martes, 1 de noviembre de 2016

Y DEJA MILLONES PAGADOS POR GILIPOYAS

Cosmética que fomenta la incultura científica.








AMERICA VALENZUELA

Con células madre, ADN vegetal, probióticos, activadores de los genes
 clock, recuperadores de la velocidad de las enzimas... En los últimos años los anuncios de cosmética se han llenado de términos científicos que impresionan a algunos consumidores. En su inmensa mayoría transmiten mensajes absurdos, confunden y fomentan la incultura científica. EL AUTOR



La industria cosmética tiene todo en su mano para el éxito. Vende belleza, placer, evasión, ilusión, cuidado personal y mental. Son productos que se venden solos. Para qué meterse en sinsentidos científicos. Sin embargo, los creativos han descubierto un mundo lleno de tecnicismos de laboratorio que quieren explotarhasta el paroxismo.

Personalmente, disfruto mucho de productos de belleza y aseo. Me encanta parar el mundo un rato al día y relajarme disfrutando de los aromas, texturas y efectos sobre mi piel y cabello. Para elegir productos esquivo las paparruchadas científicas, me fijo en el espíritu de la línea, pruebo las muestras y leo los ingredientes. Porque encontrar información honesta sobre el producto en su envase es misión imposible. 

Muy elocuente fue el toque de atención de la FDA (la Agencia que regula los fármacos y alimentos en Estados Unidos) a Lancôme (de L'Oreal). La marca aseguraba que sus productos activaban los genes y estimulaban la producción de proteínas de la juventud. La agencia instó a la compañía a dejar de publicitar esos productos para el cuidado de la piel utilizando un lenguaje médico. O en el caso de que quisieran mantener sus afirmaciones se le exigía las mismas evidencias que a un medicamento.

Aquí en Europa, la Autoridad Italiana de Competencia multó por motivos parecidos a Clinique (de Estée Lauder). No parece haber servido de mucho.

En el otro extremo está "lo natural". El término también ha sido pervertido por la industria. Sin químicos, sin conservantes, 100% natural, aceites naturales de salud, biohidratante casera, con plantas adaptogénicas o con raíces milenarias, son algunos de los reclamos que se pueden leer en este tipo de productos. Para lograr que el consumidor crea que está comprando artículos fabricados en comunión con un concepto de naturaleza cándido, visten sus productos con esos mensajes que también contribuyen a la incultura científica. Pero la realidad es que la naturaleza no es amable, sino despiadada y ajena a sentimentalismos. Y la química o lo sintético no es sinónimo de veneno.

Otra práctica que confunde al consumidor (y que está prohibida) es resaltar que los productos están libres de algún componente, dando a entender que es dañino, o que los productos que sí lo tienen son peores. Por ejemplo, los aceites minerales, siliconas (ambos típicos de las cremas hidratantes) o los parabenos (conservantes que mantienen los cosméticos libres de hongos y otros microbios). En este último caso, es necesario saber que hay muchas clases de parabenos; los que se usan en cosmética y en las proporciones permitidas son seguros.Sin embargo, el consumidor empezó a rechazar todos confundido por los mensajes alarmistas que recorren la red y aseguran que todos son cancerígenos. La industria aprovechó esta nueva tendencia para hacer caja lanzando nuevos productos sin parabenos, aunque no sean malos, y los ha sustituido por otros conservantes, que no son necesariamente mejores.

Algunos afirman que los anuncios de cremas nos dicen lo que queremos oír. Yo no quiero oír mentiras.

