viernes, 13 de febrero de 2015

BIOMEDICINA Y SALUD: Epidemiología
Malas interpretaciones de la epigenética presionan a las embarazadas

Las madres no tienen la culpa

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Estamos habituados a leer que los hábitos de la mujer embarazada alteran los genes del bebé. Sin embargo, los estudios epigenéticos se basan en modelos animales, y los que se han hecho en humanos no demuestran ninguna relación causal. Pese a que los expertos son muy cautos al interpretar sus resultados, prensa y sociedad señalan con el dedo la conciencia de las mujeres y pasan por alto muchos otros factores, incluida la salud del padre, que influyen igual o más en la salud de las próximas generaciones.
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Marta Palomo |  | 13 febrero 2015 09:00
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Muchos titulares de prensa sobre estudios científicos centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores. / Imagen: McGraths
Una terraza y unos vinos con los amigos. Si es una mujer embarazada la que disfruta esta combinación, es más que probable que centre las miradas a su alrededor generando estupor y murmullos de desaprobación. Al desasosiego, cambio de vida y desajuste hormonal que implica estar encinta se le suma una inquietante fascinación social sobre cómo los hábitos de salud y los sentimientos de la mujer puedan afectar al embrión.  
La disciplina en la que se apoyan quienes examinan con lupa cada paso de las gestantes es la epigenética, la ciencia que explica cómo el ambiente modula la expresión de los genes y cómo estos cambios pueden pasar a la siguiente generación.
La epigenética es noticia y se ensaña con la conciencia de las futuras madres. Titulares como ‘La dieta de la madre durante el embarazo altera el ADN del bebé’ (BBC) o ‘Las embarazadas que sobrevivieron al 11S transmitieron el trauma a sus hijos’ (The Guardian) centran su atención en el impacto de la gestante sobre el feto y minimizan la importancia de muchos otros factores.
“Las exageraciones han convertido a las madres en cabezas de turco”, lamenta Sarah Richardson, de la Universidad de Harvard
“Estas investigaciones deberían promover políticas que protegieran a padres e hijos, pero las exageraciones y simplificaciones de los resultados han convertido a las madres en cabezas de turco”, asegura a Sinc Sarah Richardson, profesora de historia de la ciencia en la Universidad de Harvard (EE UU). Con su artículo ‘No culpéis a las madres’, Richardson y otros científicos denunciaron el pasado verano en la revista Nature la presión excesiva que prensa y sociedad ejercen sobre las mujeres.
Volver a empezar
La sociedad internacional que estudia los orígenes de la salud y la enfermedad (DOHaD por sus siglas en inglés) empezó su actividad ya hace más de 30 años, cuando investigaciones epidemiológicas asociaron la hambruna de las embarazadas en las posguerras con una mayor incidencia de enfermedades en la siguiente generación. A partir de ahí, los científicos intentan describir cómo el ambiente intrauterino y el que rodea a madre y al padre antes de la fecundación afecta a los genes y, por lo tanto, la salud de los hijos.
“La información epigenética no está escrita en las cuatro letras que forman el ADN, pero determina si un gen se expresa o no”, explica a Sinc Rafael Oliva, director del grupo de genética humana del Hospital Clínic de Barcelona. En los últimos años se han acumulado evidencias de que el ambiente puede modular esta información y, en algunos casos, generar cambios que podrían ser heredados por la siguiente generación. Un hecho que preocupa a futuros padres y madres, pero que, cuando se trata de enfermedades crónicas cada vez más prevalentes, como obesidad, diabetes y cáncer, repercute en toda la sociedad.
Sin negar la importancia de la madre durante el embarazo, los expertos insisten en contextualizar los resultados de los estudios epigenéticos y en no olvidar que también los hábitos del padre, y factores como el hambre, el estrés, la exposición a contaminantes y la discriminación racial dejan su rastro indeleble en la prole. 
Te llevo bajo la piel
Cole Porter jamás habría sospechado que uno de sus estribillos más radiados, aquel que decía I’ve got you under my skinse parecería tanto al principio de la epigenética. “Las experiencias que vivimos se meten debajo de nuestra piel”, explica a Sinc el investigador Michael Kobor desde su despacho en la Universidad British Columbia, en Vancouver (Canadá).
Numerosos estudios sugieren que la dieta y el ambiente tanto del padre como de la madre pueden afectar a la descendencia
Este científico ha probado recientemente, en un estudio publicado en la revista PNAS, que el ambiente socioeconómico en el que se crece no solo influye en la salud del adulto, sino que se asocia a que determinados genes estén o no metilados; es decir, que lleven la marca epigenética determinante para que un gen se exprese o no.
En este trabajo, los investigadores analizaron más de 14.000 genes de células sanguíneas y encontraron correlación entre los genes metilados y factores como el sexo, la edad y el estrés.
“Lo más curioso es que el patrón de metilación está correlacionado con el estatus socioeconómico de la infancia, no el actual, lo que sugiere que son las experiencias tempranas las que dejan trazas en el epigenoma”, comenta Kobor, quien se apresura a aclarar que aún no existe suficiente información para saber si este fenómeno tiene consecuencias para la salud.
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La profesora Sarah Richardson denuncia que los estudios sobre epigenética se utilicen para sobrecargar a las mujeres de responsabilidad.
A la hora de interpretar un resultado epigenético, Kobor considera que es peligrosamente fácil pasar por alto algunas consideraciones claves. “La mayoría de estudios se hacen en grupo, por lo que jamás se puede extrapolar el resultado a una persona en concreto –afirma el experto por videoconferencia con Sinc–. Debemos tener presente que los análisis se efectúan en un determinado tejido, en nuestro caso, células sanguíneas; por lo que podemos especular sobre su efecto en la respuesta inmunológica del adulto, pero nunca sobre otros aspectos, como la conducta. Para eso deberíamos estudiar el cerebro”.
Kobor continúa: “Además, muchos de los resultados obtenidos son pequeños en magnitud y es difícil saber qué repercusión tienen. Yo llevo muchos años dedicado a la epigenética y todavía no sé cómo afecta a la expresión final de un gen el hecho de que esté un 10% más o menos metilado”.
Pero más importante que todas las consideraciones previas es, para Kobor y todos los expertos consultados por Sinc, que la población y los medios a menudo confunden correlación con causalidad. Por ejemplo, un trabajo de Kobor publicado el año pasado demostró que el estrés paterno estaba asociado a la metilación de ciertos genes en sus hijos adolescentes. Cuando el estudio trascendió a la prensa, lo hizo en la primera página de un periódico local bajo el jugoso titular ‘El estrés materno altera los genes del bebé’.
