jueves, 9 de agosto de 2012

CQLOR,MUCHO CALOR Y AL MAL TIEMPO BUENA CARA....REIRSE COÑO!!!!

ESTÁ HECHO EN TINTAS PLANAS Y EXPRESA MUCHA VITALIDAD

Javier Mariscal rediseña el pene de Nacho Vidal

El diseñador valenciano Javier Mariscal ha hecho diversas apariciones en los medios las últimas semanas con motivo del 20 aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de su emblemática mascota, Cobi, diseñada por él. Ahora Mariscal vuelve a ser noticia, dado que acaba de presentar un modelo, completamente renovado, de pene para Nacho Vidal, nuestra estrella porno más internacional. “Le he puesto muchas espirales de placer y también unas líneas a los lados que enfatizan el movimiento, además de darle un aspecto muy tribal y muy africano, también porque las medidas del pene de Nacho son muy de negro”, explicaba el diseñador a la prensa.
Según explicaron el actor y el artista gráfico, llevaban años buscando un proyecto en el que colaborar y, por su parte, Nacho Vidal sentía que necesitaba renovarse como actor, así que decidieron centrarse en su pene para darle un nuevo aire “más de diseño, más elegante, más de cafetería de Barcelona, más de menú de restaurante mediterráneo-fusión”.
Mariscal: “Le he puesto a Nacho el pene que imaginé para Cobi”
Cuando finalmente encontraron un hueco en sus respectivas agendas, el trabajo empezó a avanzar rápidamente. “Cogimos el iPad, que yo lo uso mucho para dibujar, y nos fuimos a una cafetería con WiFi a soltar ideas. Llegó un momento incluso en el que Nacho se bajó los pantalones y yo estuve dibujando al natural, recreándolo a mano alzada, totalmente absorto en dibujar”, explica Mariscal mientras el actor asiente con complicidad.
Aunque enseguida generaron diversos bocetos, actor y diseñador escogieron en un primer momento un dibujo con elementos tipográficos donde había escritas palabras como “Barcelona”, “pasión”, “amor” y “mortadela”, pero Vidal estuvo probándolo durante unos días y decidió descartarlo. “Las letras me picaban un poco”, dice el actor.
Nacho Vidal asegura estar “deseando” probar su nuevo pene en sus próximas producciones, aunque está preocupado por el hecho de que el diseñador lo haya concebido solo en dos dimensiones. “Yo no me lo esperaba, estoy acostumbrado a que me lo cojan con las dos manos y no como si fuera papel de fumar, que es como tendrán que hacerlo ahora. Espero que a los fans de mis películas les gusten las tintas planas, los colores primarios y el dibujo a mano alzada”, dice Vidal riendo nerviosamente. “Yo ahora me miro entre las piernas y veo mucho color, mucha vanguardia, mucha elegancia… pero no sé yo cómo me va a funcionar el aparato teniendo en cuenta que carece por completo de la dimensión del volumen y esto suele valorarse mucho en el cine porno”.
Vidal confía en que su nuevo pene, “aunque sea muy contemporáneo”, aguantará bien el paso del tiempo y no pasará de moda enseguida. Ha explicado que su anterior pene iniciará una gira europea en solitario a finales de verano y, posteriormente, “es probable que contemple la idea de retirarse, aunque con él nunca se sabe, es puro fuego”.

Placeres, goces y amores

“El placer es inconstante”, advierte el autor, y señala dificultades y paradojas de la sexualidad: “El primer grito de placer se funda en el de un dolor: resuena como el eco de otros gritos oídos en el pasado”.
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 Por Gérard Pommier *
Del lado masculino, el orgasmo se confunde demasiado prontamente con la eyaculación, simple descarga fisiológica que marca el fin del placer. ¡Cuando hay placer! Pues el placer masculino –no más evidente que el
femenino– es inconstante, aun cuando haya erección y una eyaculación cuya puntualidad no dejaría lugar a réplica. A veces los hombres culminan esas actividades sin goce y sin orgasmo, sin conocer otro placer que el de sus compañeras, que a menudo basta para satisfacerlos. En esto se parecen a muchas mujeres que se consideran sexualmente satisfechas porque sus amantes parecen complacidos y que solo descubren el orgasmo, su delicia y su exceso, tardíamente, por el azar de una aventura.
Frecuentemente olvidada en la psicopatología actual, la frigidez masculina difiere de otras dificultades, como la impotencia o la eyaculación precoz. Algunos hombres tienen la impresión de tener un sexo “de madera” cuando hacen el amor y solo se quejan de esta insensibilidad cuando es ocasional, puesto que, cuando es permanente, ni siquiera se dan cuenta de que la padecen (y sus parejas tampoco se lamentan). Este grado cero del placer masculino es compatible con una descarga; precisamente esa ausencia de placer permite distinguir el orgasmo de la eyaculación.
Esta “frigidez” masculina representa un criterio negativo que se opone al exceso de placer de la eyaculación precoz. Ciertos hombres gozan siempre demasiado temprano y lo lamentan (lo mismo que sus parejas). Otros gozan demasiado pronto, a su pesar, pero solo con ciertas compañeras, cuando ellas comienzan a expresar su placer o bien (extrañamente) cuando la compañera es frígida. Otros, por último, no llegan al orgasmo sino cuando lo hace su pareja. Esta variabilidad muestra bastante bien que el orgasmo masculino se distingue de la descarga fisiológica. La eyaculación precoz presenta una característica importante: la descarga intensa se produce cuando no debería producirse y provoca un desplacer. Se articula, pues, directamente con la prohibición y, en ese sentido, representa un paradigma paradójico del orgasmo masculino. En efecto, éste se produce sobre la base del placer, pero porque lo contraría el pensamiento de que “no debería producirse”. Al mismo tiempo que otras representaciones, llega el pensamiento de que ése no es el momento conveniente de gozar y entonces el goce llega de inmediato.

