viernes, 13 de abril de 2012

ESTE ES MARIQUITA O ¿QUE?


La policía rescata a un alemán al que una mujer le exigía seguir teniendo sexo

La víctima conoció a la mujer en un bar de Munich, fueron a la casa de ella y tuvieron relaciones; cuando él quiso marcharse, la mujer cerró la puerta con llave y le pidió más; el hombre escapó entonces al balcón y desde allí llamó a la policía.

Llamame ,alemanita!!!!!!!!!!

La policía tuvo que rescatar a un alemán que se había refugiado en el balcón de una casa huyendo de una mujer que le exigía volver a tener sexo tras una larga noche de pasión.

La víctima, de 43 años, conoció a la mujer cuatro años mayor en un bar de Munich. Ambos fueron a la casa de ella y tuvieron relaciones, detalló hoy la policía en un parte.

Cuando él quiso marcharse, la mujer cerró la puerta con llave y le pidió más. El hombre escapó entonces al balcón y desde allí llamó a la policía. La mujer podría afrontar ahora cargos por privación de libertad y acoso sexual..


miércoles, 11 de abril de 2012

El deseo como campo de batalla

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Título: Primeros materiales para UNA TEORÍA DE LA JOVENCITA . Autor: Tiqqun. Traductores: Diego L. Santomán y Carmen Rivera Parra. Editorial: Acuarela & A. Machado


“Nuestra disposición a deshacernos en relación con otros constituye la oportunidad de llegar a ser humanos . Que otro me deshaga es una necesidad primaria, una angustia, claro está, pero también una oportunidad: la de ser interpelada, reclamada, atada a lo que no soy, pero también movilizada, exhortada a actuar, interpelarme a mí misma en otro lugar y, de ese modo, abandonar el “yo” autosuficiente considerado como una especie de posesión.” Judith Butler ( Dar cuenta de sí mismo, violencia ética y responsabilidad )

Este libro de Acuarela Libros tiene la virtud de llegar en un momento idóneo. Si algo ha puesto en evidencia la crisis del capitalismo salvaje es lo que Richard Sennett vaticinaba en 1998 al final de La corrosión del carácter : "Un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad".

Primeros materiales para UNA TEORÍA DE LA JOVENCITA es una crítica feroz de cómo un sistema basado en el mercado ha colonizado lo más íntimo e idiosincrásico del ser humano: la subjetividad, lo íntimo, las emociones, las pulsiones, el deseo singular, la misma capacidad de amar. El control de los ciudadanos ya no se ejerce desde un “afuera”, sino desde dentro de los propios seres humanos, que asumen el control de sí mismos para adaptarse a un deseo expropiado: la publicidad y la ciencia médica nos dicen en qué consiste biológica, genética y socialmente el amor, y el mercado nos lo vende para que lo consumamos. Se trata de la interiorización de la lógica capitalista en lo que parecía un reducto inconquistable de “autenticidad”, de rebelión contra el poder social.

La figura de “la Jovencita” encarna este deseo expropiado, alienado. A Tiqqun no le interesa describir quiénes son los sujetos que se adaptan a este modelo ideal de individuo, sino las prácticas que consisten en lo que ellos llaman el “proceso de jovencitización” o el convertirse en Jovencita: el deseo ensimismado, el deseo vacío, el deseo indiferente al otro, cuerpos reducidos a meros continentes que no conectan con su “intimidad” ni con la de otro. La Jovencita no está necesariamente adscrita a un cuerpo de mujer -aunque algunos de sus rasgos se asocien paradigmáticamente a la “feminidad” y por esto quizá sus autores hayan convenido en elegirla-, porque que todos somos consumidores de formas de vida atractivas (productos de marketing), nos obsesionamos por la juventud y la salud, nos esforzamos por adaptar el propio cuerpo a los cánones de belleza y a los usos amorosos de nuestra época, nos desvelamos por nuestra apariencia, odiamos la soledad y rechazamos lo que hay de trágico el ser humano (siempre hay que pensar positivamente), tememos al compromiso, pues esto implica la renuncia y el cierre de otras oportunidades, tememos el encuentro con lo diferente y singular (lo que no se adapta a la garantía de lo conocido), vivimos en la inmediatez y redefinición permanentes, etc.