Tu actividad en Facebook habla de tu esperanza de vida

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Un  estudio con 12 millones de usuarios de Facebook, llevado a cabo por investigadores de EE UU, indica que la utilización de esta red social está asociada con una menor mortalidad, siempre que sirva para mantener y mejorar los vínculos sociales en el mundo real.
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<p>En la muestra de usuarios, los investigadores analizaron el número de amigos, la cantidad de fotos, las actualizaciones de estado y los mensajes enviados para ver si las personas más activas vivían más tiempo. / Fotolia</p>
En la muestra de usuarios, los investigadores analizaron el número de amigos, la cantidad de fotos, las actualizaciones de estado y los mensajes enviados para ver si las personas más activas vivían más tiempo. / Fotolia
Un grupo de sociólogos de la Universidad de California en San Diego (EE UU) ha liderado una investigación en la que se han comparado los perfiles de usuarios de Facebook con los registros de salud públicos. Los resultados, publicados en la revista PNAS, muestran que actividades habituales en esta red social, como aceptar solicitudes de amistad o publicar y etiquetar fotos –lo que se relaciona con interacciones sociales en el mundo real­– se asocian estadísticamente con un bajo riesgo de mortalidad. 

“Interactuar
 on line parece ser saludable cuando esta actividad es moderada y complementa las relaciones en el mundo real”, señala William Hobbs, investigador de la universidad californiana y primer autor del trabajo. Por el contrario, “se convierte en negativa cuando el usuario pasa mucho tiempo conectado con poca evidencia de mantener interacciones reales con la gente”, agrega. Según los autores, la investigación confirma lo que los científicos han sabido durante mucho tiempo: que las personas con vínculos sociales fuertes viven más tiempo. Se documenta por primera vez que esa ventaja ocurre también on line en el mundo de las redes sociales.
Estudio con 12 millones de usuarios
Para realizar el estudio, el equipo comparó la actividad de 12 millones de perfiles de usuarios en Facebook con registros en el Departamento de Salud Pública de California. Para preservar la privacidad, después de hacer coincidir automáticamente el nombre y la fecha de nacimiento, los datos fueron anonimizados y agregados. Todos los datos fueron observacionales.
Los investigadores estudiaron el recuento de actividad en Facebook durante seis meses, comparando la actividad de los que aún vivían con los que habían muerto. Todos los individuos estudiados nacieron entre 1945 y 1989, y todas las comparaciones se hicieron entre personas de edad y sexo similares.
El primer hallazgo del estudio indica que aquellos que están en Facebook viven más tiempo que los que no están. En un año concreto, el usuario medio de esta red social es aproximadamente un 12% menos propenso a morir que los que no la usan. Sin embargo, los autores señalan que la medida puede estar influida por las diferencias sociales y económicas entre los grupos de usuarios y no usuarios.
En la muestra de usuarios de esta red social, los investigadores analizaron el número de amigos, la cantidad de fotos, las actualizaciones de estado y los mensajes enviados para ver si las personas más activas vivían más tiempo. En estas comparaciones, controlaron el análisis no sólo por edad y género sino también por el estatus de relación, el tiempo que habían estado en Facebook y el uso de teléfonos inteligentes (un indicador de ingresos).
El estudio encontró que las personas con redes sociales medianas o grandes vivían más tiempo que las que tienen redes más reducidas, un hallazgo consistente con estudios clásicos de relaciones sociales off line y longevidad.

