jueves, 25 de mayo de 2017

Una cocción más larga y añadir cebolla potencian los beneficios del sofrito

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Cocinar el sofrito de tomate durante más tiempo –cerca de una hora– e incorporar cebolla a esta salsa tradicional de la dieta mediterránea potencia la producción de moléculas beneficiosas para la salud por su alta capacidad antioxidante. Así lo constata un estudio publicado por expertos de la Universidad de Barcelona y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición.
<p>La cebolla es el ingrediente más significativo en la elaboración del sofrito casero, ya que potencia la formación de moléculas isómeras del licopeno / <a href="https://www.flickr.com/photos/gabofr/" title="Ir a la galería de Gabriel Flores Romero" target="_self">Gabriel Flores Romero</a></p>
La cebolla es el ingrediente más significativo en la elaboración del sofrito casero, ya que potencia la formación de moléculas isómeras del licopeno / Gabriel Flores Romero
Un equipo científico ha comprobado por primera vez los efectos positivos de la sinergia entre los distintos ingredientes del sofrito de tomate y sus efectos en la producción de isómeros  –moléculas con la misma fórmula molecular pero con distintas propiedades– del licopeno, el carotenoide con mayor presencia en el tomate y sus derivados.

Según el trabajo, la cebolla es el ingrediente más significativo en la elaboración del sofrito casero, ya que potencia la formación de moléculas isómeras del licopeno. Además, combinar el uso de la cebolla con un tiempo de cocción adecuado está relacionado con una mayor producción de los isómeros de tipo cis (5-cis-licopeno, 9-cis-licopeno y 13-cis-licopeno), moléculas de alta biodisponibilidad y más beneficiosas por su potente acción antioxidante.
Tal como explica Rosa M.ª Lamuela Raventós, investigadora del Departamento de Nutrición, Ciencias de la Alimentación y Gastronomía de la Universidad de Barcelona y miembro del CIBERobn, "este es un estudio novedoso, porque casi no existen investigaciones científicas que aborden el tema de los efectos del cocinado en la salud".
El análisis reveló la presencia de nueve tipos de carotenoides y sus isómeros, que registran el nivel más alto con la cebolla y con un cocinado de sesenta minutos
El objetivo era evaluar cómo el procesado casero del sofrito de tomate y las sinergias entre los distintos ingredientes que se usan para elaborar esta salsa mediterránea, como el aceite de oliva virgen extra, la cebolla y el ajo, interactúan y aumentan la presencia de determinados carotenoides.
Para estudiar las sinergias entre los ingredientes, los investigadores utilizaron un diseño factorial completo que analizaba la contribución de cada uno al aumento de carotenoides en el sofrito y determinaba si era posible mejorar su presencia en relación con el tiempo de cocción y las sinergias de los componentes.

El análisis reveló la presencia de nueve tipos de carotenoides y sus isómeros, que registran el nivel más alto con la cebolla y con un cocinado de sesenta minutos, según el estudio liderado por Lamuela, que es directora del Instituto de Investigación en Nutrición y Seguridad Alimentaria de la Universidad de Barcelona.
El tomate, la cebolla y el ajo, factores clave para el estudio Predimed 

La dieta mediterránea se muestra eficaz en la prevención primaria de enfermedades cardiovasculares, tal como ya revelaron las conclusiones del conocido estudio PREDIMED, un ensayo clínico multicéntrico llevado a cabo de 2003 a 2011 y en el que también participó Lamuela.

El sofrito casero de tomate, rico en carotenos que se asocian con la regulación lipídica y los biomarcadores inflamatorios, es una de las salsas más clásicas de la dieta mediterránea. Además, los polifenoles que contienen la cebolla y el ajo, que también forman parte de esta receta, presentan efectos beneficiosos frente a las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes y ciertos tipos de cáncer.

Este estudio ha sido financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, la Generalitat de Cataluña y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), una institución perteneciente al Instituto de Salud Carlos III y cofinanciada por el programa operativo del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea..

miércoles, 24 de mayo de 2017

Y SON TAN RICOS

Víctor Penchaszadeh, uno de los primeros genetistas argentinos, actor clave en la restitución de nietos apropiados
 
“Al Presidente no le interesa conocer cuántos desaparecidos tuvimos”
El investigador explica los aportes de la genética en la identificación de hijos de desaparecidos. El índice de abuelidad y los estudios de ADN de precisión. Asegura que el Estado “tiene la obligación de intervenir” por los DD.HH., pero ahora hay un “clima político desfavorable”.
Víctor Penchaszadeh fue perseguido por la Triple A y debió exiliarse para salvar su vida.
Víctor Penchaszadeh fue perseguido por la Triple A y debió exiliarse para salvar su vida.