“Mi mujer, que en ese momento estaba de baja maternal reunida con un grupo de mamás, me llamó alarmadísima”, recuerda Kobor. El investigador tuvo que explicar por el teléfono de manos libres a todo un grupo de madres estresadas que su estudio no afirmaba eso, sino que tan solo demostraba correlación y que, además, incluía a los dos progenitores. “Al menos sirvió para poner sobre la mesa que el padre también tiene algo que decir”, bromea el experto.
Un respiro para las mujeres
“Hasta ahora el potencial epigenético del espermatozoide se había ignorado, por lo que el papel del padre en la salud de la descendencia ha sido subestimado”, advierte Rafael Oliva. Este investigador, que coordina el proyecto europeo sobre biología reproductiva Reprotrain, ha estudiado en un trabajo reciente cómo influye la epigenética en la infertilidad de los hombres. Otro estudio de su equipo también describe las proteínas que podrían constituir nuevas capas de información epigenética en el esperma.
Centrarse en lo que pasa durante el embarazo es apropiado pero incompleto; la epigenética ya ha dejado su huella antes
Oliva subraya que la epigenética es un proceso natural y absolutamente necesario para que el embrión se desarrolle de manera correcta. “Hasta ahora se consideraba que los genes improntados eran solo los afectados por la metilación. Hay relativamente pocos, se están descubriendo más y sabemos que la impronta del genoma paterno es diferente a la del materno. Si esto no es así, puede haber alteraciones embrionarias –explica el investigador–. Pero empezamos a tener pruebas de que existen muchos más mecanismos epigenéticos que este. Nos movemos en la frontera del conocimiento y aún queda muchísimo por saber”.
El ambiente modula y genera nuevas marcas epigenéticas, pero solo podrán ser transmitidas aquellas que afecten al espermatozoide y el óvulo que vayan a generar el nuevo ser. Además, existen dos reprogramaciones que borran la mayoría de estas marcas, una cuando se generan los gametos y otra cuando se forma el zigoto. Por un lado, “la epigenética podría ser un mecanismo para transmitir información inmediata sobre el ambiente y ventajosa para la siguiente generación”, especula Oliva. Por otro, existen barreras de contención para borrar posibles huellas que los genomas de los padres hayan adquirido a lo largo de la vida.
“En animales se ha demostrado que la dieta y el ambiente de los progenitores influyen en las generaciones posteriores, pero también hay cambios epigenéticos que logran evitar esta reprogramación”, aclara Oliva. Estos trabajos, cada vez más numerosos, sugieren que las experiencias de padre y madre, mucho antes de que ni siquiera se les pase por la cabeza la idea de procrear, pueden afectar a la descendencia.
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Sin negar la importancia de la madre durante el embarazo, los expertos insisten en no olvidar que también los hábitos del padre, y factores como el hambre, el estrés, la exposición a contaminantes y la discriminación dejan su rastro indeleble en la prole. / Imagen: Jerry Lay
“Centrarnos en lo que sucede durante el embarazo es apropiado, pero incompleto. Lo que falta es investigar qué pasa con los padres antes de la concepción que pueda afectar a esperma y al óvulo. Quizás sea igual de importante que lo que sucede durante la gestación”, advierte a Sinc Susan Murphy, directora del laboratorio de epigenética en la Universidad de Duke (EE UU).
En un estudio reciente, Murphy y otros colegas demostraron que la obesidad paterna, y no la materna, se asocia a una menor metilación del gen IGF2. Los investigadores advertían que ser un padre obeso puede perjudicar la salud de los hijos. “Es responsabilidad de cada uno tener una nutrición apropiada y un estilo de vida sano, no solo por la propia salud y la de nuestros gametos, sino también para servir de modelo a nuestros hijos –reflexiona Murphy–. Pero culpar a quienes no tienen buenos hábitos tampoco es productivo. La sociedad debe esforzarse en educar”.
El padre tiene mucho que decir
Concretamente, en la obesidad es difícil determinar la contribución de cada progenitor por separado, pero sí hay otros aspectos que están relacionados de manera específica “o con uno o con otro, e incluso con los abuelos”, explica la investigadora. Experimentos con variables que solo afecten al padre y su herencia –lo que se conoce por herencia a través de la línea germinal masculina– son difíciles de llevar a cabo en humanos.
De momento, son modelos animales los que asocian la exposición de los machos a pesticidas, radiaciones y dietas grasas con alteraciones epigenéticas en la descendencia. “Estamos descubriendo que la herencia paterna también tiene algo sustancial que decir y que la historia del padre no es trivial”, opina Oliva sobre estos trabajos.
“Culpar a quienes no tienen buenos hábitos no es productivo. La sociedad debe esforzarse en educar”, advierte Murphy
El hecho de que no se puedan extrapolar resultados de ratones a humanos es una faena para escribir titulares llamativos en los periódicos, pero no limita el avance de la investigación. “Estos estudios ofrecen información muy valiosa sobre qué cambios debemos buscar en humanos expuestos a condiciones parecidas a las de los roedores –defiende Murphy–. Además, también nos permiten probar estrategias de mitigación de alteraciones epigenéticas que ya se hayan producido”.
De ahora en adelante...
“Seguimos avanzando poco a poco. Las cohortes de individuos son cada vez mayores y se intenta obtener muestras a lo largo de toda la vida de los sujetos y en diferentes tejidos para ver si las marcas epigenéticas son temporales”, expone Michael Kobor, quien también advierte que falta un largo trecho para poder asegurar de manera concluyente cómo estos hallazgos afectan a la salud del humano adulto.
Sobre todo este embrollo epigenético, Sarah Richardson insiste en la importancia de contextualizar los estudios que vayan saliendo a la luz. “A lo largo de la historia, resultados preliminares sobre daño fetal han provocado una regulación excesiva sobre el comportamiento que debían tener las madres –explica la experta–. Con el tiempo, dichos resultados y recomendaciones se han moderado de manera muy considerable”.
En realidad, muchos de los factores reconocidos por tener efectos transgeneracionales adversos están íntimamente relacionados con la clase social, por lo que, más que soluciones individuales, los expertos apuestan por cambios globales. Como reflexiona Richardson, “se han cargado demasiado las culpas en las embarazadas”. Al reconocerlo, “puede que estemos chafando algunas ilusiones que se han depositado en la epigenética, pero mejoraremos la salud de las futuras madres sin limitar su libertad”.