Orgasmo y sus derechos

Los debates entre psicoanalistas de los últimos cincuenta años sobre el goce femenino han abordado la cuestión del orgasmo como si fuera evidente que era un asunto de las mujeres. Y parecería que este descubrimiento hubiera borrado su propia dimensión histórica. Pues, si bien la palabra “orgasmo” es bastante reciente, que se destaque su especificidad femenina es algo todavía más reciente. Hasta el punto de que uno se pregunta si las mujeres solo comenzaron a disfrutar del orgasmo desde hace poco, en directa proporción con su relativa liberación. Ciertamente, es imposible verificarlo, pero, ¿cómo hubieran podido gozar las mujeres cuando vivían en las condiciones de la esclavitud? En las sociedades aborígenes de Australia, los matrimonios están reglamentados minuciosamente entre clanes, subclanes, subsecciones, etc., de manera tan severa que uno se pregunta cómo el amor podría encontrar su camino. Objetos de comercialización, reducidas a la condición de moneda de cambio entre las familias, apenas reconocidas como seres humanos por los Padres de la Iglesia, ¿qué podían esperar las mujeres? Parecería que no les quedaba sino el consuelo de la maternidad, la edulcorada venganza sobre los hijos y su frigidez. En esa condición de esclavas y hasta de esclavas de esclavos –cuando su compañero también lo era–, ¿cómo hubieran podido disponer de sus cuerpos, ofrecer su amor y su goce con la libertad que exige la entrega? Ese Soberano Bien parece reducirse entonces a un sueño apenas entrevisto.
Con todo, hay testimonios de todas las épocas y de todos los lugares sobre su advenimiento. Pues el orgasmo no resulta de una decisión ni de una ofrenda voluntaria a la cual una mujer podría negarse en condiciones humillantes. Es algo que se le escapa y la humillación puede, por el contrario, favorecerlo (así como ciertos hombres solo gozan con prostitutas o con mujeres que les desagradan, la propia u otra). Aun en las condiciones más adversas al amor, el orgasmo conserva sus derechos. Después de todo, no responde más que a las solicitaciones de fantasmas, entre los cuales el del niño golpeado y el del parricidio se ajustan muy bien a la humillación y al odio. El orgasmo no es el resultado de un acto voluntario, y se impone en una relación o aun contra ella. Una mujer puede gozar a su pesar del hombre que la somete o a quien no ama y, por el contrario, permanecer a veces helada con un hombre amado y elegido libremente. Las mujeres actualizan un bien que las supera, que una fuerza más poderosa que ellas mismas las lleva a entregar en ciertas condiciones, con el marido que apenas han elegido o con algún otro. Cada mujer sabe que es depositaria de ese bien, aun cuando nunca llegue a darlo. Lo sabe sin saberlo, y comienza por proteger ese Bien aun antes de haberlo conocido. Semejante al guerrero que, durante toda su vida, se preparara para un combate que probablemente nunca libre, ella edifica su fortaleza sobre un tesoro que ignora tanto más por cuanto su valor solo aparece cuando se entrega.
Es probable que la frigidez haya estado más difundida durante los milenios de oscurantismo patriarcal. Pero el goce femenino no ha dejado por ello de hacerse oír como ese poder absoluto de alguien que no tiene derecho, intratable, incolonizable, paria, tal vez, pero señora, sin embargo, de aquello que no se comparte y que sólo se obtiene dándolo. En tiempos de esclavitud, bajo el reinado del fetichismo, de la bandera o del dinero, esta potencia negativa (como se dice “teología negativa”) manda sin mandar. Hasta cuando son tratadas como mercancías intercambiables a discreción, aquellas por cuya gracia se actualiza esta potencia, golpeadas, veladas, a veces fetichizadas, utilizadas como un peón del simbolismo patriarcal, sin duda, no dejan de ocupar el centro del juego.