Experiencias sociales y salud
Aquellos usuarios con los niveles más altos de integración social off line –medida mediante la publicación de más fotos, indicativo de actividad social cara a cara– tienen la mayor longevidad. Las interacciones sociales on line, como escribir mensajes en el muro y enviar mensajes, mostraron una relación no lineal: los niveles moderados se asociaron con la mortalidad más baja.
Los autores también observaron que los usuarios de Facebook que aceptaban la mayoría de las solicitudes de amistad eran los que vivían más tiempo. No hubo una correlación observable para los que enviaban más solicitudes. “Este hallazgo fue un poco decepcionante –señalan los investigadores– ya que sugiere que las intervenciones de salud pública instando a las personas a salir y tratar de hacer más amigos podrían no tener ningún efecto sobre la salud”.
¿Ser popular te hace vivir más? Tal vez. “Podría ser que los individuos que tienen probabilidades de vivir más tiempo son más atractivos para los otros. Pero esto necesita más investigación”, dice Hobbs.
Según explica James Fowler, director del estudio, “la asociación entre la longevidad y las relaciones sociales fue identificada por la epidemióloga social Lisa Berkman en 1979 y ha sido replicada cientos de veces desde entonces. De hecho, un metanálisis reciente sugiere que la conexión puede ser muy fuerte. Las relaciones sociales parecen ser tan predictivas de la vida útil como el tabaquismo, y más predictivas que la obesidad y la inactividad física”, destaca.
Ahora con este estudio, los investigadores tratan de demostrar que las relaciones on line también están relacionadas con la longevidad.
A los autores les gustaría que su investigación fuera un punto de partida para posteriores estudios que condujeran a una mejor comprensión de qué clase de experiencias sociales on line son beneficiosas para la salud.
Referencia bibliográfica:
William R. Hobbs, Moira Burke, Nicholas A. Christakis, James H. Fowler. “Online social integration is associated with reduced mortality risk”. PNAS (31 octubre, 2016).

lunes, 31 de octubre de 2016

ASI NACIMOS...Y SOBREVIVIMOS

Rep

pero es muy duro....

¿El tamaño del clítoris influye en el sexo?

Por  - 
  
 ¿El tamaño del clítoris influye en el sexo?




Dos estudios científicos analizaron la anatomía femenina y encontraron ciertas coincidencias en las mujeres que no tienen orgasmos.
Ellos son de Marte, ellas son de Venus. ¿Será entonces que en Marte existen reglas “medi-penes” y en Venus en cambio a nadie se le ocurrió preguntarse: cuánto medirá mi clítoris?
Aunque esto no es más que una ironía citando el bestseller del autor estadounidense John Gray (publicado en 1992), cuesta entender por qué al sexo masculino le interesa tanto conocer (y difundir, si es que la medida es para ostentar) la extensión de su miembro mientras que las mujeres jamás se lo cuestionaron. 
Sin embargo, tal vez haya llegado la hora de preguntárselo: dos estudios científicos sugieren que la medida del clítoris facilita o perjudica alcanzar el orgasmo. 
El estudio más reciente se presentó en abril del 2013 en el 39º encuentro científico anual de la Sociedad de Cirujanos Ginecológicos. Titulado “Tamaño del clítoris y localización en relación a la función sexual usando resonancia magnética pélvica”, los autores compararon a 10 mujeres sexualmente activas con anorgasmia con 20 mujeres orgásmicas de similares características. Además de completar un cuestionario, las mujeres fueron analizadas con un equipo de resonancia magnética con el que se les midió su área genital. ....
Los resultados demostraron dos datos reveladores: en primer lugar, las mujeres que no experimentan orgasmos tienen mayor longitud entre el clítoris y la vagina y en segundo lugar, que las mujeres que tienen el glande clitoriano más grande (51 mm vs 45 mm) y el cuerpo del clítoris que llega hasta la apertura vaginal más largo (29 mm vs 21 mm) son más propensas a alcanzar el clímax. 
Otro estudio, realizado en 2011, por los investigadores Kim Wallen y Elisabeth A. Lloyd, analizó teorías anteriores que vinculaban la anatomía femenina con el orgasmo en “Female Sexual Arousal: Genital Anatomy and Ogasm in Intercourse”. En esta ocasión, los autores también observaron que una menor distancia produciría más posibilidades de tener un orgasmo, debido al aumento del contacto entre el pene y el clítoris. 

Aunque pocos difundidos, existen otros antecedentes anteriores: 
• 1924: La autora y psicoanalista francesa Marie Bonaparte, muy cercana a Freud, propuso que la pequeña distancia entre el clítoris y la apertura de la uretra aumentaba la posibilidad de tener un orgasmo durante una relación sexual. Pero esto jamás se comprobó estadísticamente. 
• 1940: Carney Landis y sus colegas publicaron una hipótesis similar, pero tampoco lograron comprobarlo. 