jueves, 12 de febrero de 2015

TODO EL PP DE ANDALUCIA ORIENTAL ESTA EN LA MAFFIA

Golpe al líder de la distribución en España por tráfico de fármacos

Detenidos tres altos cargos de una filial de Cofares acusados de exportación ilegal

La persecución contra el tráfico de medicamentos ha dado un salto cualitativo y alcanza por primera vez a una de las grandes empresas de distribución en España: Cofares. La macrooperación de ámbito nacional que iniciaron en mayo de 2014 el magistrado del Juzgado de Instrucción número 3 de Teruel, Jerónimo Cano de Lasala, y la Guardia Civil de la provincia, y que supera ya los 80 imputados, ha llevado a la detención de tres responsables de la firma Euroserv Alicante por sacar, presuntamente, los fármacos del circuito legal de precio intervenido para venderlos a precios mucho más jugosos en el extranjero. La compañía fue absorbida por Cofares hace algo más de cuatro años y tiene actividad en seis provincias del sureste de la península.

Los arrestados, que ayer fueron puestos en libertad tras declarar ante el juez como presuntos autores de cinco delitos —contra la salud y la hacienda pública, blanqueo de capitales, falsedad documental y pertenencia a grupo criminal— son el gerente de la compañía, José P. A., la directora técnica, Raquel S. A., y el jefe del departamento comercial, Francisco Manuel D. L. También fueron citados como imputados una comercial, María Soledad G. S, y un trabajador de la división internacional, Manuel Santiago R. S.
La Guardia Civil llegó hasta ellos este lunes, a petición de la Fiscalía de Teruel, tras registrar la semana pasada seis almacenes pantalla en Granada, Almería y Málaga. Según los investigadores, estas intermediarias reclutaban presuntamente farmacéuticos que se saltaban la prohibición de vender solo a pacientes y les dispensaban los fármacos a cambio de una comisión. Las pequeñas distribuidoras, a su vez, ponían supuestamente los medicamentos en manos de Euroserv Alicante para su venta en el extranjero, donde el margen de beneficio puede llegar en los casos más extremos hasta el 800%. Es más, las mismas fuentes apuntan a que la filial de Cofares habría elaborado listados con los fármacos concretos con los que se quería lucrar.
Euroserv Alicante declinó ayer atender a este diario y remitió a Cofares Madrid. “Aunque es una empresa que se gestiona de forma independiente, forma parte del grupo Cofares”, admitió desde la matriz, una portavoz, que trasladó su “sorpresa” por las detenciones, así como la disposición de la firma a colaborar con el juez. “No teníamos constancia de ninguna irregularidad. Esperaremos la decisión del juez, pero si se confirma que han exportado medicamentos ilegalmente serán cesados”, añadió. Miguel Valdés, de la Federación de Distribuidores Farmacéuticos, la patronal del sector, se pronunció en parecidos términos: “Si de estos hechos se derivan responsabilidades, que las asuman quienes tengan que hacerlo”.
"Si se confirma la exportación ilegal serán cesados", dice la empresa matriz
La operación Convector —y otras practicadas en los últimos años en España— se habían saldado hasta ahora con la detención de farmacéuticos, comerciales o responsables de pequeños almacenes de distribución. Nunca se había imputado al responsable de una filial de una gran firma como la cooperativa Cofares, que con 9.654 farmacéuticos como socios cooperadores y más de 4.500 farmacias como clientes, facturó más de 2.521 millones de euros en 2013. Todo lo que había hasta la fecha eran indicios de que personal de alguna gran distribuidora podría estar implicado.
El juez que instruye el caso por la operación Convector, que alcanza ya a más de 200 farmacias, solo ha levantado el secreto de una pequeña parte del sumario, pero su contenido es ya suficientemente llamativo. “Hay unas empresas intermedias a las cuales los farmacéuticos trasladan este género [fármacos a precio intervenido] y este género luego nos lo envían a nosotros”, le confiaba en una conversación intervenida Gonzalo J., comercial de Alliance Healthcare, otra de las grandes del sector, al empleado de una farmacia de Tarragona. “Son empresas externas (...). Entonces tú compras el género con la superbonificación del laboratorio, esta bonificación se la pasas a esta empresa y esta empresa nos la vende a nosotros (...). Está ahí la jugada. O sea, tú ganas algo, la empresa gana algo y yo gano algo, ¿sabes?”. Su interlocutor le insiste: “Pero es que, el nivel, lo de Cofares, estaba claro, había gente que hace el pedido lo mandan a Cofares directamente, hostia”. Y el comercial evidencia entonces que hay distintos modus operandi. “No, nosotros no hacemos esto”. “Ahora es todo con factura y a través de una empresa intermedia (...). Esto es tan complicado, hay un departamento solo para esto”.
'Convector' suma ya 80 imputados entre boticarios y jefes de almacenes pantalla
La gran diferencia de precios que existe entre España y el extranjero en determinados fármacos alimenta este negocio ilegal, que afecta fundamentalmente a fármacos sin alternativa terapéutica y con alta demanda, como anticancerígenos o inmunosupresores para pacientes trasplantados. Y es un negocio que trasciende el mero fraude porque ha llegado a provocar desabastecimientos. Uno de los más sonados ocurrió en 2014. La mercaptopurina para tratar la leucemia infantil desapareció de las farmacias. La denuncia de una asociación de padres de niños con cáncer llevó a la Guardia Civil —que trabaja codo con codo con Hacienda y con la Agencia Española del Medicamento en la lucha contra el tráfico ilegal— a desmantelar otra red delictiva a finales 2014 en Galicia.
El problema con el que se encontraban hasta ahora las autoridades es que los imputados acababan sancionados con meras multas por un fraude que afecta a la salud. Eso cambiará con el nuevo Código Penal. La reforma aprobada en el Congreso el mes pasado contempla aplicar penas de prisión para quien trafique con medicamentos con vista a la exportación irregular.

miércoles, 11 de febrero de 2015

APOLIYAR O SOBAR,ES LO MISMO

¿Cuántas horas necesitamos dormir según nuestra edad?

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Mujer durmiendo
La mayoría de las personas saben que tener una buena noche de sueño es importante, pero muy pocas pasan ocho o más horas entre las sábanas.
Para complicar aún más las cosas, estimulantes como el café y las bebidas energéticas, además del reloj despertador y las luces -incluyendo las de los dispositivos electrónicos- interfieren con el ritmo circadiano (el ciclo de vigilia y sueño).
Aunque reconoce que el dormir está especialmente afectado por el estilo de vida y la salud de cada individuo, un panel de expertos en sueño de la National Sleep Foundation, un instituto de investigación estadounidense sin fines de lucro con sede en Arlington (Virginia), publicó recomendaciones generales en función de cada edad.
Los recién nacidos son las personas que más horas necesitan dormir.
Los consejos son los siguientes:
  • Recién nacidos (0-3 meses): lo ideal es que duerman entre 14-17 horas cada día, aunque también es aceptable que lo hagan entre 11 y 13 horas. Lo que no se aconseja es dormir más de 18 horas.
  • Bebés (4-11 meses): se recomienda que duerman entre 12-15 horas. También es aceptable que descansen entre 11 y 13 horas, pero nunca más de 16 o 18 horas.
  • Niños pequeños (1-2): no es recomendable que duerman menos de 9 horas y más de 15 o 16. Lo que se aconseja es que descansen entre 11 y 14 horas.
  • Niños en edad preescolar (3-5): entre 10-13 horas sería lo adecuado. Los expertos consideran que menos que 7 y más de 12 no sería aconsejable.
  • Niños en edad escolar (6-13): lo recomendable sería dormir entre 9 y 11 horas.
  • Adolescentes (14-17): el rango de sueño aumentó en una hora a 10,08 horas (antes era entre 8,5 y 9,5)
  • Adultos más jóvenes (18 a 25): entre 7-9 horas al día, y no menos de 6 ni más de 10-11.
  • Adultos (26-64): lo ideal sería dormir entre 7 y 9 horas, aunque no siempre se logra.
  • Adultos mayores (de 65 años): lo saludable es descansar entre 7-8 horas al día.