Aunque el asunto de este libro tiene precedentes históricos (el análisis del narcisismo consumista y de la sociedad del espectáculo, la crítica feminista al poder que se extiende hasta lo privado), su interés o su novedad radica en que no es un ensayo sociológico al uso. Con un lenguaje abstracto entre lo poético y lo filosófico, que alterna el tono grave con el irónico y en ocasiones humorístico, no se propone analizar con detalle las condiciones sociales e históricas en que uno se convierte en un cuerpo-valor de cambio y tampoco sigue un discurso lineal. Escrito con citas dispersas de diversa procedencia (desde autores como Klossowski, Gombrowicz o Proust, hasta artículos de revistas femeninas, pasando por reflexiones de cosecha propia), configura una especie de prisma que desde sus distintas caras describe de forma sugerente cómo la Jovencita experimenta cotidianamente lo que los autores llaman la “nuda vida”: la vida vacía, la vida sin sentido porque nunca se compromete con nada, nunca se detiene auténticamente en nada fuera de sí misma .

La Jovencita es una “modesta empresa de depuración” de todo lo que no contribuye a la circulación del deseo mercantil vendible: la negatividad, la soledad, la enfermedad, la fealdad, el peligro, el compromiso, la muerte… Sin embargo, si, como afirman sus autores, “lo que le queda de humanidad es la causa de su sufrimiento” -una imperfección, por tanto, que también hay que erradicar-, ahí podría residir también la posibilidad de resistencia: “Sólo en el sufrimiento es amable la Jovencita. Salta a la vista aquí una potencia subversiva del trauma”. El sufrimiento puede interpretarse entonces como un síntoma de lo que no se adapta, aquello que “deshace” la fantasía de ser sujetos omnipotentes.

Cómo se convierte uno en objeto de deseo tiene que ver también con los “afectos estándar”, con lo que se supone que debemos sentir, cómo se supone que debemos preparar a nuestros cuerpos, moldearlos para que tengan una vida afectiva y sensual adecuada. Esta es, fundamentalmente, la segunda parte del libro titulada “Hombres-máquina: modo de empleo”, una ampliación del concepto de Jovencita. Los hombres-máquina son autómatas emocionales que responden al dictado de la nueva ciencia médica, de corte biologicista-determinista: “vosotros, vuestras alegrías y vuestras penas, vuestros recuerdos y vuestras ambiciones, vuestro sentido de l a identidad y del libre albedrí o, todo esto no es en realidad más que el comportamiento de una vasta reunión de células nerviosas y de las moléculas que están asociadas a ellas. Como habría podido formularlo la Alicia de Lewis Carrol: “¡usted no es más que un paquete de neuronas!” . Esta ideología científica dictamina que el amor es una “simple reacción química” y ofrece prótesis para nuestro s cuerpos desfalleciente s (como por ejemplo el viagra): “La humanidad futura debe ser funcional y funcionar en todos sus aspectos, incluso si a veces opone resistencia. Cada disfunción representa una falta de eficacia que debe ser corregida. Empalmarse cuando toca o desaparecer”.

Se trata de una ciencia médica que ha ocupado el lugar de la vieja moral para convertirse en un “moralismo fisiológico de masas”: “todos bellos, todos bio”. “El Biopoder está disponible en cremas, píldoras y aerosoles”. “He aquí el tiempo de la farmacología cosmética”. Es un deber moral estar sano, si uno no cuida de su cuerpo y enferma será porque lo habrá querido y deberá responsabilizarse individualmente de su enfermedad. De nuevo la ilusión del individuo autosuficiente y omnipotente que nos vende la publicidad (como si no nos enfermara el aire que respiramos, la comida que tomamos o los trabajos que desempeñamos). Sin duda, las nuevas reformas sanitarias irán por este camino, encarnando una suerte de “darwinismo social-mercantil” en el que sobrevivirán los fuertes. “Habrá de un lado la comunidad de «sanos» y del otro lado los «enfermos». Prestando atención al Nietzsche más dudoso, la primera huirá de la segunda como de la peste.”