“Brecha hacia el goce”

La desfloración, acontecimiento que ha hecho correr mucha tinta, parece tener poca incidencia traumática. En la terapia, las mujeres casi nunca mencionan ese momento que, sin duda, tuvo su importancia, pero siempre menor que la del primer amor. Probablemente la pérdida de la virginidad no adquiera la dimensión de un acontecimiento, porque en realidad la virginidad nunca se pierde verdaderamente, porque la feminidad sigue siendo, a pesar de todo, impenetrable. Su continente negro se reforma a medida que es conquistado. Además, la penetración física, aun cuando provoca un placer, pasa a segundo plano detrás del descubrimiento de otro mundo, que importa más que las primeras sensaciones (que distan mucho de haber sido siempre convincentes). Cuando uno se informa de que “eso marchó muy bien” desde el principio, ignorará qué fue lo que tanto gustó. ¿El descubrimiento de otro cuerpo que goza gracias a usted? ¿El don de sí misma o el tomar al otro, o las dos cosas al mismo tiempo? ¿El orgullo de haber atravesado una prueba iniciática? ¿El placer de contar a las amigas que la cosa finalmente se ha consumado?
Si el primer placer aparece juntamente con cierta angustia –y hasta dolor, el dolor de la primera penetración, psíquicamente vio-lento, aun cuando sea suave–, esa angustia estará con razón aureolada de sangre. ¿Cómo podría no sorprenderla esta efracción, aun a aquella joven que la deseaba? Y esa exclamación que lanza se remonta cada vez más hasta el sonido bífido del primer grito: el desasosiego psíquico primario de la alienación unido al placer de la llamada que hace elevar la multitud de pulsiones para armar el cuerpo en su doble faz. El placer de las pulsiones contradice la angustia consentida por amor, así como el impacto de ser penetrada se olvida en la felicidad del abrazo. Si esta penetración arranca un grito de sorpresa o hasta de sufrimiento y si ese grito simula también el placer, la muchacha que lo vive creerá que lo que siente se ajusta a la normalidad de la sexualidad, cuyas descripciones conoce o a la cual ha asistido. Sin embargo, esa simulación se desencadena como un reflejo y, aun cuando no la acompañe ningún placer, su emoción abre una brecha hacia el goce. El primer grito de placer se funda en el de un dolor: resuena como el eco de otros gritos oídos en el pasado.
* Miembro de Espace Analytique y cofundador de la Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Texto extractado de ¿Qué quiere decir “hacer” el amor?, que distribuye en estos días Paidós.

miércoles, 8 de agosto de 2012

YA PRIVATIZAN LA SANIDAD EN MADRID

BANKIA, SABADELL Y RIBERA SALUD ESTÁN AL FRENTE DEL HOSPITAL DE TORREJÓN

Pacientes del hospital público de Alcalá de Henares son derivados a un centro de gestión privada

El hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, Madrid, deriva a los pacientes al hospital del vecino municipio de Torrejón de Ardoz, gestionado, entre otros grupos privados, por Bankia.

La Comunidad de Madrid deriva a los pacientes del hospital de Alcalá de Henares al hospital de gestión privada del vecino municipio de Torrejón de Ardoz. Tras el cierre, en junio, de 120 camas, el despido de 90 trabajadores y el cierre de varias plantas del centro de Alcalá de Henares, los enfermos son enviados al Hospital de Torrejón de gestión privada.
El Centro hospitalario de Torrejón, que costó a las arcas públicas más de 120 millones de euros, es gestionado desde su apertura por Torrejón Salud, un grupo empresas entre las que se encuentran Ribera Salud, empresa valencia que cuenta con el 60% del accionariado y que impulsó el llamado modelo Alzira (sanidad pública de gestión privada), y el resto del capital pertenece al 50% a Bankia y al Banco Sabadell.
Tanto la Plataforma por la Sanidad Pública como el grupo municipal de IU de Alcalá de Henares han manifestado su rechazo a la reducción de personal y a derivar pacientes en beneficio de empresas privadas. Por su parte, el personal médico de Alcalá de Henares asegura que “el hospital de este municipio, hasta la apertura del vecino hospital de Torrejón, tenía perspectivas de crecer, sin embargo la Comunidad de Madrid prefirió invertir el doble de lo que costaba ampliar el hospital para ofrecer un buen servicio, en la construcción de un hospital innecesario en la localidad vecina”.
Además, se ha conocido recientemente que más de 26,84 millones de euros saldrán de las arcas públicas de la Comunidad de Madrid para pagar a las empresas gestoras del hospital de Torrejón. Serán unos 571 euros por ciudadano y año, sin tener en cuenta el porcentaje de la población que es atendida o no en dicho hospital.
La plataforma de trabajadores del hospital vecino de Alcalá de Henares denuncian esta política de apoyo a la gestión privada en detrimento de lo público.
Partos exprés
El desvío de pacientes, que se está llevando a cabo principalmente en ginecología, del centro de Alcalá a Torrejón de Ardoz, ha suscitado malestar porque rápidamente se da de alta a las madres sin que acabe su recuperación. Una mujer embarazada que ha dado a luz en el hospital de gestión privada de Torrejón recientemente manifesta a DIAGONAL que tras el parto, y con una complicación durante el mismo, fue dada de alta a las 72 horas sin haber completado el tratamiento antibiótico al que había sido sometida por el centro.

domingo, 5 de agosto de 2012

Rozitchner: “La sexualidad en los adultos mayores sigue siendo un tema oculto”

La sexualidad en los adultos mayores sigue siendo un tema oculto y cuando aparece se lo ve como una transgresión o perversión, concluyó el psiquiatra y psicoanalista Enrique Rozitchner luego de un extenso trabajo de campo que sintetizó en su reciente libro “La Vejez no Pensada”.
“Desde hace un tiempo se habla de sexualidad durante todo el curso de la vida, sin limitarlo al tema de la genitalidad, esto es lo que se conoce como la sexualidad ampliada”, explicó a Télam Rozitchner, quien durante años trabajó en psicogeriatría del Hospital Italiano.