Mejorar el sueño

Hombre durmiendo
La falta de sueño puede afectar a la salud y la vida laboral de las personas.
Los expertos también ofrecieron una serie de consejos para lograr un sueño saludable:
  • Mantener un horario de sueño, incluso los fines de semana.
  • Practicar una rutina para dormir relajado.
  • Hacer ejercicio físico a diario.
  • Asegurar condiciones ideales de temperatura, ruido y luz en el dormitorio.
  • Dormir en un colchón y una almohadas cómodos.
  • Tener cuidado con el alcohol y la cafeína.
  • Apagar los aparatos electrónicos antes de acostarse.

martes, 10 de febrero de 2015


HEPATITIS C

Médicos del Mundo pide impugnar la patente del Sofosbuvir

  • La ONG ha presentado un recurso jurídico ante la Oficina Europea de Patentes

  • Si el proceso tuviera éxito, el medicamento podría producirse en versiones genéricas

Pastillas del fármaco Sofosbuvir, una de las nuevas terapias contra...
Pastillas del fármaco Sofosbuvir, una de las nuevas terapias contra la hepatitis C. EL MUNDO.
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La ONG Médicos del Mundo ha presentado hoy ante la Oficina Europea de Patentes una oposición a la patente sobre el Sofosbuvir, un antiviral de acción directa utilizado en el tratamiento de la hepatitis C que, combinado con otros fármacos, tiene unas altas tasas de curación, superiores al 90%.
Esta acción es un recurso jurídico -que ya ha sido utilizado en Brasil y en India-, mediante el cual la validez de una patente puede impugnarse y, en caso de que el proceso tuviera éxito, el medicamento podría entrar en competencia con versiones genéricas, lo que reduciría considerablemente su precio. Concretamente, según señala la organización, el medicamento fabricado por Gilead pasaría a costar unos 88 euros.
En palabras de la organización, el precio actual del Sofosbuvir es "exorbitante", y el coste de una terapia de 12 semanas con este medicamento es superior a los 40.000 euros en Francia, Alemania, Reino Unido o España, "lo que limita el acceso a numerosos pacientes".
Médicos del Mundo sostiene que, si bien la utilización de este fármaco en el tratamiento de la hepatitis C es un adelanto terapéutico "importante", "la molécula misma no es lo bastante novedosa para justificar una patente".
La organización reconoce "la lucha que las asociaciones de personas afectadas por esta enfermedad han emprendido en España para defender sus derechos", y añade que Médicos del Mundo cree que "cualquier barrera de acceso a medicamentos que puedan mejorar la salud de las personas es una limitación de los derechos humanos, y por tanto, una situación injusta".
En España, se estima que hay unas 700.000 personas con los anticuerpos del virus de la hepatitis C, y que unas 480.000 han desarrollado la enfermedad. Hace unas semanas, el Ministerio de Sanidad señaló que, durante este año, se atendería a entre 5.000 y 7.000 pacientes con las terapias de última generación, aunque, más tarde, y con la constitución del comité de expertos liderado por el hepatólogo Joan Rodés, se negó que esta cifra fuera un "límite" al número de tratamientos.
En estos momentos, el ejecutivo se encuentra elaborando un Plan Estratégico Nacional para el Abordaje de la Hepatitis C, cuyo primer borrador debería estar listo en breve. No obstante, hasta la fecha, y a diferencia de lo que pedían desde la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C, no se ha comprometido un fondo extraordinario específico para dicho Plan.

lunes, 9 de febrero de 2015

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Un fascinante viaje a la "Historia de la medicina argentina"

La deshumanización de la medicina mediante una práctica que fragmenta al paciente con una batería de estudios y subestima la historia del enfermo es una característica actual, aunque a diferencia de lo que ocurría en el pasado, el médico ya no es omnipotente, afirmó el doctor Federico Pérgola, autor de la trascendente "Historia de la medicina argentina".
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“Como se ha dividido tanto la profesión, ahora se está atendiendo más a la enfermedad que a la persona, que ha dejado de existir”, consideró Pérgola en un reportaje que Télam realizó en su consultorio, en el barrio porteño de Belgrano.

Ocurre en la medicina "lo mismo que en la calle, donde la 'alteridad' -que implica ponerse en el lugar del otro- no cuenta".

"El otro no cuenta para nada, entonces la medicina le pide estudios y la historia del enfermo no le interesa al médico, lo que va creando una deshumanización de la medicina", refirió.

Para compensar con alguna ventaja, "la diferencia grande que existe es que el médico antes era omnipotente; iba a una casa en la que había tres chicos, uno necesitaba ser operado de garganta, y operaba también a los demás sin necesidad, cuando está comprobado que eso facilita más la poliomielitis", contó.

En cambio ahora, "el enfermo o un padre dice 'qué es lo que le va a hacer a mi hijo, yo quiero saber', lo que es gran cosa, porque el enfermo ya tiene cierta autonomía y puede concertar con el médico".

“En el último tiempo la medicina ha cambiado de una forma radical. Yo me acuerdo que los primeros médicos eran muy petulantes, porque lo que decían era palabra santa, y se equivocaban mucho".

En la larga historia de la medicina argentina -que el libro publicado por la editorial de la Universidad de Buenos Aires, Eudeba, refiere en 965 páginas- "el principal concepto revolucionario es la investigación médica", sostiene Pérgola, doctor en Medicina de la UBA y profesor.