  • “¿Cómo vamos a identificar a nuestros nietos cuando retorne la democracia y comencemos a localizar a estos niños?” Esta pregunta fue realizada en 1982 por Estela de Carlotto y Chicha Mariani al genetista Víctor Penchaszadeh, que se había exiliado primero en Caracas y luego en Nueva York, tras ser perseguido por la Triple A. En aquel entonces, la Guerra de Malvinas había terminado y el régimen militar llegaba a su fin.
    Hasta la fecha, las Abuelas han encontrado a 122 nietos y este año se cumplen tres décadas de la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), que atesora la información genética de familias que los buscan y realizan los análisis de ADN para su identificación. “Si bien las estimaciones indican la existencia de unos 500 niños nacidos en cautiverio el BNDG tiene registradas solo 295 familias. La diferencia probablemente se debe a que hay personas que jamás han denunciado, otras que no quisieron aportar su ADN e, incluso, mujeres desaparecidas que podían estar embarazadas y nadie lo sabía”, señala Víctor Penchaszadeh, uno de los principales promotores del famoso “índice de abuelidad”, clave en la identificación de nietos apropiados durante la última dictadura.
    Penchaszadeh es médico pediatra (UBA), con posgrados en genética humana, bioética y salud pública. Entre 1976 y 2006 vivió y trabajó en el exterior: fue profesor en la Universidad Central de Venezuela, en las escuelas de medicina Mount Sinai y Albert Einstein de Nueva York, y en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Columbia. En 2007, regresó al país e impartió clases en la Universidad Nacional de La Matanza. En la actualidad, preside la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética (Unesco) y dicta clases magistrales y cursos de posgrado, entre los que se destaca “Genética y Derechos Humanos” desde la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref). En esta oportunidad, describe cómo fue el encuentro con las Abuelas hace 34 años, comparte cómo han avanzado los estudios genéticos aplicados a la identificación humana y opina sobre la centralidad del rol estatal en las políticas de derechos humanos.
    –En 19 de diciembre de 1975, la Triple A intentó secuestrarlo y debió exiliarse en Venezuela. Cuénteme al respecto.
    –Eran épocas muy turbulentas en Argentina y trabajaba como pediatra en el Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”. Se vivía con temor e incomodidad, uno podía observar los Falcon rondando las calles y se escuchaban las noticias de los atentados perpetrados por los grupos de la Triple A. En aquel entonces, pese a que no era militante de ninguna organización política, tenía bastante actividad gremial y participaba de asambleas. Sin darme cuenta, había adquirido visibilidad y desde muchos ámbitos comenzaba a percibir cierta desconfianza. A fines de 1975, me dirigía camino al consultorio ubicado en Santa Fe y Callao, y me estaban esperando…
    –¿Y qué sucedió?
    –La verdad es que la pasé muy mal. Me pegaron, me ataron las manos por detrás de la espalda, me vendaron los ojos e intentaron llevarme. Afortunadamente, como eran las cinco de la tarde y estábamos en épocas festivas, había mucha gente haciendo las compras navideñas. El operativo falló porque, incluso, el vehículo en que pretendían llevarme no estaba listo.
    –Entonces no le quedó más remedio que seguir su vida en el exterior. Se fue a Venezuela.
    –Sí, fui a Caracas específicamente porque allí estaba mi hermano (biólogo) que unos meses antes se había exiliado. Primero me mudé solo y mi mujer viajó un tiempo después junto a mis hijos. Trabajé durante un año en el laboratorio de genética humana del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y luego en la Universidad Central de Venezuela. En 1981 partimos hacia Nueva York.
    –Allí, en 1982, se reunió con Estela de Carlotto y Chicha Mariani. ¿Cómo fue ese encuentro?
    –Para ese año ya militaba y denunciaba, desde el exterior, las violaciones de derechos humanos que ocurrían en Argentina. En aquel momento, entre mis amigos estaban dos personas muy emblemáticas que nos visitaban periódicamente y que ya no están con nosotros: Emilio Mignone y “Yoyi” Epelbaum. Así que un día, por intermedio de la hija de Emilio (Isabel) que vivía en Washington, me contacté con las Abuelas.
    –¿Y qué precisaban las Abuelas de un genetista como usted?
    –Necesitaban, precisamente, que aplicara mis conocimientos científicos al campo de los derechos humanos. Sin embargo, para mí no era algo novedoso.
    –¿En qué sentido?
    –Se vivían tiempos muy “calientes” en Centroamérica: la Revolución Sandinista en Nicaragua, las guerras civiles en El Salvador y el genocidio de indígenas en Guatemala. Entre otras organizaciones, fui miembro de Human Rights Watch (seccional América), presidida por el prestigioso abogado Juan Méndez y de Physicians for Human Rights. Realizábamos misiones para garantizar el respeto a los derechos humanos y a la neutralidad médica en los conflictos bélicos.  
    –En este escenario regional tan complejo, ¿cómo surgió el famoso “índice de abuelidad” del que participó como uno de los principales promotores?
    –Para comprender cómo surgió hay que entender la manera en que se identifican las personas mediante la genética. A partir de los análisis comparativos, es posible –por ejemplo– vincular por medio del ADN a una persona con muestras halladas en la escena de un crimen o bien, comprobar que un niño es hijo de un determinado padre a partir del índice de paternidad. Aquí, el examen de los marcadores genéticos presentes en el genoma del trío (padre-madre-hijo) es clave. Se sabe que por los mecanismos de herencia las características genéticas de un hijo deben estar presentes en ambos padres.