Y continuó: “Hoy la sexualidad es un derecho y ya no se limita al ámbito procreativo, sin embargo sigue siendo un tema oculto en los mayores, no se ha estudiado cómo cambia y cómo coexisten distintas sexualidades”.

Según el especialista “la sexualidad en los adultos mayores está más reprimida, más oculta, es como una sexualidad transgresora, se les ‘tolera’ a las personas más famosas, pero a nivel de la población común se tapa, o no se quiere ver”.

Sin embargo, Rozitchner observó que “cada vez son más las personas dispuestas a vivir su sexualidad con plenitud hasta el último momento de sus vidas”.

“Además, el envejecimiento poblacional hizo que las parejas pasen más años juntos y se animen a separarse a edades avanzadas. Esto hace que aparezcan mujeres u hombres de 60 ó 70 años, por ejemplo, que recién comienzan con una pareja y entonces se abre un espacio a una sexualidad más aceptada, con menos dificultades y prejuicios”, sostuvo.

Con una vasta experiencia en el ámbito hospitalario y también en el consultorio, el psiquiatra aseguró que “hay un rechazo de los psicoterapeutas a trabajar con adultos mayores y a pensar en estos temas porque están dominados por estos prejuicios”.

Rozitchner detalló que el prejuicio de la inexistencia de la sexualidad de las personas de la tercera edad lleva a los especialistas a “ignorar o no indagar cuando una persona mayor expresa que tiene inhibida su sexualidad, lo cual es un tremendo error porque si este mismo tema es abordado por un joven seguramente el psicólogo ofrezca posibilidades de tratamiento”.

“Otro prejuicio en el que se cae frecuentemente es el de asociar vejez con enfermedad, si bien es un tema sobre el que ya venimos trabajando hace mucho, es un concepto que no puede obviarse porque no ha sido superado”, apuntó.

Más allá de la mirada de la sociedad, el especialista explicó que este prejuicio actúa sobre el adulto mayor como una “profecía auto-cumplida”.

“Una persona cuando pierde el trabajo y deja de tener una función social se enferma, ahí se puede ver qué es el ‘enfermar’, y es una exclusión fundamental del sujeto. Una persona que ha sido descalificada o excluida no se puede pensar a sí o pensar su propia vejez y eso hace que te enfermes”, describió.

El especialista también mencionó que “hay un conflicto en la actualidad en el campo de la medicina donde, por un lado gracias a la tecnología hay una sobrevida extendida, pero por el otro se induce a generar o corroborar ciertas expectativas que terminan por ser exclusivas”.

“Es decir, hay toda a una industria montada sobre la idea de que el viejo es quien más medicamentos consume, entonces –dijo-, aquí se determina que un sujeto va a poder vivir más en tanto esté enfermo y consuma medicamentos”.

Al volver sobre las prácticas de su campo, expresó que “la psicoterapia no está promocionada para adultos mayores, no hay suficientes equipos disciplinarios, y un ejemplo de esto es que la cátedra de Adultos Mayores es optativa en la Facultad de Psicología”.

“Sin embargo –advirtió- habilitar canales para la psicoterapia es un buen recurso para poder pensar la vida hasta el último minuto. Esta posibilidad de retomar la autonomía del pensamiento es lo más humano que tiene el hombre”.

Al indagar sobre los caminos para poder revertir estos prejuicios, el especialista sostuvo que “hay que hacer más trabajo comunitario y grupal”.

“Los terapeutas solemos quedar muy encerrados en un modelo de diván, en los consultorios individuales pero esto hay que dejarlo para casos especiales”, sostuvo.

Dentro del trabajo comunitario, consideró que la existencia de talleres para adultos mayores, una práctica ampliamente difundida en la actualidad, “son fundamentales porque es en estos lugares donde las personas comienzan a trabajar sobre estos temas y empieza a habilitarse un espacio para su envejecimiento”.

Rozitchner también destacó la importancia de realizar talleres de preparación cuando todavía no se es ‘mayor’: “Si uno lo ve desde el psicodinamismo, la vejez es un lugar al que uno puede acceder imaginariamente, así como uno se imagina en pareja o con hijos, aunque no esté con nadie ni sea madre o padre”.

También consideró importante “la revalorización de los recursos con que cuentan los adultos mayores” lo que implicaría “dar oportunidades de trabajo pero desde otro lugar, no sacándoles las jubilaciones, sino redefinir el tema del trabajo”.

Finalmente, destacó la importancia de “fomentar la autogestión porque uno ve que cuando se da el espacio los adultos mayores toman iniciativas que estaban dormidas y ponen en funcionamiento sus recursos”.