"La investigación animal cambió todo completamente -definió el también director de Humanidades Médicas y del Instituto de Historia de la Facultad-. La cromatina sexual, que empezaron a estudiar en gatas y proporciona la información genética necesaria para la transcripción de proteínas, permitió ir enganchando los conocimientos", ejemplificó.

Esa característica científica es la que "divide a la medicina del dogmatismo que tienen las religiones, y lo que la ciencia médica ha hecho en los últimos tiempos es enorme", consideró Pérgola, integrante de la Academia Nacional de Ciencias y autor de más de 650 trabajos sobre medicina, salud pública y antropología médica.

"El gran desafío pendiente es el cáncer, que tiene características tan particulares porque los oncogenes (genes que han tenido una mutación y pueden causar la enfermedad) se meten dentro del genoma; si bien hay factores que pueden ayudar, como el cigarrillo, el origen exacto no se conoce, y sigue ahí".

Entre los capítulos de la amplia obra, de fluida lectura y que provoca una reflexión de ida y vuelta entre presente y pasado, uno está dedicado a las enfermedades de los presidentes; así, con rigor de historia clínica, transitan Domingo Faustino Sarmiento, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón o Arturo Umberto Illia, entre otros.

Un capítulo sobre “la alimentación del pueblo” muestra que el hambre se instaló por problemas culturales, como "la actual distribución de los alimentos, que no llegan a donde deben".

En el pasado, "los españoles no dejaron que la quinoa, que tiene mayor capacidad alimentaria que el maíz desde el punto de vista proteico, siguiera desarrollándose".

Al período indígena siguió la influencia hispánica, con porotos y garbanzos que cambiaron un poco los guisos; luego la europea, con franceses e italianos que aportaron las pastas; y la actual de globalización cultural, con la 'comida basura'.

Luis Agote, Gregorio Aráoz Alfaro y Mariano Castex se cuentan entre “los representantes prominentes de la clínica médica”, quienes alumbraron saberes y prácticas que los hicieron merecedores de nombrar instituciones hospitalarias.

Las epidemias de fiebre amarilla en Buenos Aires, en 1857 y la devastadora de 1871-72, dan una estremecedora crónica sanitaria que devela las condiciones de vida del pueblo rioplatense, así como un merecido recuerdo para los médicos que comprometieron su vida en la dedicación a sus semejantes, como Francisco Muñiz, Adolfo Argerich o Aurelio French.

Las persistencias de endemias como la enfermedad de Chagas-Mazza, transmitida por la vinchuca, da plena vigencia al capítulo dedicado al médico Salvador Mazza y la Misión de Estudios de Patología Regional Argentina-Mepra, que descentralizaba las investigaciones que habitualmente se hacían en Buenos Aires.

Mazza, quien detectó la enfermedad en el país en 1924, “es un personaje muy importante, que mandó a uno de sus ayudantes a ver a Alexander Fleming y trajo la penicilina (antibiótico), pero el rector de la universidad no le llevó el apunte, sino la hubiéramos hecho, porque no había en ese tiempo patentes", observa Pérgola.

Con referencia al Protomedicato en América, fundado en 1537 en Lima; a los médicos militares en la emancipación; las facultades de Medicina y hospitales en el país; las primeras mujeres médicas y los investigadores e higienistas, la imponente “Historia de la medicina argentina” es apta no sólo para profesionales sino también para público curioso en la salud social.

Tras reafirmar que "el encuentro entre el médico y el paciente será, como siempre lo fue, la colaboración de dos personas para mejorar la salud del enfermo", Pérgola acepta que "por mucho tiempo, nos seguirán viendo como el otro, como aquel que viene a curarnos, como el hechicero de la tribu".
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Los científicos niegan que los tumores se deban solo al azar