    –Pero a las Abuelas este índice no les alcanzaba, pues los padres estaban desaparecidos.
    –Sí, claro. Hasta ese momento nadie había examinado las relaciones de parentesco sin los padres. Entonces me consultaron sobre la posibilidad de identificar a los nietos a partir de la información genética provista por los abuelos. Nosotros sabíamos que todos los nietos tienen caracteres genéticos de los abuelos que les fueron transmitidos a través de los padres. El problema era que, a diferencia de lo que ocurría con el índice de paternidad, el azar tenía una cuota mayor de participación. Básicamente teníamos que comparar los caracteres con  cuatro personas en lugar de dos.
    –Ante la ausencia de los padres aumentaba la incertidumbre...
    –Sí, pero eso pudo resolverse. En principio, el grupo que investigó cómo solucionar el problema estaba en California. Fue coordinado por la genetista estadounidense Mary Claire King, que trabajó en colaboración con el italiano Luca Cavalli-Sforza, el chileno Cristian Orrego y el francés Pierre Darlu. Luego de un arduo trabajo, un día me llamó Mary Claire con la noticia de que ya habían resuelto la fórmula estadístico-matemática. Solo era cuestión de localizar casos para probar que funcionara.
    –Para eso hubo que esperar hasta enero de 1984, cuando Paula Logares se transformó en la primera nieta restituida.
    –Correcto. Con el retorno a la democracia, Alfonsín creó la Conadep. Luego, se solicitó asistencia a la Asociación Estadounidense para el Avance de las Ciencias (AAAS, por sus siglas en inglés) en la identificación de los restos óseos que iban apareciendo por doquier y  de los nietos. Las dos cabezas de la delegación fueron Clyde Snow –el principal referente mundial en antropología forense– y Mary Claire King. Se reunieron con la inmunogenetista Ana Di Lonardo, en cuyo laboratorio (Hospital Durand) se realizó la primera identificación.
    –En relación a los avances científico-tecnológicos, ¿qué diferencias existen entre las primeras identificaciones realizadas durante los ochenta y las efectuadas durante el último tiempo?
    –Hasta 1985 los análisis se realizaban a partir de los “productos del ADN”: grupos sanguíneos, proteínas plasmáticas, y principalmente, en antígenos de histocompatibilidad. Afortunadamente, gracias a los análisis directos de ADN, los exámenes ganaron precisión, se automatizaron y comenzaron a ser preservados en el tiempo. Con los avances en el campo de la secuenciación del genoma humano, se fueron seleccionando los mejores marcadores genéticos para la identificación. Representan unos 16 marcadores y exhiben una gran variabilidad en la población. Así, se determinaron sitios específicos para analizar el genoma de ADN no codificante, lo que permitió una discriminación más ajustada de semejanzas y diferencias entre las personas, con lo que el azar se redujo prácticamente a cero. Además, en 1987 se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos.
    –¿Esto qué implicó?
    –Un salto cualitativo importantísimo. La automatización de los estudios de ADN fueron centrales: se había tornado posible la conservación de muestras por muchísimo tiempo. La bioinformática –con los estudios en matemática y estadística– también tuvo su parte. La emergencia de software que calculan las probabilidades de parentesco e informan identificaciones genéticas humanas ha facilitado muchísimo las cosas. Me refiero a la reducción de costos y al ahorro de tiempo.
    –El rol de la ciencia en la restitución de las identidades es indudable. Ahora bien, ¿qué papel cree que ha desempeñado el Estado desde el retorno a la democracia?
    –El rol del Estado es central pero depende de quienes estén en el Gobierno. Durante el mandato de Menem, por ejemplo, el tema de los derechos humanos no estuvo en agenda. A partir del 2003, se convirtió en una política de Estado. Nuestro país es signatario de la mayor parte de declaraciones y convenios de derechos humanos. Por eso tiene la obligación de investigar los delitos de lesa humanidad, encontrar y castigar a los culpables, así como también reparar a las víctimas. Muchos de los casos en el país han sido resueltos por la intervención de los fiscales y la justicia, pero también las Abuelas han desarrollado sus canales propios de investigación y han aportado pistas importantísimas en numerosas restituciones. El Estado contribuye además a generar un clima político que puede ser propicio, o no, para estas actividades.
    –¿Y cómo evalúa el clima político en la actualidad?
    –Es totalmente desfavorable. Tenemos un presidente a quien no le interesa conocer cuántos desaparecidos tuvimos y pretende que la sociedad olvide las graves violaciones a los derechos humanos que ocurrieron. Un secretario de Derechos Humanos (Claudio Avruj) cuyas declaraciones fueron tan desafortunadas durante el reciente fallo del 2x1, que no tuvo otro remedio que desdecirse. Si bien el Ejecutivo está tratando de despegarse de esta barbaridad jurídica cometida por tres jueces de la Corte Suprema, lo cierto es que esto, en parte, fue posible por el clima político negacionista generado por el gobierno. Por suerte, el Legislativo logró revertir la situación, pero es preocupante.
    poesteban@gmail.co