Orgasmo femenino vs masculino

Aproximadamente el 90% de las mujeres reportan tener orgasmos con algún tipo de estimulación, sin embargo son muy pocas las que lo alcanzan únicamente por medio de la penetración. Según la Asociación de Ginecólogos y Obstetras de Canadá: 
  • Sólo 1/3 de las mujeres tiene un orgasmo en una relación sexual 
  • 1/3 lo consigue con estimulación extra
  • 1/3 llega al orgasmo con estimulación manual y oral.  
Nada que ver con lo que sucede con el sexo opuesto: el 100% de los hombres confirman tener un orgasmo en las relaciones sexuales. 
¿Sirven de algo estos estudios? Desde luego que sí. Las mujeres anorgásmicas podrían tener un dato más y bastante concreto para bajar su umbral de expectativas a la hora de tener relaciones sexuales. No es poca cosa saber que el 60% necesita estimulación. Dicho en otras palabras, si la idea es que algo llegue, no basta con sentarse a esperar. Perdón, recostarse. 
Estudios consultados: 
“The case of the female orgasm: bias in the science of evolution”, E. Lloyd, Harvard University Press. 
The Society of Obstetricians and Gynaescologists Of Canada (SOGC)

domingo, 30 de octubre de 2016

Sí, la nariz nos delata cuando mentimos

Además, su forma, color, tamaño y temperatura puede decirnos cosas importantes de nuestra salud. Al apéndice nasal solo le falta hablar

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Las hay finas, largas, aguileñas, torcidas, chatas o respingonas. Pero toda clase de nariz tiene algo en común: puede desvelarle síntomas de su estado de salud. El órgano nasal no es solo el centro de la cara y la base de los cánones de belleza. La forma, el color, la textura, el olfato y la temperatura tienen mucho que decir a la hora de detectar trastornos y patologías. El color verde o amarillo de la mucosidad es la señal inconfundible de fiebre o sinusitis, tanto como que el tamaño prominente de la nariz masculina invite a perpetuar la especie o que la temperatura nasal se enfríe a causa de un trastorno de ansiedad o porque miente buscando excusas.

Color y grosor: no confunda mucosa y moco

La mucosa corresponde a la piel que recubre la nariz por dentro, y la mucosidad son las secreciones, conocidas como mocos. La mucosa nasal aporta mucha información sobre el estado de salud. El tejido interno de la nariz puede ser defectuoso como síntoma de casos de enfermedad genética, como la fibrosis quística —con abundante moco, sinusitis y pólipos internos— o una enfermedad rara como la disquinesia ciliar primaria. El color y turgencia de la mucosa pueden sugerir infecciones virales generalizadas, como los catarros, o trastornos alérgicos.

En condiciones normales, el revestimiento nasal interno presenta un color rosado y es fino, está hidratado y deja espacio suficiente para el paso del aire y para que las moléculas odoríferas lleguen a los receptores. “Una coloración pálida, azulada o blanquecina, con un aumento del grosor, es muy típica de pacientes alérgicos al polen, los ácaros o por rinitis, que sufren una inflamación crónica de la nariz acompañada de estornudos, mucha mucosidad y lagrimeo ocular, además de mala respiración y pérdida del olfato. En estos casos se recomienda un estudio alérgico completo y un tratamiento médico que puede ser complementado con cirugía”, detalla Javier Galindo, cirujano especializado en rinoplastia, de la clínica Beauty One Center (Madrid).
Como todas las cavidades corporales, el órgano nasal también produce secreciones. En personas sanas, la mucosidad es escasa y, más o menos, transparente, y la nariz está preparada para batir todas las partículas contaminantes, dirigiendo el fluido de manera natural hacia atrás, a la garganta y al estómago. Cuando alguien padece una infección, fiebre o sinusitis, el moco se vuelve amarillento o verdoso y espeso. “En los pacientes alérgicos el moco es muy abundante y líquido, y sienten la necesidad constante de utilizar pañuelos. Cuando la persona no tiene apenas ningún síntoma pero con frecuencia expulsa costras duras, debemos pensar en sequedad ambiental o problemas estructurales como la desviación o perforación del tabique”, observa Galindo, quien añade: “Las infecciones por determinados microorganismos en el interior de la nariz también pueden indicar inmunodeficiencia, y en ocasiones son la pista para el diagnóstico del VIH, la diabetes o tumores malignos que causan bajadas bruscas de las defensas”.