Las cartas del cáncer no están echadas

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Un provocativo estudio ha generado titulares en los que se afirma que dos terceras partes de los tumores se deben a la “mala suerte”. El mensaje tiene un riesgo: que se subestime el valor de la prevención. Instituciones y científicos de medio mundo publican ahora seis cartas criticando el trabajo. Los autores se defienden.
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La probabilidad de padecer un cáncer no es solamente cuestión de azar. / Fotolia
El que posiblemente será el artículo científico más polémico de 2015 se publicó nada más empezar el año, con la última campanada. Apareció en la más que reconocida revista Science, y se interpretó como que dos terceras partes de los tumores se debían exclusivamente al azar, o a la estricta y ciega "mala suerte", expresión que los autores no dudaban en emplear.
Sus conclusiones y la oleada de titulares generados han dado lugar a un sinfín de críticas e interpretaciones, incluidas las de la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer (IARC), molesta con el mensaje. Un mensaje que podría llevar a pensar que poco se puede hacer por independizarse de la mala fortuna.
Hace décadas que la ciencia se pregunta por qué unos tumores son mucho más frecuentes que otros
Tal ha sido la reacción, que la propia revista Science acaba de publicar seis cartas con comentarios de numerosos científicos e instituciones, ante las cuales los autores no han dudado en defenderse. 
El origen del caso: un misterio no resuelto
Al parecer, la idea del estudio tuvo lugar en una reunión de trabajo en el Hospital Johns Hopkins (Baltimore, EE UU), donde retomaron la pregunta que mucha gente se hace desde hace décadas: ¿por qué unos tumores son mucho más frecuentes que otros? Es lógico que haya muchos casos de cáncer de pulmón: el tabaco es un carcinógeno potente y los pulmones son los órganos que más lo sufren; pero no es igual de comprensible que haya tantos cánceres de colon y tan pocos del intestino delgado. Si un tóxico ambiental los provocara, estaría en contacto con los dos y no podría explicarse que un tipo fuera 25 veces más frecuente que el otro.
El bioinformático y estadístico Cristian Tomasetti y el oncólogo Bert Vogelstein, famoso por haber descrito hace años la secuencia temporal del cáncer de colon, recuperaron una vieja idea sin demostrar: que el riesgo de cáncer depende del número de veces que las células se dividen. 
Cada vez que una célula se divide tiene que duplicar su material genético. Para ello, hace una copia idéntica del que ya posee, mediante un mecanismo de precisión brutal: copia tres mil millones de letras cada vez que se va a dividir, y solo comete un error cada diez mil millones de caracteres. A pesar de tal esmero, es inevitable que los cambios se acumulen. Cuantas más divisiones haya, mayor será la probabilidad de que puedan dar lugar a un tumor. Pura matemática. Y en eso se basaron.
El método: así se hizo el estudio de la polémica
Los autores recogieron dos tipos de datos: uno, la probabilidad de desarrollar un tipo de tumor a lo largo de la vida según las estadísticas de EE UU; y el otro, el número de divisiones de las células madre de cada tejido. Las células madre pueden dividirse sin fecha de caducidad, y las últimas teorías apuntan a que son el origen de gran parte de los tumores. Esta hipótesis no se ha confirmado y, a pesar de ello, la asumieron.
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En este esquema de Tomasetti se clasifican los tumores en los debidos a la mala suerte (izquierda) y los debidos a la mala suerte, más factores ambientales y hereditarios (derecha). / Science
Después, enfrentaron los datos, suponiendo que a mayor número de divisiones, más probable es desarrollar un cáncer. Y así sucedía, en general. El de colon es más frecuente que el de intestino delgado porque sus células madre se dividen a mayor velocidad.
De ese análisis concluyeron que el 65% de las diferencias que presentan los tejidos en la aparición de tumores se deben simplemente a los fallos acumulados por la división de las células. Contra ellos, poco se puede hacer. Ahí introdujeron la aleatoriedad: que esos fallos tengan lugar en regiones importantes es una cuestión de azar, de mala suerte.
A continuación, clasificaron los 31 tipos de tumores estudiados. Aquellos que seguían fielmente la relación parecían depender estrictamente del azar, y los que se desviaban de esa línea seguramente dependían también de algún tóxico ambiental que aumentaba la frecuencia esperada. Entre ellos se situaban los tumores de pulmón provocados por el tabaco, o los de colon por una dieta indebida.
Críticas, debilidades y fortalezas
“El trabajo formaliza una hipótesis muy plausible, pero si tenemos en cuenta el diseño, las cifras que dan son muy cuestionables”, asegura Esteve Fernández, jefe de la Unidad de Control del Tabaquismo en el Instituto Catalán de Oncología, que emitió una nota aclaratoria. De opinión parecida es Enrique Vidal, bioinformático en el Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Idibell, en Barcelona, para quien “la evidencia no parece suficiente como para establecer las conclusiones que proponen, y menos aún las interpretaciones posteriores”.
El trabajo de Tomasetti y Vogelstein contiene lagunas. Lo primero que cabe decir es que se trata de un estudio de los llamados ecológicos, aquellos que en una clasificación de fiabilidad ocuparían la última posición: sirven para formular hipótesis, pero no para confirmarlas. Dicho esto, ahora vamos a los (cruciales) detalles.