    RAJOY TIENE UN PROBLEMA,SE NOTA CUANDO NO MIENTE

    ¿Por qué somos malos y engañamos? Tu cerebro tiene la culpa

    Jim Carrey en 'Mentiroso compulsivo
    Nuestro cerebro intenta evitar las acciones deshonestas, pero una vez que decidimos saltarnos las normas nada impide que reincidamos.
    De hacer trampas al parchís a ser infiel a nuestra pareja sólo hay un paso.
    ¿Te has subido alguna vez al metro sin pagar? ¿Has hecho trampas jugando al parchís mientras nadie miraba? ¿Copiaste en un examen? ¿Te has guardado en el bolsillo la vuelta de tu compra en el supermercado sabiendo que te habían dado dinero de más? ¿Has puesto un falso dolor de cabeza como excusa para no quedar con esos amigos pesados? ¿O quizás has culpado a un atasco que nunca existió de llegar tarde a una cita? Al principio, este tipo de actos nos cuestan porque nuestro sentido de la moralidad hace que, después de cometerlos, nos sintamos fatal. Al fin y al cabo, la culpa genera sufrimiento. Y nuestro cerebro intenta ahorrarnos esa congoja frenando los comportamientos deshonestos.
    Sin embargo, una vez que superamos la resistencia inicial y sucumbimos a la tentación de engañar varias veces, la situación cambia por completo. La sensación desagradable que causa la falta de honestidad se atenúa, y empiezan a pesar más otras cosas. Cosas como el placer de tener más dinero en la cartera, ganar la partida, sacar buena nota, escapar de un plan que no nos apetece o de evitar la vergüenza que supone admitir que somos los únicos responsables de nuestra impuntualidad.
    Que la segunda mentira nos duela menos que la primera pero más que la tercera tiene una explicación neurocientífica. Escudriñando el comportamiento de la amígdala, la estructura cerebral con forma de almendra que controla las emociones, Neil Garrett y sus colegas del University College de Londres (Reino Unido) demostraron que su actividad no es constante. «Cuando empezamos a engañar y a saltarnos las normas, la amígdala genera una fuerte respuesta emocional negativa que nos frena; pero a medida que reincidimos en la deshonestidad, esta reacción se atenúa», explica Garrett a PAPEL.
    Eso implica que las neuronas que al principio hacían que el corazón latiese a mil por hora y nos sudasen las manos al saltarnos los códigos morales, terminan adaptándose al engaño. Las señales emocionales negativas asociadas a mentir menguan, y el cerebro se vuelve más tolerante con los comportamientos amorales, igual que el olfato se acostumbra al olor de nuestra propia colonia y termina por desensibilizarse. En otras palabras, cada vez tenemos más manga ancha con nosotros mismos. Un engaño lleva a otro. La amígdala deja de ponerle límite a la envergadura de los embustes. Y, casi sin darnos cuenta, podemos pasar de soltar mentirijillas a cometer transgresiones morales bastante más importantes como ser infieles a nuestra pareja, cometer un fraude, malversar o evadir impuestos. «Con consecuencias muy dañinas para los individuos y la sociedad», como advierte el investigador británico. «Incluso se podrían extender estas conclusiones a otros comportamientos que de entrada rechazamos, como las conductas arriesgadas o la violencia», sostiene Garrett, que aboga por hacer estudios en este sentido.
    La situación empeora si eres rico y poderoso. Después de todo, no es una leyenda urbana que la falta de ética sea más habitual en este colectivo. Una investigación realizada hace unos años por la Universidad de California (EEUU) y la Universidad de Toronto (Canadá) reveló que cuanto mayor es el estatus social de un sujeto, más predispuesto está a engañar, robar, mentir, hacer trampas y cometer fraude. Sobre todo si es en su propio beneficio. Por el contrario, es más probable que un individuo de bajo estatus se salte la ética para beneficiar a otra persona.
    Otros que muestran poco reparo a la hora de transgredir las normas son los trotamundos. En varios estudios dados a conocer a principios de este año, un equipo internacional de investigadores dirigido por Jackson G. Lu, de la Universidad de Columbia (EEUU), llegó a la conclusión de que una persona es más deshonesta cuantos más países ha recorrido a lo largo de su vida. Independientemente del tiempo que haya pasado en cada destino. Los autores lo achacan al relativismo moral, es decir, a que las ideas sobre lo que es ético y lo que no se forjan en función de la cultura en la que estamos inmersos. Cuantas más culturas distintas conocemos viajando -defienden los expertos- menos fuerza tienen los estándares morales de nuestro país de origen.
    La deshonestidad también se acrecienta tras ganar una competición. Según desvelaba hace poco la revista PNAS, tras un partido, un torneo o un concurso, los ganadores tienen más riesgo de sucumbir a comportamientos deshonestos que los perdedores. En otras palabras, el éxito, sobre todo si te coloca en una posición destacada frente a tus rivales, funciona como un imán para la falta de ética. Sobre todo si la competición es por la tarde, ya que otros experimentos muestran que, después del mediodía, nuestro censor moral interno es menos efectivo. Y que nuestra moralidad mengua a medida que las manecillas del reloj avanzan. Probablemente porque la capacidad de autocontrol y la fuerza de voluntad se agota en el transcurso del día.
    Entonces, ¿tiene algo que ver la fuerza de voluntad con la honestidad? Sí, mucho. El autocontrol tiene su sede en una zona del cerebro conocida como corteza prefrontal dorsomedial. De su actividad también dependen la sensación de culpa y los remordimientos. Pero es que, además, es esta misma zona la que, según demostraron hace poco Ming Hsu y sus colegas del Laboratorio de Neuroeconomía de la Universidad de California (EEUU), lleva la batuta del cerebro moral. Si las neuronas de este área de la sesera se dañan, nuestro sentido de la ética se esfuma por completo. «Y cuando ser honesto supone alguna desventaja para nosotros -como perder dinero o pasar vergüenza- necesitamos mucho autocontrol», concluye Hsu.