La cafeína podría servir para aliviar los síntomas del párkinson

Párkinson
El bloquero motriz del párkinson se puede mitigar con fármacos y estimulaciones..
  • Actúa sobre el sistema nervioso central y sistema cardiovascular, disminuyendo el cansancio y aumentando el estado de alerta.

La cafeína también mejora la calidad de vida de los bebés prematurosAhora, investigadores de la McGill University Health Centre (Canadá) han observado que la cafeína podría aliviar los síntomas del párkinson. Según su trabajo, publicado en Neurology, consumiendo esta sustancia se pueden controlar los movimientos involuntarios que sufren estas personas.

De esta forma, la cafeína, que es ampliamente consumida en todo el mundo en bebidas como el café o el té, se convierte así en una gran ayuda para estos enfermos.

Se ha demostrado que la cafeína "actúa sobre el sistema nervioso central y sistema cardiovascular, disminuyendo temporalmente el cansancio y aumentando el estado de alerta", indica el autor principal del estudio, el doctor Ronald Postuma.

La cafeína puede ser útil como complemento a la medicaciónPara obtener estos resultados, analizaron a 61 pacientes con párkinson dividiéndolos en dos grupos. El primero de ellos fue tratado con placebo, mientras que el otro recibió una dosis de 100 miligramos de cafeína dos veces al día durante tres semanas y, posteriormente, una de 200 miligramos dos veces al día durante otras tres semanas.

El objetivo fue descubrir como la cafeína afecta a la somnolencia de los pacientes y advertir "los síntomas motores de la enfermedad como la lentitud de movimientos, la rigidez muscular, los temblores o la pérdida de equilibrio", sostiene Postuma. Según su criterio, los enfermos tratados con cafeína "experimentaron una mejoría en sus síntomas de cinco puntos con respecto a los que recibieron placebo".

Por ello, y porque los efectos sobre la somnolencia "sólo fueron marginales", el especialista confirma que la cafeína "debe ser explorada como una opción de tratamiento para la enfermedad de párkinson. Puede ser útil como complemento a la medicación", concluye.

sábado, 4 de agosto de 2012

¿COMO TE GUSTA MAS EL SEXO?

Sexo: mitos que juegan en contra

Hay prejuicios que atentan contra la capacidad de disfrutar la sexualidad con plenitud, "leyendas" que nos inhiben o nos hacen pensar que algo nos falta o que deberíamos sentir más o de otra manera. El placer y el orgasmo son una experiencia individual y subjetiva y cada uno lo vive de manera muy diversa. Desterrá mandatos y hacé la tuya a la hora de la intimidad.
Muchos mitos y prejuicios deterioran nuestro potencial de sentir placer y disfrutar de nuestro cuerpo, a solas o acompañadas. Dales batalla. Aquí, algunos que sí o sí debemos sacar del "diccionario" personal en materia de disfrute e intimidad:
1) Los orgasmos vaginales son los más comunes: creer que hay una manera “adecuada”  y normal de llegar al clímax es una tontería. Muchas mujeres creen que por no lograr una orgasmo a partir de la penetración, son frígidas o les falta algo. No es verdad, dice Marina Castro: “El 80% de las mujeres no tiene orgasmos sólo con eso. Es necesaria la estimulación de alguna otra zona erógena como el clítoris, los pechos… para poder llegar a un nivel de placer elevado”, explica. Un orgasmo es un orgasmo, independientemente de por dónde llegue.
2) Todo es cuestión de piel: mentira. La fantasía es fundamental. La estimulación psicológica cumple un papel central en la excitación femenina. Y, también, en el varón: es un combustible erótico clave.
3) El clítoris es un botón: la definición más adecuada sería decir que es una especie de raíz. Sus terminaciones nerviosas llegan hasta la entrada de la vagina.
4) Si no sos multiorgásmica, no existís: hay mujeres que pueden tener dos, tres o cuatro orgasmos seguidos, pero también hay muchas que después de experimentar placer no desean ni soportan que les estimulen de nuevo, porque la sensibilidad en la zona es muy alta. Por tanto, ni se aprende a tener un multiorgasmo ni el multiorgasmo es una propiedad inherente a la naturaleza femenina. Si las pasás bomba con uno, alcanza. Nada de maratones ni de competencias: se trata de pasarla bien, y encontrar la manera propia de hacerlo es sinónimo de felicidad. Si te interesa explorar la posibilidad de tener orgasmos múltiples, Alessandra Rampolla comparte algunos tips con Entremujeres.
5) Si no gritás, no sentís: el cine y la tele venden un modelo de orgasmo de alto voltaje. Ni hablar de las películas porno, plagadas de gritos absolutamente inverosímiles. En la vida real, las formas de expresión del placer pueden ser tan diversas como tipos de orgasmos existen. Si te esmerás en exagerar para complacer a tu pareja, te perderás la posibilidad de contactarte con lo que vos estás sintiendo. No amplifiques.
6) Una relación sexual buena es una relación sexual larga: si las pasás bien en diez minutos, es genial. El sexo no tiene una medida standard. Lo que dura, dura. Para algunos entre 20 segundos y un minuto y medio, basta. Si te gusta el placer lento, escuchate, y recordá que hay días y días: si no hay tiempo o estás cansada, unos minutos de conexión con el cuerpo están más que bien.
7) A un hombre lo hechiza una mujer vestida con lencería sexy: no a todos. Hay varones que mueren por ver a su mujer de entrecasa. Y no hay nada que enloquezca más a un hombre que ser recibido por una mujer completamente desnuda. Si sos fan de la lencería, recordá que el color delata tus intenciones y (¿por qué no?) movete con estrategia.
8) Si en tus fantasías hay personas del mismo sexo, sos gay: nada que ver. Puede que sí, o puede que no. La fantasía es un plano que permite enajenarse y disfrutar; allí, todo vale. Mucha gente fantasea con cosas que jamás quisiera concretar. Y es válido. Que te imagines con varias personas tampoco implica que  la pasarías bomba en una orgía. La fantasía es eso: fantasía. Y, en tu cabeza, podés invitar a la cama a todas las personas que resulten estimulantes. Es tu decisión.
9) Los hombres tienen más ganas siempre: falso. La predisposición al sexo tiene que ver con varias cosas y está asociada a las variaciones en la libido. La dieta, el sueño, la salud, el estrés, las condiciones médicas, la autoestima, muchas cosas afectan el deseo sexual en hombres y mujeres.
10) La satisfacción femenina depende del tamaño del pene: es falso. El desempeño del varón en general tiene poco que ver con las dimensiones de su miembro y mucho más con la sensibilidad y capacidad de conectarse con su pareja. Si los hombres les preguntaran a las mujeres qué opinan del tamaño del pene, se enterarían de que hay mujeres a las que un pene grande las aterra, y que a la mayoría el tema no les importa.
11) Si necesitás lubricantes es porque te falta deseo: recontra falso. Por cuestiones hormonales, por estrés o por las particularidades de tu cuerpo puede ser que tu lubricación no sea la suficiente para disfrutar una penetración. Hay excelentes opciones en el mercado y, al relajarte por no depender de ese momento en que todo se facilita, seguramente tu cuerpo responda mejor.
12) Si necesitás juguetes eróticos es porque a tu pareja le falta deseo: ese pensamiento atrasa varias décadas. El erotismo necesita cambios y nuevos estimulantes para encenderse. Los juguetes eróticos son geniales para romper la rutina y divertirse de a dos. Jugar en pareja puede regalarte una noche de alto voltaje.