  • Las conclusiones no son aplicables a la realidad
El trabajo cifra en un 65% la importancia del azar para explicar la diferente aparición de tumores en unos tejidos u otros. Pero esto no significa, ni mucho menos, que dos terceras partes de los tumores en la vida real se deban al azar. En el estudio “a cada tipo de tumor se le da el mismo peso”, certifican tanto Fernández como Vidal.
En el estudio faltan tumores muy frecuentes como los de próstata, mama, estómago o cuello de útero
La realidad es diferente: algunos de los tumores más dependientes del entorno, como los de pulmón o colon, son miles de veces más frecuentes que otros más independientes, como algunos de los huesos. Si se tuviera en cuenta ese aspecto, el porcentaje debido al azar se reduciría. Solo el tabaco aumenta unas veinte veces el riesgo de cáncer de pulmón, que es el que más muertes provoca en el mundo.
  • El procedimiento es cuestionable
Está basado en estimaciones sobre la división de las células, y la naturaleza de los cálculos hace que sean imprecisos, explican los críticos en Science. Y, como prueba, dos conclusiones dudosas: se considera que el cáncer de esófago y el melanoma son independientes del entorno. Si bien hay sospechas fundadas de que numerosos factores ambientales influyen en el primero, estas son definitivas en el caso del segundo, donde la exposición solar es un factor de riesgo de primera magnitud.
  • No se incluyen algunos de los tumores más frecuentes
Los tipos de tumores incluidos en el estudio solo suman el 34% de todos los casos que se dan en EE UU. Faltan algunos muy frecuentes como los de próstata, mama, estómago o cuello de útero, estos tres últimos con claras influencias ambientales. “Especialmente el de mama se ha vinculado a una dieta rica en grasas, al alcohol, al sedentarismo y a la toma de anticonceptivos hormonales”, comenta Fernández. Todos ellos son factores claramente modificables.
  • Es posible que exista un misterioso factor X
Dos investigadores publicaron en el periódico británico The Guardian un artículo muy crítico con el trabajo y con los medios que lo recogieron. Entre sus denuncias estaba el hecho de que el estudio es incapaz de identificar cualquier factor que actúe de forma constante en todos los tejidos, ‘el misterioso factor X’.
Por ejemplo, en el caso de que un tóxico aumentara la probabilidad de cáncer en todos los órganos, el estudio no lo apreciaría, porque solo es capaz de detectar aquello que es diferente entre unos tejidos y otros. Es difícil que exista un tóxico así, pero podría haber características genéticas que protejan o que aumenten uniformemente el riesgo de cáncer. Por ejemplo, aquellas que afecten al sistema inmunitario de vigilancia o a la maquinaria celular de reparación de errores. 
“Esto se viene buscando desde hace muchos años, aunque todavía con escaso éxito”, asegura Fernández, quien añade que “este estudio no debería desalentar nuevas investigaciones”. Para Fernández, además, “el concepto de suerte no es apropiado. La naturaleza es la que es, y sus consecuencias dependen del entorno”. 
  • Las muertes por cáncer sí se pueden prevenir
    cancer mama
    Células de cáncer de mama, un tumor muy frecuente que no se incluye en el estudio. / Wellcome Images
En palabras de Christopher Wild, director de la IARC, “aunque pueda haber un elemento de azar, concluir que la mala suerte es la mayor causa de cáncer sería engañoso y podría disminuir los esfuerzos que se hacen para identificar sus causas y prevenirlas”.
También señala que los datos del estudio son solo de pacientes en EE UU y, según ellos, el cáncer de esófago no tendría ningún factor de riesgo importante aparte del propio azar –algo ya de por sí muy discutible–, pero eso no parece ser cierto si miramos los números de África: este tumor es muy común en el este del continente, pero tremendamente raro en el oeste. Es decir, algo está sucediendo a la derecha del mapa que aumenta el riesgo. Y eso debe investigarse.
Sobre este punto inciden también los autores de las seis cartas de Science. En las poblaciones emigrantes, la mayoría de los tumores cambian de frecuencia a medida que se habitúan a la nueva zona de residencia. Eso le concede un gran papel al ambiente y hace necesario incluir datos de otros países.
La propia IARC sostiene que, aparte del 5% al 10% de tumores que se consideran heredables, una tercera parte podrían evitarse eliminando los riesgos que ya se conocen, especialmente el tabaco y la obesidad. Solo eso nos libraría hasta de la mitad de las muertes por cáncer.
Decir que la mala suerte es la mayor causa de cáncer es engañoso y puede hacer que se desdeñe la prevención
  • En el fondo es una cuestión de suerte, ¿pero nada más?
Eso no se puede negar. Aunque conociéramos todos los factores de riesgo y, como inmersos en una burbuja utópica, los evitáramos por completo, seguiría habiendo cáncer. Las células se dividen y eso no se puede impedir. Es justo lo que afirma el artículo: que una parte importante de los tumores se deben simplemente a ese proceso de división.
Lo dice Joan Massagué: “Mientras haya vida, habrá cáncer, es un precio que pagamos por estar vivos”.
Incluso la suerte parece jugar un papel en aquellos que más se exponen al riesgo. No todos los fumadores desarrollan un tumor de pulmón, y no parece haber una fuerza genética de tal potencia que sea capaz de inmunizar por completo a los afortunados.
Pero piense en una Primitiva macabra, en la que acertar los seis números implicara un cáncer. Ahora, le dejan ver dos de los números ‘ganadores’ de tan desafortunado premio. Solo son dos; los otros cuatro seguirán en manos del azar. Aun así, ¿los marcaría?