    martes, 23 de mayo de 2017

    ¿DIOS Y TODO LO QUE VIVE ES EUROPEO?

    Hallan restos prehumanos de 7,2 millones de años en los Balcanes

    Un equipo internacional de científicos ha trazado un escenario distinto para el comienzo de la historia humana. El análisis de dos fósiles del homínido extinto Graecopithecus freybergi demuestra que en realidad pertenecían a individuos prehumanos. Esta nueva hipótesis sobre el origen de la humanidad sugiere que el homínino más antiguo vivió en Europa.

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    Mandíbula inferior de Graecopithecus freybergi, denominada 'El Graeco', de 7,175 millones de años hallada en Grecia / Wolfgang Gerber, Universidad de Tübingen
    Los chimpancés actuales son los parientes vivos más cercanos de los seres humanos. Dónde vivió el último ancestro común entre ambos es un tema central y altamente debatido en paleoantropología. Los investigadores habían asumido que los linajes divergieron hace entre cinco y siete millones de años y que los primeros prehumanos se desarrollaron en África. 
    Sin embargo, dos estudios publicados hoy en PLoS ONE, indican que el linaje común de grandes simios y humanos se dividió varios cientos de miles de años antes de lo que se suponía hasta ahora. El equipo de científicos, encabezado por el profesor Madelaine Böhme, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente de la Universidad de Tubinga (Alemania), y el profesor Nikolai Spassov, de la Academia Búlgara de Ciencias, señala además que la división del linaje humano se produjo en el Mediterráneo oriental y no en África, como se había establecido hasta el momento.