PSICOLOGIA › EL DIFICIL DIALOGO ENTRE POLITICA Y PSICOANALISIS
“Yo siento que falta algo”
¿Qué le puede decir la política al psicoanálisis? ¿Qué le puede decir el psicoanálisis a la política? Se pregunta el autor y, en la tarea de buscar respuestas, traza una breve historia, desde aquello que faltaba en los años ’70 hasta lo que quizá falta hoy.

Por Jorge Alemán *

¿Qué le puede decir el psicoanálisis a la política? ¿Qué le puede decir la política al psicoanálisis? En los años setenta, tomó un énfasis especial la segunda cuestión. ¿Qué terminó diciéndole la política al psicoanálisis? La experiencia política de aquellos años fue adquiriendo tal intensidad que se transformó en el núcleo de significación de todas las prácticas y teorías que estaban en curso; todas fueron radicalmente afectadas por la experiencia política de la época. Yo trabajaba en el departamento de psicología social de un sindicato, el sindicato Eva Perón de Empleados de Comercio. La psicología social adquirió en aquel entonces una fuerza epistemológica y clínica muy importante. Podría decir que avanzó sobre el psicoanálisis, lo determinó en cada uno de sus aspectos; fue haciéndose cada vez más fuerte la idea de que había una determinación social de la experiencia subjetiva. El fenómeno de la experiencia subjetiva siempre debía ser captado en su horizonte de determinación social.

Hay que recordar, de aquel tiempo, los desarrollos de Pichon Rivière, los trabajos de Frantz Fanon, todos aquellos esfuerzos por vincular a Freud con Marx; en un balance muy rápido, sin duda fueron beneficiosos. En el departamento de psicología social del sindicato, muchísimos trabajadores asistían a los cursos que impartíamos. Vinculábamos todos los problemas de la subjetividad con los problemas políticos de la época y su determinación social. La pérdida, en todo caso, consistió en desdibujar cierta especificidad que hace a la constitución misma del sujeto: la especificidad que estudia la teoría psicoanalítica, la manera en que el psicoanálisis de Freud y Lacan intenta aislar teóricamente, para una experiencia clínica, lo que es el sujeto en su singularidad más radical.

Un ejemplo clarísimo es que entonces la locura, la psicosis, prácticamente perdió su especificidad clínica, considerada como un fenómeno de exclusión social. Se ponía el acento –y los textos de Frantz Fanon habían tenido una gran influencia en esto– en el hecho de que, tratándose del “loco”, lo que había que captar primero era su condición de excluido social; formaba parte de un régimen de dominación que lo había excluido y que lo etiquetaba como loco. Podríamos decir que hubo una suerte de sociologización de la subjetividad. Hubo una suerte de reabsorción de todo el campo de experiencia de la singularidad subjetiva en el orden de las segregaciones sociales.