Los autores de la "mala suerte" se defienden

A las dos semanas de su publicación, Science redactó una nota en la que se reflexionaba sobre cómo habían difundido el trabajo y el papel de la prensa. Esta semana, además de seis cartas críticas de científicos, la revista publica una respuesta de los propios autores, que agradecen el debate generado.
Aunque no contestan a algunas de las críticas y reconocen otras como ciertas, defienden con fiereza su trabajo. 
Primero, porque sus datos sirven para la población de EE UU, en la que se basó el estudio. Además porque, en su opinión, aunque se incluyeran más tipos de tumores las cifras no variarían en exceso. También consideran robusto su método de cálculo y recuerdan que sus cifras sobre el porcentaje de tumores que se pueden prevenir no está lejos de las que sostienen la mayoría de organizaciones contra el cáncer.
Por último, defienden la expresión “mala suerte”, por una razón psicológica: “Nuestro trabajo tiene un mensaje diferente al de las críticas que está recibiendo, por ejemplo, para los padres de niños con cáncer que pueden sentirse culpables por no haber evitado un cierto estilo de vida o entorno, y que por tanto creen que pueden haber causado la enfermedad”. Y añaden: “Somos conscientes de la culpa injustificada que sienten muchos pacientes y sus familias hacia tumores que estaban más allá de su control”.
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Jesús Méndez

Médico, escritor, divulgador e investigador de la epigenética y biología del cáncer en el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge. Colabora con Sinc escribiendo sobre lo que sabe (más o menos).