    "Mientras que los grandes simios tienen dos o tres raíces separadas y divergentes, las raíces de
     Graecopithecus convergen y se funden parcialmente, una característica propia de los seres humanos modernos, de los tempranos y de varios prehumanos, incluidos Ardipithecus y Australopithecus", explica Böhme.El equipo analizó los dos especímenes conocidos del homínido fósil Graecopithecus freybergi: una mandíbula inferior de un yacimiento griego y un premolar superior de Bulgaria. Utilizando la tomografía computarizada, los científicos visualizaron las estructuras internas de los fósiles y demostraron que las raíces de los premolares estaban ampliamente fusionadas.
    La mandíbula inferior, apodada 'El Graeco' por los científicos, tiene raíces dentales adicionales, lo que sugiere que la especie Graecopithecus freybergi podría pertenecer al linaje prehumano. "Estos resultados nos sorprendieron ya que solo eran conocidos en África subsahariana", añade Jochen Fuss, estudiante de doctorado en Tübingen, que realizó esta parte del estudio.
    Además, Graecopithecus es varios cientos de miles de años más viejo que el más antiguo prehumano potencial de África, Sahelanthropus de Chad, que tiene una antigüedad de seis a siete millones de años.

    David Begun, paleoantropólogo de la Universidad de Toronto (Canadá) y coautor de este estudio apunta: "Esta datación nos permite trasladar la división entre humanos y chimpancés al área mediterránea".
    El equipo de investigación dató la secuencia sedimentaria de los yacimientos fósiles de Graecopithecus en Grecia y Bulgaria con métodos físicos y obtuvo una edad casi sincrónica para ambos fósiles: 7,24 y 7,175 millones de años. "Es en el comienzo del Mesiniano, una edad que termina con la desecación completa del mar Mediterráneo", dice Böhme.
    Premolar superior de 7,24 millones de años de Graecopithecus hallado Bulgaria / Wolfgang Gerber, Universidad de Tübingen
    Premolar superior de 7,24 millones de años de Graecopithecus hallado Bulgaria / Wolfgang Gerber, Universidad de Tübingen
    Los cambios ambientales impulsores de la divergencia
    Al igual que ocurría con la teoría de África oriental, la evolución de los prehumanos puede haber estado impulsada por dramáticos cambios ambientales.
    El equipo dirigido por Böhme demostró que el desierto del Sahara del norte de África se originó hace más de siete millones de años, según los análisis geológicos de los sedimentos en los que se encontraron los dos fósiles. El análisis de los isótopos de uranio, torio y plomo en partículas de polvo individuales dio lugar a una edad de entre 0,6 y 3 mil millones de años por lo que deduce que su origen estaría en el norte de África.
    Además, el sedimento polvoriento tiene un alto contenido de diferentes sales. "Estos datos documentan por primera vez el desierto del Sáhara hace 7,2 millones de años, cuyas tormentas del desierto transportaron polvo rojo salado a la costa norte del mar Mediterráneo en su forma", aseguran los investigadores de Tübingen.

    Fuego, hierba y estrés hídrico
    Este proceso también es observable en la actualidad. Sin embargo, el modelo de los científicos muestra que, con hasta 250 gramos por metro cuadrado y año, la cantidad de polvo en el pasado supera considerablemente las cargas de polvo recientes en el sur de Europa, si se compara con la situación actual en la zona del Sahel en África.
    Los investigadores demostraron además que, contemporáneo al desarrollo del Sáhara en el norte de África, se formó un bioma de sabana en Europa. Con una combinación de nuevas metodologías estudiaron fragmentos microscópicos de carbón vegetal y partículas de silicato de planta, llamadas fitolitos.
    Muchos de estos fitolitos identificados derivan de las gramíneas y particularmente de aquellas que usan la vía metabólica de la fotosíntesis C4, que es común en los pastizales y sabanas tropicales actuales. La expansión global de las gramíneas C4 comenzó hace ocho millones de años en el subcontinente indio y su presencia en Europa era previamente desconocida.
    "El registro de fitolitos proporciona evidencia de sequías severas, y el análisis de carbón vegetal indica incendios recurrentes", expone Böhme. "En resumen, reconstruimos una sabana que encaja con las jirafas, gacelas, antílopes y rinocerontes que se encontraron junto a Graecopithecus", agrega Spassov.
    "La incipiente formación de un desierto en el África septentrional hace más de siete millones de años y la expansión de las sabanas en el sur de Europa pueden haber desempeñado un papel central en la división de los linajes humanos y chimpancés", continúa Böhme, quien llama a esta hipótesis la 'historia del lado norte', recordando la tesis del paleontrólogo francés Yves Coppens, conocida como East Side Story, según la cual el cambio climático en África oriental podría haber desempeñado un papel crucial en este episodio...