En años ya más difíciles, apareció el Antiedipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, texto que no tuvo tiempo de difundirse porque ya había empezado la represión. Los planteos que transmitía no tuvieron tiempo de madurar teóricamente entre nosotros, pero fue y sigue siendo un esfuerzo teórico para llevar el psicoanálisis a una práctica anticapitalista; arrancarlo de su posición “familiarista”, teatral y edípica, y reinscribirlo en otro modelo teórico. Recordemos fórmulas muy celebres del Antiedipo como: “el inconsciente no es un teatro: es una fábrica”, o el papel revolucionario que se le asignaba a la figura del “esquizo”, el intento de reformular al psicoanálisis en el esquizoanálisis. Probablemente el Antiedipo fuera la consecuencia final de un largo recorrido cuya vocación fue inscribir el psicoanálisis en el orden de las prácticas sociales; presentaba una determinación de la emergencia de la subjetividad atribuida a las infraestructuras económicas u otros dispositivos de poder, más que a la propia constitución del sujeto.

Así que, en aquella época, fue la política la que le dijo muchas cosas al psicoanálisis. Le dijo al psicoanálisis que era individualista, que era burgués, que no tenía verdaderamente una teoría de la infraestructura económica, que no tenía una teoría de la ideología y de la determinación de clase, que no tenía nada relevante para decir con respecto a los proyectos de emancipación, que estaba sofocado y asfixiado en su terapéutica individual o familiar. Si buscamos libros o películas de aquel entonces encontraremos muchas referencias a esta cuestión. Recuerdo una película, Heroína, donde estaba un psicoanalista muy famoso, Emilio Rodrigué, hacía de psicoanalista, y hacía de paciente otro psicoanalista ya famoso entonces, Tato Pavlovsky. En un momento, el paciente le decía: “Yo siento que falta algo”, y la cámara tomaba una manifestación callejera. Estaba el pobre neurótico diciendo que le faltaba algo y el reverso de esa escena psicoanalítica era una manifestación. Esta película presentaba a dos psicoanalistas paradigmáticos de aquel entonces atravesados por una falla esencial. Eso que le faltaba a ese señor, y que estaba sucediendo en la calle, metaforizaba lo que la política le decía al psicoanálisis. Hoy lo voy a decir en términos lacanianos: la política fue el significante amo del psicoanálisis, en el sentido de que lo intervino, le puso condiciones, lo interpeló.
Sin garantías

Pero este legado, como todo legado, es algo a descifrar. Uno no sabe del todo cuál es su legado, un legado no es algo que uno pueda interpretar de una vez y para siempre, uno nunca sabe quién es dentro de una herencia, qué lugar tiene en lo que ha heredado. Un legado se vuelve más importante cuanto con más fuerza te interpela y más elementos presenta para descifrar. Hoy, en relación con este legado, la pregunta es: ¿qué le puede decir el psicoanálisis a la política?

Transcurridos aquellos años, visualizados retroactivamente aquellos proyectos, sus límites, sus condiciones, sus consecuencias, empieza a tomar forma una idea decisiva en lo que podríamos llamar genéricamente el campo “posmarxista”, es decir, el campo en el que se intenta ver la política no como mera gestión ni como subsistema de la realidad ni como carrera profesional, sino como experiencia transformadora, como experiencia radical. Se trata de la política en tanto abre un interrogante: de qué es capaz un colectivo humano y de qué es capaz cada uno de nosotros en relación con un colectivo humano.

Ahora, me parece, vuelve a tomar fuerza la cuestión de la subjetividad. Ya no se puede, como en aquellos años, ahogar la especificidad del sujeto, su diferencia radical, su constitución singular, su propia historia incomparable. No se puede subsumir esto en un proyecto homogéneo. El desafío más apasionante, más difícil, que no encuentra fórmulas fáciles, que exige una invención, ya que no hay nada previamente definido ni articulado, es mantener la especificidad del sujeto; preservar lo que las enseñanzas de Freud y de Lacan han postulado con respecto al sujeto y vincular esto con los proyectos emancipatorios. De tal manera que los proyectos emancipatorios no se puedan volver una coartada para borrar la singularidad del sujeto, pero también de tal manera que esa singularidad del sujeto no conduzca a una nueva forma de individualismo más lúcida o a una nueva forma de sabiduría cínica para estar en este mundo, “que ya sabemos que nunca va a tener arreglo”.

En los ‘70, muchas veces intentamos amoldar el sujeto al proyecto emancipatorio, como si las piezas encajaran. Había en aquella época muchas facilidades para que así ocurriera. Primero, estábamos convencidos de que la historia tenía un sentido; segundo, pensábamos que la historia necesariamente iba a cumplir ese sentido, y, tercero, pensábamos que, si la historia iba a cumplir necesariamente ese sentido, había lo que se podría llamar una teleología de la historia. También pensábamos que esa finalidad de la historia tenía un sujeto ya elegido: para los marxistas, el proletariado; para el movimiento nacional y popular, la clase trabajadora; en todo caso pensábamos que ese progreso era inexorable, que ese sujeto estaba destinado a cumplir el proyecto emancipatorio y que, si el sujeto no cumplía ese proyecto emancipatorio era porque aún estaba alienado, porque aún no podía reconocer su propio deseo o porque aún no contaba con los medios y las condiciones para establecerse en ese proyecto.