Los cuerpos convertidos en mercancías, repite Tiqqun. El “yo” -afectos, pulsiones, deseos- considerado como propiedad, expuesto en un escaparate e intercambiado por otra “cosa” que conserve o aumente mi posesión. “El hombre convertido en cosa considera sus sensaciones con un curioso desapego: nada le pertenece exceptuando las cosas y solamente puede desear las cosas, o a los otros en la medida en que ellos mismos son cosas”. Sin embargo, lo que caracteriza la humanidad que hay en nosotros es la capacidad de que lo desconocido, de que lo otro, lo distinto, nos cuestione y nos “deshaga” -como dice Butler en la cita con la que comenzaba este texto-, con el riesgo, la angustia, el sufrimiento que eso implica para nuestro “yo soberano”, pero también como una oportunidad que nos moviliza, nos cuestiona y nos cambia.

Este ensayo es sobre todo una crítica a esas formas de vida sometidas, mecanizadas. Solo en las últimas páginas se hace un llamamiento a la emancipación de nuestros “cuerpos deseantes” para “comenzar a concebir la posibilidad de comunidades ”. “La comunidad (…) significa: realizar el potencial de insurrección y de invención de los mundos subyacentes a todo vínculo verdadero entre seres humanos”. Quizás lo que se echa de menos en el libro es el desarrollo de la idea de estas comunidades posibles, la descripción, en paralelo a la crítica de las figuras de la Jovencita o de los Hombres-máquina, de experiencias liberadoras de vínculo y deseo, de otras formas de relación entre los seres humanos, por eso el carácter de denuncia se hace, en ocasiones, difícil de asumir. No obstante, es precisamente la claridad con que perfila el comportamiento cotidiano de ese “estar en el mundo sin estar” (que por cotidiano pasa desapercibido, oculto bajo una “normalidad” acrítica) y la ligereza del discurso hecho a base de fragmentos lo que invita a seguir con la lectura y lo que constituye su mayor acierto.

Cada sociedad construye o perfila a los ciudadanos ideales capaces de vivir en ella ejerciendo una cantidad menor o mayor de violencia sobre los sujetos para que se adapten a ella. La violencia que se ejerce en la sociedad del “capitalismo cool” (como lo denominan algunos) no viene dada tanto por las armas o por la imposición de normas sociales represivas, como por la seducción. Si en el capitalismo de las finanzas es el valor abstracto el que se pone en circulación permanente y no tanto el dinero concreto y real que podemos contar en nuestros bolsillos, en las relaciones humanas los seres humanos solo lo son en tanto que portadores de una serie de valores que una sociedad basada en el consumo favorece y premia, cuerpos convertidos en monedas de cambio, todos iguales bajo la apariencia de “marcas distintas”. Ya no se trata solo de que consumamos un producto, sino de moldear nuestras emociones, nuestras reacciones, nuestras decisiones, codificándolas como “adecuadas” e “inadecuadas” para cosificarnos como formas de vida que, paradójicamente, se nos pretende vender. Pero cuando el sufrimiento que esa violencia silenciosa y cotidiana ejerce se hace insoportable, cuando escuchamos al ser humano que grita bajo esas “máscaras sin rostro”, que ya no quiere hablar más “a través de la voz de otros”, cuando la palabra y el cuerpo se reconcilian, ahí comienza la libertad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 10 de abril de 2012

SE FIFA SEGUN SE PIENSA

Dime cómo haces el amor y te diré por quién votas

pareja

¿Revela le sexualidad las preferencias políticas?