    POR LO QUE PARECE,EL EUROCENTRISMO ES UNIVERSAL.
    EL PROTON,EL ELECTRON Y EL NEUTRON SON ORIGINARIOS DE EUROPA...EL FASCISMO ES ORIGINARIO DE LOS BALCANES ,DEL LADO ALEMAN!!!!!

    domingo, 21 de mayo de 2017

    EL LOBBY ACTUO EN 1964 PARA VOLTEAR AL PRESIDENTE ARTUTO ILLIA POR LA LEY DE GENERICOS DE ALDO NERI


    Cómo opera el lobby farmacéutico en la Argentina

    Buscan patentar remedios vitales y bloquear el uso de genéricos, dificultando el acceso a la salud en el país.

    Pablo Víctor García lleva 19 años con VIH y otros 12 infectado también con Hepatitis C. Aunque no debe pagar por acceder a sus medicinas, pues en Argentina existe acceso universal para el tratamiento de ambas enfermedades, la noticia de que existía una cura para el segundo de sus males no fue del todo alentadora: cuando en 2015 apareció el medicamento definitivo en Estados Unidos, el costo rondaba los 84 mil dólares. Era un monto que no habría podido reunir ni trabajando toda su vida.
    "En el país hay entre 400 mil y 600 mil personas con Hepatitis C. Si se multiplicara por 975 pesos, que es el valor de cada pastilla y que ellos, basados en sus ecuaciones, indicaban para nosotros, implicaría que rápidamente fundiríamos el presupuesto del Ministerio de Salud de la Nación", recuerda Federico Kaski, ex viceministro del sector, quien fue el encargado de las compras en la Secretaría de Promoción y Programas Sanitarios del Ministerio de Salud durante el 2015.
    El caso del Sofosbuvir reúne todas las tensiones del acceso a medicamentos en América Latina: las estrategias de las farmacéuticas que, tras descubrir fármacos, quieren venderlos a precios diferenciales argumentando la inversión en investigación y las diferencias de los mercados; la pugna de las organizaciones civiles y de los Estados por reducir el precio; y el padecimiento de los pacientes, que están en el medio, y lo necesitan con urgencia.
    Eso fue lo que ocurrió en 2015. Al conocer la existencia de un medicamento que cura la enfermedad en tres meses, los enfermos de Hepatitis C protestaron en el Obelisco y exigieron al gobierno que comprara las pastillas.
    Gilead, la farmacéutica que lo producía en EE UU, había presentado documentos a la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), el organismo que se encarga de la autorización y vigilancia de estos productos, para la comercialización del nuevo fármaco en Argentina. Sin embargo, en un primer momento la entidad negó la petición.
    La presión de los pacientes continuó y el gobierno recurrió a un mecanismo de urgencia llamado compra compasiva. Con ayuda de organizaciones civiles, el Ministerio de Salud elaboró una lista de 1068 pacientes en estado crítico o "hiperurgentes"y adelantó una licitación para comprar Sofosbuvir, que repartiría a enfermos sin importar su sistema de salud (público o privado).
    A la licitación se presentaron Gador, concesionaria de Gilead, y Richmond. Se trataba del mismo medicamento y en la misma presentación: el Sofosbuvir. Sin embargo, la multinacional le vendió al gobierno 52.416 unidades a 51.105.600 pesos (a un precio por unidad de 975 pesos) y el laboratorio nacional fabricó y vendió 89.600 unidades a $ 20.966.400 (a un precio por unidad de 234 pesos). Es decir que con lo que cuesta una unidad de Sofosbuvir de 400 mg elaborada por la farmacéutica estadounidense Gilead, se pueden comprar 4,5 unidades producidas por Richmond en Argentina.
    Sin embargo, esta solución temporal del gobierno argentino no llegaba a todos los enfermos de Hepatitis C, sino solo a quienes estaban en condición crítica. Pablo Víctor García todavía no era uno de ellos y, por eso, tuvo que recurrir a una persona que viajaba a la India para encargarle que le trajera el Sofosbuvir, con sus propios recursos.
    "Mientras en Argentina el tratamiento completo de 12 semanas (84 pastillas) comprado a la multinacional me costaría 5000 dólares, yo lo conseguí por menos de 1000 en la India. Me curé, y sin los efectos adversos que tenían los otros medicamentos", cuenta García, que tiene 55 años y preside la Fundación Grupo Efecto Positivo (GEP).
    En Argentina, la multinacional Gilead Sciences ha adelantado 39 solicitudes de patentamiento ante el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (INPI), en medio de la firme oposición de varias organizaciones civiles. De conseguirlas, Gilead podrá bloquear la competencia de medicamentos genéricos hasta 2028. En el marco de la investigación se envió solicitudes a la farmacéutica para conocer su versión, pero no se obtuvo respuesta.
    Los más caros