Cuando el olfato falla: malnutrición o enfermedades neurodegenerativas

La pérdida de olfacción puede tener causas muy diversas: desde un síntoma asociado a la pérdida de apetito, a la disminución de peso o la malnutrición o incluso a problemas con el riñón. La relación entre el deterioro de la función olfativa y trastornos psiquiátricos (ansiedad o depresión), está poco fundamentada por hallazgos científicos. En cambio, sí lo está su vinculación con las fases preclínicas de algunas enfermedades neurodegenerativas durante el envejecimiento. “En cualquiera de los casos, es importante descartar previamente cualquier condición que pudiera afectar a la capacidad olfativa del paciente, como infecciones de las vías respiratorias superiores, rinitis alérgica o sinusitis crónica”, advierte José Luis Cantero, profesor de Fisiología y director del Laboratorio de Neurociencia Funcional de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Por otra parte, “la relación entre las disfunciones olfativas y determinadas enfermedades neurodegenerativas, como las enfermedades de Alzheimer y Parkinson, es cada vez más evidente”, explica Cantero.

Mire el termómetro: delata su estado de ánimo

La temperatura de la nariz puede subir o bajar por factores tan diversos como la nicotina del tabaco, beber alcohol, la edad, el peso, el sexo —suele ser más fría en las mujeres— o efectos hormonales como el nivel de estrógenos en la menopausia. Y, claro, también por la temperatura ambiente. Además, puede variar en función del estado emocional. “Tiende a subir con las emociones positivas y a bajar con las emociones negativas”, sobre todo si el nivel de activación fisiológica es bajo. A más baja la temperatura de la cavidad nasal, peor es la respuesta inmune y más proliferan los virus, los resfriados y la sinusitis. Por eso la alegría, que calienta la nariz, puede potenciar la respuesta inmune”, indica Emilio Gómez, investigador de Psicología Experimental de la Universidad de Granada y coautor de un estudio que relaciona el estado emocional con la temperatura nasal.
En cambio, “la ansiedad y la mentira hacen descender, en personas saludables, la temperatura nasal, produciendo vasoconstricción. Los olores agradables suben la temperatura perinasal y los olores desagradables cierran la nariz, esto es, hacen descender su temperatura por vasoconstricción. Lo interesante es que todo esto es subjetivo. Por ejemplo, el olor a gasolina para una persona puede ser desagradable y muy agradable para otra, produciendo efectos distintos en la temperatura de la nariz”, señala Gómez.
Tener la nariz especialmente fría podría estar asociado a una reducida variedad de síndromes como el Parkinson o el de Ryanaud y enfermedades como la fibromialgia o la anosmia (pérdida de olfato), patologías en cierto grado psicosomáticas. “También se ve en la esclerosis múltiple, pero se debe al fallo a la hora de adaptarse a la temperatura externa, mostrando la misma temperatura nasal similar en condiciones de frío y de calor. La nariz también se enfría en el hipotiroidismo, que implica un déficit metabólico hormonal hipotalámico”, anota Gómez.

