preguntarnos si la sexualidad masculina es también sometida a tantas preguntas. Y respondernos: no, en absoluto. La calidad del orgasmo de un hombre no se cuestiona. Con la mujer, en cambio, los diferentes medios de comunicación, al igual que ciertos libros, insisten en calificar, cuantificar, criticar y hasta proscribir lo que las mujeres sienten. Y, en tanto, las mujeres, preocupadas por demás en cumplir o adherir a lo “normal”, dejan de lado o estigmatizan sus propios ritmos, sensaciones y tiempos.


Hombre, mujer, dos mundos

Una condición previa necesaria para iniciar cualquier actividad sexual es la excitación que aparece en una mujer cuando se siente sexualmente atraída. Los tipos de caricia –suave, áspera, cosquilleante, incitante- y las zonas que responden y provocan la atracción son variados y diferentes en cada mujer y en diferentes momentos de la vida.

Caricias, besos, miradas, mimos y un contacto corporal directo nos excitan sexualmente. También pueden despertarnos sensaciones eróticas, las fantasías, el recuerdo de ciertas imágenes placenteras de otros momentos vividos o de alguna lectura o película... Casi siempre, son varios factores los que se combinan para encendernos.

La presencia de un hombre, su comportamiento, o quizá rozar sus manos son puntos “disparadores” de esas imágenes placenteras, casi siempre tan fugaces que las mujeres dicen no recordarlas. Directamente se manifiestan atraídas, excitadas eróticamente y deseosas de mantener una relación sexual.

Una de las diferencias fundamentales entre el varón y la mujer es que mientras el primero se excita principalmente con estímulos visuales, la mujer requiere esencialmente de los táctiles. Además, la mujer suele excitarse más lentamente que el hombre. De hecho, el estado de excitación se intensifica cuando, en una atmósfera de intimidad, los cuerpos se rozan o se estimulan ciertas zonas muy sensibles. No siempre sucede con los cuerpos desnudos, a pesar que el contacto “piel a piel” proporciona estímulos directos y muy fuertes.

Hay numerosas mujeres, y también hombres, que necesitan un prolongado tiempo de excitación estando vestidos o con un poco menos de ropa, pero no desnudos totalmente. Desvestirse rápidamente por suponer que ello incrementará al máximo la excitación sexual no siempre es efectivo.

Casi todas las mujeres necesitan este período previo de excitación durante el cual se dan la mayor parte de los juegos amorosos. Para poder disponerse a gozar plenamente de las sensaciones eróticas, se debe estar seguro de no ser interrumpido, espiado, distraído. Las mujeres necesitamos estar relajadas lo más que podamos.


La etapa de excitación, clave en la fisiología de la respuesta sexual femenina

La etapa de excitación es un momento clave porque durante la misma se producen todos los cambios fisiológicos previos al orgasmo. Nuestras estructuras sexuales se expanden y se congestionan más que las masculinas; la única diferencia en esta etapa es que la erección del hombre ocurre fuera del cuerpo y, en consecuencia, es visible; la nuestra, en cambio, sucede bajo los labios vaginales.

En la mujer esta etapa se caracteriza por la aparición de un exudado más o menos espeso en las paredes vaginales, capaz de lubricarla y facilitar así la posible penetración. Esta sensación de humedad suele ser agradable y es acompañada de una suave relajación de los músculos que rodean la entrada vaginal. Es una señal específica de estar respondiendo en forma efectiva a los estímulos eróticos.

Simultáneamente, se produce la erección de los pezones, la dilatación de las areolas, el aumento del clítoris; los labios mayores se apartan del orificio vaginal y los menores aumentan de tamaño. El tercio externo de la vagina se llena cada vez más de sangre, aumenta la lubricación vaginal y se congestiona de manera tal que reduce su diámetro en casi un 30%; sus paredes, congestionadas, constituyen la plataforma orgásmica, cuya existencia es señal de orgasmo inminente.

Se trata de un período de intenso goce durante el cual su cavidad pélvica se llena de toda la sangre necesaria para alcanzar luego un orgasmo satisfactorio. Hacia el final de la fase, se producen contracciones uterinas y la retracción del clítoris, que se esconde dentro del prepucio.

Si la estimulación deja de ser placentera, la excitación desciende y desaparece. A veces, un dolor mínimo, una palabra fuera de lugar, una caricia brusca, nos saca totalmente de clima, debiendo transcurrir un cierto período para que la respuesta placentera vuelva a aparecer. Y esto es así por razones fisiológicas, porque somos diferentes a los hombres, que pueden permanecer excitados aunque la estimulación manual cese.

La penetración debe intentarse cuando la mujer alcanza límites muy altos de excitación, cuando su vagina está lubricada y dilatada. De lo contrario, puede llegar a ser dolorosa, decreciendo su interés sexual.

Todos estos fenómenos suceden por autoestimulación o por estimulación manual u oral del compañero. Una característica importante de la excitación femenina es la necesidad de recibir estimulación continua, incluso durante el orgasmo, para lo cual sólo nosotras podemos saber qué necesitamos. Nuestro cuerpo es la guía infalible y nosotras somos “las expertas” del mismo. Por eso es necesario que seamos nosotras quienes informemos a nuestra pareja, verbal u oralmente, qué cosas nos gustan y cuáles nos disgustan.