    Según información de las compras públicas de Argentina, entre el top de los medicamentos más caros está la Emtricitabina, para el tratamiento del VIH, que cuesta 261 pesos la píldora; el Imatinib, para el tratamiento del cáncer, cuya pastilla cuesta 954 pesos; y la Clofarrabina, cuyo frasco ampolla le costó al gobierno 1190 pesos en 2015. Eso, sin contar la Kaletra en jarabe , cuya unidad cuesta 872,16 pesos.
    "El precio (de los medicamentos) se está convirtiendo en una gigantesca extorsión para los gobiernos", señala el exministro de Salud Ginés González García. Tan solo la Dirección Nacional de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), destina el 86% de su presupuesto a la compra de medicamentos Antirretrovirales.
    Según el Observatorio de Medicamentos Antirretrovirales de la Fundación GEP, aunque la industria farmacéutica local es muy fuerte, el 64% del dinero público destinado a la compra de medicamentos antirretrovirales es absorbido por las multinacionales.
    La razón es "la incidencia de los altos precios de los medicamentos con patentes vigentes", señala José María Di Bello, secretario de la Fundación GEP, una de las organizaciones que se han opuesto a la solicitud de patente del laboratorio Gilead para el caso del Sofosbuvir. Esta situación ha generado una intensa pugna comercial y judicial.
    El Medicines Patent Pool, una organización respaldada por las Naciones Unidas, que ha firmado acuerdos con titulares de patentes para 12 antirretrovirales, indica que en 2017 expirarían tres patentes en Argentina, mientras que al año siguiente serán 28. Una mirada a esta base de datos permite ver también qué tipo de patentes solicitan las farmacéuticas, un recurso que les permite establecer una estrategia para solicitar ampliaciones de sus privilegios, mediante un ligero cambio en el producto original. Por ejemplo, de las 39 solicitudes del Sofosbuvir, 12 son sobre el proceso, once sobre la familia de componentes y algunas más son de combinaciones con otros medicamentos.
    El monopolio
    De acuerdo con el Observatorio de la Fundación Grupo Efecto Positivo, el 52% de las compras de medicamentos antirretrovirales, en 2015 se hizo a través de licitaciones públicas, el 47% directas y 1% por otros mecanismos.
    "En ese 47% de los casos se encuentra todo un grupo de medicamentos para cuya adquisición carece de sentido realizar un concurso de precios dado que existe un único proveedor, justamente porque son medicamentos bajo patente", indica el informe que analizó las compras públicas de medicamentos de VIH.
    De este modo, los más beneficiados con la venta de medicamentos antirretrovirales al gobierno entre 2015 y 2016 fueron los laboratorios Global Farm (que es distribuidor de Bristol y Msd), Gador (concesionario de Gilead), el laboratorio nacional Richmond, KampelMartian y JansenCilag Farmacéutica.
    Diplomacia y resistencia
    El poderoso gremio farmacéutico internacional ha movido contactos para plantear su postura sobre el tema. Un cable de la filtración WikiLeaks, da cuenta de una reunión de 2008 entre el embajador de Estados Unidos en Argentina con los representantes locales de laboratorios como Pfizer; Merck, Sharp &Dohme; Bristol-Myers Squibb; Eli Lilly; Janssen-Cilag; Cardinal Health; Baxter; Abbott; Valeant y Alcon.
    "Ellos citaron defectos en el sistema de protección de patentes de Argentina, incluyendo la lenta emisión de patentes, la mala vinculación entre la entidad GoA (del gobierno) que aprueba las patentes y la aprobación del Ministerio de Salud para comercializar copias genéricas y un débil proceso legal para combatir la infracción de patentes", dice uno de los cables.
    En 2012, el gobierno argentino estableció las pautas para el "examen de patentabilidad de las solicitudes de patentes sobre invenciones químico-farmacéuticas", que indica los criterios de inventiva, novedad y aplicación industrial. "Eso fue una bomba muy grande para las multinacionales", asegura Sonia Tarragona, directora de la Maestría de Farmacopolíticas de la Universidad Isalud. "Dicen que es inconstitucional, pero lo cierto es que esa guía ha permitido que solamente se le otorgara patentes a aquellas (solicitudes) que realmente significaban una innovación."
    Según el informe de la Campaña Acceso a Medicamentos de Médicos Sin Fronteras, desde que Argentina promulgó esta guía, el "95% de las aplicaciones de patentes de ARV han sido rechazadas, un incremento de la tasa de rechazo del 51 por ciento". Un año después, la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), que agrupa a farmacéuticas de Estados Unidos y Japón, entre otras, demandó al gobierno argentino por esas pautas. El caso se encuentra aún en trámite en el Juzgado Civil Comercial Federal 1. «