Había una intención, una vocación, un esfuerzo por acomodar el sujeto a la lógica emancipadora tal como se concebía en aquel entonces, como una lógica que necesaria e indudablemente se iba a cumplir. La historia estaba a favor de nosotros. Los obstáculos no eran más que intentos de impedir que la historia se realizara como tal; se podía eventualmente bloquear la historia, pero esto era circunstancial; tarde o temprano el obstáculo iba a ser superado. La historia iba a realizar su trabajo. Había, como vemos, una idea finalista de la historia, una idea que, podríamos decir, respondía a una cierta versión canónica de Hegel: la idea de un sujeto que, de un modo dialéctico, se encarna en este proyecto histórico y realiza un fin de la historia.

La noción del fin de la historia después se popularizó bajo la versión democrática neoliberal. Pero hay un fin de la historia en Marx: la idea de una sociedad reconciliada, sin clases. Marx había elegido al proletariado como esa clase que encarnaría el universal y haría desaparecer el Estado, bajo la forma de la sociedad comunista. Y estaba la noción de la liberación, como una idea redentora de la historia donde el sujeto finalmente iba a alcanzar una cierta plenitud, una cierta realización en la sociedad liberada. Estos proyectos de aquellos años admitían fracturas, rupturas, admitían procesos clínicos, admitían enfermedades, pero eso tarde o temprano iba a quedar reintegrado en una sociedad distinta que iba a disolver y eliminar esas fracturas.

Ahora es más difícil. Hoy sabemos que la historia carece de sentido, que está atravesada por una contingencia radical, que no hay nada que lleve a la historia necesariamente a cumplir tal o cual proyecto. Un proyecto se va a cumplir en la medida en que el deseo de ese proyecto se sostenga, en la medida en que la apuesta por ese proyecto se sostenga, y esa apuesta no está garantizada por la historia misma. Eso por el lado de la historia. Por el lado de los sujetos, ya no pueden ser presentados sólo como resultado de determinaciones sociales. Hay dimensiones del sujeto que exigen una elaboración más fina. Me refiero al modo en que Lacan teoriza cómo el sujeto adviene en el campo del lenguaje; el lenguaje es una infraestructura, no una superestructura. Lo que puede ser superestructura son los códigos comunicacionales, las formas de hablar, las formas lexicales que caracterizan una época. Pero el modo en que el sujeto emerge en el campo del lenguaje es la estructura misma. Y luego, además, al sujeto le suceden muchas cosas: le sucede la neurosis, le sucede la psicosis. Eso tiene su propia especificidad; le sucede eso que no puede nunca terminar de metabolizar simbólicamente y que Lacan llama lo real. Le sucede la pulsión de muerte, que no es precisamente muy progresista que digamos, ya que está ligada con la compulsión a la repetición. Le suceden un montón de cosas que conviene tener el coraje de afrontar para decir: “Esta vez, tratemos de pensar los proyectos políticos sin engañarnos respecto de la condición humana”; sin buscar coartadas, sin andar disimulando cómo está hecho el sujeto.

No es verdad que la psicosis sea producto de una explotación social; no es verdad que la servidumbre voluntaria sea puramente resultado de la voluntad de dominación de los opresores; no es verdad que a una sociedad la mantiene sólo la represión que viene desde arriba. Es todo mucho más complejo. Entonces, si se trata de la emancipación: “Hay una fuerza exterior que nos oprime y, si nos liberamos de esa fuerza, nos realizaremos plenamente”. Por supuesto, es una condición liberarse de esa fuerza, pero después tenemos que ver qué pasa con la propia experiencia subjetiva, que nunca se va a realizar plenamente. No existe ni existirá una sociedad donde el sujeto no esté dividido, donde su relación con el otro sea armónica y ya no quiera matar al vecino o suicidarse o encontrar cualquier tipo de solución extraña y bizarra para su existencia.

Esto puede encauzar o al menos proponer unas nuevas condiciones para el diálogo entre el psicoanálisis y la política; un diálogo que privilegie las tensiones, sin llegar a la idea hegeliana de la integración dialéctica del todo, donde el psicoanálisis quedaría integrado finalmente en el movimiento interno de lo social; entendiendo que estamos entre tensiones irreductibles, que estamos todo el tiempo haciendo la experiencia de algo que no encaja bien. Se trata, por ejemplo, de pensar cosas que el psicoanálisis no desarrolló mucho, como el tema de lo común o el tema de la igualdad, pero manteniendo rigurosamente lo que la enseñanza del psicoanálisis mantiene acerca del sujeto.

* Extractado de una conferencia dictada en Buenos Aires ante estudiantes de Psicología.