Nariz roja no es sinónimo de bebedor

Una nariz roja le puede hacer pensar en que alguien se ha pasado con las copas. Sin embargo, el enrojecimiento de la punta nasal es, contra el tópico, una condición de la piel, no un efecto del abuso de alcohol. “Puede exacerbar los síntomas, pero es injusto y equivocado pensar que los pacientes que sufren rosácea o rinofima (el estado extremo de la rosácea en la nariz) son bebedores”, aclara Galindo, quien añade: “La mucosa nasal en los pacientes bebedores suele ser rojiza y engrosada, debido a los efectos que alcohol ocasiona en los vasos sanguíneos”.
Tampoco deben olvidarse otros excesos que también afectan al aspecto de nuestra nariz. “Los pacientes fumadores presentan mucosas secas, con tendencia a la formación de costras. El abuso de drogas por vía nasal, como la cocaína, al principio genera inflamación de la nariz, para poco a poco producir una necrosis de los tejidos por afectación del aporte sanguíneo, que provoca perforaciones del tabique nasal, costras, mala respiración. En casos de abuso crónico, la posibilidad de recuperación con tratamiento médico o quirúrgico es cada vez más baja, y con frecuencia vemos narices realmente catastróficas muy complejas de reparar”, asegura Galindo.

¿Hemorragia nasal? No se alarme

Las hemorragias suponen uno de los motivos habituales de consulta. La nariz es uno de los órganos que más sangre recibe, ya que es responsable de calentar y humedecer el aire que inspiramos, aportando calor de la sangre circulante. Al estar expuesta a golpes y cambios de temperatura, no es extraño que se produzca mucosidad con tonos rojizos que pueden indicar pequeñas hemorragias que no suelen revestir gravedad. No obstante, recuerde que si perduran unos días, conviene consultar al médico.
“La mayoría son epistaxis (sangrados nasales) leves que proceden de la parte anterior de la nariz, debidas al hurgado, la sequedad ambiental o ambientes laborales específicos. También son frecuentes durante el embarazo por fenómenos hormonales, y en rinitis víricas y alérgicas. Sin embargo, pueden ser la manifestación clínica de otros procesos como la hipertensión arterial, trastornos de la coagulación, la toma de anticoagulantes o antiagregantes, enfermedades sistémicas y tumores nasales”, señala Miguel Armengot, jefe de Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario y Politécnico la Fe de Valencia y presidente de la Comisión de Rinología y Alergia de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL CCC).
Otras causas menos habituales pero más graves de hemorragia corresponden a los tumores, tanto benignos como malignos. “Se trata de hemorragias de poca cuantía y repetidas en el tiempo. En algunos casos, puede que se desarrolle un tumor intranasal”, advierte Galindo.

Tamaño y función sexual

Por su evidente ubicación y como órgano saliente, la forma tiene una importancia incontestable en la estética facial y en la belleza en mayúsculas. Más aún lo demuestra el hecho de ocupar el segundo puesto, junto con los parpados, entre las cinco cirugías estéticas más demandadas, después de la de los senos. “Cuando está bien, las personas no nos miramos a la nariz, sino a los ojos, pómulos y labios. La nariz llama la atención cuando está deformada. Los rasgos simétricos se asocian a la belleza, y las personas con rasgos atractivos son percibidas como exitosas y sanas. Por eso las diversas partes de la nariz deben estar proporcionadas y acordes con las otras estructuras de la cara y al resto del cuerpo”, explica el cirujano Javier Galindo.
Un estudio noruego en 2014 concluía que el atractivo de una persona es claramente sensible a la centralidad de la punta de su nariz, relacionándolo con nuestro modo de percibir la simetría, y si se compara nuestra nariz con la del resto de primates, nuestro apéndice es largo y fácil de romper como fruto de la evolución de la selección sexual. Es decir, que una bonita nariz podría ser un indicador de la capacidad de la persona como pareja. Por supuesto, eso no confirma el mito de que, a nariz grande, todo grande. “Solo es una percepción inconsciente de asociar una nariz grande a estar bien dotado”, matiza Galindo.