Pensemos que la gran mayoría de los hombres no están informados sobre cómo son los genitales femeninos; más aún, la gran mayoría nunca los vio. Un buen punto de partida podría ser describirle tus genitales, explicándole la sensibilidad de las diferentes estructuras. No hay que olvidar indicarles cuáles son tus zonas más sensibles, incluso guiando su mano con la tuya para que de este modo sepa cómo te gusta exactamente ser acariciada y qué grado de presión preferís. Así, de modo tranquilo y jugando, tu pareja aprenderá un montón de cosas sobre tus necesidades. Y ambos la pasarán genial.


Lic. Diana M. Resnicoff. Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.

¿ELLAS MIRAN EL TAMAÑO?

Intimidad

¿Las mujeres también “se miden”?

Mucho se habla de las medidas de los hombres, pero poco de las nuestras. ¿Existe un tamaño estándar? ¿Repercute en el encuentro sexual? ¿Cambia con el paso de los años? Lo debatimos con un sexólogo y una ginecóloga.

En los últimos días, Entremujeres profundizó en un tema que obsesiona a muchos hombres. Nuestra encuesta demostró que para el 73% de las mujeres "el tamaño" de ellos no lo es todo. Enseguida se abrió el debate y varios comentarios llamaron nuestra atención.

Algunos hombres decían que sus medidas dependen de las medidas de nosotras. Entonces, nos preguntamos... ¿los órganos sexuales de ambos deberían tener cierta "coherencia" para alcanzar el mayor placer? ¿Al grande, grande, y al chico, chico?

Muchas veces se habla de vaginas angostas o anchas, pequeñas o grandes, profundas o más cortitas. ¿Hay medidas estándar? “La vagina es un conducto músculo membranoso de unos 12 centímetros de longitud y 3 de ancho. Normalmente está plegado, apoyando la cara anterior sobre la posterior, lo que origina un orificio virtual que se abre y distiende durante el coito”, cuenta el doctor Walter Ghedin, sexólogo.

Por su parte, la doctora Sandra Magirena, médica ginecóloga, agrega que los tamaños pueden variar según las características generales de la mujer. “Si la pelvis es amplia y grande podría ser que la vagina sea más larga. Hay situaciones particulares donde puede haber una malformación congénita que determine que la vagina sea corta, o pueda tener tabiques internos que dificulten la penetración, pero esas son patologías”, aclara.

Las diferencias de tamaño interno tienen que ver, por lo general, con la capacidad de distensión y la longitud. El ginecólogo puede llegar a tener una medida aproximada en un tacto vaginal.


Cómo repercute en el sexo

Según el doctor Ghedin, la vagina es capaz de adaptarse al tamaño del pene: puede ampliarse o retraerse. En definitiva, lo abraza. “Por lo tanto, se podría decir que no existen vaginas grandes o pequeñas, existen vaginas complacientes”, ironiza.

“La vagina es una cavidad virtual, con paredes muy elásticas y con mucha capacidad para distenderse durante la excitación y el orgasmo”, agrega Magirena. Si quedan dudas sobre su capacidad de ampliación, basta con imaginar un trabajo de parto.

La ginecóloga nos asegura que al tener relaciones no hay ningún problema relacionado con el tamaño, siempre que se trate de una vagina normal, sin malformaciones congénitas. Sí puede haber dificultades (como dolor o vaginismo) si hay poca elasticidad o tensión en los músculos perineales. También, claro, si hay poca lubricación.



Lo que ellos miran, y lo que no

El doctor Ghedin nos asegura que el tamaño de la vagina no es un tema que preocupe a los hombres, justamente por la capacidad que tiene el órgano femenino de adaptarse al tamaño del pene.

Según el especialista, los hombres disfrutan mucho cuando se ponen en contacto con el cuerpo femenino, más allá de sus medidas.

Los años no vienen solos…

También se habla de que el tamaño de la vagina cambia con el paso del tiempo o con la cantidad de relaciones sexuales. “Lo que puede modificarse con los años es precisamente su elasticidad, como ocurre con cualquier otro tejido del cuerpo, sea la piel, el cabello, los músculos o las articulaciones. Los partos también modifican la entrada de la vagina, sobre todo si hubo episiotomía”, cuenta Magirena.

En esos casos, las cirugías de estética vaginal se presentan como la solución para “rejuvenecer” la zona. ¿Son seguras y recomendables? “Salvo que exista una dificultad anatómica congénita o un deseo de cambio de genitales, no recomendaría ningún tipo de cirugía estética de la vulva. Los tejidos vulvares tiene muchos receptores sensitivos que liberan feromonas y tejido eréctil que favorece la excitación y la respuesta orgásmica”, responde la ginecóloga.


Para tener en cuenta

* Las relaciones sexuales y los masajes vaginales mejoran la elasticidad de las paredes, favorecen la irrigación de los tejidos y mejoran, así, la lubricación vaginal.

* Los orgasmos ayudan a fortalecer los músculos del piso pelviano.

* Es muy importante mantener una vida sexual plena y activa o realizar masajes autoestimulantes para tener la zona íntima en buenas condiciones.

* También se recomienda practicar ejercicios perineales.

* Las mujeres debemos aprender a admirar y cuidar nuestro portal sagrado del placer.