Para cambiar un poco el tono de la campaña de las presidenciales en Francia, el Instituto Francés de Opinión Pública, Ifop publicó una encuesta realizada para la revista Hot Video, que relaciona la vida sexual de los votantes con sus opiniones. A partir de ahora, si no quieren revelar sus ideas políticas, no hablen de su actividad sexual: podría delatarlos.

A menos de 15 días de las elecciones presidenciales en Francia, cada semana se publican en los medios sondeos y encuestas de opiniones y algunos de los ciudadanos ya empiezan a cansar. Pero este estudio que establece una relación entre la vida sexual de cada uno y sus opiniones ha logrado despertar el interés de incluso los más reticentes.

¿No están contentos con su vida sexual? Entonces, tienden a votar por candidatos que tienen un discurso de protesta. Por lo menos, es lo que se destacó de lo que dijeron los más de 1.400 franceses interrogados para el estudio.

Así, 35% de los franceses no satisfechos con su sexualidad votan por el candidato Jean-Luc Mélenchon (Front de Gauche, extrema izquierda). Mientras 31% de ellos van al otro extremo de la esfara política y votan por Marine Le Pen, la candidata del Front National (ultra derecha).

¿Cuestión de intensidad?

"Los partidarios del presidente Sarkozy hacen el amor 6,7 veces al mes. Los de extrema izquierda tienen 7,7 coitos al mes. Y los campeones son los votantes de la extrema derecha que practican esta actividad 8 veces al mes"

Al parecer, el nivel de satisfacción no se establece concorde a la frecuencia de las relaciones sexuales de los interrogados. Los electores de la derecha y del centro llevan una vida sexual menos intensa que los de los extremos.

Según la encuesta, los partidarios del presidente Nicolas Sarkozy hacen el amor 6,7 veces al mes. En cambio, los de extrema izquierda tienen 7,7 coitos al mes. Y los campeones de todas las categorías son los votantes de la extrema derecha que practican esta actividad 8 veces al mes.

Sin embargo, la correlación entre sexo y política también tiene otra explicación, que radica en las diferencias en el nivel social y educativo del electorado de cada partido, y los valores transmitidos por sus familias y amigos.

"Generalmente, los que votan por la derecha son gente de más edad que son más practicantes que los demás franceses. Por ello, tienen una actividad sexual menos frecuente", explicó a BBC Mundo François Kraus que dirigió la encuesta para el Ifop. "También tienen menos parejas lo cual es normal en estas generaciones", añadió.

Intercambio de parejas

A pesar de ello, algunas prácticas sexuales de los franceses sí se pueden vincular directamente con su ideología política, como el intercambio de parejas. El 10% de los simpatizantes de ultra izquierda admiten que lo practican: dos veces más que los demás.

Dominique Strauss-Kahn y su esposa

El tema de la política y el sexo ha estado candente en los últimos tiempos en Francia.

"En este caso, existe una relación directa. El intercambio de parejas se debe a su visión económica. Se comparte todo, incluso las parejas", analizó Kraus.

De forma general, la mujer de izquierda parece más abierta. La gran mayoría de ellas han practicado el sexo oral una vez o más en su vida. Y en su conjunto, los votantes de la izquierda tienden a experimentar más cosas fuera de una actividad conyugal tradicional. Algunos admiten, por ejemplo, que se masturban y usan juguetes sexuales.

Al parecer, las opiniones políticas de los franceses no sólo se reflejan en su vida sexual, sino también en su forma de vivir. Los votantes de la derecha tienen una percepción más tradicional de la vida y de la familia. Los de izquierda suelen ser más individualistas y tener una vida social más activa con redes sociales más amplias.

En cuanto a la actitud de cada uno en el día de la votación, aún no se estudió en detalles. Sólo se sabe que los electores católicos suelen ir a misa antes de ir a votar. A la luz de la última encuesta, la pregunta es: ¿qué harán los partidores de Jean-Luc Mélenchon antes de poner el voto en la urna?