LAS PUTAS MOTITOS Y LOS COCHES DE MIERDA

La nueva gran causa de discapacidad juvenil es el daño cerebral originado en accidentes de tránsito

El 26 de octubre se conmemoró el Día del Daño Cerebral Adquirido (DCA) que ha aumentado su impacto en la población a partir del crecimiento de afecciones tales como accidentes cerebrovasculares (ACV), tumores cerebrales, y traumatismos encefalocraneanos (TEC) con el aumento creciente de accidentes de tránsito, principalmente en jóvenes. Al respecto opinó para Télam la Dra Mónica Clark, directora médica de Fundación Alunco Internacional.


Por Mónica Clark (*)

Como cada año desde 2007, el 26 de octubre se conmemora el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido (DCA) que ha aumentado su impacto en la población a partir del crecimiento de afecciones como accidentes cerebrovasculares (ACV), traumatismos craneoencefálicos o de la médula espinal (TEC o TRM), tumores, encefalitis de diferente origen y con el aumento creciente de accidentes de tránsito (principalmente en jóvenes), entre otros.

El daño cerebral adquirido hace referencia a las lesiones del sistema nervioso que ocurren luego del desarrollo normal del mismo. Un porcentaje alto de las personas que sufren un DCA no sobreviven al mismo. Los que lo logran, quedan con algún grado de discapacidad, de leve a grave.

La vida de esa persona (y de su contexto) no vuelve a ser la misma, ya que se compromete su independencia funcional y la interacción con su entorno.

Las causas que pueden provocar DCA están relacionadas con el estilo de vida actual: el tabaquismo, el sedentarismo, la alimentación no saludable, los trastornos del sueño, el uso de drogas ilegales, etc., todos constituyen hábitos no saludables que se transforman en factores de riesgo que nos hacen más vulnerables a enfermar o sufrir un accidente.

Según la OMS, más de mil millones de personas viven en todo el mundo con alguna forma de discapacidad; de ellas, casi 200 millones experimentan dificultades considerables en su funcionamiento; además se calcula que cada año 126 mil argentinos sufren un ataque cerebro vascular, y sólo una cuarta parte de ellos logra recuperarse por completo.

Para entender el cuadro vale mencionar que, sólo en Argentina, 21 personas mueren por día en accidentes de tránsito. Pero además de las 7.472 víctimas fatales por año (2015), quedan 120 mil lesionados de distinto grado y miles de discapacitados.
Además, en nuestro país ocurre un ACV cada 9 minutos -dos casos por hora son fatales-, lo cual está íntimamente ligado a la hipertensión y otros factores de riesgo.

Se calcula que cada año 126.000 argentinos sufren un ataque cerebro vascular, y que sólo una cuarta parte de ellos logra recuperarse por completo.

El resto, o fallece a consecuencia del episodio o queda con secuelas que afectan seriamente su calidad de vida, como limitaciones en el habla o en la movilidad. Por otro lado los últimos datos señalan que en la Argentina mueren más de 9.000 personas por TEC cada año y hay unos 100.000 lesionados, de los cuales el 3% quedará con secuelas graves.

El DCA repercute también en lo emocional, familiar, social y laboral, y tiene como consecuencia común alteraciones de la consciencia, movilidad, comunicación, orientación, memoria, comportamiento, y de las emociones.

Estas alteraciones, que muchas veces se presentan de manera conjunta, implican que el 68% de las personas con DCA presentan una discapacidad leve que afecta alguna actividad básica de la vida diaria, y el 45% en grado severo o total.

Las personas con DCA requieren de una terapéutica compleja que contemple la intervención de diferentes disciplinas, necesitando no sólo mejorar en los déficits, sino adquirir un nuevo sentido de vida e inclusión social.

El modelo de trabajo transdisciplinario que desarrollamos en Alunco, da respuesta a esta problemática compleja del paciente (y su contexto), para devolver identidad y restituir la integridad al mismo. Entre las intervenciones, el cambio de hábitos no saludables y una conciencia de enfermedad responsable son pilares fundamentales para lograr estos objetivos.